Capítulo 1: Celebración Después de la Aventura
La batalla final de Donkey Kong Country, aquella en la que Donkey Kong junto con su sobrino, Diddy Kong, se enfrentaron contra el malvado rey de los kremlings llamado K. Rool, quien había robado la preciada reserva de bananas, aquella fuente de potasio y de alimentación para los habitantes de la Isla DK.
…los que hayan jugado Donkey Kong Country ya conocerán esa historia.
En esta ocasión, veremos otra… historia.
Isla DK, una isla por ahora pacífica, donde vivían algunas especies de animales, en especial, varios primates conocidos también como los kongs. A su vez, dentro de esta especie, había una familia en particular… Esta familia era muy unida; no todos eran familia de sangre, pero su amistad demostraba como si lo fueran:
Cranky, un anciano cascarrabias; Wrinkly, la esposa de Cranky; Funky, un enérgico gorila surfista y piloto; Candy, una gorila femenina; Lanky, un carismático orangután; Swanky, un gorila lleno de lujos; y no podemos olvidar al famoso Donkey Kong, el gran héroe y futuro gobernante de la isla; y, por último pero no menos importante, a Diddy Kong, un pequeño mono araña, sobrino y compañero de aventuras de Donkey.
Días después de aquella mencionada batalla, estaban reunidos algunos de los integrantes de esta familia kong, frente a la casa de Donkey Kong. Todos les agradecían a Donkey y a su sobrino Diddy por haber rescatado dicha reserva de plátanos de las reptiles garras del rey K. Rool.
—Qué agradable es tener nuestra preciosa reserva de vuelta —dijo Cranky mientras terminaba de cerrar la cueva donde se almacenaba dicha reserva.
—Los dos sí que son unos héroes, ya tenemos nuestra reserva de vuelta ¡gracias a ustedes! —exclamó Funky con emoción hacia Donkey y Diddy—. ¡Son los mejores!
—Gracias, Funky —respondió Donkey sonriéndoles—. Sabes que siempre queremos el bien para todos.
—Y como agradecimiento, ¡les haremos una fiesta! —agregó Funky saltando de la emoción.
A esta familia Kong siempre le gustaba celebrar por cualquier motivo, por más pequeño o más grande que sea.
—¡Oh, no, no, no! —exclamó Cranky mostrándose contradictorio—. ¡Nadie hará ninguna otra fiesta! ¡No después de lo que pasó en la última!
Bueno, a diferencia del kong más anciano con barbas blancas y bastón, quien era el abuelo de Donkey, y que solo necesitaba tranquilidad y le gustaba comparar sus viejos tiempos con los actuales. Pero aun así, él debía tolerar las fiestas, ya que la mayoría de kongs eran mucho más jóvenes y relajados que él.
—¡Relájate, abuelo! —le dijo Donkey con unas pequeñas risas—. Te enojaste aquella vez solo porque Diddy tomó tu postre de bananas por equivocación mientras jugábamos a guerra de postres. Si no quieres otra fiesta, no vayas y listo.
—¡Ahora resulta que me quieres excluir! —refunfuñó Cranky levantando su bastón, a punto de darle un bastonazo a Donkey.
—Pero si acabas de decir que no quieres fiesta, entonces simplemente no vas —replicó Donkey—. ¿Por qué no puedes dejar de ser tan idiota y amargado?
—¿Me llamaste idiota? —dijo Cranky lanzándole una mirada amenazante a Donkey, antes de alzar la voz con furia—. ¡¿ME LLAMASTE IDIOTA?!
—¡Ay, no, no, lo siento, no quería decirte así, Cranky! —exclamó Donkey mostrándose algo arrepentido—. ¡ESPERA!… ¡NOOOOO! —gritó antes de huir, al ver que Cranky lo perseguía para darle un par de bastonazos… y así fue. De hecho, este tipo de situación solía ser frecuente entre Cranky y su querido nieto Donkey.
Había llegado el día de la fiesta que Funky había planificado y, en horas del atardecer, estaban Donkey y Diddy en su casa arreglándose para asistir. Ambos kongs vivían en una casa de árbol, donde debajo de esta, se encontraba la cueva que contenía toda la reserva de bananas. Donkey había cuidado de Diddy casi todo lo que llevaba de vida como si fuera un hijo, ya que los padres de éste habían sido víctimas de una guerra cuando él era un niño muy pequeño. Él parecía ser un padre para su sobrino, aunque su relación era más como de hermanos. Diddy admiraba muchísimo a Donkey y algún día esperaba ser todo un héroe como él.
