Capítulo 10: Una Nueva Emoción

Al día siguiente, Diddy estaba saliendo de su casa, aunque esta vez… no dejaba de recibir gestos juguetones y de sospecha por parte de Donkey, quien le había estado recordando aquello que le descubrió en su cuaderno la noche anterior. Diddy tan solo trataba de hacerse el loco y ahora ponía de excusa que eso era un detalle que hacía para todos sus amigos.

Luego, Diddy se dirigió hacia Kong Kollege. Por alguna razón… no estaba sintiéndose tan nervioso esta vez en ir; no sabía si era porque ahora se había quedado pensando más en el vergonzoso descubrimiento que le hizo Donkey, o si en verdad estaba con mayor seguridad de llegar a la escuela.

Diddy trató de ir a pasos alargados en las cercanías del patio escolar, cuando de repente, los cuatro niños malandros se le presentaron frente a él sin más.

—¡Aquí estás, mequetrefe sabandija! —le dijo Jemky tomándolo de los hombros.

De pronto, Diddy le lanzó una mirada dura a Jemky, le tomó de los brazos y se los apartó con fuerza.

—¡Ah, ¿qué es lo que tratas de hacer, mono idiota?! —le replicó Jemky tratando de sujetarlo—. ¡A nosotros…

Pero esta vez, Diddy le tomó con fuerza de los hombros y lo apartó hasta hacerlo caer al suelo. Luego, el continuó caminando.

—¡Oye, ¿qué te crees?! —le dijo Rocky dirigiéndose a tomarlo con fuerza de un brazo.

Al instante, Diddy le dio un fuerte empujón, tragándose el temor de que ellos pudieran responderle de peor manera. Mandrew y Melenky trataron de abalanzarse contra él, pero Diddy les agarró con fuerza de los brazos de forma sucesiva a cada uno mientras los miraba como si no les temiera.

—¡Mono miserable! —le dijo Mandrew a punto de darle una golpiza.

—Ehh, ¿por qué le dicen así a Diddy? —apareció Dixie de forma repentina.

Los cuatro se voltearon a mirarla, mientras que Dixie empezaba a mover su coleta de cabello como si los estuviera amenazando. Ella estaba en toda la posición de pelear, aunque esta vez, el cuarteto no se mostró de la misma forma, sino mas bien, empezaron a dar unas aparentes sonrisas forzadas.

—Ah, hola, compañera Dixie —le dijo Jemky con una sonrisa forzada—. Qué gusto verte… Y solo estábamos saludando a Diddy —agregó dirigiéndose a Diddy—. ¿Qué tal, Diddy? Qué gusto verte también.

—Ah, sí, sí, es verdad —agregó Rocky de la misma forma—. ¿Cómo han estado, monitos?

—Sí, ¿qué ha sido de sus vidas? ¿Cómo les va? —agregó Mandrew dándole pequeñas palmadas en el hombro a Diddy.

—Oigan, ¿que no vamos a pelear? —preguntó Melenky mostrándose confundido, pero luego, Rocky pareció haberle dado un ligero pellizco, a la vez que le sonreía con los dientes—. Ahh, sí, ¿cómo han estado, Diddy y Dixie? —agregó con una sonrisa forzada.

Luego, mirándolos a los cuatro con extrañeza, Diddy se dirigió hacia Dixie y le hizo señas para seguir su camino hacia la escuela. Mientras caminaban, Dixie también los miraba con extrañeza y sospecha a la vez. Por alguna razón, los cuatro no los persiguieron esta vez, por lo que ambos pudieron caminar con tranquilidad hasta el patio. Diddy y Dixie solo se encogieron de hombros luego de ver ese inusual comportamiento en aquellos niños bravucones.

Más tarde, Wrinkly llegó y todos los demás niños ingresaron al salón. La clase estuvo mucho mejor ese día, de hecho.

Durante las horas del receso, Diddy y Dixie anduvieron juntos tomando sus almuerzos y conversando de sus días, y también de los cuatro niños bravucones… quienes esta vez, ninguno de ellos se les acercó.

