Capítulo 6: Día en la Playa

Como habían planeado una semana atrás, la familia Kong se reunió en la playa para pasar un día divertido allí. Algunos de ellos se bañaban en el mar, otros aprendían con Funky a surfear, otros disfrutaban de unas bebidas refrescantes, mientras que otros jugaban en la arena.

Diddy estaba en el mar jugando con sus cuatro nuevos amigos. Ellos solían juntarse más con Diddy, ya que él era más contemporáneo a ellos y se entendían mejor en cuanto a los juegos. En ocasiones, hacían competencias por ver quién nadaba más rápido hasta la orilla o quién llegaba hasta lo más profundo del agua.

—¡Apresúrate, Diddy! —exclamó Tiny mientras corrían hacia la orilla a modo de competencia.

Los cinco finalizaron su ronda de carreras y empezaron a decretar quiénes habían llegado en los primeros puestos. Más tarde, Chunky y Kiddy fueron donde Funky a surfear y, mientras tanto, Diddy, Dixie y Tiny se pusieron a construir castillos en la arena.

—Oigan, ¿y si vemos quién de los tres construye el mejor castillo de arena más rápido? —sugirió Tiny con emoción.

—De acuerdo. A que les gano —respondió Diddy con tono desafiante.

—Eso ya lo veremos —agregó Dixie en el mismo tono.

Los tres empezaron a construir sus castillos de arena tan rápido como podían. Dixie estuvo a punto de terminar su castillo y, para darle el toque final, le iba colocar una bandera pequeña en la cima. Pero al momento de tomarla, Diddy la tomó primero para ponerla en su castillo.

—¡Eh! Esa bandera es mía, yo la vi primero —reclamó Dixie.

—Oh, qué mal, pero yo la tomé primero —dijo Diddy de forma burlona.

—¡Dámela!

Ambos empezaron a competir por la bandera y trataban de quitársela el uno al otro. Pero durante el movimiento, Diddy derrumbó una parte del castillo de Dixie con su pie por accidente.

—¡Oye! ¡Mi castillo! —exclamó Dixie molesta.

De inmediato, y como venganza, Dixie derrumbó también el castillo de Diddy a propósito.

—¡Eh, eso no se vale! ¡Fue un accidente! —protestó Diddy.

Ambos empezaron a discutir, de manera amistosa y con risas de por medio, claro. En medio de la misma, Tiny empezó a observarlos a los dos, y parecía tener una curiosa idea en la mente… Incluso, adoptó una mirada de sospecha.

—Oye, Diddy —le dijo Tiny, haciendo que se calmaran—. ¿De casualidad… tú has tenido novia alguna vez?

—¿Qué? —respondió Diddy con una mirada de extrañeza—. No, ni pensarlo.

—Y tú, Dixie, ¿has tenido novio? —volvió a preguntar Tiny con unas pequeñas risas.

—¿Estás loca? ¿Que no me conoces? —respondió Dixie mirándola con rareza.

—Oh, solo preguntaba —dijo Tiny riéndose—. Bueno, mi castillo no se derrumbó, así que gané. ¡Hasta luego!

Sin más que decir, Tiny se fue corriendo donde los demás, dejándolos solos a propósito a Diddy y a Dixie. Ellos no le entendieron nada y quedaron confusos ante esas preguntas aleatorias.

—Creo que está un poco loca —dijo Dixie encogiéndose de hombros y con unas pequeñas risas, antes de volver a mirar a Diddy con "sed de venganza"—. Bueno, ¿y en qué estábamos? Ah, sí, ¡Tú derrumbaste mi castillo!

—¡Ya te dije que fue un accidente! Además yo vi la bandera primero —le dijo Diddy con tono burlón.

En medio de la "discusión", Dixie le quitó la gorra a Diddy de forma repentina.

—¡Oye, dame mi gorra!

—!Ve por ella, tramposo! —dijo Dixie mientras salía corriendo con la gorra, antes de que Diddy fuera tras ella. Ambos corrían tan rápido hasta que Diddy logró alcanzarla y, en venganza, también le quitó la boina—. ¡Eh! Eso no se vale, ¡devuélvemela!

—Si me das mi gorra te devuelvo la tuya —le dijo Diddy haciendo girar la boina de Dixie con su mano.

—Pues, ¡tendrás que atraparla! —replicó Dixie.

