Capítulo 7
Como ocurría en algunas ocasiones, Terrius y Candy coincidieron a las afueras del colegio, dejando a sus hijas. Especialmente esa mañana, él no tenía ánimo alguno de disimular y se acercó directamente a ellas. Con Emma tomada de la mano. Los cuatro se saludaron con cortesía y apenas sonó la campana las niñas se despidieron y comenzaron a caminar juntas.
Rose no iba a desaprovechar tal oportunidad para hablar con la niñita británica. Así que antes de entrar a la sala, la apartó en el pasillo para conversar con ella, sin que Ali, que andaba ya merodeando a Emma las escuchará.
—Emma Grandchester. No sé cuáles sean tus planes, pero tienes mi apoyo, no quiero a tu británico padre cerca de mi madre.
—Dalo por hecho. Yo tampoco quiero que tu madre esté cerca de papá ¿Tenemos un trato?
Estrecharon sus pequeñas manos, haciendo una tregua entre ellas y cerrando el acuerdo. Alison podía protestar todo lo que quisiera, el objetivo de Emma era mantener a su padre a salvo de esa mala mujer. Y para lograrlo debía tener al enemigo cerca, pasar el mayor tiempo posible con Rose, para juntas impedir que la locura de sus padres siguiera creciendo.
Los enamorados por su parte decidieron caminar juntos a una cafetería y tomar un café antes del trabajo. Terrius se mostró muy preocupado por haberla dejado la tarde anterior con Archibald, a quien él ya consideraba un hombre agresivo y fuera de sí. Pero ella lo tranquilizó de inmediato, explicando que la visita de Archie se debió a la fiesta que harían sus ex suegros en Los Hamptons. A la que ella, año a año asistía, aun después de separarse de Archie, pero a la que no estaba dispuesta a asistir en esta ocasión. Los Cornwell eran en verdad muy importantes para ella, los quería y respetaba genuinamente, pero era suficiente. No estaba obligada a ir, y no quería hacerlo. Era momento de que ya de una vez por todas la vieran como Candice White la ex esposa y no como la todavía Candice Cornwell.
Candy pensaba esa mañana en las dudas que sembró en ella Archie. Sobre el pasado de Terrius, y no vio mejor ocasión para disipar esas dudas que ese momento.
—Terry por qué nunca me has hablado de la madre de Emma.
—Porque no habíamos tocado el tema creo. Qué quieres saber sobre ella. Ni siquiera sé tantas cosas de Charlotte.
—Pero a dónde está, porque casi no la mencionan, ni tú ni Emma.
—Porque no sabemos a dónde está. Desapareció. Conocí a Charlotte en la universidad, tuvimos una aventura, no sé, nos acostamos un par de veces, y ella se embarazó. Al principio quiso abortar, y no lo permití. Le rogué que no lo hiciera. Luego quiso entregarla en adopción y yo acepté una adopción controlada. Cuando Emma nació ella cambió de opinión, y nos quedamos con ella, yo fui el hombre más feliz del mundo. Daría cualquier cosa por Emma, la amo desde que la vi, y la tomé en brazos siendo tan pequeñita. Hice todo por ellas, para que estuvieran cómodas. Pero definitivamente Charlotte no quería ser madre, y un día se fue. Dejando a su hija de seis meses conmigo, y la tuición completa. Renunció a ella, y aquí estamos doce años después.
—¡Guao! eres admirable —Candy estrechó la mano de Terry. —No quiero juzgarla, pero yo no podría concebir mi vida sin Rose, ella lo es todo para mí. Y, por otro lado, cómo es que has logrado salir adelante solo con ella.
—Mi madre me ha ayudado un poco. Niñeras. Sacrificando mi vida social y amorosa. No sé, creo que, además, ella y yo nos acomodamos, nos ensamblamos para ser solo ella y yo y salir adelante.
—Sigue siendo muy admirable. Archie puede ser un histérico incorregible, pero siempre cuento con su apoyo respecto a Rose, también con Stair, con mi amiga Patty, a quien por cierto tienes que conocer. Pero es doctora, y vive literalmente en el hospital —Candy suspiró para pasar a su siguiente duda— Terry qué pasa en la agencia. Porque te sientes tan responsable.
