Prohibido el ataque frontal.

Los ataques frontales están fuera de discusión.

Son las 2:26 AM cuando el exasperante pitido de la impresora indicó que la última página con su impecable plan había sido impresa. Kazuki levantó pesadamente su rostro por sobre su brazo derecho que había hecho de almohada sobre la mesa, y alcanzó a abrir un ojo para corroborar que en efecto fueran dos juegos completos.

El alzado del plano que con tanto esfuerzo había encontrado en un viejo post de Reppit del casino viejo a las afueras de la ciudad, estaban repleto de emojis de Fresas y Ajos.

Nadie sospecharía nada de una virtuosa, divertida, vital y radiante fresa; ni de un maloliente, aburrido, soso y plano ajo. Eso fue lo que Kazuki pensó, cuando marcó estratégicamente su posición y la de Rei para esta misión.

Tomó su pequeña engrapadora de tiburoncito de bolsillo y organizó concienzudamente cada paso, instrucción y clave necesaria para su ejecución.

Genio, simplemente brillante- Y le tiró un besito al papel. Tremenda obra de arte se montó, poema redondo, milagrosa inspiración. De pensar en lo brillante que era, a Kazuki le entraron ganas de regalarse una cerveza e irse a dormir.

Se levantó de la mesa, y se dirigió hacia la sala, donde la luz empalagosa y azul de la televisión le pegaba de frente en la cara a Rei, que parecía endemoniado haciendo combos de sucio jugador tramposo obsesivo a algún chico adolescente en una partida online.

Se azotó a su lado, mirando de reojo el perfil de Rei que apenas parpadeó un poco antes de separar sus labios 3 segundos para poder hablar.

- ¿Acabaste? -

- Está hecho, es un plan perfecto, si me lo permites. -

- Ummmmh –

Kazuki dejó el montoncito de hojas con una grapita roja sobre las piernas (esbeltas, pálidas) de Rei, esperando alguna señal de interés de parte de él. Un parpadeo, una sonrisa, quizá un brillo metálico en sus ojos afilados. Pero no pasó nada. Ni siquiera volvió a separar sus labios (delgados, simétricos) para tomar aire y seguir charlando con él.

Eso le irritó ligeramente. ¡Bastardo engreído, al menos podría preguntar de que demonios se iba a tratar!

- Cuando acabes de ser tremendo virgen, podrías leer el plan y memorizarte la mitad – ladró, en tono altanero, planchando con un pulgar su entrecejo, esperando desarrugar ese pliegue que tan insistentemente se ha hecho espacio en su inmaculada y jovial piel -Te explico la mitad: Mi posición es la indicada con la fresa desde luego, y adivina ¿Qué eres tú? Desde luego el ajo mal peinado con colita errática, apático antisocial-

Rei pareció apartar 3 segundos su mirada de la televisión, cuando su contrincante online cayó por el acantilado de la partida y explotó en cuarenta y seis colores brillantes que golpearon sus mejillas haciéndolo parecer una máscara inexpresiva de madera en algún festival de primavera.

- ¿Ajo? Que estupidez- objetó, tomando sus copias y acariciándolas mientras las hojeaba sin mirar realmente nada en particular. – Tu tienes doce entradas en total, yo tengo ocho, y no comprendo que significa el "OwO" en el plan – Escupió en tono monocorde, mientras su personaje furro saltaba en la pantalla alardeando del primer lugar. -¿No podemos simplemente entrar por la puerta principal y acabar con todos y ya? –

Lo dijo sin respirar, sin reanudar su partida, girándose ligeramente hacia Kazuki para darle una mirada un poco más en serio de lo habitual.

- Rei, sabes lo que pienso de los lunáticos como tú que van derecho sin pensar –

- Que somos bestias –

- Bingo –

Animales e idiotas, sujetos sin nada que perder y con dos neuronas en lugar de cerebro, definitivamente perdedores en la cadena de evolución.

Rei insistió con mirarlo sin dilación. Comenzando a picar hipotéticamente la temple de Kazuki que le sostuvo la mirada y negó con un dedo en su dirección.

- Mientras yo esté aquí, nadie va a irse de bruces contra la pared, Rei. – Sentenció. -¿Recuerdas lo que te ocurrió la última vez que entraste por la puerta principal del departamento del Yakuza calvo en el malecón de las prostitutas al sur? –

La expresión de Rei se aplastó bajo el peso del recuerdo de un balazo en su clavícula. Tuvo que retirarse dos meses completos del trabajo y aún le duele cuando se presiona con un dedo la cicatriz.

Gruñó.

- Pero se murió –

- Y casi te mueres tú también –

A Kazuki se le estrujo un poco la tráquea de acordarse. De la ropa negra de Rei pegada a su cuerpo luciendo húmeda y con un agujero que al principio no comprendió. De su cara pálida con un ligero rocío rojo y su expresión contenida de dolor. Pegado a la pared descargando lo que le quedaba de cartucho antes de contar la última bala. Y lo que pensó cuando llegó hasta él y lo cubrió por poquito y que de pura suerte Rei tomó el revolver de respaldo que el rubio cargaba en la pierna derecha para de un tiro dividirle el cerebro al calvo aquel antes de la llegada del resto de los enfermizos y vengativos calvos tatuados proxenetas de mala reputación.

