Capítulo 13
Candy se encontraba como en los últimos meses trabajando en su oficina en Maxwell & Parker desde muy temprano. Atendiendo reuniones, revisando proyectos con Kevin. Terrius se mantenía también muy ocupado, ambos descubrieron que no solo formaban un muy buen equipo en casa, sino también en la empresa. Ella era oficialmente la responsable de la nueva área comercial de la agencia. Él prácticamente le rogó que aceptara el puesto, que ella rechazó una y otra vez meses atrás. Terry no solo quería tenerla cerca, enriqueciendo la empresa con su visión fresca y moderna, sino para cuidarla mejor, sentirse más tranquilo.
Como todos los días, ella había dejado en la puerta de la escuela a Emma y a Rose. Mientras él se dirigía directo a la compañía para tener las primeras reuniones de la jornada con la oficina inglesa a través de videoconferencia. A más de un año de su incorporación como director en la filial neoyorquina, por fin podían cantar victoria, con su duro trabajo y esfuerzo habían logrado salvar la empresa más importante de la familia. Su hermano y madre en Londres estaban muy orgullosos de él. También estaban felices con el rumbo que le había dado a su vida. Ahora no era el taciturno padre soltero que solo vivía para el trabajo y su hija. Ahora vivía enamorado de la mujer que había hecho su esposa cuatro meses atrás, y construido una familia.
A él no le fue fácil conseguir el sí quiero de Candice, y mucho menos que se mudaran ella y Rose a su departamento, antes de la propuesta de matrimonio. Aun así, después de muchos ruegos lo había conseguido. En el presente eran inseparables, justo lo que Terrius se propuso desde el primer momento en que se reconciliaron. Su felicidad era inocultable, el británico se pavoneaba por la oficina dichoso, como esa tarde después del almuerzo. Caminaba con desparpajo en dirección a la oficina de ella con dos cafés en la mano. Como siempre apenas se asomaba a la puerta de vidrio, daba unos pequeños toques o saludaba con la mano, hasta que ella le hacía un gesto, una sonrisa y él entraba.
—Señora Grandchester, su bebida descafeinada, con leche de almendras y poca azúcar —él se acercó a ella mientras decía esto y ella lo recibió con un beso.
—Gracias mi amor... contestó ella mientras le daba los primeros sorbos —eres el mejor esposo del mundo.
Pero la cara de felicidad y de tonto enamorado desapareció pronto del rostro de Terry cuando vio los pies hinchados de ella, sobre un taburete que ocultaba debajo del escritorio.
—¡Candy! Amor por favor vete a casa ya, mira tus pies están muy inflamados. Ya te dije que bajaras el ritmo de trabajo. Sé que quieres seguir activa en el trabajo, pero en serio me irrita que seas tan terca.
Terry se agachó y tomó los dos pies entre sus manos, mientras los besaba y sobaba la gran panza de casi cuarenta semanas de su esposa.
—Terry estoy bien, es normal que se inflamen los pies, estoy en las últimas semanas. En serio creo que de un momento a otro esta gigantesca panza estallará... —Candy seguía dándole sorbos a su bebida, al tiempo que él masajeaba sus pies. —De hecho, hoy tengo consulta a las cuatro, podrás ir conmigo.
—Por qué no lo dijiste antes... Tengo una reunión con esa casa de moda a las cuatro y quince — Terry miró su reloj —no creo poder cancelar con tan poco tiempo de antelación.
—No te preocupes, me iré de aquí directo al hospital... tomaré un Uber y llamaré a Patricia para que se tome un descanso y me acompañe en la ecografía.
—Estás segura.
—Sí, recuerda que hice esto hace ya trece años, no hay nada de qué preocuparse. Le pediré a Archie que vaya por las niñas y las deje en el departamento. Ahora revisemos por última vez la presentación para la campaña del café colombiano, creo que esta última versión si te va a convencer, Chloe ha estado trabajando muy duro en ella, y creo que está perfecta así.