A la hora en que finalizó la clase del día, Diddy y Dixie se dirigieron con rapidez por otro atajo que Diddy tenía previsto para huir del cuarteto de niños malos, aunque para su mala sorpresa, se toparon con ellos de forma accidental cuando atravesaban unos arbustos. Ambos se pusieron en posición para pelear con toda la actitud, pero esta vez… los cuatro solo los miraron con algo de seriedad. De pronto, Jemky empezó a sonreírles un poco.

—Oh, miren quiénes llegaron —les dijo el niño orangután, aunque en un aparente tono dulce.

—Pero si son los monitos ton… Digo, nuestros amiguitos —agregó Rocky de la misma forma.

—A ver, a ver, ¿quiénes son nuestros monitos favoritos? —les dijo Mandrew como si les hablara a unos niños pequeños.

—¡Opino que nos abracemos todos! —exclamó Melenky mostrando emoción.

De pronto, los cuatro se lanzaron a abrazarlos a Diddy y a Dixie de forma grupal, ganándose unas miradas de suma rareza por parte de ambos.

—¡Niños, ¿qué están haciendo?! —apareció Wrinkly de forma repentina en el camino, encontrándose con la escena "amistosa"—. Ay, qué lindo es ver cómo se han hecho buenos amiguitos.

—Ahh, sí… sí, claro, maestra Wrinkly —respondió Jemky con una sonrisa forzada junto con el grupo—. Somos los mejores amigos, y con Dixie también.

—Eso es muy bueno, me alegro mucho —les respondió Wrinkly sonriéndoles, antes de seguir su camino—. Bueno, los dejo, niños. Hasta mañana, que tengan lindo día.

—Hasta mañana, maestra —respondieron todos al mismo tiempo con unas sonrisas forzadas.

Mientras Wrinkly se iba alejando, Diddy y Dixie comenzaron a desatarse de los cuatro y a escapar, mientras se miraban de reojo con ellos y sonreían todos de manera forzosa. De inmediato, ambos empezaron a correr hasta perderse entre la vegetación para no tener que lidiar con esos cuatro niños malos.

—¿Qué les sucedió hoy a esos cuatro? —preguntó Diddy con una mirada de extrañeza cuando ya estaban lejos.

—Quizás se estaban haciendo los locos —dijo Dixie con una pequeña sonrisa de lado—. Hmm, ¿será que se habrán rendido en pelear?

—A ver si es cierto —dijo Diddy de la misma forma y encogiéndose de hombros—. Igual me dio un poco de gracia sus caras.

Luego, ambos continuaron caminando rumbo a sus casas, hasta que ya tuvieran que separarse.

—Por cierto, Diddy, ¿hoy también irás a mi casa? —le preguntó Dixie en el camino.

—Claro, ¿por qué no?... ¿Sí entendiste mejor la lección de hoy?

—Por supuesto que sí —respondió Dixie alegremente—. Ya me siento más preparada para la próxima semana… Cielos, la señora Wrinkly es demasiado bondadosa.

—Sí, ella es un amor —agregó Diddy de la misma forma.

—¿Cómo es que ella siendo tan dulce se casó con Cranky que es un… cascarrabias? —preguntó Dixie con unas pequeñas risas.

—De hecho, ella es la que lo sabe dominar mejor —respondió Diddy con la misma expresión—. Tampoco entiendo eso, así que no te culpes por preguntártelo.

—¿Ellos solo han tenido un hijo?

—Prácticamente sí, mi abuelo Donkey Junior —respondió Diddy sonriendo un poco, antes de ponerse serio—. Pero ya sabes, él… partió de este mundo en ese conflicto que hubo hace muchos años; es lo que supusieron porque no regresó jamás… ¿Y sabes? Cranky y Wrinkly dijeron que también tuvieron otro hijo gemelo de mi abuelo, pero a él lo perdieron desde muy pequeño porque en el circo donde estaban lo compraron para otro circo.

—¿Qué? —exclamó Dixie con impacto—. ¿O sea que… lo vendieron?

—Ellos no, sino los dueños de ese circo, se lo vendieron en contra de su voluntad a otro circo, y nunca más supieron de él… Ellos casi no quieren hablar ese tema, por cierto.

—Vaya, eso suena terrible —comentó Dixie con seriedad—. No pudieron ver más a su hijo… Entonces, ¿prácticamente Donkey y tu padre fueron como sus hijos años después?

