Capítulo 3

Emma observaba a todos sus compañeros, algunos se le habían acercado y presentado. Sobre todo los niños, ella se limitaba a responder con amabilidad, pero sin prestar mucha atención a lo que decían. Demostrando así su carácter engreído y orgulloso. Ser inglesa, haber estudiado en uno de los mejores colegios de Londres la ponía por encima de los demás niños, al menos eso era lo que ella creía.

No le gustaba las pláticas sin sentido, las que le hacían sus nuevos compañeros. Prefería estar sola para poder hacer todas las anotaciones posibles de la clase vista, antes de que se le olvidará. Alison, una niña pelirroja que no se apartó de su lado durante las primeras horas, fue con la que más compartió, incluso la merienda a la hora de descanso. Le agrado porque vio que tenían muchas cosas en común, no era como Michelle, pero le simpatizaba.

—Ash, no le sonrías a "amor y paz" —expresó Alison, burlándose de la niña que caminaba y saludaba a todos a su alrededor.

Emma estaba sentada frente a la puerta por donde la rubia hacía su entrada. La escaneo con la mirada, viendo de arriba a abajo con discreción, ¿quién usa ese anticuado peinado todavía? se preguntó internamente al ver a la chica que le sonrió con dulzura, en respuesta Emma giró su cara para centrarse en la conversación de Alison.

—¿Amor y paz? a qué te refieres con eso —preguntó haciendo a un lado las orillas del emparedado.

—Así le llamó porque siempre quiere ser la buena onda y más cool de la escuela. No te dejes llevar por su carita de niña buena. Es igual de mentirosa que su madre.

Emma no dijo nada, escuchaba y tomaba nota mental de lo que Alison decía. En efecto, la rubia parecía alguien a quien le gustaba llamar la atención de todos.

—Alí y Rose son primas, a ella no le agrada Rose desde que su mamá engañó a su padre Archie, tío de Alí. Ella está algo así como enamorada de él —susurró Mili, que no estaba precisamente sentada con ellas, pero muy cerca, tanto que podía escucharlas hablar.

Alison que estaba sonrojada y molesta por su indiscreción, sólo se limitó a sacarle la lengua. Ella es la sobrina de Archibald, hija de su prima Eliza, y aunque a Archie no le cae bien su prima, sí le simpatiza la pequeña Ali. La niña mostraba mucha admiración por él, jugaba muy poco con su hija, pero pasaba muchas horas conversando con él, cuando la familia Cornwell tenía sus reuniones. Siempre pensó en su tía Candice como una tonta por haberse atrevido a divorciarse de su tío Archie, quien era guapo e interesante.

Pero nadie sabía exactamente cuál era el motivo de la separación, solo se oían especulaciones. Eliza aseguraba que quizás ella le fue infiel y ese único comentario lleno de rencor a Ali para con su tía. No prestó atención cuando finalmente Archie dijo en una fiesta familiar que se separaba de su esposa por culpa del trabajo. Desde entonces la pequeña no soportaba a Rose, como si ella tuviera la culpa de la tristeza de su tío favorito.

Rose era una mezcla entre su madre y su padre, el cabello ondulado, no tan rizado rubio cobrizo, ojos eran almendrados y cara alargada como Archie, pero su nariz pequeña como la de su madre. Hacía los mismos gestos y tenía el caminar ligero y elegante de su padre. El carácter era el mismo que el de Candy.

—No estaba diciendo nada que no sea verdad —se defendió Mili ante el gesto de Alison.

Rose era la mejor en la clase de deporte, nadie jugaba tenis mejor que ella. Asistía a clases extracurriculares los fines de semana. Sin embargo en la escuela siempre practicaba en la clase de deporte. Alistear Cornwell, su tío era el maestro de educación física y su entrenador. Implementó el deporte dentro de su clase porque al igual que a Rose, había otros alumnos interesados y él además era amante del tenis.

