Capítulo 4: Nuevo Hogar

Habían pasado un par de semanas después de que Diddy había salvado a aquellos cuatro nuevos kongs, y las cosas también habían mejorado un poco para él. Luego de pasar casi seis horas en la escuela soportando a sus fastidiosos compañeros, las tardes las pasaba con sus nuevos amigos, y toda la atmósfera cambiaba en él, incluso eso le estaba mejorando su estado de ánimo.

Estaban Donkey y Diddy en su casa. Ese día era el cumpleaños de Cranky y, a pesar de que este era un cascarrabias, igual lo querían y le celebraban sus cumpleaños como en todos los años.

—Oye, pequeño amigo, hoy le haremos esa cena a Cranky por su cumpleaños —informó Donkey—. Le prepararemos con Candy un pastel enorme de bananas.

—Vaya, espero que después no salga con sus "Ay, no, en mis tiempos nadie celebraba los cumpleaños con esas payasadas de pasteles" —respondió Diddy imitando a Cranky, a lo que Donkey se rio.

—¡Bah! igual lo celebraremos —dijo Donkey encogiéndose de hombros y terminando de reírse—. Tiene que alegrarse sí o sí.

—Oye, Donkey, ¿y vas a salir hoy?

—Justo ahora iba donde Funky a preparar todo, ¿quieres venir?

—Iré más tarde, allá me esperas —respondió Diddy, ya que, al igual que en los días anteriores, iba a visitar a sus nuevos amigos.

Pasaron unos minutos, y luego Donkey salió. Después de eso, Diddy se dirigió hasta donde sus amigos.

Diddy llegó hasta la casa de ellos y estaba pensando en llevarlos de nuevo a pasear… Pero luego, se detuvo ante la extraña escena que se encontró: la casa se encontraba más deteriorada de lo que antes estaba, una parte de ella ya se había derrumbado… y, aparte, no había nadie presente.

Diddy se preguntó dónde estaban los cuatro kongs y se decidió en ir a buscarlos. Los empezó a llamar en voz alta a cada uno por su nombre, pero no recibía respuesta alguna. Hasta que más tarde, los alcanzó a ver a lo lejos: estaban a la orilla de la playa construyendo lo que parecía ser un bote. Diddy se dirigió de inmediato hacia donde ellos estaban y se preguntaba qué estarían planeando.

—¡Oigan! —los llamó Diddy mientras llegaba—. Hola. Los estaba buscando.

—Ah, hola, Diddy… —le respondió Dixie en un tono algo serio—. Qué bueno que llegaste, ya te íbamos a ver.

Los cuatro saludaron a Diddy… Aunque esta vez, en lugar de mostrarse alegres, tenían una expresión seria, lo cual le pareció un tanto extraño a Diddy.

—¿Sucede algo? —les preguntó Diddy con curiosidad.

—La casa está a punto de caerse, así que ya no podremos vivir allí —respondió Chunky.

—Sí, ya me di cuenta, la acabo de ver —dijo Diddy, antes de observar hacia el bote que estaban armando—. ¿Para qué es ese bote? ¿Vamos a dar una vuelta por el mar? —les preguntó entre pequeñas risas.

De pronto, los cuatro se miraron con cierta seriedad ante tal pregunta, y luego miraron en silencio a Diddy, como si tuvieran algo importante que decirle.

—Es que creo que no te lo contamos, Diddy —respondió Tiny en un tono bajo—, pero... intentaremos volver a nuestra isla donde vivíamos.

¡¿Q-qué?! —exclamó Diddy ante tal anuncio repentino que dieron sus nuevos amigos—. ¿Se van?

—Sí… es lo que tenemos que hacer —respondió Dixie de la misma forma—. Vamos a tratar de buscar nuestra isla.

—Pero… ¿sí conocen el camino, cierto? —les preguntó Diddy.

—Bueno, la verdad… no, pero trataremos de llegar —respondió Dixie con una sonrisa forzada.

Diddy se mostró bastante extrañado ante lo que le estaban diciendo; sus nuevos amigos nunca le habían mencionado eso

—¡Esperen, esperen, esperen! —exclamó Diddy bastante confundido—. ¿Acaso están diciendo que se van así nomás sin rumbo?

