N/A: Este capítulo será algo más extenso.
Capítulo 5: Un Secreto Sin Contar
Al día siguiente, por la mañana, Diddy estaba caminando rumbo a la escuela. Si bien durante esos días había estado con un mejor estado de ánimo, este se esfumaba a la hora de ir a Kong Kollege. Él deseaba no tener que ir, pero era una buena costumbre que todo Kong debiera recibir una educación escolar, sobre todo si él querría convertirse algún día en un héroe como Donkey.
Al llegar a la escuela, Diddy no detectó rastro de sus compañeros molestosos, así que pasó de largo con tranquilidad para tratar de llegar hasta el salón... o al menos lo intentó.
—¡Ahí está! —señaló Jemky apareciendo detrás de Diddy, y luego los otros tres se aglomeraron contra él y empezaron a tomarlo de sus extremidades para atacarlo. Él iba a reaccionar y tratar de devolverle los golpes, pero no le resultó.
—¡No!... ¡SUÉLTENME! —suplicaba Diddy mientras trataba de salir de entre todos. Por lo general, estos tenían más fuerza que él y casi nunca lograba ganarles alguna pelea.
De pronto, Jemky lo estrelló contra el suelo mientras los otros tres le pisoteaban las extremidades. Diddy se empezó a desesperar más, al punto de tener que actuar a la defensiva y, como pudo, le dio una patada espontánea en la cara a Jemky; fue tan fuerte que este último dio un grito de dolor.
—¡Ahhh! ¡Mono sabandija cara de lombriz! —gritó el niño orangután mientras se sobaba la cara.
Los otros tres del grupo fueron a socorrer a Jemky, a quien se le había hecho un moretón en la nariz debido al golpe que recibió por parte de Diddy.
—¿Estás bien, Jemky? —le dijo Mandrew y, de inmediato, todos le lanzaron una mirada asesina a Diddy. Este solo les sonrió mostrando los dientes.
—¡Acábenlo! —gritó Rocky.
De nuevo, los cuatro se abalanzaron contra Diddy. Él iba a escapar hasta que Rocky lo agarró de la cola y lo puso de cabeza para que luego Mandrew lo tomara del cuello de forma agresiva.
—¡Escúchame, enano zoquete! —le advirtió Mandrew, mientras Diddy ponía una cara de súplica—. ¡Sabes que no es bueno que nos contraataques!
—¡L-lo siento, no fue mi inten…
De inmediato, Diddy recibió un fuerte golpe en el ojo por parte de Mandrew, causándole un moretón. Diddy gritó del dolor, mucho más fuerte que Jemky. Esa era la principal razón por la que él no solía defenderse bien de ellos, ya que siempre le devolvían un golpe más fuerte sí o sí.
—Uy, lo siento, no fue mi intención —repitió Mandrew en un tono sarcástico.
—Y bien, tú ya sabes cómo son nuestras reglas, pequeña lagartija —agregó Rocky tomándolo del cuello—. ¡Nada de decirle a Wrinkly ni a tu tío… o ya verás de lo que somos capaces! ¡¿Oíste?!
Diddy se enfureció tanto por el golpe recibido y, estando de cabeza, se abalanzó a darles unos manotazos rápidos en la cara, esta vez a Mandrew y a Rocky, consiguiendo que lo soltaran. Diddy no se quedó más y salió corriendo de ahí lo más veloz que pudo, mientras que los cuatro fueron tras él, hasta que finalmente lo perdieron de vista.
—¡Este mono sinvergüenza! —exclamó Rocky tratando de buscarlo junto con el grupo.
—¡Me las va a pagar caro ese idiota! —agregó Jemky mientras se sostenía la nariz—. ¡Que se espere nomás!
Diddy siguió corriendo hasta llegar de vuelta a su casa y entró en ella con tanta desesperación; no quería regresar a la escuela de nuevo por el momento y había entrado casi en un colapso. Cerró la puerta de inmediato mientras respiraba de forma agitada, aunque no sé percató de la presencia de Donkey, quien venía saliendo de su habitación.
Donkey vio llegar a Diddy y notó que él estaba exhausto, desesperado… y con un ojo moreteado, aunque Diddy trató de recuperar su postura normal.
—¡Diddy! ¿Qué pasó, por qué te regresaste temprano… ¡¿Eh?! ¡¿Pero qué le pasó a tu ojo?! —exclamó Donkey impactado al ver el ojo de Diddy en ese estado.
—Ehh, n-nada, solo que… me caí de un árbol —dijo Diddy con rapidez y tratando de cubrirse el ojo; las últimas palabras fueron lo primero que se le ocurrió decir.
—¡Ay, no! —exclamó Donkey dando unos zapateos hacia al frente—. No me digas que fueron tus supuestos amigos.
—¡¿Qué?! Ay, ya vas a empezar, ¿por qué ellos me harían algo así? —replicó Diddy intentando insinuar que Donkey estaba loco.
—Esa cara no me convence, yo sé que ellos fueron y ahora en este mismo momento iré a hablar con ellos —dijo Donkey con firmeza.
—¡¿Qué?! ¡Oye, ¿qué dices?! —exclamó Diddy entrando en pánico—. ¡Espera, espera! ¿Por qué querrías hablar con ellos? No creo que…
—¡Nada de esperar! —apartó Donkey a Diddy de la puerta, antes de salir—. Tú no quieres decírmelo pero yo lo sé, ¡mi instinto no falla! Además, esta no es la primera vez que has llegado con alguna herida como esa.
—¡Pero si ya te dije que me caí de un árbol! —exclamó Diddy, suplicando que Donkey no fuera a hablar con los cuatro.
—Sí, claro, de un árbol ¿Y entonces por qué tan asustado? —replicó Donkey con ironía, y luego corrió directo hacia la escuela.
—¡Donkey!
Diddy trató de alcanzarlo y detenerlo, pero Donkey ya iba más lejos. Él comenzó a entrar en pánico, ya que no quería que Donkey fuera hasta Kong Kollege hablar con aquel cuarteto ni mucho menos que tocara ese tema con ellos. Él solo había empezado a temblar de la desesperación.
Donkey llegó hasta la escuela con toda la actitud de confrontación y vio al grupo de "amigos" de Diddy reunidos, a quienes luego se les acercó. Diddy, quien iba detrás de Donkey, decidió esconderse en los arbustos a observar, por temor a lo que sucediera; en ese momento, sentía como la sangre le corría a velocidad por su cuerpo.
—¡Ustedes! —exclamó Donkey y, de inmediato, los cuatro voltearon a verlo—. ¿Saben quién soy yo, verdad?
El grupo de niños bravucones se quedó quieto y tan solo se miraban unos a los otros como si no supieran qué decir.
—Ahh, usted se me hace conocido, señor —le dijo Melenky con una sonrisa forzada.
—De casualidad, ¿ustedes… no le han dado un golpecito en el ojo a Diddy, eh? —les dijo Donkey de forma directa y lanzándoles una mirada endurecida.
—¡¿Qué?! —exclamó Mandrew mostrándose estar impactado—. ¿Y por qué le haríamos algo así a Diddy? No le hemos hecho nada.
—¡¿Seguros?! —exclamó Donkey alzando la voz—. ¿Y entonces qué fue lo que le pasó! ¡¿Ustedes le hicieron algo?!
—¡C-claro que no! —replicó Rocky mirándolo con rareza—. Oiga, señor Donkey, ¿a qué viene esto? ¿Por qué nos acusa así?
—Si Diddy es nuestro amigo —agregó Jemky de la misma forma—. ¿Por qué nos dice eso? No sé de qué habla.
—¡¿Ah, no?! —exclamó Donkey enfadado—. ¡Diddy, ven aquí!
Diddy salió del arbusto temblando del miedo y con su ojo morado, esperando que el cuarteto no estuviera pensando que los había delatado.
—¡Miren esto! —dijo Donkey mientras tomaba a Diddy y le señalaba el ojo—. Díganme si no fueron ustedes.
Los cuatro se mostraron sin saber qué decir, aunque en el fondo se los veía que querían masacrar a Diddy, ya que podrían haber pensado que él ya los había delatado y tan solo lo miraban de reojo, mientras que Diddy podía sentir la sed de venganza en ellos.
—Ehh, Donkey, ya te dije que me había caído de un árbol y eso es todo —reafirmó Diddy con voz temblorosa como una excusa para el grupo.
