Capítulo 7: Estudiante Nuevo

Una nueva semana estaba empezando. Diddy estaba dirigiéndose rumbo a la escuela y, como siempre, sus compañeros matones lo estarían esperando para molestarlo. Pero esta vez, Diddy se quedó escondido entre las ramas de los árboles, observando con bastante sigilo al cuarteto hasta que Wrinkly llegara. No tenía ganas de aguantar a esos cuatro niños bravucones, no si aquella imagen de ellos amenazándolo en sus pesadillas lo abrumaba.

Cuando Diddy divisó a Wrinkly llegando a la escuela, bajó de los árboles y salió. Sabía que el cuarteto lo vería pasar de todas formas, pero al menos tenía la certeza de que la presencia de Wrinkly no les daría oportunidad de molestarlo.

—¡Miren, ya llegó el mono cobarde sabandija! —dijo Mandrew, y el resto del grupo se echó a reír. Pero Diddy no les hizo caso y continuó caminando a pasos acelerados.

—Uy, nos tiene miedo —agregó Jemky en un tono sarcástico—. Pobrecito el monito tont…

—¡Silencio! ¡Es Wrinkly! —interrumpió Rocky en voz baja al grupo.

—Buenos días, niños —apareció Wrinkly un rato después, calmando la situación.

—Ah, buenos días, maestra Wrinkly —respondió todo el cuarteto con unas sonrisas forzadas.

Como si nada hubiera pasado, Wrinkly invitó a sus estudiantes a dirigirse hacia el salón. Diddy iba con ellos, al mismo tiempo que se miraba de reojo con el cuarteto de bravucones e iban haciéndose gestos de burla.

—Te salvaste, enano —le murmuró Jemky a Diddy.

Luego, todos entraron al salón de clases y fueron a sentarse en sus respectivos puestos para empezar. Por su parte, Wrinkly fue hasta su escritorio, pero antes de empezar la clase, se paró frente a todo el salón; al parecer, tenía un anuncio importante que quería dar.

—¡Niños! Antes de empezar la clase, les tengo que informar una cosa —anunció Wrinkly a la clase, llamando la atención de la misma—. Esto es una novedad.

Los estudiantes se mostraron curiosos ante esas palabras de su maestra, y comenzaron a preguntar y a murmurar de qué se trataba.

—¿No hay tarea?

—¿Vacaciones?

—¿Nuevos casilleros?

—¡No! —respondió Wrinkly con firmeza antes de dar el anuncio oficial—. Es… ¡Estudiante nuevo!

—¡¿Estudiante nuevo?! —exclamaron todos de forma sucesiva, mostrándose asombrados.

Wrinkly asintió con la cabeza, ganándose unas miradas de extrañeza y de curiosidad por parte de sus estudiantes. En ese momento, todos comenzaron a suponer de quién se trataba y cómo sería, ya que hacía mucho tiempo que no tenían compañeros nuevos, y el ciclo ya llevaba algunas semanas.

De pronto, alguien tocó la puerta y Wrinkly se dirigió a abrirla. Ella saludó a quien estaba afuera, antes de llamarle a que pasara.

—Bien, ¡puedes pasar, querida! —dijo Wrinkly cuando alguien iba a entrar por la puerta.

—¿Querida? ¿Es una… niña? —susurró Melenky en medio de la clase, confundiendo al resto.

De pronto, ese alguien abrió más la puerta y se aproximaba a entrar al salón. Todos voltearon a ver quién era.

—¡¿Q-qué?! —expresó Diddy en voz baja e impactándose de ver que era nada más y nada menos que… ¡Dixie!

Efectivamente, se trataba de la misma Dixie; ella había decidido estudiar también en Kong Kollege. Los otros estudiantes la miraban con rareza mientras ella caminaba por el salón.

—Bienvenida a la clase, Dixie. Ellos serán tus compañeros —le dijo Wrinkly con amabilidad—. Espero que se lleven todos muy bien y se hagan amiguitos. Los estudiantes aquí son muy amistosos, ¿verdad, niños?

Los estudiantes respondían de manera afirmativa, aunque seguían mirando con cierta extrañeza a Dixie, en especial el cuarteto de niños bravucones.

—Muy bien, estudiantes, ella es Dixie y vino a vivir a esta isla hace aproximadamente un mes y medio —agregó Wrinkly regresando al frente del salón—. Ahora digan cada uno sus nombres para que ella los conozca, por favor.

Los estudiantes procedieron a dar sus nombres uno por uno y, luego de eso, la clase continuó con normalidad. Como era de esperarse, Dixie anduvo con Diddy y escogió sentarse en un puesto al lado de él, saludándolo con una sonrisa al llegar. Por su parte, él le devolvió el saludo de la misma forma… aunque en el fondo no era algo que le emocionó en un principio como se esperaría.