Donkey, por lo general, vestía solo de una corbata roja con sus iniciales; mientras que Diddy cargaba una playera roja y una gorra del mismo color, aunque luego de su última aventura, había cambiado su playera roja básica por una del mismo modelo con estrellas amarillas estampadas.
—Ese Cranky reniega por todo, se enoja por todo, todo le molesta y todo le parece mal —se quejó Donkey mientras se arreglaba su peinado.
—Solo ignóralo y deja que se enoje él solo, así hago yo cuando me contradice —respondió Diddy encogiéndose de hombros mientras se alistaba frente al espejo—. Ah, y no le contestes de mala forma porque ya sabes, te ganarás unos buenos bastonazos.
—Aunque le diga que es el mejor abuelo del mundo, igual me dará sus bastonazos —replicó Donkey torciendo los ojos—. Oye, amigo, ¿con cuál corbata me voy? —preguntó luego de un rato mientras revisaba su armario.
—Pero si todas tus corbatas son iguales, Donkey —respondió Diddy colocando sus manos a los costados y emitiendo unas pequeñas risas.
—No, porque para esta ocasión debe ser una corbata formal —respondió mientras sacaba una corbata de otro estilo—. Esta no se ve mal —agregó sonriendo—. Bien, ¿tú ya estás listo, pequeño amigo?
—¡Más que listo! —respondió Diddy con emoción.
Al terminar de arreglarse, ambos salieron de la casa y se dirigieron hacia el sitio de la jungla donde se celebraría la fiesta. Los dos debían verse presentables, ya que eran las estrellas de la fiesta. Esta vez, sus prendas de vestir tenían un estilo de elegancia y, como es de suponerse, estaban emocionados por dicha celebración.
Al llegar a la fiesta, se encontraron con los demás kongs, quienes los estuvieron esperando. El lugar era despejado y bastante amplio: en el centro del mismo, estaban las sillas y mesas para los invitados, y al frente había un alto escenario lleno de luces. Todo el ambiente tenía un aspecto agradable, y ya se veían bastantes invitados presentes allí.
—¡Hola! Ya era hora de que llegaran, hermanos —les dijo Funky recibiéndolos a Donkey y a Diddy, estrechándoles la mano a cada uno.
—¡Hola, Funky, qué tal! —respondieron Donkey y Diddy de la misma forma.
—¡Esto estará de lujo! —señaló Funky hacia la fiesta—. Tenemos muchos invitados.
—¡¿En serio?! —preguntó Donkey observando de lejos a todo el ambiente—. Suena todo genial.
—Y lo va a ser —agregó Funky con emoción—. Tendremos juegos y mucha comida también, eso sí.
—Oye, esto estará por verse, suena de lujo —respondió Donkey de la misma forma—. ¿Y a quiénes invitaron, por cierto?
—Pues a todos los kongs que conocemos. Obviamente a nuestra familia y nuestros amigos más cercanos, de ahí también a unos buenos conocidos de cada uno de nosotros. Ah, sí, incluimos también a tus compañeros y a tus amiguitos de la escuela, Diddy.
—¡¿Q-qué?! —exclamó Diddy… cambiando su cara de emoción de una forma repentina—. Eh, es decir… ¿a todos mis compañeros?
—¡Exactamente! —respondió Funky asintiendo. Pero de pronto, cambió su cara al notar cierta expresión extraña en Diddy—. ¿Qué? ¿No los podían invitar? Es decir, Wrinkly dijo que los invitara también y les pasó la invitación a todos.
—Ahh, bueno… Sí… sí, claro, no hay problema con que los hayan invitado —respondió Diddy mostrando una aparente sonrisa forzada y rascándose la cabeza.
—¿Pasa algo, pequeño amigo? —le preguntó Donkey frunciendo el ceño al notar tal expresión en su sobrino.
—Eh, no… No es nada —respondió Diddy manteniendo la sonrisa—. Es solo que… Ah, solo me sorprendió que los hayan invitado, es todo.
—Y mira, allá están tus amigos —señaló Donkey a la distancia a un grupo de niños kongs—. ¿Por qué no vas a saludarlos?