Emma también era una excelente jugadora. Ella y Terrius solían jugar unas dos horas antes de que él se reuniera con sus amigos en el hipódromo. Se sabía experta y por eso cuando vio que un reducido grupo se dirigía con unas raquetas hacia la cancha de la escuela, no dudó en seguirlas. Alison que en esas dos semanas se había convertido en su sombra, le dijo que su prima tenía preferencia ya que el entrenador era su tío. Durante ese tiempo Alison había llenado con gotas de intriga la cabecita de Emma en contra de Rose, para evitar que fueran amigas.

—¿Puedo jugar? —preguntó la niña inglesa.

La voz de Emma se escuchó como un estruendo en la cancha. Varios rostros conocidos la observaron, intimidados por la niña de mirada fría y actitud altiva. Rose sonrió y le ofreció una raqueta, la cual ella tomó diciendo a regañadientes, gracias e iniciaron un partido.

Después del divorcio Candy vivía solo para su hija, el trabajo llegó como un bálsamo para aliviar su alma, la dosis perfecta para que con el tiempo curara su corazón. rechazó infinidad de citas de pretendientes que conocía en las empresas para las que trabajaba. Ninguno de ellos le había interesado, a pesar de que eran hombres decentes y porqué no decirlo, atractivos. Ella se sentía completa impulsando su carrera como blogger y con su hija, eran el dúo perfecto y no necesitaban a nadie más. No quería repetir la mala experiencia vivida con Archie.

Y de pronto llega él, a desequilibrar su paz mental. Él con su sonrisa ladeada y hermosos ojos, con toda su galantería y los labios más adictivos que había conocido.

Lo pensaba todo el tiempo, desde ese tímido y apasionado beso que le dio al salir de la cafetería. Cuando él la besó sintió que sus piececitos no tocaban el piso, de nuevo esa sensación en su panza, mariposas pudo ni quiso detenerlo, ella le respondió con igual pasión, con ansias de que ese beso durará la eternidad. Le rodeó el cuello, abrió sus labios permitiendo que él intensificará el contacto y explorara a placer su boca.

Terry no se disculpó por lo que acababa de pasar, y ella no deseaba que lo hiciera. Caminaron como si lo ocurrido hubiera sido lo más normal, como si llevaran años haciéndolo y al despedirse con la promesa de verse al día siguiente, él inclinó su cabeza y tomó de nuevo sus labios, y ese fue el comienzo de todo. No había formalidades en la repentina relación que entablaron, ni reglas ni promesas, se dejaron llevar de forma intuitiva, obedecieron a la atracción de uno por el otro, sin resistencias, escucharon a sus corazones.

Ella regresó esa misma semana a las oficinas de la agencia, luego del desayuno estuvieron tan ocupadas que apenas se saludaron con textos de Whatsapp, e interminables y divertidísimos audios de ella. Él no hacía más que sonreír, fascinado con su espontaneidad, por esa forma tan honesta de llevar su vida. Fue inevitable para él, tomarla por su pequeña cintura, asirla hacía a él cuando se vieron en la oficina. Después de cerrar la puerta se fundieron en un beso desesperado, luego sonreían y hablaban de trabajo. Ese mediodía salieron juntos a almorzar, por supuesto en un lugar recomendado por ella. En esa misma comida, acordaron ir a cenar, a solas, todavía no involucraría a las niñas en lo que estaba pasando entre ellos, fuese lo que fuese que pasaba. Candy quería asegurarse primero de que no fuera una ilusión pasajera, aunque cada día que pasaba, esa atracción por Terrius era más fuerte. Le asustaba que sus sentimientos crecieran tan rápido. Es esto un amor real, se preguntaba una y otra vez, acaso es así cómo se siente.

Él por su parte también se sentía algo incrédulo, cómo es que todo aquello estaba ocurriendo tan rápido, apenas se conocían y se hacia las mismas preguntas. En las noches a solas con Emma, ella se dedicaba a contar sobre su día en la escuela, él la escuchaba. Pero sin poder evitarlo sus pensamientos se perdían recordando esos labios dulces y ojos expresivos, se perdía en el recuerdo de Candy.

