Capítulo 9: Segundo Día
El día siguiente había llegado, y era otro día de escuela. Diddy estaba llegando a Kong Kollege y, como solía hacerlo siempre, trató de escabullirse en unos arbustos para no ser visto por el cuarteto de niños bravucones… Aunque en ocasiones como esta, no le resultaba tan bien.
—¡Aquí estás, lagartija! —exclamó Jemky atrapándolo por sorpresa y tumbándolo al suelo.
—¡Mono zoquete! —agregó Mandrew abalanzándose contra él.
De inmediato, Diddy trató de agarrarles de los brazos para detenerlos, pero Rocky y Melenky se lo impidieron.
—¡No, no, a nosotros no nos ves la cara, mono tonto! —le dijo Rocky sujetándolo.
Diddy trató de levantarse, pero los cuatro continuaron empujándolo y propinándole manoteos tan continuos, que él estaba volviendo a bloquearse para actuar a la defensiva.
—¡Oigan! —exclamó una voz ajena, haciendo que todos se detuvieran al instante—. ¡¿Qué le están haciendo a Diddy?!
Al mirar, todos se percataron de que se trataba de Dixie, quien había llegado justo en el momento que estaban atacando a Diddy. Los cuatro niños bravucones se quedaron sin saber qué decir en un principio, pero a los pocos segundos, la miraron de una forma amenazante también.
—¡Tú! —exclamó Mandrew señalándola y dirigiéndose hacia ella junto con el grupo—. ¡No debes una, enana!
—¡Me parece que contigo tenemos una pelea que terminar, ¿no, niña?! —agregó Jemky de la misma forma.
—¡Nadie se burla de nosotros! —agregó Melenky.
—¡Ah, ¿sí?! —les respondió Dixie en un tono burlón—. Pues problema alguno no tengo con ustedes.
—Ah, ¿con que en ese tono vienes a hablarnos, niña? —le dijo Rocky mirándola con amenaza—. A nosotros nadie nos habla así, ¿entendiste, monita tonta?
—Y a mí tampoco, nadie me va a hablar así —replicó Dixie mirándolos de la misma forma—. Y si quieren pelear, pues…
—Ehh, oigan, un momento, un momento —interrumpió Diddy interponiéndose frente a Dixie y tratando de armarse de valor—. M-miren, me parece que ahora no es un momento para ponernos a pelear así, entonces…
—¡Cállate tú, mono lagartija! —interrumpió Jemky propinándole un empujón y unos manoteos junto al grupo.
—¡No! ¡Déjenlo, niños piojosos! —exclamó Dixie apartándolos a los cuatro.
—¡Ah, ¿con qué también quieres tu merecido?! —le dijo Melenky tomándole de los cabellos con fuerza.
—¡Niña con pelos de jilote! —agregó Mandrew de la misma forma.
Al instante, Dixie les dio un jalón a ambos de sus melenas, antes de empujarlos con fuerza para apartarlos.
—¡Primero aprendan a peinarse, antes de meterse con mi cabello! —les replicó Dixie.
—¡Estúpidos, con Dixie no se metan! —exclamó Diddy propinándoles unos manoteos también.
—¡Ah, ¿con que ahora los dos se las dan de alzaditos, no?! —replicó Rocky tratando de abalanzarse contra Diddy y Dixie.
—¡Se acabó! —agregó Jemky de la misma forma—. ¡Ahora van a ver! ¡Par de enanos!
Dixie actuó a la defensiva de inmediato y les propinó otros empujones a Jemky y a Rocky. Mandrew iba a atacarla, pero Diddy se le interpuso, siendo interrumpido luego por unos manoteos de Melenky, pero Dixie también intervino. De pronto, se había armado un nuevo enfrentamiento entre el cuarteto con Diddy y Dixie. Por su parte, Dixie no mostraba temor alguno en confrontar a aquellos niños bravucones y, esta vez… Diddy no estaba quedándose atrás, más que todo por ayudar a Dixie y tratar de protegerla en ciertas ocasiones; parecía haber tomado un poco de más valor.
—¡Mono miserable! —le dijo Jemky tumbándolo al suelo y sujetándolo, pero Diddy le propinó un solo manotazo a la cara para apartarlo—. ¡Oye!
