Pasaron casi diez años desde que vencimos a Naraku y seiss desde que logré regresar. Las cosas no fueron fáciles, sobretodo cuando se trataba de comodidades, sin embargo, con la ayuda de Inuyasha, la anciana Kaede y los demás, pude adaptarme rápidamente y comenzar mi entrenamiento de sacerdotisa, para ayudar a quienes más lo necesitan, tal como lo hacía Kikyou cuando estaba con vida
Vivimos en la una pequeña casa, construida por Inuyasha, con sus propias manos, en la aldea donde comenzó todo. Inuyasha y el monje Miroku se encargan de exterminar monstruos y eliminar presencias malignas en diferentes aldeas, por lo cuál es normal que no pasen mucho tiempo en casa, mientras, yo ayudo a Sango con las gemelas, y Hisui, además de realizar mis tareas diarias
Hoy se cumplen dos meses desde la última vez que vi a Inuyasha, cuando partía junto con Miroku a una aldea lejana para ayudar a las personas...
- Sango, ¿estás bien? - preguntó mientras terminaba de peinar a la niña
- Si - respondió mirando por la puerta - Solo que... ya se fueron por demasiado tiempo, ¿no te parece?
- Tranquila, de seguro ya están regresando, además, todavía no existe una demonio que pueda derrotar a Inuyasha
- Lo sé - regresó y se sentó - A veces me gustaría que hubiera alguna manera de saber de ellos a la distancia
- Bueno, creo que todavía falta mucho para que se invente alguna jaja
- ¡Papá papá! - gritó Kin, saliendo de la casa
- ¿Qué? - ambas jóvenes cruzaron miradas
- ¡Tiene razón, es mi papá! - respondió Gyo, asomándose a la puerta
- Regresaron - se levantó del suelo - ¡Ven Kagome!
Todas las mujeres salieron y vislumbraron, al horizonte, con el sol en sus espaldas, las siluetas de ambos hombres, caminando tranquilamente en dirección a sus hogares
- Inuyasha - susurro y salió corriendo a su encuentro
Su largo cabello gris se ondeaba con la suave brisa del atardecer, sus brazos permanecían cruzados sobre su pecho, como de costumbre y, sus ojos cerrados, le daban la expresión seria y cautivante que había enamorado a la joven desde el comienzo. El sonido de su voz a la distancia lo trajo a la realidad, abriendo sus ojos y recibiéndola en sus brazos
- Kagome - se aferró a su cuerpo - Me alegra ver que estas bien
- Te extrañe mucho Inuyasha - sus ojos se llenaron de lágrimas
- ¡PÁPA! ¡PÁPA!
- Jajaja hola niñas, ¿Cómo han estado? - se agacho para abrazarlas
- Te extrañamos mucho papi
- Y yo a ustedes - sonrió
- Ellas no fueron las únicas - dijo la mujer, quién se había acercado junto con Hisui de la mano
- Sango - levantó la mirada
- Bienvenido, excelencia
- No me digas así - rio y se levanto a abrazarla - Te extrañé mucho, mi vida
- Y yo a usted - cerró su brazo alrededor de su cuello
- ¿Y cómo ha estado mi pequeño valiente?
