Disclaimer: Los personajes pertenecen a CLAMP. La historia es de mi autoría. Prohibida su reproducción.


Capitulo 2


.

¡Al fin nos librábamos de la entrega de fin de cuatrimestre!

Con Tomoyo estábamos más que conformes en cómo abordamos el proyecto y las correcciones previas nos abrieron el camino a la tranquilidad. Habíamos hecho un excelente trabajo durante el proceso y sin duda lo veríamos reflejado en la nota final. Por supuesto que el habernos encaminado a buen puerto desde el inicio no nos eximió de portar largas ojeras y cabellos crispados, lo segundo de mi parte, por treinta días consecutivos; motivo suficiente para ir directo a cobrar nuestro segundo premio: el descanso. Me había pasado toda la mañana y medio día del sábado durmiendo como morsa, recomponiendo energías para dejar atrás la pequeña Tomeda sumergida en el manto nocturno, camino a la gran ciudad.

Preparé con antelación la vestimenta para no sufrir contratiempos. Llevaba puesto un top de escote acotado y sin mangas que me llegaba por debajo del ombligo, pantalón ajustado engomado que resaltaba mi atributo más llamativo, botas bajas con algo de plataforma y una campera simil cuero con tachas oscuras: look total black. El único toque de color lo protagonizaban mis labios de un tono borgoña que me fascinaba, terminando con algo de rímel en las pestañas para no cargarme de maquillaje. El espejo coincidió conmigo: me veía bastante bien, y esas ondas improvisadas en mi corto cabello rompían con la monotonía habitual. Los veintiséis me sentaban de maravilla y estaba preparada para pasar una excelente noche en el bar que tanto quería conocer. El único inconveniente recaía en asistir en mi auto.

En momentos como esos, extrañaba a mi ex.

Ir con Hiro a cualquier evento significaba risas garantizadas. Con él nunca más tuve que preocuparme por pensar en cómo entablar conversación con los demás, y aunque la madurez me había obsequiado algo más de soltura, sin la ayuda del alcohol como desinhibidor oficial número uno, la tenía un poco complicada. Teniendo en cuenta que era el cumpleaños de Tomoyo y los invitados venían en grupos conformados, tendría que esperar a los pocos que confirmaron de la universidad, quienes avisaron llegarían pasadas las tres de la madrugada.

«Tendría que haber coincidido con ellos», me dije, tarde, cuando estaba por llegar a las doce de la noche al lugar, hora en que fuimos citados.

Había encontrado la forma de purgar por completo mi falta de puntualidad cuando inicié la carrera y el trabajo de medio tiempo. Aun así, la pereza y la torpeza eran natas en mí. Flaquear una vez sería el desencadenante de las llegadas tarde y no podía permitirlo, por más que fuera para disfrutar de una noche sin presiones.

El bar Rock Start tenía una fila tan larga como boliche top aun siendo la noche tan joven. Me dirigí a paso seguro por el costado de los que aguardaban, recibiendo todo tipo de miradas despectivas en el camino. Sonreí sin poder contenerlo porque era el bar más cotizado del momento y yo una privilegiada que prescindiría del frío nocturno y tendría entrada asegurada. Todo gracias a los contactos de mi colega, claro.

Vaya suerte la de Tomoyo el haber tenido un interesante pasado pasional con el hijo del dueño del bar, quien resultó ser el tal Yamada que me contó semanas atrás. Al parecer, la relación quedó en excelente forma como para reservarle tantos lugares, y aunque ella lo negara, sospechaba que habían aprovechado el llamado para recordar viejos tiempos, causantes de cierto brillo sin igual que le notaba en su rostro últimamente.

«Ojalá yo también pueda acabar con esta sequía».

Me costó bastante volver al ruedo luego de mi largo noviazgo. La universidad absorbía mi tiempo libre y con Tinder me había llevado los primero y únicos tres fiascos de toda mi vida como para querer volverla a utilizar. Con algo de suerte, esta noche de diversión lejos de obligaciones y vestida para romper corazones, podría congeniar con algún rufián. Por mis venas corría la necesidad de locura, de creerme que era una Diosa en busca de algo más que súbditos besándole los pies. Luego de tantos fines de semana de claustro y esfuerzo, quería alguien que me diera una buena sacudida para regresar con todo a la vida... Así, sin más.
Claro que pensarlo era mucho más fácil que llevarlo a cabo, sobre todo porque tener sexo con conocidos de una noche nunca fue mi fuerte.

Había una primera vez para todo, y estando lúcida podría evaluar bien las posibilidades.

La ambientación del lugar era un espectáculo. Los discos de vinilo decoraban el techo de varios sectores del lugar, otorgándole el protagonismo a la gran guitarra eléctrica que estaba en el centro del cielo raso, camuflándose con el mismo. El respaldo de cada banqueta tenía imágenes de íconos del rock y la iluminación hacía un trabajo alucinante. Esos fueron algunos de los rasgos más notorios que pude apreciar apenas ingresar, pero cada paso que dabas era un viaje a la historia del rock nacional e internacional de antaño.

El muchacho que me recibió en la entrada estaba loockeado perfecto para la ocasión, vestido con un jean negro gastado de donde le colgaba una cadena a su costado, camiseta oscura con el sello del lugar y el cabello algo largo, castaño y rebelde, acompañado de unos ojos verdes con un toque de delineado que me dejaron sin habla.

Siendo honesta, estaba bastante bueno.

Una media sonrisa y un guiño sutil de ojos me fueron regalados antes de señalarme la mesa que me correspondía, gesto que agradecí mostrándole todos mis dientes como idiota. Me contuve cuanto pude mientras acomodaba a otros recién llegados, tanteando de reojo si había tenido la suerte de encontrar pronto a mi aventura nocturna.

