Capítulo 2

La reunión fue breve y concisa, a si le gustaban las cosas a Terrius, por eso se presentó en la sala, para observar y hacer sus indicaciones, más bien conducir con su estilo muy británico la junta. Le hizo saber a todos que él era el jefe del lugar y cómo le gustan las cosas. Aunque ni estaba preparado, a medida que avanzaba la conversación o más bien las negociaciones entre la señorita White y Kevin Suchard el director de canales digitales de la agencia, él se atrevió a llevar en parte las riendas, sobre todo para conocer qué tan beneficioso era para su compañía contar con una influencer y bloguera como aliada. De ese modo, además, indagaba de forma subrepticia indagaba un poco sobre la chica parlanchina del ascensor, estaba intrigado, ella le intrigaba. Hacía muchos años una mujer no llamaba su atención. Ella hablaba con vigorosidad, defendía sus puntos de vista con valentía, sin temor a ser cuestionada, eso le agradaba. Tenía aplomo y simpatía. Era inteligente y con ideas claras, sabía muy bien de lo que hablaba y mostraba mucha seguridad. Sintió ganas de conocerla, Candice White se había convertido en su centro de atención en esos pocos minutos y quería conocerla.

Convinieron en hacer una prueba, Terrius era un hombre pragmático, y apasionado de la publicidad tradicional, el asunto de manejar marcas a través de influencers comunes, de personas que no eran en sí una celebridad en el sentido estricto de la palabra, le resultaba algo difícil de creer, se mostraba incrédulo. Se reunirían de nuevo tan pronto se hubiese completado la prueba y el pudiera ver como San Agustín, para creer.

—Te gustaría ir por un café, si quieres por acá cerca —se atrevió a invitarla.

Nunca había invitado a una mujer a salir con él tan pronto, por lo general primero las trataba un breve tiempo para conocerlas mejor, pero Candy, era simplemente irresistible para Terry. No creía en el amor a primera vista, pero lo que le pasaba con ella cuando la veía, podía hacerlo creer si le decía que la tierra era cuadrada.

Terrius se cercioraba mentalmente de tener tiempo suficiente para tomar el café, charlar un poco con Candy e ir con Emma a la escuela. Candy por su parte se lo pensó un poco más, miró su celular para también cerciorarse de la hora, y revisar las notificaciones de la mensajería. Tenía un mensaje sin leer de su amiga Patricia.

Seguramente Archie ya dejó a Rose con Patty... Dios que hago, pero que quiere este hombre conmigo, para qué quiere ir por un café, claro que es el director y está el hecho de que es extremadamente guapo... pero acaso estará equivocándose conmigo pensaba.

—No. No puedo en verdad eres muy amable, pero soy madre soltera... mejor dicho divorciada... Terrius es que te llamas...

—Sí, Terrius, pero mi idea...

—Acabo de salir de un horrible divorcio —Candy lo interrumpió— ahora mismo mi hija está con mi mejor amiga, su padre está histérico... en verdad siempre está histérico, debo ir por ella, ir a casa, preparar algo de cenar. Tú no te estarás haciendo una idea equivocada de mí, cierto —inquirió alterada.

—¡No! A qué te refieres.

—¡A que no me voy a acostar contigo! —soltó, con los verdes ojos fijos en los azules oceánicos.

—ja ja ja ja —Terrius soltó una sonora carcajada — no al contrario, yo me disculpo creo que él que acaba de dar una mala impresión soy yo. Es solo que acabo de llegar de Londres, eres agradable, hablas mucho y divagas, pero me agrada. También tengo una hija, soy padre soltero señorita White.

—Candy, solo dime Candy, y ahora la que se disculpa soy yo. En verdad lo siento, no quise...

—No pasa nada. No te preocupes, nos veremos con frecuencia... digo por el trabajo —Terrius se masajeaba el nacimiento del cuello, se sentía avergonzado y nervioso.

—Sí, tienes razón. Lo haremos después... digo tomar el café eso haremos. Ahora si me disculpas debo irme.

Dios Terrius Granchester que fue todo eso. En verdad te gustó esta chica, aunque debo reconocer que es preciosa, tiene bellos ojos, una linda sonrisa. Habla sin parar, pero tiene lindos pechos... ¡dios! En qué estoy pensando, tiene una hija... nooo no te enredes con mujeres del trabajo...siempre lo decimos. Pero es preciosa no dejaba de pensar en la chica.

—Terrius ¡Terrius! ¿Estás bien?

—Sí claro, solo estaba aquí pensando en la propuesta que presentaste en la reunión ehh...

—Kevin, me llamo Kevin.

—Sí, Kevin, eso. Iré a mi oficina, debo hacer unas llamadas a Londres antes de que sea demasiado tarde allá.

De nuevo en su oficina, Terrius se quedó sentado mirando a través del ventanal, con la mirada perdida, no hizo llamadas a Londres, era una excusa para alejarse de Kevin. Solo quería pensar en ella a solas en silencio. Recordaba la estela de perfume que dejó a su paso cuando dejó la sala de reuniones, el brillo de su cabello cobrizo y rubio a la vez. No podía sacarla de su cabeza hasta que el celular sonó. Dio un salto en la silla y al comprobar en la pantalla que se trataba de Emma recordó que debía ir a buscarla de inmediato.

