Tw: abuso sexual
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Hogwarts
El día de la graduación
Scorpius no se podía mover. Él sabía que la bebida estaba mal porque no era el mareo habitual del vodka. Miró hacia arriba pero se dio cuenta perfectamente que Alex estaba junto a él, en la cama, sonriéndole de manera poco afable.
— ¿Te sientes bien? —Preguntó el chico levantando su mano hacia su mejilla. —Te vez muy pálido. —Scorpius dejó que le tocara, aunque no le gustaba nada que lo hiciera, sólo Albus podía tocarlo de manera tan familiar, pero no se sentía bien como para reclamar nada, además del mareo algo empezaba a bullir en su estómago, como una bola enorme de angustia.
— Alex...no me siento bien, deberías irte. —Dijo esperando a que Torres se levantara de la cama, se supone pasarían el último día de Hogwarts bebiendo hasta caerse de borrachos pero Scorpius no creía que se fuera a acabar ni media botella. Alex no se movió, sólo siguió sonriéndole mientras acariciaba su mejilla y luego su mano bajó hasta el cuello. Scorpius sintió escalofríos lo que causó una mueca de lo más siniestra en su compañero que levantó la varita y apuntó hacia la puerta. Después otro hechizo que envolvió el lugar en una capsula, al principio de color lila, que fue desapareciendo.
Scorpius trató de moverse pero sólo pudo hacerlo hasta quedar tirado boca abajo. Su cuerpo no respondía y su visión no sólo empezó a distorsionarse con mareos, sino que los colores parecían cambiar. Su corazón estaba latiendo muy rápido y algo en sus partes bajas comenzó a hormiguear, como si estuviera excitado pero por Salazar que no lo estaba.
Escuchó la risa de Alex, tan clara que incluso pudo haberse reído en su oído. Después sintió como le daban la vuelta y esta vez vio bien a Alex, que por alguna razón no llevaba ya la parte de arriba del uniforme.
— ¿Alex que estás haciendo? —Preguntó con la voz más clara que pudo, parecía un graznido.
— No te preocupes Malfoy, lo que te he dado es una pequeña garantía de que lo que sea que yo quiera hacerte, te va a gustar. Deberías controlar un poco tu manera de beber ¿No crees? — Dijo empezando a recorrer su cuerpo desde el cuello hasta las caderas. —Eres bastante delgado Malfoy, no me será muy difícil fingir que eres una chica, después de todo me he acostado con chicas con el pecho tan plano como tu. — Scorpius comenzó a retorcerse bajo las manazas de Alex, quien era por mucho, más musculoso y pesado que él.
— Suelta...Suéltame por favor Alex.
— Pero si no te estoy sujetando ¿Sabes? Si esto no te gusta, perfectamente puedes levantarte e irte. Pero no, estás aquí...Y mira, como le gustan mis manos a tu cuerpo. Eres un depravado ¿Lo sabías Scorpius? Eres un depravado igual que tu amiguito Albus...—Alex tocaba el bulto entre las piernas de Scorpius quién ya comenzaba a ponerse duro en contra de su voluntad. —Mira esto, mira lo mucho que te pone.
Alex siguió tocandolo sobre su ropa hasta que decidió que era hora de pasar a la acción. Desabrochó los botones de la camisa blanca del uniforme y trató a Scorpius como si fuera un muñeco, lastimándolo para sacar los brazos de las mangas. Después repasó el cuerpo delgado bajo sus manos deteniéndolas de vez en cuando en la parte baja de su anatomía. Llegado el momento desabrocó el cinturón y los pantalones bajándolos con todo y ropa interior. Le quitó también los calcetines y le abrió las piernas.
— Bueno...digamos que no tengo mucha experiencia en esto de los hombres pero...— Dijo palando los genitales expuestos alzando el escroto para ver, siguiendo una línea rosada hacia abajo un pequeño asterisco de carne intacto. Acarició, suave y firme a la vez. —Supongo que no es tan diferente. —Metió el dedo índice. —Madre mía, con lo apretado que estás...así que Potter nunca llegó tan lejos...me sorprende que tú mismo no te hayas metido nada nunca. Estás ridículamente estrecho. —Se rio de él.