—Pues sí, debemos volver, no tenemos dónde más ir —respondió Dixie encogiéndose de hombros—. Ya huimos de esos simios malvados y ahora solo debemos regresar a nuestra casa… si es que aún está.

—Vamos a tratar de buscarla —agregó Chunky de la misma forma.

Diddy estaba quedando más confundido; no entendía por qué querían irse y se mostró preocupado de que les fuera a pasar algo si se iban de esa forma.

—Pero… ¿No se perderán? ¿O si una tormenta se los lleva? ¿O algún kremling los atrapa? ¿O… esos simios los vuelven a encontrar?

—Ah, no creo que los volvamos a ver con la paliza que les diste —respondió Chunky encogiéndose de hombros—. Y si nos encuentran, ya nos esconderemos mejor.

—O sea que… ¿están hablando en serio en que se van así a la deriva? —les preguntó Diddy mirándolos con extrañeza.

—No vamos a la deriva —respondió Dixie—, es decir… sí, pero vamos en búsqueda de nuestra isla anterior.

—Oigan, no, ¿qué están diciendo? —exclamó Diddy mientras caminaba hacia el bote—. ¡No pueden irse así nada más! Se pueden perder —señaló el mar, y luego se dio cuenta también que el bote que estaban armando era demasiado pequeño donde apenas podían caber tres de ellos—. Ehh, y perdón que me meta, pero… en este pequeño bote no creo que vayan a sobrevivir.

—¿Y eso qué? —preguntó Dixie—. ¿No estarás tratando de detenernos, verdad?

—No, no me malinterpreten, solo les quería advertir —respondió Diddy en el mismo tono.

—No te preocupes, Diddy, seguiremos siendo amigos aunque estemos lejos —agregó Tiny—. Hasta te podríamos venir a visitar de vez en…

—Pero es que ustedes dicen que no conocen el camino de vuelta —interrumpió Diddy aún con preocupación—. Si dicen que no tienen donde ir, pueden quedarse aquí si quieren; les puedo presentar a mis demás amigos y hasta podríamos construirles una casa nueva… O en todo caso, una embarcación más resistente y hasta llevarlos con mayor seguridad.

—Nos encantaría, amiguito, pero no queremos causar molestias —respondió Chunky.

—¡Ay, por favor! No nos causarán ninguna molestia —dijo Diddy mientras se subía al bote que estaban construyendo—. Miren, es que irse a navegar sin rumbo puede tener muchos peligros, así que les recomiendo que no… —en ese momento, Diddy rompió por accidente una pieza del bote, ya que esta estaba floja—. ¡Ups! lo siento, no quise hacerlo… —se disculpó con una sonrisa avergonzada.

¡Oye, nuestro bote! Nos costó construirlo —exclamó Tiny alzando la voz con seriedad.

—¡No fue mi intención, lo siento! —se volvió a disculpar Diddy—. Y por cierto, ¿se van a ir en este bote? Es decir…

—Pues, ¡podemos construir uno mejor! —respondió Dixie antes de bajar la voz—. Lo siento, Diddy, debemos volver a casa, sea como sea.

—Seguiremos siendo tus amigos —agregó Chunky sonriéndole un poco—. Te estaremos visitando y…

—¡No! —interrumpió Diddy—. Lo que quiero decirles es que ¿a poco saben cómo llegar?

—Bueno, no sabemos, pero…

—¡Exacto! No saben cómo llegar, ¡se pueden perder y luego…

—¡No, Diddy! ¡Entiéndelo! ¡Nos tenemos que ir! —exclamó Dixie con mayor seriedad.

—¡Pero no pueden irse así nada más! —replicó Diddy.

¡Sí nos vamos! —respondieron los cuatro al unísono en el mismo tono.

Hubo un momento de silencio luego de la pequeña discusión que se había armado. Diddy no quería que se fueran, ya que temía que sus nuevos amigos, después de haberlos rescatado de un gran ataque, se fueran a perder o les llegara a pasar algo malo. Sin embargo, después de tanto advertirles, mejor decidió que no debería interferir en sus decisiones y se rindió.

—Está bien… —suspiró Diddy saliendo del bote—. De acuerdo, de acuerdo… Se pueden ir —exclamó encogiéndose de hombros y comenzando a alejarse de ellos.

