Hogwarts
7 de Mayo del 2025
Scorpius tenía su personalidad dividida. Como cualquier Slytherin o como cualquier Malfoy. Estaba la cara que enseñaba a todo el mundo, la feliz, la enérgica, la nerd, nadie veía que se desmoronaba por dentro porque lo único que veían los demás era su capa de quidditch agitarse en el aire mientras daba piruetas peligrosas para conseguir la snitch, veían eso además de su mano siempre levantada en clases, o ser juguetón con su novia Michelle.
Casi todo el tiempo estaba rodeado de "amigos" y uno que otra chica que decía admirarlo. Era el epitome de la perfección. Su padre y sus abuelos sobre todo parecían felices, convencidos de que tendría un futuro maravilloso porque había conseguido darle al apellido Malfoy una manita de gato que verdaderamente necesitaba. Él estaba limpiando la cara de la familia. Sólo tenía que sonreír a todos a su alrededor, ser gentil, ser inteligente, sólo tenía que dar el 200% de lo que los demás daban. Sólo eso.
Se tiró en la cama cansado.
Le dolían el trasero, le dolían las manos, los brazos, los muslos, la espalda tenía los ojos resecos y demasiado sueño y todavía tenía que tragarse dos horas de estudio para no atrasarse con su horario de estudio, los EXTASIS estaban tan cerca que podía tropezarse con ellos cuando se daba la vuelta. Eran el lunes siguiente y para joderla tenía un partido el próximo viernes. Sólo tendría dos días para dar los últimos repasos porque sus entrenamientos eran más exigentes que nunca. Era la final Slytherin-Ravenclaw.
Juntó cada esencia de energía en su cuerpo para levantarse, le costó sangre, sudor y lágrimas, sus músculos querían desgarrarse, no sólo por entrenado tres horas, sino por la clase doble de Defensa contra las artes oscuras, en las que tenían que darlo todo pues el profesor no dejaba a nadie salir de clase si no había derribado a por lo menos 3 contrincantes en duelos al azar.
Al quedar sentado miró hacia el frente. La cama de Albus. Vacía. La miró por largo tiempo diciéndose a sí mismo que sólo la miraba porque estaba demasiado cansado y dolorido para mover su cabeza o cerrar los parpados.
Sintió la amargura de la bilis subir por su estómago hasta su boca y un vacío tan profundo que parecía que no podía sentir nada más. Al principio sólo había sentido tristeza y enojo consigo mismo, con Albus y lo carcomía la culpa, ahora, habían pasado dos meses y sólo sentía ausencia. Cómo si hubiera quedado un hueco que no podía llenar con nada. Como si fuera un muñeco sin emociones que fingía cuando estaba fuera de su habitación. Fingía que no pasaba nada, que todo le daba igual, que la vida seguía adelante y que él iba a comerse el mundo porque era nieto de Lucius y Narcissa Malfoy, e iba a demostrar que su padre no era un inútil y que había criado a un gran señor, a un hombre que sobresaldría en su carrera y que terminaría por ser miembro fijo del Wizegamot, tan exitoso que sus abuelos Greengrass no tendrían más que admitir que se habían equivocado al abandonar a su hija a su suerte por casarse con un mortifago. Un brillante futuro era lo único que tendría ahora aunque él quisiera quedarse debajo de las cobijas mirando el techo. No había opciones.
Se levantó, fue a su escritorio y sacó el libro de pociones, tendría que repasar las últimas pociones con su padre durante el domingo para estar seguro de pasar con un Extraordinario. Era miércoles 7, tendría el partido el viernes 9, los EXTASIS comenzaban el Lunes 12 y la prueba para la facultad de leyes era el 22.
Quería dejarse caer desde la escoba.
Hogwarts
Viernes 9 de mayo del 2025
Se sentía mareado, había conseguido la Snitch y se había sentido mareado al verse obligado a sonreír al mar de gente que lo empujaba y lo estrujaba felicitándolo. Torres le había dado una cerveza de cebada. La primera de la noche. Se la pasó en el sillón junto con Michelle, que aunque era Ravenclaw era completamente fiel a su novio y le había apoyado luciendo la bufanda verde de Scorpius y llevando un cartel con su nombre en plena tribuna de Ravenclaw. Sin duda estaba enamorada y sin duda él estaba asqueado.
Ese día se retiró a las once de la fiesta aunque todo el mundo parecía no querer irse a la cama emocionados, si todo salía bien y sacaban buenas calificaciones se llevarían la copa de las casas y sino por lo menos quedarían en segundo lugar porque se habían llevado la copa de quidditch.
