Capítulo 11
Al día siguiente en la oficina, Chloe no pudo hablar a solas con Terrius en su interés de disculparse. La asistente no le permitió el acceso al despacho, alegando que el director se encuentra en una videoconferencia importante con Londres. Después, él pidió que nadie le molestara en toda la tarde. Chloe por supuesto presentía que la actitud del inglés se debía al beso que le robó la noche anterior y se sentía abochornada. Chloe insistió en conversar con él antes de que dejará la empresa esa tarde.
—Necesito hablar con Terrius, dile que es de suma importancia —decía frustrada y muerta de rabia a la asistente.
—Señorita Miller, el señor Grandchester se retiró hace diez minutos —le aclaró la chica, esto aumentó la rabia de la rubia.
Chloe maldijo su mala suerte. Se despidió y tomó su móvil, marcó dos veces y Terry no respondió. Se había retirado temprano para ir al cine con su hija, tenía a Emma bastante abandonada, y la noche anterior le prometió ir a ver el estreno de la temporada.
Apenas, le devolvió la llamada horas después, cuando ya habían regresado al departamento. Disculpándose por no atender y preguntándole que se le ofrecía. A lo que ella, respondió con voz dulce y sensual que le gustaría tomar un café con él.
—Ahora mismo estoy en una cita, Chloe — le dijo muy serio.
Emma se puso alerta, temiendo que su padre invitará a la estirada al departamento. Estaban acomodados en la cama viendo episodios de Lazy Town, mientras comían un helado gigante de frutilla.
La publicista pensó que se trataba de una mujer y una ola de celos y rabia la invadió. Así que no se contuvo y le dijo lo que exactamente estaba pensando, de un impulso, espetó.
—De eso se trata, por eso no quisiste verme hoy en la oficina. Estás saliendo con alguien Terrius, por eso me rechazaste ayer —respondió alterada, no pudo ocultar su molestia.
—Chloe, tus reclamos no tienen ninguna validez, tuve un día muy ocupado, debo recordarte lo que te dije ayer —se alejó de Emma, saliendo de la habitación para que no escuchara—. Creo que te estás confundiendo conmigo, no quiero que te ilusiones, mucho menos que te atribuyas méritos que no te corresponden —Terry también empezaba alterarse, colocó sus dedos en el puente de su nariz para tranquilizarse— te parece si hablamos mañana, estoy con mi hija —colgó sin esperar una respuesta.
Aunque Terry le colgó, el alma le regresó al cuerpo a Chloe, la forma cortante en que él le contestó no le preocupaba tanto como el hecho de que una mujer estuviera con él en ese momento. Pero se trataba de la mocosa de su hija. Qué más daba, era un obstáculo que ella pronto allanaría, estaba convencida de eso sin temor a equivocaciones.
Terrius recordó que le había pedido a Chloe que acompañará a su hija al shopping —se dio varios golpecitos con el celular en la frente cuando lo recordó.
Bueno y también pensó que después de todo, al parecer a Emma no parecía caerle tan mal. En la cena había sido educada con Chloe, parecía que se agradaban. Con Candy, Emma había demostrado ser más hostil. Aunque, si la chica seguía emitiendo señales que su objetivo era conquistarlo, Emma podría reaccionar y atacar con todo.
Una loca idea vino de pronto a su mente. A él honestamente, no le caía mal la rubia publicista, pero definitivamente no deseaba una relación con ella, ni siquiera le gustaba. Él solo tenía ojos para una mujer y esa mujer era Candice. Tal vez, solo tal vez, si Emma lo ayudará a alejar a Chloe. Podía por alguna vez en su vida usar a su favor los celos de su hija.
Si Emma se iba con Chloe, él podría aprovechar el tiempo para intentar acercarse a Candy. Desde que ella propició el acercamiento por ese WhatsApp, reclamando y luego el café que se tomaron juntos. No habían tenido la oportunidad de conversar de nuevo.