—Ya no la soporto, es insufrible. Cuando terminamos el partido se reía en mi cara, fingiendo que es amable, no lo es. Estoy fuera de práctica, pá, me ayudarás a entrenar, en unas semanas habrá un partido amistoso, y yo quiero ganar. Soy mejor que cualquiera de ellos, en especial que ricitos de oro.

—¿Ricitos de oro? Desde cuándo llamas por sobrenombres a tus amigas —Terrius finalmente hizo un alto en sus cavilaciones — a quién te refieres de esa forma tan poco cordial.

—No es mi amiga, no me agrada. Solo quiero dejar en claro que soy mejor que ella —contestó orgullosa Emma.

—No me gusta que digas eso, ¿hay algún motivo por el que esa niña no te agrade? ¿te hizo algo?

—No, pero…

—Entonces porque la consideramos una enemiga, no me gusta que te llenes de sentimientos negativos, a nadie le hace bien ser rencoroso. Deberías divertirte y conocer a todas las personas, no etiquetarlas. Por lo que me has dicho nunca has intentado ser su amiga. Le has tomado rencor por lo que tu amiguita, por lo que Alison te ha dicho, pero esa niña "ricitos" no te ha hecho nada para ganarse tu antipatía. En esta familia somos corteses con las personas que nos rodean, no olvides eso. Ahora ven aquí y dame un beso.

Ella no necesitaba más que eso para asirse al cuello de su padre, y darle un tierno beso en la mejilla, lo siento, le dijo ella en un esfuerzo. Y yo te amo, le dijo él con ternura.

Emma era consciente que lo que decía su padre era cierto, pero estaba hecho, Rose Cornwell no le simpatizaba ni un poco. Esa noche Terrius preparo la cena, el platillo predilecto de Emma, fish and chips. Meses atrás ella le había dicho que prefería el que cocinaba su abuela, pero en tierras lejanas lo degustó con placer.

Días después…

Candy esperaba en la sala de visitantes. La asistente de Terry le dijo que estaba a punto de terminar una llamada importante. Luego él fue personalmente por ella para que pasara a su oficina. Ella lo visitaba con doble propósito, quería mostrarle algunas propuestas de post que subiría a sus redes sociales, como parte de la campaña en la que trabaja con la agencia y para hacerle una invitación.

él fue por ella personalmente para conducirla hasta su oficina antes de ir a la sala de juntas donde Kevin también se les uniría como jefe del proyecto. lo hizo con el firme propósito de besarla, de tener unos minutos a solas con ella. por eso aseguró la puerta, cerró las persianas, y sin temor alguno, su alta figura varonil la tomó en un descuido, metió la palma de su mano detrás de níveo cuello, y atrajo para adentrarse en su boca, besándola lentamente. Pero ella más atrevida, siempre ladeaba la cabeza para adentrarse más y más a su boca con tímido sabor a tabaco. Haciendo que la pasión atrapada en ambos se desbordara hasta cierto límite. Porque él recordando el lugar en donde se encontraban y que ella era su dama, disminuyó su ritmo.

—¿Qué harás el próximo sábado? —preguntó ella rompiendo el silencio.

Terrius estaba ahora inmerso revisando las propuestas que ella le había llevado. Se había acomodado en su escritorio para ver todo con más calma.

—¿A dónde me vas a invitar? Si es un lugar privado mejor —bromeó mientras la miraba con cierta lascivia.

Ella soltó una carcajada y negó con la cabeza.

—Oh, no. Siento desilusionarte —dijo en voz baja, colocando su mano izquierda a un lado de su boca, como si fuese a decirle un secreto— quiero, bueno creo que llegó el momento de presentarte a Rose. Si tú y Emma no tienen planes para el sábado me gustaría que asistieran a un partido de tenis en el que mi hija jugará, después puedo invitarlos a conocer algo de la ciudad, ¿qué te parece?, y hacemos ese paseo que te prometí por Brooklyn Bridge Park.

