Tiger and Bunny pertenece a Masakazu Katsura. Yo solo tomo los personajes prestados. Abdallah, Said, Omar y Amina me pertenecen a mí. Lanmei pertenece a Feng Huang.

Las tribulaciones de un egipcio en Sternbild.

—Por Alá, hermano, ¡deja de ser tan desconfiado!— Said le decía a Abdallah que se le estaba pasando la mano con los héroes, sobre todo con una chica que tenía la misma filosofía que él, en el aspecto de no querer nada de Hero TV.

—No digo que Firecracker sea mala, es solo que parece algo impulsiva— afirmó el mediano de los ben Hussein con un tono tranquilo, mientras el mayor quería darle una patada.

—Abdallah, mejor empieza por tratarla y luego la juzgas, ¿entendido?


—Disculpa mi comportamiento anterior contigo, Firecracker…— Para Sandstorm era complicado pedir disculpas, pero se dio cuenta que su hermano tenía razón, al ver la siguiente actitud de la chica.

—Ey, tranquilo. Reconozco ser algo impulsiva, no cualquiera se viene a buscar a los héroes que la ayudaron en Kowloon. No me había fijado que tú también eres extranjero. Pareces de algún lugar del Mediterráneo.

—Soy del Cairo. Por cierto, buen trabajo deteniendo al tipo que estaba asaltando a Dragon Kid.

—Y buen trabajo para ti, también, por distraerlo.


—¿Por qué Fire Emblem te causaba tanta desconfianza? Es un poco extravagante, lo acepto, pero no parece ser un mal tipo— Omar a veces podía pecar de inocentón. No lo culpaba, su forma de ver la vida siempre fue muy abierta.

—Tal vez sea porque su orientación sexual no estaría bien vista en nuestro hogar, aunque ahora me es más fácil aceptar que ellos son más que eso. No sé su historia, pero supongo que debió sufrir mucha discriminación.

Abdallah estaba pasando, en cierto modo, por lo mismo. Alguna vez, en la piscina donde entrenaban, se burlaron de él por ser extranjero. Eso lo hizo cuestionarse si no estaba pecando de desconfiado con los héroes patrocinados.

Esperaba en un futuro mostrarles que, aunque no fuera a ser parte de Hero TV, los respetaba.


Estaba harto. A pesar de todo Barnaby se seguía mostrando extremadamente arrogante. Planeaba salir un rato a la piscina, pero su madre lo necesitaba primero para algunas cosas de su restaurante, Al-Jawarah.

—Hijo, necesitas sacarte el enojo del pecho. No es buena idea guardar rencor— Amina podía ser estricta a veces, pero Abdallah sobre todo, sabía que podía confiarse en ella.

—Es que siento que choco con Barnaby… quisiera entender sus motivos, pero me cuesta trabajo.

—Querido, tal vez también él tenga sus propias tragedias de las que no habla. De hecho, siento que se parecen un poco de carácter.

La comparación con Barnaby pudo haberlo ofendido, pero conociendo a Amina, sabía que no lo decía gratuitamente. Eso significaba que debía ser paciente.


Si había algo que sorprendía a Abdallah era que decían que era un joven demasiado solemne y respetuoso. Y lo sorprendió más cuando el señor Kotetsu Kaburagi, el cual se había hecho cliente habitual de Al-Jawarah se lo dijo a su madre:

—Su hijo mediano es muy amable, pero no creo que se pueda bromear mucho con él. ¡Un día de estos lo invitaré con mi amigo Antonio y nos tomaremos unos tragos!

—Siento desinflar sus ilusiones, señor Kotetsu, pero los musulmanes no bebemos alcohol— dijo Amina, firme y serena.

—Caray, eso no lo sabía, señora. ¿Entonces un té está bien?— dijo el hombre sorprendido.

—Un té es perfecto. Le hace falta hacer amigos, lo crea o no— Amina aprobó inmediatamente, mientras el hijo escuchaba desde la cocina. Su mamá era especialmente insistente con el tema de salir y despejarse un poco.


—Blue Rose es bonita, ¿no lo crees?— Preguntó Said, haciendo sonrojar a Abdallah. Al mediano le costaba hablar sobre chicas bonitas, sobre todo cuando la chica bonita en cuestión y él habían chocado por su apariencia.

—Es linda, pero cometí el error de llamarla atrevida la primera ocasión en que la ayudé— El sonrojo aumentó y el hermano mayor rio.

—Ay, Abdallah. No debiste decirle eso. Recuerda que estamos en una ciudad distinta, con costumbres distintas y que las mujeres son mucho más independientes.

—Que mamá no te oiga decir que ella es sumisa.

—No me cambies el tema. Le debes una buena disculpa a Blue Rose por esas palabras.

El serio muchacho odiaba a admitir que Said tenía razón. Esto no iba a ser fácil, para nada.


No sabía cómo acercarse a Blue Rose. Estaba a punto de darle a la razón a Omar en el aspecto de que como héroe era muy eficaz, pero como hombre era muy tímido y callado. En esas estaba pensando Sandstorm cuando un ataque vino hacia él. Pudo haberla pasado peor, de no haber sido por la heroína a la que le debía una disculpa.