—Porque soy el dueño de la mitad de la compañía. La heredé de mi padrastro, pero está a punto de irse a la quiebra y tratamos de salvarla, mi hermano y yo tratamos de salvarla. Él es mi socio en Inglaterra. Solo que he fingido todo este tiempo no ser el dueño, mi padre usaba el apellido Maxwell para los negocios, que es el apellido de mis abuelos maternos, los primeros dueños de la agencia.
—Pero se rumorea que la agencia es de un Conde inglés o algo así. ¡Tú eres ese Conde!
— ja ja ja no, es mi medio hermano. A ver cómo explicó esto. Soy el hijo del primer matrimonio de mi madre, al igual que tú se divorció del insoportable hombre que era mi padre. Y se casó de nuevo, con un hombre noble. Mi padrastro murió hace poco más de un año, y su título fue heredado por mi hermano menor, mi medio hermano. La compañía es a su vez una herencia de mi abuelo, el padre de mi madre. Pero mi padrastro siempre la manejó. Es lo que tratamos de salvar.
—Ya entiendo porque te sientes tan responsable. Gracias por contarme, te prometo no decir nada en la oficina. De todas formas, hay personas que no te relacionan con los Maxwell —Candy recordó de pronto, mientras hablaba, que tenía una reunión esa mañana en Vogue. —Oh por Dios llegaré tarde a Vogue!
—¿Vas a Vogue? —Terrius comenzó a reírse divertido al verla alocada terminando su café y mirándose al espejo de su polvera aplacando sus rizos con la mano.
—¡Sí maldita sea! lo olvidé… Ayyy tengo 20 minutos para llegar… siempre me pasa lo mismo, olvido las cosas importantes… ni siquiera sé si voy bien vestida.
—¡Tranquila! sal toma un taxi, o mejor el metro… estás a tiempo, está cerca, yo me encargó de la cuenta… corre… y estás preciosa.
Candy salió disparada en dirección a la salida, pero regresó de pronto.
—¿Qué haces?
Ella se acercó y le dio un beso en la mejilla, y otro en los labios. Y salió corriendo de nuevo es para la buena suerte idiota, le dijo mientras se alejaba. Él se quedó sentado, observando como todos en el lugar lo miraban, y supuso que debía tener en verdad una cara de idiota enamorado. Porque sí, estaba perdidamente enamorado de esa loca bloguera que acababa de salir del lugar maldiciendo, luego de llenarlo de besos.
Minutos más tarde, Candy recibió un mensaje de WhatsApp de Terrius:
"Te deseo toda la suerte, en lo que sea que vayas a negociar con Vogue. En verdad estas preciosas y un emoji de corazón …"
Apenas dos horas después ella contestó con otro texto.
—Acabo de ver tu mensaje, gracias. Se trata de la gala del MET, han invitado a varios influencers de la ciudad para patrocinarnos, a cambio de crear contenido sobre la gala. ¿Acaso no es maravilloso? dije que sí por supuesto.
Terrius que estaba en medio de una reunión con Kevin y otros ejecutivos le alegró la noticia y a diferencia de ella, le contestó de inmediato.
"Claro que es maravilloso, me alegra mucho. Por qué no cenamos esta noche para celebrarlo. Llamaré a Sami para que cuide a las niñas. Puedes traer a Rose a mi departamento"
"Rose se va esta noche a Los Hamptons con los Cornwell, su padre la buscará en la escuela, y me la regresará el domingo. A qué horas pasas por mí. Dejaré que tu escojas el restaurante"
El inglés no pudo disimular la sonrisa que se dibujó en sus labios al leer el texto de Candy, ella le provocaba tantas emociones, era una bonita relación si la comparaba con las que tuvo en el pasado pasajeras e insoportables, pero con Candy el tiempo pasaba sin darse cuenta, los días y semanas pasaban tan rápido que él quería detener el tiempo cada vez que estaba con ella.
