Capítulo 8: Tareas

Esa misma tarde, Diddy se estaba preparando para ir a la casa de Dixie. Él estaba en la sala recogiendo algunos libros y materiales escolares para llevar. Minutos después, Donkey llegó a la sala y se percató de lo que Diddy estaba haciendo.

—Así que Dixie ahora está en la escuela —comentó Donkey sonriendo—. Eso es genial, tendrás una nueva compañía. ¿Irás ahora donde ella?

—Sí, justo ahora —respondió Diddy de la misma forma—. Regresaré más tarde.

—De acuerdo, pequeño amigo —agregó Donkey dándole pequeñas palmadas en el hombro—. Que te vaya bien.

—Hasta luego, Donkey —le dijo Diddy mientras iba dirigiéndose hacia la puerta.

Diddy salió de la casa y bajó para finalmente irse. Mientras, Donkey se quedó a mirarlo hasta perderlo vista, y más tarde sonrió; por alguna razón, le pareció notar que a Diddy se lo veía bastante sonriente durante esos últimos días… y mucho más ahora que lo vio irse.

Más tarde, Diddy había llegado a la casa de Dixie y llamó a la puerta. A los pocos segundos, Tiny se asomó y lo recibió, siendo acompañada luego por los otros tres jóvenes kongs.

—¡Hola, Diddy! —le dijeron los cuatro al mismo tiempo.

—¡Hola, amigos! —les devolvió Diddy el saludo alegremente.

—¿Vendrás a jugar con nosotros? —dijo Tiny tomando del brazo a Diddy junto con Kiddy.

—Luego, ahora tenemos tarea —respondió Diddy encogiéndose de hombros y sonriendo.

—Diddy no vino a jugar ahora —agregó Dixie con unas pequeñas risas—. Vamos a hacer cosas de la escuela.

—Ay, ¿de verdad? —dijo Tiny poniendo una cara de súplica—. ¿Y si jugamos primero un rato? ¡Digan que sí!

—Tiny, ahora no podemos —le dijo Dixie—. Estaremos ocupados ahora mismo. O podríamos jugar más tarde a lo que terminemos, ¿de acuerdo?

—Pero verán que sí —les dijo Tiny señalándolos con una mirada juguetona.

Luego, Diddy y Dixie se dirigieron hacia el exterior de la casa para poder estudiar con más tranquilidad, y se sentaron bajo un árbol donde había también superficies rocosas o de madera para colocar sus pertenencias.

—Ahora sí, podemos empezar —dijo Dixie tomando unos lápices.

—¿Sí has visto algo de este tema antes? —le preguntó Diddy mostrando la tarea que tenían que hacer.

—Algo recuerdo, pero no lo terminé de ver a profundidad. Ya sabes, no estuve en escuela el año pasado.

—De acuerdo, no es tan difícil luego que termines de entenderlo, ya verás —afirmó Diddy sonriendo—. Aunque eso sí, es bastante extenso e incluso llega a ser frustrante.

—¿Tú sueles tardar demasiado en terminar una tarea así? —preguntó Dixie mientras empezaba a escribir.

—Al principio sí… Aunque esa no era la peor parte, lo verdaderamente frustrante es que casi siempre esos tontos de la escuela me rompían la tarea, y luego tenía que inventar una excusa para Wrinkly.

—Cielos, qué malvados esos niños —expresó Dixie con disgusto, antes de seguir escribiendo—. ¿Cómo pueden ser así de desconsiderados?

—Desconsiderados les queda pequeño, créeme —agregó Diddy torciendo los ojos—. Pero bueno, te iré avisando que debes proteger tus tareas a toda costa de ellos.

—¿Cuál de ellos cuatro es el más fastidioso?

—Pues qué te digo, diría que el orangután y el mandril, o sea, Jemky y Mandrew. Aunque la verdad, cada uno tiene su forma de ser malvado. Melenky, el de patas rojas, también es demasiado molestoso.

—El orangután se las quería dar de amable conmigo en el recreo —comentó Dixie con una mirada de extrañeza.

—Ah, ese solo es un fanfarrón, créeme que sí. Ese es el que suele empezar a molestar y es tremendo criticón; igual a Mandrew, aunque ese en cambio es más burlón y suele seguir la corriente; Melenky también es otro, aunque es algo torpe a veces, pero también es un burlón fastidioso. Rocky se podría decir que es el menos malvado, pero también es un molestoso.

—Cielos, ¿que no hay nadie que haya controlado a esos niños?