No había dejado de buscarla. Incluso la esperó una tarde en el auto, afuera de su departamento, buscando el momento oportuno para que hablaran, de nuevo, fracasando en el intento. Estaba empeñado en reconquistarla, y desplegó con ella toda su caballerosidad inglesa. Cada mañana le enviaba un ramo de rosas blancas, con una tarjeta pidiéndole perdón, escribiendo poemas de Shakespeare: "Las heridas que no se ven son las más profundas" Te amo. TG.
Le había escrito esa mañana.
Se sentía desesperado, sobre todo porque la había visto acompañada de un hombre alto, de tez morena, cabellos castaños más oscuros que los de él. Una de esas tardes en la que fue por un café. Entró a uno de las cafeterías preferidas de ella, para hacer un break y continuar trabajando. Y en una de las mesas estaba con este hombre desconocido. Cuando se vieron apenas se saludaron con la mano, por mera cortesía.
Y ese día sería mientras Emma estuviera de compras, iría a buscarla estaba dispuesto a todo por ella.
—Emma, le pedí a Chloe que te acompañé a hacer tus compras en estos días, sé que las compras son algo serio para ti —le informó a la pequeña cuando regresó a la cama.
—¿Qué? por qué le pediste a esa estirada que haga las compras conmigo —se quejó la pequeña.
—Emma, no me gusta que te refieras a ella ni a nadie más, con esos apelativos. Dónde están tus modales, recuerda que tienes que respetar a tus mayores, a las personas que te rodean. Para Terry, fue el momento perfecto para hablar de lo sucedido con Candy meses atrás.
—Hija —tomó suficiente aire y beso la mano de la niña— lo que pasó con Candice, la otra vez —comenzó, viendo como Emma cambiaba radicalmente su semblante a uno serio— estuvo muy mal, yo tuve mucha culpa, tal vez creíste que dejaría de quererte por ella, eso jamás pasará. Siempre te he dicho que eres lo más importante para mí, nada en el mundo hará que eso cambié, y jamás permitiré que otra persona te haga daño. Pero tenemos que admitir, que fuiste muy grosera con ella.
—Ella me golpeó, me dio una bofetada, y tú ya no me hacías caso, solo te dedicabas a ella —soltó un sollozo, verla llorar le dolía en el alma.
Él la abrazo, y beso antes de continuar, no sería fácil, pero sí quería a Candy en su vida y se había prometido que la recuperaría, tendría que hacerle entender a su pequeña que Candy no era su enemiga. Emma tendría que pedirle disculpas, y él hacer lo posible para que se limaran las asperezas entre ellas. Empezar de cero. Con esa determinación se sinceró con su hija.
—La amo, Emma. Es un amor diferente al que siento por ti, tú eres mi niña y doy mi vida por verte feliz, jamás permitiré que te lastimen, pero… no es justo que actúes así, porque independientemente de que alguien no te agrade, siempre debes respetar y demostrar tu educación. Candy siempre fue amable contigo, quería ser tu amiga, no reemplazar a tu madre. Y tú nunca se lo permitiste, ni siquiera lo intentaste. — a Terry la voz le tembló.
Quizás si Emma supiera que su madre jamás la quiso, que estaba viva porque él insistió, y cuando pensó que la había aceptado, al final demostró que no la amaba lo suficiente como para quedarse con ella. Por él jamás lo sabría, pero le parecía injusto que ella le guardara un amor incondicional a alguien que no lo merecía. La abrazó más fuerte, con sus ojos húmedos prosiguió.
—Tengo derecho a ser feliz, como lo es ella —la sintió estremecerse y supo que estaba llorando, ahogando sus sollozos entre sus brazos, porque Emma era así, escondía su tristeza bajo esa coraza de niña engreída, pero él la vio muchas veces llorar con el único retrato que tenía de su madre y ella cuando era apenas una bebé —tu madre —concluyó.