—Ahh, eso. Sí, es cierto —agregó Jemky siguiendo la corriente al asunto, mostrando su herida en la nariz—. Es que estábamos jugando con Diddy y de pronto nos caímos de un árbol. ¡Solo mire mi nariz!
—Oiga, pero no sabíamos que Diddy se había golpeado en el ojo —agregó Melenky de la misma forma—. Diddy, ¿por qué no nos dijiste?
—O más bien, ¡¿no estaban peleando?! —interrumpió Donkey mirándolos aún con sospecha.
—¡Buenos días, niños! —apareció Wrinkly, y la situación se calmó de inmediato—. ¡Oh, Donkey, buenos días! ¿Cómo así por aqu…
—¡Wrinkly! Debes vigilar bien a estos niños, ¡mira! —interrumpió Donkey mostrando el ojo morado de Diddy—. Estoy seguro que le hicieron esto a Diddy.
—¡Ehh, no, no es cierto!... —se apresuró a decir Diddy tratando de "salvar" la situación—. Claro que no, me caí de un árbol mientras jugaba con mis amigos, pero Donkey no me quiere creer, él anda sacando especulaciones. Mire, Jemky también se lastimó.
—Sí, yo me golpeé en la nariz y Diddy en el ojo —agregó Jemky sobándose la nariz—. Diddy se asustó y quiso ir a su casa después de que nos caímos.
—Sí, fue eso —agregó Diddy siguiendo la corriente—. Yo me fui a la casa a decirle a Donkey que auxiliara mi herida, pero él salió diciendo de la nada que mis amigos me hicieron esto.
—¡Oh, no puede ser! Pobres niños —se compadeció Wrinkly colocándoles las manos en los hombros a Diddy y a Jemky—. Ahora les pondré una venda, y deberían tener más cuidado la próxima vez que anden por los árboles, mis pequeños.
—¡Abuela! ¿Ignoras mi suposición? —exclamó Donkey con frustración.
Wrinkly nunca se daba cuenta de lo que en realidad pasaba, ya que siempre pensaba que todos sus estudiantes eran bien portados y no serían capaces de hacer alguna crueldad.
—Donkey, ¿pero qué estás diciendo? Mis niños son muy portados y se llevan muy bien entre todos —le dijo Wrinkly—. ¿De dónde sacaste esas ideas?
—Verás, a Diddy siempre lo veo con temor cuando viene a la escuela, no me quiere hablar de sus amigos, y lo último que me dijo era que estaban peleados y…
—¡No, no, no! Eso fue antes, ya no estamos peleados —interrumpió Diddy, tratando de desviar el asunto—. Había sido solo una pelea tonta.
—Pues que yo haya visto, Diddy se lleva muy bien con sus amigos —le afirmó Wrinkly a Donkey—. No entiendo por qué vienes tú a decir tales acusaciones; Diddy mismo acaba de decir que se cayó del árbol.
—¡Pero, abuela! Será mejor que los vigile —insistió Donkey—. Es en serio.
—¡Pero si Diddy acaba de explicarlo, muchacho! —replicó Wrinkly—. Están diciendo que solo tuvieron un accidente… ¡Oh, y mira! Se me hace tarde, la clase va a empezar. Vamos niños, ¡entren!
—Pe-pero… ¡Ay, estos abuelos míos! —se quejó Donkey en voz baja.
Wrinkly, junto con los cinco estudiantes, empezaron a dirigirse hacia el salón. El cuarteto de niños malos miraba de una forma amenazante pero disimulada a Diddy, mientras que este trataba de mantenerse serio en presencia de Wrinkly.
Diddy solo se despidió de Donkey a la distancia con una mirada insegura, mientras que este último solo se quedó frustrado, sobre todo por la incredulidad de Wrinkly. Y es que también, Diddy no quería hablar con la verdad… Él temía que se llegara a generar un conflicto, incluso se sentía fatal de no haber podido hablarlo en ese momento que tuvo la oportunidad.
En la noche, Donkey le cambió la venda a Diddy y le limpió el ojo con productos medicinales. Por su parte, Diddy se mantuvo con su excusa de que "se había caído de un árbol". Aun así, Donkey parecía no estar convencido; el presentía que algo malo le pasaba a Diddy con respecto a sus "amigos", lo notaba desde que el año escolar empezó. Diddy solo seguía manteniéndose callado con respecto al tema.
Más tarde, se dirigieron hacia la casa nueva de los nuevos kongs: Dixie, Tiny, Kiddy y Chunky, ya que, como había planeado Funky, iba a haber una fiesta como bienvenida hacia ellos.
La fiesta la iban a celebrar al exterior de la nueva casa, y aún estaban preparando todo. Había un pequeño escenario con muchas luces y adornos al estilo selvático, y los Kong esperaban a que fueran llegando todos. Por supuesto, esta vez fue una pequeña fiesta solo entre la familia Kong junto con Kiddy, Chunky, Dixie y Tiny.
Luego, llegaron Donkey y Diddy, y saludaron a los demás.
—¡Hola, hermanos! —los saludó Funky—. Qué bueno que llegaron, solo faltaban ustedes.
—Hola, Funky. ¿Cómo va todo? —preguntó Donkey con alegría—. ¿Ya empezaron?
—Todavía no, deben esperar unos minutos mientras arreglo algunas cosas. Y, por cierto, ¡habrá juegos!
—¡Genial! —respondió Diddy con emoción.
—¡Eh! ¿qué tienes en tu ojo, Diddy? —le preguntó Funky al notarle su ojo vendado.
—Ahh, me caí de un árbol mientras jugaba con mis amigos en la escuela —respondió Diddy sonando lo más verídico que pudo. Donkey solo adoptó una seriedad y movía la cabeza de un lado a otro al recordar el asunto.
—Vaya, hermano, debes tener más cuidado —le sugirió Funky—. No vayas a aventarte así o te puedes desparramar… Bueno, hermanos, tengo que seguir ordenando todo, nos vemos —agregó antes de ir a seguir con los preparativos.
—¡Donkey Kong! —dijo una voz femenina que Donkey reconoció de inmediato.
—¡Candy! —exclamó Donkey volteando a mirar a su novia—. Oh, te ves hermosa como siempre.
De pronto, la pareja kong se abrazó, y comenzaron a decirse halagos amorosos de siempre.
—Tú te ves tan guapo, cariño —respondió Candy, antes de notar a Diddy—. Ah, hola, Diddy, ¿cómo has estad… Ehh, disculpa, ¿qué te ha pasado en tu ojo?
—Según él, se cayó de un árbol —respondió Donkey mostrándose no tan convencido aún, antes de seguir hablando con Candy—. ¿Y cómo te va, mi pedacito de cielo?
Luego, Donkey con Candy empezaron con sus amoríos, sus apodos y sus coqueteos de novios… ganándose unas miradas de extrañeza por parte de Diddy; a él le gustaba verlos juntos, aunque a veces se le hacía gracioso y algo empalagoso cuando comenzaban a ponerse románticos.
—Ya empezaron —dijo Diddy en voz baja y encogiéndose de hombros.
Como Donkey se quedó con Candy, Diddy se dirigió a ver qué estaban haciendo los demás. Fue donde Lanky, quien estaba preparando la comida.
—Hola, Lanky —le dijo Diddy con una sonrisa.
—Hola, Diddy, cómo te… ¡Eh! ¿Y tú ojo? —dijo Lanky de forma interrumpida cuando lo primero que le llamó la atención fue el ojo vendado de Diddy.
—Ah, solo me caí de un árbol —respondió Diddy algo incómodo de que le haya preguntado eso.
—Oh, ten cuidado la próxima vez, pequeñín. No vayas a lastimarte así —dijo Lanky dándole palmadas en la cabeza a Diddy, y luego se fue a repartir comida.
Diddy no tenía nada que hacer en ese momento; Donkey estaba con Candy, Lanky repartiendo comida, Funky con los preparativos, y Cranky y Wrinkly estaban solo hablando de sus tiempos de juventud, por lo que tampoco iría a reunirse con ellos.
—¡Eh, Diddy! —lo llamó Wrinkly al verlo pasar.
—Hola, Wrinkly —respondió Diddy saludándola y dirigiéndose hacia ella.
—¿Qué tal, pequeño? ¿Cómo está tu ojo?
—Está todo bien. Solo me duele un poco —respondió sonriendo a medias.
—Bueno, con los días ya te recuperarás, querido —le dijo Wrinkly sonriéndole.
—Sí… eso espero también —dijo Diddy manteniéndose normal.