—¡Zoquete idiota! —le dijo Melenky a Diddy abalanzándose contra él, pero luego recibió un empujón por parte de Dixie.
—¡Niña metiche! —le dijo Mandrew a Dixie empujándola, pero Dixie le agarró del brazo con fuerza.
De pronto, Dixie realizó un movimiento giratorio con su cabello, apartándolos a los cuatro de forma repentina e incluso consiguiendo pausar un rato la pelea.
—¡¿Cómo rayos haces eso?! —le preguntó Melenky mirándola con rareza mientras se levantaba.
—¡Ni hablar! —exclamó Mandrew volviendo a ir contra ella—. ¡Ni creas que con tu tonto cabello vas a…
—¡Esperen, esperen, silencio! —interrumpió Rocky calmándolos a todos y mirando hacia otro lado—. ¡Allá viene Wrinkly!
Al instante, los otros tres se quedaron quietos, antes de reunirse con Rocky y comenzar a caminar rumbo hacia el patio de la escuela, como si no pasara nada.
Un rato después, Wrinkly apareció en el camino y divisó a Diddy y a Dixie a la distancia, a quienes saludó de inmediato.
Diddy y Dixie se dirigieron también rumbo hacia el salón de clases, en donde se reencontraron con los cuatro niños bravucones, y estos les daban miradas fulminantes de reojo.
—¡Buenos días, pequeños! —dijo Wrinkly al momento en que se encontró con varios de sus estudiantes—. Vamos a empezar la clase, vengan.
Mientras todos se ubicaban en sus respectivos puestos, los cuatro niños bravucones no dejaban de hacerles señas de advertencia y amenaza hacia Diddy y Dixie con la mirada, a su vez que los dos, en especial Dixie, les devolvía los mismos gestos.
La clase continuó con normalidad durante la jornada, en donde Wrinkly les ponía a hacer ejercicios de sus lecciones a los niños. Por su parte, a Dixie le costaba un poco seguir el ritmo de las lecciones, pero Wrinkly estaba dispuesta a ayudarle y ponerla al día, así mismo como Diddy, quien también le echaba una mano.
Más tarde, fueron las horas de receso, por lo que todos salieron al patio y empezaron a reunirse en sus respectivos grupos.
—¿Pudiste con el ejercicio de hoy? —le preguntó Diddy a Dixie mientras tomaban sus almuerzos.
—Al menos un poco mejor que ayer —respondió Dixie—. Aunque quizás necesite entender mejor el segundo paso.
—No es tan complicado una vez que lo entiendas —agregó Diddy sonriendo, antes de terminar de tomar su almuerzo. Más tarde, él se levantó—. Ya regreso, debo ir a presentarle la otra tarea a Wrinkly.
—De acuerdo, Diddy —respondió ella.
Dixie terminó de tomar su almuerzo y recogió todo. Luego, ella también se levantó y empezó a caminar por el patio de la escuela para distraerse un rato.
De pronto, mientras iba caminando y observando hacia un rincón, escuchó que alguien venía caminando cerca de ella. Al voltearse, adoptó una mirada de extrañeza instantánea, e incluso se colocó en posición de pelea de ser necesario.
—¿Qué tal, Dixie? —le dijo Jemky saludándola mientras caminaba al lado de ella—. Oye, tranquila, no vine para pelear ahora por si lo piensas —agregó con unas pequeñas risas.
—Eh, ¿y necesitas algo? —le preguntó Dixie sin dejar de mirarlo con sospechas.
—Bueno… solo venía a saludarte —respondió Jemky sonriéndole—. Por cierto, no sabía que peleabas tan bien… Veo que eres muy fuerte, ¿cómo aprendiste a hacer esos movimientos con tu cabello?
—Siempre los he hecho —le respondió Dixie con una corta sonrisa forzada—. Es de nacimiento.
—Ya veo, se ve que te es muy útil… Y te luce muy bien —agregó él guiñándole un ojo y sin dejar de sonreírle.