Luego, ambos kongs siguieron jugueteando y persiguiéndose hasta que se adentraron a la jungla y se subían por los árboles, saltando de uno en uno, y utilizando lianas para un mejor escape. Más tarde, Diddy corrió hacia la punta de la rama de un árbol y, por lo consiguiente, Dixie fue tras él. El árbol era alto y ya no había lianas de las que sujetarse.

—¡Já! Ya no podrás escapar —le dijo Dixie en tono malicioso y a punto de alcanzarlo.

Dixie, al ver que Diddy ya no tendría escapatoria, se abalanzó hacia él para atraparlo, pero desafortunadamente, lo empujó muy fuerte, haciendo que este cayera hacia el suelo de forma brusca.

—¡Diddy! —exclamó Dixie mostrándose asustada al instante.

Dixie bajó del árbol de inmediato. Se dirigió hacia Diddy y, al llegar hasta él, lo tomó con sus manos para reanimarlo.

—¡Ay, no! ¿Estás bien, Diddy? ¡Dime algo!

—Sí… estoy bien, solo me duele un poco la cabeza —dijo Diddy levantándose adolorido.

De pronto, Dixie se percató que Diddy tenía una pequeña herida en la cabeza, producto de la caída.

—Oh, no. Lo siento mucho, Diddy, no fue mi intención —se disculpó Dixie con desesperación.

—Tranquila, estoy algo acostumbrado a los golpes —le respondió Diddy con una pequeña sonrisa.

—Te has lastimado mucho —dijo ella ayudándolo a levantarse—. Ven, te pondré algo para sanarte. Vamos un rato a mi casa.

Diddy seguía sobándose la herida en su cabeza y sí se sentía adolorido, pero accedió a acompañar a Dixie de todas formas. Ambos se dirigieron a la casa de ella, la cual no estaba tan lejos de ahí.

Al llegar, Dixie le colocó una venda a Diddy que, por cierto, él todavía tenía la del ojo, producto de los golpes de sus compañeros malos de la escuela; el pobre Diddy parecía salido de un hospital. Finalmente, Dixie le colocó su gorra.

—Ya está, te pondrás mejor —dijo Dixie sonriéndole, pero luego se sintió muy culpable de lo sucedido—. Y lo siento, fue mi culpa, no quise…

—No te preocupes —interrumpió Diddy entre pequeñas risas—. Fue un accidente, los tontos esos en la escuela que te conté me han dado golpes más fuertes.

—Bueno, si tú lo dices —respondió Dixie sonriendo—. Ehh, ¿por qué no regresamos a la playa?

Mientras tanto, en la playa, Funky estaba dándoles un paseo por el mar a Donkey y a Candy. Funky manejaba una lancha a toda velocidad, mientras que los otros dos se sujetaban de unas cuerdas y se mantenían parados sobre unas tablas de ski acuático atadas a la lancha.

¡Wow! ¡Esto es divertido! —gritaba Donkey mientras sentía todo el viento pegándole en su cara.

¡Demasiado! —respondió Candy de la misma forma—. ¡La vista desde aquí es genial!

¡Les dije que iba a ser genial! —agregó Funky desde el asiento de la lancha.

—¡¿Oigan, han visto a Diddy?! —dijo Donkey mientras observaba la playa a la distancia—. ¡No lo he visto por ninguna parte!

—¡No lo sé, hermano, creo haberlo visto por…

—¡Ah, allá está! —interrumpió Donkey cuando observó a Diddy salir de la jungla junto con Dixie.

—¡Oigan… y parece que el pequeñín no anda mal acompañado, eh! —dijo Funky con una sonrisa y una mirada levantada.

—¿De qué hablas? —dijo Donkey con una mirada de extrañeza, antes de sonreír al captarle la idea—. Oye, ¿qué estás diciendo, hermano? No creo eso.

—No lo creo tampoco, aún son unas criaturas —añadió Candy con pequeñas risas—. Aunque quién sab…

De repente, la lancha tuvo una inclinación que los atrapó por sorpresa y les causó un pequeño susto.

—¡Cielos, creo que debemos regresar! —exclamó Funky—. La marea no se ve tan amistosa. ¡Sujétense!

