Capítulo 3: Nuevas Amistades

El día siguiente era otro día de clases, por lo tanto, Diddy se fue camino a la escuela. Pero antes, decidió mejor ir a visitar a los nuevos kongs que habían llegado el día anterior para ver cómo estaban y, además, les llevó unas cuantas bananas de la reserva.

Diddy llegó hasta la casa donde ellos se habían quedado y se asomó por la ventana. Los cuatro ya estaban empezando a despertarse.

—¡Eh, hola! Soy yo —los llamó Diddy en voz baja.

Los cuatro se voltearon a verlo y lo saludaron con alegría.

—¿Eh? Es Diddy ¡Hola!

—¡Diddy, Volviste!

—¡Qué tal, Diddy!

—Tengan, les traje unas cuantas bananas —les dijo Diddy entregándoles las bananas que les había llevado.

—Oh, ¡gracias, Diddy! —dijeron los kongs con alegría mientras tomaban las bananas.

—¿Te quedarás un rato con nosotros? —le preguntó Chunky.

—Ahora no, tengo que ir a la escuela —respondió Diddy—. Pero tal vez en la tarde venga y pueda llevarlos a conocer un poco la isla, ¿qué les parece? —les sugirió con amabilidad.

—Sería genial —respondió Chunky sonriendo.

—¡Sí, yo quiero ir! —saltó Tiny de la emoción

—Bueno, pero… ¿no es peligroso? —preguntó Dixie mostrándose algo preocupada.

—Claro que no, Trixie. Al contrario, hay sitios agradables y divertidos aquí —respondió Diddy.

—Es Dixie —aclaró ella con unas pequeñas risas—. Y bueno, está bien. Vamos.

—Bien, entonces nos veremos más tarde —se despidió Diddy—. ¡Hasta luego!

Luego, Diddy se dirigió rumbo hacia la escuela. En un principio, él se mantuvo sonriente luego de haber ido a saludar al grupo de kongs que acababa de conocer; ni siquiera se había dado cuenta que estaba tranquilo esta vez… hasta que recordó que estaba acercándose a Kong Kollege, y ahora estaba pensando en el grupo de sus compañeros bravucones.

Diddy estaba llegando y, al igual que el día anterior, y como casi todos los días, el cuarteto de niños bravucones lo estaban esperando para hacerle alguna maldad. Diddy trató de mantenerse oculto en ciertos rincones cercanos a Kong Kollege, procurando no ser encontrado por alguno de esos niños, a quienes ya los había divisado cerca.

Diddy se agachó entre los arbustos para tratar de llegar hasta el salón con sigilo. Cuando de pronto, Jemky, el niño orangután, se le apareció de sorpresa sin que él pudiera verlo antes; este se puso en frente de Diddy y lo tomó de la playera al instante.

—¡Aquí estás, lagartija podrida!

—¡Ay, ya van a empezar ustedes! —respondió Diddy tratando de soltarse.

—¡Te tenemos, enano zoquete! —exclamó Mandrew apareciendo junto con Melenky y Rocky.

¡No, suélt…

Antes de que Diddy pudiera hacer un movimiento defensivo, los cuatro lo tomaron con fuerza y empezaron a arrastrarlo hasta un rincón oculto entre los árboles. Jemky lo tumbó y lo estrelló contra el suelo, luego Mandrew se apresuró a darle una patada que le dejó doliendo por un rato y le mantuvo los brazos aplastados junto con Melenky. Mientras tanto, Rocky había tomado la mochila de Diddy para comenzar a registrarla, y de esta sacó el almuerzo de él.

—¡Oye, Melenky, toma esto! —dijo Rocky lanzándole el almuerzo, el cual Melenky tomó por sorpresa.

—Eh, ¿nos lo vamos a comer? —preguntó Melenky confundido mientras sostenía el almuerzo.

—¡No seas tonto, tíralo! —replicó Jemky.

¡Ni se te ocurra, cara de payaso! —le advirtió Diddy a Melenky mientras Mandrew lo mantenía aplastado.

—Pues qué mal que te vayas a morir de hambre este recreo, enano —le dijo Melenky en tono burlón.

Melenky se apresuró a tirar el almuerzo al suelo, y comenzó a pisotearlo hasta dejarlo destrozado, mientras se reía al igual que el grupo.

¡Noo! —exclamó Diddy apartando a Mandrew e intentando salvar su almuerzo, pero ya era muy tarde.