—Sí, y de hecho, terminaron de criarse con ellos, y eso —finalizó Diddy antes de detenerse más adelante en el camino—. Bueno, supongo que hasta aquí llegamos —agregó con una pequeña sonrisa.

—Entonces nos veremos más tarde —respondió ella de la misma forma—. ¿Te parece si luego salimos con Tiny, Kiddy y Chunky y tomamos unos cocos?

—Claro, suena bien —dijo Diddy sonriendo—. Te veo luego entonces, Dixie.

Ambos pequeños kongs terminaron de despedirse y cada quien siguió su camino a casa, no sin antes… despedirse por última vez a la distancia mientras se sonreían.


En la tarde, Diddy estaba otra vez tomando sus cosas para llevar a la casa de Dixie. En los días anteriores, él había estado tranquilo en esos momentos, pero esta vez… no dejaba de sentir cierta vergüenza tras ver que Donkey le daba miradas de sospecha e incluso le bromeaba sobre ese asunto que ahora se estaba manifestando en él con respecto a Dixie.

—Oh, ¿ya te vas a visitar a Dixie, pequeño amigo? —le dijo Donkey dándole pequeños empujones de forma juguetona.

—¡Ay, no molestes! Voy a ayudarle con la tarea —respondió mientras recogía un par de cuadernos—. Y ya te dije que eso lo escribí porque es mi amiga, y a todos mis amigos les escribo el nombre así.

—Ay, sí, sí, sí, por supuesto —exclamó Donkey en tono burlón—. Y de casualidad yo me acordé cuando escribía también el nombre de Candy así mismo.

—Pues allá tú, acá es distinto —replicó Diddy.

—Y ahora veo que andas bastante con ella, ¿eh? Parece que su amistad podría crecer hasta convertirse en… algo más —agregó levantando la mirada.

—¡Donkey! —exclamó Diddy algo sonrojado mientras salía por la puerta.

—Oh, mira cómo te pones —señaló Donkey a las mejillas de Diddy.

—Donkey —volvió a expresar Diddy tratando de disimular su sonrojo—. Ya te expliqué bien lo del cuaderno, eso que tú dices jamás pasará y es una suposición tuya.

Claro, si tú lo dices —dijo Donkey con unas pequeñas risas—. De acuerdo, que te vaya bien, pequeño amigo —agregó dándole palmadas en la espalda.

Diddy terminó de despedirse de Donkey en medio de las bromas, y luego bajó de la casa. Cuando ya iba rumbo hacia la casa de Dixie, no podía dejar de pensar en cómo se estaba sintiendo ahora… Aquella nueva sensación que estaba teniendo, le empezaba a ocupar gran parte de sus pensamientos e incluso a hacerlo imaginar situaciones… con Dixie.

"!No, no, no! No puede ser" se dijo a sí mismo.

Aun así, Diddy trataba de no dejarse llevar por aquellas sensaciones; jamás pensaba en que algo así le podría pasar… Incluso estaba sintiéndose algo más emocionado de lo normal por ir a ver a Dixie a su casa, pero trataba de mantenerse calmado y pensar en que solo iría a ayudarle a resolver una tarea como los buenos amigos que habían sido hasta ahora.

Diddy llegó hasta la casa de sus amigos, siendo recibido por Dixie en un principio y luego por los otros tres… siendo estos últimos los que miraban a Dixie con ciertas sospechas al momento en que ella fue a reunirse con Diddy.

—Vamos, Diddy —le dijo Dixie antes de dirigirse juntos a su rincón en donde hacían sus tareas.

Ambos se acomodaron y sacaron sus hojas y demás pertenencias para comenzar.

—¿Podemos practicar para la lección de la otra semana? —preguntó Dixie.

—¿No quieres primero repasar este último ejercicio? —preguntó Diddy señalando a la hoja—. Es decir, se te puede hacer más complejo.

—Lo estuve revisando un poco y es casi como los anteriores. Vamos, quiero intentarlo —le dijo ella con una mirada de súplica.

—Oye, pero lo digo en serio, va a ser más complicado así.

—¿Estás diciéndome que no podré hacerlo? —le dijo Dixie con una mirada fija y burlona.