—Ehh, y cierto, Diddy… solo sí quisiera que me digas algo —dijo Wrinkly mirándolo fijo, lo cual comenzó a poner tenso a Diddy—. ¿De verdad tú y Jemky se cayeron de un árbol?... ¿No es que estaban peleando o algo así?
Diddy se puso mucho más tenso al ver que Wrinkly podría tener ciertas sospechas del asunto igual que Donkey. Sentía un enorme impulso de contar la verdad, pero no podía; no quería pensar qué podría suceder después si lo hacía.
—Eh, no… De verdad nos caímos de un árbol —respondió Diddy con una sonrisa forzada antes de inventarse un relato falso—. Lo que pasó fue que estábamos los cinco jugando sobre las ramas del árbol, y entonces Melenky comenzó a saltar y la rama se aflojó. Mandrew, Melenky y Rocky alcanzaron a sostenerse, pero Jemky y yo no pudimos. Y entonces corrí donde Donkey para que me ayudara con la herida, pero él se inventó otra historia.
Diddy rogaba en su mente que su falso relato haya sonado creíble. Wrinkly se lo quedó viendo por unos segundos mientras analizaba si lo que contaba Diddy era verídico, hasta que luego hizo un gesto de asentimiento.
—De acuerdo, está bien, Diddy —dijo Wrinkly antes de dar un suspiro—. Solo quiero decirte una cosa: cualquier inconveniente que puedas tener… aquí estoy yo para ayudarte, no lo olvides.
Diddy se mantuvo en silencio por un rato; necesitaba contar toda la situación real, pero a la vez, el temor le ganaba. Tan solo le sonrió a Wrinkly y continuó asegurándole que todo estaba bien.
Diddy siguió recorriendo a ver qué hacían los demás kongs. Dixie, Tiny, Kiddy y Chunky estaban reunidos en la mesa junto con Swanky, quien les contaba de sus historias. De inmediato, Diddy se les unió para ver a sus amigos.
—… y así es como obtuve mi diente de oro —contaba Swanky sus historias como simio empresario—. Nada fácil como se pudieron dar cuenta —agregó con unas pequeñas risas.
—¡Wow! —exclamaron los cuatro al unísono.
—¡Eh, hola, Diddy! —dijo Tiny al ver llegar a Diddy, y todos voltearon a verlo.
—¡Hola, Diddy! —exclamó el resto. De pronto… estos también se impactaron al ver a Diddy vendado de un ojo.
—¡Eh! ¿Pero qué le pasó a su… —iba a preguntar Chunky hasta que Diddy lo interrumpió.
—Ahh, solo me caí de un árbol mientras jugaba con mis amigos de la escuela, eso es todo —repitió Diddy su excusa por enésima vez y tratando de sonreír.
—Oh, Diddy, debes tener más cuidado cuando te avientes por los árboles —agregó Swanky.
—Ven a escuchar las historias de Swanky, son muy interesantes —le dijo Chunky sonriente—. A Chunky le han parecido divertidas.
Swanky seguía contando de su vida lujosa mientras los otros lo escuchaban. Pero un rato después, Diddy se retiró, ya que esas historias ya las había escuchado un montón de veces.
En realidad, Diddy estaba algo desanimado por lo de su ojo. Él quería estar emocionado por la fiesta y compartir buenos momentos con los demás, pero todos le preguntaban solo por su ojo apenas lo veían, y eso le hacía recordar el mal momento que pasó en la escuela. A su vez, estaba cansado de repetir la misma mentira de que se cayó de un árbol. No era la primera vez que sus cuatro compañeros malos lo dejaban con heridas físicas a causa de los enfrentamientos.
Diddy no sabía qué más hacer, así que fue a sentarse en una roca que estaba detrás del escenario. Se quedó ahí por unos minutos pensando en lo falsos que resultaron ser sus amigos de la escuela, en cómo se convirtieron en unos bravucones escolares para él, y en que no podía contarle ese inconveniente a Wrinkly o a Donkey, pues temía que esos cuatro fueran a causar daños mayores si los reportaba.
—¿Diddy? —dijo alguien llegando a ese mismo lugar. Diddy se percató que solo era Dixie—. ¿Qué haces por acá?
—Ehh… nada, solo vine a quedarme aquí un rato —respondió con un tono apagado y bajando la mirada.
—Ah, ¿estás adolorido por tu ojo, cierto? —le preguntó Dixie mientras se iba a sentar al lado de él—. ¿Cómo fue que te caíste de un árbol?
Diddy, a punto de querer estallar, estaba cansado de repetir la misma excusa cuando le hacían esa pregunta; deseaba por un momento ser completamente sincero respecto a la situación.
—Bueno… en realidad no me caí de ningún árbol —dijo Diddy suspirando con frustración.
—¿Y entonces?
—Fueron mis compañeros de la escuela —respondió Diddy angustiado, antes de abrir los ojos al máximo ante lo que acababa de decir—. ¡Ahh, d-digo… no…
—¿Qué? —exclamó Dixie mirándolo con extrañeza—. ¿Compañeros…
—¡No, no, no! Quise decir… —Diddy se quedó sin saber qué más decir—. S-solo fue que me caí del árbol mientras jugaba con mis compañeros —finalizó tratando de arreglar la respuesta.
—¿Acaso quisiste decir… que tus compañeros de la escuela te hicieron eso? —le preguntó Dixie como si ya no creyera en tal excusa.
Diddy no pudo evitar poner una cara de cierta indignación luego de escuchar lo que en verdad le sucedía. De pronto, se vio descubierto ante la verdad. Él tan solo suspiró y volvió a bajar la mirada.
—Bueno… sí… sí, eso —respondió él con inseguridad y mirando hacia otro lado—. ¡Ah, p-pero no le digas a nadie, por favor! —agregó con desesperación ante tal ataque de sinceridad que tuvo… Jamás lo había dicho y, como si en ese momento hubiera pensado en voz alta, por primera vez mencionó algo de dicha situación.
—¿Qué?... Oh, tranquilo, yo no digo nada —dijo Dixie entre pequeñas risas al ver el cambio de reacción de Diddy—. ¿Pero por qué? No creo que unos compañeros de clase sean tan malos… ¿O de verdad ha sido algo malo?
—Ay… es que no lo entenderías… Es larga explicación.
—Oh, lo siento. Está bien, si quieres no lo cuentes ahora —respondió Dixie disculpándose—. Eh, perdón que lo pregunte, pero ¿es algo grave o algo así?
Diddy no sabía si contarle o no. Si bien en el fondo necesitaba contárselo a alguien, el temor de lo que pueda pasar después lo dominaba, hasta se había arrepentido de haber dicho eso… Pero luego de pensarlo un momento, se había dado cuenta que ya había sido muy obvio frente a Dixie; ella era una de sus nuevos amigos, los cuales habían sido un refugio para él en esos últimos días, y quizás por eso había sido invadido por el ataque de sinceridad.
—Bueno, verás… s-solo no le cuentes a nadie esto, ¿sí? —dijo Diddy tratando de tomar valor para contarlo, que por cierto, era la primera vez que lo hablaba—. Es que… cuatro compañeros míos siempre me molestan en la escuela, y esta mañana mientras me estaban golpeando, yo los contraataqué y luego ellos me devolvieron este golpe en el ojo... Y le mentí a Donkey diciéndole que solo me había caído de un árbol.
—¿En serio? ¿Pero por qué te hicieron eso?... ¿Y por qué no le dijiste a Donkey? —preguntó Dixie al darse cuenta que la situación no era tan simple—. ¿De verdad son tan malos esos niños?
—Es… una larga historia con esos cuatro —respondió Diddy con la mirada baja—. De verdad que nunca la he podido contar bien.
—Oh… de acuerdo, supongo que es algo difícil, ¿cierto? —le dijo Dixie en tono de compasión, y Diddy solo asintió con una mirada baja—. ¿Sabes? Sea lo que haya pasado, creo que deberías contárselo a Donkey, por lo que veo.
—Es que no puedo hacerlo —replicó Diddy, tratando de no perder la calma—. Es decir… creo que tendrías que saber lo que sucedió para entenderlo, lo siento.
Dixie lo observó con algo de extrañeza; parecía aún no comprender la situación de Diddy y le sorprendió la actitud que estaba teniendo, ya que él nunca se había mostrado así delante de sus nuevos amigos.
—Diddy… puedes hablarlo si quieres —le dijo ella tratando de darle ánimos—. Claro, si te sientes listo. No creo que sea buena idea guardarse las cosas cuando son situaciones graves como lo estás mencionando.