A las seis de la tarde, Terrius tenía una reservación hecha en In Pasta, uno de los mejores restaurantes de comida italiana de Nueva York, pero no tenía niñera para dejar a Emma. Así que el dilema era cancelar la cena con Candy e invitarla al departamento y pedir comida a domicilio para cenar los tres, o ir al restaurante igualmente los tres. Luego de quebrarse la cabeza pensando qué hacer. Decidió que fuera ella la que escogiera la opción que más le acomodara. Y Candy decidió que fueran a cenar los tres, no tenía inconveniente alguno en incluir a Emma en la celebración.
—¿Qué? Te volviste loco Pá no tengo nada de qué hablar con la mamá de Rose Cornwell. Es un castigo. Hice algo mal para merecer esto.
—Emma por favor no me hagas esto. En verdad es importante para mí. Es una cena, la pasaremos bien los tres juntos, te lo prometo. Además, es comida italiana y la mejor de Nueva York, fui con un cliente para almorzar, y en verdad los platillos son deliciosos. Te encantará el Tiramisú. Por favor hija, ya le confirmé a Candy. Un caballero inglés no deja plantada a una dama.
—Está bien, pero tendrás que recompensarme luego.
—Te doy mi palabra, ahora por favor ve a vestirte, tenemos que ir por Candy antes de las ocho.
Llegaron a tiempo al departamento de Candy, y a él le pareció que ella estaba más hermosa que nunca. Se puso un vestido color mostaza, de mangas farol, lunares blancos y botones que bajaban desde su hombro izquierdo hasta debajo de la cintura. Sandalias blancas de tacón y un clutch también blanco y los rizos sueltos, regados por su espalda. Él creyó desmayarse al verla. Estaba bajo un extraño hechizo, por un momento pensó que su boca expulsaría su corazón ahí mismo. Ella era perfecta, lo hacía sentir vivo y un hombre muy feliz. Tomaron un taxi casi de inmediato, él era un hombre acostumbrado a la puntualidad. No quería perder la reserva que tanto le había costado modificar a última hora, para los tres.
—Emma estás muy linda cariño y me alegra mucho que nos acompañes esta noche —le dijo de forma genuina Candy a Emma apenas se acomodaron en el taxi.
Fue imposible conseguir niñera, espero que no te moleste, le susurró Terrius al oído a Candy. Ella expresó con toda honestidad que no era así, jamás le molestaría la presencia de Emma en ningún momento. En verdad le complacía tenerla entre ellos esa noche. El restaurante era elegante y a la vez acogedor. Fueron llevados a la mesa apenas él se identificó. Cuando apenas comenzaban a revisar la carta, ella recibió una llamada de Rose. Así que se disculpó y salió para atenderla. Mientras tanto, Terrius aprovechó para tener una charla con su hija.
—Espero un buen comportamiento tuyo esta noche.
—En verdad te gusta la señora White ¿cierto?
—No solo me gusta, hija, creo que estoy enamorado de ella. Por favor necesito tu apoyo en esto, será bueno para ti también. Ella quiere ser tu amiga Emma. Y deseo que tú también quieras ser su amiga.
Candy regresó a la mesa, sonriente.
—Todo está bien —preguntó Terry al tiempo que arrimaba la silla para que se sentará de nuevo.
—Sí, era Rose, estaba a punto de irse a la cama, se sentía cansada por la escuela y el trayecto hasta la casa de sus abuelos. Bien, ya decidiste qué vas a pedir —dijo dirigiéndose a Emma.
—Creo que quiero el risotto con setas, papá.
—Yo en cambio quiero un plato de pasta gigante, no alcance a almorzar y muero de hambre —Candy seguía dirigiéndose a Emma con afecto, pero la niña la continuaba ignorando.
Terry y Candy se lanzaban miradas cada vez que Emma hacía algún comentario poco amable. También estuvo por varios minutos pegada a su celular. Alegó que hablaba con su abuela y Candy trataba de suavizar toda la situación, rogándole con la mirada a Terry de que dejara pasar el comportamiento de la pequeña para no empeorar las cosas y echar a perder la velada.