Llevaba ya ocho cervezas muggle y había comenzado ya con una botella de mezcal. Quería morirse porque aquella bebida ardía en la garganta pero como quería morirse de verdad decidió seguir tomándosela. Se paró en medio de la oscuridad observando la cama vacía de Albus y caminó hasta ella, trastablillando con sus propios pies y se dejó caer en ella.
Se acostó en el que solía ser su lado de la cama cuando dormían juntos en cualquier cama, ya fuera en Hogwarts, Wiltshire, Londres o Valle de Godric.
¿Había perdido hasta eso? Sonaba estúpido, pero el lado que ocupas en la cama también es importante. Dormir en un lado era diferente a dormir en el centro, porque dormir en el centro significaba que estabas solo.
Ya no estaba Albus para tomarle de la mano y aun así estiró su mano al medio de la cama, dónde antes, el moreno solía entrelazar sus dedos y su palma cálidad chocaba con la suya.
Se quedó dormido con el uniforme de quidditch todavía puesto.
Londres Muggle
Jueves 15 de mayo del 2025
Albus miró hacia el frente, una cámara lo estaba enfocando, él sólo había visto ese tipo de cámaras en grandes tiendas a las que sólo acudía de pasada para comprar algo para la familia del tío Duddley.
— ¿Cuál es tu nombre?
— Albus Severus Potter.
— Muéstrame tus perfiles por favor.
El chico obedeció girándose para dejar ver a la directora de casting sus perfiles. Se sentía estúpido, vestido todo de negro (porque en Gran Bretaña debía ser tu actuación lo que sobresaliera, no tu apariencia) y con un numero pegado en el pecho.
El casting es una prueba, la que más nervios mete a un actor en la que sólo tienes un texto y un minuto para dar lo que ningún otro ha dado. Claro que esto no lo sabía antes de pararse ahí en frente.
Era duro y extraño, se sentía juzgado y ultrajado. Pero se comió las entrañas aunque hubiera cerca de 500 chicos diciendo fragmentos diferentes de la misma obra, el exigido por la academia. Después tendría un minuto para interpretar un texto de su elección.
Había un panel de 4 jueces pero sólo dos prestaban atención, otro estaba escribiendo y otro estaba revisando algo en la computadora.
Que cabrón. Al menos debería mirar a la gente a la cara.
Cómo fuera, el texto pedido por la academia era un estracto de El pájaro y la rosa de Oscar Wilde, que no era una obra ni mucho menos, era un relato corto, supuestamente para que hicieran ellos mismos una adaptación. El que él eligió era de un libro llamado "No tienes que decir que me amas", de Sarra Maning, una novela también que le hacía sentir confortado de alguna manera. Aunque el personaje de Max a primera vista era un superfluo de mierda, el típico guapo promiscuo, pero que al igual que todos tenía un lado que quería ocultar, una parte de él que despreciaba y que no quería que nadie viera, más por miedo a sí mismo que porque le juzgaran. Después tenías que hablarle a la cámara y decir porque debían elegirte a ti. Por qué me esfuerzo sonaba genérico, porque soy talentoso sonaba muy arrogante, pero él sonrió porque las serpientes se especializaban en encontrar palabras término medio y en engatusar a la gente. El jurado soltó una risa general ante su respuesta terminando con un sincero "Estoy aquí para ser feliz incluso si eso me cuesta sacrificio, estoy dispuesto a darlo todo por un lugar aquí".
Cuando llegó a su nuevo departamento, completamente muggle se sintió tenso, ahora tenía que esperar un call back, el sistema consistía en examinar todos los aspirantes en dos días, y después, si eras uno de los 60 hombres o 60 mujeres que más les gustaron tendrían que llamarte durante el curso de esa semana, te citaban y enviaban por correo electrónico un nuevo texto, esta vez teatral, con dos o tres personajes interactuando en escena y sin decirte que rol debías tomar, por lo tanto tenías que estudiar todas las líneas.
Le llamaron y se sintió maravillado al saber que sus padres no habían pagado el departamento en balde.
El proceso se llevaría a cabo siete días después de la llamada en el mismo lugar, a la misma hora. Era un texto de Shakespeare, a quien nunca en su vida había leído, pues en las clases de teatro que había tomado durante el verano habían interpretado obras actuales. El mercader de Venecia. Además de que debía cantar una canción a capela.
Diablos, eso sí que no se lo esperaba.
A él le gustaba la música por supuesto, no desafinaba del todo pero no tenía idea de que tipo de música fuera a ir mejor con su voz, no creía que a los jueces les fuera a gustar The pretender de los Foo Fighters... tal vez una de Brent Smith, Scorpius le había dicho una vez que cantaba como él. No sabía muy bien que hacer, tenía siete días para aprenderse un texto y una canción.
