CAPÍTULO 8
Emma fue la primera en despertar, se le hizo extraño que su papá no estuviera despierto, normalmente ella era la que siempre se despertaba tarde, no él. No tocó la puerta antes de entrar, su padre siempre estaba solo y era tanta la confianza entre ellos que Emma abrió encontrando una escena que nunca antes había visto. Su padre abrazando a la madre de Rose, dormían plácidamente, la cabeza de Candy reposaba en el pecho desnudo de él, la sábana cubría la desnudez de ambos.
—¡Papá!
El grito de Emma salió estrangulado, pero fue suficiente para que los amantes despertaran, abochornados por la pequeña figura de Emma observándolos desde el umbral.
—Emma, cariño, déjame explicarte dijo Terry — después de restregarse los ojos
Pero Emma no quería una explicación, solo quería ver a esa mujer fuera de su vida y la de su padre. Salió de la habitación y esperó en la sala, llorando, llena de rabia y frustración.
—Hija, lamento que nos hayas encontrado juntos. Fue mi culpa por no asegurar la puerta. Candy y yo, como sabes tenemos una relación y bueno, nosotros nos amamos. Dios esto es difícil de explicar.
—No soy tonta papá, no puedo creer que ahora esta señora se quede a dormir en nuestra casa, es una intrusa, que me está robando a mi papá. ¡Es que no lo ves!
—No es así, cariño. Papá jamás te dejará de querer, tienes miedo de compartirme, pero te aseguro que no tienes de qué preocuparte —trataba de explicarle él.
Candy vestida solo con la remera de Terry y descalza y los cabellos revueltos llegó hasta donde ellos, acercándose especialmente a Emma.
—Emma, nena, me disculpo contigo. De verdad lamento quedarme en tu casa sin avisarte —le dio una mirada de disculpas, la miró con ternura —debimos decirte anoche mi decisión de quedarme a acompañar a tu papá, pero cuando fuimos a tu habitación estabas dormida, no queríamos molestarte después del día que tuviste ayer.
—Usted sólo quiere hacerle creer a mi papá que lo quiere y luego lo va dejar con el corazón roto como lo hizo con el padre de Rose. Es que no lo ves, papá, —dijo con los ojos llenos de lágrimas ahora dirigiéndose a Terry — está haciendo lo mismo que hizo con el señor Cornwell, ella te va engañar con otro hombre como lo hizo con su esposo.
Emma, estaba enojada, alterada repetía las palabras dichas por Alison. Candy negaba la acusación, sin tener éxito en que Emma dejara de gritar. Terry también le pedía a su hija que se tranquilizara, pero la niña estaba llena de cólera.
—¡Váyase, deje en paz a mi papá y a mí! Él no necesita a una mujer infiel en su vida.
—¡Basta!, Emma. Cállate, ya —Emma no obedeció a su padre y continuó gritando e insultando a Candy.
Un leve roce, una débil bofetada que le dolió a Emma hasta el alma, fue la que recibió de Candy. En verdad no quiso hacerlo, pero en un momento desesperado su mano se alzó involuntariamente, dando como resultado que la niña y Terry se quedaran en shock.
Con voz quebrada logró decir.
—Lo siento Emma, no quise hacerlo. No soy lo que tú crees, no sé de dónde sacas eso.
Emma, buscó el apoyo de su padre, que aún no salía de su asombro.
—Candy, por favor vístete y sal de aquí.
—Terry… masculló apenas Candy.
—Lo siento, Candy este no es un buen momento, hablamos después.
Cuando Candy salió de la habitación Terrius abrazaba a Emma, quien lloraba en sus brazos, ni siquiera volteo a ver a Candy cuando ella le dijo que ya se iba, y eso le dolió a la rubia. Aceptó que cometió un error al abofetear a Emma, pero no podía permitir que la difamaran de esa manera, y menos que Terry no hiciera nada para detener a su hija, la tenía muy consentida y estaba claro que Emma, era dominante con él.
A solas, sin Candy. Emma se dedicó a relatar lo que se rumoreaba del divorcio de Candy con Archie en el colegio. Él no lo creía, se le hacía poco probable, pero sí reconocía que su relación con ella había sido precipitada, empujada por él. Pero dónde quedaba la fuerza de voluntad de ella, y si así fuera con todos los hombres que le gustaban. Qué tal si él no era el único que disfrutaba de aquellos placeres.