Los demás estudiantes solo parecían preguntarse sobre Dixie. El grupo de los cuatro niños bravucones no dejaban de mirarla con extrañeza. Diddy, por otro lado, seguía impactado; jamás se imaginó que Dixie se integraría a la clase, e incluso estaba empezando a preocuparse porque temía que aquel cuarteto también le hiciera daño a ella… Fue en lo primero que pensó al verla llegar.

Más tarde, llegó la hora del recreo y salieron todos al patio. Durante ese lapso de tiempo, Diddy podía estar tranquilo, puesto que Wrinkly siempre estaba presente, así que no era un buen momento para que sus cuatro compañeros malos lo molestaran.

Sin embargo, en esta ocasión, Diddy no estaba tranquilo por el hecho de ver a Dixie ahí. Él fue a hablar con ella, ya que quería darle las advertencias de haberse inscrito en Kong Kollege, y no era poco lo preocupado que estaba ahora.

—¡Dixie!… ¡¿Q-qué haces aquí?! —le dijo Diddy en voz baja, mostrándose algo alterado.

—¿Qué? Yo también quería venir a clases —respondió Dixie sonriendo y sin tomarle importancia a la reacción de Diddy.

—No, no, grave error venir ahora. Es decir… ¿olvidaste lo que te conté sobre esos cuatro niños malos? ¡Podrían hacerte daño a ti también!

—¡Ah, vamos! No se los ve tan peligrosos, son de nuestra edad, solo míralos —señaló Dixie hacia el grupo de cuatro, quienes estaban en otro rincón—. Aparte… no tienen armas ahora como me lo contaste.

—Sí, pero son odiosos, les encanta pasar molestando y golpeándome todo el tiempo —replicó Diddy—. ¡Podrían hacer lo mismo contigo!

—Bueno, son de nuestro tamaño, no creo que haya problema —comentó Dixie encogiéndose de hombros—. Pensé que se verían más fortachones como para enfrentarlos.

—Pero es que no lo entiendes —agregó Diddy aún alarmado—, ellos son unos completos lanzados para fastidiar.

Mientras Diddy y Dixie discutían, por otro lado estaba el cuarteto, quienes también se reunieron en grupo a hablar entre ellos. Los cuatro miraban con extrañeza a Dixie en un principio, sobre todo por el hecho de ver que ella andaba con Diddy.

—Oigan, ¿qué tal será esa niña nueva? —preguntó Rocky señalándola con disimulo.

—Pensé que ya no iban a haber estudiantes nuevos —dijo Melenky con una mirada de extrañeza—. Y justo se juntó con ese mono tonto de Diddy.

—No lo sé, a mí se me hace que es igual a ese mono lagartija —respondió Mandrew encogiéndose de hombros y cruzando los brazos—. También ha de ser cobarde y debilucha como él. Solo miren, es una… niñita; ha de ser incluso más debilucha que ese mono zoquete.

—¡Y miren! Al parecer son amiguitos —comentó Melenky, antes de sonreír forma burlona—. Parece que ahora podríamos tener a dos monitos tontos a quienes molestar, ¿qué dicen ustedes?

—Yo sí, la verdad —respondió Mandrew sonriendo con algo de malicia—. Siento que ha de ser divertido en ese caso. Dos monitos debiluchos.

—Bueno… no sé ustedes, pero… a mí me parece que ella es muy linda —agregó Jemky mirándola, en cambio, de una forma sonriente.

—Ay, ¿es en serio, Jemky? —exclamó Melenky mirándolo con rareza—. ¿Por qué siempre andas interesado en las niñas?

—¿Qué? Solo digo lo que es —respondió Jemky encogiéndose de hombros y sin dejar de sonreír mientras la seguía mirando—Vaya... es muy bonita, la verdad.

—Igual ninguna de las niñas aquí te hace caso —agregó Melenky torciendo los ojos.

—Oigan, ¿y qué tal si vamos donde esos dos y les hablamos? —les sugirió Rocky a los otros tres.

Diddy y Dixie, por su lado, seguían hablando del tema. Cuando de pronto, alcanzaron a ver que el cuarteto de niños bravucones los tenía en la mira y parecían estar dirigiéndose hacia ellos. A lo que se iban acercando, Diddy se mostró temeroso mientras que Dixie se limitó a mirarlos con extrañeza ante el acercamiento.

—Ehh, hola, monitos. Perdón si los interrumpimos —dijo Jemky de manera formal antes de hablarle a Dixie—. ¿Cómo te llamabas, niña nueva?

—Ahh, Dixie —respondió ella sin quitarles la mirada de extrañeza.

—Oh, ¿Dixie?, que nombre tan… patético —se burló Mandrew sin poder resistirse en molestarla, y luego Rocky y Melenky comenzaron a reírse un poco.

—¡Mandrew! —le susurró Jemky dándole un codazo—. No empiecen todavía con payasadas.