—Ehh, sí… gracias —respondió Dixie aún con una sonrisa forzada, y luego mirando hacia otro lado—. Y bueno, si me disculpas… justo ahora tenía que hablar con la maestra Wrinkly de algo importante —agregó como excusa, antes de apartarse y retirarse.
—¿En serio? ¿Qué sucedió? —le preguntó Jemky como si tratara de seguir hablándole.
—Solo es algo importante —agregó Dixie como si lo esquivara para luego irse sin más.
A los pocos segundos, Dixie tan solo se retiró a pasos acelerados dirigiéndose hacia el salón de clases. Mientras, Jemky se la quedó viendo con una mirada de extrañeza, antes de encogerse de hombros.
—Ya andas tirándole la onda a esa niña —dijo Melenky apareciendo junto con Rocky.
—Pues hay que intentarlo, ¿no? —respondió Jemky encogiéndose de hombros.
—Si las niñas ya no te quieren como antes —agregó Rocky con unas pequeñas risas.
—Claro que sí, y no seas envidioso —le respondió Jemky con un tono burlón.
—¿Envidia te voy a tener? —le dijo Rocky con ironía—. Aparte, esa niña también es como ese mono tonto, y encima es alzadita; no vamos a dejarnos dominar de ella ni tenerle compasión.
Más tarde, la clase continuó hasta que fueran las horas del medio día, en donde ya todos irían a sus casas. Al momento en que Diddy y Dixie estaban por irse, Wrinkly les habló.
—Eh, Diddy, creo que necesitaré que ayudes a Dixie para que se ponga al día —le dijo Wrinkly—. ¿Será que pueden reunirse durante esta semana? La siguiente será de unas lecciones importantes.
—Claro que sí, no hay problema —respondió Diddy sonriendo—. De hecho, ayer nos reunimos.
—Oh, eso es muy bueno —respondió Wrinkly—. Veo que ustedes son buenos amigos. Entonces eso, Dixie tiene que estar preparada para las lecciones de la próxima semana.
—De acuerdo, maestra Wrinkly —respondió Dixie mostrándose alegre.
Finalmente, Wrinkly se retiró, por lo que Diddy y Dixie continuaron su camino. Ambos iban a seguir con tranquilidad… de no ser porque Diddy recordó algo de lo que debía tener en precaución, en especial por Dixie.
—Nos iremos por acá. Ven —le susurró Diddy a Dixie señalándole hacia un sendero estrecho.
Los dos empezaron a caminar con sigilo y vigilando que no anduviera ninguno de los niños bravucones. Pero a pesar de que habían tomado una ruta diferente, no pasó tanto tiempo para que aquellos cuatro niños se les aparecieran de frente de forma repentina.
—¡¿A dónde creen que van, par de enanos?! —les dijo Rocky apareciendo junto al grupo.
Resistiendo a las ganas de contraatacar, Diddy tomó del brazo a Dixie y trató de desviarse del camino, pero aquellos niños no les dieron nada de tiempo para escapar y se les interpusieron.
—¡De aquí no se mueven! —les dijo Jemky al momento en que los sujetaron a ambos con fuerza.
—¡No, apártense! —les respondió Diddy mientras forcejeaba junto a Dixie por liberarse de los cuatro.
—¡Estúpido par de patéticos monos! —exclamó Melenky mientras comenzaban a propinarles manoteos.
Diddy y Dixie no se quedaron atrás y trataron como podían devolverles los manoteos a los cuatro, esta vez teniendo más éxito en apartarlos, y en donde Dixie finalizó con un movimiento giratorio con su cabello que les bloqueó la vista y pudieron apartarse de ellos.
—¡¿Quieren pelear?! —les dijo Dixie haciéndoles señas con los puños.
—¡Ganas no nos faltan! —replicó Mandrew antes de dirigirse hacia ellos junto al grupo.
De inmediato, Diddy y Dixie se pusieron en posición de pelea y comenzaron a ponerles resistencia al cuarteto e incluso devolviéndoles los ataques. En medio del conflicto, Jemky le propinó un fuerte manotazo a Diddy, pero este se lo devolvió casi al instante, aunque ganándose otro por parte de Mandrew y Melenky.