Luego, Funky realizó un giro en la lancha, haciendo que cambiara de dirección para poder regresar a la playa. Unos tambaleos en la embarcación habían aparecido, lo cual les estaba impidiendo mantenerse mar adentro.

Al llegar a la playa, volvieron a reunirse con los demás kongs, incluidos Diddy y Dixie, quienes ya se habían reintegrado también.

—Está un poco fuerte la marea, amigos —les dijo Funky mientras desembarcaba su lancha—. Tengan cuidado si se adentran.

Los kongs permanecieron un buen rato en las orillas de la playa, a la vez que tomaban unos refrescos. Más tarde, volvieron a dispersarse en pequeños grupos, en donde Diddy estaba de nuevo junto a Dixie y Tiny inspeccionando los inventos de Funky.

—Vaya, ustedes sí que deben divertirse mucho —comentó Tiny mientras veían una de las lanchas de Funky.

—¿Les parece si vamos a dar una vuelta en esta lancha? —les dijo Diddy con emoción—. Funky dijo que podíamos tomarla.

—¿Y puedes manejar una de estas? —le preguntó Dixie.

—Algo he estado aprendiendo —respondió Diddy con unas pequeñas risas—. Entonces, ¿qué dicen?

Dixie y Tiny subieron junto con Diddy en la lancha prevista, siendo este último quien tomaría el timón. Luego, Diddy encendió el motor y empezó a acelerar de a poco hasta adentrarse hacia las olas. Funky le había enseñado unas cuantas lecciones, así que no temía esta vez en andar.

—¡Sujétense! —les dijo Diddy a las dos niñas kongs.

Diddy empezó a acelerar hasta llegar mar adentro, en donde ya podía navegar con mayor facilidad. Iba a una velocidad alta, lo cual hacía que el viento les pegara a la cara.

¡Esto es genial! —exclamó Tiny mostrándose emocionada junto con Dixie mientras iban sujetadas.

¡Demasiado! —agregó Dixie de la misma forma.

¡Ahora se pondrá mejor! —exclamó Diddy antes de girar el timón.

Luego, Diddy dirigió la lancha hacia un camino con formaciones rocosas, en donde comenzó a desplazarse de un lado hacia el otro. Los tres se mostraban alegres mientras sentían todo el viento correr a medida que aceleraban.

—¡¿Qué les ha parecido?! —les preguntó Diddy mientras aceleraba.

¡Divertido! —exclamó Dixie con emoción.

—¡Ahora vamos por acá! —exclamó Diddy antes de dar otro giro con el timón.

Diddy se dirigió por otro camino en donde incluso pudo sentir que la lancha tenía tambaleos de arriba hacia abajo, lo cual aumentaba la diversión en los pequeños kongs. Aunque de pronto… se percató también que había pequeñas olas formándose y empezando a golpear la lancha.

—¡Sujétense, que voy…

De repente, una ola que se había estado formando, golpeó con algo de fuerza a la lancha, incluso empapándolos a los tres.

—¡Oye, creo que por acá está feo! —exclamó Dixie volviendo a sujetarse—. ¡Quizás ya debamos ir…

Dixie no pudo terminar la oración, puesto que otra ola pasó encima de ellos y hasta les hizo perder algo del equilibrio.

—¡Tienes razón! —exclamó Diddy empezando a desesperarse—. ¡Ya mejor…

A los pocos segundos, otra ola mucho más fuerte le dio un fuerte golpe a la lancha, esta vez haciéndola volcar y expulsándolos a los tres de la misma.

¡Diddy…

De pronto, Diddy, Dixie y Tiny estaban siendo arrastrados por unas olas y sumergiéndolos a cada momento. Los tres estaban luchando por mantenerse en la superficie, pero se les estaba dificultando. Sobre todo Diddy, estaba temiendo por su seguridad, así como por la Dixie y Tiny, y se estaba arrepintiendo de haber salido así en la lancha.

¡Por aquí! —les dijo Diddy tratando de sujetar a Dixie y a Tiny para mantenerse juntos—. ¡No tem…

Pero las olas eran tan continuas, que no podían mantenerse en equilibrio y tan solo los seguía sumergiendo una y otra vez.

Cuando de pronto, Diddy sintió que una mano grande lo tomó del brazo y lo sacó, seguido de Dixie y Tiny, quienes también habían sido tomadas de sus brazos hacia fuera del agua.

—¡Ya los tenemos, amiguitos!