—No hablo eso, sino que en verdad tienes que ver cómo se hace esto de acá.

—Pero si ya lo vi… O apostemos cinco cocos a que a la primera me sale —dijo ella con una mirada desafiante.

—De acuerdo, si tú lo dices —le respondió Diddy con una mirada burlona.

Por otro lado, Tiny, Kiddy y Chunky estaban de nuevo tras la ventana mirándolos y riéndose en voz baja. Y es que esta vez, a Diddy y a Dixie se los veía también riéndose y bromeando entre los dos mientras hacían sus trabajos. Entre ratos, alguno de los dos miraba hacia el otro en momentos de distracción y sonreían, lo cual levantaba más las sospechas.

Pasó un par de horas más tarde hasta que Diddy y Dixie regresaron a la casa. Como Dixie había propuesto antes, en lo que quedaba de la tarde, salieron junto con Tiny, Kiddy y Chunky a tomar unos cocos y a dar un pequeño paseo por la zona cercana como no lo hacían desde hace semanas.

Al llegar las horas del atardecer, todos regresaron a la casa. Había sido el último día que Diddy le ayudaba a Dixie a ponerse al día con las enseñanzas escolares. Al momento de irse, Diddy estaba junto con Dixie, quien había ido a despedirse de él en el exterior.

—Oye, Diddy… gracias por ayudarme —le dijo Dixie sonriéndole—. Eres muy inteligente.

—De nada, Dixie —respondió él devolviéndole la sonrisa—. No olvides de seguir practicando para la otra semana… y no equivocarte en ese paso de los números —agregó con una sonrisa esta vez burlona.

—¿Y tú creías que no iba a poder resolver ese último? —respondió ella de la misma forma y cruzando los brazos—. Que por cierto, yo gané la apuesta.

—Oye, no es cierto, si en una resolución tuviste que hacer trampa —le respondió Diddy con una sonrisa burlona.

—¿O sabes qué? Mejor si obtengo la nota máxima la otra semana, ganaré este juego —agregó ella con una sonrisa desafiante.

—Bien, trato hecho —respondió él con unas pequeñas risas. Luego, le dio pequeñas palmadas en el hombro antes de irse—. Nos vemos luego, Dixie.

—Hasta pronto, Diddy —se despidió ella de la misma forma.

Finalmente, Diddy se fue, no sin antes de despedirse a lo lejos de Dixie y hacerse alguna seña o broma entre los dos mientras sonreían. Luego, Dixie regresó al interior de su casa… no sin antes, quedarse un rato en la puerta mientras observaba a Diddy hasta perderlo de vista, a la vez que sonreía e incluso llegó a emitir un suspiro antes de cerrarla. Pero luego, ella se volteó y se dio un pequeño susto al percatarse de que Tiny, Kiddy y Chunky habían estado mirándola de forma fija y sonriéndole con bastante sospecha.

—¡Oh, no! ¡Ustedes otra vez! —exclamó Dixie dándose una palmada en la frente—. Ya van a empezar.

—¿Ya ves? Te lo quedas mirando hasta el final —le dijo Tiny con una sonrisa burlona y dándole pequeños empujones.

—Ay, ya admítelo, Dixie —preguntó Chunky con brazos cruzados y la mirada alzada—. ¿Acaso Diddy ha estado llamando tu atención?

Dixie tan solo se quedó en silencio por unos segundos, a la vez que no podía evitar sonrojarse cuando le hacían esa pregunta.

—Ehh, bueno… —respondió Dixie sonriendo con algo de nervios. Se mantuvo un rato callada y mirando hacia el suelo mientras su hermana y sus primos la seguían mirando con sospecha—. Verán… es solo que…

—¡Ya dínoslo! —replicó Tiny dándole otro pequeño empujón—. ¿O nos vas a decir otra vez que ahora estabas mirando los árboles?

—Si clarito te vimos —agregó Chunky de la misma forma—. No puedes ocultarnos nada.

—¡Ay, de acuerdo, está bien! —exclamó Dixie calmándolos y tratando de calmarse ella misma—. Verán, la verdad es que… creo que sí.

De inmediato, los tres fueron cambiando sus caras poco a poco y luego se mostraron emocionados ante la respuesta de Dixie.