Emma sabía que Charlotte se había casado unos tres años atrás, tenía un hijo, le dolía sobremanera que jamás propició un acercamiento con ella. Pero en ese momento, ella tampoco deseaba ni verla ni conocer a ese hermano. Aunque le dolía la indiferencia de su madre. Con su padre se sentía segura y muy amada.
—Quiero recuperar a Candy. —continuó diciendo él —ella no me perdona, sabes, me porté muy mal, fui un patán cuando ella fue a disculparse por lo que te hizo. Sabes, fue hasta mi oficina al día siguiente, y me dijo que lo lamentaba. Aunque le creí, dejé que se fuera, y te antepuse ante ella. Ahora sé que cometí un error, que cada una ocupa un lugar distinto en mi corazón.
—Pero es mala, ella engañó a su esposo…
—No vuelvas a repetir eso jamás, Emma. Las cosas no fueron así, yo sé la verdad de esa historia, el fin de ese matrimonio no fue por ninguna infidelidad, pero sí hubiese sido así, es pasado, yo he cometido muchos errores —ella lo negó y él afirmó con su cabeza —no soy un santo hija, nadie lo es. Si Candy me perdona, quiero que la respetes, que le des su lugar cómo la mujer que amo. Que entiendas que por nada ni nadie voy a dejar de amarte. Te pido que me dejes ser feliz con ella, tú también lo serás si dejas de estar a la defensiva. Ganarías a dos amigas. A Candy, y a Rose.
Emma, podía sentir el dolor en las palabras de su padre.
—Papá, pero, y si quieres a la mamá de Rose, ¿por qué sales con Chloe?
—No salgo con ella. Es una compañera de trabajo, nada más.
Emma no quería a Candy de vuelta, pero tampoco a Chloe. Sin embargo, ver a su padre en ese estado, la hacía sentir mal, se sentía mala y despiadada, con su propio padre, a quien ella adoraba. Jamás lo había visto llorar por nadie, pero en estos meses, Terry había llorado, lo escuchó en su habitación muchas noches, lo vio tomando y fumando más a menudo y siempre andaba triste o de mal humor, hasta ahora es que él regresaba a su estado de ánimo habitual y no era por Chloe, de eso estaba segura. Era por Candice, por la esperanza que embargaba en volver con ella.
El día que habían acordado Chloe y Terrius para la salida al centro comercial por fin llegó.
—Qué bonita te ves hoy, mi niña —saludó la rubia con una radiante sonrisa a la pequeña inglesa.
Chloe estaba feliz, Terry fue muy amable con ella al dejarla ir de compras, a pesar de estar más distante con ellas los últimos días. Tendría que ganarse a la mocosa si quería el amor de ese hombre.
Claro que Terry le dejó claro que no malinterpretara las cosas, que las compras con Emma, no significaba más allá. Su relación continuaría siendo estrictamente profesional para evitar confusiones.
Pero la rubia seguía con sus planes intactos, y pensaba que ya encontraría una manera de convencerlo de lo contrario, por el momento se ganaría a la niña, ella era su pase a la cama de su jefe.
Emma la observó de pies a cabeza, se veía cansada, la noche anterior. Y la razón era que Chloe en verdad trabajaba mucho, la noche anterior se quedó en la oficina hasta muy tarde, por decisión propia, quería méritos por su trabajo y para ello era indispensable estar un paso adelante de los demás. Olvidando por completo que al día siguiente había quedado con Terry que llevaría a Emma de compras.
Fue ese mismo día que muy temprano el inglés le pidió que fuera a su oficina. Ella auto engañada, estaba segura de que él estaba arrepentido de haber sido cortante con ella y que le diría que se retractaba de lo dicho por teléfono, que sí le interesaba una relación con ella.
—Te ves muy cansada —le dijo secamente Emma.