—¡Al fin llegué, chicos! El tráfico estaba terrible.

Luego de un rato esperando junto con otras personas que no conocía y se habían ubicado cerca de mi mesa, llegó la cumpleañera.

Si yo creía estar divina, Tomoyo estaba de infarto. Llevaba puesta una camiseta entallada manga tres cuartos de color azul eléctrico, que si bien no mostraba demasiada piel, resaltaba sus envidiables curvas. El look continuaban con una minifalda negra de jean y unas bucaneras del mismo color que enfundaban sus kilométricas piernas. Su cabello largo de supermodelo tenía más ondas de lo usual y el maquillaje oscuro resaltaba el violáceo de sus ojos como dos luceros. Al verla confirmé que, si bien la ropa acentuaba la belleza, cuando se tenía un maniquí tan perfecto, cualquier cosa te quedaba bien.

La mesa en la que me encontraba fue mutando con el correr de las agujas. Me había sorprendido al reconocer unas viejas amigas de la secundaria que vivían lejos de aquí y nos estábamos poniendo al día. La más antigua de ellas era Chiharu, con quien solía compartir equipo en las porristas. Me dio mucho gusto saber que estaba de novia con Yamazaki, otro de nuestros compañeros que la traía loca y que parecía nunca llegarían a nada por cómo se trataban.

Entre charla y charla, descubrí que mis dones de bruja adivina se habían revelado esa noche, ya que el chico de la entrada había terminado por ser uno de nuestros meseros. Llevábamos compartiendo varias miraditas suspicaces y el último intercambio de palabras surgió por unos tragos que me recomendó y me negué a pedir, aceptando mi condición de conductora responsable. Presas de los primeros efectos del alcohol, las chicas me animaban a beber algo para no perder la oportunidad. No alcancé a excusarme por esa terrible idea que pronto el muchacho apreció con un trago sin alcohol frutado y exquisito, mucho mejor que la limonada que estaba bebiendo.

—Yo invito este. —Me obsequió con esa media sonrisa tentadora antes de darse la vuelta y atender a otras personas.

Estaba disfrutando al máximo de la noche. La música era excelente, la compañía era muy agradable y ese coqueteo con "Jomei", el mesero, comenzaba a ser excitante. Era apenas la una y media de la madrugada y las largas mesas de invitados continuaban llenándose.
Tomoyo se pasaba la mayor parte del tiempo parada, compartiendo con cada grupo por igual y recibiendo a los recién llegados. En su mayoría eran rostros desconocidos para mí, hasta que divisé a dos personas difíciles de ignorar.

«Me lleva el diablo».

Aparté la vista y bebí los restos de mi vaso para simular que no los había visto, maldiciendo por haberme situado casi en la punta de la mesa, siendo la primera en la fila.

—¡Eriol! ¡Syaoran! Qué bueno que vinieron.

Con disimulo observé el momento en que Tomoyo fue recibida con efusividad en brazos del sujeto inglés que reconocí y otro menos intenso del muerto vivo.

Habían pasado tres semanas desde el encuentro sorpresa en la cafetería, y a pesar de que su nombre hubiera dado vueltas en mi mente sin quererlo, jamás sopesé la posibilidad de que Tomoyo lo invitara al cumpleaños. Recapitulando, me quedaban claros algunos intercambios de palabras entre ellos.

Ambos compartieron unos breves minutos con la anfitriona hasta que ella misma se encargó de ubicarme, borrando mi escasa posibilidad de hacerme la tonta.

«Que bien. Los cuatro fantásticos de vuelta al ruedo», nótese el sarcasmo en mis palabras.

—¡Saki-chan! ¡Qué alegría verte!

Sin esperarlo, Eriol me levantó del asiento arrastrándome hacia un abrazo enternecedor que, fuera de molestarme, me remontó a aquellos buenos tiempos que tanto compartimos.

Tomoyo había hecho amistad con Eriol Hiraguizawa una tarde de apuros en una cafetería, luego del instituto. Congeniaron y siguieron contacto sumando a los mejores amigos de ambos a la ecuación, convirtiéndonos en un grupo "inseparable".

Lo primero que recordé al verlo fue lo flechado que estaba por Tomoyo desde el inicio y lo insistente que era pese a sus fracasos tras ser enviado directo a la friendzone una y otra vez. Mi rol principal para Eriol era ser la buena confidente que escuchaba sus penurias, o lo era hasta que conoció a otra chica que le voló la cabeza al punto de borrarse de la faz de la tierra. Cosa de adolescentes, creí en ese entonces. Luego de eso la situación con Syaoran se puso rara, la relación con Tomoyo fue en declive y BOOM: disolución total. Jamás contacté a Eriol otra vez. Pese a que nuestra amistad giraba más entorno a Tomoyo que a nuestros propios intereses, Eriol era muy intuitivo. Sin confesarle mis dilemas, a veces sentía que me aconsejaba o animaba con las palabras justas que necesitaba oír, intuyendo nuestra similar situación sentimental.

El reencontrarme con él produjo el efecto contrario al que tuve con Syaoran. Luego del cariñoso recibimiento, le correspondí sonriendo con añoranza. Diez años habían logrado enaltecer esa fina belleza inglesa de la que hacía alarde y al parecer estaba dándole duro al entrenamiento, porque lo noté bastante ensanchado y sus brazos me dejaron falta de aire del apretón.

—Te eché de menos —dije sin pensarlo, reproduciendo lo que mi corazón hablaba.

—Yo también, pequeña. Nunca es tarde para remontar la ola.