Sí era sincero consigo mismo, no le había costado mucho esfuerzo conquistar a la bloguera parlanchina. Pero lo que le resultaba inaceptable de todo el embrollo que se desató esa mañana era que Candy se hubiera atrevido a golpear a su hija, eso no se lo perdonaba, era su princesa, nunca nadie le había levantado la mano, y ahora en tan pocos días, el ex matrimonio Cornwell White lo había hecho. Reconocía su culpa, nunca debió pedirle a Candice que se quedara en su casa, pero jamás pensó que las cosas llegaran a tal extremo, que su hija lo encontrara medio desnudo con su novia.
Ya había superado la vergüenza que pasó en el sanitario del colegio por el estúpido de Archibald y ahora otra vez su hija lo encontraba en una situación similar qué te pasa Terrius, has olvidado el respeto hacia tu hija, la ley de oro de nunca llevar a una mujer a dormir bajo el mismo techo que Emma se reprochaba.
Ya había oscurecido y el seguía en el mismo lugar donde su hija se despidió de él, hace más de una hora que se fue a dormir. Fue un día terrible, que pasó tan rápido como aquella tormenta generada en la mañana. De pronto sintió unas ganas de desaparecer.
No sabía nada de Candy, no le llamo para preguntar si se encontraba bien, estaba enfadado con ella. Su móvil estaba en algún lugar de su habitación. Se sentó en el balcón con una botella de whisky, eso y unos cigarrillos eran su única compañía. En su mano sostenía un vaso medio lleno que después de cavilar se llevó a la boca. Los recuerdos de la noche perfecta que tuvo con Candy no lo dejaban en paz.
¿Cómo pudo terminar tan mal? pensaba una y otra vez. Pasadas unas horas vaciaba el poco whisky que le quedaba a la botella, en el vaso. La frialdad del alba lo despertó, se quedó dormido en el balcón en una butaca que usaba para contemplar la ciudad. Entró a la ducha y el agua helada le calaba las recientes heridas de su corazón, pudo recordar cómo se le estrujó cuando Candy se despidió y él la ignoró, apenas ella salió, quiso salir corriendo detrás de ella, pero su hija era la única mujer que le necesitaba más que nadie en ese momento, Emma era su prioridad, su tesoro. En ese baño había hecho el amor con ella, y ese recuerdo le atormentaba.
El lunes, muy temprano, Candy lo esperó en su oficina. Ella también había tenido el peor fin de semana de su vida, sin Rose, apenas el sábado en la tarde pudo tomarse un café con Patricia y desahogarse un poco. Estaba devastada y abochornada por los acontecimientos lamentables en casa de Terry. Y estaba el hecho de que amaba a ese hermoso hombre como nunca amó ni siquiera a Archie. Él se sintió aliviado al verla, incluso feliz, pero era también muy orgulloso, ella le regaló una sonrisa apenada, sin embargo, su semblante no demostró ningún rastro de alegría.
Se había presentado para enfrentar la situación con él, pasara lo que pasara era su costumbre plantar cara a los problemas.
—Cómo entraste, quien te dejó entrar —fue lo único que dijo él, pasó a un lado de ella y tomó su lugar detrás del escritorio.
—Buenos días, Terry. Tu asistente hizo hasta lo imposible por negarme el acceso, pero una mujer como yo no se rinde tan fácil —dijo para disminuir la tensión del ambiente, el temple de Terrius era serio, no le hizo gracia que la bloguera abofeteara a su hija y tampoco le hacía gracias que entrara a su oficina como si fuera su propia casa.
—No vuelvas a hacerlo, por favor. Preferiría que te aguardaras en la sala de espera y anunciarte, acaso no les enseñan a los americanos a anunciarse antes de una visita imprevista —le dijo en tono sardónico.
—Entiendo, disculpa, no volverá a suceder. Terry ayer estuve esperando tu llamada. Realmente me siento muy mal por lo que pasó con Emma. Dios me siento tan avergonzada, primero porque nos encontró dormidos, y luego… Terry no quise hacerlo, en verdad fue un impulso, lo siento sé que no debí, jamás había actuado de ese modo, ni siquiera con Rose.
—En efecto Candice, no debiste. Es una niña y es mi hija.