—Bueno… puede ser ya mismo… O mejor voy a ver qué está haciendo Lanky —respondió Diddy y, sin pensarlo más, se retiró de la conversación como si nada.
—De acuerdo, amiguito —dijo Donkey, con cierta mirada de extrañeza hacia Diddy por su reacción inesperada.
—¡Eh, es Donkey Kong!
De pronto, fueron apareciendo más kongs para saludar y admirar a Donkey como el gran héroe de la Isla DK. Aquello ya era de esperarse.
—¡Donkey Kong!
—¡Donkey! ¿Me das tu autógrafo?
—Oh, está bien, está bien —les dijo Donkey sonriéndoles y calmando al grupo de simios—. Uno por uno, ¿de acuerdo?
Donkey empezó a saludar y atender los pedidos de cada uno de los kongs que habían llegado a verlo, para lo cual debía ser algo paciente, aunque tampoco se le hacía tan complicado.
Segundos después, apareció una chica gorila: Candy Kong, la bella novia de Donkey, quien tenía el cabello rubio y llevaba puesto un vestido de fiesta color rosado para la ocasión.
—¡Donkey! Ya llegaste —le dijo ella saludándolo con alegría.
—¡Candy! —corrió Donkey a abrazarla de manera amorosa.
—Oh, Donkey, ya estaba esperándote —agregó ella mostrándose emocionada—. Me tienes que contar bien cómo fue tu aventura.
—Pues hay mucho que contar, mi querida Candy —le respondió Donkey sonriéndole… Pero de repente, su sonrisa se iba borrando cuando alcanzó a ver a Diddy a lo lejos: él estaba caminando… algo asustado y mirando todo a su alrededor; nada a comparación a como se lo veía cuando recién habían llegado a la fiesta.
—¿Sucede algo, cariño? —le preguntó Candy al verle la expresión cambiada.
—No… Bueno, es solo… Diddy —dijo Donkey mostrándose con preocupación—. Lo veo algo extraño.
—¿Extraño? Tal vez es solo la aventura que lo ha dejado muy agotado, cielo.
—No, no lo creo. Es que justo ahora se puso así… —agregó él, pero luego trató de seguir calmado—. Eh, bueno, quizás sí esté cansado. Y bien, Candy… vamos a la fiesta —finalizó con una sonrisa hacia ella.
Más tarde, la fiesta empezó y todos se veían alegres y entusiasmados. Toda la familia Kong y demás simios estaban allí presentes, listos para poder recibir al dúo de héroes que había rescatado la reserva de plátanos. Se esperaba que esa noche fuera de lo más divertida.
Pero por otro lado, estaba Diddy caminando en solitario por un rincón… De hecho, se lo veía con cierta preocupación, e incluso como si estuviera temeroso. Como había mencionado Funky, los compañeros de clase de él también estaban allí como invitados. Podría creerse que Diddy estaría emocionado por eso, pero por desgracia… era lo contrario. A Diddy se le estaba esfumando el ánimo debido a la presencia de aquellos compañeros, más bien… por un grupo de cuatro niños kongs en específico, a quienes él no quería ver en absoluto.
Por otro lado, Lanky, el orangután primo lejano de Donkey, con nariz roja y overol celeste, estaba preparando todo para servir la comida a los invitados de mesa en mesa. En ese entonces, llegó Diddy por sorpresa para hablarle.
—Hola, Lanky —lo saludó Diddy.
—Oh, ¿qué tal, Diddy? —le respondió el orangután sonriéndole.
—¿Puedo ayudarte en algo? —le preguntó Diddy con amabilidad.
—Claro, ¿por qué no, pequeñín? —respondió Lanky alegre—. Toma, ayúdame sirviendo las bebidas —agregó entregándole una bandeja con las bebidas, la cual Diddy tomó sin problemas, antes de dirigirse hacia la zona de invitados.
Diddy llegó hasta las mesas donde estaban los invitados. Empezó a repartirles las bebidas de entrada a todos, mientras que estos lo saludaban con alegría como el segundo héroe de la isla, y él les devolvía el mismo gesto. Diddy siempre se sentía halagado cuando lo reconocían como tal.
De repente, mientras Diddy se dirigía a una de las mesas, y sin que él se diera cuenta... alguien le lanzó una pelota con la cual tropezó y se cayó junto con las bebidas, derramando un poco sobre los invitados que estaban cerca. Todos se voltearon a verlo de inmediato, y él se avergonzó bastante ante tal suceso brusco que lo tomó por sorpresa.