— Por favor Alex, por favor, suéltame. —Scorpius comenzó a llorar y a tratar de mover las caderas para sacar ese dedo de ahí.
— ¿Tan impaciente de mover la colita para complacerme, Malfoy? Qué vergüenza ¿Qué dirán tus antepasados ante tales acciones? Una puta entre los Malfoy. Pero que Blasfemia. — Gritó dándole una bofetada al chiquillo delgado que no dejaba de temblar.
— Por favor...por favor...Te daré lo que tú quieras, por favor déjame. —Balbuceaba entre lágrimas.
— ¿Lo que yo quiera? ¿Qué es lo que dices? Malfoy, no soy tan barato. —Dijo mientras se quitaba los pantalones. —Lo único que yo quiero es darte una despedida ejemplar, lo único que me satisface es verte así, patético, como debiste quedarte siempre, pero no, Scorpius, tenías que querer sobresalir. Mírate ahora, ¿Quién es y siempre será patético? —Con su varita convocó su mochila que estaba en el escritorio y sacó de ella dos frascos. Uno grande, parecía tener algo con consistencia de gel dentro y el otro era sólo un pequeño frasco, del tamaño de un dedo con una etiqueta vistosa. Abrió primero el pequeño y luego se lo acercó a Scorpius para que lo oliera, este inmediatamente volteó la cabeza pero después de otra dura bofetada se quedó quieto. Dejó de respirar, pero no aguantó mucho y después de unos segundos de inhalar aquél líquido sintió que algo estaba ocurriendo en su cuerpo. Después Alex puso algo del gel del frasco grande en su mano y la llenó de lubricante. — No me gustan los hombres Malfoy, no me malentiendas. Pero me pone durísimo saber que voy a destrozarte, que voy a hacer pedazos tu cuerpo y el resto de tu jodida y marica vida. — Pasó los dedos humedecidos con el gel por su entrada y metió el dedo de nuevo. Estaba mucho más suelto. — Así me gusta Scorpius ¿Ves como si cooperas todo es más fácil?
Scorpius se retorcía o por lo menos pensaba que lo hacía, su cuerpo ya había sido paralizado pero por alguna jodida razón seguía sintiéndo.
Apágate, duérmete. Se gritaba mentalmente.
Entonces Alex se acomodó entre sus piernas y dirigió la cabeza de su miembro a la entrada del rubio presionando una vez. No pudo, los esfínteres lo rechazaban por su tamaño, el castaño sonrió, presiono más, por más tiempo, más fuerte, hasta que aquél arillo de musculo se abrió dándole paso.
Scorpius se arqueó. Era la cosa más horrorosa que había sentido nunca. Le dolía. Joder que le dolía.
— Mierda, Malfoy...se está condenadamente bien aquí. Creo que voy a considerar eso de joder con hombres más seriamente...sí...—Empezó a moverse. Primero lento para acostumbrarse, pero sólo un poco y después comenzó a penetrarle fuertemente, hasta el fondo.
Scorpius lloraba demasiado, había perdido el control completamente de su cuerpo, incluso sintió algo cálido entre sus piernas. Se había orinado, estaba aterrorizado, su pene no podía estar más flácido y contraído, la pequeña erección del principio se había esfumado por el terror, el asco y el dolor, sentía que lo estaba partiendo a la mitad. Al bastardo de Torres no le afectó en nada. De hecho hizo un comentario que le dejó helado.
— Vaya, estas dejando un poco de tu mierda maricona en mi pene...bueno, no importa. Ya la limpiarás con tu boca. Ohh sí...esto se siente tan bien...Siguió moviéndose.