Terry jugaba con un bolígrafo que pasaba entre sus dedos, lo hacía siempre que estaba nervioso o estresado. Porque tenerla allí frente él, con esas ganas casi irrefrenables de besarla lo torturaban.
—Aunque tu hija estaba siendo muy grosera —señaló Candice y el bolígrafo cayó al escritorio, la mirada penetrante de Terry hizo que la de Candy se desviara— no se le habla así a un adulto, eso no tiene justificación, demuestra una falta de educación.
—¿Disculpa? estas diciendo que no educo a mi hija, eso es lo que quieres decir —la inquirió Terry.
—No precisamente, Terry. Pero se nota la ausencia de una madre en la vida de Emma, es claro que haces lo mejor que puedes.
—¿Qué se nota la ausencia de una madre? De qué carajos hablas. Es por que no la tiene, y no la necesita. La educación de mi hija no está en tela de juicio Candy. En cambio, tu actitud si deja mucho que desear, yo jamás golpearía a un niño, fuera o no mi hija, no lo haría. No te corresponde a ti corregir a mi hija, si dices que está mal, no es problema tuyo, el hecho que te acuestes conmigo no te da derecho a meterte con Emma.
Las palabras cada vez más coléricas y el trato tan descortés de Terry, fueron dardos que atravesaron el corazón de Candy.
—Entiendo que estés molesto, pero no te refieras a mí, como si fuera una cualquiera. Así es como me estás haciendo sentir en este momento.
—No dije nada que no fuera cierto. Salimos juntos, nos acostamos, esa es la verdad.
—Pero soy tu novia, o ya lo olvidaste.
—No, no lo olvidé. Eso me da derecho a saber ¿con cuántos hombres te has acostado aparte de tu ex esposo? por ejemplo.
—¡Pero que carajos, Terry! No puedo creerlo, acaso estás creyendo las mentiras de Emma, por Dios, la niña se está inventando todo para que nos separemos, eso está muy claro.
—Mi hija no acostumbra a decir mentiras, si dijo eso de ti fue porque lo escuchó de alguien más, por supuesto que está mal que ella lo repita, jamás ha conocido una novia mía, esta celosa, sí y tiene miedo, pero no vuelvas a decir que mi hija es mentirosa, no te metas con ella Candy. Emma es lo único que tengo, y yo soy lo único que ella tiene. Ella es la única prioridad en mi vida, jamás he puesto ni pondré a una mujer por encima de ella.
—No puedo creer que estemos peleando por tonterías. No engañé a Archie, ya te conté mi historia con él, cuáles fueron mis motivos por los cuales me separé de él. Me siento terriblemente mal por haber abofeteado a Emma, pero no podía permitir que siguiera insultándome de esa manera, y resulta que tú le creíste. ¿Crees que es verdad, Terry? ¿Crees que yo le fui infiel a Archie? ¡que soy una cualquiera!
Terry no dijo nada, bajó su mirada al bolígrafo que minutos antes cayera al escritorio, confirmando con ese silencio que sí, él creía en las palabras dichas por su hija.
—Ya no tengo nada que hacer aquí, me imagino que es el fin. Terminamos. —Candy limpió una lágrima que se escapó de su ojo derecho, se levantó con la esperanza de que Terry la detuviera y le dijera que no se fuera, que lo disculpara que creía en ella, pero no lo hizo. Él no se movió de su lugar, dejó que ella se fuera, tal como lo hizo la noche anterior en su casa, esta vez ella salió destrozada, con el corazón roto por tonta, por permitir que el idiota le hiciera creer que el amor a primera vista existe, por entregarse a él sin condiciones, por pensar que no tenía caso esperar para hacer el amor, cuando ella creía estar enamorada, por creer en los cuentos de hadas que Rose le hacía leerle. La realidad era diferente y ella lo sabía, aun así, se dejó llevar por el hermoso cuento de hadas al que Terrius Grandchester le invitó a entrar.
—Tonta, tonta, eres una tonta Candice White, cuando vas a aprender —se reprochaba en el ascensor.
En el colegio, Emma estaba feliz, buscó a Rose por todas las instalaciones hasta que la encontró cerca de los camerinos del gimnasio. Estaba ansiosa, se sentía triunfante y no perdió tiempo, apenas la vio, se apartó con ella en unas bancas y le contó a Rose parte de lo que sucedió con Candy.