Eriol se acomodó los lentes que desde niño utilizaba y se hizo a un lado, dándole espacio a su acompañante para saludarme. Una vez más, por educación tuve que mirarlo y corresponder, chequeando que el sujeto había optado por un outfit monocromático como el mío. Iba vestido con un jean, campera y converse en tonos oscuros, acompañado de una camiseta blanca que resaltaba su piel trigueña.

«Maldito chico lindo. Todo lo que se pusiera lo convertía en portada de revista».

Escarmenté a mis hormonas a tiempo. Le dediqué un rápido y formal saludo, y volví a tomar asiento dejando atónito a su amigo por la fría bienvenida. No iba a fingir demencia.

—Ya nos habíamos cruzamos el otro día, en la cafetería. —Me vi en necesidad de informarle a Eriol para no pecar de extrema grosera, solo por si acaso no estaba enterado de nuestro "mágico" encuentro.

Él observó a Syaoran para constatar lo dicho, y tras ese mudo intercambio, asintió con una sonrisa incómoda aunque no le correspondiera, llegando a apropiarse de todos alrededor.
Gracias a que Tomoyo reapareció para llevárselos consigo hacia otra mesa, la tensión no duró demasiado. Con la misma indiferencia, retomé la vista a mis compañeras y les di a entender a ellas que cualquier pregunta que abriera el baúl de los recuerdos, estaba estrictamente prohibida. La llegada de él no iba a arruinarme la noche. Sin embargo, a la media hora transcurrida, mis ojos se desviaban a donde ellos estaban ubicados, charlando con unos amigos de Tomoyo que quizás conocían.

«Hay que mantener a los amigos cerca y a los enemigos aún más». Me convencí a mí misma.

Llevaba bebiendo el tercer trago frutado en treinta minutos y mi vejiga de niñita lo reclamaba. Una de las chicas se ofreció a acompañarme al toilette, y de regreso, desde lejos vi que los dos intrusos habían ocupado nuestros lugares, entablando conversación con las demás. Mordí mi labio con rabia aprovechando que el labial era intransferible y me di ánimos para retomar, sopesando si era mejor echarlos o buscar dos sillas para sumarnos.

—Saki. —Eriol se levantó del asiento que antes ocupaba mi amiga y se me acercó para hablar—. Les estábamos guardado el lugar, no te enfades.

—No lo hago.

—¡Vamos! Quita esa mala cara y regálame una sonrisa. Te prometo que la pasaremos bien.

Leí en su mirada buenas intenciones y con ello reveló ser conocedor del mal momento que habíamos pasado con Syaoran semanas atrás. Dudé un instante, porque no quería ser flanco de planes macabros como el de Tomoyo dejándome sola en la cafetería. Al final, opté por confiar y dejarme llevar, sobre todo porque no estábamos solos.

Syaoran se había sentado en el lugar que yo ocupaba antes y mi amiga había retomado su asiento inicial. Eriol apareció al instante con dos sillas y las acercó a la mesa, quedando ambos algo lejos del castaño, gracias a cielo.

A pesar de no poder beber alcohol para aligerar el pesado malestar que sentí al comienzo, Eriol se encargó de evaporar la vibra negativa con sus elocuencias e historias sobre los lugares que había visitado estos años. Me contó que de momento estaba en Japón por un corto período pero sus intenciones de residencia eran a largo plazo. Estuvimos un buen rato hablando a gusto entre los dos de cada vivencia y algunos recuerdos.

—¿Y hace tiempo que retomaste contacto con Tomoyo? —indagué por la repentina reincorporación del antiquísimo y desintegrado club de amigos.

Una sonrisa tímida se anticipó como respuesta, y gracias a que estaba en mis cinco sentidos, pude notar ese pequeño indicador de nerviosismo.

—No me digas que... —predije, sin poder creerlo.

—Algo así. No hagas un escándalo. Aunque venimos hablando hace tiempo, apenas tuvimos un avance ayer. Estamos yendo de a poco.

—Increíble. —Mis labios no podían estirarse más del asombro. ¡Así que él era el causante de tal resplandor en Tomoyo!—. ¡Tu sueño se hará realidad!

Antes de que Eriol me recriminara por gritar como loca y yo pudiera suplicar más información, la aludida apareció por detrás de nosotros colgándose del cuello masculino y plantando un sonoro beso en su mejilla, eliminando cualquier intento de parecer distantes.

Ver a Tomoyo rayando la ebriedad era un show. Toda regla de etiqueta adquirida desde su infancia quedaba medio relegada por el suelo, dandole un aspecto más descontracturado a su persona y un poco salida de eje. Eran pocas las veces que daba tal espectáculo y, pese a las blasfemias, el recriminatorio día después era igual de fascinante de presenciar. Me regocijaba constatar que la imagen perfecta que personas como ella proyectaban, era una percepción distorsionada de la realidad. A mi punto de vista, la humanizaba.

—¿Hablaban sobre mí? —cuestionó sin soltar a Eriol y presentándome una mirada soñadora con su bella e hipnótica sonrisa.

—La verdad es que sí —añadí para jugar con la palidez espectral de mi amigo inglés—. Nos preguntábamos con qué canción nos deleitarás en el karaoke.

Tomoyo regresó su vista a Eriol y se acomodó el frondoso cabello mientras lo soltaba con delicadeza para inclinarse a su lado, adoptando una postura donde sus propios brazos aprisionaban su gran delantera.

—¿Ansiabas escucharme cantar?

Algo atolondrada y coqueta, Tomoyo se olvidó del resto de los presentes que disfrutábamos del numerito privado. La voz del fino inglés emitió unos balbuceos inentendibles al descubrir lo meloso que se encontraba su amor platónico cuasi en celo. Sonriendo por el efecto causado, ella le susurró al oído y se reincorporó jalándolo de la mano para que la acompañara. El hombre ni siquiera volteó a vernos para disculparse o pedirnos ánimos, se fue detrás del despampanante caminar felino de mi amiga, dejándonos en claro que se iban a ausentar por largo rato.