- Hola papá - respondió tiernamente, al mismo tiempo en que lo estrechaba en sus brazos
- Creo que lo mejor será que nos vayamos - dijo Kagome, mientras se acercaban a la pareja - Los chicos deben estar muy cansados
- ¿No quieren quedarse a cenar? - preguntó la exterminadora
- No queremos molestar - respondió - Además, voy a cocinarle especialmente lo que le gusta
- Ehhg no es necesario Kagome - sonrió incómodo, mientras ella le lanzaba una mirada fatal - Podemos comer aquí esta noche - se percato de su mirar - Claro si tu quieres jeje - ella suspiró
- Está bien - sonrió - Pero yo le ayudaré a Sango en la cocina - miró a Inuyasha, quién sonrió resignado
Compartieron una cena entre risas, anécdotas y relatos del trabajo que realizaron en la aldea vecina, la cuál se prolongo hasta altas horas de la madrugada
- Muchas gracias por todo chicos - dijo ella
- No tienen nada que agradecer - respondió modesta
- Nuestra casa es suya - acotó el monje
Se despidieron y regresaron a su hogar, dispuestos a descansar
- ¿Estas bien? - le preguntó al verlo concentrado, mirando la puerta
- ¿He? si... si, solo estaba pensando
- ¿Se puede saber en que? - se levantó y se sentó a su lado
- Nada grave - la miró y sonrió - Sólo me agrada estar en casa
- Y yo me alegro de que estés aquí - apoyo su cabeza en su hombro - Me sentí muy sola en tu ausencia
- Ya no te sientas así - tomó su mano - Descansa Kagome, de seguro mañana tienes que levantarte temprano
- Si - susurró, mientras se perdía en el mundo de sueños
Él paso su brazo por su hombro, sosteniendo su cuerpo blando y observando sus ojos cerrados, mientras, poco a poco, también se quedó dormido
Se despertó de repente por un golpe seco y se percató de que ya había salido el sol
- Disculpa, ¿te desperté? - sonrió tiernamente
- N... no, no te preocupes, ya iba a despertar de todos modos, ¿Tu ya te vas? - preguntó al verla con su mochila de paja en su hombro izquierdo y su arco en el derecho
- Si, tengo que ir a recolectar hierbas medicinales con Jinenji y después tengo que ver a la anciana Kaede para hacer las infusiones y remedios
- Está bien, yo también voy a verla más tarde
- ¿Seguro que estas bien? - se acercó y le puso la mano en la cabeza - No tienes fiebre...
- ¿Por que lo dices? - levantó sus cejas
- Te ves... demasiado tranquilo
- ¿He? - se sonrojó - Se te va a hacer tarde - miró para un costado
- Tienes razón - corrió a la puerta - Tienes fruta por si quieres desayunar, regreso al mediodía, ¡Nos vemos!
Se quedó sentado, sumido en sus pensamientos, tratando de sacarse las inquietudes de su mente, pero no lograba conseguirlo
- Tengo que hablar con la anciana Kaede, quizás ella sepa algo
Salió de la casa, en dirección al hogar de la sacerdotisa
- ¿Qué te trae por aquí tan temprano Inuyasha? - preguntó al percatarse de su presencia en la puerta - Veo que han regresado de su viaje
- Si - suspiró - Llegamos anoche
- ¿Qué te ocurre? te ves preocupado - preguntó mientras llenaba la cubeta de madera
- Es sobre Kagome... - ingresó, sentándose al frente de la mujer
- ¿Le ocurrió algo? - se preocupó
- No... no no es eso, solo que... su aroma, es diferente
- ¿A que te refieres?
- Conozco el aroma de Kagome desde el momento en el que desperté en el árbol y siempre fue el mismo, sin embargo... ahora es cómo si algo hubiera cambiado
- ¿Has hablado con ella?
- No, no quiero preocuparla
- Dime Inuyasha, ¿has sentido un aroma similar al de Kagome alguna vez?
- No que recuerde
- ¿Estas seguro?
- ¿Tu sabes algo Kaede? - entrecerró sus ojos
- No puedo mentirte Inuyasha, yo si se cuál es el motivo del cambio de Kagome, pero no me corresponde decírtelo
- ¿Es algo malo?
- Depende como lo tomes tú - hizo una pausa - Pero si quieres una pista, puedo decirte que no es la primera vez que tu nariz percibe esa fragancia
- ¿Todavía no le dijiste nada Kagome? - preguntó Sango mientras recogía unas hierbas
- Es que... no encontré el momento
- No te atreviste, ¿verdad? - ella asintió - Kagome, sabes que se va a dar cuenta tarde o temprano
- Lo sé Sango, pero anoche se veía muy cansado, quizás esta noche si encuentro la oportunidad, se lo diré... recuerda que él no es como Miroku
- Lo sé, pero se lo va a tomar bien, además, es lo que ambos querían, ¿no?
- Así es - sonrió - ¿Y los niños?