Al voltearse a mirar de inmediato, se percataron de que eran Donkey, Funky y Chunky quienes habían llegado en una lancha cerrada más grande y los habían subido a los tres con ellos.

—¡Con cuidado! —exclamó Funky mientras cerraban las ventanas de la lancha y, al mismo tiempo, estaban alcanzando la lancha en donde iban los tres pequeños kongs, con ayuda de unas anclas.

Luego, Funky aceleró la lancha grande y comenzaron a dirigirse rumbo hacia la playa de nuevo. Mientras tanto, Diddy, Dixie y Tiny tenían una respiración agitada debido a todo el ajetreo que las olas les había causado.

—¿Se encuentran bien? —les preguntó Donkey con preocupación.

—Sí… parece que sí —respondió Dixie recuperándose—. Gracias por venir por nosotros.

—¡Nos salvaron! ¡Gracias! —exclamó Tiny de la misma forma.

—Chunky alcanzó a ver que ustedes estaban mar adentro —agregó Chunky—. Y entonces fue a llamar a los demás para salvarlos. Qué susto nos dieron.

—¿Qué sucedió, amigos? —les dijo Funky también mostrándose preocupado—. El mar ahora está algo peligroso, les recomiendo no salir así.

—Lo siento, no pensé que era tanto así —respondió Diddy sintiéndose algo culpable—. De verdad, disculpen.

—No, no se preocupen, ya están a salvo —les dijo Funky calmándolos—. Pero por favor, mejor no anden por acá. En estos tiempos, creo que es peligroso estar mar adentro; deben ser los efectos de los huracanes del Norte.

—¿Huracanes? —preguntó Tiny con curiosidad.

—Sí, hacia el Norte los hay por este tiempo, amiguitos —les dijo Funky—. Pero no, no es para temer, hasta acá no llegan. Solamente, la marea tendrá afectaciones, nada más.

Minutos más tarde, Funky llegó con la lancha y los otros kongs a bordo hasta las orillas de la playa, y luego todos fueron bajando hacia la arena. El resto de kongs se dirigió hacia ellos, en especial a los pequeños kongs, y empezaron a preguntarles por su bienestar y a mostrarse preocupados por ellos.

—¡Cielos santos, pequeños! —exclamó Wrinkly llegando a ver a Diddy, Dixie y Tiny—. Nos dieron un gran susto.

—No se preocupe, señora Wrinkly, estamos bien —respondió Dixie sonriéndole, antes de hablarle a los demás—. Afortunadamente, estamos bien.

—Eso es muy bueno —agregó Candy de la misma forma—. Deben tener mucho cuidado. Hace poco que fuimos con Donkey, la marea estaba muy agresiva.

—Pero bueno, lo importante es que no pasó a mayores —finalizó Donkey sonriendo con alivio.

La familia Kong continuó comentando acerca del repentino suceso que acababa de ocurrir, aunque esta vez ya estaban alegres de que no haya pasado nada grave. Todos continuaron más tarde sus actividades normales.

—Bueno, amigos, ¿por qué no vamos a comer algo a mi casa? —sugirió Funky más tarde—. Se está haciendo tarde.

El resto de kongs asintió, y luego comenzaron a dirigirse hacia la casa de Funky. Todos iban al frente, a excepción de Diddy y Dixie, quienes se habían quedado conversando un rato y se percataron a último momento que todos estaban caminando.

—Oye, pero en verdad… lo siento —le dijo Diddy a Dixie mientras caminaban—. Perdón si les hice pasar ese susto.

—¿Qué dices? Ya no hay problema alguno —le respondió Dixie sonriendo y dándole pequeñas palmadas en el hombro—. Además, no es la primera vez que tenemos algún accidente así en mar adentro, créeme.

—¿En serio?

—Sí, y aparte… fue divertido al menos antes de que pasara eso —agregó Dixie, antes de seguir caminando—. Por cierto, Diddy, ¿y no te lastimaste tus heridas del ojo y la cabeza?

—No, por suerte no —respondió Diddy pasando su mano por ambas heridas vendadas que tenía—. A lo que llegue a la casa, solo tendré que cambiarme las vendas.