—¡Oye, ¿qué te pasa?! —le respondió Dixie a Mandrew ofendida—. ¡Ten un poco más de modales!

—Pero si tu nombre es patético… como tú —agregó Melenky en un tono burlón.

—¡Melenky! —susurró Jemky otra vez, al parecer, tratando de calmarlos.

—Y miren estos feos cabellos que tiene —añadió Mandrew jalándole con fuerza uno de los mechones rizados de Dixie—. Son de niña tonta.

Diddy veía que los del cuarteto estaban empezando a ponerse pesados, y no podía permitir que hicieran lo mismo con Dixie.

¡No! —interfirió Diddy poniéndose frente a Dixie—. ¡No dejaré que le hagan daño también a ella!

—Vaya, vaya, y si le hiciéramos daño a tu amiguita, ¿crees tú que la podrás defender? —le dijo Mandrew en un tono sarcástico—. ¡Lagartija debilucha!

—¡Oigan, no le digan así a Diddy! —replicó Dixie con firmeza al ver la tensión que se iba formando.

—¡Ah, con que eres una niña muy alzada! —respondió Rocky levantando la mirada.

—Parece que eres igual a Diddy —agregó Melenky antes de echarse a reír—. ¡Igual de tonta!

—¡Le diré a la maestra Wrinkly y… —les recalcó Dixie, pero Diddy le dio un ligero codazo para que no continuara.

—¿A Wrinkly dijiste? —exclamó Rocky con una mirada de advertencia—. Por cierto, Diddy, ¿ya le contaste qué va a pasar si nos acusan con Wrinkly?

—¡Sí, ya lo sé! —respondió Diddy enfadado—. ¡Así que ni se atrevan a hacerle algunas de sus marranadas a Dixie!

Los cuatro miraban a Diddy de manera burlona y como si quisieran reírse de él, mientras que este estaba en toda la posición de defender a Dixie de ser necesario.

—Pues agradece que Wrinkly está vigilando el recreo ahora mismo —le dijo Rocky encogiéndose de hombros y señalando con la mirada a Wrinkly—. Nos vemos, monitos.

Dicho eso, los cuatro volvieron a reírse entre ellos y se retiraron. A medida que se iban alejando, se los escuchaba cómo iban murmurando acerca de los dos… a excepción de Jemky, quien solo se limitó a darle una mirada a Dixie a la distancia y le sonrió. Por su parte, Dixie tan solo los miraba con rareza.

—Qué desagradables esos niños —comentó Dixie con disgusto.

—Sí, y en verdad debemos agradecer que Wrinkly esté vigilando —agregó Diddy con algo de ironía—. En fin, supongo que debemos tener mucho cuidado con esos cuatro.

—Oye, pero hablando en serio… A esos cuatro tampoco se los ve tan difíciles de enfrentar si llegaran a pasarse.

—Sí, de no ser porque si no se meten contigo, se meten con tus cosas, con tus tareas y con tu almuerzo —respondió Diddy torciendo un poco los ojos.

—¿Y los demás niños cómo son? Es decir… ¿ellos no saben nada sobre esos cuatro?

—Esos también son unos antipáticos, nomás háblales y te mirarán como bicho raro. Y no, creo que ellos no saben nada de las cosas que esos cuatro hacen, de hecho, también los trataron como bichos raros cuando llegaron a esta escuela… Me arrepiento de no haber hecho lo mismo y no haberles hecho caso.

—Cielos, no es un salón divertido entonces —comentó Dixie encogiéndose de hombros—. Cuando yo iba a la escuela siempre tenía buenos compañeros, claro, unos que otros eran odiosos, pero por lo general tenía buenos amigos.

—¿Has estado en una escuela también?

—Claro que sí. Hasta hace dos años iba, ya el año pasado no pude porque… bueno, sucedieron varias cosas.

—¡Diddy! ¡Dixie! ¿Cómo van? —apareció Wrinkly detrás de ellos—. ¿Qué tal te ha ido, Dixie? ¿Te ha gustado la escuela?

—Oh, claro que sí, maestra Wrinkly —respondió Dixie sonriendo—. Está todo bien hasta ahora.

—Qué bueno, me alegro, pequeña —le respondió Wrinkly con un tono dulce—. Espero que puedas seguir así. Y bueno… venía a hablar contigo también, Diddy, es para poder revisar tu tarea de la semana pasada.

—Ah, cierto, lo estaba olvidando —respondió Diddy llevándose la mano a la cabeza—. Bien, vamos ahora mismo. Me esperas un rato, Dixie —le dijo antes de retirarse de forma rápida.

—Si deseas, puedes ir a tomar tu almuerzo en la zona de allá, Dixie —le dijo Wrinkly con amabilidad.

—De acuerdo, maestra —respondió Dixie de la misma forma.