—Menos mal que iban despacio.

Una voz masculina conocida reprodujo lo que mi mente pensaba. Le sonreí a los ojos sin notarlo, divertida por la situación a la que nos referíamos.
El bajar la guardia de improvisto no fue lo más sensato. Ese breve intercambio amistoso le dio permiso a Syaoran para dejar su puesto frente a mí, ocupando el lugar que Eriol había abandonado a mi lado. Mi actitud corporal le demostró al instante que su compañía no me era del todo grata y que estaba por sobrepasar los límites de la confianza que, por si fuera poco, no teníamos.

—¿Te incomodo? —preguntó con aparente sinceridad.

Contuve la décima risa sarcástica que iba acumulando desde que nos reencontramos y esperé que mi fija mirada fuera suficiente para advertirle no confundir las cosas. En efecto, Syaoran reacomodó su silla alejándose unos centímetros y llamó al mesero con la mano para disipar la tensión del ambiente.

—¿Podrías traerme un Gin tonic?

—Ya mismo.

El chico guapo que nos atendía se quedó esperando sin guardar el anotador y me sonrió de lado, impactando directo en mi bajo vientre como venía haciéndolo toda la noche.

—¿Tú no pedirás nada más, Sakura? ¿Quieres que te recomiende otro trago libre de alcohol?

—No, gracias. Suficiente por ahora —negué algo atontada por el trato informal que habíamos adoptado y que recibí encantada.

—Como gustes. Cualquier cosa que necesites, estaré al pendiente. —Su voz sugerente abochornó mis mejillas y me descubrí pensando en lo que podría hacer para que tuviéramos algo más de "comunicación".

—¿Se conocen de antes o estás de levante esta noche?

Fusilé al sustituto de Eriol entrecerrando los ojos.
¿En serio estaba queriendo hablar de ligues conmigo?

—Oye, tampoco me mires así.

Su voz pausada y esa mirada acongojada me escarmentaron. Sí, estaba siendo antipática, pero ¿qué esperaba? Creí haber dejado claro que estábamos mejor manteniendo las distancias. El trago de Syaoan llegó y ni siquiera pude volver a compartir sonrisitas con Jomei por esa maldita y abrumadora sensación que me contagió.

Debía evitar apelar a mi lado sensible a toda costa.

—Sé que el encuentro del otro día no terminó de la mejor manera, y me gustaría remediarlo, si me permites.

Las señales no estaban surtiendo efecto y no quería ser más grosera de lo que debería. Tomé la máscara de la indiferente una vez más y me concentré en mi bebida tratando de ignorar a la Sakura bondadosa, guardando la artillería pesada hasta que mi termómetro de irritación me lo dijera.

—Quedé agotada de revolver el pasado. No es necesario seguir hurgando.

—Pero yo no tuve oportunidad de decir nada. Me dejaste en jaque, y no estoy fingiendo. Lo que quiero decir, es que éramos buenos amigos para ese entonces, y aunque haya pasado tiempo, si existiera la posibilidad de darnos una nueva oportunidad... —Se dio una pausa y suspiró—. Fuiste mi gran motivación para venir hoy.

Giré para encararlo y dejarme de tontas evasivas. Mi rostro incrédulo le advirtió que no fuera por ese camino, ya que en el pasado era hábil para quedar bien parado y conseguir sus objetivos. La pregunta era ¿por qué ponerse tan insistente conmigo?

—Pensarás que lo digo para curar mi ego y no es eso. La verdad, quisiera disculparme.

—¿Disculparte tú?

Okey, la conversación se estaba poniendo medianamente interesante.

La curiosidad pudo más que mi creencia de que era muy tarde para redimirse de sus actos. Y si llegaba a tratar de hacerme quedar mal una vez más, aun me quedaban muchas cosas por decirle.

—Me dejaste pensando el otro día. —Syaoran desvió el rostro y comenzó a jugar con el borde de la copa en sus manos, demostrando una faceta suya que no conocía: una temerosa y dubitativa—. Tienes razón en que no le aclaré a Tomoyo la historia completa cuando vino a preguntarme, así como tampoco lo hice contigo. Y mi conducta al final, terminó alejándome de alguien que no quería perder. Lamento eso.

Luego de esa tarde en la cafetería, mi mente estuvo recreando la conversación con Syaoran en un loop interminable, e intenté razonar el sinsentido del desvelo cuando al expulsar mi verdad creí quedar ligera de cargas. Dominada por la furia y el desconsuelo acumulados, hasta este momento no llegué a reconocer mi verdadero enojo con él: su indiferencia.
Atribuirle la culpa de mi relación partida con Tomoyo no le correspondía como le hice creer, aunque sí hubiera sido partícipe.

Cada año que dejábamos atrás las mejores épocas de nuestra niñez para adentrarnos en la caótica adolescencia, la brecha con Tomoyo se expandía. Nuestras personalidades y preferencias discrepaban, provocando menos coincidencias entre ambas y una distancia que ninguna quería aceptar se había vuelto notoria. Ninguna se esforzó lo suficiente por intentar compatibilizar con los planes de la otra, logrando un desgaste acumulable que no tenía fin. Ofendida al enterarse desde otra boca lo que mi inmaduro corazón sentía por Syaoran, la llevó a recriminarme tal falta de confianza que ella sí depositaba en mí, motivo suficiente para cortar relación.