—Fantástico, de hecho, Emma también asistirá a ese mismo partido. Es su deporte favorito, sabes, hace tiempo que no practicamos y me alegra que poco a poco se este adaptando a la escuela y este haciendo nuevos amigos —contestó animado Terrius.

—Vaya, que sorpresa. Tal vez nuestras hijas se conocen, aunque Rose no ha mencionado el nombre de tu hija. Hay tres salas del grado en el que ellas están, si estuvieran juntas ya lo sabríamos, no crees.

Terry asintió y sin más se puso de pie y caminó hacia ella, rodeó la silla y la besó de nuevo.

—Tenemos una cita para los cuatro el sábado entonces señorita White —soltó sus labios para responder y luego la beso con más ahínco.

El viernes por la noche Candy estaba libre, Archie fue temprano por Rose, pasaría la noche con él, al día siguiente la llevaría al partido, no se quedaría pues tenía una reunión de negocios en Chicago esa misma noche. Era perfecto para Candy, ya que no quería que Archie hiciera un escándalo por Terry, aunque estaba dispuesta a defender su relación, ya era hora de que Rose y el mundo supieran que tenía "algo" con Terrius. Siempre temió que llegara ese día, el día que ella se enamorara otra vez, y él, el idiota que conoció en el ascensor lo había logrado, no dejaría que Archibald la intimidara…

Sintió el impulso de llamar a Terrius e invitarlo al departamento, quizás tomar una botella de vino y charlar un poco. Pero pensó que seguramente él iba a negarse, por Emma, era algo imprevisto, aunque no era difícil encontrar una niñera, de hecho ella podía ayudarlo, llamar a Sami, la niñera preferida de Rose. deambulaba por el departamento sin atreverse a nada, temerosa al rechazo. continuó pensándolo por cinco minutos más y grabó un audio.

—Hola, disculpa, se que debes estar ocupado no sé si todavía trabajas, o estás ya en tu departamento con Emma, mmm es que Rose se fue con su padre, y me preguntaba si quisieras venir, tomar una copa, hablar… besarnos… ay por Dios no puedo creer que dije eso. En fin, si quieres o puedes venir… pero trae tu el vino, eres más exigente que yo, lo que traigas está bien. y si no tienes niñera, puedo darte el número de Sami. ella es la niñera favorita de Rose… Sé que es algo tarde para invitarte, pero se me acaba de ocurrir, bien si acaso tienes hambre podemos pedir comida china. Estaremos solos, Archie vino por Rose, creo que ya te lo dije, bien lo que decidas esta bien, adiós.

Terrius sonreía divertido escondido en el baño de su cuarto, se había ocultado allí para que Emma no escuchará la proposición de Candy, por demás prometedora y deliciosa, Dios mujer eres tan divertida me encantas, se dijo antes de salir para explorar cómo estaban las cosas con su hija esa noche.

—Emma te importa si regreso a la oficina, cariño se ha presentado una situación de último minuto y debo hacer unas llamadas a Londres, conectarme con ellos. Pero quisiera hacerlo desde la agencia.

—A está hora y qué se supone que haré contigo en la oficina.

—No, no cariño, la idea es llamar a una niñera y que te quedes con ella, traerla para que te haga compañía.

—Y qué hablaré con esa niñera —dijo arrugando la cara y gesto de hastío.

—Pueden comer helado, ver una película antes de las nueve claro, mañana es el partido, no debes dormir tarde, estaré de regreso antes de las doce, lo prometo.

—Está bien, pero procura no llamar a una asesina serial que simula ser niñera.

Como si el niño fuera él y no su hija, corrió a la habitación para ducharse y vestirse más relajadamente, ella siempre lo había visto en ropa de oficina. Después de dejar a Emma con Sami, salió corriendo por las calles de Manhattan, entró a una vinoteca que ya había visto, compró un vino francés, algo de quesos y fruta para acompañarlo y le textea ansioso que en minutos estaría en su puerta tocando.