—¡Ay, no! ¡Lo siento mucho! —se disculpó Diddy con los invitados a los que les derramó las bebidas encima, recibiendo miradas algo incómodas por parte de ellos.
De pronto, Diddy escuchó unas risas burlescas y, posteriormente, alcanzó a ver de reojo quiénes fueron los que le habían lanzado esa pelota… Eran nada más y nada menos que aquellos compañeros de su clase, quienes se reían entre ellos de él mientras permanecían ocultos tras unos arbustos.
"Ay, no, son esos estúpidos" dijo Diddy en su mente muy molesto.
—¡Oh, no, Diddy, ¿pero qué hiciste?! —exclamó Lanky llegando impactado ante el suceso.
—¡Fue un accidente, lo siento! —se apresuró a exclamar Diddy.
—Oh, no —interrumpió Lanky mostrándose algo escandalizado—. Si vas a hacer algo, debes hacerlo con mucho cuidado, Diddy.
—Pero es que…
—No, no te preocupes, lo haré yo —interrumpió recogiendo de nuevo la bandeja con los vasos caídos.
Diddy solo torció los ojos y suspiró de mala gana, pues ahora tendría que estar pendiente por si sus cuatro compañeros de la escuela llegaran a molestarlo más. Incluso pasó cerca del arbusto donde ellos estaban escondidos mientras les lanzaba una mirada fulminante, y estos le devolvían gestos de burla. Se trataba de un grupo de cuatro niños de su misma edad, quienes vivían en otra isla cercana a la Isla DK. El grupo estaba conformado por un mandril, un orangután, un langur jaspeado y un mono capuchino. Ellos eran los "amigos" de Diddy… "amigos" entre comillas porque en realidad no se llevaban nada bien con él. De hecho, solían ser sus amigos, pero debido a ciertos conflictos y diferencias dejaron de serlo. En la actualidad, a aquellos niños solo les gustaba hacerle la vida imposible a Diddy en la escuela. ¿Y su maestra? Pues era nada más y nada menos que Wrinkly Kong, pero Diddy nunca se atrevía a reportar a esos niños simios, ya que estos lo tenían amenazado si los acusaba… Por lo tanto, no eran amigos de Diddy como algunos creían.
Reincorporándose un poco las cosas, llegó Funky a avisarle a Diddy que le tocaba dar el discurso de bienvenida.
—¡Eh, hermano!, te estaba buscando —le dijo Funky—. Ya vamos a empezar con el programa.
—¿Y yo también tengo que hablar? —preguntó Diddy confundido.
—Claro que sí, tú también estuviste en la aventura. ¡Ven, vamos rápido!
Minutos después, Swanky Kong, aquel gorila que siempre portaba anillos de oro y ropas elegantes, y que siempre era el presentador en los eventos, subió al escenario para proceder a dar la bienvenida.
—Buenas noches, queridos invitados presentes en esta noche —dijo Swanky por el micrófono, captando la atención del público—. Como ustedes ya saben, esta es una celebración de agradecimiento a nuestros distinguidos Donkey Kong y Diddy Kong, ya que ellos lucharon contra ese malvado rey K. Rool para poder recuperar nuestra sagrada reserva de bananas. Y bueno, a continuación presentamos a nuestros queridos héroes. ¡Aplausos por favor!
Donkey y Diddy subieron al escenario para dar unas palabras, mientras el público aplaudía y les lanzaban palabras de admiración. Luego, Swanky les cedió el micrófono a ambos, siendo Donkey el primero en tomarlo.
—Muy buenas noches, hermanos de la Isla DK —comenzó a hablar Donkey por el micrófono, sonriéndole a la multitud—. Es un honor que ustedes hayan asistido esta noche a esta celebración. Esa lagartija de K. Rool intentó apoderarse de nuestra reserva de bananas… ¡Pero no lo consiguió! ¿Y saben por qué? Porque para nosotros, los Kong, nada es imposible, así que con la ayuda de mi pequeño amigo, fuimos al rescate y le dimos a ese tonto reptil la paliza que se merecía. Y bien, aquí estamos sin más preocupaciones. ¡Que disfruten de esta noche!
Después de eso, Diddy tomó el micrófono y se dirigió al público a dar otras palabras también.