—De acuerdo, solo trata de no tocar tus heridas tan fuerte —le dijo Dixie sonriéndole. Luego, continuaron caminando juntos—. ¿Sabes, Diddy? Estos días han sido geniales para nosotros cuatro, y… todo gracias a ustedes. En serio, veo que son una gran familia amistosa y bondadosa de kongs. Y eso nos ha alegrado nuestros días desde que llegamos aquí.

—Vaya, eso suena muy bien —le respondió Diddy sonriéndole—. Nos alegra también que ustedes estén mejor.

Dixie volvió a sonreír, lo cual también alegró bastante a Diddy y le sonrió de vuelta. Luego, continuaron su camino hasta reunirse con el resto de kongs de la manada.

En lo que quedó del día, la familia Kong, incluyendo ya a los cuatro nuevos, se quedaron a comer y a pasar el rato en la casa de Funky. Había sido un día agradable después de todo.


¡NO! ¡NO SE ATREVAN! —gritaba Diddy de forma despavorida—. ¡NO ES CIERTO! ¡YO NO LES HE CONTADO NADA!

¡CÁLLATE, MONO!

Diddy se hallaba con las extremidades envueltas en unas lianas y sujeto a unas ramas de árbol. Estaba todo tenso y temblando sin parar mientras tenía en frente al cuarteto de sus compañeros malos de la escuela. Estos cuatro estaban portando armas de fuego esta vez, lo cual le generaba un profundo pánico a Diddy, no solo por eso, sino también porque a más de tenerlo a él atrapado de esa forma, tenían a Donkey y a Wrinkly al frente de la misma manera.

¡NO, NO, DÉJENLOS! —les suplicaba Diddy tratando de agitar sus extremidades.

¡Pequeño amigo, ¿por qué no me dijiste esto antes?! —exclamó Donkey a la distancia, aunque a él se lo veía bastante tranquilo para lo que debería estar en una situación como esa.

¡Oh, Diddy, ¿en qué lío te has metido?! —agregó Wrinkly de la misma forma.

¡NO, DONKEY! ¡WRINKLY! —gritaba Diddy—. ¡NO DIGAN QUE LES CONTÉ ESO!

—Pues qué lástima, monito —le dijo Jemky apuntándole con el arma—. ¡Bien sabías lo que te esperaba si nos delatabas, ahora abstente a las consecuencias!

¡NO, NO LO HAGAN!

¡SILENCIO! —le replicó Rocky golpeándolo con el arma antes de dirigirse hacia los demás—. ¡Ahora! ¡Abran fuego!

¡NOOO, NOOO!

Tan pronto como lo dijeron, el cuarteto procedió a apuntar con sus armas hacia Donkey y Wrinkly. De inmediato, Diddy giró su cabeza hacia otro lado mientras cerraba sus ojos con fuerza… A los pocos segundos, pudo oír un par de disparos.

¡Ahora al mono! —ordenó Jemky.

¡NO, NO, NO, MALDITOS!

Diddy abrió parcialmente los ojos y ahora podía ver al cuarteto apuntándole a él, quienes al instante, comenzaron a dispararle…

—¡Diddy! —se escuchó lo que parecía ser la voz de Donkey de una forma distorsionada.

Diddy, al momento de ser impactado, sintió un fuerte golpe en su cara que lo hizo abrir los ojos en su totalidad… Lo que veía ahora, no era más que el piso de su habitación otra vez.

—¡Diddy, ¿qué te sucede?! —le preguntó Donkey quien se apresuró a levantarlo del piso y examinarlo.

—¡Donkey! —exclamó Diddy lanzándose de inmediato hacia él y abrazándolo con fuerzas.

—Oh, está bien, está bien, pequeño amigo —le dijo Donkey dándole palmadas en la espalda—. ¿Qué pasó? ¿Has tenido algún mal sueño o algo?

—Donkey… —pronunció Diddy separándose de él mientras respiraba de forma agitada, e incluso tenía unas pequeñas lágrimas a punto de querer salir de sus ojos.

—No, tranquilo, pequeño amigo… ¿Puedes contarme qué sucedió?

—No, no… No es nada grave, Donkey —respondió Diddy volviendo en sí y regresando a sentarse en su cama—. Es solo que… tuve una pesadilla… con los kremlings… y ellos… nos tenían secuestrados y luego… ¡te dispararon a ti!

