N/A: Este capítulo será extenso
Capítulo 11: Cita Amistosa
Al día siguiente, por la media tarde, Diddy se había decidido por invitar a salir a Dixie luego de escuchar los consejos de Donkey. Obviamente, estaba muy nervioso, ya que nunca había invitado a salir a una chica; siempre había sido testigo de las cosas que hacía Donkey por Candy desde que comenzaron, pero jamás pensó que luego él podría estar en una situación así. De todas formas, lo tranquilizaba un poco saber que solo sería una salida amistosa como cualquier otra.
—Muy bien, amiguito, recuerda todos los consejos, no te pongas nervioso y actúa natural —le aconsejó Donkey cuando Diddy ya estaba por salir de casa—. Y sobre todo, asegúrate de hacerla sonreír y tratarla bien.
—Está bien... Gracias, Donkey —respondió Diddy sonriendo con nervios y rascándose la cabeza—. Pero una pregunta… ¿Y a dónde la invito?
—Al lugar que quieras, hay muchas opciones —respondió Donkey dándole ligeras palmadas en la espalda—. Es solo una salida de amigos, es para que pasen un rato juntos como ya lo han hecho.
—B-bueno… A ver qué se me ocurre —respondió Diddy con unas pequeñas risas.
—Bien, ahora ve, pequeño amigo —le dijo Donkey dándole pequeñas palmadas en la cabeza de nuevo—. Buena suerte.
Luego, Diddy bajó de la casa y comenzó a dirigirse hacia la casa de sus amigos. A decir verdad, él estaba algo nervioso; si bien ya había ido a ver a Dixie a su casa, nunca había salido solo con ella. Aun así, en el fondo él sí esperaba lograrlo.
Diddy llegó a la casa de Dixie y tocó la puerta… Que por cierto, Dixie también tenía pensado en invitarlo a salir a él, aunque no en ese preciso momento.
La puerta se abrió, y Diddy pudo sentir con claridad todos los nervios recorriéndolo de forma repentina que hasta por casi se le olvida lo que tenía que decirle a Dixie.
—¡Diddy! —exclamó ella mostrándose sorprendida ante su inesperada visita.
—¡H-hola, Dixie! ¿Cómo estás? —dijo Diddy intentando actuar natural.
—Muy bien. ¿Y qué haces por aquí? —le preguntó ella con curiosidad.
—Bueno, pues… —Diddy estaba empezando a ponerse nervioso de nuevo, pero trataba de mantenerse—. Es que… te quería preguntar algo.
Al escuchar eso, Dixie recordó lo que le dijeron su hermana y sus primos, por lo que pensó que ese podría ser un buen momento… Incluso se le llegó a pasar por la mente la misma idea.
—Ahh… Oye, Diddy, ya que estás aquí… yo también te iba a decir algo —dijo ella con una sonrisa algo nerviosa también.
Al mismo tiempo, Diddy también se asombró ante lo que Dixie acababa de decir.
—¿En serio? —respondió Diddy con una mirada de curiosidad—. Bueno… dime tú primero.
—Verás, es que yo… —pronunció Dixie mirando hacia otro lado—. Ah, ¿y si me lo dices tú primero?
—Ehh, bueno, es que iba a preguntarte si… —comenzó Diddy a tartamudear un poco, pero seguía luchando por verse seguro—. Si querías ir a alguna parte hoy.
Al instante, Dixie se mostró sorprendida tras ver que era lo mismo, pero aun así, trató de disimularlo.
—¿Solos tú y yo? —preguntó Dixie por impulso, pero luego se percató de lo que dijo—. Ahh, digo… ¿de verdad? —agregó con una sonrisa forzada.
—Sí, eso… Claro, si tú quieres —respondió Diddy con la misma expresión—. ¿Y qué ibas a decirme tú, por cierto?