—Bien, pero por favor… en serio, no se lo cuentes a nadie —le suplicó Diddy con la mirada.
Diddy, aunque dudándolo un poco, se atrevió a contar una historia que no había podido revelar ni siquiera a Donkey… Algo que lo había estado atormentando desde hace tiempo…
...
Como te dije, tengo unos compañeros en la escuela que son unos cretinos fastidiosos. Ellos al principio sí eran mis amigos, de hecho, con los únicos del salón que he andado. Los conocí hace como un año, en el pasado ciclo.
Diddy comenzó relatando sobre su primer día de clases, donde un nuevo ciclo escolar comenzaba. Todo era nuevo para él, ya que casi todos sus compañeros eran nuevos. Él, durante las horas de recreo, salió e intentó hablar con todos sus nuevos compañeros; con los anteriores que había tenido, había formado buenas amistades, pero estos ya no estaban y ya no tenía con quién andar. Se dirigió hasta un grupo de tres niños kong para hablarles.
—¡Hola, ¿qué tal?! —dijo Diddy hacia el grupo.
Pero los tres solo lo miraron con cara rara como si los hubiera saludado un desconocido al que no quisieran conocer.
—Hola —respondió uno de ellos con la mayor indiferencia y, posterior a eso, se alejaron.
Diddy se encogió de hombros ante ese mal gesto, así que se dirigió a un grupo de dos niñas kong para intentarlo de nuevo.
—Hola —las saludó Diddy—. ¿Cómo se llaman?
—Que te importa, mono —respondió una de ellas mirándolo con rareza y se alejaron también.
Diddy, al ser ignorado de nuevo, fue hasta otro grupo de cuatro niños y niñas orangutanes y chimpancés. Esta vez, tendría más esperanza de hacer nuevos amigos.
—Hola… Eh, yo soy Did…
Pero todos los de los grupos lo miraron también como si les pareciera un niño raro. No le dijeron nada y se alejaron de él casi al instante. Diddy, al ver que nadie quiso hablar con él, se frustró y no le quedó de otra que ir a sentarse en un rincón él solo.
—¡Eh, mono! —lo llamó alguien de repente.
Diddy se volteó a mirar. Quienes lo llamaban era otro grupo de cuatro niños kong a quienes no les había hablado todavía.
—¿Andas solo? —le preguntó uno de esos niños—. Ven acá.
Diddy lo pensó por unos segundos, pero luego accedió y se acercó a ese grupo conformado por un orangután, un mandril, un langur y un mono capuchino. Este grupo de niños, a diferencia del resto, sí se mostraban con ganas de hablarle, aunque Diddy no lo tomaba así en un principio.
—Ven, no nos mires así. A nosotros tampoco quieren hablarnos —le dijo el niño orangután con unas pequeñas risas—. Nosotros podemos ser tus amigos si quieres. ¿Cómo te llamas?
—Ahh… Soy Diddy —les respondió aún mirándolos con extrañeza.
—De acuerdo, Diddy. Yo soy Jemky, y ellos son Mandrew, Melenky y Rocky —señaló a cada uno, y estos saludaban a Diddy sonriéndole—. Y sí, estamos igual que tú, nadie de aquí nos quiere hacer caso.
—Sí, son medio antipáticos todos —agregó Rocky encogiéndose de hombros.
—Son como raritos aquí —dijo Mandrew de la misma forma.
—¿Tú eres de esta isla, Diddy? —le preguntó Melenky.
—Por supuesto que sí —respondió Diddy empezando a tomar un poco de confianza y devolviéndoles la sonrisa—. ¿Ustedes no?
—No, nosotros somos de una pequeña isla que queda por aquí cerca —respondió Mandrew—. Se llama Isla Z.
—Viajamos todos los días —agregó Melenky—. Nuestros papás nos apuntaron a esta escuela… aunque nosotros no queríamos.
—¿Entonces vienen también de otra escuela? —les preguntó Diddy.
—Bueno, antes de venir aquí estábamos en un refugio —respondió Rocky—. Pero… tuvimos unos problemillas allí y nuestros papás nos sacaron.
—Ahora cuéntanos sobre ti, monito —continuó Jemky sonriéndole—. ¿Desde cuándo estás en esta escuela?
—¿Te gustan las aventuras? —agregó Mandrew de la misma forma.
Se los veía muy amigables, así que me quedé hablando con ellos. Días después, ya andábamos en los recreos o en las horas libres; no había nada malo en ellos aparentemente, por lo que nos hicimos buenos amigos, ya que al igual que a mí, nadie del salón quería hablarles. Éramos como los excluidos de la clase, pero al menos éramos un grupo y la pasábamos bien.
—Oigan, juguemos al mono arrollado —dijo Mandrew en una ocasión.
—Dale, que sea Rocky el arrollado —dijo Melenky.
—¿Y yo por qué? —replicó Rocky—. Mejor tú.
En ese tiempo, me caían muy bien. Solo eran algo bruscos para jugar y a veces hacían bromas pesadas, pero no le tomaba tanta importancia en ese entonces. Incluso hubo ocasiones en que ellos venían a la Isla DK por las tardes y salíamos a jugar.
—Oye, Diddy, ¿quieres ir mañana por la tarde con nosotros a conocer nuestra isla? —le propuso Jemky en otra ocasión—. No es muy lejos.
—Haremos muchas cosas divertidas allá —agregó Melenky con emoción—. ¡Vamos, Diddy!
—Suena genial —respondió Diddy sonriéndoles—. Le diré a Donkey y luego les avisaré, ¿de acuerdo?
Acepté ir. Durante un par de meses, todo me había ido bien con ellos, por lo que no habría problema alguno… o al menos es lo que yo pensaba hasta que fui con ellos a su isla.
—Oigan, ¿pero qué lugar es ese? —les preguntó Diddy mostrándose confundido—. ¿Y por qué se disfrazan así?
—Porque aquí solo les permiten comprar a simios adultos —susurró Jemky quien estaba parado sobre los hombros de Mandrew, y ambos se habían colocado una chaqueta larga alrededor para simular una alta estatura. Los dos llevaban también un saco con varios objetos, y luego ingresaron a un rincón entre arbustos grandes para ausentarse un rato.
—¿Y esos para qué son? —señaló Diddy hacia el saco.
—Ah, son joyas. Eran de un señor simio y los tomamos —respondió Rocky encogiéndose de hombros—. Jemky y Mandrew irán a venderlos para conseguir nuestros dulces. Te dejaremos unos también para ti, no te preocupes.
—¿Los tomaron? —les preguntó Diddy mirándolos con extrañeza—. O sea que… ¿acaso ustedes se las robaron?
—No las robamos —respondió Melenky—. Ese señor las había dejado en un rincón por un rato y entonces nos las llevamos y ya.
—¡Listo! Ya conseguimos esos dulces con los milpiés —exclamó Jemky regresando junto con Mandrew, antes de bajar de los hombros de él.
Jemky traía una bandeja con lo que parecían ser unas paletas de dulces coloridas, mientras que Mandrew llevaba una caja, la cual abrió más tarde y dejó mostrar a un montón milpiés corriendo dentro de la misma. Diddy tan solo miraba con rareza hacia dichos elementos.
—Y… ¿eso para qué es? —les preguntó Diddy.
—Ya vas a ver —le respondió Jemky sonriéndole—. Te dejaremos probar, tranquilo.
El cuarteto se dirigió hacia otro rincón, y Diddy los siguió. Al llegar allí, Diddy se quedó confundido y extrañado ante lo que sus amigos de ese entonces empezaron a hacer: ellos habían encendido una fogata, sobre la cual, colocaron un recipiente que contenía un líquido que les habían extraído a los milpiés exprimiéndolos. Seguido de eso, los cuatro tomaron una paleta dulce cada uno y empezaron a untarlas en el mismo, e incluso le entregaron una a Diddy.
—¿P-pero qué es esto? —les preguntó Diddy mirándolos con extrañeza a ellos y a la paleta.
—¡Pruébalas! Te gustará —le dijo Melenky dándole un pequeño empujón—. Solo te harán dar mucha risa.
—P-pero es que esto es… veneno de milpiés, ¿o no? —replicó Diddy.
—Sí, pero no temas, no te va a hacer daño —le dijo Jemky—. Al contrario… será lo mejor que hayas probado.