Revisó entre sus cajas que todavía no había desempacado, pensaría algo mientras acomodaba la ropa, se rio mientras lo hacía. Por alguna razón casi toda su ropa era negra, gris o verde. Su madre incluso le puso la corbata y la bufanda de Slytherin, se rio por un momento genuinamente y después inconscientemente se volvió amarga y se apagó.
Cuando terminó fue hasta lo CD's, los DVD'S y los Blue Ray, sin la presión de vivir con un sangre pura Albus fue de compras y la televisión junto con el aparato lector y DVD's y Blue Ray fueron una realidad. Su departamento era pequeñito y color azul orfanato localizado en una residencia para estudiantes. Aquél azul era deprimente pero no sabía porque color cambiarlo. Tal vez un azul cielo más lindo. Jugó con los tonos por cinco minutos hasta decidirse, un azul pastel. Siguió con los CD's, encontró su colección de Apocalyptica, el único grupo muggle que le gustaba a Scorpius, incluso habían ido a 5 conciertos, incluyendo el Wacken en Alemania y casi se morían, Scorpius parecía no creerse lo maravilloso que era ver una orquesta completa en vivo. Su álbum favorito era Shadow Maker, aquél donde Franky Perez cantaba todas las canciones, que llevaban lyrics obviamente.
Puso el CD y se puso a escuchar recostado en la cama.
Pensó mucho en Scorpius. Se supone no debería hacerlo, estaba comenzando una etapa nueva, una etapa sin magia incluso, quería dejar de pensar en él. ¿Sería posible acostarse una noche sin dirigirle un pensamiento? Normalmente, cuando la oscuridad llegaba, no lloraba, claro que no, pero la amargura y el resentimiento que sentía hacia él y hacia sí mismo por amarle. No era otra cosa, quería deshacerse de ese sentimiento pero no era tan fácil, aún no había conseguido librarse de esa sensación de picor en la garganta y en los ojos por las noches.
Facultad de Derecho Mágico. Londres.
Jueves 22 de mayo.
La noche anterior su padre le había obligado a dormir, incluso le dio una poción para dormir sin sueños. Su mirada era preocupada y eso le fastidiaba. Estaba bien, sólo iba a tomar una prueba que decidiría si era un inútil o si valía la pena como mago. Lo estaba mirando como si fuera un niño pequeño que no se pudiera cuidar solo. Pero si se había ido con Albus a Alemania cuando tenían quince, claro que podría atravesar Londres solo.
Cuando entró al edificio cubierto con hiedra de manera completamente natural le entregaron un sobre que contenía una pluma color caramelo. Eran plumas delatoras, explotaban si hacías algún tipo de trampa durante el examen. Tragó en seco y se sentó en su sitio numerado después de comprobar con su huella mágica que sí era quien decía ser. Justo desde la ventana pudo ver que un jardín privado se extendía tras la valla del colegio. Le dio un último vistazo antes de comenzar su examen. Cuando tomó su pluma vio que llevaba el brazalete que Albus había replicado de su regalo de cumpleaños. Se sintió idiota y le sonrió al aire. Aun se lo ponía por costumbre. Acarició el brazalete con el pulgar y se puso a contestar la prueba.
Londres muggle.
Había química. Esa chica castaña y él habían tenido química y la escena salió a la perfección. Él lo sabía, y ella también, el profesor que había hecho el tercer personaje tambien. Se sonrieron después. Entonces les pidieron que cantaran sus canciones. Estaban filmando otra vez y eso le ponía nervioso pero a la vez le gustaba. Aunque era un colegio muy tradicional no les preparaban sólo para el teatro sino también para cine y televisión.
Después les pidieron a ambos que interpretaran su canción. La chica fue primero, ella cantó una canción realmente muy vieja, So Yesterday, de Hillary Duff, tenía la voz clara pero muy baja, trataba de mantener a raya las notas, lo malo fue que se notó.
Cuando llegó su turno, dio un paso la frente y trató de mirar tanto a los jueces como a la cámara. No sabía porque había terminado escogiendo esa canción, debió haber elegido otra, pero era calmada, repetitiva pero muy hermosa. Lo que realmente le molestaba es que Scorpius estaba en esa canción, no sólo era así como se sentía, sino que era la canción favorita del rubio. Albus miró su mano izquierda y suspiró, el suspiró más pequeño del mundo. Tal vez sólo lo hizo en su interior. Le dirigió una sonrisa triste al brazalete y abrió la boca.