Dixie miró hacia otro lado de forma rápida mientras pensaba si decirle que era lo mismo o inventar otra excusa… Aun así, no querían crearse la expectativa de que se referían a lo mismo con respecto a salir.
—Bueno, la verdad… es que te iba a decir lo mismo —le dijo Dixie tratando de sonreír con normalidad—. Si podemos ir a alguna parte, claro, si tú también quieres.
Diddy sintió una ligera aceleración en sus latidos al oír eso; no se imaginaba esa casualidad. Pero de todas formas, él tampoco quería crearse grandes expectativas en ese momento.
—Ahh, ¿en serio? —tartamudeó Diddy un poco—. Oye, debió ser coincidencia —agregó con más seguridad.
—Sí… es cierto —respondió Dixie entre pequeñas risas—. Y bueno… ¿dónde quieres ir? —preguntó tratando de no generar más tensión.
—Pues… Ahh… no se… ¿mi casa? —sugirió Diddy sin saber qué lugar escoger realmente, pero luego se dio cuenta que no debió responder así.
—¡Yo quiero ir! —aparecieron Tiny, Kiddy y Chunky de forma repentina.
—¡Oigan, ¿qué hacían aquí?! —les preguntó Dixie mirándolos con rareza.
Al parecer, los tres habían estado vigilando la interacción de Dixie con Diddy.
—Ah, hola, ¿qué tal, amigos? —les dijo Diddy a los tres saludándolos.
—¿Cómo así por aquí, Diddy? —le dijo Tiny con emoción—. ¿Van a ir a tu casa? Nosotros queremos ir también.
—Sí, nunca hemos ido a tu casa, Diddy —agregó Chunky de la misma forma—. ¡Anda, queremos ir!
—B-bueno, pero es que… —tartamudeó Diddy ante el imprevisto.
—¡Por favor! Queremos conocer tu casa —insistió Tiny con una mirada de súplica.
—¡Vamos! —añadió Kiddy con la misma mirada.
En un principio, Diddy se sintió algo torpe de haber mencionado su casa como destino de una salida con Dixie y, en segundo lugar, no sabía cómo decirles a los otros tres que solo iba a salir específicamente con Dixie sin que fueran a interpretarlo de otra forma.
—Bueno… Está bien, está bien —respondió Diddy sonriendo con cierta inseguridad al ver que el plan no estaba saliendo como esperaba—. Ahora mismo los llevo. Vamos.
—¡Sííí! —exclamaron Tiny, Kiddy y Chunky… a excepción de Dixie, quien solo sonrió de forma forzosa al ver también que eso no era lo que tenía planeado en mente.
Diddy entró a su casa más tarde con una disimulada expresión de frustración, sin saber qué hacer ahora y con sus cuatro amigos acompañándolo. Donkey, al verlo llegar, se sorprendió de que su pequeño sobrino haya regresado tan pronto.
—¡Diddy! ¿Qué pasó? —le preguntó Donkey levantándose del sofá—. ¿Cómo te fue?
—Eh, verás… —respondió Diddy con una sonrisa forzada y rascándose la cabeza—. Digamos que…
—¡Wow, ¿ésta es tu casa?! —exclamó Chunky apareciendo con los otros tres dentro de la casa.
—¡Hola, Donkey! —dijeron los cuatro.
—¿Pero qué? —susurró Donkey impactado ante la visita, pero lo disimuló de todas formas—. ¡Oh, hola, niños! ¿Cómo así por aquí?
—Diddy nos invitó aquí —respondió Tiny sonriente—. Dijo que nos quería traer a su casa.
—Tiny —le susurró Dixie dándole un ligero codazo.
—¡Oh, qué amistoso es mi sobrinito! —dijo Donkey con una sonrisa forzada y mirando de reojo a Diddy—. Y bueno, pues no hay problema, ustedes son bienvenidos aquí.
—Vaya, es genial su casa —comentó Chunky observando con asombro—. A Chunky le agrada.