A Terry todavía le costaba asimilar que Candy y Chloe fueran amigas. Recordó la cara de la publicista cuando presentó a Candy como su novia oficial a todos en la agencia al día siguiente de que se reconciliaron:
Inicio de flashback
Candice quería mantener de manera discreta su relación, pero él quería que todos supieran que esa mujer era suya. Incluyendo el amiguito editor con el que la había visto en la cafetería, aquel moreno de cuerpo fornido. Quería que todos alrededor de ella y él lo supieran.
Chloe estaba desconcertada, nunca le pasó por la cabeza que Candy fuera siquiera una rival para ella. Al principio le fue indiferente, seguía insinuando a Terrius que le interesaba. Lo que provocó los celos de Candy, discutieron en varias ocasiones por ese comportamiento. Hasta que Terry habló con Chloe y puso un basta. Candy siempre actuó con profesionalismo y aunque los celos la carcomían saludaba y le sonreía a la publicista.
—Chloe —saludó casual Terry a la rubia que minutos antes mandó a llamar— toma asiento por favor.
La publicista se sentó, cruzando sus largas piernas, inclinándose hacia adelante, sosteniendo su mentón con ambas manos, sonriéndole y expectante de lo que su jefe le diría.
—No me andaré por las ramas, hablaré sin rodeos. Como sabes la señorita Candice White y yo, tenemos una relación —la sonrisa se le borró a la mujer— y no deseo que nada ni nadie se interponga entre nosotros. Para ser más específicos, Chloe, te voy a pedir que de ahora en adelante, todo lo que tengas que consultar respecto a los proyectos publicitarios los trates directamente con Kevin. Y no quisiera escucharme grosero, pero por favor, para ya con las insinuaciones, las he captado todas y créeme no me interesan. Me temo que, si continúan, tendrás que irte de esta empresa y es algo que lamentaría mucho porque realmente eres muy buena en tu trabajo, pero… en este momento mi vida amorosa es más importante para mí, espero que lo entiendas.
La cara se le desencajó a la rubia, que no daba crédito a lo que Terrius le acababa de decir. Sintiendo mucha vergüenza, llegando a sonrojarse. Asintió sin emitir palabras. Aceptando su derrota, poniendo ella por encima su trabajo, ya tendría oportunidad de pescar a otro hombre tan interesante y en con tan buena posición como Grandchester.
—También te voy a pedir que, si ella te da alguna instrucción la acates, porque será la nueva jefa del área comercial, el nuevo departamento que pronto abriremos. Quiero que trabaje a mi lado, y te confieso deseo que pronto se convierta en mi esposa. Espero que todo haya quedado claro, si no hay dudas, puedes retirarte —la miró con intensidad.
—No señor Grandchester, todo ha quedado muy claro. Con permiso.
Se retiró y se fue directo al sanitario. Por unos minutos lloró de frustración y de rabia. Se lavó luego la cara y salió con la seguridad que siempre la caracterizaba. Hasta que se topó con Emma.
—Chloe, has visto a mi mamá, digo a la señora White, la futura esposa de papá —le guiñó un ojo y sonrió burlonamente.
—Emma, mi niña, no, no he visto a Candice. Si me disculpas pequeña, tengo mucho trabajo por hacer, debo ir a mi oficina.
Chloe entendió perfectamente que la pequeña diablilla buscaba lastimarla en su orgullo.
—Adiós Chloe, me dio gusto saludarte —dijo sardónica Emma.
La chica se fue corriendo por los pasillos, hasta la oficina de su padre y se quedó con él, esperaban a Candy para ir a comer, pasarían por Rose al departamento de Archie.
Fin de flashback.
—Lo que tu digas, mi amor. Si te parece perfecto, es porque lo está. —Terry confiaba plenamente en el criterio de Candy. Pero preocupado, volvió a ver sus pies inflamados e insistió en que dejara la oficina. —Te llevaré a casa para que descanses, tengo tiempo suficiente para dejarte en el departamento y regresar antes de la reunión.