It's getting dark and I lost in the woods
I'd find a way out if I knew where to look
If I could, I'd rip this page out of my book
I'm confused and misguided, my faith is beside me.
Facultad de derecho Mágico.
El examen terminó, las plumas desaparecieron de sus manos y todos comenzaron a levantarse, escuchando atentamente el día en que se anunciarían los resultados.
Tras esto todos comenzaron a salir y Scorpius comenzó a percibir una ligera dificultad para respirar. Se sentó en una jardinera que bordeaba el jardín privado y tras pensárselo un poco decidió que debía regresar a casa, no a Hogwarts, iría al día siguiente.
Se apareció frente a las verjas de la mansión y cruzó los terrenos corriendo.
Estaba huyendo de algo, pero no sabía de qué, la desesperación lo estaba consumiendo. Se apareció en Wiltshire, cerca de Malfoy Manor, pero aún así a algunos metros de distancia, llegó corriendo hasta la entrada de su casa y subió de la misma manera a su habitación. Cuando se encerró ya estaba hecho un mar de lágrimas.
¿Por qué lloraba?
No había pasado nada.
Él examen estaba bien. Lo había comprobado un millón de veces. No había respondido mal. ¿Por qué se sentía como si quisiera morir?
Se dejó resbalar en la pared.
¿Qué le pasaba?
¿Por qué no dejaba de llorar?
Abrazó sus rodillas y se puso a llorar a moco tendido. Jadeante, desesperado, arrancándose la piel del rostro.
¿Qué le estaba pasando? Se sentía tan incompleto. Por Merlín.
De repente el brazalete se sintió cálido. Scorpius sintió como si le transmitiera algo. Tristeza, mucha tristeza, y por alguna razón, también sintió amor. Miró al brazalete. ¿Era el brazalete lo que le transmitía esa angustia?
No, el brazalete de hecho, le estaba tranquilizando.
¿Qué mierda?
— Estúpido Albus. —Dijo. —Estúpido Albus y su estúpido hechizo de duplicación defectuoso.
Sin embargo no se lo quitó. Pasó algo raro, de repente sintió como si pudiera escuchar una melodía. La conocía, claro que la conocía. La había cantado a voz en cuello más de una vez. ¿Se estaba volviendo loco?
There's a hole in my heart
In my life
In my way
And it's filled with regret and all I did to push you away
o-o-o-o-o
Albus abrió los ojos, estaba dejando el alma ahí, a punto de llorar, pero no quería hacer el ridículo, no quería pasarse de dramático. Con el estómago en la boca se llevaba más de un suspiro de los jueces.
If there's still a place in your life
In your heart for me
I would do anything, so don't ask me to leave.
El profesor que había dicho las líneas junto con él y la chica castaña se quitó los lentes y los limpió.
—Muy bien jóvenes, les llamaremos, pueden retirarse. Que pasen los siguientes. —Le dijo al sujeto de la puerta.
Albus a pesar de esa ligera frialdad no se dejó amilanar. Sabía que lo había hecho de puta madre. Les dio las gracias y salió de ahí con la chica que parecía temblar como gelatina.
Cuando llegó a casa se tiró en la cama que seguía rodeada de cajas y levantó la mano para ver aquella donde llevaba el brazalete.
¿Debería quitárselo? Solía quitárselo para bañarse pero nada más. Se preguntó si quitárselo le ayudaría a superar a Scorpius y sacó la mano de la pieza de plata con figuras de olivos.
Casi de inmediato sintió extrañeza y frio. Se lo volvió a poner. Tal vez no estaba preparado.
o-o-o-o-o
Hogwarts
— ¿Qué? ¿No estás feliz? —Preguntó Draco espolvoreando albaca en una poción nutrimental.
Scorpius a su lado miraba a su habilidoso padre desde el banquillo. Tenía un papel en las manos. Le habían aceptado en la facultad de derecho mágico y se le había otorgado una beca por excelencia académica.
— ¿Crees que Albus me perdone? —Draco volteó a verlo extrañado, estaban hablando de la facultad y su hijo le miró con unos ojos tan vulnerables que no pudo evitar pensar lo mejor era apagar el caldero. Hablaba de Albus, por supuesto que hablaba de Albus.
Draco se acercó para abrazar a su hijo quien empezó a llorar reclamando a su padre. Parecía un bebé.
— Tal vez puedas ir a verle a su casa cuando acaben las clases, ya casi te gradúas. No te preocupes, él te escuchará al menos. No es un muchacho cruel.— Dijo Draco, algo feliz porque vislumbró la verdadera personalidad de su hijo asomarse, Scorpius estaba volviendo a ser el mismo de siempre.