—Oh, les agradezco —respondió Donkey sonriendo mientras se dirigía hacia Diddy—. Ehh, y perdón que los interrumpa, pero ¿me pueden esperar un momento?... Oye, Diddy, ¿podrías venir un rato a ayudarme con algo? —agregó guiñándole un ojo con algo de seriedad.
—Ahh, sí, está bien —respondió Diddy, imaginándose que Donkey ya había notado el plan fallido—. Ahora vuelvo, amigos.
Donkey se llevó a Diddy a su habitación para preguntarle qué era toda la situación que se había armado en ese momento.
—¿Se puede saber qué hiciste? —le susurró Donkey—. Se supone que iban a salir solo ustedes dos.
—Verás, no sabía qué lugar elegir —excusó Diddy encogiéndose de hombros—, así que dije 'mi casa' y los otros tres escucharon. No pude decirles que no, después me delataría.
Por otro lado, Dixie también habló con su hermana y sus primos… ya que ella también se sentía frustrada ante el malogrado plan inicial.
—Oigan, se suponía que esta era la salida con Diddy —exclamó Dixie en voz baja.
—¿Qué? ¿En serio ahora? —preguntó Tiny confundida—. ¿Y por qué no nos dijiste antes?
—¿Que no te dijimos que se lo dijeras en la escuela? —susurró Chunky frunciendo el ceño.
—Sí, pero él llegó a nuestra casa inesperadamente y no podía dejar pasar la oportunidad, ¡y ustedes salieron! —replicó Dixie dándose una palmada en la frente.
Mientras, por el lado de Donkey y Diddy…
—Mira, esto es lo que haremos —le dijo Donkey a Diddy—. Tú ve a hablar con Dixie y la vuelves a invitar, y mientras, yo distraigo a los otros tres hasta que se olviden de ella.
Por el lado de Dixie y compañía…
—Tú vuelve a invitar a Diddy —le propuso Tiny a su hermana—. Y entonces, nosotros distraeremos a Donkey hasta que se olvide de Diddy.
Luego, Donkey y Diddy salieron de la habitación. Donkey le dio señales a Diddy de forma disimulada, mientras que los otros jóvenes kongs le daban señales a Dixie.
—Ehh, Donkey —dio Chunky el primer paso para intentar distraer a Donkey—. Ahh, ¿qué le dice un gorila a un orangut…
—Oigan, amigos, ¿saben por qué un coco tiene agua por dentro? —se apresuró a decir Donkey para distraerlos también.
Ambos grupos comenzaron a hacerse preguntas o mencionar datos sin sentido, con el fin de desviar la atención.
Por su parte, Diddy y Dixie iban a lo planeado y se reunieron de nuevo ellos dos.
—Ahh, oye, Dixie… —le dijo Diddy con un poco de nervios—. De casualidad… ¿quieres ir un rato afuera?
—Te iba a decir lo mism… Eh, digo, ¡claro que sí, vamos! —respondió Dixie de la misma forma.
Donkey se quedó con los otros tres, en donde todos intentaban distraerse para lograr que Diddy y Dixie salieran con tranquilidad. Según ellos, ninguno se daba cuenta que su plan iba marchando bien esta vez.
Por otro lado, ambos pequeños kongs salieron y bajaron de la casa, y empezaron a caminar sin rumbo. Al principio no sabían qué decir en el camino, pero luego iban conversando y bromeando un largo rato hasta que ya se les hizo normal la comunicación.
—¿Y por qué es que un coco tiene agua por dentro? —preguntó Dixie entre pequeñas risas.
—¿Recuerdas la clase de Wrinkly sobre la absorción de nutrientes en las plantas?
—Cielos, tiene más sentido. Pensé que era por la lluvia.
—¿Cómo va a ingresar el agua así? —dijo Diddy de la misma forma.