Aunque la resolución fuera extremista y yo la aceptara con lágrimas pero sin luchar, ella tenía razón. Si no podía abrirme y hablarlo con quien creía mi mejor amiga, tal y como hacíamos de niñas, era porque aquellas diferencias que disfrazábamos nos habían superado. Sin embargo, desde afuera la distancia resultó ser más sencilla de afrontar para ella comparado con todo lo que yo padecí después. Quedando solo dos años de preparatoria, recién volvimos a congeniar de a poco antes de graduarnos.

—Siendo sincera, yo también te debo una disculpa. Si bien fuiste el desencadenante, no fue por ti que nos peleamos. —En sus expresiones se reflejaba el gran desconcierto del cambio en mi argumento, y con razón—. Me extralimité, aunque no voy a negar que te lo merecías. Por desaparecer, sobre todo.

Ambos nos quedamos mirándonos unos largos segundos con seriedad. Esperaba que él dijera lo que fuera para cortar con el extraño contacto visual prolongado que me vi obligaba a mantener, sobre todo por respeto de hacerle saber mis disculpas e intrigada de lo primero que se le viniera a la mente. ¿Molestia?, ¿alivio?
Apreté los labios como siempre que el nerviosismo ganaba terreno y por instinto él desvió sus ojos hacia ellos, llevando a mi vientre una sensación conocida que sepulté bebiendo de un trago mi bebida.

«Sería un excelente momento para que Eriol y Tomoyo regresaran».

Syaoran me imitó tomando otro sorbo de su copa y jugueteó con sus dedos sobre la mesa. Yo traté de calmar la ansiedad mirando hacia todos lados, buscando algún cómplice salvador.
¡Qué gran momento para que Chiharu y las demás se hicieran las tontas!.

—Me gustaría aclararte tantas cosas... —enunció en un tono alarmante para mí.

—Creo que con las disculpas compartidas es suficiente por hoy.

Finiquité. Los nervios estaban revolviéndome el estómago. ¡Él era el experto en cambiar de tema! Sería estupendo que tuviera piedad.

—De todas formas, si hubiera algo más que quisieras saber de ese entonces... puedes preguntarme. —Elevé una ceja a modo de incógnita, fulminándolo de reojo—. Solo lo digo para dar por cerrado el asunto apropiadamente.

—Lo mejor es archivar el caso antes de que me arrepienta.

¿Qué es lo que pretendía desenterrar? Estaba loco si pensaba que confesaría viejos sentimientos, o como si revelarme lo inmaduro que fueron los suyos borrara las cicatrices que llevaba. Debería agradecer el haberme sincerado por el exabrupto en la cafetería y cerrar esa maldita y linda boquita.

—Tienes razón. Disculpa, otra vez. Entonces, ¿comenzamos de cero?

—Ya lo estoy dudando.

—¡Vamos, Saki! ¡No seas tan dura conmigo! Prometo comportarme.

Una punzada en mi pecho me presionó tan fuerte al oír ese apodo que por poco no proferí un gruñido de dolor.
Cuando Eriol me llamó por igual, expandió un agradable calor desde mi centro. Con Syaoran... fue parecido a clavarme un oxidado puñal.

Con atrevida confianza, una de sus manos me revolvió el flequillo como hacía tiempo atrás. Supuse que para cambiar los ánimos. Saqué de mi repertorio una de mis coleccionables miradas de odio que no tuvo oportunidad contra su sonrisa juguetona y maliciosa.

—Solo si no me vuelves a tocar el cabello de esa forma. ¡Ya no soy una niña y me despeinas!

—Trato hecho.

. . .

La extraña tregua con Syaoran disipó la incomodidad entre relatos entretenidos de nuestras vidas que él inició y algún que otro recuerdo compartido. Fuimos cautelosos en no tocar el pasado por demás, interpretando un papel de viejos amigos conocidos que solían pasarla bien.

Casi una hora habíamos pasado conversando solos él y yo, olvidándonos de la larga ausencia de Eriol y Tomoyo así como de las personas que nos rodeaban. Su mirada cautivadora y esa pícara media sonrisa, eran puntos débiles que siempre tomaron posesión sobre mí. Y ahora que en la madurez comprendía de inmediato la repercusión de aquellos gestos sobre mi cuerpo, me esforzaba por evitar quedarme hipnotizada por ellos.

Los años habían potenciado el atractivo natural de Syaoran y el ambiente era perfecto para prestar confusiones. Por ello era necesario ponerme límites internos para no boicotearme, y para lograrlo, estaba siendo un poco más arisca de lo habitual en algunas contestaciones.

—Si hay algo que los años han hecho contigo es afilarte bien las garras. ¡La Sakura que conocí no era tan peleadora!

—La Sakura de ese tiempo era una tonta —aseguré restándole importancia con mi mano—. Desde que inicié la universidad decidí dejar de ser la chica complaciente y temerosa. Eso no significa que sea una desconsiderada.

—Supongo que no, y creo que es un cambio favorable, aunque extraño a la Sakura que se sonrojaba por cualquier cosa.

—Mira tú... Así que te gustaba en modo sumisa.

Hasta que terminé de formular la oración, no recaí en lo extraño y comprometedor que habían parecido mis jocosas palabras, así fueran en un contexto distendido. Volteé el rostro avergonzada y negué con la cabeza mientras me mordía con fuerza el labio en represalia.

¿Quién iba a decir que sería yo la primera en tornar extraña la noche? Lamentable.

Esta situación me alertaba que nos sería imposible retomar la relación sin que el pasado reapareciera, convenciéndome de que a las doce campanadas era mejor volver a ser calabaza.