De pronto, Rocky y Melenky lo sujetaron de los brazos otra vez, y luego Jemky y Mandrew tomaron los pedazos del almuerzo de Diddy para empezar a restregárselos en la cara, hasta dejarlo todo empapado y pegoteado de comida.

¡Noo, déjenm…! —exclamaba Diddy tratando de abrir los ojos debido a que tenía la vista obstruida.

El cuarteto comenzó a reírse de manera burlesca mientras veían a Diddy con la cara estampada de restos de comida.

—¡Uhh, te vas a quedar sin comer, mono cabeza de lagarto! —le dijo Mandrew señalándolo y riéndosele.

—¡Y con tu tonta cara estampada! —agregó Melenky de la misma forma.

¡Ayyy, cómo los odio, malditos idiotas! —les refunfuñó Diddy, antes de irse contra ellos—. ¡Me tienen hasta…

—¡Eh, eh, cuidadito! —le dijo Jemky sujetándole de los brazos y mirándolo de forma amenazante—. A nosotros no te nos alzas, monito tarado, o te abstienes a las consecuen…

—¡Ahí viene Wrinkly, muchachos! —interrumpió Rocky observando en una dirección—. ¡Actúen normal!

De inmediato, el cuarteto se apresuró a tomar unas hojas de plantas y empezaron a limpiar los restos de comida que había en el suelo, e incluso limpiaron un poco la cara de Diddy con brusquedad.

—Buenos días, estudiant… —apareció Wrinkly en la escena, y luego observó el escenario—. ¿Pero qué ha pasado aquí?

—¡Ah… hola, maestra! —respondió Jemky con una sonrisa forzada—. Es que se le cayó el almuerzo a nuestro amiguito Diddy y estábamos ayudándole a recogerlo y… él también se cayó justo frente a su almuerzo y se le estampó su cara.

—Sí, estamos limpiando todo el desorden —agregó Rocky de la misma forma.

—Oh, pero que amables son —dijo Wrinkly sonriéndoles—. Bueno, Diddy, puedes pasar a lavarte la cara ahora, y no te preocupes por tu almuerzo, tienes unos muy buenos amigos que de seguro querrán compartir su almuerzo contigo. Eh, quiero verlos ya mismo a los cuatro compartiendo sus almuerzos con Diddy, ¿de acuerdo? —les ordenó.

Los cuatro hicieron un gesto de extrañeza y miraron con una disimulada malicia a Diddy cuando Wrinkly les dio esa idea, pero trataban de sonreír de todas formas.

—Sí… por supuesto, maestra —respondió Jemky mirando de reojo a Diddy—. Nosotros le daremos de nuestro almuerzo a nuestro amiguito.

—Bien, vamos ahora al salón —les dijo Wrinkly antes de seguir caminando—. La clase ya va a empezar.

Seguido de esto, todos entraron al salón de clases. Diddy, con la cara semi estampada, se los quedó viendo a sus compañeros malvados, haciéndoles señas de burla ante la sugerencia de Wrinkly, a su vez que ellos le devolvían los mismos gestos a espaldas de su maestra.

—Mono cabeza de… banana podrida —susurró Jemky torciendo los ojos hacia él.

—Malandrines cretinos —les respondió Diddy de la misma forma.


—Hasta luego, Diddy —se despedía Donkey desde la puerta de la casa—. ¿Seguro que no quieres venir? Funky nos va a llevar a surfear hoy.

—No, ahora no puedo, Donkey, tengo que hacer una tarea muy difícil —respondió Diddy mientras veía sus cuadernos.

—Está bien, amigo. Entonces nos vemos.

Donkey salió y se dirigió donde Funky porque se reunirían con Lanky y Swanky en la playa. Diddy también había sido invitado, pero él prefirió quedarse debido a que podía aprovechar el momento para salir con los nuevos kongs que había conocido hace poco, ya que les había prometido que los llevaría a conocer la isla esa misma tarde.

Diddy se dirigió hacia la casa de los nuevos kongs. Le habían caído súper bien que quiso conocerlos más y poder animarlos luego de los sucesos del día anterior.

—¡Oigan, miren, es Diddy! —exclamó Tiny al ver a Diddy llegando.

—¡Hola, Diddy! —dijeron los cuatro.

—¡Hola! ¿Qué tal? —los saludó Diddy al llegar hasta donde ellos—. ¿Están preparados para ir?