Ambos continuaron caminando sin rumbo. Diddy se sentía a gusto al lado de Dixie y, al parecer, ya no se sentía tan nervioso luego de seguir entablando la conversación. Sin embargo, él no sabía aún dónde llevarla, pero de todas formas, ambos disfrutaban la compañía del otro.
Más tarde, ya se habían cansado de caminar, así que fueron a sentarse bajo un árbol en una colina. Al parecer, el plan ya les estaba saliendo bien como lo querían al principio.
—Aquí se ve un lugar bastante tranquilo —dijo Dixie sonriendo y mirando hacia al entorno.
—Es cierto —respondió Diddy, pensando ahora sobre qué hablar con Dixie. De pronto, se le ocurrió preguntarle algo—. Oye, Dixie… ¿y… qué te gusta hacer con frecuencia? Digo, cuando no hay nada más que hacer.
—¿A mí? Pues… hace mucho tiempo que no he podido dedicarme a las cosas que me gustan, pero… yo solía tocar la guitarra desde que era pequeña y me encantaba hacerlo casi a diario. Aun así, espero poder retomarlo pronto.
—Vaya, siempre quise aprender a tocar la guitarra —comentó Diddy—. Es decir, no es que quiera tanto, pero sí me ha llamado la atención.
—Es bastante complejo al principio, pero con mucha práctica puedes ir acostumbrándote —respondió Dixie sonriendo—. ¿Y qué te gusta hacer a ti? ¿También te gusta la música?
—Por supuesto que sí. De hecho, a casi todos aquí nos gusta. A mí en cambio me gusta mucho cantar o tocar los bongos. Ah, y sobre todo, me gustan los autos de carreras también, algún día quisiera estar en una competencia… ¿Y qué más te gusta?
—Bueno… las gomas de mascar, supongo —respondió ella con pequeñas risas—. También me gustan los cangrejos y langostas.
—¿Para comerlos? —exclamó Diddy mirándola con algo de rareza.
—Oh, no, claro que no —respondió Dixie sonriendo con una mirada de extrañeza—. Es solo que me parecen súper adorables, algún día quisiera adoptar uno… Oye, ¿y te gustan mucho las aventuras, cierto?
—Me encantan, sobre todo las que son de buscar algún tesoro o recuperar algo, como la reserva de bananas. ¿A ti también te gustan las aventuras?
—Claro que sí, amo las aventuras, aunque también sean cansadas, y mientras no estemos con nuestras vidas en riesgo, claro.
—Vaya, ahora veo cómo pudiste contra esos tontos de la escuela. Sabes defenderte muy bien, ¿cómo aprendiste?
—Es como te lo conté: mis padres y mis tíos me enseñaron algunas técnicas de defensa… Incluso… a raíz de lo que les sucedió tuve que aprender a aplicarlas más.
—Han sabido hacerlo muy bien por lo que veo —comentó Diddy sonriendo con admiración—. Oye y… puedo preguntarte… ¿qué les pasó a tus padres?
Dixie, luego de tener una sonrisa en su cara, obtuvo una expresión triste de inmediato ante la pregunta repentina de Diddy.
—Ay, no. Lo siento, Dixie… n-no debí preguntarte eso —dijo él con rapidez, disculpándose por la imprudencia al notarlo—. Es decir, a veces olvido por un momento que no debo preguntarles a ustedes algo…
—No, no te disculpes… —le dijo Dixie con una corta y débil sonrisa, antes de ponerse seria—. Ya puedo contártelo si quieres… Debes tener esa duda desde que venimos a esta isla, ¿no?
—¿Estás segura? —le preguntó Diddy con algo de inseguridad.
—Sí, pero verás… es una larga historia… —respondió Dixie con una absoluta seriedad.
—Está bien, si tú lo dices. Te escucharé…
Dixie se alistó para contar su historia, la cual no se oía nada feliz, y se mostraba como si tratara de ser lo más fuerte que podía para hablarlo.
