Capítulo 9

Tres meses pasaron desde que Emma y Rose obtuvieron su triunfo separando a sus padres, pero los cambios en ellos, no fueron los que ellas esperaban. Definitivamente, ya no eran los mismos de antes, Emma ahora tenía a un padre estresado, deprimido y obsesivo al trabajo, le exasperaba que le prestara poca atención.

Terrius lamentaba, todos los días de su vida, lo mal que se comportó con Candy, la cólera del momento hizo que le dijera cosas horribles, fue un canalla por tratarla así, estaba consciente de su tremendo error, y no encontraba la forma de enmendarlo. Reconoció que no debió dejarse llevar por los rumores de unas "niñas" por Dios qué hice, se preguntaba una y otra vez, cada que la veía llegar a la agencia. Tan radiante, derrochando simpatía con todos.

Él era un hombre adulto y se había comportado como un adolescente en todo sentido. Cuando se enamoró de ella de la forma arrebatadora en que lo hizo, y ahora veía con claridad que Emma era por demás posesiva con él, lo celaba todo el tiempo, nunca se había dado cuenta de cuan consentida la tenía. Muy tarde entendió que Emma en realidad fue muy grosera con Candy. Él debió intervenir, si tan solo hubiera puesto un alto a la rabieta de su hija, las cosas no se hubieran salido de control.

Tu hija estaba siendo muy grosera conmigo… recordaba las palabras de Candy, la mañana en la que discutieron en la oficina, y él se comportó con un verdadero patán. Por un lado, simpatizaba con los reproches de Candy, y por otro lado con el comportamiento de Emma. Siempre han sido ellos dos, quizás ella se sentía desplazada, aunque él debió reforzar la confianza con la niña, hacerle ver que, aunque Candy ocupara un lugar importante en su vida, jamás podría dejar de amarla como lo prioritario para él.

Se sentía tan avergonzado con Candy, que cuando llegaba a la agencia hacía hasta lo imposible para que no se encontrase con ella. Los recuerdos de sus apasionados encuentros seguían intactos, evitaba pensar en ella con una carga excesiva de trabajo, pero en las noches era inevitable que le persiguieran en sus sueños, las caricias recibidas por las suaves manos de la bloguera parlanchina, revive el primer beso que le dio, la manera en cómo se fueron dando las cosas. La extrañaba mucho, no solo su contacto, también la complicidad que iba naciendo entre los dos, las conversaciones antes de dormir, darse los buenos días, ella era su primer y último pensamiento.

Que tonto había sido al dejar que las cosas terminaran así, nunca debió pedirle que se quedara a dormir, su hija y Candy debieron pasar más tiempo juntas, conocerse mejor. Todo lo hice mal, se reprendía constantemente.

Una nueva publicista formaba parte de Maxwell & Parker, Chloe Miller. Una mujer alta y de figura envidiable, cabello lacio de un falso tono rubio que retocaba cada vez que el imperceptible tono negro asomaba en la raíz de su cuero cabelludo, cejas pobladas y mirada desafiante. De caminar seguro y sonrisa engreída. Además, muy elegante.

Pronto la señorita Chloe se convirtió en la mano derecha de Terrius, por diversos motivos, era eficiente, jamás decía no, cuando se le pedía quedarse a trabajar hasta muy tarde en la noche. Soportaba su mal humor y el tono de voz elevado de Terry cuando algo salía mal. La chica tenía objetivos trazados muy específicos, le gustaba su jefe, y estaba dispuesta a conquistarlo, con todas las herramientas de las que disponía. Una de ellas era el trabajo. Había dos propósitos, un ascenso, ser una privilegiada con el reconocimiento de la empresa, y meterse en la cama de ese atractivo hombre inglés. Era el paquete completo. Director, soltero, un hombre guapo, de buena posición económica. Solo le veía un único defecto, la mocosa que tenía por hija, pero no era nada que ella no pudiera sobrellevar, no significaba un problema y si lo fuera, ella podría controlarlo.

Chloe atraía las miradas de muchos hombres, le encantaba escuchar halagos, caminaba por los pasillos derrochando gracia, y dejando boquiabiertos a muchos. Sin embargo, el hombre que le interesaba no era tan fácil de conquistar, ella constantemente buscaba su atención, y él se limitaba solo a atender los asuntos de trabajo. No lograba en él el efecto que deseaba.