Luego, los cuatro probaron las paletas cubiertas como si fueran cualquier otro dulce, mientras que Diddy seguía dudando en hacerlo. De pronto… los cuatro empezaron a mostrar unas sonrisas en sus caras que iban convirtiéndose en unas risas repentinas, lo cual se ganaba unas miradas de rareza por parte de Diddy.
—Oye, pruébala, ¿qué estás esperando? —le dijo Mandrew mientras se reía a medida que hablaba—. ¡Pruébala! —exclamó dándole un pequeño empujón.
Los cuatro estaban ahora riéndose sin parar y sin haber un motivo alguno, lo cual se le hacía de lo más raro para Diddy. Luego, por un momento de curiosidad, Diddy le iba a dar una pequeña probada a la paleta, pero apenas tuvo el primer contacto, lo expulsó de inmediato y hasta por casi suelta la paleta.
—¡¿Pero qué rayos es esto?! —exclamó Diddy con extremo disgusto—. ¡Esto sabe horrible!
—¡Sí, sí, eso mismo pensamos al principio! —respondió Jemky en medio de las risas—. ¡P-pero ya luego es buenísimo!
—¡Pruébala, Diddy, no seas aburrido! —le dijo Mandrew dándole un empujón y riéndose a carcajadas.
Diddy tan solo los miraba con cierto disgusto ahora, e incluso le estaba incomodando la situación, por lo que se limitó a dejar tirada la paleta y hasta quería alejarse del grupo.
—¡Oye, ¿por qué la botas?! ¡No la desperdicies! —le replicó Rocky como si quisiera reprocharle, pero sin dejar de reírse a la vez.
Las cosas fueron cambiando cuando empecé a salir con ellos a su isla donde viven; ya no eran los mismos que creí haber conocido y empezaron a mostrar sus malas actitudes. Les robaban las pertenencias a otros para luego salir corriendo y más tarde incluso venderlas, y con eso… solo compraban esos dulces extraños con veneno de milpiés. También les gustaba gastar bromas ya bastante pesadas y molestar a otros animales, sobre todo a los que eran más pequeños.
—Miren, vamos a quitarle el juguete a ese monito —señaló Mandrew a un kong muy pequeño, quien se encontraba jugando con un pequeño mono de juguete cerca de un arroyo.
—¿Qué? Pero no podemos hacer eso —se opuso Diddy—. Dijeron que íbamos a hacer bromas, pero no de este tipo.
—Tú solo observa —respondió Mandrew con una sonrisa maliciosa.
El grupo se dirigió hasta el niño kong y le arrebataron su juguete. Posteriormente, se lo lanzaron al arroyo y se reían de él mientras este comenzaba a llorar. Incluso, más tarde empujaron al pequeño kong al agua.
—¡Oigan, ¿pero qué les pasa a ustedes?! —replicó Diddy luego de ver su maldad—. ¡Es un niño pequeño!
—Ay, relájate, Diddy. Esto es divertido —respondió Melenky como si fuera un simple juego—. ¡Miren al señor de allá! —señaló a un kong adulto que iba caminando—. Opino que lo hagamos caer.
—Lancémosle piedras para que tropiece y luego nos llevamos cualquier cosa que tenga —agregó Jemky sonriendo con malicia—. ¡Vamos!
Posteriormente, el grupo se dirigió hacia donde habían visto a dicho kong mayor. Mientras tanto, Diddy se quedó a rescatar el juguete del pequeño kong para luego devolvérselo y, por supuesto, auxiliarlo a él también.
Así fueron durante unos días, y por casi todas las malas bromas y fechorías que hacían, yo intentaba ayudar a sus víctimas de alguna manera, y sin que ellos se dieran cuenta. Yo les decía a esos cuatro que no estaba bien lo que hacían, pero ellos se lo tomaban a chiste, e incluso, comportarse así parecía hacerlos sentir bien.
—¡Oye, ¿a dónde vas, Diddy?! —exclamó Jemky jalándole de la playera a Diddy cuando este se iba llevando unas joyas que ellos le habían robado a alguien—. ¡Ay, ¿no me digas que se las ibas a devolver a esa señora gorila?!
—¿Qué te pasa, Diddy? —replicó Mandrew mirándolo con reproche—. ¿Acaso no quieres ser parte de nuestro grupo? ¿No eres nuestro amigo?
—Claro que sí, ¿pero no se dan cuenta de lo que están haciendo? —les contestó Diddy—. Es decir, ustedes están robando, están tomando objetos ajenos, eso no está…
—Ay, Diddy, ¡Diddy! —interrumpió Rocky—. Mira, no es la primera vez que hacemos esto, tú solo síguenos la corriente… Piensa que con todas estas cosas podremos conseguir muchos dulces, y sobre todo… muchos de esos milpiés —agregó susurrando en la última oración.
—¡Pero no de esta forma! —replicó Diddy oponiéndose—. ¡Y esos milpiés son…
—¡Ay, no seas aburrido, Diddy! —le dijo Mandrew dándole un pequeño empujón—. No seas tonto, tú solo relájate y diviértete con nosotros.
—Sí, deja de ser niño tonto —agregó Melenky de la misma forma—. Ya te haremos probar mejor de los dulces de milpiés para que se te pase.
Ellos ya no me caían nada bien; ya ni los quería considerar amigos y solo andaba con ellos para ver qué maldades hacían y tratar de remediarlas. Pero todo fue peor después…
—Y bien, Diddy, parece que ya eres uno de nosotros, y te trajimos un regalo —dijo Jemky sacando de una bolsa lo que a simple vista parecía ser un arma de fuego y se la entregó a Diddy. Había otras armas más en la bolsa, las cuales tenían aspecto de ser bastantes complejas para ser de unos niños de su edad.
—¡Wow! ¿Jugaremos a los soldados o algo así? —les preguntó Diddy con curiosidad mientras la observaba en sus manos.
—¿Jugaremos dices? —dijo Mandrew en tono burlón—. Pero si son armas de verdad, de las que disparan.
—¡¿Pero qué?! —exclamó Diddy impactado—. ¿Y de dónde las sacaron?
—Nuestros padres nos las regalaron por nuestros cumpleaños —respondió Jemky emocionado, mientras cada uno del grupo iba tomando un arma.
—Y mira, guardamos una para ti para que también nos acompañes en nuestros juegos —agregó Rocky en un tono de malicia.
—Con estas conseguiremos las pertenencias de alguien con más facilidad —exclamó Mandrew con emoción.
—Oh, no, no, no, ¡así no! —contradijo Diddy dejando el arma en el suelo—. ¡Esto ya es demasiado!
—¡Oye, ¿pero qué dices?! —le replicó Melenky mirándolo con rareza—. ¿Que no quieres jugar con nosotros?
—¡No! —replicó Diddy—. ¡Ustedes ya se pasan, no voy a ser como ustedes y…
De repente, Jemky lo tomó con fuerza de la playera, le lanzó una mirada de amenaza y, de inmediato, le apuntó con el arma a la cabeza. Diddy se paralizó y comenzó a sentirse aterrado al instante ante ese inesperado gesto.
—¡Diddy!... Sí serás como nosotros, ya eres uno de nosotros —le dijo Jemky mirándolo de una forma amenazante—. Ah, y cuidado con decirle a Wrinkly o a quien sea sobre esto porque si no… ¡acabamos contigo! —agregó presionando más el arma contra su cabeza y luego soltándolo de forma brusca—. Ahora recoge eso y acompáñanos. ¡Y colócale el cargador! Si no, no te va a funcionar —le ordenó recogiendo y entregándole el cargador del arma.
Los seguí, y comenzaron a hacer las mismas maldades, solo que esta vez, les robaban las pertenencias de sus víctimas apuntándoles con esas armas, y eso les daba más facilidades para hacerlo.
—¡Esto es un asalto, jefe! —exclamó Jemky mientras los cuatro le apuntaban a un simio adulto que cargaba unas joyas, las cuales se las arrebataron sin consideración alguna, antes de salir corriendo. Con disimulo, Diddy tomó de nuevo las joyas y se las devolvió al simio más tarde.
Me obligaban a hacer lo mismo que ellos, pero en lo posible también seguía tratando de ayudar a sus víctimas. Ahora sí tenía que tener cuidado de que no me descubrieran, ya que me decían que si no era como ellos, también acabarían conmigo. Ellos resultaron ser unos maleantes después de todo.
—¡Dame eso! —le ordenó Melenky a otro simio, arrebatándole un bolso, pero este le puso resistencia.
—¡¿Qué te pasa, niño mocoso?! —le respondió el simio.