—Verás… —pronunció Dixie con la mirada baja—. Nosotros éramos una familia feliz: la familia de Chunky y Kiddy con la de Tiny y yo siempre fuimos muy unidas. Los fines de semana solíamos ir a pasear todos juntos.
...
Un día como cualquier otro, nos fuimos a pasear cerca de un acantilado. Fue un día de picnic familiar… aunque hoy desearía que ese día jamás hubiera pasado.
—Ahh, nada como un agradable día en familia —expresó el padre de Dixie mientras estaba la familia compartiendo y preparando varias cosas.
—Y sobre todo, qué agradable es tener a un nuevo miembro en la familia —añadió el padre de Chunky en referencia a Kiddy, quien tenía poco tiempo de haber nacido.
—¿Podemos jugar con él, tía? —le preguntó Tiny junto con Dixie a la madre de Chunky y Kiddy.
—Aún no, pequeñas, esperen a que crezca —respondió ella sonriéndoles mientras sostenía a Kiddy.
Luego, Tiny y yo nos fuimos hacia otro rincón cercano. Estábamos jugando tranquilamente las dos… Cuando de pronto, llegó un tipo de coche donde venían cinco extraños a bordo. Jamás había visto individuos de esa especie en nuestro territorio: eran unas personas y estaban vestidos con trajes coloridos como si fueran de fiesta. Luego, se bajaron y se acercaron a nosotras.
—Miren, son un par de lindas pequeñas chimpancés —dijo uno de estos hombres alegremente antes de sacar unos dulces para Dixie y Tiny—. ¿Quieren un dulce, pequeñitas?
Los quedamos mirando raro durante unos segundos, pero en nuestra ingenuidad de ese entonces, tomamos esos dulces que nos ofrecían.
—¿Quiénes son estos señores? —preguntó Tiny en idioma Kong, el cual los hombres no entendían.
—No lo sé, pero… se ven amistosos, creo —respondió Dixie con tranquilidad.
—Nosotros queremos ser sus amigos —les dijeron los señores antes de entregarles más cosas—. Les hemos traído comida y regalos para ustedes. ¡Tengan, pequeñitas!
Sacaron del coche algunos juguetes y nos los regalaron a Tiny y a mí. Luego, nos regalaron un montón de frutas para comer, y más tarde, sacaron globos de fiesta para nosotras.
Pasaron un rato jugando con nosotros, nos tomaron fotografías y nos seguían dando más comida. Aparentemente, solo querían conocernos, aunque no hablaban nuestro mismo idioma.
Todo iba bien hasta que… de la nada nos tomaron entre todos y nos encerraron a las dos por la fuerza en una jaula.
—¡AYUDA! —se oyeron fuerte gritos desgarradores de Dixie y Tiny, los cuales llegaron a oídos de los simios adultos de la familia.
Esos malditos nos atraparon a Tiny y a mí y nos subieron al coche. Chunky y sus padres llegaron a tratar de socorrernos, pero esos señores les lanzaron un líquido que los tumbó de inmediato al suelo, y luego tomaron a Kiddy también y lo encerraron junto con nosotras.
—¡NIÑOS! —exclamaron los padres de Dixie mientras empezaban a correr a velocidad tras los pequeños kongs. Ellos aún se mantenían en pie—. ¡NO TEMAN, VAMOS POR USTEDES!
Después, el coche aceleró, y esos cazadores nos iban llevando mientras nuestros padres corrían por nosotros, hasta que lograron subirse también al coche para intentar rescatarnos. El camino era muy peligroso, ya que al lado había un abismo enorme.
—¡Tranquilos, niños, aquí estamos! —exclamó la madre de Dixie forcejeando la jaula donde llevaban a Dixie, Tiny y Kiddy.
—¡Ay, maldición! ¡A esos simios no les rociamos el sedante! —exclamó el conductor del carro al percatarse de la presencia de los simios adultos en el coche—. ¡Y ya no tenemos más!