Candy que sabía que Terry era más obstinado que ella, finalmente aceptó, no sin antes llamar a Patty y a Archie para que por favor pasará por Rose al colegio, y de pasó llevará consigo también a Emma.
Los nuevos esposos Grandchester estaban muy ansiosos por la llegada del bebé, querían tenerlo ya entre ellos, conocer su rostro, ella más que Terrius, no veía el día de dar a luz. No sabían que sexo era, ambos pidieron que se mantuviera el secreto hasta el nacimiento. Sin embargo, las niñas hacían apuestas entre ellas. ¿Qué traerá la cigüeña, azul o rosa, nadie lo sabía?
Por recomendaciones del ginecólogo esa tarde, ella tendría que pasar las últimas semanas de gestación trabajando desde casa, mejor aún no trabajar. Para el médico se estaba sometiendo a mucho cansancio físico, el bebé comenzaba adquirir más peso, el doctor quería que el embarazo llegara a la fecha estimada y le pidió no exponerse a entrar en labor de parto antes de lo previsto, o que ocurriera en plena oficina. Terrius no pudo estar más de acuerdo, de hecho, casi le manda un regalo al médico por haber sido el único capaz de lograr que su esposa se mantuviera finalmente quieta en casa descansando, sólo ocupándose de los últimos preparativos para el recibimiento del bebé.
Esa noche cuando se reunieron para cenar y ella le daba los detalles de su cita con el obstetra, Candy le pidió sin embargo a Terry que siguiera dándole tareas que ella pudiera hacer desde casa.
—¡Por ningún motivo haré eso! ya el médico te pidió que te quedarás en casa. Que descanses del trabajo.
—¡Terry!¡no soy una inútil, ni estoy enferma! Además, necesito terminar pendientes, traspasar trabajo a Chloe para que continúe. Serán solo correos electrónicos. Te dije que me quedaré acá y ya acepté que contratemos a alguien para que me ayude con la casa.
—Mi amor —Terry se acercó a ella, y la tomó por las mejillas —solo me preocupo por ti y por nuestro bebé, quiero que estes bien, que ambos estén bien.
—Lo sé —contestó ella comprensiva — y todo estará bien. Te prometo que mañana será el último día que vaya a la oficina, termino estos pendientes, recojo mi computador portátil y regresaré a casa a tomar ese descanso que me pide el médico hasta que llegue el bebé.
Y así lo hizo, terminó con todos los pendientes de la oficina, y se dedicó a los preparativos, incluyendo la instalación de la cuna colecho que compraron y que él se empeñaba en poner de su lado de la cama.
—Terry soy yo la que tiene los pechos que le darán de comer…
—Pero yo estaré pendiente si llora, apenas pida comida, yo lo pasaré a tu lado, no veo ningún problema en ello… por favor pongamos la cuna de mi lado —le decía con cara de borrego degollado…
—¡Ayyyy porque eres así! qué poder de convencimiento tienes. Está bien idiota pon la cunita de tu lado.
Candy llegó finalmente a la semana cuarenta, y aún nada. Patty comenzó a ir al departamento a examinarla, y tomar su presión todas las noches. Candy se sentía enorme, casi no podía moverse. Pero la espera terminó una madrugada, ella despertó con tímidos dolores en su vientre. Se levantó por agua, cuidando de no despertar a Terry. Volvió a la cama minutos después. Miró la hora, eran la cinco de la mañana. Volvió a recostarse, el dolor fue intensificando y venía más seguido, estaba segura entonces de que eran contracciones.
—¡Terry! despierta… Terry —pero él seguía durmiendo, así que comenzó a sacudirlo. —¡Terrius Grandchester! despierta tengo dolores de parto…
—Qué —dijo él adormilado —es muy temprano…
—Terry date vuelta… ¡llegó el momento ya viene el bebé, idiota!
—Ay Dios mío… estás bien…
—Levántate… hay que ir al hospital.