- Querían pasar la mañana con su papá, asique aproveche y vine a recoger unas hierbas contigo
- Gracias por tu compañía, cuando llegue Jinenji de seguro nos dirá que hierbas estaban necesitando
- ¿Eso fue todo lo que te dijo la anciana Kaede? - preguntó el monje, sentado sobre la roca
- Si, no quiso hablar más, según ella Kagome es quién debe decírmelo - respondió, sentado, con las piernas cruzadas, mientras las gemelas jugaban con sus orejas
- Son tan suavecitas - dijo Kin
- Parecen las de un perrito jjiji
- ¡Yo también quiero tocarlas! - se quejó el niño, parado detrás del híbrido
- Niñas, no lastimen las orejas del tío Inuyasha, recuerden que son tan sensibles como las de un cachorrito
- Oye - lo miró
- Lo siento Inuyasha, pero sabes que tengo razón - sonrió - Niñas, ¿por que no van a recolectar unas flores para él?
- Aggg Miroku...
- ¡SIII! - gritaron al unísono - No te vayas tío Inuyasha, espéranos aquí
- Esta bien niñas - sonrió, resignado
- Hisui - miró al niño - Ve y vigila que tus hermanas no se metan en problemas
- ¡Si señor! - respondió al mismo tiempo en que comenzaba a seguir a las jovencitas
- Lo siento Inuyasha, pero era la única forma de que no lastimaran tus lindas orejitas - rio - Y, volviendo al tema, ¿realmente no recuerdas haber sentido un aroma similar al de la señorita Kagome?
- Ya te dije que no - respondió fastidioso - De hecho, el único aroma que se me viene a la mente fue cuando Sango... Hugh - abrió grande sus ojos, quedándose en silencio de repente
- ¿Qué? ¿Cuándo Sango que, Inuyasha?
- Miroku - susurró sin cambiar la expresión - Creo que ya entendí porque el olor de Kagome es diferente
No puede ser
- ¡Inuyasha! - dijo al ingresar a la casa - Ya llegue, ¿estas aquí? - inspeccionó brevemente el lugar - Parece que no está
- ¡Kagome! - escucho desde afuera y salió rápidamente
- ¿Inuyasha? - sonrió al verlo - ¿De donde sacaste todo eso?
- Aproveche que tú no estabas y salí a buscar algunas cosas - sonrió, colocando en el suelo las 6 canastas llenas de frutos, verduras y animales que él mismo había cazado - ¿Estas molesta?
- No, ¿por que lo dices?
- Tu expresión no fue la que esperaba
- No, oye no es eso, estoy feliz por lo que trajiste, solo que...
- Quieres decirme algo - ella se quedo callada, mirándolo - Kagome, puedes decirme lo que sea
- Bueno... bueno, yo... em - titubeaba
Él esperaba pacientemente escuchar lo que ya sabía, sin embargo, los nervios de la situación terminaron por sobrepasarlo
- Emm tienes que dormir más cómoda - dijo de repente
- ¿He? - se sorprendió
- Si, no puedes dormir en el suelo, necesitas más comodidad, además que tienes que alimentarte bien - comenzó a caminar por el lugar - Debería intentar construirte una cama similar a la que tenías
- ¿Mi cama?
- Si, como la que tenias en tu época, tienes que estar lo más cómoda posible, tampoco tienes que esforzarte demasiado... - comenzaba a ser inteligible lo que decía
- Inuyasha - dijo, pero él no se detenía - Inuyasha...
- LaancianaKaedeySangyovanaayudarnosyaveras
- ¡INUYASHA! ¡ABAJO!
El estruendo del rostro del hibrido retumbo por todo el lugar
- Lo siento - dijo mientras se ponía de pie - Me dejé llevar
- Ya lo sabes ¿verdad? - preguntó tiernamente
- Bueno, me doy una idea - respondió titubeando - Tu olor es diferente
- Sango tenía razón - sonrió
- ¿Qué?