Buscando en qué distraerme, noté que el show de karaoke había comenzado a darse desde el escenario central, situado al final del salón. Por detrás de los participantes, una gran pantalla reproducía el video clip de la banda o solista elegido con la letra para que él público acompañara. Tenía entendido que solo una parte de la noche se dedicaba a esa sección y luego se habilitaba la pista para quienes quisieran mover sus caderas.

—¿Tienes ganas de cantar, Sakura? Si quieres te acompaño. —Me preguntó Chiharu frente a mí, a quien le agradecí eternamente estuviera atenta a mi situación—. Recuerdo que te encantaba ir al karaoke.

—No, ni loca. Así estoy bien. Te estaré animando si decides ir.

Que mi carácter se hubiera endurecido no borraba mi esencia. Cantar adelante de mis amigos en un espacio reducido, era algo que podía permitirme; pararme ante la mirada y atención de tantos rostros desconocidos... No, gracias. Por hoy no se me apetecía hacer más el ridículo.

—Desconocía por completo esa faceta de cantante tuya —comentó con curiosidad Syaoran.

—Y una muy buena —agregó Chiharu, esquivando el rayo láser que le envié de inmediato—. Tenía una voz divina. Para muchos incluso competía con la de Tomoyo.

—¿Tomoyo no era la solista del coro?

—Lo era.

—Entonces nos has privado a todos los mortales de un don excepcional, Saki. ¡No te creía tan egoísta!

Si esperaban lograr algo con el complot iniciado hacia mí, estaban equivocados. Y me sorprendió la actitud de Chiharu. ¡Había pasado de ser aliada a enemiga en dos segundos!

—No es para tanto y no me presentaré.

Me levanté del asiento anunciando mi fuga al toilette. Cuando le dije a "la mete bocados innecesarios" si quería acompañarme, se negó y continuó hablando con Syaoran sobre mi carrera de cantante fallida. Rodé los ojos y los dejé divagando solos.

Rechistando por lo bajo, pasé por el sector anterior a los sanitarios que dejaba a la vista un espacio con varios sillones mullidos y mesas bajas para quienes quisieran ponerse más cómodos o más cariñosos. Fue allí que encontré a la cumpleañera desaparecida dialogando sin palabras con el afortunado extranjero.

Me reí para mis adentros pensando en lo caldeado que estaría ese ambiente luego de tanto tiempo y lo conveniente que sería llevar su espectáculo a un ámbito más privado, pero Tomoyo era una mujer bastante encasillada en sus responsabilidades, y a pesar del mareo, no dejaría a todos sus invitados sin la anfitriona. Así que el amigo inglés tendría que conformarse con ese toqueteo y esperar otro momento para liberar "la anaconda", como solían rumorear.

La noche estaba resultando mejor de lo que esperaba, sin contar que mis compañeros de la universidad seguían sin figurar.

«De seguro Syaoran congeniará con ellos de inmediato», pensé y me alarmé al instante.

¿¡Para qué me interesaba tener la aprobación de mis amigos por él!? ¡No éramos nada!

Apresuré el paso hacia la fila del sanitario pensando que debía purgarme pronto de su aura divina. Tan distraída estaba que me topé de lleno contra una persona sin querer.

—Lo siento, no te vi. —Me disculpé con torpeza antes de mirar a mi pobre víctima.

—Soy yo quien lo lamenta, Sakura. Te vi caminando hacia aquí y me detuve a esperarte. No creí que me chocarías.

Aún en penumbras, el verde estridente de Jomei relucía tanto como su sonrisa, y antes de eclipsarme, lo primero que pensé fue que mis plegarias fueron oídas.
Estando de frente y de pie, me hizo notar que estábamos alineados en estatura gracias a mis plataformas y que de cerca sus ojos eran de un tono más oscuro que los míos. La boca se me hizo arena, atinando apenas en asentir con la cabeza, provocando con mi idiotez a que una sonrisa sugerente se formara en sus labios.

—Estaba esperando el momento de acercarme, pero el trabajo me limita —explicó acortando la distancia. Su perfume era envolvente—. Me gustaría pasarte mi número para hablar luego. ¿Te parece?

—Claro.

Mi respuesta fue algo torpe y acotada. Su presencia tan de repente me había quitado la experiencia adquirida en coqueteo luego del noviazgo y mandando a la basura mis expectativas de parecer seductora.
La atracción física era innegable, y aunque esperaba terminar la noche con algo de acción, nada me quitaba que fuera a suceder en otro momento.

Aunque, pensándolo bien, al otro día no tendría nada hacer.

—¿Sales muy tarde hoy? —Me animé a preguntar.

La satisfacción en su mirada fue evidente.

—Me temo que sí. —Jomei se acercó hasta rozar sus labios contra el lóbulo de mi oído, enviando un sin fin de descargas eléctricas sobre mi piel—. Espero me escribas pronto.

Tomó mi mano por lo bajo depositando en ella un pequeño papelito que apreté fuerte, sabiendo lo que me entregaba. Ambos nos despedimos manteniendo la mirada hasta que él se perdió de vista y yo retomé la lucidez, guardando su número en el pequeño bolsillo delantero del pantalón y apresurándome hacia el sanitario. Entre la agitación y las ganas de hacer pis, estaba segura haber mojado un poco mis bragas.

¡Dios! ¡Cómo había extrañado esa sensación de excitante incertidumbre!

Conocer a gente nueva no era algo tan sencillo como parecía, y me resultaba algo tedioso la previa donde intentabas descubrir si realmente hacías match con la persona que te interesaba. Por otro lado, cuando la química se desarrollaba de forma espontánea como esta noche, era un deleite que elevaba las expectativas y me inyectaba una dosis de adrenalina.
Nada me garantizaba que Jomei me atrajera como persona o terminara sin decepciones, pero teniendo en cuenta el evidente sex appeal, mis prioridades eran otras.