Wrinkly se retiró también de la conversación y se dirigió hacia el salón de clases junto con Diddy, ya que él tenía una tarea pendiente que presentar… la cual él sí la había hecho en su momento, pero sus compañeros malos se la arruinaron y, como siempre lo hacía, Diddy había dicho una excusa para poder presentarla después.

Por su parte, Dixie se dirigió a sentarse en unos asientos de madera, los cuales estaban acondicionados para tomar un almuerzo. Ella cargaba una bolsa en donde traía unas frutas para comer y, luego de acomodarse, empezó a degustar de su almuerzo mientras esperaba a que Diddy regresara.

De pronto, Dixie escuchó a alguien cerca y, al voltearse a mirar, se percató de que era Jemky, el niño orangután, quien aparentemente estaba dirigiéndose hacia ella y sonriéndole. Dixie tan solo lo miró con extrañeza apenas lo vio.

—¡Eh! ¿Qué tal, niña nueva? —le dijo Jemky saludándola—. ¿Dixie, verdad?

—Ahh, ¿sí? —le respondió Dixie aún mirándolo con extrañeza.

—¿Por qué me miras así? Solo quería preguntarte —le dijo él con unas pequeñas risas, antes de hablarle con normalidad—. Oh, y cierto, quería disculparme por lo de sucedido hace poco y los comentarios tontos de mis amigos… Ellos a veces no miden sus palabras, no les hagas caso.

Sí, ya me di cuenta —respondió Dixie levantando la mirada.

—¿Y así que eres nueva aquí, no? —le preguntó él con una sonrisa y una mirada fija—. ¿Vienes de otra isla también?

—Pues sí… ¿ustedes también? —le preguntó Dixie sin quitar la mirada seria.

—Así es, aunque nosotros no vivimos aquí… Y entonces, ¿eres amiga de Diddy, verdad?

—Ehh, sí, claro, ¿ustedes no?

—Lo éramos, pero… pasaron cosas y nos hemos distanciado… ¿Y tú eres su amiga desde hace tiempo o recién lo conociste?

—Llevo un tiempo que lo conozco —le respondió ella aún mirándolo con sospechas.

—Oh, así que son bien amiguitos —comentó Jemky sonriendo y levantando la mirada. De pronto, él empezó a mirar a Dixie de una forma fija, lo cual se le hizo mucho más raro a ella—. Tus ojos son bonitos —le dijo sonriéndole y sin dejar de mirarla.

—Ahh, ¿gracias? Supongo —le respondió Dixie con una sonrisa forzada, antes de volver a ponerse seria.

—Son casi del mismo color que los míos —agregó él dando unos parpadeos con sus ojos que eran de un tono verdoso. Luego, él le dio una mirada de extrañeza—. Oye, eres algo seria… Me caíste bien —finalizó volviendo a sonreírle antes de dar unos pasos atrás—. Nos vemos, Dixie.

Luego, Jemky comenzó a alejarse y se retiró. De pronto, en el camino apareció Diddy también, quien traía una mirada de extrañeza hacia Jemky luego de haberlo captado hablándole a Dixie. Al cruzarse en el camino, Jemky le dio una mirada de reojo a Diddy, antes de darle una pequeña palmada en la cabeza y seguir caminando mientras sonreía.

Diddy se dirigió de inmediato hacia Dixie, ya que era obvio que sintió una ligera tensión tras ver que uno de los niños bravucones había estado interactuando con ella.

—¿Qué te dijo ese? —le preguntó Diddy en voz baja.

—Me estaba preguntando por mí, por ti y por mis ojos —respondió Dixie encogiéndose de hombros.

Más tarde, el recreo terminó y todos regresaron al salón. La clase continuó con normalidad, excepto para Diddy, quien solo se mantenía preocupado por Dixie y seguía pensando que había sido pésima idea que ella haya entrado a esa escuela. Mientras tanto, el cuarteto de niños bravucones los miraba a ambos de reojo y se reían en voz baja. Dixie, por su parte, les daba también una mirada de rareza hacia aquellos cuatro niños.

Un par de horas después, la clase culminó y todos empezaron a retirarse.

—Hasta mañana, mis niños, cuídense —se despidió Wrinkly sonriéndoles mientras cada uno se retiraba. Los últimos en salir eran Diddy y Dixie—. Ah, y Dixie, espero que te haya gustado tu primer día de clase.

—Gracias, maestra Wrinkly —respondió Dixie sonriendo—. Por supuesto que sí.

Wrinkly se retiró por completo, dejándolos ahora sin vigilancia a sus estudiantes, por lo que Diddy tenía que estar al pendiente de sus compañeros, y sabía que tendría que proteger a Dixie como sea… a pesar de que ni él mismo lograba defenderse bien de ellos. Ambos empezaron a caminar hacia el exterior.