—¡Mierda! —dijo mientras acercaba el celular a su oreja.

—¡Papi!

—Sí, hola, cómo te fue en la iniciación...

—Papi te espero desde hace cinco minutos, tú nunca llegas tarde, a dónde estás, cerraran la escuela.

—Mi amor, Emma perdona, se me pasó el tiempo, salgo para allá enseguida, no salgas de la escuela diles que iré enseguida.

Para su suerte, llegó justo a tiempo a la escuela. La directora no se retiró y acompañó a Emma hasta que su padre apareció, avergonzado y corriendo por el corredor. Disculpándose de inmediato con ambas, y para ganarse el perdón de su pequeña, Terrius le permitió elegir la cena, y prometió un enorme helado de frutilla luego.

Se sintió exhausto cuando regresaron finalmente a casa. Cuando Emma se fue a la cama, él decidió salir a la terraza para fumar un cigarrillo y tomar una copa de vino. Lo hacía solo cuando se percibía a sí mismo inquieto, y esa noche lo estaba, no lograba sacar a Candice de su mente, no era un hombre que creyera en el amor a primera vista, esas eran tonterías de novelas rosas. Él tenía sobre sus hombros tremendas responsabilidades, el futuro de la compañía estaba en sus manos, así se lo había hecho saber su socio en Londres. Tenía que echar a andar la filial en NY, él no era solo un ejecutivo trasladado desde Inglaterra. Tenía que trabajar duramente para que las cosas no salieran mal. Además, estaba Emma, a quien no le agradaban los coqueteos y solía comportarse hostil cada vez que una mujer se acercaba a él. Estaba allí para tener una nueva oportunidad y escapar de la rutina. No para enamorarse.

—Olvídalo Terrius, no pienses más en ella —se dijo a sí mismo —además no tienes nada en común con ella. Dios pero es tan…

—¡Papá! qué haces aquí.

Emma sorprendió a su padre, la hacía dormida.

—Tú qué haces aquí señorita —la inquirió, deshaciéndose del cigarrillo a toda prisa.

—Puedo dormir contigo, no me acostumbro al ruido de los autos, extraño nuestra casa. Puedes leerme por favor.

—Sí cariño, vayamos a mi habitación. Solo tomaba una copa de vino.

—Y fumabas, te vi, sabes que no me gusta que fumes.

—Lo sé, lo sé.

En la habitación, Terrius se quitó la chaqueta, se arremangó la camisa, y quitó las sábanas para que Emma entrará a la cama, con Peggy una cerdita de peluche rosada. Se sentó a su lado, y le pidió tiempo para ir a darse una ducha, luego regresaría junto a ella para leerle. Le permitió en ese tiempo ver algo de TV. Rato después cuando regresó, ya ella estaba dormida, le dio un beso en la frente y entró a la cama con ella, viendo absorto el episodio Lazy Town de que emitía el cable en ese momento, hasta caer rendido.

Por su parte Candy en su cama también pensaba en él, recostada a su almohada recordaba al "idiota" y pensaba en esa remota posibilidad de conocer a un hombre, seguir ese ritual de ir descubriéndolo, de una conversación donde todo es novedad. A Archie lo conoció siempre, fue siempre un libro abierto para ella, hasta que mostró esa parte oscura que todos los seres humanos esconden. Pero ella de algún modo se sentía tan cansada. El divorcio fue difícil, existían heridas aún por sanar. Quería amar otra vez. Le hubiese gustado un largo matrimonio con Archie, una gran casa más hijos, se casó realmente enamorada. Pero él no se molestó en echarlo a perder, y echar por la borda sus sueños de una gran familia feliz, una numerosa familia norteamericana. De pronto se sentó en la cama, quería alejar esos pensamientos de su mente, encendió el televisor y comenzó a hacer zapping, y se detuvo en las noticias, pero no había nada interesante que ver esa noche, entonces comenzó a deambular por el departamento, se tumbó en el sofá y miró en derredor mientras se sentía tan sola, deseaba tener con quien compartir un té y una manta, eso y una buena conversación, alguien con quien hacer más ligeras las cargas.

"Es solo que acabo de llegar de Londres, eres agradable, hablas mucho y divagas, pero me agradas. También tengo una hija, soy padre soltero señorita White".

Las palabras del "idiota" vinieron de pronto a su mente.

—No Candice White, él es algo así como tu jefe, o al menos trabajarás para él o con él y el amor y los negocios no se mezclan... ay pero lo que digo son palabras de Archibald Cornwell —decía a solas y a oscuras en medio de su sala. Pero es tan guapo…

Una semana después, volvieron a coincidir, esta vez en la entrada del Colegio , ambos se miraron tímidamente, se saludaron con una sonrisa y un gesto con la mano diciéndose hola. Ambos se despedían de sus niñas. Él la observó un poco más a ella, lucía radiante y feliz. Y esa niña tan parecida a ella debía ser su hija. Terrius sintió que su corazón latía tan fuerte cuando se percató de que ella caminaba justo en dirección a él.