—Por supuesto que sí, amiguito —respondió Chunky con emoción junto con los otros tres—. ¿A dónde iremos primero?

—¿Qué les parece a la playa? —sugirió Diddy sonriéndoles.

—Suena genial —respondió Dixie sonriendo, aunque luego adoptó una seriedad—. Ahh, ¿pero no hay nadie que pueda vernos en ese lugar?

—No, ahora está despejado —respondió Diddy—. Y no se preocupen, no hay peligros por ahí.

—De acuerdo, entonces no hay problema —dijo Tiny sonriendo.

—Bien, entonces vamos —los invitó Diddy—. No estamos tan lejos.

Diddy llevó a sus nuevos amigos a una de las playas de la isla, donde el agua era bien cristalina con la marea tranquila, la arena era plana y había enormes palmeras bien coloridas. Los kongs nuevos se mostraron maravillados al llegar allí; sin duda era un buen sitio para empezar.

—¡Wow, este lugar es fascinante! —exclamó Dixie admirando el sitio.

—¿Ya ven? No hay peligro alguno por aquí —respondió Diddy sonriéndoles—. ¿Les gusta bañarse en el mar?

—No lo hacemos desde hace tiempo, pero sí nos gustaba jugar en el mar —respondió Dixie.

—Bueno, ¿y qué tal ahora? —les propuso Diddy, haciéndoles señas de invitación—. ¡Vengan todos, vamos al agua!

—¡Veamos quién llega primero! —exclamó Tiny en tono juguetón.

Los cinco kongs corrieron de inmediato hacia el mar, a modo de juego esta vez. El agua estaba bien fresca y no había olas fuertes, así que era un día perfecto para darse un chapuzón.

—Oigan, creo que desde hace tiempo no nos bañábamos así en una playa —comentó Tiny—. ¿Tú vienes con frecuencia acá, Diddy? —le preguntó.

—En ciertas ocasiones —respondió él—. Solemos venir aquí con mi tío Donkey y nuestros amigos de la manada.

—¿Tú tienes muchos amigos? —le preguntó Chunky con curiosidad.

—Bueno, amigos como tal, diría que los de la manada y unos que viven lejos.

—¿Y en la escuela también tienes? —le preguntó Dixie—. Tú dijiste que vas a la escuela.

De pronto, Diddy cambió un poco su expresión ante esa pregunta, pero a los pocos segundos, trató de recuperar su sonrisa y disimular como pudiera.

—Ehh, la verdad… no —respondió Diddy con una sonrisa forzada—. En la escuela digamos que los niños de ahí no son tan amistosos —agregó hablando en general.

—Cielos, eso no suena divertido —dijo Chunky con las manos en los costados.

—Pero bueno, tampoco hay problema con eso —agregó Diddy tratando de cambiar de tema—. Y bien… ¿les parece si jugamos algo?

Pasaron un divertido rato en la playa, y a los nuevos kongs se los veía algo más felices; el día anterior estaban siendo amenazados por un grupo de simios malos, pero ahora parecían estar teniendo unos minutos de diversión. Por su parte, Diddy estaba sintiéndose feliz también de haberlos hecho sonreír un poco.

Más tarde, salieron del mar, y Diddy decidió llevarlos a otro lugar para seguir animándolos.

—Oigan, ¿qué tal si vamos a dar una vuelta por la jungla? —les propuso Diddy.

—Claro que sí —respondieron los demás sin pensarlo tanto.

Entonces, Diddy los llevó hacia dentro de la jungla, les mostró lugares bonitos de la isla, siendo las cascadas los sitios más divertidos para pasarla en grande. También los llevó a otros sitios interesantes como las minas de la isla o los templos exteriores. Los nuevos kongs quedaban encantados con todo, e incluso parecían sentirse a gusto en el recorrido.

—Oye, Diddy, todo esto se ve genial —comentó Chunky mientras miraba a todos lados—. A Chunky le está gustando esta isla.

—Creo que no fue malo aterrizar aquí —agregó Dixie sonriendo.

—Y aún falta presentarles a unos animales amigos nuestros —les dijo Diddy—. ¿Quieren conocerlos?

Diddy también los llevó a conocer a algunos otros animales que vivían en la isla, además de aquellos que los habían acompañado a él y a Donkey en su última aventura…

—… él es Rambi, el rinoceronte, nos ayudó en nuestra aventura con Donkey…

…él es Enguarde, el pez espada…

…él es Squawks, el loro…

El resto del día, Diddy los llevó a muchos sitios de la isla. Se la pasaron tan bien que se quedaron hasta tarde, ya casi al caer la noche. Por último, él los llevó por unos cocos para finalizar el día.