—¡Ah, ¿con que no nos lo va a entregar?! —le replicó Jemky sacando el arma y apuntando hacia el estómago del simio.
El resto del cuarteto sacó también su arma y, de forma instantánea, dejaron paralizado a aquel simio y se le llevaron las pertenencias…. Aunque minutos después, regresó Diddy con las mismas y se las devolvió al simio, haciéndole un gesto de silencio antes de volver con el grupo.
Al final de ese mismo día, cuando ya se iban a pasar de la raya, decidí detenerlos sea como sea; no podía dejar que llegaran a hacer cosas peores.
—Bueno, según lo que veo, tú no sabes usar un arma, Diddy —le dijo Jemky mirándolo con disgusto—. ¡Pero te vamos a enseñar!
—¡Pero! —exclamó Diddy confundido—. ¡Yo… yo no quiero!
—¡Te enseñaremos, DIJE! —replicó Jemky tomándole con fuerza de los brazos a Diddy, quien cargaba también un arma en mano—. Mira, la agarras así de firme con una mano; luego, con la otra, tiras hacia atrás de aquí y la agarras también con fuerza para que el disparo no se te desvíe. Luego, solo apuntas, aprietas el gatillo con el centro de tu dedo y listo. ¡Ahora inténtalo!
Diddy, sintiendo una enorme incomodidad, procedió a hacer lo que le decían y, aunque temblando al hacerlo, disparó unas cuantas veces hacia la nada, al mismo tiempo que sentía un malestar en sus oídos por el ruido que los disparos generaban.
—Nada mal, ¡pero no tiembles! —le replicó Rocky—. ¡Necesitas practicar más! ¡Vamos!
Diddy se mantuvo "practicando" el disparo durante un rato mientras tenía alrededor las miradas amenazantes de sus "amigos" en ese entonces.
—Bien, ahora pongámoslo en práctica —dijo Jemky.
Más tarde, Mandrew y Melenky llegaron cargando un pequeño saco, en el cual se veía algo que se movía dentro del mismo. Sobre una roca, colocaron lo que había dentro del saco: era una cría de un ave quien se encontraba llorando y asustada.
—Ahora dispárale —le ordenó Rocky a Diddy como si nada.
—¡¿Qué?! P-pero es un bebé y…
—¿Y? Los bebés no tienen memoria, no sentirá nada —agregó Mandrew encogiéndose de hombros.
—Ah, no, eso no, están locos en serio, ¡¿qué les sucede?! —les reprochó Diddy con seriedad—. ¡Ustedes no eran así! ¡Ustedes no son los amigos que conoc…
—¡Solo hazlo, no seas cobarde! —replicó Mandrew dándole un manotazo—. ¡Demuestra que eres uno de nosotros!
—¡ENTONCES NO SOY UNO DE USTEDES! —respondió Diddy alzando la voz y tirando el arma a un lado.
Jemky, mostrándose furioso al igual que el grupo, lo volvió a sujetar de la playera con fuerza y le apuntó el arma mirándolo con rudeza, a lo que Diddy se quedó paralizado.
—No te damos la opción que seas como nosotros, tienes que ser como nosotros —le ordenó en tono de amenaza antes de soltarlo—. Ahora hazlo, o le dispararemos nosotros mismos y luego te disparamos a ti por cobarde.
Diddy, sin tener escapatoria, con cuatro niños simios armados a su alrededor, tomó su arma y le apuntó a la pequeña ave… De inmediato, se abalanzó contra esta y la tomó, para luego saltar y rodar en el suelo junto con ella. Terminó escapando junto con el ave lejos de los cuatro.
—¡OYE, REGRESA! —gritó Jemky y, junto con los otros tres, comenzaron a disparar sin rumbo alguno. Afortunadamente, Diddy era demasiado ágil y pudo esconderse a tiempo.
Diddy iba corriendo a toda velocidad con el ave y, cuando ya iba bien lejos de los cuatro, se dirigió hasta un arbusto, en donde dejó a la pequeña avecilla escondida y refugiada. Luego, él salió corriendo de nuevo, ya que el grupo de los cuatro no se hallaba a tan larga distancia.
Siguió corriendo lo más deprisa que pudo; quería regresar a Isla DK, pero no podía seguir huyendo de sus disque amigos, al menos no si ahora estaban armados. Se subió a un árbol para descansar un rato y esconderse. El cuarteto se detuvo al perderlo de vista, pero aun así, Diddy estaba cerca de ellos para vigilarlos. Diddy vio un pilo de lianas enredadas sobre las ramas de los árboles y no tenía mucho tiempo para pensar, así que ideó un plan con lo primero que se le viniera a la mente.
Mientras el cuarteto estaba buscando rastro de Diddy, este bajó del árbol y recogió unas cuantas piedras pequeñas a más de una grande. Subió de nuevo al árbol y, con unas ramas y un trozo de liana, armó una resortera rápida, tomó las piedras y se las lanzó a cada uno de los cuatro sucesivamente, dándoles justo en los ojos. Los cuatro gritaron del dolor al punto de soltar sus armas para llevarse sus manos a los ojos. Luego, Diddy tomó la piedra más grande y la lanzó hacia la rama que sostenía las lianas, haciendo que todas estas cayeran sobre los cuatro, dejándolos sepultados y con dificultad para salir. Luego, bajó del árbol hacia ellos.
—¡OYE, MONO ESTÚPIDO! —exclamó Jemky mientras luchaba por desatarse de las lianas junto con los otros tres.
Diddy, sin pensarlo más, aprovechó que los cuatro habían dejado sus armas a un lado, así que las rebuscó y las tomó todas para salir huyendo de ahí con ellas. Corrió sin rumbo alguno y sin saber qué hacer a continuación, hasta que vio un acantilado y se dirigió hasta allí. Había una marea salvaje debajo, por lo que estaba decidido en lo que iba a hacer, hasta que…
—¡QUIETO AHÍ, MONO! —apareció el grupo de los cuatro, quienes lo habían alcanzado—. ¡Devuélvenos a nuestros bebés! —agregó Jemky en referencia a las armas.
El grupo se estaba acercando mucho más a Diddy, hasta que este tomó una de las armas en una mano y les apuntó a los cuatro, deteniéndolos al instante. Solo quería detenerlos, no pensaba en dispararles realmente.
—Oh, Diddy —expresó Jemky de forma burlona y con las manos en alto—. ¿Vas a matar a tus únicos amigos de la escuela que te acogieron en su grupo?
—Pues prefiero quedarme sin amigos antes de tener unos como ustedes —respondió Diddy mirándolos con seriedad.
Luego de unos segundos de mantener el arma apuntando y con la mano temblándole, Diddy tomó de nuevo todas las armas y, sin piedad alguna, las lanzó hacia el mar.
—¡NOOOOO! —exclamaron horrorizados los cuatro, dirigiéndose hacia el borde del acantilado, observando cómo sus nuevos juguetes caían y se perdían con las fuertes olas del mar.
—¡Yo no quería unos amigos maleantes! —les dijo Diddy con firmeza.
De inmediato, los cuatro miraron a Diddy con todo el odio que cargaban.
—¡Eres un MALDITO INSOLENTE! —exclamó Rocky con furia.
—¡Esas pistolas eran nuestros mejores regalos de cumpleaños! —añadió Melenky de la misma forma.
—¡Y ahora nuestros padres van a castigarnos por tu culpa, mono salamanqueja! —agregó Jemky a punto de querer enfrentarlo—. Esto no se queda así, ¡ATRAPEN A ESE INFELIZ AHORA MISMO!
De inmediato, los cuatro se lanzaron contra Diddy, quien intentó huir, pero por desgracia, no alcanzó. Entre los cuatro, lo sujetaron de las extremidades y de la cola y comenzaron a golpearlo de una forma violenta.
—¡SUÉLTENME, MALANDRINES! —exclamaba Diddy tratando de salir de entre ellos—. ¡ESPEREN A QUE… WRINKLY… SE ENTERE Y…
De repente, se detuvieron al oír eso. Jemky tomó a Diddy de la playera con toda una actitud amenazante antes de advertirle.
—¡No! Si Wrinkly o Donkey, o quien sea, se entera y nos viene a dar la cara… ¡buscaremos la forma de acabar con ellos y luego contigo, sea como sea; podemos conseguir más armas de nuestros papás! ¡Nadie se burla de nosotros! Así que cuidadito con decir una palabra, enano cobarde.