- Por favor, no – Lo masculló seriamente, directamente a la cara de Rei – No quiero seguir trabajando así. –

La expresión de Rei se vino (si es posible) abajo cuando leyó todo lo que Kazuki recordó. Se sintió un poco como un imbécil, y atinó a no decir otra cosa más. Tomando el montón de papel sobre sus piernas, y comenzando a interiorizarlo y traducirlo en acciones prácticas y posiciones sincronizadas para ponerle un timing y sincronizarse con el Kazuki-fresamaniático que había pensado en toda esta cuestión.

- Sólo explícame que es "owo" y ya-

La sonrisa que el rubio le devolvió, lo hizo sentir como el mayor egoísta del mundo, sin discusión.

-Aquí es donde el sujeto tiene sus leopardos, y es ahí donde los soltamos antes de salir por la ventana – Dijo, mientras le pintaba bigotes al emoji y hacía un asterisco que decía *bajar por la pared*

Tambien comenzó a esculcar en sus bolsillos y a mostrar ochenta y cinco fotografías ordenadas secuencialmente en su celular. Desde la esquina del burdel hasta el traspatio de las rameras Ucranianas por donde mencionaba que habría una salida en caso de extrema emergencia. Todo esto lo hacía con un tono cada vez más rápido y más elevado de voz, agitando y vociferando con quizá demasiada energía.

Rei aguantó su respiración. Asintió en dos ocasiones y torció la boca en un patético esfuerzo por hacerle ver al rubio que ya había tenido suficiente de su inducción.

Pues ya está. Recuerda llevar algo cómodo y flexible en caso de tener que correr si los leopardos no pican el cebo-

- Lo intentaré-

- Prohibido salirse del plan-

- Lo intentaré-

- No te lastimes otra vez, Rei – Lo dijo sin dudar, con todo el peso de su seriedad en su voz sin apartar ni un momento sus ojos carmesí de Rei.

Los brazos cayendo sobre y hacia sus piernas, con un ligero cosquilleo en sus dedos por las curiosas ganas que sintió de poner sus manos en los hombros del pelinegro y agacharse hasta quedar a la altura de su nariz (pequeña, angular, demasiado bonita) para saber si realmente le había entendiendo ó simplemente estaba contando los segundos para dar Play a la siguiente paliza de adolescentes en su partida online.

- No te lastimes otra vez, te toca el desayuno el domingo – Bromeó, pero también lo dijo en serio – Miri quiere Hotcakes –

- Siempre quemo los Hotcakes-

- Tienes miles de oportunidades de no quemarlos por primera vez-

Rei sonrió. Lo hizo pese a que Kazuki le estaba molestando, lo hizo aunque sabía que definitivamente se le iban a quemar el domingo, y el domingo que le viene, y el siguiente luego de ese.

Y deseó seguir intentándolo, mientras miraba la sonrisa ligerita como la crepa de mermelada de melocotón que Kazuki trajo el lunes por la mañana luego de dejar a Miri y desviarse por la plaza para traer de ese cereal de aritos chocolatosos tal como se lo pidió de favor.

Definitivamente, seguiría intentándolo hasta que por fin la mantequilla dejara de ponérsele negra en el sartén.

-Ya lo tengo calculado-

Se quitó los auriculares, apagando de un movimiento la consola y dejando encendido el modo ambiental de la televisión mientras releía el plan.

-Nueva regla de la casa. ¡Prohibido el ataque frontal!-

- Ya –

Kazuki odia los ataques frontales. Denotan falta de ingenio, de astucia, de elegancia y técnica. Detesta el sonido del tiroteo pegando en las paredes y el olor a quemado que viene de todas direcciones.

Pero sobre todo, Kazuki odia los ataques frontales cuando ve a Rei (con sus manos que el otro día quemaron demasiado de la mantequilla de sus hotcakes dominicales); levantar un rifle de asalto y descargarlo frente a treinta y cuatro lunáticos que tiran a matar hacia su cuerpo afortunadamente esbelto y complejo de apuntar.

Aborrece los ataques frontales, pues cada que esto ocurre, Kazuki desea inmediatamente regresar a casa, y lo hace tan desesperadamente, que le duele el pecho y le pica la garganta mientras le ruega a quien sea que esté vigilándolos, que ambos puedan volver a casa justo a tiempo para cenar.


Llevo largo tiempo pensando en escribir esto, lo comencé una noche que estaba un poco en estado alterado de la conciencia y comencé a divagar sobre la manera de operar de Kazuki.

Luego lo dejé un rato pues me trabé, y creo que no terminé de desatorar la idea, que, pese a ello, me ha dado placer escribir.

Después comencé a pensar en de que manera realmente ambos se comenzaron a conocer de verdad a través de Miri, y decidí que tal vez debería intentar tomar esa dirección. Esto se convertirá en una serie de drabbles mas cortos, seguro.

En resumen, me encantó esta serie. Me hizo feliz, y actualmente creo que la he visto unas 15 veces.

Intentaré sacar eso que he pensado de una manera mas corta y que vaya al grano. No es necesario divagar, creo que solo se requiere poner las palabras ideales.

En fin.

Espero que alguien que compagine con mi manera de ver la relación entre ambos le haga sentido lo aquí escrito.

Gracias por su tiempo.