La sonrisa se le borró por el comentario mordaz de la niña. Ya había notado su arrogancia y como manipulaba a su padre, la estudió el día de la cena y una tarde que Terrius la llevó a la empresa. Era caprichosa, le gustaba hacer de las suyas y con una simple sonrisa lograba que su padre se doblegará ante ella.
—Soy una mujer trabajadora y empoderada cariño. Siempre me ha gustado ganar mi propio dinero, pero para lograrlo me tengo que esforzar. Dormir largas horas no me dará lo que quiero. Eres muy pequeña para saber de esas cosas. Aunque presiento que algún día serás como yo, lo veo en tus ojos, somos iguales cariño.
—Lo dudo —respondió con gesto de repugnancia Emma.
Se dispusieron finalmente a iniciar las compras. Chloe la llevó a las mejores tiendas de ropa, hizo que se probara infinidad de vestidos. Y ninguno convenció a la engreída niña. Emma los rechazó todos, eran hermosos, pero no le daría el gusto a la estirada, entonces eligió otros estilos que la rubia desaprobó de inmediato. Lo que molestó a la inglesa. Chloe estaba cansada, le dolían los pies de tanto caminar, recorrieron las mejores tiendas de Nueva York. Emma parecía disfrutar verla sufrir.
—Por qué te empeñas en querer llevarte esa ropa, tu padre se enojará conmigo si te ve vestida así —esta vez Chloe ignoró a la pequeña diablilla que Grandchester tenía por hija.
Señorita —llamó a una empleada de la tienda— llevaremos estos vestidos, los tres pares de botas, los abrigos y estos pantalones. Los gorros, la bufanda color burdeos y también los guantes —indicó.
—No voy a llevar esas cosas, no me gustan en absoluto—protestó Emma—. Llamaré a mi padre.
Mientras ellas estaban en dimes y diretes en las tiendas, y en los pasillos del centro comercial, Terry tenía una conversación con su madre. Hablaron de todo un poco, cuando Eleanor preguntó por su nieta. Terry le contó sobre lo que estaba haciendo la pequeña en ese momento, por qué y con quien.
—¡Terrius! me estás diciendo qué usaste a Emma para alejar a esa mujer, eso es lo que me dices —exclamó la voz tras el teléfono.
—Es que mamá naturalmente ella las ahuyenta a todas, las que me gustan, las que no tanto, así que solo digamos que hice una travesura. No me gusta Chloe, es invasiva y se me insinúa demasiado, no es mi tipo de mujer, pero por otro lado es inteligente y una excelente colaboradora para la agencia, me ayudó a ganar la cuenta que tanto necesitábamos para salir a flote finalmente, y estamos a punto de cerrar otro importante negocio. Además, no es para tanto, Emma es de armas tomar. Una tarde con ella, y esta mujer no se volverá a insinuar nunca más — explicaba Terrius riendo —Mamá debo colgar. Llegué al lugar a donde me dirigía, adiós te amo.
Había llegado al edificio de Candy. Se miró en el espejo retrovisor y pasó su mano por el cabello. Tomó el regalo que le traía y descendió del auto, con dos zancadas subió las escaleras hasta el intercomunicador y pisó el botón del departamento de ella.
—Hola —se escuchó la voz de Rose a través del aparato.
—Hola, soy Terrius Grandchester, vengo a ver a tu mamá cariño.
—…
Terrius se quedó abochornado mirando de un lado a otro, esperando una señal, que la voz de Candy finalmente saliera desde el aparato gris y negro de muchos botones con números. Contrario a lo que esperaba, la voz que lo sacó de su ensimismamiento, fue la de Archibald Cornwell.
—Vaya Grandchester, usted por acá de nuevo.