—¡Lo sabía! ¡Lo sabía! —exclamó Tiny dándole empujones a su hermana de manera juguetona junto con Kiddy.

—¡Vaya! Así que sí ha sido verdad, ¿eh? —agregó Chunky de la misma forma—. ¿Y desde cuándo Diddy ha estado… llamando tu atención, eh?

—Bueno… creo que no desde hace mucho —respondió Dixie dando unas pequeñas risas mientras se iba sonrojando con intensidad—. Pero qué les puedo decir… lo admito… ¿Es lo que querían escuchar?

—¿Y te gusta demasiado así demasiado? —le preguntó Tiny con bastante curiosidad.

—Bueno, la verdad que es un mono muy bonito y tiene una agradable forma de ser por lo que he visto —agregó Dixie con algo de timidez y unas pequeñas risas.

—Eso está más que claro —señaló Tiny asintiendo, e hizo una pausa antes de continuar—. ¿Por qué no lo invitas a salir o algo?

—¡¿Q-qué?! ¿Estás loca? —exclamó Dixie confundiéndose al instante —. Yo no haría eso, sería… raro.

—¡Oye, sí! Sería buena idea —agregó Chunky con algo de emoción—. Reúnanse ustedes dos solos, donde ya no hablen de tareas ni nada de eso, sino… de ustedes. Para que se hagan más amigos.

—¡¿Pero cómo voy a hacer eso?!… ¿Cómo le digo? —preguntó Dixie aún confundida—. E-es decir… ¿cómo podría decirle yo que salgamos?

Dixie no tenía ni idea de cómo hacerlo; nunca se le había pasado eso por su mente y jamás había tenido una situación así.

—¡Solo díselo! —insinuó Chunky.

—Pero no le digas '¿Quieres salir conmigo?' —agregó Tiny—. Sino algo como '¿podemos salir a alguna parte?', así no sonará tan directo. No vayas a ser tan rápida tampoco.

—Cuando lo veas en la escuela se lo puedes decir —le sugirió Chunky—. O sino en un rato que nos reunamos con los demás.

—¿Y eso… sería buena idea? —preguntó Dixie con una mirada de extrañeza.

—Sí, seguramente te dirá que sí; ustedes dos se han hecho buenos amigos —le dijo Tiny sonriéndole con emoción—. Vamos, Dixie, solo será una salida de amigos, así como hemos hecho todos juntos, solo que esta vez serán solo los dos.

—Sí, te apuesto a que saldrá bien y se conocerán mejor —agregó Chunky de la misma forma—. Anda, a ver qué sucede.

Dixie no estuvo segura de lo que Tiny y Chunky le decían… Pero a su vez, pensó que tal vez no perdería nada con intentarlo. Después de todo, Diddy se había hecho algo más cercano con ella en las últimas semanas, así que quería pensar en que no sería tan complicado recibir una respuesta positiva de él.


En una noche del fin de semana, estaban Donkey, Candy, Diddy y Funky reunidos en una mesa, afuera de la casa de este último. Diddy se encontraba sentado leyendo una revista, mientras que Donkey con Candy estaban diciéndose sus cosas amorosas y poniéndose cariñosos, como era de costumbre cuando se veían.

—Mi Candy preciosa —dijo Donkey abrazándola.

—Oh, mi Donkey Kong —respondió Candy con ternura.

—Eres la chica más hermosa, eres lo más encantador que he visto —le dijo mientras la abrazaba y le daba algunos besos.

Ay, no —exclamó Diddy en voz baja, tapándose los ojos al ver tal escena amorosa.

Donkey y Candy continuaban expresándose con gestos amorosos, lo cual le daba algo de gracia a Diddy, pero a la vez, como si luego se cansara de ver tanto escenario amoroso cerca de él.

—¿Quisieras estar así también con Dixie, hermano? —le susurró Funky dándole un susto y un pequeño empujón—. Hmm, con que Dixie, ¿no?

—¡¿Q-qué?! —exclamó Diddy mirándolo con extrañeza—. ¡No, por supuesto que no!

—Ay, sí, claro, como no —interrumpió Donkey en un tono pícaro uniéndose a molestarle.