Scorpius volteó su rostro para no ver la cara de satisfacción de Torres. Sobre la mesa de noche había un portarretrato con una instantánea. La única foto que había sobrevivido al robo del álbum de fotos porque la llevaba en su libro de criaturas mágicas que no había abierto en meses. 23 de diciembre, antes de entrar al recinto que cobijaría el concierto de Florence and the Machine, Albus y él estaban sonrientes, Albus pasaba el brazo por encima de su hombro, ambos llevaban ropa de invierno. Ambos eran felices...
Sintió un puñetazo en la cara que seguro se la había roto. Después otro golpe pero no para él, escuchó las cosas de la mesita caerse, el cristal se había roto.
— No pienses en él. NO PIENSES EN ÉL, MALDITA PERRA. — Volvió a golpearlo. — Esta noche tú eres mío, puta. —Lo cogió del cuello y comenzó a estrangularlo mientras sus penetraciones se hacían más violentas y erráticas, le estaba doliendo todavía más, sentía que lo estaba cortando, se sentía humedo. — Ohh sí, Ohhh sí. — El cuerpo de Scorpius estaba luchando por reaccionar, pero aunque sus manos se levantaron no tenían fuerza. Aunque rodeara las muñecas de Alex no podía quitar esas manazas de su cuello. No podía respirar. Alex iba a matarlo...
Alex llegó al orgasmo y se derramó todo dentro él.
No sintió su esencia hasta que comenzó a salir y a batirse por todos lados. Por dentro y por fuera. Todo su canal interno hasta derramarse hacia las sabanas. Era demasiado líquido. Sus piernitas temblaban y no podía cerrarlas a pesar de que Alex se había levantado pero no para irse, se acercó hasta donde estaba su cara y le restregó la verga en la cara.
— Se un niño bueno, porque si me muerdes te juro que volveré a hacerlo ¿Y no quieres eso verdad? Sólo quieres que te deje en paz y que me vaya, y yo también quiero eso ¿Vale? Así que se bueno, anda saca la lengua. — Scorpius que lloraba en silencio se negó, provocando que Alex le diera otro golpe en la cara haciéndolo llorar más fuerte. —Vamos, como si fuera una piruleta. —Dijo con una voz amenazante, Scorpius estaba aterrorizado así que no pudo mas que hacer lo que le pedían, sólo quería que terminara, que no le lastimara más.— Sí, así es...lo estás haciendo muy bien Scorpius...para, me la vas a poner dura otra vez.— La sacó de la boca del menudo rubio y su cabeza calló de lado.
— Vamos a ver...—Dijo poniéndose la ropa. —Te voy a arreglar esa cara, no fue mi intensión pasarme de esa manera. Tenemos que hablar de algunas cosas también Malfoy...te vas a quedar bien calladito sobre eso ¿Entiendes? Porque además ¿Quién creería en ti? Hijo y nieto de mortifagos... Que vergüenza, un Malfoy violado porque no sabe controlar el alcohol, todo el mundo dirá que me estuviste provocando. Con ese culito tan dulce, grande y macizo. Todo el mundo dirá que eres una puta, que fue tu culpa por andar de maricón por años y que tenías el culo hambriento falta de tu amante de siempre. Ya me imagino las portadas del profeta, lo que pensará tu familia y más importante aún, lo que pensarán los socios que recién recuperaron ¿Tu no quieres que esto se sepa no? ¿No? Por supuesto que no, sería suicidio comercial o peor...Albus te verá como una mala puta, con todos menos con él, que vergüenza. No me imagino las cosas horrorosas que pensará de ti. Porque fue tu culpa ¿Me entiendes? Tú culpa. — Ya vestido le dio un último vistazo a su obra, a la que después curó las heridas de la cara.
Destrozado hasta el corazón, tembloroso como una hoja, olvidado y roto.
Torres sacó una cámara de su mochila.
Tomó varias fotos, de su rostro, de su pecho y de sus piernas abiertas y expuestas, de los fluidos que ensuciaban la cama, de los que salían de su entrada incluyendo sangre.
—Esto es sólo un seguro, para que no vayas a decir algo estúpido nunca. Porque si hablas lo primero que verá tu abuelo por la mañana será un ejemplar de estas maravillosas fotos. —Dijo para después abrir la puerta. —Te veo mañana en el tren. — Se despidió y cerró la puerta.