Despertaron a las niñas, Candy había prometido que ellas no quedarían fuera del tan esperado suceso. Así que en minutos y de forma milagrosa todos estaban en el auto camino al Hospital Presbiteriano de Nueva York. En medio del trayecto Candy llamó a su amiga Patty, para que se fuera de inmediato a acompañarlos y Emma por su parte llamó a su abuela Eleanor, para que todos en Londres estuvieran al tanto de la noticia. La feliz abuela les informó que tomaría el primer vuelo a Estados Unidos, para unirse pronto a la familia.
Fueron instalados en una gran habitación, Rose y Emma, entraban y salían del cuarto, tallaban el vientre de Candy y salían nerviosas, a ver algo en la programación de Netflix en la sala de espera. Entre ellas no dejaban de hablar sobre la apuesta que habían hecho.
—Ya lo sabes, Emma, si es niña tendrás que darme 20 dólares y si es niño entonces yo seré la que pague —apuntaba con el dedo índice Rose a Emma.
—Ya me lo has dicho mil veces, Rose, siempre cumplo con mis promesas, así que no tienes nada de qué preocuparte. Aunque está por demás, porque esta apuesta la ganaré yo —respondió sin inmutarse la inglesa.
La llegada de ese bebé era una verdadera bendición, pese a que Rose le había dicho a su madre que no hiciera nada con el señor Grandchester, que implicara tener un bebé, se puso feliz cuando le dieron la noticia, las llevaron a cenar y de vuelta al departamento ya tomado el suficiente valor, Candy dijo:
Inicio de flashback
—¿Qué creen niñas? —y ambos dijeron al mismo tiempo— ¡Estamos embarazados!
Ninguna de las dos pequeñas salía de su asombro, fue Emma la primera en romper el silencio incómodo que se produjo por unos minutos.
—¿De verdad? Voy a tener, ¡vamos a tener un hermanito, Rose!
Se puso de pie de un salto e hizo que la pequeña rubia hiciera lo mismo, se abrazaron entre ellas y después ambas rodearon la cintura de Candy. A Terry la actitud de su hija le había emocionado hasta las lágrimas, sabía que siempre estaba sola, sin nadie con quien jugar, ahora tenía a Rose, con la que había creado un hermoso vínculo de complicidad, se llevaban bastante bien, su familia creció de la noche a la mañana y ella abrió su corazón para recibir con agrado lo que al principio rechazó, tendría una hermanita o hermanito.
—Gracias, pá, por darme esta oportunidad de tener una familia. ¿Sabes, yo siempre quise tener una? —confesó entre lágrimas, cuando estuvieron a solas.
Y es que ahora veía en Candy a una amiga con quien platicar, le agradecía estar a su lado durante sus periodos que eran todos dolorosos. Candy con amor le preparaba un té que aliviaba su dolencia. sabía exactamente qué marca de toallas comprar, y la acompañó a ver a Patricia para que ella prescribiera los analgésicos menstruales adecuados. En esos días la consentía y la hacía sentir mejor. También cuando en una ocasión se resfrió. Candy la cuidó, y le preparó la mejor sopa de pollo que haya comido.
Emma nunca se lo manifestó a su padre de forma adecuada, pero ansiaba a una madre, con todo su corazón. A pesar del amor que recibía de su abuela, ella quería a alguien a quien decirle mamá. Por eso los días de las madres, y las celebraciones en el colegio, ella sufría mucho. A pesar de la presencia de Terry y Eleanor en esa festividad, ella lo pasaba muy mal, y por lo general lloraba por horas encerrada en su habitación la noche antes.
—Lo sé, hija. No sabes lo feliz que me hace escuchar esas palabras, que hayas aceptado a Candy y ahora recibas con tanta emoción la noticia del futuro integrante de nuestra familia... le confesó Terry emocionado.
Archie también había experimentado grandes cambios en su vida. Estar en una nueva relación, asistir a terapia en el último tiempo produjo que se convirtiera en una mejor persona, para él, para Rose, para su pareja y para todos quienes lo rodeaban, incluso los Grandchester.