—Vaya qué sorpresa encontrarte aquí —Candy fue la primera en hablar cuando llegó hasta él.

—Yo también estoy sorprendido. Apenas puedo creer que nuestras hijas vengan a la misma escuela, porqué ella era tu hija

—Ah sí, la niña de las dos coletas es mi hija, Rose, se llama Rose.

—Y la niña de cabellos castaños y un peinado que he tratado de hacer por años y que siempre queda igual, es Emma, mi hija.

—Es hermosa, y tan sofisticada, es preciosa —dijo recordando a la bella niña que acababa de ver con Terry.

—Tú también... —verbalizó él, observando los labios rosa de Candy.

—Qué.

—Tú hija, me refiero a tu hija es preciosa también, tiene tu particular color de cabello, pero más rubia. Es adorable.

—Es que se parece mucho a su padre, en cambio Emma es idéntica a ti.

Un silencio bochornoso los invadió de pronto, y solo quedaron observándose uno al otro, sin nada que decir, aparentemente. Terrius miró su reloj, y ella creyó que el gesto buscaba alejarla, pero no fue así.

—¿Hoy sí quieres ese café? —dijo él con suavidad casi rogándole que aceptará —me gusta llegar a tiempo a la oficina, pero lo primero en mi agenda es una reunión a las diez, así que tengo mucho tiempo disponible ahora. Hay un Starbucks acá cerca.

—Starbucks, no hay que ir a una cafetería local, estamos en un lindo vecindario lleno de locatarios con mejor café. Acepto si dejas que yo escoja el caffé.

—Perfecto, usted es la experta señorita, me dejaré conducir.

Charlaron durante todo el tiempo que los llevó encontrar la cafetería. Ella en verdad hablo más que él, que apenas podía responder con monosílabos admirando todo lo que ella le mostraba del lugar que parecía conocer muy bien, era una hermosa mañana y ella una buena compañía. Toda la escena tenía una maravillosa comicidad, y él no paró de sonreír. Entraron a un local de ambiente relajado y linda decoración, el menú colgaba en la pared, escrito en placas de madera, él echó un vistazo porque no alcanzó a desayunar, solo había tomado una taza de té, a diferencia de Emma, que sí lo hizo y muy bien.

—Me encanta este lugar, hay una gran selección de cafés, calientes y fríos, como los prefieras. Ah también hay té, olvidaba que eras británico. En la noche en la cena, sirven las mejores patatas fritas de todo Manhattan, son caseras y realmente deliciosas.

—Y qué me recomiendas para desayunar.

—Estamos en Nueva York, pidamos huevos con jamón y tostadas.

Encontraron una pequeña mesa disponible, y allí se acomodaron para esperar su orden. Hablaron del trabajo, de la visión que tenía Terrius respecto a la agencia, de sus metas personales, de las niñas. Todo lo que se les ocurrió hablar, fluía. Candy no dejaba de examinar los ojos de él mientras lo hacían, también observaba sus largas y cuidadas manos.

—¿Tocas el piano? —preguntó ella de pronto.

Él pareció sorprenderse mucho por aquella interrogante, estaban hablando de publicidad, de cómo las redes sociales estaban cambiándolo todo. De dónde ella sacó esa pregunta.

—Los hacía, sí, pero lo dejé hace muchos años. ¿Por qué me preguntas eso, cómo lo supiste, o solo intentas adivinar mi pasado —Terrius se mostraba divertido con su ocurrencia.

—Es por tus manos, son alargadas, son bonitas y están muy bien cuidadas.

Él comenzó a mover sus manos en el aire y la miraba sin dejar de sonreír.

—¿Te gustan mis manos? —le inquirió él sin dejar de sonreír ahora con picardía.

—Qué te parece si te llevo a Bluter, pero el local de Brooklyn, hay uno prácticamente debajo del puente. Haremos fila entre verdaderos Brooklynites, compraremos los cafés para llevar y lo tomaremos paseando por Brooklyn Bridge Park.

Ella desvió completamente el tema, sintiéndose avergonzada.

—Me parece un plan estupendo, pero me temo que no puede ser un plan para dos. Aún no consigo niñera para Emma, tendría que venir con nosotros...

—OPs claro Terrius, podemos arreglarlo para que Rose y ella se conozcan, será un perfecto plan para cuatro. Será divertido.

Salieron del café sonrientes, dispuestos a marcharse cada uno a sus ocupaciones. Pero él no pudo evitarlo, y se acercó peligrosamente a ella, y con ternura levantó su mentón usando su mano derecha, la miró fijo a los ojos, quedando perdido en la profundidad de ellos, en la ternura que expresan, grandes y brillantes, para luego besarla. Un beso suave, y tímido, pero luego la tomó también entre sus brazos y continuó besándola, con pasión controlada, pero con pasión, al fin y al cabo.

Continuará...