—¡¿Con que muy alzadito te has puesto, no, mono?! —le dijo Mandrew en un tono amenazante, antes de levantar su puño, para golpearlo—. ¡Ahora te abstien…
Pero de pronto, Dixie realizó otro ataque con su cabello que los mandó de un solo a esos niños para apartarlos.
—¡Ayyy, pequeña bestia con cabello de jilote! —exclamó Mandrew levantándose.
—¡Pelea bien y deja de usar tu feo cabello! —agregó Melenky de la misma forma.
—¡Feas sus melenas desgreñadas! —les respondió Dixie mostrándose furiosa—. ¡Aprendan a peinarse!
—¡Yo sí me peino, para tu información! —le replicó Rocky.
—¡Yo también! —agregó Jemky—. Son Mandrew y Melenky los desgreñados.
—¡Oye! —le replicaron Mandrew y Melenky.
—¡En fin! —interrumpió Rocky chocando los puños y acercándose a Diddy y a Dixie, mirándolos con amenaza—. ¡Me parece que ustedes dos…
Al poco tiempo, Dixie lo apartó de nuevo con un movimiento de su cabello, haciendo que el resto del grupo se apresurara a volver a atacarlos. Tanto Diddy como Dixie se dispusieron a contraatacar y responder a los ataques de los niños malos, aunque esta vez, Dixie les propinó más ataques con su cabello y fuertes empujones en varias ocasiones, que incluso les estaba dejando menos oportunidad a los cuatro para que realizaran un ataque… e incluso parecían estar cansándose.
—¡Espera, espera, espera! —exclamó Jemky en medio de los ataques de Dixie—. ¡Detente!
—¡Está bien, está bien, ya para! —agregó Rocky de la misma forma y cubriéndose con los brazos.
Dixie se detuvo por un rato mientras que los cuatro parecían estar jadeando un poco del cansancio, lo cual daba a entender que estaban desistiendo en querer continuar. Incluso, al igual que el día anterior, ellos fueron sentándose un rato en el suelo hasta que de a poco iban manifestando su agotamiento.
—Yo… ya no puedo —dijo Melenky recostándose en el suelo.
—La verdad que yo tampoco —agregó Rocky de la misma forma.
—¡Oigan, pero no! —les dijo Jemky a su grupo mostrándose cansado, pero a la vez, como si tampoco quisiera desistir—. ¡Igual tenemos que seguir!
—Ay, habla por ti esta vez… —agregó Mandrew encogiéndose de hombros—. Es más, creo que ya debemos ir a almorzar.
—¡No, ¿por qué se detienen?! —replicó Jemky aún de pie—. ¡Vamos a seguir peleando con esos monos enanos!
De pronto, los cuatro habían empezado una discusión, e incluso parecían haberse distraído… lo cual le dio cierta ventaja a Dixie y a Diddy, en donde este último le hizo señas a ella para retirarse sin más de esa zona. Ambos empezaron a caminar con sigilo hasta tomar buena distancia con el cuarteto, y luego aceleraron los pasos hasta adentrarse entre los árboles.
—¡Miren, y se escapan esos dos! —se le oyó gritar a Jemky a la distancia.
Diddy y Dixie subieron por unos árboles y se fueron ocultando entre las ramas para perderse de la vista de los cuatro. Ambos oyeron al cuarteto cerca, aunque estos parecían haberlos perdido.
—Vámonos —le susurró Diddy a Dixie.
Cuando ambos ya estaban más alejados de la zona, ya no se escuchaba a ninguno de los cuatro, por lo que ahora podían estar más tranquilos y se sonrieron.
—Se quedaron atrás esos tontos —dijo Dixie con una sonrisa victoriosa.
—Y parece que se cansaron igual que ayer —agregó Diddy de la misma forma—. Nunca los había visto así, la verdad.
—Tenían que cansarse en algún momento… Y oye, hoy luciste más confiado para enfrentarlos, lo hiciste muy bien —agregó ella sonriéndole con asombro.
—¿D-de verdad? —preguntó Diddy confundido.
—Sí, es decir, hoy vi que no les estabas temiendo, incluso los contraatacaste todo el tiempo. ¡Tuviste más valentía!
—Oye, tampoco así —respondió Diddy con unas ligeras risas—. Es decir… no es que no les estaba temiendo, solamente quería detenerlos.