Por su parte, Candy también evitaba a su Terry. Trataba de entregar todo a la asistente de Grandchester por correos electrónicos y solo cuando era necesaria su presencia en la agencia ella asistía. Por lo general eran juntas con Kevin. Como esa tarde, en la que fue llamada para asistir a una reunión de última hora para la entrega de sus reportes. Entró al ascensor nerviosa, como le sucedía cada vez que tenía que ir a Maxwell & Parker. La asistente no se encontraba en la sala de espera, se le hizo raro, se sentó a revisar los reportes que entregaría, escuchó las risas provenientes de la oficina de Terry. Pero ella trató de ignorarlos lo más que pudo. Unos diez minutos después, sonrientes algunos de los empleados salían de la oficina, la última en salir fue una mujer rubia, que ella no conocía aún. A eso no le tuvo cuidado, lo que llamó su atención fue la tensión entre ellos. Porque él quizás ignorando que ella estaba allí, salió tras la rubia y ésta buscaba mantener una conversación con él, pero con peligrosa cercanía.

Sus miradas se encontraron y fue inevitable para ambos. Terry sonrió por el efecto del desasosiego que ella le producía, y para evitar quedar en absoluta evidencia mantuvo la conversación con Chloe.

Ambos temblaban, trataban de fingir el efecto que tenían uno sobre el otro. Pero sus miradas los delataban, se conocían, él podía leer perfectamente la expresión corporal de ella, y viceversa. Sus cuerpos gritan Te amo. Pero uno moría de miedo, y la otra era muy orgullosa para aceptar lo que sentía y expresarlo buscando un nuevo contacto.

Cuando Candy estaba finalmente en la sala de reuniones se atrevió a preguntarle a Kevin, qué sucedía esa tarde, porque tanto alboroto en el lugar y quién era esa rubia que le intrigó, o más bien, la llenó de celos.

—Es que ganamos una importante cuenta. Prácticamente se la arrebatamos a la competencia, gracias a Terrius y Chloe. Son el dúo perfecto —le explicó Kevin.

—Ya veo.

—Sí, es lo que necesitábamos para que la empresa saliera definitivamente a flote. Estamos muy lejos del cierre de la filial. Se vienen grandes cosas para esta agencia Candice, y tú vas a participar de ellas. Hay muchos proyectos en el área digital. Chloe tiene una gran visión al respecto, y ha convencido a Terrius de hacer los cambios necesarios para convertirnos también en una agencia de comunicaciones. Nos dio el empujón que necesitábamos todos.

—Pero —dijo Candy abochornada —es lo que siempre plantee.

—Sí, espera, lo que quiero decir, es que ciertamente tú viniste y nos planteaste todo el espectro de cosas que podíamos hacer como agencia de comunicaciones, y sembraste en Terrius estas ideas. Solo que Chloe logró dar el empujón que él necesitaba para convencerse.

Pero en ese punto, Candy estaba realmente furiosa. Cómo es que esa mujer había logrado que calaran sus ideas, ideas que ella había planteado a ese idiota meses antes. Así que, dejando su orgullo a un lado. Decidió escribirle un mensaje de WhatsApp. Aunque ciertamente, ella estaba mezclando los celos que había despertado esta mujer y su cercanía con Terrius, con su molestia en el plano profesional, al sentirse subestimada por él, hizo el reclamo. Mientras Kevin leía su informe, ella le escribió.

Veo que has tomado finalmente mis recomendaciones en cuenta. Aunque pasaron varios meses para ello, me alegra que mis ideas hayan sido por fin escuchadas y sean útiles para salvar tu compañía. ¡Ah no espera! me acaba de aclarar Kevin que te convenció la nueva publicista.

A él casi se le paralizó el corazón cuando vio la notificación en su celular. Y tenía tanto temor que necesitó unos minutos para leer el mensaje. Cuando lo hizo una sonora y espontánea carcajada salió de su garganta. Cortó la llamada que hacía, y se sentó en su silla. Estaba mitad cautivado, y mitad agraciado. Para él no había otro propósito en ese texto que un acercamiento.

Excúsame, pero no entiendo tu reclamo, jamás dije o pensé que tus ideas no fueran nuevas. Tienes ahora varias cuentas digitales a tu cargo, varios convenios bastante interesantes. Nunca dudé de tus consejos profesionales. Si quieres puedes venir y discutirlo.