Archie le pidió a Candy reunirse una tarde en un café, a ella y que fuera acompañada por Terry. Quería proponerles algo. Ella no sabía qué era lo que Archie quería, pero confiaba en él. Candy lo quería genuinamente, como el padre de su hija y también por el amor que una vez vivieron. Además, él era ese Archie que ella había conocido, que primero fue su amigo y luego su esposo.
Llegaron muy puntuales, Archie les saludó y les hizo seña desde una mesa al fondo del local, Annie estaba con él.
— Candy, Grandchester —les dijo —que bueno que aceptaron mi invitación. Les he pedido reunirnos, porque siento que es algo necesario, algo que nos implica a nosotros como padres y a nuestras hijas.
Terry no sabía a dónde quería llegar Archie, pero escuchó con atención lo que él les decía.
—Ahora que estoy yendo a terapia, les puedo asegurar que mi vida ha dado un giro de 180 grados, y me siento perfectamente bien, vivo más relajado desde entonces. Estoy más sosegado y tranquilo… Pero no es de mí de quien quiero hablar. Es de Rose y de Emma. Ambas han cargado en su espalda el peso de una familia disfuncional, matrimonios rotos o abandono en el caso de Emma —le sostuvo la mirada a Terry, quien solo trago saliva bajando la mirada a su taza de café— y les aseguro que no es sano, sé que ahora están bien, por lo menos eso aparentan, pero en retrospectiva Rose tenía la esperanza de que regresáramos —esta vez, su mirada ambarina se enfocó en Candy — Emma por su parte, no deseaba compartir a su padre.
—Me temo que no te estoy entendiendo Cornwell, ¿a dónde quieres llegar con esto? Porque todos conocemos la historia de nuestras hijas muy bien—expresó Terry, no molesto, pero sí con frialdad.
Candy sí tenía una idea de adonde se dirigían las palabras de su ex, pero prefirió quedarse callada y esperar a que fuera él quien las pronunciara.
—Quería sugerirles, en tu caso Terrius, si estabas dispuesto a que tu hija vaya a terapia también.
Terry intercambio miradas con Candy, ella asintió, él soltó el aire, se masajeó la frente y sorbió su café, Candy apretó la mano de su esposo para infundir apoyo.
— ¿Qué dices, Grandchester? —preguntó Archie, ladeando su sonrisa — sé que puede sonar extraño viniendo de mí, pero créeme hará la diferencia.
—Por mi está bien —expresó la rubia
— Si Candy accede con Rose, yo también aceptó —dijo Terry después de unos minutos.
Desde las primeras terapias, las niñas habían manifestado que les había gustado y la actitud de ambas había mejorado considerablemente.
Fin de flashback.
—Terrius, puedes quedarte quieto por un solo momento, vas a gastar el piso si sigues dando vueltas — espetó Archie, quien se había presentado al hospital, avisado por Rose. Para darle su apoyo a los Grandchester.
—Estoy preocupado, Candice lleva ahí dentro, ¿cuánto? ¿tres horas o cuatro? ni siquiera me dejan estar con ella —farfulló Terry.
—Eso es porque tú la pones más nerviosa, no ayudas mucho, Grandchester, la están examinando, cuando esté lista te dejaran pasar. —intervino Patty.
Acababa de llegar con dos vasos de café americano en sus manos, le entregó uno al desesperado padre y otro a Archie. En cuestión de minutos, el obstetra salió al pasillo, para llamar a Terry y permitirle entrar, Candy estaba lista para pujar. Patty prácticamente, empujo a Terrius, que se había quedado petrificado cuando recibió la noticia.
Apenas entró, fue a tomarle la mano a su esposa, que lucía colorada, y muy sudorosa, le dio un beso en los labios y se quedó allí sujetándola y viendo las maniobras del médico y las enfermeras. A través de un monitor todos escuchaban los latidos del corazón del bebé. Con la llegada de una fuerte y nueva contracción el médico le dijo a Candy lo que debía hacer, respirar profundo y pujar muy fuerte...