¡OYE, Y NUESTRO BOTE! —gritó Tiny a lo lejos.

—Ya déjalo, Tiny, es que no le avisamos antes que nos íbamos —dijo Chunky—. Ya mismo nos despedimos bien de él.

Los cuatro iban a seguir con lo que estaban haciendo. Luego del bote roto, comenzarían a armar uno más reforzado. Por otro lado, Diddy seguía caminando lejos de los cuatro kongs; se sentía frustrado y a la vez preocupado por ellos, e incluso estaba considerando la idea de ir a decirle a Donkey y sus amigos que llegaran a ayudar a los cuatro para que no se expusieran al peligro.

Por su parte, los cuatro kongs habían comenzado a tratar de retomar el bote que estaban armando. De pronto, Dixie se detuvo mientras los otros tres continuaban colocando una pieza; ella se quedó mirando el bote, y luego miraba hacia el mar, como si ahora estuviera dudando en continuar.

¡ESPERA!… ¡DIDDY!... ¡AÚN NO TE VAYAS! —gritó Dixie a la distancia. Luego, les habló a los otros tres kongs—. ¡Oigan! ¡Esperen! Creo que mejor… debemos quedarnos aquí.

—¡¿Qué?! —exclamaron los otros tres cambiando totalmente sus caras—. ¿Estás hablando en serio?

—Sí, es que en realidad… creo que irnos así sí podría ser arriesgado —agregó Dixie.

—¿Sucede algo? —preguntó Diddy llegando de nuevo donde ellos, con la esperanza de que se hayan dado cuenta del peligro al que se expondrían.

—Ah, es que pensándolo bien… creo que sería mejor cambiar de planes —dijo Dixie—. No sabemos cómo llegar, así que… ¿qué tal si nos quedamos, les parece?

En ese momento, las caras de Tiny, Chunky y Kiddy e incluso la de Diddy mostraron una gran sonrisa.

—Ah, y por cierto, Diddy, ¿qué tal si… nos presentas a tus demás amigos? —añadió Dixie sonriente.

—¡Sííí! —exclamaron Tiny, Chunky y Kiddy con emoción y abrazaron a Dixie.

—Pues eso es lo que siempre les sugería —expresó Diddy sonriendo y encogiéndose de hombros.

—Chunky sí quería quedarse y conocer a los demás kongs —afirmó Chunky.

—Sí, Dixie era la que no quería —agregó Tiny.

—¡Ayyy, pero eso fue al principio, Tiny! —replicó Dixie—. Y bueno, nos vamos a quedar aquí —agregó volviendo a sonreír.

—Bien, ¿y cuándo nos presentas a tus amigos, Diddy? —le preguntó Chunky emocionado.

Diddy tenía que pensar en un momento correcto para que sus nuevos amigos pudieran conocer a todos los demás, y ese mismo día parecía ser el indicado para eso.

—Se me ocurre una idea —dijo Diddy pensativo—. ¿Saben? Hoy es el cumpleaños de Cranky, mi bisabuelo, ahí todos estarán reunidos, así que puede ser esta noche. ¿Les parece?

—Sí, suena bien —respondió Dixie asintiendo—. Solamente avísales que vamos a ir.

—Ya quiero conocerlos a todos —respondió Tiny entusiasmada.

—¿No son caníbales, verdad? —preguntó Chunky mostrándose algo temeroso.

—Oigan, ¿cómo van a ser caníbales? —respondió Diddy con las manos en los costados.

—¡Bah! Chunky solo bromeaba. Ahh, pero fuera de bromas, ¿sí nos recibirán bien?

—Por supuesto que sí —afirmó Diddy sonriéndoles—. Ehh, solo sí les pido que le tengan paciencia a Cranky, ya saben, es algo cascarrabias e imprudente —agregó con unas pequeñas risas—. Bien, entonces nos veremos más tarde, yo los vendré a ver.


En la noche, era la celebración del cumpleaños de Cranky, y toda la familia Kong estaba reunida para celebrar cerca de la casa de Funky, la cual se encontraba frente a la playa. Estaban todos presentes, a excepción de Diddy, ya que este había ido a ver a sus nuevos amigos para presentárselos a los demás. Obviamente, le había informado eso a Donkey con anticipación, quien tampoco tuvo problema alguno con la idea de recibirlos.