—Ni idea, solo les gusta hacer sus payasadas y disfrutar con el mal ajeno. Son unos completos idiotas… ¿Tú alguna vez también tuviste compañeros así? Es decir, no exactamente como ellos, pero parecidos.

—Sí los tuve, de hecho —respondió Dixie mientras seguía escribiendo—. En una ocasión, había dos niños chimpancés que así mismo les gustaba fastidiarme y robarse mis cosas de la escuela; y en otra ocasión, fueron cuatro niñas gorilas que pasaban tirándome del cabello cada vez que las veía o me golpeaban.

—¿En serio? ¿Y tú qué hiciste ahí?... ¿Los pudiste detener o algo?

—Bueno, en el primer caso se lo conté a mis padres, y ellos tomaron medidas al respecto con la escuela y al menos dieron con los padres de esos niños para detenerlos. En el segundo, hice lo mismo, pero esas niñas continuaron molestándome, hasta que mis padres me enseñaron a defenderme bien y pude enfrentarlas para que al menos me dejaran en paz. Aunque bueno, si lo preguntas, ninguno de esos niños andaba haciendo cosas indebidas como lo que me contaste sobre los cuatro de ahora.

—Vaya, al menos pudiste detenerlos —comentó Diddy sonriendo—. Ahora veo cómo pudiste darle su merecido hoy a esos cuatro, es como si nadie se metiera contigo —agregó en tono de broma.

—Oye, con esos cuatro tú también podrías tener valor para enfrentarlos —respondió Dixie con unas pequeñas risas—. Les das una lección y ahí se quedan como payasos pensando que no les irías a responder, al menos para que se dejen de meter contigo si es que no quieres contarle eso a nadie. Es más… quizás solo te estén amenazando para asustarte.

—Bueno, quisiera creer eso, pero… Ay, no lo sé —dijo Diddy antes de suspirar—. Aunque de todas formas, no suena mal el responderles para que le bajen a la intensidad de sus maldades, y algún día sé que dejaré de verlos.

—Oye, y por cierto, ya terminé de escribir esta parte —le dijo Dixie mostrándole la hoja—. ¿Y ahora qué sigue?

—Bien, aquí es donde ya empezará la resolución de este ejercicio —respondió Diddy antes de señalar en un cuaderno de él—. Como te decía, primero debes colocar estos números así…

Diddy continuó explicándole la tarea a Dixie, a más de otros temas anteriores que debía mostrarle. Él se sentía muy bien de poder ayudarla y, de la misma forma, Dixie no tenía tanto lío en captar lo que él le decía; después de todo… se sentía a gusto de escuchar su explicación.

Mientras tanto, en el interior de la casa, estaban Tiny Kiddy y Chunky asomados en la ventana. Al parecer, los tres estaban espiando a Diddy y a Dixie de forma sigilosa.

—Oye, ¿tú crees eso? —le preguntó Chunky a Tiny sonriendo con una mirada de extrañeza.

—Es que solo mírenlos —dijo Tiny mirando tras la ventana con una sonrisa amplia—. ¿No se ven bonitos juntos?

—Chunky sigue sin creerlo —agregó Chunky cruzando los brazos, pero luego levantó la mirada—. O podría ser…

—Vamos, conozco a mi hermana —replicó Tiny con una mirada juguetona—. Es decir, mírenla, yo no recuerdo haberla visto antes… así de feliz hablando con alguien.

Los tres estuvieron espiando a Diddy y a Dixie por un rato. Y es que a decir verdad, a ambos se los veía con ciertas buenas energías hablando… Era como si a más de estar en una conversación de temas escolares, también disfrutaran la compañía el uno del otro.

Más tarde, Diddy y Dixie habían finalizado la tarea del día, por lo que recogieron sus cosas y entraron de nuevo a la casa de Dixie… en donde Tiny, Kiddy y Chunky se habían apresurado a fingir que estaban en otros asuntos.

—Ya terminamos, al fin —dijo Dixie dejando sus cosas sobre la mesa.

—Y bien, amigos… —agregó Diddy sonriéndoles—. ¿Les parece si ahora jugamos a algo?

—¡Sííí! —exclamaron Tiny, Kiddy y Chunky al mismo tiempo.

—¡Juguemos a las escondidas! —agregó Tiny dando saltos de emoción—. ¡Vamos!

Luego de un largo día, Diddy y sus cuatro amigos se pusieron a jugar un rato en el exterior de la casa. Se quedaron tanto tiempo que ya casi anochecía. Diddy llevaba varios días sin jugar así con todos ellos, por lo que se quedó hasta fueran las horas donde ya debía regresar a su casa.