Luego de la típica y larga espera, demoré unos cinco minutos más retocando el maquillaje y sonriendo como tonta al espejo. Le estaba dando el último toque a mis ojos cuando en la lejanía reconocí unos acordes en particular que le dieron un vuelco a mi corazón. ¡Por poco y quedaba ciega en manos de la punzante máscara de pestañas!

Orientada por la música, apresuré los pasos hasta acercarme al centro del salón, ansiosa por escuchar a quien hubiera puesto a sonar la pista de esa canción que me erizaba la piel. Desde lejos y por mi estatura no podía visualizar bien al cantante, pero el ser pequeña me fue útil para escabullirme entre medio de las personas, logrando pasar al frente.

Llegué justo cuando la voz del valiente iniciaba y la parálisis me atacó por la retaguardia.

—She's got a smile that it seems to me
Reminds me of childhood memories
Where everything was as fresh as the bright blue sky

Aferrado a una palpable devoción, las manos masculinas sujetaban el micrófono de pie canalizando el vigor de tal interpretación. En su joven rostro leía la misma e inexplicable pasión que recorría mis venas al escuchar ese tema tan popular del hard rock internacional de los '80, culminando el broche de oro con esa voz... fascinante.

Mis facciones estaban entumecidas, el pulso se me aceleró como en una maratón y mi boca estuvo a nada de comenzar a babear.
Mi mundo había dejado de girar y el cielo se abrió para mí, siendo recibida por un coro de ángeles y Syaoran, cantando Sweet Child O' Mine, de Guns N' Roses.

—Now and then when I see her face
She takes me away to that special place

Su dorada y excéntrica mirada me atravesó al tiempo que recitaba esas palabras, calándome hondo en el centro de mi pecho y desnudándome por primera vez. Su sonrisa se amplió como nunca al descubrir mi entera atención puesta en él, llevando a que su voz se afinara al final de la estrofa. Me mantuve en pie a pesar de temblarme las piernas y la respiración escasear.

—And if I stare too long, I'd probably break down and cry
Whoa, oh, oh
Sweet child o' mine

En la hora que habíamos pasado charlando, le comenté a Syaoran que en el primer año de la universidad diseñé un álbum musical con los grandes éxitos de los Guns, haciendo hincapié en lo mucho comenzó a interesarme la banda gracias a ese trabajo. No ahondamos demasiado en el tema ni nombré mis canciones favoritas, aunque no hiciera falta hacerlo. Tampoco se requerían muchas luces para comprender lo importante: él me la estaba dedicando... a mí.

Era la segunda canción desde que nos conocíamos y le había pasado como topadora al amargo y extraño momento que me había causado la primera. Describir las sensaciones que me abordaron no tendrían lógica en el plano terrenal, y aunque me negara a creer que con algo tan sencillo me hiciera sonreír, temblar, levitar... así fue.

—Whoa, oh, oh, oh
Sweet love of mine

Al tiempo que los acordes de guitarra iniciaron la corta pausa, Syaoran bajó de la tarima de un salto buscando tomarme de la mano, arrastrándome con él arriba del escenario.

Fueron sus ojos, su voz, su actitud, su atractivo sin igual y el broche de esa perfecta canción, los culpables de que me dejara llevar sin titubear. Me olvidé de los nervios al estar frente a tantos espectadores y me concentré solo en él, en el maravilloso sueño que me encontraba donde el pasado no tenía influencia y Axl Rose me contagiaba su locura. Asumiendo mi rol de acompañante al tomar el segundo micrófono, cerré los ojos dispuesta a dar lo mejor de mí, así perdiera medio pulmón.

—She's got eyes of the bluest skies
As if they thought of rain
I'd hate to look into those eyes and see an ounce of pain

El público calmó el vitoreo cuando me uní al escenario, curiosos de conocer la nueva voz que se presentaba. El silencio no me intimidaba, ni tampoco me era relevante si me aclamaban o abucheaban. En ese instante mi mente viajó más allá del espacio que nos rodeaba, apropiándome de la letra que me sabía de memoria.

—Her hair reminds me of a warm safe place
Where as a child I'd hide
And pray for the thunder and the rain to quietly pass me by

Momentos antes del estribillo, el alboroto extasiado de la gente entorpeció el ambiente.
Al abrir mis ojos, los dorados fulgurantes de Syaoran me recibían expresando en ellos una algarabía trascendental. Cantamos a coro y nos relegamos el protagonismo como si lleváramos años practicándolo. Por momentos nos acercábamos y uníamos voces entremezclando nuestros alientos causando increíbles cosquilleos en mi cuerpo, entregándome a ellos sin tapujos. Llegando al final, ambos acariciamos las notas de la última estrofa y mantuvimos el tono sin perder la voz, fundiéndonos en la mirada del otro, conectando a un grado de profundidad escalofriante y tentador.

Las ovaciones retumbaron como explosiones en mis odios y le sonreí a aquellos desconocidos en profundo agradecimiento, sintiendo el calor agolpado en mis mejillas. A tiempo Syaoran me sorprendió sujetando mi mano, y dando un paso al frente que imité, realizamos una breve reverencia que daba por finalizada la presentación.
Fue él quien me guió entre la multitud para salir por detrás de la pista; yo estaba demasiado conmocionada como para responder por mí misma.

—Eso fue increíble —dijo él, recuperando el aliento como yo—. Estuviste fantástica.

—Tú no te quedas atrás.

La euforia seguía presente y parecía que la sonrisa nos quedaría tatuada. Entre risas nerviosas, desvié la vista hacia abajo percatándome de nuestras manos que continuaban entrelazadas. Al primer impulso de movimiento, él afianzó el agarre impidiéndome deshacer la unión.