La familia Kong estaba reunida en una mesa mientras le cantaban a Cranky, y luego este se preparaba para soplar las velas del pastel.

—Bien, Cranky, ahora pide un deseo —le dijo Funky.

Cranky se quedó pensativo unos segundos, y lo primero que se le vino a la mente fue Donkey.

"Deseo que Donkey ya no sea tan estúpido y perezoso" dijo en su mente, antes de proseguir a soplar las velas. Después, todos aplaudieron alegres.

—¿Y qué fue lo que deseaste, Cranky? —le preguntó Donkey en un tono burlón—. ¿Dejar de amargarte?

—¡Ya empezaste tú! —le respondió Cranky molesto—. Yo pedí que ya no fueras tan estúpido y perezoso.

—¡Oh, wow! ¿En serio? ¿Y si te digo que no puedes decir el deseo porque después no se cumple? —agregó Donkey, y luego todos rieron en lo bajo por la jugada que le hizo a Cranky.

—¡Ah, no, ahora si me las vas a pagar, Donkey Kong! —exclamó Cranky enfadado y sacando su bastón, mientras Donkey se cubría con los brazos.

¡Oigan, ya basta! —dijo Candy calmando la discusión—. ¡Pidan disculpas!

Donkey y Cranky se detuvieron de inmediato. El anciano kong lo miraba a Donkey con enojo, mientras que este seguía riéndose por haber molestado a su abuelo.

—Está bien, Cranky, es tu cumpleaños, lo siento —se disculpó Donkey intentando dejar de reírse.

—Tú no cambias, muchacho —respondió Cranky encogiéndose de hombros.

—Amigos, ¿por qué no mejor ya repartimos la comida? —sugirió Lanky.

—Pero aún falta Diddy —dijo Swanky al ver que el pequeño mono estaba ausente—. Por cierto, ¿a qué hora viene con sus nuevos amigos que mencionó?

—Creo que me había dicho que iba primero a la casa de ellos y luego los traería —respondió Donkey.

—¿Son unos críos también como él? —preguntó Lanky.

—Sí, tres de ellos sí —respondió Donkey—. Dijo que son dos niñas chimpancés, un niño gorila pequeño y uno mayor.

Por otro lado, Diddy estaba llegando al punto de encuentro, en compañía de sus cuatro nuevos amigos. Si bien, ellos estaban emocionados de conocer nuevos kongs en un principio, también se encontraban algo nerviosos.

—Ya estamos cerca —les dijo Diddy a los cuatro—. Va a estar todo bien, no se preocupen.

—¿Y… cómo vamos a saludarlos? —le preguntó Dixie mostrándose con cierta timidez junto a los otros.

—Solo los saludan normalmente, les responderán bien.

Diddy, junto al cuarteto de nuevos kongs, llegaron hasta donde estaba reunida la familia Kong alrededor de la mesa de celebración. Todos en la mesa se voltearon a ver que Diddy había llegado. En un principio, lo observaron con extrañeza al ver que venía acompañado de cuatro kongs que jamás habían visto, pero luego supusieron que se trataba de sus nuevos amigos.

—¡Hola! Ya llegué —expresó Diddy sonriendo con los dientes, antes de señalarlos a los cuatro—. Ahh, ellos son mis nuevos amigos, los que les había mencionado.

Hubo otro momento de silencio, ya que les parecía un tanto curioso los diferentes aspectos que tenían cada uno de los nuevos kongs, pues todos se imaginaban que los cuatro serían del mismo tamaño que Diddy.

—¡Hola, amigos nuevos de Diddy! —exclamó Donkey luego de un rato.

Sucesivamente, todos comenzaron a saludarlos con amabilidad desde sus puestos, mientras los cuatro les devolvían el saludo, aunque con algo de timidez.

—Miren, pero si son unos pequeñines como Diddy —dijo Funky dirigiéndose hacia ellos con energía—. ¡Hola! ¿Cómo se llaman?

Funky les extendió la mano a los cuatro, pero estos aún se mostraban tímidos; querían conocer a los demás kongs de la isla, pero a su vez, no supieron qué decir para empezar a hablar con ellos. Diddy les hacía señas a los cuatro para animarlos a hablar.