Cuando ya estaban regresando a la casa temporal del cuarteto, iban hablando en el camino.

—Kiddy era muy travieso —contaba Tiny riéndose un poco—. Una vez derramó su biberón en los ojos de Chunky mientras dormía.

—¡Ay! Tú ni hables —interrumpió Dixie—. Aún recuerdo cuando me cortaste el cabello y parecía mandril despeinado.

—¡Oye, yo no recuerdo eso! —replicó Tiny.

—Dixie, tú también le lanzabas comida a la cara de Chunky cuando estabas pequeña —agregó Chunky hablando en tercera persona.

—¡Yo nunca te molestaba, no mientas! —replicó Dixie.

—Vamos, ya dejen sus mini conflictos —interrumpió Diddy entre risas al oír sus anécdotas.

—Créeme, a veces los tengo que soportar a estos tres, hasta a Chunky —señaló Dixie.

—¡Oye, si Chunky es mayor que tú! —replicó Chunky.

—Sí, pero a veces te comportas como un bebé.

Los kongs continuaron hablando en el camino; comenzaban a contar muchas anécdotas familiares sobre ellos que incluso los hacía discutir entre ratos, pero que a Diddy les resultaban algo graciosas.

—Ya llegamos —dijo Tiny cuando ya habían llegado a su casa.

—Hoy fue un gran día —dijo Dixie sonriendo—. Esta isla es agradable; me encantó después de todo.

—Es cierto, Chunky no había salido a pasear así desde hace muchísimo tiempo —agregó Chunky.

—Gracias, Diddy por llevarnos, ¡eres genial! —expresó Tiny dando pequeños saltos.

—No es nada, me alegro que la hayan pasado bien —respondió Diddy alegre de verlos felices.

—¿Quieres ser nuestro nuevo amigo, Diddy? —le dijo Chunky dándole pequeñas palmadas en la cabeza.

Al oír esas palabras, a Diddy se le dibujó una sonrisa; había pasado mucho tiempo desde que alguien le quería llamar amigo.

—¡Claro! ¿Por qué no? —respondió Diddy sonriéndoles—. Por cierto, ¿quieren salir mañana otra vez?

¡SÍ! —respondieron los cuatro mostrándose emocionados.

Y así pasaron algunos días…

Diddy se hizo muy amigo con los nuevos kongs. Cuando Donkey salía con Candy o con los demás kongs, Diddy aprovechaba para salir con sus nuevos amigos; jugaba y pasaba el rato con ellos, los llevaba a pasear por la isla, contaban historias y ciertas anécdotas de sus vidas y se divertían un montón. Cada vez más, a estos cuatro kongs se les iba viendo un mejor semblante y se mostraban más confiados en andar con Diddy y contarle sobre ellos. Diddy llevaba tiempo sin hacer amigos nuevos contemporáneos a él.

Pero Diddy seguía preguntándose: ¿de dónde venían los cuatro? ¿Y por qué esos mandriles los perseguían y hasta querían exterminarlos? Pues ese detalle era algo que aquellos kongs no querían contar por el momento, ni siquiera querían mencionarlo; cada vez que Diddy intentaba preguntarles, ellos cambiaban totalmente su estado de ánimo. Sin embargo, Diddy respetaba su decisión, ya que suponía que tuvo que haber sido algún evento duro o delicado y tampoco quería ser imprudente con ellos.

De todas formas, Diddy estaba sintiéndose más feliz durante esos días; a pesar de que tenía unos malvados compañeros de clases que lo atormentaban a diario en la escuela, ahora tenía nuevos amigos con quienes jugar y divertirse. Sus nuevos amigos le habían dado buenas impresiones y eran amables con él y, de la misma forma, Diddy lo era con ellos.


N/A: Hasta aquí el tercer capítulo :)

Debo admitir que la idea de Diddy siendo atormentado por niños bravucones, fue inspirada de otros fanfics, de uno en especial que leí hace años. Obviamente, sí tuve que aplicarla ya con mis propias ideas, pero me sirvió de mucho para armar la historia. Lo mismo con la idea de que Dixie llegó como nueva a la Isla DK luego de… una difícil situación pasada.