—¡No, ¿qué están hablando?! —replicó Diddy luchando para no sonrojarse de forma notoria.

Esa cara, Diddy —le señaló Funky con un tono juguetón—. Me parece que aquí podríamos tener parejita nueva, ¿no?

—¡Ya van a empezar! —dijo Diddy dejando caer su cabeza contra la mesa.

—Quién sabe, hermano, solo digo —agregó Funky con unas pequeñas risas, a lo que Donkey y Candy también hicieron lo mismo—. Oigan, ya regreso, iré a seguir ajustando un poco la nave que estaba reparando esta mañana.

Funky se retiró por un rato, mientras que Donkey y Candy continuaron en el mismo sitio junto con Diddy… a quien seguían dándole miradas con sonrisas juguetonas.

—Así que hay cierto asunto con Dixie, ¿no, Diddy? —le dijo Candy en el mismo tono.

—Ehh, n-no, no es lo que piensan —respondió Diddy tratando de sonar verídico.

—Un momento, ¿y qué estás leyendo? —preguntó Donkey tomando la revista que tenía Diddy en sus manos. Posteriormente, emitió unas pequeñas risas al ver lo que estaba leyendo Diddy—. Hmm, 'Así es el amor'.

De inmediato, Diddy abrió los ojos al máximo al escuchar a Donkey pronunciar el título del artículo que estaba leyendo.

—¡N-no!... ¡Yo no estaba leyendo eso! —exclamó Diddy con rapidez, cerrando la revista de inmediato.

Donkey y Candy se rieron un poco ante la reacción de Diddy.

—Ya di la verdad, pequeño amigo —dijo Donkey dándole un pequeño empujón—. ¿Dixie te llama la atención o algo así?

Los dos miraban fijo a Diddy con una sonrisa juguetona esperando a que lo admitiera, a lo que él los miraba con seriedad y sin saber qué responder.

—Bueno… e-eso creo… —respondió Diddy rascándose la cabeza—. Supongo —agregó sonriendo con nervios de por medio.

—Eso está más que claro —afirmó Donkey entre pequeñas risas—. Eh, pero tranquilo, no le diremos nada a Dixie. Lo prometemos… Por cierto, ¿no has pensado en dar algún primer paso con ella?

—¿Eh? ¿Y qué se supone que deba hacer? —preguntó Diddy confundido y mirándolos con extrañeza, antes de mostrarse algo nervioso ante lo que dijo—. Ah, quise decir… ¿debo hacer algo al respecto?

—O sea, primero tienen que hacerse buenos amigos, claro —añadió Donkey—. Es decir, son amigos ahora, ¿no? Pero también necesitan serlo mucho más.

—¿Y desde cuándo te gusta, Diddy? —le preguntó Candy.

—Pues… no lo sé —respondió Diddy pensativo, ya que realmente no sabía desde cuando estaba sintiéndose así; era como que, sin haberse dado cuenta, ya estuviera flechado—. Tal vez desde hace unos días o semanas.

—¿Y sientes esos nervios cuando andas con ella? —le empezó a preguntar Donkey—. ¿Y has estado pensando en ella todo el día? ¿Y cualquier situación amorosa te recuerda a ella?

Diddy lo pensó por unos segundos ante las preguntas de Donkey... y se dio cuenta que tenía una respuesta afirmativa a todas.

—Bueno… sí… todo eso —respondió Diddy sonriendo con algo de vergüenza.

—Es lo normal al inicio —comentó Donkey encogiéndose de hombros—. Empiezas a ver a esa chica mucho más que una amiga, te pones nervioso al tener contacto con ella y de la nada sonríes cuando la recuerdas, la miras o pasas tiempo con ella.

A medida que Donkey continuaba hablando, Diddy no dejaba de mirar hacia otro lado tras darse cuenta que aquello era lo mismo que le había estado ocurriendo durante los días anteriores.

—Oye, pero tranquilo, a cualquiera le puede suceder —le dijo Donkey con unas pequeñas risas—. Solo mírame a mí y a Candy… Pero eso sí, ese sentimiento es algo que debes saberlo llevar —agregó señalando—. ¿Piensas en dar algún paso con Dixie?