—No pude hacer mucho en la cena, un inconveniente a mi favor hizo que nos fuéramos a casa, arruiné su cena, pero no su noche —cerró los ojos y los apretó, no le gustaba recordar esa horrible imagen, su padre y Candy cubiertos solo por las sábanas.
—¿A qué te refieres con que no le arruinaste su noche? No dices que se fueron a tu casa.
—Sí, pero no contaba con que tu madre se quedaría a dormir con papá.
—¿Qué dices? No estás hablando en serio —exclamó Rose con los ojos desorbitados.
—Yo tampoco quisiera que fuera verdad, pero lo es. Encontré a tu mamá y mi papá en una escena comprometedora, y desagradable. Tú madre es una…
—No te atrevas hablar mal de mi mamá, tu padre es un manipulador, él hace que mamá haga cosas que nunca había hecho. Lo odio por eso, porque aparta cada día más a mis padres.
—Mi papá no es manipulador, tu madre en cambio es una mujer infiel, ramera como dicen aquí, así se le conoce a las de su tipo. Ya sé que dejó a tu papá porque andaba con otro hombre.
—Eso no es verdad, mamá jamás haría eso —defendió Rose a su madre.
—¿Entonces a ver, por qué se divorciaron?
—Porque se peleaban mucho, papá ya no tenía mucho tiempo para nosotras, pero a ti que te importa. Creo que hasta aquí llegamos, termina nuestro trato, lograste que esa absurda relación terminara, te lo agradezco, ya no tenemos nada de qué hablar, no somos amigas y no lo seremos. Adiós Emma Grandchester, pero te advierto, si te vuelvo a oír diciendo esas cosas de mamá, te voy a partir la cara.
—A mí no me amenaces, descuida que no me interesa hablar de tu madre, ojalá que jamás vuelva a saber de ustedes. Adiós Rose Cornwell.
Rose se fue corriendo a donde estaba una mesa llena de niños, ella tenía muchos amigos, Emma se quedó sola en la banca, Alison ya no le hablaba, y no tenía más amigos, por su carácter altanero, no les simpatizaba a sus compañeros. Se sintió triste cuando Rose le dijo que ya no tenían nada de qué hablar, Candy no le agradaba, pero en esos días Rose le había mostrado un lado divertido, cuando no estaban planeando como separar a sus padres, ellas jugaban tenis, hablaban de cine y de la escuela. No tenía una amiga con quien platicar y reír como lo hacían con Rose.
A pesar de que había logrado su objetivo, que el tonto british dejara a su mamá, a Rose no le agradaba verla tan triste. Candy andaba distraída, y la sorprendió en varias ocasiones llorando, no era la misma, le prestaba poca atención y no tenía ánimos para salir a pasear con ella. Rose podía observar cómo su madre pasaba minutos y minutos pegada al lavaloza fregando una olla una y otra vez, absorta escuchando también en loop: Don't speak. Candy se la pasaba pensando en los besos de su idiota, en la sonrisa de su idiota, en los abrazos de su idiota. Los extrañaba a morir. La apenaba y trataba de animarla, pero nada daba resultado. Su mamá sufría una pena del corazón.
Y Terrius se había vuelto solitario y andaba últimamente de muy mal humor, pasaba horas encerrado en su oficina, trabajando como desquiciado. Volvió a hacer el huraño ejecutivo que fue en Londres. Se ocultó de Candy, cada vez que ella iba a la agencia. Evitó a toda costa una junta con ella. Nadie en la oficina entendía su cambio, se convirtió de la noche a la mañana en un hombre poco tolerable. Llegaba a casa más tarde todas las noches, ya no pasaba por Emma a la escuela, ahora era la niñera quien recogía y pasaba casi todas las tardes con ella. Hasta que él llegaba exhausto, sin ganas de hacer alguna actividad juntos.
Emma continuaba al acecho, a pesar de presenciar la tristeza de su papá, seguía cuidando su "logro", le llamaba para asegurarse de que en verdad estuviera en la oficina y no con la insoportable Candice. Pero, a pesar de todo, no olvidaba que Candy fue muy amable y afectuosa con ella cuando le llegó su primer periodo. Sin embargo, era más fuerte que eso. No iba dejarse llevar por ese detalle. Ella no permitiría que le quitara el amor de su padre.