—Creo que me sirvió ser atrevida esta vez, ¿no lo crees, Sandstorm?— Blue Rose le brindó una sonrisa amable y eso hizo que las palabras fluyeran.

—Siento haberla juzgado tan duro, señorita— El joven héroe egipcio sintió que se le quitaba un peso de encima.

—Tranquilo, se puede ver que tu cultura es distinta. Ahora, ayúdame con esto— De pronto, el día de Sandstorm mejoró y se alegró por ello


.—¿La señorita Joubert ha seguido insistiendo para que te metas a Hero TV, Abdallah?— Omar preguntó, ya que no sabía por qué su hermano no había querido pertenecer a los héroes patrocinados.

—Todos los días lo hace, pero ella me da desconfianza. Es como si quisiera convertir lo de ser un héroe en un vil negocio. Muchas veces, el único que actúa como se debe es Wild Tiger. Es como si los demás temieran hacer lo correcto cuando se tiene que hacer.

De pronto, el hermano menor entendió por qué el mediano estaba tan renuente a hablar de patrocinios y prefería ser un héroe clandestino.


Dolía en el alma no saber nada de su padre Hussein. Le hubiese gustado mostrarle lo libre que era Sternbild y lo afortunados que eran de que nadie los persiguiera pero por ahora no podría decírselo.

En esas venía pensando, después de salir del entrenamiento diario en la piscina de la universidad, cuando chocó con Barnaby. Por suerte, pensó Abdallah, estaba en su ropa de civil.

—Lo siento, no quise chocar con usted— Se disculpó de inmediato.

—¿Eres Sandstorm, cierto? Podré no concordar con tu manera de trabajar, pero me pareces alguien respetable. Si necesitas ayuda, puedes presentarte a Apollon.

Eso era un gesto raro de parte del rubio, se dijo a sí mismo.

—Lo meditaré.


—Mamá, Barnaby me reconoció— Abdallah estaba preocupado ante esto. Amina detuvo un momento el corte de vegetales y miró a su hijo con una expresión indescifrable.

—¿Qué pasó exactamente, jovencito?— El tono serio de la voz de la pelirroja exigía respuestas, así que el joven no tuvo opción. Contó lo que había sucedido por la tarde al salir de la piscina de la universidad. Amina dio un suspiro de alivio al darse cuenta de que había sido por su tono de voz.

—Ahora bien, me sorprendió su oferta de ir a Apollon si necesitaba ayuda— afirmó el mediano de los ben Hussein, mientras la madre suavizaba su mirada.

—¿Ves? Barnaby tiene el corazón donde se debe, pero por ahora no te recomendaría ir a esa empresa. Sé lo mucho que desconfías de Agnes Joubert y lo mucho que coopera Apollon para Hero TV.

Mientras tanto, el héroe egipcio pensó que debía tener cuidado. No estaba preparado para que todos supieran que Sandstorm era un joven egipcio aficionado a la natación.


Por fin había ido a la cita con el señor Kaburagi y el señor López. Se sentía un poco fuera de lugar en el restaurante japonés al que lo habían invitado, pero ambos se comportaron de manera amable.

—Abdallah, eres mucho más agradable de lo que creí que serías cuando Kotetsu te describió. Has sido de lo más gentil con nosotros. Oye, no he probado comida egipcia. ¿Qué me recomiendas?—El señor López era un hombre sencillo y sonriente.

—Le recomiendo el koshari. Mi mamá lo prepara especialmente bien, si no que le cuente el señor Kaburagi.

—Y su shawarma es muy bueno, también. A mi hija, Kaede, le encanta cuando le llevo.

Definitivamente, tener a ellos de amigos no sonaba mala idea.


—Hijo, hay una cliente, ¿puedes atenderla mientras me ocupo de preparar la orden del señor Seymour?— dijo Amina con un tono dulce y persuasivo y Abdallah fue a la mesa, donde vio a una chica de cabello verde, de ojos rasgados color miel y sonrisa amable y confiada.

—¡Hola!— El tono de su voz le pareció muy familiar. —¿Podrías traerme una shakshuka y té de menta para acompañar, por favor?

—¡Será un placer!— La muchacha lo miró extrañada, mientras ambos quedaban en un silencio algo incómodo.

—¿Eres Sandstorm?— Preguntó la joven, en voz baja, con lo cual la reconoció de inmediato.

—¿Firecracker?— Preguntó a su vez el egipcio.

—Llámame Lanmei— Le guiñó el ojo y él sonrió a su pesar.

—Soy Abdallah, mucho gusto.


—Oye, Abdallah, por lo que veo hiciste una nueva amiga— Said se rio al ver el rostro arrebolado de su hermano mediano.

—¡Sí! La señorita Lanmei es muy bondadosa. La invité a casa para un banquete de Ramadán a ver qué le parece.