Pulso enviar, e inmediatamente sintió que desvariaba. Qué haría si ella aceptaba ir a su oficina, cómo acabarían las cosas. Se sentía terriblemente avergonzado y vulnerable. Entonces recibió de vuelta:

Claro que iré, solo que cuando haya terminado con Kevin, que es mi verdadero jefe en esta agencia.

Era una respuesta coherente con su naturaleza, pensó. Ella era así, arrebatadoramente honesta, abierta y valiente. Y por eso le encantaba, por eso la amaba. En cambio, él era excesivamente deliberado y reflexivo, por eso se cuestionó tantas veces haberse dejado arrastrar por la pasión que ella despertó en él. Quería decirle que la extrañaba, que la deseaba incluso más y que era un tonto que escuchaba una y otra vez Thinking Out Loud, porque Ed Sheeran era su cantante favorito y la recordaba a través de él y sus cursis canciones. Pero se reprimió minutos después de que ella entrara avasallante a su oficina. No salía palabra alguna de su boca, y se dedicó a escucharla, tal como ella mejor lo sabía hacer, sin pausas para respirar. Y él solo estaba allí aterrado, más enamorado que nunca, sin encontrar la forma de pedirle perdón y besarla ahí mismo.

—Entonces no dirás nada —le preguntaba ella lanzando fuego por los ojos.

—A qué te refieres —balbuceó él.

—Todo lo que te acabo de decir... Terry me estás escuchando.

Él levantó aún más la mirada, y buscó los bellos ojos verdes encendidos de rabia de ella. Le había dicho Terry, solo ella le llamaba así.

—¿Me dijiste Terry?

—¿Qué?... ¡no! Quise decir, Terrius. ¡Señor Grandchester! …

— ¿Existe alguna forma de que me perdones? —él la interrumpió.

Y ella sintió que todas las barreras que había construido alrededor de ella y su corazón se derrumbaron con esa simple pregunta, quedó inmóvil, solo mirando como él se acercaba a ella, como un tigre acechando a su presa, viéndola fijo a los ojos, con esa mirada que la derretía en segundos. Con los labios entreabiertos en una expresión expectante y que ella deseaba locamente besar.

—¡NO! Fuiste un patán y un verdadero idiota y tengo que irme ya, tengo que ver a Patty.

Ella acopió fuerzas desde todo su cuerpo y detuvo lo que estaba a punto de suceder. Algo casi inevitable. Y se fue dejándolo un poco más que alucinado con ese beso que no ocurrió.

Candy llegó al ascensor sin mirar si él la siguió, cuando las puertas se cerraron frente a ella, y comenzó a bajar se sintió aliviada, pero también devastada, se había construido una grieta entre ambos que ella no sabía cómo allanar. Y sí, ella también lo amaba. Él había estado en sus pensamientos todo este tiempo, y no era tan valiente como para admitir que si se hubiese quedado unos minutos más en esa oficina hubiese caído rendida a sus pies.

Apenas estuvo en la calle, su teléfono timbró. Un aviso de un mensaje de WhatsApp. Era de él. Un mensaje de voz:

Candy en verdad quiero saber si no hay nada que pueda hacer para que volvamos a estar juntos. Te extraño, muero por estar contigo de nuevo. Eres la mujer más auténtica y de la única de la que me he enamorado. Fui un idiota, así como tú me dices. Al menos puedes pensar si merezco una oportunidad. No puedo creer que hice esto, pero ahí va, espero por ti.

Candy sintió un escalofrío recorriendo su cuerpo, solo con el hecho de escuchar su voz, en un tono tan calmado y dulce. Volvía hacer el Terry del que ella se enamoró y que le confesó sentirse verdaderamente amado por ella. Respiró hondo, antes de tomar una decisión de forma apresurada y contestarle presa de las emociones. Lo volvió a escuchar y sintió que se convertía en mantequilla sobre pan recién horneado, y estuvo a punto de llamarlo, pero una llamada de Patricia entro antes, y justo a tiempo para que ella no pudiera marcarle a Terrius.

Patty estaba a diez minutos del restaurante al que se habían citado para almorzar. Por lo que ella tenía la misma cantidad de tiempo para hacer lo mismo, por suerte estaba bastante cerca. Convinieron comer en el área de oficinas porque era la zona en la que Candy pasaba la mayor parte de tiempo, correteando de un lugar a otro.

Cuando las amigas se encontraron, se dieron un abrazo apretado que duró una eternidad. Tenían muchas semanas sin verse. Y como siempre lo hacía, Patricia aclaró que solo contaba con dos horas de su valioso tiempo para comer y ponerse al día.