Luego de esas palabras, entre los cuatro volvieron a sujetar a Diddy con fuerza y, sin tener ni una gota de piedad, lo lanzaron también al mar. Diddy gritaba con desesperación mientras iba cayendo hacia la marea alta, en donde había olas salvajes chocando con las rocas. Al caer al agua, con las pocas fuerzas que ahora tenía, Diddy intentaba salir de allí como pudo.
Aunque me costó mucho, logré salir y llegar hasta las orillas de la playa. Regresé a casa y Donkey me vio con todas las heridas y moretones que yo tenía. Quería contarle lo sucedido, pero no pude, solo le dije que había tenido una fuerte caída cuando regresaba a casa, y por supuesto… que había tenido una excelente tarde con mis "amigos".
Cuando regresamos a la escuela, no quería ver a esos cuatro malandros, así que ni siquiera les hablé e intenté ignorarlos… pero ellos no a mí. A partir de ahí, ellos me odian, y no solo eso, sino que también me tratan mal y les gusta molestarme de distintas formas. Me reprocharon que por mi culpa sus papás les dieron su buena reprimenda por perder esas armas.
...
—Y esa es la historia —concluyó Diddy, aún cuestionándose si hizo lo correcto en revelárselo a alguien—. Bueno, ya no los he vuelto a ver con armas ya que dicen que, a raíz de eso, sus padres se las restringieron, y que incluso les dieron una buena paliza por perderlas.
Dixie se había quedado impactada de todo lo que le había contado Diddy; después de todo, había entendido la gravedad del asunto.
—En serio son malvados, son unos psicópatas malandros —exclamó Dixie aún impactada ante lo que contó Diddy; él ya les había contado muchas cosas sobre él a sus nuevos amigos… pero jamás esa situación—. Ay, lo siento, Diddy, no sabía que estabas pasando por algo así —le dijo compadeciéndose de él—. Pero… ¿y sus padres? ¿No les dicen nada a esos niños? Es decir… ¿no se dan cuenta de las cosas malas que ellos hacen?
—No tengo idea, no conozco a sus padres. De hecho, solo me habían contado que casi no pasan mucho tiempo con ellos porque trabajan muy duro. Incluso, Wrinkly contó que quien los inscribió en la escuela solo fue un señor orangután —respondió Diddy antes de volver a bajar la mirada—. Pero desde que pasó eso, mis días de escuela son una pesadilla. En serio, no los aguanto; todo era mejor sin ellos.
Dixie se quedó en silencio, pensando en toda la situación que Diddy estaba atravesando. Por su parte, Diddy se encontraba en una batalla interna entre el alivio y el arrepentimiento de haber contado esa historia, la cual se la tenía guardada desde hace tiempo.
—Cielos, Diddy, qué terrible —dijo Dixie mostrándose con preocupación—. Esos niños son unos malvados, están locos… ¿Por qué serán así?
—Tampoco tengo idea —respondió Diddy encogiéndose de hombros y con la mirada baja—. Es como si simplemente se divirtieran haciendo todas esas fechorías.
—Vaya, son unos completos dementes —comentó Dixie frunciendo el ceño—. En primer lugar… ¿de dónde habrán sacado la idea de esos… dulces raros con milpiés?
—Según me contaron ellos, habían conocido un gorila en el refugio donde estuvieron antes; dicen que él se los enseñó y ya luego ellos mismos aprendieron a conseguirlos.
—Un refugio… ¿Acaso sus padres no han podido cuidar de ellos? Y en segundo lugar… ¿qué clase de padres tendrán para que les hayan regalado unas… armas por sus cumpleaños?
—Desconozco eso sobre ellos. Incluso algunas veces les pregunté cómo era su familia, aunque ellos parecían no querer hablarlo. No tengo idea cómo podría ser. Solo dijeron que ellos cuatro siempre han vivido juntos y son como hermanos.
—Bueno… aunque al menos los detuviste, es decir, quién sabe qué atrocidades más podrían haber cometido si no les hubieras arrebatado sus armas —agregó Dixie antes de sonreír un poco—. Fuiste muy valiente al detenerlos, después de todo.
Diddy volvió a levantar la mirada al oír lo que había dicho Dixie. Eso lo animó un poco y le sonrió por un segundo… Pero luego, su sonrisa se desvaneció y volvió a mostrarse asustado, como si no hubiera nada más qué hacer por él.
—¡Pero no le digas a nadie todo esto, por favor! —le suplicó Diddy de manera ansiosa—. De verdad, no lo cuentes, en serio.
—Ahh… está bien, no diré nada —respondió Dixie mirándolo con algo de extrañeza—. Pero… oye, la verdad, si fuera tú sí le contaría a Donkey y…
—No, no, no, yo conozco a Donkey, él de inmediato se irá contra ellos… y no quiero que le pase nada a él… Por favor, tienes que prometérmelo —Diddy continuaba suplicándole con desesperación, antes de dar un suspiro y bajar la mirada—. Incluso creo que no debí contártelo.
—Ehh, está bien… no le contaré a nadie, te lo prometo —respondió Dixie tratando de calmarlo, aunque no muy segura de lo que decía—. Pero… si te aconsejaría que si en algún momento sientes la valentía de contárselo a Donkey… hazlo; sabes que no es bueno guardar ese tipo de secretos. Además, puede que esos niños te amenacen así solo para asustarte.
—Lo sé… pero no me siento listo ahora —respondió Diddy con la mirada baja—. De todas formas, algún día la escuela se terminará y ya no los volveré a ver… Solo espero eso; es lo único que me queda por hacer.
Hubo otro momento de silencio mientras Diddy seguía cuestionándose si había sido correcto haber contado eso a alguien, aunque por otro lado, sentía también cierto alivio en haber dicho la verdad por primera vez.
Por su parte, Dixie se mantuvo acompañándolo y, unos minutos después, volvió a sonreírle para tratar de animarlo.
—Oye, ¿y no quieres regresar a la fiesta? —le sugirió Dixie luego de un rato—. ¿O seguirás aquí más tiempo?
Diddy lo pensó por un momento, ya que no estaba tan bien de ánimos. Pero más tarde, accedió y acompañó a Dixie a caminar un rato por el sitio. Al inicio, seguía habiendo momentos de silencio con Diddy, pero poco a poco iba recuperando el ánimo para al menos hablar.
—Diddy, ¿y has intentado defenderte de esos niños malos? —le preguntó Dixie mientras caminaban.
—Sí, pero siempre me salen ganando. Incluso me amenazaron con acusarme con Wrinkly si los llego a herir seriamente. Además, a ellos los veo todos los días en la escuela, no es como un enemigo que vea una sola vez para poder huir en caso de un contraataque fuerte.
—Oye, ¿pero en serio no le piensas contar a Donkey sobre eso? —le preguntó Dixie mirándolo con preocupación—. Es decir, él podría ayudarte, y quién sabe, al final esos niños solo sean expulsados sin más y ya no los vuelvas a ver.
—Es que no puedo, temo mucho en hacerlo… en serio. No quisiera que luego haya más problemas —dijo Diddy volviendo a estar algo inseguro de hablar de la situación—. Bueno, creo que mejor debemos dejar ese tema… ¿Qué tal si me dices cómo aprendiste a girar tu cabello?
—Ah, ya te lo dije, es un don que tengo desde pequeña —respondió Dixie acariciando su propio cabello—. Tiny y yo nacimos con esa habilidad.
—Wow, debe ser muy útil —dijo Diddy tomando un poco del cabello de Dixie y observándolo con curiosidad.
—Demasiado, mi hermana y yo nos hemos salvado de muchas caídas gracias a nuestro cabello, aparte nos podemos defender también, al menos de los enemigos de nuestro tamaño.
—Entonces es como un don de nacimiento —dijo Diddy sonriendo con asombro—. ¿Y cómo lo descubriste? ¿O alguien te enseñó?
—Bueno, de hecho, toda nuestra familia éramos parte de un circo en una ciudad que tenía una torre enorme. Yo era muy pequeña en ese tiempo y Tiny apenas era una bebé. En ese lugar recuerdo que las personas nos hacían jugar mucho y fue donde descubrimos que podíamos volar con nuestros cabellos.
—¿De verdad? ¿Eran de un circo? —preguntó Diddy asombrado—. ¿Con espectáculos y esas cosas?
—Sí, por supuesto —respondió Dixie asintiendo y sonriendo—. Chunky, Tiny y yo nacimos allí; nuestros padres eran de ese lugar. Solo viví ahí durante mis tres primeros años de vida.