—Escúchame esto, Dixie —susurró Diddy mientras miraba de reojo a los cuatro, quienes iban caminando un poco más adelante que ellos dos—. Nos iremos por esos árboles de allá. No hagas ningún ruido y tampoco digas nada, ¿de acuerdo?

Diddy señaló a una dirección que aparentemente parecía ser un atajo para que los cuatro no los captaran. Dixie solo siguió hacia donde indicaba Diddy. Iban a esconderse tras unos arbustos más grandes que ellos y que eran algo estrechos, por lo que Diddy ingresó primero para poder confirmarle a Dixie si era seguro. Hasta que…

—¡¿A dónde vas, enano?! —exclamó Jemky tomándolo de la playera por sorpresa y llevándolo al otro lado del arbusto.

—¡Buen intento, mono zoquete! —dijo Mandrew tomándolo también y estrellándolo contra el suelo.

Los cuatro habían aparecido y comenzaron de nuevo a atacar a Diddy, a la vez que este trataba de devolverles los golpes sin éxito alguno.

—¡Oigan! ¡Déjenlo! —apareció Dixie cruzando el arbusto y tomándolo a Diddy.

Los cuatro se detuvieron en seco al ver a Dixie llegar. Ella se interpuso delante de Diddy mientras que él solo estaba todo nervioso de lo que pudiera ocurrir tras verla frente a ellos. De pronto, el cuarteto solo comenzó a reírse a carcajadas ante la presencia de Dixie, y la miraban de una forma burlona.

—¡Uy, que miedo, una niña! —comentó Mandrew en un tono sarcástico.

—Ven, vámonos, vámonos —susurró Diddy a Dixie tomándole de un brazo para luego empezar a escapar.

—¡Eh, ¿a dónde van?! —exclamaron los cuatro deteniéndolos.

¡NO! ¡Con Dixie no se metan! —exclamó Diddy tratando de protegerla y mirándolos con toda seriedad.

—Con tu amiguita no, pero sí contigo —respondió Jemky con una mirada burlona, antes de volver a tomarlo de la playera.

—¡No, ella también! —exclamaron los otros tres tomándola a Dixie.

—¡No, con ella no! —replicó Jemky deteniéndolos por alguna razón—. ¡Es al mono!

—¡Pero ella viene con el mono! —replicó Mandrew—. ¿O qué? ¿La estás defendiendo también?

—¡Ah, la defiendes porque es una niña, yo lo sé! —agregó Melenky en un tono burlón.

—¡No, no es eso! —replicó Jemky—. ¡Es solo que…

De pronto, Diddy vio que los cuatro estaban un poco distraídos discutiendo, por lo que volvió a tomar el brazo de Dixie de forma sigilosa y le susurró.

Vámonos —le dijo Diddy a Dixie mientras trataban de irse.

—¡No se van a ir de aquí! —exclamó Rocky deteniéndolos de nuevo, y luego tomando a Diddy con más fuerza—. ¡De aquí no te vas, mono!

Luego, los otros tres volvieron a aglomerarse contra Diddy, pero Dixie se les interpuso de nuevo para defenderlo.

¡No, déjenlo! —exclamó ella dándoles un empujón a cada uno.

—Oye, oye, niña, contigo no voy a pelear —exclamó Jemky mirándola fijo.

—¡Pues con Diddy tampoco lo harán! —replicó Dixie.

—¡Con que en ese tono nos hablas, ¿no, niña estúpida?! —exclamó Mandrew tomándole con fuerza de uno de los mechones a Dixie, antes de que ella le diera un solo manotazo para que la soltara.

—¡A mí no me hables así, piojoso! —le replicó Dixie.

—¡Ah, ¿quieres pelear?! —exclamó Rocky tratando de irse contra ella junto a Melenky.

—¡No, a ella no! —se interpuso Diddy para detenerlos.

—¡Tú no te metas, mono idiota! —replicó Melenky propinándole un manoteo.

Esta vez, Diddy sí trató como pudo en devolverles los ataques a los cuatro cuando estos se abalanzaron contra él, aunque no le resultaba tan bien. A los pocos segundos, Dixie se metió a defenderlo, pero el cuarteto también comenzó a apartarla de inmediato. Los cuatro continuaron tratando de detenerlos a ambos de una forma brusca. Hasta que, en un movimiento defensivo, Dixie les propinó unos manoteos a los cuatro de forma sucesiva, dejándolos quietos unos segundos.

—¡Ayyy, ¿saben qué?! ¡Mejor terminemos esta discusión! —exclamó Jemky con firmeza—. Parece que ahora, aparte de Diddy, tenemos otro juguete nuevo… ¡A ellos!