—Pues, si disfrutó la shakshuka, va a disfrutar otras muchas delicias.

—Es verdad— En este caso, Abdallah se sentía menos nervioso, porque Lanmei tampoco tenía patrocinador. Hubiese querido saber sus motivos para ello, pero la entendía. Él mismo había decidido no tener nada que ver con Hero TV.

—Aunque, según mamá, te quedaste mirándola como si fuera alguien familiar— dijo Said, como a la ligera.

—Ya después les explicaré el por qué. Por lo pronto, ayúdame a cargar las cajas, antes de que mamá nos regañe.


—Oye, Abdallah, ¿está todo bien?— Lanmei se preocupó al ver el rostro de su nuevo amigo. Se veía más serio que de costumbre, si eso era posible. Aunque pronto entendió el porqué.

—Agnes Joubert está cerca. ¿Podemos irnos hacia otro lado?— La joven de Hong Kong accedió. A ella también le causaba recelo la dirigente de programación de Hero TV.

Cuando estuvieron seguros de que la mujer no estaba allí, la muchacha de cabello verde preguntó: —¿También a ti te insiste con el tema de entrar a Hero TV? Yo no quiero estar allí, al mando de ella.

—Sí, y tampoco yo lo quiero para nada— El joven egipcio se alegró de estar de acuerdo con su nueva amiga respecto a esto.


La desconfianza de la gente respecto a los Next era menor que en Egipto, pero de todos modos, se podía sentir. De hecho, Abdallah había escuchado a gente hablando de él por ser un héroe sin patrocinador. Muchos lo admiraban, pero otros decían que nada tenía que estar haciendo allí.

Sin embargo, como se prometió a sí mismo allá en el Cairo, ayudaría a quien lo necesitara sin buscar reconocimiento público.

En esas venía pensando cuando vio a Sky High en problemas. Der inmediato se puso su traje y lo ayudó con el enemigo que se les venía encima.

—¡Gracias, Sandstrorm!— dijo el popular héroe con una sonrisa, mientras el agradecido muchacho, sintió que sus mejillas se sonrojaban.

No estaba muy acostumbrado a que otro héroe le diera las gracias.


—Oye, hermano, te noto muy pensativo. ¿Pasó algo?— Omar pecaba de curioso, se dijo por dentro Abdallah, mientras daba un suspiro.

—No estoy muy acostumbrado a que un héroe me agradezca, y menos alguien tan popular como Sky High— afirmó por fin, sabiendo que no podría ocultarle algo a su hermano por mucho tiempo, sin que él insistiera.

—Ve acostumbrándote a la sensación. Eres un héroe en toda la extensión de la palabra. Estoy seguro de que nuestro papá estaría orgulloso de ti al ver lo que haces.

Omar no era muy vocal respecto a lo que pensaba de Abdallah como héroe. Saber que pensaba que era bueno, era todo lo que necesitaba para saber que venirse a Sternbild había valido la pena.


Una de las cosas que Abdallah agradecía era que por ahora, podía tener un relativo anonimato. Sí, como Sandstorm se estaba haciendo conocido, pero como Abdallah ben Hussein era un muchacho común y corriente, tímido con las chicas y según Said, Omar y su nueva amiga, Lanmei, un poco estirado. A él le hubiese gustado tener el atractivo sereno de Said o la seguridad que Omar proyectaba. Y más al ver a una nueva chica en la piscina de la universidad. Era la chica más hermosa, con el cabello azul claro atado a una coleta. Era un poco baja pero no importaba.

—¡Hola, señorita!— Saludó el joven egipcio tratando de vencer su timidez. La chica correspondió con una sonrisa que lo hizo sentir dichoso.


—¿Y esa mirada de tonto, hermano?— Said lo miró, de manera burlona. Había notado la sonrisa dichosa y el sonrojo de Abdallah.

—Conocí a la chica más bella del mundo en la piscina— dijo el mediano de los hermanos y el mayor lo contempló sorprendido. No esperaba que su hermano se viera enamorado de primera vista.

—Oye, ¿quién eres tú y qué hiciste con mi hermano?— Bromeó Said y Abdallah lo miró con cara de circunstancias.

—Todavía no sé su nombre, me iré despacio con ella.

—Ay, hermanito, pero no vayas tan despacio. Si dices que es la chica más bella del mundo, te la van a quitar si no actúas— dijo Said, bromeando de nuevo y haciendo sonrojar más a Abdallah.


Lanmei venía por fin a casa. Abdallah la recibió con una sonrisa, mientras Amina estaba poniendo la comida sobre la mesa. Vio que su hijo confiaba en la chica y se alegró.

—¡Hola! Tú debes ser Lanmei. ¡Pasa, pasa!— La madre les dio una cálida bienvenida y los dos jóvenes y los dos pasaron al apartamento.

La chica se sorprendió de ver la amabilidad de todos allí. Estaba cada vez más curiosa con la historia que tenían que contar, porque a pesar de todo, se notaba que habían tenido que sacrificar demasiado para venir del Cairo a Sternbild. No los culpaba.