—Bueno, es que no es tanto que no les tengas miedo, yo también lo tuve, lo admito, sino que esta vez tuviste más valor para enfrentarlos… y eso es lo que se puede hacer para detener a unos niños idiotas como ellos, porque eso es lo que quieren conseguir: solo molestar a alguien que les parezca más débil e indefenso que ellos, pero cuando les respondes, en el fondo se espantan. Bueno, no siempre es así, pero la mayoría de veces sí.
—Ya veo… Vaya, quizás sea cierto.
—Y eso es lo que puedes hacer para no tener que soportarlos tanto —le dijo Dixie sonriéndole con firmeza—. Y bueno, ya sé que no quieres hacer eso, pero… otra forma de solucionar esto es que se lo cuentes a Donkey y… —agregó antes de recibir una mirada de seriedad por parte de él—. De acuerdo, quizás no estés listo, pero considéralo también.
—No lo sé aún —respondió Diddy suspirando y encogiéndose de hombros—. No quisiera que se arme un escándalo luego… En fin, y por cierto, ¿nos reuniremos hoy también?
—Por supuesto —respondió Dixie—. Te esperaré esta tarde.
—Bien, entonces nos veremos más tarde, Dixie.
—De acuerdo, Diddy. Hasta luego —se despidió Dixie, antes de que Diddy hiciera lo mismo.
Luego, ambos siguieron sus caminos a sus respectivas casas. Por alguna razón, Diddy se había percatado que esta vez no se sentía tan asustado al regresar de la escuela, de hecho… se sentía con un mejor estado de ánimo recordando lo que Dixie le había dicho en cuanto a poder enfrentar a aquellos cuatro niños bravucones. De pronto, él se volteó a mirarla a la distancia… y sonrió por unos segundos.
En la tarde de ese mismo día, Diddy había llegado de nuevo a la casa de Dixie, ya que él iría a seguir ayudándola a ponerse al día con las lecciones escolares.
Al momento en que él llegó, Dixie y compañía lo recibieron igual que el día anterior y, de la misma forma, Tiny y Kiddy querían jugar con Diddy y Dixie, aunque estos les prometieron hacerlo luego de que terminaran de desocuparse. Diddy y Dixie se dirigieron al mismo rincón exterior, en donde comenzaron a tomar sus pertenencias para empezar.
—¿Pudiste comprender mejor la lección de hoy, Dixie? —le preguntó Diddy mientras rebuscaba en unas hojas.
—Creo que sí, incluso pude avanzar con la tarea de hoy —respondió Dixie sonriendo—. Solamente tuve que cuidar que Kiddy no jugara con mi cuaderno o mis tareas.
—Wow, debe ser como un hermano menor —comentó Diddy con unas pequeñas risas.
—Es prácticamente mi hermano menor —agregó Dixie de la misma forma—. Los cuatro ya nos hemos considerado hermanos, de hecho.
—¿Qué se siente tener hermanos y vivir con ellos? —preguntó Diddy con curiosidad.
—Pues qué podría decirte. Ellos han sido mi compañía en estos tiempos difíciles y nos hemos mantenido unidos —respondió Dixie sonriendo en un principio, antes de ponerse seria y encogerse de hombros—. Aunque claro, también nos damos unas peleas y discusiones casi todos los días —agregó riéndose un poco.
—Eso suena muy cambiante —comentó Diddy sonriendo con algo de confusión.
—¿Tú no has tenido ningún hermano, Diddy? —le preguntó Dixie—. ¿O algo que se acerque a un hermano?
—No, siempre fui yo solo. Aunque claro, se podría decir que Donkey es a veces como un hermano mayor, y otras veces como un padre.
—¿Toda tu vida has vivido solo con él?
—No exactamente. Vivía con mis padres hasta cuando tenía cuatro años, luego me quedé con Donkey ya que él siempre fue muy unido conmigo, y entonces él me adoptó después de que mis padres… ya no regresaron más.