Terry dio unos pasos atrás, levantó las manos en señal de rendición, y le aclaró de inmediato que no quería problemas con él. En cuestión de segundos aparecieron Candy y Rose por el vestíbulo, apresuradas llegaron hasta la entrada. Archie, al verlas aprovechó para aclararle a Terry que solo estaba allí porque se llevaría a Rose con él esa tarde. Mientras la pequeña se despedía de su madre, y los tres conversaron brevemente, Terrius se apartó lo suficiente y encendió un cigarrillo, se sentía nervioso por ver a Candy de nuevo, después de varios días y varios rechazos. Cuando Archie puso en marcha su auto, fue ella la que se acercó a él.
—Hola —dijo ella lacónica.
—Hola, podemos hablar —le preguntó él, apagando el cigarrillo con el zapato.
—Ya estás aquí, subamos.
Guardaron silencio en el ascensor hasta que entraron al departamento de Candy. Apenas ella cerró la puerta tras él, le ofreció algo de beber, quizás un té, le preguntó ella, y él asintió. Una fragancia deliciosa invadía toda la sala. Su memoria sensitiva los llevó a esa primera noche en que la visitó e hicieron el amor, era la misma esencia. Percibió como su piel se puso de gallina, se quitó el abrigo porque comenzó también a sentir una corriente de calor.
Ella también estaba nerviosa, en la cocina era torpe y tropezaba con cualquier cosa, no podía concentrarse en lo que hacía. Una simple operación esperar a que el agua hirviera y colocarla en las tazas con las bolsas de té y algo de azúcar. No había dificultad en ello, pero ella era invadida por la agitación que le provocaba tener a Terry en la sala de su casa.
Cuando todo estuvo listo, caminó hasta la sala, con la charola tambaleando, y se sentó en el sofá, colocando la charola en la mesa de centro, le entregó la taza a Terry y ella sorbio de la suya casi inmediatamente para aplacar sus nervios. Él dio dos sorbos antes de hablar, buscando el mismo efecto.
—Te traje esto —le extendió el pequeño paquete envuelto que trajo.
Ella sonrió y preguntó de qué se trataba.
—Verás —comenzó él a explicar— sabes que soy un poco anticuado. Envió flores a la chica que me gusta...
Candy soltó una carcajada... y el continúo.
—Y me gustan los LP, ya sabes has visto la colección que comencé aquí. El otro día fui por unos discos, y hay una sesión de CD´s y vi este y no pude evitar comprarlo porque te… recordé. Ábrelo.
Ella lo tomó, y rasgó el papel. Lo dejó sobre sus rodillas y se llevó las manos a la boca y la nariz en forma de rezo, y luego sobre la boca. Volvió a tomarlo y le retiró el plástico protector. Era el álbum Divide de Ed Sheeran.
—Sé que tienes como escucharlo, te parece si pones una canción. Es el tema número cinco —le dijo con ternura.
Candy se levantó y fue hasta su equipo reproductor, y lo colocó... I found a love for me... comenzó a sonar Perfect. Él se levantó y le ofreció su mano, la estaba invitando a bailar, ella sujetó la delicada mano de Terry y se acercó a él, y a medida que sonaba la melodía ella se acurruco en el pecho de él, tan cerca que pudo escuchar su corazón desbocado, tan desbocado como el de ella, y percibió que también cantaba, casi imperceptiblemente, le cantaba aquella hermosa canción. Él apenas podía respirar y, aun así, susurró.
—Lo quiero decir, es que tú eres perfecta Candice, y te amo, por favor dame una oportunidad.
—¡Terry! —musitó ella.
—No digas nada ahora si no quieres. Solo me basta con tenerte así.
—¡Terry! —volvió solo a decir ella.
La besó, no podía resistirlo más, un beso dulce y cálido, largo, abrazándose con fuerza, uno fundido en el otro. Ella se abandonó a él. Nunca nadie había sido tan romántico. Luchaba entre perderlo y no darse esa oportunidad que él le pedía, o dejárselo a la mujer orbitando a su alrededor ansiosa por arrebatarle a ese hermoso hombre que era Terrius Grandchester.