De pronto, los cuatro empezaron a abalanzarse contra Diddy y Dixie. A Diddy lo tomaron de la cola, mientras que a Dixie del cabello. Los tenían atrapados a ambos y comenzaron a atacarlos sin dejarlos salir, pero de pronto… Dixie se llenó de valor y le propinó una sola patada a Mandrew, seguido de un ataque con su cabello que mandó a volar al mandril a unos pocos metros. Los otros tres se quedaron impactados ante tal movimiento brusco de Dixie.

—Hmm, no está mal para ser una niña —dijo el niño mandril levantándose con sed de venganza—. ¡Pero a que no puedes con todos nosotros!

Rocky y Jemky iban a atacarla, pero ella le dio un puñetazo a cada uno tumbándolos al suelo. Melenky venía detrás a atacarla también, pero ella le dio una sola patada y también lo tumbó al suelo.

—¿Y qué me decían? —exclamó Dixie con las manos en los costados.

—¡Ustedes dos, ya verán! —les dijo Jemky furioso, mientras se aproximaban de nuevo a atacarlos a ambos.

—¿Ah, sí? —Dixie les hizo señas con los puños en posición de pelea—. ¡Más bien, ustedes ya verán…

—Ah, Dixie, mejor corramos, corramos, ¡corramos! —interrumpió Diddy con desesperación mientras tomaba a Dixie del brazo.

—¡Oye, pero…

¡Solo corramos!

Dixie no quería escapar, pero Diddy ya iba corriendo más adelante, así que se limitó a seguirlo. Diddy estaba sintiéndose más preocupado de que los niños bravucones le hicieran daño a Dixie, mucho menos le apetecía quedarse a pelear con ellos en presencia de ella.

¡NO HUYAN, COBARDES! —gritó Mandrew mientras los cuatro iban detrás de ambos.

Empezó otra persecución más, en donde Diddy y Dixie corrían lo más rápido que podían hasta lograr adentrarse entre los árboles y esconderse tras unos arbustos para que el cuarteto los perdiera de vista. Mientras ambos estaban escondidos, Diddy seguía sin creer cómo Dixie había tomado la decisión de inscribirse en Kong Kollege.

—¡¿Qué te pasa hoy, Dixie?! No te les enfrentes, saldrás lastimada, ¡solo mira mi ojo! —le dijo Diddy en voz baja y mostrándose desesperado

—¡Ay, por favor! Solo son niños de nuestras edades —respondió Dixie—. No puede ser tan difícil defenderse de ellos.

—Oh, no, no, no, gravísimo error —reafirmó Diddy—. ¡Es peligroso!

—Tú te enfrentaste a esos mandriles que nos perseguían, esos son peligrosos.

¡Ajá! —aparecieron los cuatro de forma repentina y atraparon de las manos a Diddy y a Dixie—. ¡Los atrapamos, par de tontos!

¡Suéltenme! —gritó Dixie mientras intentaba liberarse de ellos.

De repente, Dixie les dio un manotazo en la cara a Rocky y a Mandrew, consiguiendo que la soltaran. Diddy, quien estaba siendo sostenido por Jemky y Melenky, intentó hacer lo mismo pero no le resultó.

—¡Uhh, el mono no pued… ¡Ahhh! —gritó Jemky al recibir un golpe de Dixie para que soltara a Diddy.

De inmediato, Diddy fue hasta donde Dixie. Ahora ellos dos estaban frente a frente a sus cuatro compañeros, como a punto de empezar un combate.

—Ah, bueno, ¿quieren pelear? —les dijo Jemky con un tono malicioso y golpeando sus puños—. ¡Pues veamos quién gana!

—¡Con gusto! —les respondió Dixie de la misma forma, antes de susurrarle a Diddy—. Vamos, Diddy, tú puedes.

—Pero… ¿hablas en serio? —le preguntó Diddy confundido.

—¡Sí puedes, yo sé que sí! —exclamó Dixie con actitud.

¡Adelante pues, monos tontos! —les gritó Rocky, antes de dirigirse hacia ambos junto con el grupo.

Dixie se colocó en posición de pelea y, animando también a Diddy, empezó otro enfrentamiento con el cuarteto de niños bravucones. Aun si Diddy no estaba nada preparado para el momento, decidió quedarse al menos para no dejar sola a Dixie. Diddy logró darle un puñetazo a Mandrew, pero éste le dio uno más fuerte que lo tumbó, por lo que solo se limitó a defenderse y tratar de evitarlos. Mientras tanto, a Dixie se le daba un poco mejor el luchar contra esos niños; a cualquiera de los cuatro que se le acercara, le detenía sus ataques y se los devolvía, y hasta realizaba ataques giratorios con el cabello; esto último era lo que le daba bastante ventaja para pelear.

Un rato después, los cuatro parecían estar cansados de solo pelear con las manos, así que agarraron ramas de árboles caídas. Diddy y Dixie, por lo consiguiente, también hicieron lo mismo, y empezaron a luchar como si fuera un combate con espadas. Pero desafortunadamente, Diddy seguía teniendo un poco de nervios, lo que le dificultaba los ataques, así que se fue a ocultar tras un árbol.