—¡Espera! Ahora que mencionas un circo… ¿recuerdas la historia de Cranky con el circo en el que estaba? —le preguntó Diddy con una mirada de extrañeza—. Él no dijo que lo hacían jugar, que más bien ese lugar era terrible y solo lo tenían encadenado. ¿A ustedes… no los tenían así?
—No, que yo recuerde. La pasábamos bien ahí, me encantaban las funciones y mucho más cuando participábamos. El circo se llamaba Chimp Cirque. Hasta que un día… mis padres y mis tíos decidieron que escapáramos de ese lugar porque decían que tendríamos mejor vida afuera, aunque nunca comprendí bien eso… No nos querían hablar de ese tema cuando les preguntábamos…
—Cielos, qué extraño —comentó Diddy—. ¿Y luego se fueron a vivir a alguna isla?
—Sí, y ahí vivimos durante el resto de los años. Al inicio extrañaba el circo, pero luego me fui acostumbrando a vivir en la naturaleza, incluso creo que a mis padres y mis tíos les costó bastante; a veces los veía preocupados, aunque no querían decirnos por qué. Pero de todas formas, nos manteníamos unidos con frecuencia ya que vivíamos todos juntos.
—Vaya, eran una familia muy unida por lo que veo —dijo Diddy sonriendo.
—Sí… sí lo éramos —respondió Dixie sonriendo, aunque de una forma débil... como si estuviera también apenada al mismo tiempo. Luego, trató también de cambiar el tema—. Por cierto, ¿y cómo fue que escapó Cranky de ese circo en el que estaba?
—Bueno… después de que robó la novia de ese plomero en venganza, lo volvieron a encerrar, y su hijo, Donkey Junior, fue en su rescate…
Luego, siguieron caminando y conversando un poco más hasta que después fueron a sentarse cerca de uno de los árboles del sitio. Por primera vez, Diddy había contado su caso a alguien aun si no estaba seguro de haberlo hecho; después de todo, Dixie lo había comprendido y le prometió no contárselo a nadie… Aun así, en el fondo ella pensaba que sí sería necesario que Diddy informara eso a Wrinkly, ya que al fin y al cabo, era una amenaza y él podría estar en peligro, pero de todas formas, había decidido comprenderlo… por el momento.
—¿Ustedes hacen este tipo de eventos con frecuencia? —preguntó Dixie con curiosidad.
—Por lo general, sí —respondió Diddy—. Algunas veces hacemos celebraciones a lo grande y otras solo son pequeñas reuniones donde nos ponemos a conversar o comer algo.
—Vaya, deben divertirse mucho —comentó Dixie sonriendo—. Son todos muy unidos.
—La verdad que sí lo pasamos bien… Bueno, solo Cranky que a veces se opone cuando queremos hacer un evento, pero luego termina convencido, ya les he contado lo gruñón que es —finalizó Diddy con unas risas, siendo luego acompañado por Dixie.
Por otro lado, estaban Tiny, Kiddy y Chunky juntos, quienes parecían estar jugando a las escondidas. Aun si Chunky ya era mayor, de vez en cuando jugaba con sus familiares pequeños.
—Yo cuento y ustedes se esconden —les dijo Chunky.
Posteriormente, Tiny y Kiddy se fueron a esconder en unos arbustos. Pero Tiny, desde el escondite, alcanzó a observar algo que pareció llamarle la atención y poner a volar su imaginación… Eran Diddy y Dixie que conversaban e incluso se estaban riendo juntos. Luego, Chunky los encontró a Tiny y a Kiddy, causándoles un pequeño susto.
—¡Ajá! Aquí est…
—¡Silencio! —interrumpió Tiny en voz baja.
—¿Qué pas… Oh, ya veo, ¿estamos espiando? —preguntó Chunky en voz baja, también detrás de los arbustos junto con Kiddy y Tiny—. ¿Qué se supone que espiamos?
—Solo miren —dijo Tiny señalando hacia Diddy y Dixie a la distancia—. ¿No se ven… adorables? —agregó con unas pequeñas risas.
—¿Adorables? ¿A qué te refieres? —preguntó Chunky con una mirada de extrañeza, aunque luego abrió los ojos lo más que pudo—. Ahh, ya veo —exclamó con un tono juguetón como si hubiera captado la referencia.
—Parece que a mi hermana le irá muy bien aquí —comentó Tiny sonriendo de la misma forma y encogiéndose de hombros.
—¿Será? —expresó Chunky observando con extrañeza y cruzando los brazos—. Chunky no lo cree mucho; Dixie ha dicho que esas cosas jamás le pasarán.
—¡Oigan todos, la fiesta va a comenzar! —anunció Funky de repente.
Luego de tantos preparativos, todos los kongs se reunieron para empezar con la fiesta. Hubo muchos juegos que organizó Swanky, ya que a él le gustaban mucho, y en los cuales todos los kongs participaban y se divertían un montón, incluso Diddy, quien ya se había reanimado de a poco. Todos ganaban premios, a excepción de Cranky, ya que se frustraba demasiado o perdía la paciencia en medio de las partidas.
—¡En mis tiempos nadie jugaba estas boberías! —gruñó Cranky luego de competir contra Donkey en un juego de tiro al blanco con pelotas, y perder la partida.
—Si te parecen boberías, ¿para qué juegas? —le respondió Donkey, ganándose unas risas por parte del resto.
—¡Pequeño insolente! —le respondió Cranky molesto.
—Ya dejen sus peleas, amigos, ¿qué tal si ahora bailamos? —sugirió Swanky con alegría.
—¡Sí! —respondieron los demás con emoción.
Más tarde, encendieron la música y comenzaron a bailar el resto de la fiesta hasta cansarse. Sin duda, a la familia Kong le gustaba divertirse a lo máximo. Mientras la música se hallaba encendida, hacían más juegos o dinámicas en medio de los bailes.
Había sido una excelente bienvenida para Dixie, Tiny, Chunky y Kiddy. Durante el evento, bailaron, jugaron y disfrutaron de deliciosos dulces y exquisita comida a lo último. Los cuatro se veían muy felices y se mostraron agradecidos con la familia Kong por haberlos recibido bien. Por su parte, los demás kongs también estaban alegres de poder conocerlos más y compartir momentos con ellos.
En horas pasada la medianoche, el evento finalizó. Todos ya estaban alistándose para ir cada uno a sus casas.
—¡Eso fue genial! —exclamó Chunky alegremente—. Chunky está muy feliz. ¡Ustedes son increíbles!
—Sí, no habíamos tenido estas fiestas desde hace mucho tiempo —agregó Tiny en el mismo tono—. ¡Son los mejores!
—Nos alegra que les haya gustado —respondió Donkey sonriéndoles—. Ustedes son geniales también.
—Sí, esto ha estado fenomenal —agregó Funky con emoción—. Ha sido un gusto tenerlos presentes, amiguitos.
—Oigan… gracias a todos, en serio —agregó Dixie sonriéndoles con amabilidad—. Ustedes han hecho mucho por nosotros y estamos sumamente agradecidos. No sé cómo podríamos pagárselos.
—Oh, no se preocupen, solo estamos aquí para ayudar —respondió Donkey de la misma forma—. Y ya saben, pueden contar con nosotros para las que sea, las puertas están abiertas.
—Amigos, estaba pensando si la siguiente semana podíamos pasar el día en la playa, ¿qué les parece? —sugirió Funky—. Nos quedaremos todo el día, y en la noche comeremos una cena especial.
—¡Nos parece una gran idea! —respondían los demás de forma similar.
Posteriormente, todos empezaron a irse rumbo a sus respectivas casas. Estaban felices de haberles dado una buena bienvenida a sus nuevos amigos. Dixie, Tiny, Kiddy y Chunky, por su parte, entraron a su nueva casa… pero antes, Dixie se despidió a lo lejos de Diddy cuando este ya se estaba yendo con Donkey; él le dio una mirada de extrañeza al principio, pero luego le devolvió el gesto con una sonrisa.
N/A: Llegamos al final de este capítulo. Advertí al inicio que esta historia podría tener contextos algo descabellados… como el de esos cuatro niños bravucones. Por cierto, la Isla Z donde ellos viven es nombre ficticio.
Y otra cosa, el dato de que Dixie perteneció antes a un circo lo saqué de un fragmento que era de una revista de juegos, y en donde había una entrevista con Dixie. Obviamente, solo lo tomé de inspiración, y luego lo adapté con mis ideas.