—Oh, no tengan vergüenza —agregó Funky sonriéndoles—. Aquí somos buena onda.

—Ahh… yo soy Chunky —comenzó diciendo Chunky. Luego, los otros tres también dijeron sus nombres.

—Mucho gusto, Kiddy, Dixie, Tiny y señor Chunky —dijo Funky dándole la mano a cada uno.

Luego, todos se levantaron de sus asientos y se dirigieron a saludar a los nuevos kongs con amabilidad.

—Hola, yo soy Donkey Kong, gusto en conocerlos y sean bienvenidos —continuó Donkey sonriéndoles. Así mismo, los demás prosiguieron a decir sus nombres.

—Mucho gusto también —dijo Tiny volviendo a hablar con normalidad—. Diddy nos habló mucho de ustedes.

—¿Y cómo conocieron a Diddy? —les preguntó Donkey—. ¿Es cierto que él los salvó? Recién me enteré de eso hoy.

—Sí… Había unos mandriles que nos perseguían —respondió Dixie—. Y luego apareció Diddy y nos salvó. Los detuvo haciendo caer unas ramas sobre ellos, y luego los disparamos en unos cañones que ellos traían.

Todos exclamaron con cara de asombro y preocupación cuando mencionaron ese acto que Diddy había hecho. Si bien le tenían bastante estima a Diddy, se les hacía increíble que un mono de baja estatura, había salvado cuatro vidas él solo.

—¿Tú? —exclamó Cranky mirando a Diddy con extrañeza—. ¿Salvaste de… unos mandriles a… un padre con tres hijos? —preguntó de forma pausada y refiriéndose a Chunky, por su gran estatura, como el padre de los otros tres.

—¿Sí ha sido verdad, pequeño amigo? —preguntó Donkey mostrándose asombrado.

—Pues sí... No sé cómo pude, pero lo logré —respondió Diddy con algo de timidez—. Y él no es padre, es el hermano mayor del pequeño —agregó señalando a Chunky y luego a Kiddy.

—Y es cierto, Diddy nos salvó de morir —agregó Chunky confirmando lo que acababa de contar.

Todos aún se mostraban confundidos, así que tuvieron curiosidad por saber más acerca de esos cuatro nuevos kongs.

—Bueno, ¿por qué no nos cuentan mejor en la mesa? —les sugirió Funky con amabilidad—. ¿Quieren cenar ustedes también con nosotros? Son bienvenidos aquí.

—Oh, claro… Muchas gracias —respondió Dixie en conjunto con los otros tres de forma alegre.

La familia Kong invitó a los cuatro nuevos a la mesa. Todos querían saber cómo Diddy los había salvado, y se quedaron asombrados cuando él contó todo con detalle y hasta les parecía imposible que él, con su baja estatura y sus músculos pequeños había logrado derrotar a unos mandriles peligrosos… aun si solo había utilizado su agilidad para hacerlo. Era cierto que él había acompañado a Donkey en su aventura, pero aun así, no consideraban mucho a Diddy como un kong súper fuerte; hasta Donkey se preocupó por él, pero a la vez, se alegró de ver cómo su pequeño sobrino había realizado tal acto heroico.

—¿Y por qué estaban siendo perseguidos? —les preguntó Funky al cuarteto mientras estaban cenando.

—¿Quiénes eran esos simios mandriles? —agregó Lanky.

—Eh, creo que ahora no es momento de preguntarles eso —interfirió Diddy para que no hicieran preguntas imprudentes—. Creo que es asunto delicado —murmuró en voz baja.

Funky, Lanky, Donkey y Candy servían la cena y, mientras comían, conversaban mucho más con los nuevos kongs; al parecer, les habían caído muy bien y les hacían más preguntas sobre ellos. A la familia kong siempre le ha gustado ser amable y ofrecerles una mano a quienes lo necesiten.

—¿Y dónde están viviendo ahora? —les preguntó Funky.

—Estábamos en una casa que nos mostró Diddy —respondió Dixie.

—Espera, Diddy —interrumpió Funky frunciendo el ceño—, ¿no me digas que es esa vieja casucha sostenida por un árbol a punto de caerse?

—Sí, de hecho… ya se cayó —sonrió Diddy de manera forzada.