—¿Qué? ¿De verdad? —dijo Dixie mostrándose asombrada—. Es decir, ¿tus padres… se fueron…
—Sí, ellos… ya sabes, no están más aquí —respondió Diddy cambiando a una expresión triste, aunque tratando de no estarlo en ese momento—. Aunque bueno, eso es un tema delicado. Pero sí, desde pequeño vivo con Donkey.
—Vaya, es casi como me sucedió a mí. Tiny y yo también nos quedamos con nuestros tíos luego de que nuestros padres se fueran, aunque… ellos dos también dejaron este mundo después —agregó Dixie de la misma forma—. Eh, pero lo entiendo, son temas también delicados.
—Sí, lo sé… Creo que ahora no es para hablar de esto —agregó Diddy con una corta y ligera sonrisa.
—Oye, y entonces, si Donkey es tu tío, ¿significa que Candy algún día va a ser tu tía?
—Eso supongo, pero sería cuando se casen —respondió Diddy volviendo a sonreír de verdad—. Aunque no creo que se casen por ahora tan pronto.
—Cierto, ya terminé esta parte, ¿qué sigue? —preguntó Dixie mientras terminaba de escribir en su hoja.
—Bien, aquí viene un paso muy extenso, así que no te vayas a desconcentrar —agregó él señalándole en la hoja.
—¿Pero es muy difícil o no?
—Ehh, si te lo memorizas bien ya no lo será —respondió Diddy con una sonrisa forzada—. Pero no te preocupes, no es nada del otro mundo.
Luego, Diddy comenzó a explicarle la tarea del día a Dixie, a más de otros temas que habían visto en clases. Entre ratos, ambos también conversaban sobre algún tema al azar que mencionaran o incluso bromeaban sobre algún asunto escolar.
Pero de lo que ambos no se habían dado cuenta, era que Tiny, Kiddy y Chunky estaban de nuevo detrás de la ventana espiándolos a la distancia, en donde entre los tres se hacían gestos y los señalaban, a la vez que se reían un poco.
—Esto se está poniendo interesante —comentó Chunky sonriendo con la mirada alzada.
—Oh, mírenlos —agregó Tiny en un tono enternecido—. Es que quedarían perfectos.
Más tarde, Diddy y Dixie estaban regresando a la casa, en donde venían riéndose un poco o bromeando entre los dos… lo cual se ganaba varias miradas de sospecha por parte de Tiny y compañía.
Al reunirse con los demás jóvenes kongs, se pusieron a jugar un rato hasta que se hiciera de noche. Y, al momento de irse, Dixie fue a acompañar a Diddy hasta el exterior de la casa.
—Te veo mañana, Diddy —le dijo Dixie al momento de despedirse—. Y gracias por ayudarme hoy también.
—No es nada, Dixie. Cuando quieras, no dudes en pedirme ayuda —le respondió Diddy sonriéndole—. Nos vemos.
Dicho eso, Diddy se fue rumbo a su casa. Cuando de pronto, él se volteó una última vez para mirarla, a lo que Dixie le sonrió y le hizo otro gesto de despedida a la distancia. Diddy no supo por qué, pero él también estaba sonriendo de camino a casa y, en especial… se había quedado pensando en los momentos con Dixie.
En horas de la noche, Donkey y Diddy estaban en la sala de su casa viendo la televisión. Donkey estaba en el sofá, mientras que Diddy en su neumático colgante. Ambos veían un programa de comedia con el que se reían a carcajadas.
—Oye, ese fue muy bueno —comentó Diddy terminando de ver el programa—. Al menos está mucho mejor que el capítulo de ayer.
—Es lo normal, siempre hacen mucho mejor el siguiente episodio —respondió Donkey apagando el televisor, antes de tomar un descanso—. ¿Y cómo te fue hoy, pequeño amigo?
—Pues ahí todo bien —respondió Diddy balanceándose de espaldas en el neumático—. En la casa de Dixie fue lo mismo que ayer, y parece que también le está yendo bien en la escuela.
De pronto, Donkey se quedó en silencio un rato y miró a Diddy con una pequeña sonrisa y con cierta curiosidad también… como si algo le estuviera inquietando tras conocer bastante las expresiones de su sobrino.
—Oye, Diddy, y por cierto… —le dijo Donkey más tarde—. Hay una cosa que quería preguntarte.