—Bienvenidos todos a esta celebración —comenzó a hablar Diddy—. Es un gran honor…
De repente, el micrófono se apagó y se cortó la electricidad, volviendo a regresar en pocos segundos.
—Oh, disculpen —dijo Diddy riéndose un poco cuando el micrófono se volvió a encender—. Y como les estaba diciendo…
En ese entonces, la voz de Diddy se comenzó a escuchar muy aguda por micrófono, y se cambiaba como si le estuvieran poniendo efectos especiales… y es que detrás del escenario, se habían infiltrado los cuatro "amigos" de él y habían comenzado a manipular los aparatos en donde estaba conectado el micrófono. Todo el público se comenzó a reír y murmurar, a excepción de Donkey y Swanky que trataban de mantenerse serios. Diddy se avergonzó y ya no quiso hablar más, así que tan solo le devolvió el micrófono a Swanky.
—Ehh, parece que tuvimos una falla técnica —excusó Swanky tomando de nuevo el micrófono, antes de volver a ofrecérselo a Diddy—. ¿Quieres hablar de nuevo, Diddy?
Diddy, sin decir nada, solo negó con la cabeza muy avergonzado y, al mismo tiempo, sospechando de quiénes había provenido esa trampa de mal gusto.
—Oh, bueno —continuó Swanky recuperando la postura—. Entonces… a continuación, ¡nuestros héroes darán un show con sus divertidas acrobacias!
Posterior a eso, Donkey y Diddy empezaron a dar un espectáculo con sus más destacadas acrobacias que sabían hacer. Ambos estaban bien sincronizados, ya que habían ensayado mucho. Donkey levantaba objetos pesados, caminaba con las manos y rodaba sobre barriles, mientras que Diddy se balanceaba en lianas, realizaba impresionantes saltos y hacía malabares con cocos. El público quedaba asombrado con el show.
Pero al momento en que Diddy hacía los malabares, aparecieron varias canicas rodando cerca de él en el piso del escenario, las cuales hicieron que él se tropezara y, accidentalmente, lanzara los cocos hacia una de las luces altas.
—¡Ay, no! —exclamó Diddy cuando, debido al impacto, las luces comenzaron a caer e hicieron que el escenario tuviera ciertos tambaleos.
De pronto, debido a los corto circuitos que se estaban generando, el escenario empezó a prenderse en fuego, y el público comenzó a alarmarse y a correr desesperados. Segundos después, el escenario se iba derrumbando poco a poco hasta caer por completo al suelo. Por fortuna, los kongs que estaban sobre este, habían logrado bajar a tiempo.
—¡Mantengan la calma todos! —gritó Funky a todos los presentes, mientras corría por algo de agua.
Afortunadamente, Funky, Donkey y otros kongs más, alcanzaron a tomar barriles llenos de agua y pudieron controlar el fuego, lanzándolos sobre las llamas.
—¡Todos tranquilos, ya pasó! —exclamó Swanky tratando de calmar a los demás.
Diddy estaba cerca del escenario todo asustado… hasta que pudo ver a lo lejos a sus compañeros de clase riéndose de lo ocurrido, y observó que ellos llevaban en sus manos varias canicas… ¡las cuales eran las mismas que había visto en el escenario!
Diddy, enojado y avergonzado de lo sucedido, refunfuñó de forma disimulada y se retiró corriendo del lugar al poco tiempo.
—¡Espera, amiguito! —exclamó Donkey, pero Diddy ya iba muy lejos.
—¡Eh! ¡Diddy, no te vayas! ¡Solo fue un accidente! —gritó Funky—. ¡Vuelve aquí!
—Cielos, ¿pero qué fue lo que ocurrió? —preguntó Cranky con las manos en los costados—. ¿Por qué este desastre?
—Tiene que haber sido un accidente —replicó Donkey con seriedad—. Diddy tuvo que haber hecho un mal movimiento… Pero él normalmente se disculparía, ¿por qué habrá huido?
—Oye, Donkey, ¿no crees que le esté pasando algo a Diddy? —especuló Lanky con preocupación.
—Es cierto, él no es así —agregó Swanky de la misma forma—. Ni siquiera en su propia celebración.
—No lo sé, la verdad yo también lo he visto muy raro últimamente. A lo mejor se puso nervioso —respondió Donkey cruzado de brazos—. Lo he visto así… desde que regresó a la escuela, de hecho.