—¿Y por qué no nos dijeron nada antes? —les dijo Donkey, antes de sonreírles—. Podíamos construirles una casa nueva.

—Yo sí les había dicho eso, pero ellos aún tenían miedo conocerlos a ustedes —respondió Diddy encogiéndose de hombros.

—Nosotros sí queríamos conocerlos, era Dixie la que no quería —dijo Tiny señalando a Dixie.

—Oye, pero eso era cuando recién habíamos llegado —replicó Dixie mostrándose algo avergonzada.

—Oh, vamos, no les haremos ningún daño —dijo Lanky sonriéndoles—. No somos simios malos.

—Ustedes serán bienvenidos aquí con nosotros —dijo Swanky.

Los Kong seguían hablando con los nuevos. Les había parecido interesante conocer a cuatro jóvenes kongs, y estos también estaban sintiéndose en mayor confianza de hablar con ellos. Los cuatro no tuvieron que hacer tantas preguntas, ya que Diddy les había hablado bastante sobre la familia Kong.

—Entonces son solo ustedes: dos hermanos y dos hermanas —concluyó Funky—. ¿Solo andan ustedes cuatro?

—Sí… solo nosotros —respondió Dixie con una pequeña sonrisa.

—Oigan… y como dije antes, ¿qué tal si les construimos una nueva casa para ellos? —sugirió Donkey.

—Claro que sí, me encanta la idea —dijo Funky emocionado—. ¡Ahora tendremos nuevos amiguitos!

—Sí, entre todos podremos trabajar en equipo —añadió Lanky.

¡Sííí! —dijeron el resto.

—¡Niños, tendrán casa nueva! —les anunció Lanky, ganándose unas sonrisas por parte de los cuatro.

Los demás kongs también estuvieron de acuerdo con la propuesta de construirles una casa nueva. Los cuatro nuevos kongs se miraron con emoción y respondieron con una gran sonrisa y palabras de agradecimiento; su bienvenida les había hecho muy bien.

—¡Bah! ¿Construir una casa? —se opuso Cranky más tarde—. ¿Y por qué no mejor alguien los recoge en su casa y ya?

¡Abuelo! —exclamó Donkey contradictorio.

—Ay, es broma, claro que podemos —agregó Cranky riéndose un poco, antes de ponerse serio de nuevo—. Solo espero que sean niños de bien, no unos payasos como mi nieto y mi bisnieto.

—¡Cranky! —exclamaron Donkey y Diddy al unísono ante la imprudencia del kong anciano.

—¡Vamos! No empiecen con sus dramas —añadió Wrinkly calmándolos—. Estos niños se ven muy tranquilos.

—Está bien, está bien, solo bromeaba también —dijo Cranky—. De acuerdo, mañana mismo podemos empezar los planes para la casa.

—Bueno, pero… ¿dónde vamos a dormir? —preguntó Tiny con seriedad.

—Les puedo armar unos cuartos provisionales rápidos —les sugirió Funky—. Para que tengan su espacio.

—Pueden quedarse cerca de nuestra casa —agregó Wrinkly con amabilidad—. Y si necesitan algo, solo nos avisan, ¿sí?

Luego, siguieron conversando con los nuevos kongs, obviamente sin hacerles preguntas imprudentes. Al parecer, los cuatro ya se sentían más seguros en la isla al ver que habían aterrizado en un buen lugar con buenos habitantes de su misma especie que los recibieran. Y, como era de esperarse, también continuaron con la celebración de Cranky, la cual finalizó con la apertura de los regalos.

Como su casa provisional se había derrumbado, los cuatro nuevos kongs se quedaron a dormir en casa de Cranky y Wrinkly, mientras que Funky les armaba unas casetas para que durmieran allí en días posteriores.


Al día siguiente, Funky invitó a todos los kongs a comer a su casa, y luego hicieron planes para empezar a construir la casa nueva para el nuevo cuarteto de kongs. Más tarde, todos los integrantes de la familia Kong se dirigieron al sitio donde la construirían; era un espacio tranquilo dentro de la jungla, rodeado de árboles altos.

—Este es el lugar donde construiremos su casa, ¿les gusta? —les preguntó Funky a los cuatro nuevos.

¡Sí! —respondieron los cuatro muy alegres.