Con las palpitaciones aceleradas resonando en mi pecho, me atreví a regresar a su rostro. Su persistente sonrisa se había atenuado, aplacándose en medio de ese juego de miradas intensas que desvestían sin tocar. Una vez más, él rompió el esquema fijándose en mi boca, demorándose lo suficiente para escandalizarme.
Fue instantáneo. Al morderme el labio inferior sin pensarlo, sus irises se turbaron. Syaoran dio un paso que redujo la distancia entre nosotros, inclinándose y acercando nuestras frentes, esperando una mínima confirmación para acceder a esa locura, a un anhelo de años perdidos, a una fuerza magnética que tomaba forma.
No era posible. Era impensado, pero parecía real: el deseo estaba aniquilando mi raciocinio.

—¡Saaaaki-chan! ¡Eso fue... d-de otro mundo!

Como todo ridículo cuento de hadas, la burbuja del tiempo se pinchó y le quitó encanto al momento. Eriol llegó gritando a viva voz lo sorpresivo que fue verme en el escenario entre palabras entrecortadas, hablando de lo rica y famosa que me volvería de cantante con la tónica del delirio que el alcohol proporcionaba.

—Y t-tú, amigo... ¡Por Diooouus! —vociferó colgándose del hombro de Syaoran—. No sabía que cantabas tan bien, rrrrompecorazzones.

Asumiendo el rol por defecto de una larga amistad, Syaoran se lo llevó al hombro dándome una pequeña y fugaz mirada de resignación que no pude corresponder de inmediato.

Eriol no estaba capacitado para dilucidar el caluroso y confuso ambiente que había interrumpido. Y aunque en primera instancia lancé blasfemias contra él, reconocí que al final debía de agradecerle.

«Ay, Sakura. ¿En qué carajos estabas pensando?»

Cuando regresé a la mesa, la cumpleañera estaba situada en nuestra mesa y el duo dinámico encaminándose hacia los sanitarios para refrescarse. Un poco más atrás, me dio gusto ver que nuestros compañeros de universidad habían llegado. Los saludé a lo lejos con intenciones de acercarme en cuanto lograra calmarme; feliz de contar con más personas para distraerme lo que quedaba de noche.
Tomé un respiro sentándome al lado de Tomoyo, quien por suerte se estaba purgando con una botella agua. Su rostro animado y sonriente no me perdió de vista.

—Los vi en el escenario. Había olvidado lo lindo que cantas.

—Gracias. Fue inesperado —respondí sin evitar la automática sonrisa. Pese a la extraña situación posterior, había sido casi mágico.

—No me sorprende. Syaoran tiene el don de convencimiento.

Su claro hablar me alertó de estar más lucida de lo calculado. Observé en sus ojos un brillo singular junto a esa clásica media sonrisa de suficiencia, buscando sonsacar aquello que callaba. Me reí nerviosa pensando en que, una vez más, me costaba hablarle a ella sobre la misma persona que, tanto antes como ahora, no tenía en claro lo que me provocaba... o no quería asimilarlo. ¡Tampoco era fácil de procesar! Era muy reciente.

—No te presiones. Aunque, si me permites un consejo, no siempre debemos dejar el pasado bajo llave.

Fruncí el ceño y abrí la boca sin saber por dónde comenzar a interrogarla. Me di el tiempo de atar cabos, haciendo un esfuerzo a tal enredo.

Por el trato dado en la cafetería, supuse que ellos se habían reencontrado antes. También recordé que la actitud de Syaoran al verme luego de tanto tiempo fue fresca, como si se hubiera preparado para ello. En ese momento le atribuí el trato indiferente acorde a lo último que recordaba de él y nuestra relación... ¿Podría ser qué...?

—Me estas ocultando algo —la acusé.

Con dos de sus dedos hizo el gesto de sellar sus labios y luego me abrazó por el cuello, tarareando una risa jocosa que apenas me crispó en principio. Detestaba andar a ciegas y que se cobrara el pago con intereses, pero adoré ese acto de espontaneidad de su parte.
Su cariño y consejo me tocaron el corazón, recordándome aquellos tiempos en donde no necesitábamos explicarnos con muchas palabras para comprendernos.

Por un instante, fue como si el tiempo no nos hubiera distanciado jamás. Por un instante, me pregunté si era sano continuar trayendo el pasado en vez de enfocarme en el presente que auguraba un buen futuro.


.

¡Hola, hola!

¡Cumpleaños al estilo montaña rusa!

Sé que el capitulo anterior fue confuso. La situación del pasado, con respecto a la ruptura de dos relaciones importantes para Sakura, es el eje centrar de la breve historia; por ello la intención es revelarlo de a poco.

Me divertí leyendo los posibles escenarios y locas especulaciones xD.

Espero que algunas indagaciones se esclarezcan en este capítulo. Sin embargo, soy consciente de que falta ilustrar mejor el motivo por el cual Sakura le guardaba tanto rencor a su voz de ángel inesperado xD

Si bien la relación con Tomoyo no se seguirá profundizando, quise que este encuentro culminara con una muestra genuina de aquellos lazos que se mantienen a pesar de torcerse o mutar, porque les aseguro que es fiel a la realidad.

Fuera de ello, no me pueden negar que les di algo de humor y… tensión.

¡No se olviden de dejarme su comentario! Son sus palabras mi mejor premio.

Dato de color:
La canción de los Guns es una de mis favoritas y hasta repetida en otras historias. Creo que quedaba bastante bien para este caso en particular. También confirmo que es una de las favoritas de isabelweasleygranger (lo descubrí leyendo sus historias tiempo atrás) quien parece que se lleva el podio de dedicatorias en estos tres capítulos :)