Pero Emma no hablaba con su abuela, sino con Rose Cornwell.
Haz algo Rose, hay que impedir que nuestros padres sigan con este tonto enamoramiento. Le escribió la pequeña inglesa a su socia.
Qué quieres que haga tonta british, estoy en Los Hamptons con mi papá y mi familia no puedo hacer nada, solo tú puedes estropear la cena, improvisa. Contestó de vuelta Rose.
Antes de que llegaran los platos, Emma dijo sentirse mal, y se disculpó para ir al baño unos minutos. Permaneció un rato en el sanitario, conversando con Rose, discutiendo cómo arruinar la noche. Irónicamente, en verdad comenzó a sentir un malestar en el estómago. Pero se lo atribuyó al estrés que provocaba la inusual situación de estar cenando con su padre y otra mujer. Volvió a la mesa, y apenas le dio unas probadas al risotto. Se quejó de que estaba desabrido, cuando en realidad estaba delicioso. Candy le guiñaba el ojo a Terry para que no se alterara, y al contrario no le dieran importancia. Emma volvió al sanitario y volvió a textear a Rose.
¡Maldita sea Rose! en verdad no puedes darme alguna idea de cómo echar a perder esta cena.
Tu padre sabe que maldices —le contestó de vuelta la pequeña rubia.
Claro que no —escribió de vuelta Emma.
Finge que estás enferma —le sugirió Rose.
Eso trato, pero en verdad no me siento bien, siento retorcijones en mi estómago, más bien más abajo de mi estómago, es muy extraño nunca me había sentido así —le confesó Emma.
Si me estás hablando en serio, deberías decirle a mi mamá, ella sabrá qué hacer.
No necesito decirle a tu madre. Volveré a la mesa y pediré algo de tomar — le respondió molesta Emma.
Cuando volvió, Candy la notó algo pálida, y el rostro desencajado, se preocupó por ella, y trató de indagar si algo le ocurría. Pero ella se limitó solo a pedir un té. Se lo trajeron casi enseguida, le dio unos cuántos sorbos y regresó corriendo al baño. Terry se sentía realmente avergonzado y fue tras ella. Desde la puerta del sanitario llamaba a Emma, pero ella lo ignoraba. Emma estaba en el WC y apenas bajo su ropa interior vio manchas de sangre. Se asustó mucho, y se sintió confundida. Inevitablemente gritó, y Terry se aterró tanto que olvidó que aquello era un baño de damas y entró en auxilio de su hija.
—¡Emma qué te ocurre te duele algo!
—No papá sal de aquí, no me pasa nada. Bueno sí, pero es algo que no puedes solucionar dile a ella que venga por favor. Estaré bien. Solo búscala a ella, a la señora White.
Terry salió disparado hasta la mesa, y como no quería armar un alboroto le pidió al oído a Candy que por favor fuera hasta el sanitario, que Emma la necesitaba. Ella no dudó ni un segundo, y fue de inmediato. Entró al baño y la llamó, tocando las puertas de los privados.
—Estoy aquí —dijo Emma asomándose por un resquicio.
—¿Qué sucede cariño?
—Señora White, creo que vino mi periodo, es la primera vez — dijo la niña de en tono triste.
—No te preocupes, quédate justo donde estás.
Candy se acercó al dispensador de servilletas y sacó una buena cantidad, las humedeció un poco y se las dio a Emma y le explicó que se limpiara bien. Volvería en un momento.
—No señora White, no me deje sola.
—Vendré enseguida cariño, iré por mi bolso.
Candy llegó a la mesa, y se acercó a Terry, le explicó lo que ocurría, y se sugirió que pidiera la cuenta para volver al departamento tan rápido como pudieran, y regresó al sanitario.
Le entregó una toalla sanitaria de uso diario, le explicó cómo colocarla y logró sacarla del privado. La abrazó apenas la tuvo enfrente y Emma dejó que lo hiciera correspondiéndole el abrazo, porque era justo lo que necesitaba en ese momento. Una muestra de cariño y afecto, no importa que ese abrazo viniera de la americana que le quería robar a su padre. Candy tomó luego una toalla, la mojó un poco, y limpió el rostro abochornado de Emma. Recibió una llamada de Terry, estaba listo para salir y parar un taxi.