—¡Miren, el mono es un gallina! —se le burlaba Mandrew, ganándose las risas del grupo.

¡No le digan así! —lo defendió Dixie—. ¡Él es fuerte!

—¡¿Ah, sí?! —replicó Jemky en un tono burlón—. ¡Pues que nos lo demuestre y pelee como verdadero simio! ¡Y bien! Esta pelea aún no termina, niñita.

El enfrentamiento continuó, esta vez siendo Dixie contra el cuarteto. Ella no quiso quedarse atrás y los atacó lo más que pudo a los cuatro; gracias a su cabello, podía realizar movimientos rápidos y también llegar más alto al saltar sobre ellos. Un rato después, Dixie ya estaba dejándolos cansados y al punto de rendirse. Diddy solo observaba la pelea con cierta preocupación por ella; quería ir a defenderla pero sabía que él saldría perdiendo.

—De acuerdo… está bien. Me rindo… Tú… ganas —dijo Mandrew jadeando exhausto y recostándose en el suelo más tarde—. No eres mala para ser una niña.

—Me rindo también… —agregó Rocky de la misma forma—. Quiero… descansar un rato.

—Ahh, necesito ir a casa ahora mismo —añadió Melenky tumbándose de un solo hacia el suelo junto con lo dos.

¡¿Qué?! ¡No se tienen que rendir! ¡¿Qué les pasa?! —les reprochó Jemky manteniéndose en pie—. ¡Peleen cómo simios!

—Yo peleo como simio, pero… ya me cansé —respondió Mandrew mientras respiraba de forma agitada.

Dixie aún se mantenía en posición de pelea, mirando con dureza a los cuatro. Jemky era el único que parecía no querer rendirse aún. Luego, él se quedó mirando a Dixie por unos segundos y se dirigió hacia ella, esta vez con más calma y seriedad.

—Oye, niña… Está bien, yo también me rindo. Ya no peleemos, ¿sí? —le dijo Jemky en un tono más calmado—. Parece que eres muy fuerte y no te das por vencida, ¿eh? —agregó sonriéndole mientras se acomodaba su peinado y su chaleco—. Me agrada tu actitud —le susurró guiñándole un ojo de cerca.

Dixie lo miró con rareza ante ese gesto, mientras que Diddy, desde su escondite, no pudo evitar sentir cierta molestia… una que no había sentido antes esta vez.

—¿Sabes otra cosa? —continuó Jemky tomándole de los cabellos a Dixie con cierta delicadeza—. Creo que también eres lin…

—Ah, oye, creo que tienes algo en tu nariz —le señaló Dixie.

—¿En serio? —preguntó Jemky mientras trataba de mirarse su propia nariz—. Ah, es de un golpe que Diddy…

De inmediato, Dixie le propinó un ataque giratorio con su cabello y lo tumbó al suelo.

¡A mí no te me acerques así! —le advirtió Dixie con los puños en alto.

—Ay, oye, nomás te lo decía —le replicó Jemky levantándose—. Solo te dije que…

¡A ella no te le acerq… —exclamó Diddy dándole un empujón a Jemky, pero este le devolvió uno más fuerte.

—¡Oh, mira! —interrumpió Jemky—. Recién sale el mono gallina a defen…

De inmediato, Dixie le dio otro ataque giratorio con el cabello.

—¡No le digas así! —le replicó Dixie.

De pronto, Jemky empezó a mostrarse furioso y como si quisiera seguir llevándole la contraria a Diddy y a Dixie, viendo que estos estaban teniendo valor para confrontarlos.

—Hmm, ¡Monos estúpidos! —exclamó él chocando sus puños—. ¡¿Con quieren seguir peleand…

—¡Ya déjalos, Jemky! —interrumpió Rocky mostrándose cansado—. Vamos a almorzar, que me muero de hambre.

—Sí, mañana seguimos molestando a estos monos tarados —agregó Mandrew del mismo modo.

—Nuestros papás se enojarán si llegamos tarde —añadió Melenky—. Acuérdate que hoy llegan.

—Ay, de acuerdo, de acuerdo —respondió Jemky en tono protestante y torciendo los ojos—. ¡Esto no se queda así, par de enanos, sobre todo contigo, niña! —les advirtió a los dos con firmeza.

Los compañeros bravucones de Diddy, y ahora también de Dixie, por fin se retiraron del lugar, ya que al parecer, tenían que llegar a sus casa a almorzar e incluso se los veía agotados de tanto pelear. Diddy nunca los había visto así de rendidos, lo cual le sorprendió mucho, sobre todo por el hecho de ver que Dixie les había dado su lección.