—¿Sí? ¿Qué es? —respondió Diddy aún distraído en su neumático.
—¿Tú qué piensas sobre… Dixie? —le preguntó sonriendo y mirándolo de reojo.
—¿Dixie? Pues… es una buena amiga —respondió Diddy algo confundido—. ¿Por qué?
—Bueno, no sé como tomes esto, pero… últimamente andas con ella, juegas con ella, te ríes con ella.
—Eh, pues somos amigos, ¿o a qué te refieres? —le preguntó Diddy encogiéndose de hombros. De pronto, Donkey le lanzó una mirada juguetona hasta que, en cuestión de segundos, Diddy pareció captarle la pregunta—. ¡Oye! ¿Acaso piensas que…
—¿Y si te digo que sí es lo que piensas que yo estoy pensando? —dijo Donkey entre pequeñas risas.
—¡Oh, no, no, no, eso no, ¿cómo crees?! —respondió Diddy levantándose con firmeza.
—Oh, vamos, amiguito —exclamó Donkey con la misma mirada juguetona—. ¿Qué habría de malo?
—¡Oye, no, Donkey! A ella no la vería de esa forma —respondió Diddy volteándose.
—Hmm, ¿estás seguro? —le preguntó Donkey cruzando los brazos y mirándolo con sospecha—. Porque ¿sabes otra cosa? Te he notado muy feliz en estos días; no te veía tanto así por ir a clases.
—¿Qué acaso no puedo estar feliz? —le preguntó Diddy mirándolo con extrañeza.
—Solo lo pregunto —dijo Donkey encogiéndose de hombros y con una mirada de reojo—. Y justo en esta semana es que Dixie entró a la escuela y has estado hablando mucho de ella.
—¡Ay, ya te dije que somos amigos, nada más! —replicó Diddy.
—Pero, ¿y si te digo que así empecé con Candy? —comentó Donkey alzando la mirada—. Siendo amigos.
—¡Pues con Dixie solo seremos amigos!
—Oh, vamos, Diddy, ¡admítelo! —le insistió dándole un pequeño empujón—. ¿De casualidad no hay algo más allá?
—¡No y no! —replicó Diddy con mayor firmeza—. ¡Y no sé a qué viene esto, Donkey!
Al parecer, Donkey no quería rendirse con sacarle la información a Diddy… De hecho, él parecía haberse enterado de un detalle reciente, así que se dirigió hasta donde estaba la mochila de Diddy y comenzó a rebuscar en la misma, para luego extraer uno de los cuadernos que tenía ahí.
—Bueno… ¿y qué me dices de esto? —Donkey mostró una página del cuaderno de Diddy, donde "por casualidad" estaba el nombre de Dixie escrito en un corazón.
Al instante, Diddy abrió sus ojos al máximo, se quedó congelado y no supo qué hacer en ese momento… En realidad, él mismo lo había escrito hace poco.
—¡¿Q-qué?! —exclamó Diddy bajándose de inmediato para quitarle el cuaderno a Donkey y cerrarlo—. ¡Oye, ¿y q-qué haces registrando mis cosas en primer lugar?! —le preguntó para tratar de desviar el tema.
—Más bien, a la próxima no te quedes dormido en la mesa sobre tus cuadernos abiertos —le dijo Donkey en un tono burlón—. Mucho menos dibujando corazoncitos.
—Ahh… ¡No, no, no, pero es lo que piensas, Donkey! Yo escribo los nombres de mis amigos así, mira —dijo Diddy mostrándose ahora con nervios, abriendo el cuaderno y rebuscando en otras hojas—. Oh, vaya, parece que olvidé escribir el resto de nombres. Mira, ya se hace tarde y tengo sueño, me voy a dormir. ¡Hasta mañana, Donkey! —agregó con rapidez mientras se dirigía a su habitación.
—¡Ohh, qué tierno! —le dijo Donkey en un tono enternecido y burlón a la vez—. ¡Mi amiguito está enam…
—¡Que no! ¡Hasta mañana! —interrumpió Diddy cerrando la puerta de inmediato.
—Crecen tan rápido —susurró Donkey suspirando a sí mismo y con unas pequeñas risas.
