Ser un señor demonio comportaba realizar unos trámites dignos de su estatus. Alianzas entre tribus vecinas, pactos entre familiares lejanos y asegurar protección en lo amplio de su territorio. Las asambleas habían llegado a durar días; jefes de clanes yokai asentados en la sala de invitados del castillo, dando voces y súplicas para ver qué tantos acuerdos eran permitidos y cuáles de ellos no valían la pena a ojos de Sesshomaru.

Kagura prefería mantenerse al margen de estas formalidades, husmeando a través de la pantalla de shoji cuando su marido pasaba más horas de las que le había prometido rodeado de molestos invitados.

Sesshomaru no tuvo que recordarle que su presencia no era necesaria a la hora de realizar estos pactos; ella simplemente esperaría en su habitación o volaría lejos del castillo. Cualquier cosa que la mantuviera lejos de la sofocante sala llena de soberbios y petulantes yokai que no podrían siquiera rivalizar con Sesshomaru.

¿Y entonces qué narices hacía Kagura en esta reunión?

-No entiendo tu punto. - un impaciente suspiro salió de sus labios. Había dejado el abanico en la habitación, pero si la pulga seguía balbuceando en vez de llegar al punto de la cuestión, estaba segura que iría a buscarlo.

-La cosa es, señora, que necesita ser partícipe en las reuniones que ha evitado hasta ahora.- se encogió, ignorando la mirada inquisitoria de su señor. - Su presencia podría ser beneficiosa como mujer del señor Sesshomaru.

- No es necesario. Sesshomaru puede resolver las cuestiones él solo. - entrecerró los ojos rojos, haciendo una mueca.

-¡Es necesario! Debido a que recientemente el señor ha sido proclamado como Inu no Taisho, ahora usted debería formalizar oficialmente esta unión para convertirse en emperatriz consorte.

-"¿Emperatriz consorte?" - Las cejas de Kagura se elevaron. Sesshomaru entrecerró los ojos. ¿No era eso un título para los humanos? - Si ya estamos casados.

Fue Inukimi quién aceptó la unión, era más que suficiente.

-¡S-si! Pero a ojos de los demás clanes yokai, usted sigue siendo…

-Myoga. - avisó él. ¿Se atrevería a llamar a su mujer con un apelativo indigno? Como si fuera una cortesana o…- Si vuelvo a oír algo parecido, te mataré.

-P-por supuesto, señor Sesshomaru, mis disculpas. - carraspeó, haciendo una pequeña reverencia sobre la mesa de té en la que estaba sentado. - Técnicamente al ser ahora su señora y compañera, es también conocedora de todo lo que le envuelva a usted, Señor Sesshomaru

-Acábalo ya, pulga - ordenó ella, cruzándose de brazos. Sesshomaru suspiró y colocó la mano sobre su espalda.

-La cosa es que debería formalizar públicamente un reconocimiento como mujer de Inu no Taisho…como posible emperatriz regente. - Myoga estaba recogiendo una bolsa de tela mientras hablaba, atándola alrededor de su cuello apresuradamente.

Kagura levantó una ceja y el toque sobre su cadera le quemó la piel.

-Oh, ¿es eso verdad? -sonrió hacia él cuando la pulga salió de la habitación, dando saltos de un lado a otro hasta desaparecer bajo la hierba del jardín.

"Emperatriz" no sonaba nada mal….

Sesshomaru tarareó afirmativamente, acariciando su espalda baja. Kagura se apoyó en su toque, complacida por su respuesta silenciosa.

-¿Soy gobernante también de todo tu territorio?

Un tono demasiado coqueto. Sesshomaru vió por el rabillo del ojo sus largas pestañas parpadeando melosamente sobre sus mejillas.

-No del todo.

Kagura sonrió, girando sobre sus talones hasta estar frente a él, colocando su codo sobre su hombro, jugueteando con sus marcas. El toque del índice mandó descargas bajo su piel y Sesshomaru respiró.

-¿Soy tu mujer pero no tengo acceso a tus propiedades? - Kagura hizo un puchero y Sesshomaru puso los ojos en blanco.

-Todas mis propiedades son tuyas - ella sonrió y su dedo pasó a acariciar su mandíbula. -Pero - recalcó él - yo soy quien se encarga de su vigilancia y regencia.

-¿Y si me quedo viuda? - susurró, levantando las cejas. Sesshomaru frunció el ceño, ofendido.

-No pasará.

No habían hablado todavía sobre la posibilidad de un heredero pero…

-Pero podría - parpadeó, sin mirarlo a los ojos, resiguiendo la barbilla con los dedos hasta llegar a los labios. Se quedó allí. -¿Podría gobernarlo todo?

-¿Me matarías para tenerlo todo bajo tu poder? - Levantó una ceja y la acercó más a él, provocando una risita y un beso.

-Sorpresa. - murmuró sobre sus labios, enrollando un mechón plateado en sus dedos. Sesshomaru resopló y Kagura besó entonces su comisura. - ¿Me dejarías intentarlo?

-¿Mh?

Ella se apartó un centímetro, metiendo la mano izquierda bajo el cuello de su haori, acariciando su clavícula y dejando ir una brisa a través de sus yemas que le recorrió su piel. Kagura notó la sangre fluir bajo su palma y cuando alzó la mirada vio las orbes doradas derretidas y las pupilas dilatadas. Sesshomaru suspiró por la nariz, parpadeando lentamente para disipar la neblina que acumulaban sus ojos y jaló el cinturón de su yukata.

*-NOTA DE AUTORA-*

Hacia muchos años que tenia estas historias en borradores. Muchas gracias a Agatha que me hizo un extenso review. Estoy muy agradecida y me hace muy feliz que siga habiendo gente que apoye esta pareja.

Un abrazo a todos.

Sesshkagu aun no muere

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