—¿Adivina a quién vi hace una media hora? Y de quién tengo un mensaje pidiendo que volvamos —dijo Candy comenzando a leer el menú.

—Ay por Dios, ya no es novedad, Archie.

—¡Ay no! Jamás te contaría de los ruegos de Archie como si fueran una novedad, forman parte de la rutina. Además, está más tranquilo ahora que sale con esa mujer, la Anne Britton. Gracias a Dios. Es del idiota de quien te hablo. Lo acabo de ver en la agencia, después de tres meses ¿puedes creerlo? Creo que se escondía para no verme.

—¿Y qué harás? Porque mueres por él. No me digas que...

—No, estuvo a punto de pasar sí —Candy le dio un sorbo al vaso de agua que acababan de servirle —creo que, si hubiesen pasado unos minutos más, los dos a solas en su oficina, hubiese sucumbido. Pero, —Candy cerró los ojos para recordar—Dios está tan guapo, lleva sin afeitarse no sé dos o tres días, y le queda tan bien. Escucha, fue tan tierno... Candy sacó su celular del bolsillo y lo acercó al oído de Patricia.

Estaba tan absorta dándole a oír a su amiga, y hablando de él que no se percató, ni ella ni Patricia que un hombre alto, de cabellos castaños y de porte elegante que acababa de entrar al restaurante, la divisó desde la entrada y se acercó a ella.

—¡Veo que después de todo si escuchaste mi mensaje! —dijo la voz masculina.

Candy se llevó tal susto que brincó en la silla, y por los nervios su celular fue a parar al suelo.

—¡Terry! Qué haces aquí, acaso me sigues, me espías —exclamó Candy nerviosa.

—ja ja ja eso crees en serio —dijo el sardónicamente rascándose la cabeza —crees que no tengo suficiente trabajo en la agencia como para estar siguiéndote.

—¿Entonces qué haces aquí?

—Lo que hacen todos, vine a almorzar. Con Chloe la nueva publicista...

—Y me lo dices así de forma descarada —le interrumpió ella.

—También vino Kevin... ¿quieres unirte? vamos a celebrar que ganamos esa inmensa cuenta, pero saliste muy rápido de mi oficina y no dejaste que te dijera nada al respecto.

Ambos olvidaron que había una tercera persona en la mesa. Especialmente ella, que había ido a ese restaurant para almorzar con Patricia. A quien le divertía aquella "discusión del par de adolescentes enamorados".

—Hola, soy Patty —ella decidió presentarse ante la obnubilación de su amiga.

Candy reaccionó finalmente, y recordó que se encontraba en ese lugar con ella. Para pasar un rato con ella, y para ponerse al día.

—Ah sí, discúlpanos Patricia. Él es Terrius Grandchester el director de Maxwell & Parker. ¡Mi ex! —mirándolo también sardónica.

—Patricia, es un gusto conocerte finalmente, Candy siempre me habló de ti. Claro cuando aún hablaba conmigo, y no me dejabas en visto —dijo dirigiéndose a la rubia.

—El placer es mío Terrius —contestó Patty.

Candy se dio cuenta de que tanto Kevin como Chloé habían entrado al lugar, y buscaban a Terry con la mirada. Hasta que lo ubicaron con ella. Chloé no perdió tiempo y se encaminó directamente hasta ellos, sin timidez alguna, la chica se acercó a él y colocó su mano en su hombro.

—Nos espera Kevin, Terrius —dijo esbozando una media sonrisa y mirando con detenimiento a las dos amigas.

—Chloe recuerdas que te hablé de Candice, que es la autora de Enjoying NYC. Debes reunirte con ella para los nuevos proyectos, ha sido un gran aporte para la agencia, tiene ideas innovadoras, frescas y una visión muy alineada con nuestros nuevos objetivos de negocio. Ha sido realmente, maravilloso contar con ella —dijo mirando a Candy como si ella fuera la única mujer en ese lugar, con absoluta admiración.

La chica desplegó cordialidad y simpatía con Candy, invitándola además a ir por un café al día siguiente, acto seguido insistió en llevarse a Terry hasta la mesa para comenzar su almuerzo. Candy sintió como si miles de cuchillos le cortaran el corazón, solo de observar como la espléndida mujer no dejaba de coquetearle a su Terry y como no perdía oportunidad de tener contacto físico con él. Era una escena que la torturaba.