Apenas Emma estuvo con su padre, lo abrazó y no se separó de él. Llegaron al departamento y Candy fue con la pequeña hasta su baño, la ayudó a cambiarse. Mientras que Terry iba a la farmacia con una nota que ella le preparó, para que comprará un paquete de toallas sanitarias aptas para la edad de Emma y analgésico para los calambres menstruales. Cuando Terry estuvo de vuelta, le prepararon juntos un té de manzanilla, y Candy se lo llevó a la cama, estuvo con ella hasta que lo tomará todo y se sintiera mejor, le explicó de nuevo como debía usar las toallas, y cuando estuvo dormida la pequeña, ella llevo la ropa manchada hasta la logia para ponerla a lavar.
Un rato más tarde, se sentaron en la sala también con una taza de té cada uno. Terry estaba más que agradecido, estaba aliviado, contar con Candy en ese momento fue una bendición.
—No sé qué hubiera hecho sin ti esta noche. Estoy tan agradecido, y tan aliviado de que estuvieras con ella. Se que se arruinó nuestra celebración y lo lamento, pero me alegra que haya sido así de otro modo, ella hubiese afrontado esto sola…
—No hay nada de qué lamentarse —lo interrumpió ella — me alegra haber sido útil para ella.
—Bromeas ¿útil? Fue maravilloso todo lo que hiciste por ella esta noche. La trataste de forma tan dulce y fuiste tan amable con ella.
—No fue nada, hice lo que haría con Rose —le dijo ella con una sonrisa.
Pero Terry estaba realmente conmovido. Su Emma, su tesoro había sido tratada de forma tan maternal y con tanto amor por Candy, y de forma tan natural y genuina.
—Por favor quédate —le pidió Terry.
—Qué dices.
Él se acercó peligrosamente a ella, la besó en la mejilla y metió su rostro entre su cuello y le susurró al oído.
—Te lo ruego quédate. No haremos el amor si no quieres, solo quiero dormir contigo, sentirte cerca de mí, no quiero que te vayas nunca de mi vida —y se separó suavemente mirándola a los ojos.
—Dios si me lo pides así no puedo negarme — le dijo ella tomando el rostro de Terry entre sus manos y dándole un beso en los labios.
Él la tomó de la mano, como lo había hecho días antes, para conducirla hasta su habitación. Antes se asomaron juntos al cuarto de Emma, ella dormía. Terry le dio una remera de él para que Candy se pusiera cómoda, y le enseñó donde estaba todo en la habitación y el baño.
—Toma — le dijo dándole un cepillo de dientes nuevo, —lo traje de la farmacia, lo había escondido en su chaqueta.
Ella al verlo abrió los labios, y le dio unos golpecitos en el brazo.
—¡Eres tan tramposo Terry Grandchester!
Se quedaron dormidos viendo películas antiguas en blanco y negro. A mitad de la madrugada ella despertó y quiso ir a ver a Emma, la pequeña dormía apacible. Fue a la cocina por un vaso de agua, y él la sorprendió allí. Cuando Terry despertó y no vio a Candy a su lado, supuso que algo había ocurrido y salió de la cama de inmediato para buscarla, incluso temió que ella se hubiese marchado. Verla allí en medio de su cocina lo tranquilizó. Volvieron a la cama, pero esta vez no pudieron evitar el efecto que en sus cuerpos provocaba la cercanía y el roce de sus pieles. Hicieron el amor con el amanecer y después de tocar el cielo con las manos ella le dijo las palabras más dulces.
—Te amo Terry.
—En verdad me amas —le preguntó él.
—Sí, te amo, idiota.
—Eres la primera mujer que dice amarme Candice.
Y él también le dijo que la amaba, no por un simple cumplido. Lo sentía hasta los huesos. La amaba, como nunca antes había amado a una mujer.