—¡¿Qué?! —exclamó Donkey mirándolo con extrañeza antes de acercarse a él para calmarlo—. Oh, no, Diddy, ¿pero qué es lo que dices? No hay ningún kremling cerca, ellos no han venido por aquí. Todo está bien. Fue solo un mal sueño, pequeño amigo, yo estoy bien.

—No, pero es que… —Diddy sentía en ese momento un impulso por querer contarle la verdad a Donkey, pero como tantas veces, no lo lograba—. Eh, no, es decir… t-tienes razón, solo fue un mal sueño.

Donkey se quedó a acompañarlo un rato mientras su sobrino seguía mostrándose con temor; no le gustaba verlo así, por lo que se quedó con él hasta que se sintiera mejor.

—Diddy, ¿podrías explicarme mejor qué fue lo que soñaste? —le preguntó Donkey luego de un rato.

Diddy, estando todavía temblando del miedo, trató de pensar rápido para poder darle una versión falsa de su pesadilla a Donkey, como solía hacerlo siempre.

—B-bueno… lo que pasó en mi sueño fue que estábamos tú y yo… U-unos kremlings nos habían secuestrado y… portaban sus armas y entonces… te dispararon a ti y luego a mí… y fue ahí que desperté —concluyó Diddy, cambiándole algo al relato y sin mencionar también a Wrinkly para bajar más las sospechas.

—De acuerdo, pequeño amigo, ¿y qué tal si vuelves a pensar en todo ese sueño de nuevo? —le sugirió Donkey, lo cual se ganó una mirada de extrañeza por parte de Diddy—. Es decir… vuelve a reproducir ese sueño en tu mente, pero esta vez… imagina que yo logro desatarme a tiempo y que luego esos kremlings intentan dispararnos pero justo sus armas están vacías, y entonces yo te libero a ti y ahí les damos su merecido a todos esos zoquetes y los regresamos a su isla, ¿qué te parece?... Solo intenta cambiar la historia.

Diddy se quedó un rato en silencio mientras procesaba lo que Donkey le había dicho… A pesar de que en realidad no podía cambiar las cosas de cómo eran con sus compañeros de la escuela, al menos cambiar el sentido de las cosas de su pesadilla lo tranquilizaría por el momento.

—Haz eso y luego intenta pensar en al menos diez cosas que te hagan feliz, pequeño amigo —agregó Donkey dándole palmadas en la cabeza y sonriéndole—. Y después intenta dormir otra vez, ¿sí?

—Está bien, Donkey —respondió Diddy sonriéndole un poco antes de quedarse otro rato en silencio y volver a acostarse.

—Oye, y por cierto, Diddy —le dijo Donkey observándole con extrañeza hacia su cabeza—. ¿Qué te ha sucedido? ¿Por qué tienes una venda en la cabeza?

—Ah, esto —respondió Diddy mirándose hacia arriba en su cabeza—. Solo estuve jugando con Dixie esta tarde y nos adentramos a la jungla a subirnos por unos árboles, pero me caí, eso sí fue verdad… Digo, al igual que lo de mi ojo —agregó con una sonrisa forzada—. Y entonces ella me llevó a su casa y trató de auxiliar mi herida.

—Cielos, debes haberte lastimado mucho —agregó Donkey examinándole un poco la venda—. ¿Pero no te duele?

—Eh, solo lo normal —respondió Diddy—. Creo que no resultó ser tan grave, pero igual tendré que dejarme la venda unos días.

—De acuerdo, igual me informas si se te llega a complicar, pequeño amigo —le dijo Donkey dándole pequeñas palmadas en el hombro, antes de levantarse y sonreír—. Aun así, fue un buen gesto por parte de Dixie en haberte ayudado… Jugando con Dixie —agregó en voz baja, antes de levantar la mirada—. Se han hecho muy buenos amigos por lo que veo… De acuerdo, pequeño amigo, que sigas descansando, y ya sabes, trata de pensar en una historia distinta a lo que soñaste y luego piensa en varias cosas que te hagan feliz.

Donkey se despidió de Diddy, y luego se retiró de la habitación, mientras que Diddy tan solo intentó tranquilizarse y seguir las sugerencias que Donkey le había dado. Él logró tranquilizarse por un momento, pero de todas formas, no dejaba de pensar en que algo así es lo que podría suceder si reportaba a sus compañeros malvados… Pensamientos que lo atormentaban siempre.