—Vamos Candy, lo estás haciendo muy bien —le decía Patty, quien estaba al lado de su colega observando.
—Dueleeeeee —se quejaba Candy mientras pujaba con todas sus fuerzas.
—Lo haces bien mi amor... se atrevió a decir Terry mientras su esposa apretaba más y más su mano.
El médico contaba de forma regresiva del 10 al 1. Al llegar a uno le permitió descansar y esperar la próxima contracción.
—Toda va muy bien Candice, pronto tendrás a tu bebé en brazos... vamos le dijo otra vez, con la nueva contracción...
— Puja Candy — le alentó Patricia.
— Puja mi amor —repitió como autómata Terry.
—Idiotaaaaaa, te odiooooo —gritaba Candy mientras empujaba con la contracción.
—Vamos está a punto de salir... vamos... vamos... respira... está a punto...
El fuerte llanto del recién nacido se escuchó dentro y fuera de la habitación, de forma estruendosa. Y el medico puso al bebé sobre el vientre de Candy.
—¡Felicidades Candice, señor Grandchester! Es un hermoso niño.
Terrius le dio innumerables besos a Candy, extasiado por el momento, ambos besaban también al bebé, diciéndole ambos cuanto lo amaban.
—¿Cómo lo llamaremos? —preguntó Terry, agarrando con delicadeza la mano del bebé, y mientras se limpiaba el rostro surcado de lágrimas.
—¿Qué te parece Ethan? — preguntó la madre.
—Es perfecto, él es perfecto, como tú —expresó Terry conmovido.
Afuera, las niñas brincaban de alegría, ansiosas le preguntaban a Patricia si podrían ya entrar a conocerlo.
—¿Y ahora qué, Emma? —dijo Rose, observando la cuna rato después, como debemos tratarlo.
—Pues no lo sé, mamá nos enseñara, creo. ¡Por ahora págame mis veinte dólares de la apuesta, gané!
Diez años después…
—¿Cómo se conocieron papá y tú, mami? —preguntaba Ethan, con mirada soñadora, batiendo sus espesas pestañas castañas, idénticas a las de su padre, al igual que sus grandes ojos azules.
Emma había llevado a presentar a su novio esas vacaciones, lo había mantenido en secreto, por qué cuando Rose les dijo a sus padres que tenía novio, al pobre chico casi lo matan de un infarto los dos padres celosos, Archie y Terry.
Afortunadamente, Candy era una buena aliada para ambas, fue por consejo de ella, que había llevado a Nicholas a su casa esa navidad. Candy había preparado previamente a Terrius, de modo que cuando Emma llegó de la mano del muchacho, a este no le provocara una úlcera.
Terry se limitó a murmurar una exclamación inentendible, y después hizo una mueca, tras el pellizco de su amada esposa.
Candy le dio una mirada pícara a su esposo y procedió a relatar su historia de amor.
—Todo comenzó con un idiota, que iba en un ascensor al que quise entrar corriendo... —Terry escupió el café —sí un idiota que me robó el corazón, y se besaron.
— ¡Iu! Que asco — exclamó Ethan, y se levantó en seguida. Ya me sé la historia de memoria, ¿y ustedes Emma y Rose, ¿cómo conocieron a sus novios? pero no queremos besos, por favor... exclamó Ethan.
Sentados en la sala de estar, junto a la chimenea, tomando café y chocolate caliente, la familia Grandchester White, celebraba la navidad, con anécdotas y cuentos que hacían reír a todos, mientras admiraban los copos de nieve que comenzaban a tapizar el jardín y el patio de la casa.
—Algún día, lo experimentaras Ethan, quien sabe, a lo mejor sin que te des cuenta. Te encontrarás con el amor de tu vida en donde menos te lo esperes —le dijo Terry— recuerda que el amor está a la vuelta de la esquina.
FIN.