—Bueno, yo no he visto que él ande mal en la escuela —comentó Wrinkly, la anciana Kong, quien era su maestra—. Él tiene buenas calificaciones, es muy inteligente y se lleva bien con sus amiguitos… Bueno, solo ahora último se le olvida su tarea en ciertos días.
—¡Esperen! —interrumpió Funky mostrándose serio— Ahora que dicen eso… acabo de recordar que Diddy puso una cara extraña cuando le dije… que sus amigos de la escuela también estaban aquí.
—Oye, eso es cierto —respondió Donkey de la misma forma—. Pensé que era el único que lo había notado… Es que no es por nada, pero… a veces tengo cierto mal presentimiento —afirmó frunciendo el ceño—. Wrinkly, ¿Diddy se lleva bien con sus amiguitos?
—Él siempre se ha llevado bien con ellos, son su grupo de amigos —respondió Wrinkly con brazos cruzados—. De hecho, casi siempre que yo llego los encuentro tan felices a ellos jugando.
—Donkey, ¿o por qué no hablas con Diddy? —le propuso Candy mostrándose preocupada también—. A lo mejor se ha peleado con sus amigos o algo así, o la aventura lo ha de haber afectado en algo.
Donkey tan solo suspiró mientras pensaba qué hacer al respecto sobre lo ocurrido.
Donkey corrió de inmediato a su casa para ir a ver a Diddy y poder arreglar el asunto. Diddy solía disculparse por algún accidente como el que acababa de suceder, pero esta vez, él solo se había retirado sin más.
—¡Diddy! —gritaba Donkey mientras iba llegando a la casa.
Donkey trepó las escaleras e ingresó a la casa. Continuó llamándolo, pero Diddy no respondía.
—Diddy, ¿podemos hablar?
En ese entonces, fue hasta la habitación de Diddy, pero esta se hallaba con la puerta asegurada.
—Oh, vamos, Diddy, solo fue un accidente, no es tu culpa —pero Donkey no recibía respuesta alguna, por lo que decidió entrar por la ventana de la habitación de Diddy—. ¡Diddy, sal de donde quiera que estés!
Donkey comenzó a inspeccionar la habitación por todas partes. Le tomó un minuto hasta que por fin encontró a su sobrino debajo de la cama.
—¡Ajá! Ahí estás.
Diddy, con las piernas recogidas y envueltas con sus brazos, solo se limitó a mirar a Donkey, y luego volvió a bajar la mirada.
—Oh, vamos, amigo. No tienes por qué estar así.
Diddy siguió sin decir nada, como si no hubiera escuchado a Donkey. En ese instante, Donkey le tomó del brazo y lo sacó a la fuerza hacia afuera de la cama.
—¡Oye! —exclamó Diddy antes de ser arrastrado hacia afuera por Donkey.
—¡¿Qué te sucedió, Diddy?! —le preguntó Donkey, aún sin recibir respuesta de Diddy—. Oh, está bien, pequeño amigo, fue un accidente —agregó dándole palmadas en el hombro.
—L-lo siento mucho, no quise arruinar la fiesta —respondió Diddy bajando la mirada y frotándose un brazo.
—Tranquilo, el escenario se arregla y la fiesta aún va a continuar, ¿por qué no regresamos?
Diddy, sin decir nada más, solo asintió con la cabeza. Luego, siguió a Donkey hasta la puerta de la casa.
—Ehh, no… Yo mejor me quedo —dijo Diddy deteniéndose, y con un tono temeroso.
—¿Qué? Vamos, no pasa nada —lo animó Donkey—. Todo continuará con normalidad.
—¡No, Donkey! No quiero estar ahí —replicó Diddy con una mirada como si estuviera suplicando piedad.
—¿Qué dices, Diddy? Si esta fiesta la hicieron para nosotros.
—Ya lo sé pero… ¡No, no quiero ir, y punto! —exclamó dándose la vuelta.
Donkey hizo una mirada de extrañeza ante esa actitud de Diddy. Presentía que algo no andaba bien con su sobrino, ya que a él le solían emocionar bastante las fiestas, y le resultaba muy extraño que esta vez actuara de esa manera, mucho más si se trataba de su fiesta de celebración como héroes.
—¡¿Qué estás diciendo, Diddy?! —exclamó Donkey impactado—. ¿Cómo que no quieres estar en nuestra celebración?
—¡Solo no quiero! —replicó Diddy empezando a caminar hacia su habitación, antes de que Donkey lo tomara de un brazo.