—Ehh, pues no lo sé —respondió Diddy sonriendo con algo de confusión—. E-es decir… podría ser, pero es que… Ay, es que no sé qué hacer —agregó cruzando los brazos—. ¿Y qué es lo que podría hacer?

Donkey observó con detenimiento a Diddy. Se dio cuenta que a su pequeño sobrino le había llegado por primera vez en su vida aquel famoso sentimiento y, por lo tanto, sabía que había llegado el momento en el que debía darle unos cuantos consejos a tiempo, y ese parecía ser buen momento para hacerlo.

—Bueno, verás, pequeño amigo, sé lo que te está pasando. Pero antes que nada, hay algunas cosas que debes saber, y es importantísimo que lo sepas desde ahora y te lo tengas bien grabado —dijo Donkey alistándose para hablar con Diddy—. Primero ante todo, necesitarías conocer mucho más de ella y ver bien cómo es su forma de ser, su forma de pensar y hasta algún defecto que tenga. Si después de eso aún sigues sintiendo lo mismo o mucho más, es ahí cuando puedes estar bien seguro de que estás realmente… enamorado.

—Además, debes saber que no siempre todo será perfecto —agregó Candy—. Debes tener mucho cuidado con las altas expectativas que vayas a pensar sobre ella.

—Así es, pequeño amigo, y esto es muy importante: nunca, pero nunca la "coloques en un pedestal" ni pienses todo el tiempo que ella es lo más maravilloso que existe, simplemente piensa que Dixie es un ser vivo como tú, y al mismo tiempo, puede que no sea como tú en algunos aspectos. Sí… tal vez eso te suene raro, pero así como el amor es algo maravilloso, cualquier decepción duele, y duele mucho, y no todo sale siempre exactamente como lo esperas en un principio. Por eso es que sí deberías tomarte el tiempo de conocerla bien.

Diddy estaba más confundido ahora; jamás había entendido o escuchado a profundidad acerca de situaciones amorosas.

—Y… ¿cómo se supone que voy a conocerla aun más? —preguntó Diddy aún confundido.

—Bueno, podrías invitarla a salir —respondió Donkey—. Es decir, no le digas '¿quieres salir conmigo?', sino algo como '¿podríamos ir a alguna parte?'. Así no sonará tan directo.

—Exacto —continuó Candy—. No es una salida en plan de salir, sino algo más bien amistoso, como sales con ella y su familia, solo que en este caso sería solo con ella.

—Pero es que hay otro detalle —dijo Diddy, más confundido aun—. Yo no tengo idea de cómo se conquista a alguien, no sé cómo ser… "romántico" ni nada de eso.

Donkey le sonrió con algo de ternura a Diddy antes de continuar.

—No, por eso no te preocupes, pequeño amigo, créeme. Mira, solo recuerda esto: no te olvides de ser mismo; nunca pero nunca cambies ni te fuerces a ser alguien que no eres para impresionarla, eso jamás lo hagas; esto no es para que te trates mal a ti mismo.

—Solo… ¿ser yo? —preguntó Diddy aún confundido.

—Así es, y créelo: si llegara a pasar algo entre ustedes dos, esa sería la mejor forma de ver si ella en verdad te quiere: por cómo eres, por ser simplemente tú… Claro, mientras sigas siendo el monito bueno que eres. Y así mismo, debes permitir que ella también se muestre tal como es.

—Por cierto, ¿qué tal si la invitas uno de estos días o al salir de la escuela? —le sugirió Candy.

—¿P-pero cómo hago eso? —preguntó Diddy poniéndose algo nervioso de solo pensarlo.

—Solo se lo dices —respondió Donkey—. Pero ya sabes, que sea una salida solo de amigos, no vayas a ser tan rápido y directo tan pronto. Eso también es importante: siempre debes respetar sus límites y sus decisiones, así como ella también debe hacer lo mismo contigo.

De pronto, Diddy trató de procesar todo lo que Donkey le dijo… y se dio cuenta que tenía sentido. Pero de lo que no estaba muy seguro era de poder invitar solo a Dixie para salir. Él ya había salido antes con Dixie junto con Kiddy, Chunky y Tiny como grupo, pero nunca a solas con Dixie. Aun así… quería saber qué pasaría si lo intentaba.