—Hasta luego, amigos —les dijo Diddy luego de recoger sus cosas—. Nos vemos.

—Hasta pronto, Diddy —respondieron los otros, excepto Dixie, quien lo acompañó hasta la puerta.

—Diddy… gracias por tu ayuda —le dijo Dixie sonriéndole, en el exterior de la casa.

—De nada, Dixie. Puedes pedirme ayuda cuando quieras —respondió Diddy devolviéndole la sonrisa. Cuando de pronto… tuvo cierta sensación extraña luego de mirar a Dixie hacia sus ojos—. Ehh… Hasta pronto, te veo mañana —finalizó, antes de irse.

—Hasta mañana… Diddy —respondió Dixie sin dejar de sonreírle.

Luego, Diddy se retiró del lugar, y Dixie entró a la casa… Pero después, ella se quedó a mirarlo desde la ventana mientras él se alejaba… y luego ella se sonrojó un poco; se puso a pensar en lo agradable que se sentía estar en compañía de él. Ambos estaban siendo buenos amigos, aunque… pensó que tal vez había algo en especial con respecto a él.

Dixie, luego de sus alucinaciones, se dio la vuelta y tuvo un pequeño susto tras ver a su hermana y a sus primos que la estaban mirando con extrañeza, e incluso con sospechas.

—Oye, hermanita —le dijo Tiny una sonrisa juguetona—. Hay una cosa que queríamos preguntarte.

—Eh, ¿sobre qué? —preguntó Dixie confundida.

De pronto, Tiny y Chunky levantaron la mirada el uno hacia el otro, a la vez que sonreían de una forma misteriosa.

—¿Quién le dice? —preguntó Chunky mirando de reojo hacia otro lado.

Luego, Tiny se dirigió hacia su hermana, ganándose una mirada de extrañeza por parte de ella. Al acercarse a ella, le susurró algo al oído… lo cual hizo que Dixie abriera los ojos al máximo de forma instantánea.

—¡¿Qué?! —exclamó Dixie mostrándose algo paralizada, y luego frunciendo su mirada—. ¡No! ¿De dónde sacaron esa idea tan absurda?

—Ay, vamos, Dixie, yo sé que sí —insinuó Tiny dándole un pequeño empujón—. Estabas nerviosa antes de que él viniera.

—Y te veías demasiado feliz mientras estabas con él —continuó Chunky de la misma forma.

—Y aparte, ¿qué observabas desde la ventana, eh? —continuó Tiny levantando la mirada y cruzando los brazos.

—Ahh, bueno… —respondió Dixie confundida—. Yo solo miraba… los árboles y…

—Ay, sí, los árboles —interrumpió Chunky en tono burlón y cruzando los brazos—. Si vimos claramente como lo seguías con la mirada.

—¡¿De qué hablan?! —expresó Dixie mirándolos con rareza—. Yo no estaba mirando a Diddy… Eh, digo, solo estaba viendo los árboles.

—Sí, sí, sí, claro, sigues con los árboles —agregó Chunky en el mismo tono.

—Y por cierto —dijo Tiny con un tono burlón—. Ahora que vas tú a la escuela, lo vas a ver todos los días y se harán más amiguitos. Has de estar muy feliz por eso, ¿no?

—¿Q-qué? ¡¿Qué dices?! —respondió Dixie comenzando a sonrojarse—. ¿Y eso por qué?

—Vaya, vaya, miren como se pone nuestra querida primita y hermanita —dijo Chunky señalando las mejillas de Dixie.

—¡Ay, no es cierto! —replicó Dixie—. Solo somos amigos, así como él es amigo de ustedes también; es amigo de todos nosotros.

—Bueno, él es nuestro amigo, pero parece que contigo es algo… más especial —señaló Tiny haciendo énfasis y alzando la mirada.

—Sí, incluso a él también se lo ve feliz al lado tuyo —añadió Chunky.

—¡Diddy y Dixie novios! —exclamó Kiddy de forma repentina.

¡No! No, no, no y ¡No! ¡Eso jamás pasará! —dijo Dixie mientras se dirigía sonrojada hacia su habitación por las escaleras—. ¡Esas son solo suposiciones suyas!

—Parece que alguien aquí está… enamorada —comentó Tiny de forma juguetona, y los tres se echaron a reír.

Por su parte, Dixie solo aceleró el paso para subir por las escaleras e ir a encerrarse en su habitación, tratando de ignorar los comentarios de sus primos y su hermana.