Luego de todo ese conflicto, Diddy y Dixie empezaron a caminar mientras hablaban de lo sucedido.

—Oye, Dixie… no conocía eso de ti —dijo Diddy mostrándose asombrado y sonriendo—. T-te defendiste muy bien. Créeme, estoy… sorprendido. Les diste su merecido a esos tontos —agregó con admiración ahora que se había dado cuenta de la valentía de Dixie—. Estuviste genial.

—Oh, gracias —respondió Dixie sonriendo un poco, antes de fruncir el ceño—. Cielos, esos cuatro niños sí que son odiosos... Oye, ¿pero por qué no pudiste pelear? No son tan difíciles de enfrentar.

—Nunca puedo contraatacarlos bien, siempre me salen ganando y no quiero tampoco causarles heridas porque me meteré en problemas —respondió Diddy con frustración y luego suspiró—. Oye, Dixie… ¿estás segura de que quieres estar en esa escuela teniendo a esos cuatro tontos como compañeros?

—Diddy, lo que pasa es que… —dijo Dixie haciendo una pausa antes de responder—. Tú nos salvaste a mis primos, a mi hermana y a mí de esos mandriles malvados… Si no fuera por ti, nosotros ya no estaríamos vivos y… de alguna forma quería recompensártelo, y cuando tú me contaste tu situación creí que sería la oportunidad para hacerlo.

Diddy adoptó una mirada de extrañeza y a la vez de preocupación ante la respuesta de Dixie; si bien estaba tranquilo de haberla salvado a ella y su familia, también se sentía algo culpable de que ella se involucrara en la situación de él.

—Oh, no, Dixie, no tenías de qué preocuparte —le dijo Diddy en un tono de preocupación—. Yo solo quería salvarlos y ya.

—No, Diddy, literalmente nos salvaste la vida —respondió ella sonriendo un poco—. No sabíamos cómo agradecértelo.

—Pero es que… no me gustaría que te sucediera algo malo a causa de esto.

—No te preocupes, Diddy. Confía en mí —agregó Dixie asintiendo—. De unos niños como ellos sí me puedo defender, ya lo he hecho antes. Ni siquiera están armados ahora como me contaste… Por cierto, la verdad que tampoco veo problema si le cuentas a Donkey sobre eso, ¿de verdad no le vas a decir?

—Ehh, no… Es que no puedo; no me siento listo —respondió él con inseguridad—. Y no quisiera seguir mencionando el tema… En fin, aun así… también te agradezco que les hayas dado una lección a esos tontos, Dixie —respondió Diddy luego de suspirar y volver a sonreír un poco—. Eh, solo ten mucho cuidado, ¿sí?

—Está bien —dijo Dixie con una pequeña sonrisa. A decir verdad, los compañeros de Diddy le parecían unos simples niños odiosos que solo querían sentirse importantes—. Oye, por cierto, ¿tú sabes cómo hacer la tarea que dejó la maestra Wrinkly hoy? Recién veo esa clase.

—Claro, es muy fácil. Si quieres te puedo ayudar —respondió Diddy con amabilidad.

—Gracias, Diddy, es que no la entiendo bien. Hace casi un par de años que no voy a la escuela.

—Podría enseñarte todo lo que nos han enseñado hasta ahora para que estés al día con el ciclo —agregó Diddy—. ¿Qué te parece?

—¡Suena genial ¿Qué tal si nos encontramos más tarde? —le sugirió Dixie.

—Está bien, puedes venir a mi casa, o mejor en la tuya. Hasta podemos jugar con Chunky, Kiddy y Tiny como siempre.

—De acuerdo, entonces te espero en la mía —respondió Dixie sonriendo—. Les avisaré que vas a ir… Bien, entonces hasta luego, Diddy.

—Hasta luego, Dixie —le respondió él devolviéndole la sonrisa—. Nos veremos más tarde.

Luego, Dixie se fue rumbo a su casa, y Diddy hizo lo mismo. Pero de pronto, mientras ella se iba alejando, Diddy se volteó a verla y se quedó observándola con una sonrisa; estaba preocupado porque ahora ella también asistiría a la escuela y los niños malos podrían hacerle maldades como a él, pero luego, recordó lo fuerte y valiente que ella fue cuando se les enfrentó; se había quedado asombrado y hasta se sintió algo culpable de haberla subestimado. Aun así, en cierta parte pensó que no todo sería malo… pues ahora la podría ver todos los días en la escuela.

Desde hace pocos días atrás, Diddy se había dado cuenta que estaba teniendo una sensación muy extraña y nueva para él. No sabía cómo explicarlo bien, pero… Dixie le parecía una niña muy… agradable; él sonreía en los momentos que andaba con ella y…

"¿Pero en qué rayos estoy pensando?" se dijo a sí mismo en su mente luego de haberse quedado pensando por un rato en esas afirmaciones sobre… Dixie.