—¡Oye, pero si es nuestra celebración! —replicó Donkey.
—¡No quiero ir, y punto! —exclamó Diddy soltándose de un solo.
—¿Qué ocurre contigo? —le preguntó Donkey mirándolo con extrañeza y volviendo a sujetarlo del brazo—. Te he notado muy extraño.
—¿Por qué lo dices? No me pasa nada, Donkey.
Aun así, Diddy no quería dar muchas explicaciones de por qué desistía en regresar a la fiesta.
—¿Seguro? —preguntó Donkey con cierta duda.
—Segurísimo —respondió con algo de preocupación y apartando su brazo.
—Esa cara no me convence —dijo Donkey con las manos a los costados—. Sé que algo pasa y no me quieres decir.
—¿A qué te refieres?
—Pues te veo muy raro, andas como asustado y queriendo huir de todo... Incluso no quisiste andar con tus amigos en la fiesta. De hecho… —levantó la mirada—, cuando Funky dijo que ellos también habían sido invitados, cambió totalmente tu cara.
—Ah, sí, es que no sabía que los habían invitado —excusó Diddy casi al instante—. Y preferí ir a ayudar a Lanky, es todo.
—Te conozco muy bien, Diddy —le dijo Donkey empezando a perder la paciencia—. ¿Por qué no me cuentas qué sucede?
—¡¿De qué hablas?! Ya déjame —replicó Diddy mientras se dirigía a su habitación—. Y buenas noches, mañana tengo que ir a… la escuela —finalizó torciendo los ojos con disimulo.
—A la escuela, ¿eh? —dijo Donkey mirándolo con sospecha—. Y se puede saber, ¿cómo te ha ido hasta ahora en la escuela?... ¿Y qué tal tus nuevos amigos?
—Pero si ya te he contado de ellos, son unos buenos amigos.
—¿Dices que son buenos amigos cuando ni siquiera fuiste a saludarlos?
—Ahh, bueno, de hecho… ahora estamos peleados y…
Donkey, comenzando a estar impaciente y queriendo ser más directo, tomó a Diddy del brazo con mayor firmeza.
—¿Qué tal te llevas con ellos? ¿De casualidad, ellos no te… tratan mal o algo así? —le dijo Donkey fijándole la mirada.
—¿Q-Qué? ¡No! —respondió Diddy mostrándose muy nervioso—. ¡Claro que no! ¿Por qué lo harían?
—¡Dime la verdad!
—¡Te dije que no y ya suéltame! —replicó Diddy apartándose con disgusto para ir a su habitación—. ¿Y de dónde sacaste esa idea?
—Porque cuando te vas a la escuela te noto muy nervioso, y aparte, cuando Funky te dijo que tus amigos también estaban ahí, tú pusiste una cara de asustado, y además, esos niños… me dan muy mala espina, no sé tú. Y por cierto, ¿por qué están peleados?
—No es nada grave, no le tomes importancia.
—¡Pues claro que me importa! ¡Solo dime por qué andas así!
—¡Pues la verdad es que no pasa nada, y ya! ¡Hasta mañana! —gritó Diddy mientras entraba a su habitación, antes de cerrar la puerta de golpe.
—¡OYE! ¡NO TOLERARÉ ESA ACTITUD, DIDDY! —gritó Donkey poniéndose furioso ante eso.
—¡HASTA MAÑANA, DIJE! —gritó Diddy desde su habitación.
Donkey le dio una pequeña patada a la puerta; ahora tampoco entendía por qué Diddy le había contestado de esa forma. Pero aun así, estaba preocupado por su sobrino; su instinto como tío le indicaba que algo no andaba bien. Aunque no era para menos… Diddy se había enemistado con sus compañeros de la escuela, e incluso eso parecía tenerlo atemorizado, pero por algún motivo, él no le quería contar la verdad a Donkey.
Donkey, luego de insistirle tanto a Diddy y no recibir respuesta afirmativa, salió de su casa y emitió un suspiro de frustración. Decidió regresar al lugar de la fiesta, ya que después de todo, no podía dejarla. A pesar de que la celebración continuó con normalidad, ya no tuvo la misma esencia sin Diddy.
N/A: Hasta aquí el primer capítulo.
¿Por qué Diddy se está comportando de esa forma y no quiere contar nada? Quizás él lo explique más adelante…