Ella abrió y él creyó chocar con el sol. Estaba radiante, en un sencillo vestido, sin zapatos, solo unas medias graciosas de dibujitos de sandía, el cabello suelto, despeinado y con un chal sobre los hombros.

—Sé que parezco un desastre, pero pensé por un minuto que no vendrías y comencé a ordenar el departamento con intenciones de aspirar. Pasa —se dieron un beso tímido para saludarse.

—Traje vino y algunas cosas para acompañarlo —dijo Terrius con nerviosismo —mientras observaba el lugar que no era tan lujoso como el suyo, pero donde se respiraba calidez, resultando además muy acogedor.

Fueron juntos hasta la cocina, él destapó el vino mientras ella preparaba una bandeja con los quesos, galletitas y las uvas. Luego caminaron hasta el sofá de la sala, y allí se acomodaron muy cerca, uno frente al otro para comenzar a degustar el vino y conversar sobre lo que habían hecho en el día. Ella no pasó desapercibido que era la primera vez que lo veía vestido de jeans y remera, además la chaqueta de cuero que acababa de quitarse le quedaba muy bien. También olía muy bien, todo en su conjunto era muy tentador para ella. Para Terrius, descubrirla en su espacio íntimo era también seductor, observó todo alrededor, las plantas, los libreros, las fotografías familiares, que por supuesto incluían al histérico ex. todo para él era perfecto.

—¿Qué escuchas? —preguntó él mientras servía la segunda copa de vino.

—Es Ed Sheeran… cómo no lo reconoces es británico.

—Siempre pensé que era irlandés.

—Pues es británico, como tú, le decía entre risas.

Después de la tercera copa comenzó a besarla con segundas intenciones, estaban tumbados en el sofá uno sobre el otro, con Photograph de fondo sonando sin cesar en bucle. Ella no opuso resistencia y permitió además las atrevidas caricias de él en sus piernas, en sus muslos y en su sexo. Ambos estaban muy encendidos.

—Quieres hacerlo, pero vayamos a tu habitación —le musitó él al oído.

—Sí, vamos —ella lo tomó de la mano y condujo por pasillo hasta su cuarto.

Ella lo empujó suavemente contra la cama, para que se sentará a la orilla, luego se dio vuelta para que él bajara el cierre del vestido. dejando expuesta su espalda y sus senos, porque no llevaba brassier. A Terrius le temblaban las manos, estaba extasiado con el roce de sus dedos sobre la piel de ella, que asemeja a la de un melocotón, aterciopelada, suave, impoluta, fragante. Sus senos pequeños, firmes, hermosos. con sus pequeñas manos ella le saco la franela por encima de los musculosos brazos, y se acercó para besarlo, rodeándolo con sus brazos, provocando el roce de los torsos desnudos, y un estremecimiento en ambos y casi al unísono un pequeño gemido. lo que provocó que él se levantará alzándola como a una pluma, para depositarla en medio de la cama. Sacó de su bolsillo trasero un condón, se lo llevó a la boca, para sostenerlo mientras terminaba de quitarse los pantalones. Ella tomó el preservativo y lo abrió por él.

—Quieres que yo te lo ponga —le preguntó ella sin vergüenza.

—Eso sería muy excitante, sí hazlo por favor.

Entonces cambiaron de posición y él se tendió en la cama, ella retiró el boxer, mirandolo extasiada y sorprendida, el "idiota" estaba muy bien dotado. Él cerró sus ojos y se entregó a las caricias de Candy, quien sin timidez acarició su miembro para después colocar el condón, volviendo luego a tenderse en la cama, esperando ahora las caricias de Terrius sobre su cuerpo. Pero él fue directo con su boca a su hendidura, acariciando con su lengua su botón de placer, proporcionando goce hasta hacerla estallar en un intenso orgasmo, para luego entrar en ella y hacerle el amor apasionadamente, pero también con dosis de ternura.