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Albus estaba pegado a la pared, tirado en su cama. Ese día compró un horno de microondas y tenía planeado salir por la tarde con algunos chicos del edificio sin embargo al final no pudo. En ese momento cerró los ojos aferrándose a sí mismo, pero con el tiempo, con los segundos fue que sintió algo...ojala fuera tristeza. Había sentido antes desesperanza, pero no tantas ganas de dejar de existir. No tanta ausencia.
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Eran casi las 9 de la mañana y Scorpius no llegaba,Draco tuvo que dejar a Lily marcharse sola en uno de los carruajes tirados por caballos invisibles. No podía demorarla más, ella tenía que llegar a Londres en el tren. Él podía retirarse vía chimenea con su hijo después de todo.
Cuando entró a los dormitorios Slytherin se sintió extraño, reconfortado y repelido de igual manera por los recuerdos de su propia adolescencia. Caminó hasta el que había sido recamara de Albus y de Scorpius por 7 años, tocó la puerta y nadie contestó. Repitió su acción pero está vez abriendo la puerta.
Había un bulto en la cama. Era Scorpius y estaba dormido sobre sábanas sucias en posición fetal. Desnudo cubierto por moretones, olía mal.
— Scorp...—Dijo con un hilo de voz. Caminó hacia él y cuando llegó junto a la cama pisó algo. Miró el piso y estaba un portarretrato con una foto de él y Albus fuera de una sala de conciertos en Londres, se la habían mostrado junto con muchas otras.
Se acercó al cuerpo de su hijo y lo sacudió.
— Scorp...Hyperion...—Lo agitó más fuerte. — ¿Qué tienes Scorpius? — El jovencito comenzó a quejarse, su cara estaba como fruncida, como si le hiciera daño la luz, después pareció embargado por el miedo y comenzó a llorar. Daba débiles manotadas para quitárselo de encima. —Scorpius, cálmate ¿Qué te pasa? — Pero su hijo no lo escuchaba, se revolcaba y chillaba como un marrano al que estuvieran a punto de matar. Draco le abrazó, le abrazó fuerte y sacó su varita. Le dio con un ligero desmaius. — Lo siento, Scorpius. —Dijo apuntando a la cabeza de su hijo. — Legeremens. —Su hijo pareció perturbarse pero no despertó, dejando que Draco escarbara en su mente más fácilmente.
Lo vio.
Lo vio todo.
Ese hijo de puta.
Iba a matar a ese hijo de puta.
Draco miró a su hijo en la cama y se sintió sobrepasado por la furia. Apuntó hacia los muebles y comenzó a vaciar su contenido en los baúles. Eso no se quedaría así. Pero tenía que calmarse, no podía permitirse un error.
Acomodó todo, incluso reparó el portarretrato y lo puso hasta arriba del contenido en el baúl, sobre la bufanda del colegio. Usó un hechizo limpiador sobre su hijo y sobre las sabanas. Lo vistió con ropa que había separado especialmente para eso.
Miró hacia lo alto de la habitación y con los ojos enrojecidos llamó a Wompy, un elfo que llevaba doscientos trabajando en la torre de Slytherin, Tomo a su hijo en brazos y le dijo al elfo que los apareciera en su habitación, donde había una chimenea. El elfo aceptó sin rechistar. Draco sabía que tono usar con los elfos para que murieran de miedo. Con su hijo en brazos atravesó la chimenea hasta su casa. Directamente a la chimenea en la habitación de su hijo. Lo depositó en la cama acomodándole dulcemente un mechón de cabello tras la oreja y lo dejó dormir. Salió echando chispas de ahí y fue hasta el estudio con su padre.
Tenía que discutir un par de cosas con él.
Curiosamente, cuando abrió la puerta estaban otras personas. Sonrió. La gente de siempre.
Así, con una sonrisa en la cara y una mirada llena de malas intenciones, es como la luz se desvanece.