- Ella me dijo que no iba a poder ocultártelo por mucho tiempo
- Entonces ¿es verdad? - sus ojos tenían un brillo especial
- Si - tomó su mano y la llevo a su vientre - Vamos a ser padres Inuyasha
- Kagome - su voz se quebró
- Estoy embarazada
La abrazo fuertemente, estrechando sus brazos en su cintura, mientras unas lagrimas comenzaban a abandonar su rostro
- Kagome... prometo... prometo estar a tu lado en todo momento - suspiró - Prometo protegerlos más que a mi vida... Kagome - hizo una pausa - Muchas gracias
- Inuyasha - suspiró mientras cerraba sus ojos, llenos de lagrimas, sonriendo
- Que tierna escena ¿no te parece? - sonrió, maliciosamente, frente a la bola de cristal que utilizaba para observar al mundo en general - Lástima que no va a durar mucho jajaja
Se bajó del santuario, en dirección a donde su gato Higi, estaba observándola
- Tranquilo bebé - susurró - Haremos que paguen lo que le hicieron a mamá - frunció el ceño mientras recordaba la escena que había visto, detrás de un árbol aquella fatídica noche
- Déjame ayudarte por favor
- ¡De ninguna manera! - respondió Soroshima contundente - No pienso arriesgar tu vida
- Dijiste que no representaban una amenaza madre
- Regla numero 1 Yorunokagi, nunca subestimes al enemigo, no importa que tan insignificantes parezcan
Tomó el libro, lo abrió en la página deseada y comenzó a realizar el conjuro
- ¿Qué? ¿Qué es eso? - miró sobre su hombro
- ¿Qué pasa madre?
- ¡ESCONDETE!
- Pero...
- ¡HAZLO!
La joven corrió unos metros y se escondió detrás de un árbol a observar a su madre combatir con el enemigo
- ¡Viento cortante! - escucho la voz de un hombre
- Inuyasha - la voz de su madre se escucho después del estruendo - ¿Todavía usas esas técnicas tan antiguas?
- Tranquila Soroshima, no viene solo
- Mira a quien trajiste Inuyasha, la sacerdotisa Kagome, la viva reencarnación de Kikyou - se burló - ¿Realmente crees que por ser la reencarnación de Kikyou vas a derrotarme?
- Eso ya lo veremos
Fue lo último que escucho antes de ver una flecha caer sobre el libro, el cuál empezó a emitir una luz brillante
- El libro se esta purificando - susurro - ¡MADRE!
Era demasiado tarde, el resplandor violeta había iluminado la noche que, al disiparse sólo dejo al descubierto una espesa neblina sobre la cual se elevaba el sonido de los animales nocturnos
- ¿Madre? - comenzó a buscarla entre el desastre, pero no lograba encontrarla - ¿Mamá? - sus ojos se llenaron de lágrimas - No... no puede ser - miró el libro, el cuál tenía sus páginas en blanco
No se animaba a acercarse, sin embargo, sabía que su madre estaba obsesionada con ese libro, tanto, que había dado la vida por él. Se escondió nuevamente detrás del árbol al escuchar unos pasos
- Ahí esta - dijo la voz de una mujer - Está intacto, que suerte
- ¿Me estas diciendo que lanzaste esa flecha sin saber si ibas a destrozar el libro?
- No seas tonto Inuyasha, ¿realmente me crees capaz de hacer algo tan imprudente?
- Si
- ¡Abajo!
El hibrido cayó estrepitosamente al suelo, mientras la chica se alejaba
- Oye ¿Qué te pasa Kagome? ¡espérame! - salió corriendo detrás de ella
- Kagome - susurro Yorunokagi
- Esa sacerdotisa es bastante fuerte, sin embargo, debe tener algún punto débil - sonrió, regresando a la par de Higi, quien estaba bañándose, lo tomó en sus brazos y se sentó en su sillón unos momentos, pensando
Se paró delante de su espejo de cuerpo entero y lentamente logró sacar su reflejo de él, moldeándolo con la apariencia de una anciana. Tomó su mano, y le colocó un anillo, el cuál encerraba el aura del alma de la humana que había sido encerrado en él
- Listo, con esto no se percatarán de que es sólo una ilusión - puso su dedo en la frente de la mujer, la cuál abrió los ojos - Tienes una misión para mi...