—¡Bien, empecemos! —dijo Donkey de la misma forma.

—Primero debemos buscar los materiales —dijo Funky.

—Oigan, ¿y podemos ayudar? —preguntó Chunky con una mirada suplicante junto con su hermano menor y sus primas.

—Oh, no, no, los nuevos no tendrán que preocuparse —respondió Funky calmándolos.

Los cuatro lanzaron otra mirada de súplica, ya que ellos estaban emocionados y querían ayudar también.

—Oh, vamos, queremos ayudar con nuestra nueva casa —agregó Dixie con algo de emoción—. ¿Podemos?

—Bueno, bueno, está bien —dijo Funky sonriéndoles—. Entonces, haré una lista de lo que se debe encargar cada uno, ¿de acuerdo?

Y entonces, todos los kongs se pusieron manos a la obra y empezaron a colaborar. Funky y Donkey les asignaban a los demás lo que debía hacer cada uno; primero debían conseguir materiales, entre ellos, madera y lianas, las suficientes para construir una casa al estilo Kong. Después de buscar los materiales, empezaron a construir la casa. Los cuatro nuevos kongs también ayudaron, incluso Cranky y Wrinkly. No todos eran unos constructores expertos, pero aun así, hacían el esfuerzo, ya que debía ser una casa confortable para cuatro kongs jóvenes.

Habían tardado aproximadamente tres semanas en terminar la casa, ya que querían que estuviera bien hecha, y les había quedado de lo mejor. Ahora, los nuevos kongs ya tendrían un nuevo hogar donde vivir.

La casa ya estaba lista y todos los kongs se reunieron para verla.

—Y bien, niños, esta es su nueva casa —dijo Funky llevándolos a los cuatro observar la propiedad.

La casa era de dos plantas y el estilo era similar a como eran las casas de los otros kongs; tenía todo lo necesario para que pudieran vivir en buenas condiciones. Finalmente, estos nuevos kongs ya tenían donde vivir con tranquilidad luego de una riesgosa vida fugitiva.

—¡Es fabulosa! —exclamó Tiny muy fascinada.

—¡Ahora si tenemos dónde vivir! —agregó Chunky de la misma forma.

—Nos alegra que les haya gustado —dijo Donkey sonriéndoles.

—Y por cierto, estaba pensando… ¿Y si hacemos una fiesta para celebrar? —les sugirió Funky—. Algo como una bienvenida para los cuatro, solo entre nosotros. Aunque ya tengan tiempo de haber llegado.

—¡Sííí! —respondieron todos emocionados.

—Por favor, ¡¿otra fiesta?! —se opuso Cranky.

—Tranquilo, Cranky, no empieces a oponerte, por favor —dijo Diddy calmándolo.

—Sí, abuelo —agregó Donkey—. No seas aguafies…

—Tranquilo tú también —interrumpió Diddy calmando a Donkey por si empezaban a discutir.

—Bien, entonces, ¿qué tal mañana en la noche? —sugirió Funky, recibiendo respuestas afirmativas de los demás.

Los cuatro nuevos kongs estaban muy alegres, no solo por su casa nueva, sino de lo bien que los demás los habían recibido. Así mismo, los demás estaban emocionados de tener nuevos amigos. De lo que se pudo conocer de ellos, Chunky era un gorila de gran estatura, pero su forma de ser era de un niño, aparte de ser algo nervioso, pero siempre le gustaba sacarle una sonrisa a los demás; Kiddy era un niño pequeño que no hablaba mucho debido a su corta edad y era como un bebé, su gran estatura parecía deberse a la genética de él y la de su hermano; Tiny era una niña muy alegre y juguetona que, aunque en ocasiones solía discutir con su hermana, en el fondo la quería mucho y la admiraba; y por último estaba Dixie, quien era como la hermana mayor de los tres, pero aun así, tenía el espíritu enérgico de una niña de su edad.


N/A: Hasta aquí esta parte. Voy a adelantar algo, pero desde los capítulos 1 al 12 es como una parte introductoria, prácticamente lo que dice la primera parte de la sinopsis. A partir del capítulo 13 ya empieza lo que sería la trama principal. Lo digo para que se tranquilicen un poco... y disfruten mientras las cosas aún estén "calmadas" en la historia.