—¡Yo me encargo! —dijo otro de los hombres sacando un arma de fuego.
El hombre se asomó por la ventana del coche y le apuntó a los padres de Dixie y Tiny y, al poco tiempo… presionó el gatillo.
Los padres de Dixie rodaron por el suelo, pero por suerte, habían logrado bajar la jaula del coche donde estaban encerrados los niños kongs. Ambos simios habían quedado muy malheridos por los disparos, pero trataban de mantenerse fuertes. Dixie y Tiny lograron salir de la jaula e intentaban levantar a Kiddy, mientras sus padres se hallaban a una larga distancia de ellos.
Los hombres cazadores, al perder a los pequeños prisioneros, se detuvieron. Pero de inmediato, dieron la vuelta en el coche y aceleraron para recogerlos de nuevo. El padre de Dixie, con mucha debilidad, pero a la vez con algo de fortaleza, se rehusaba a permitir que se llevaran a sus hijas y a su sobrino, por lo que intentó tomar fuerzas y se dirigió hacia el coche que venía en dirección a los niños.
El padre de Dixie se subió al coche e ingresó dentro de la cabina para tomar el volante e intentar desviarlos. Los hombres trataban de apartarlo, pero este se resistía. Finalmente, el padre de Dixie logró mandar el coche con los hombres a bordo hacia el abismo que había a los lados, pero por desgracia… él también se cayó con ellos.
—¡Nooo!—gritaban Dixie y Tiny con extrema desesperación tras ver el suceso.
Tiny se quedó con Kiddy y con mamá que estaba muy malherida, mientras que yo corrí hacia donde estaban Chunky con mis tíos, pero ellos seguían dormidos.
—¡Chunky, Chunky, despierta, ayúdame, por favor! —exclamó Dixie con demasiada desesperación mientras movía a Chunky con fuerza—. ¡Tíos, despierten por favor!
—¿Qué… qué… pasó? —preguntó Chunky con debilidad y confusión.
—¡Tienes que venir, esos señores nos querían llevar, le dispararon a mamá, y papá se cayó abajo con ellos! —contó Dixie toda desesperada y deseando que todo fuera una pesadilla, mientras varias lágrimas iban saliendo de sus ojos.
—¡NO! ¡No puede ser! —exclamó Chunky reaccionando todo horrorizado.
Chunky y Dixie procedieron a ir por el padre de Dixie. Bajaron por un largo camino hasta llegar al sitio exacto donde estaba el coche ahora accidentado para poder auxiliar al padre de Dixie.
En la escena del accidente, estaba el coche destruido de los cazadores. A la distancia, se veía al grupo de aquellos individuos humanos: dos de ellos estaban ilesos; otro de ellos, parecía haberse lastimado severamente una pierna; mientras que los dos restantes estaban inmóviles en su totalidad.
Logramos rescatar a papá en ese momento, él estaba más herido de lo que ya estaba y lo llevamos a casa junto con mamá.
En la noche trataron de salvarlos unos simios médicos, pero… ya fue demasiado tarde, y… solo nos quedó verlos cerrar sus ojos por última vez… Apenas pude despedirme de ellos al final…
...
—Y eso fue lo que pasó… —terminó de contar Dixie con lágrimas en los ojos y tratando de secárselas. Esa era una historia muy difícil de contar para ella; aún recordaba todo con claridad y le dolía demasiado. Aquello era uno de los eventos más duros que había tenido que vivir.
Diddy no pudo evitar sentirse muy apenado por Dixie, incluso comenzaba a sentirse algo culpable de haberla hecho recordar toda esa tragedia.
—Y eso no es todo… —dijo Dixie tratando de calmarse aún con los ojos llenos de lágrimas—. Mis tíos… después también…
—Oh, no, Dixie —le dijo Diddy intentando tranquilizarla—. Si quieres no…
—No, sí puedo contártelo. De hecho, esta vez fueron… esos simios malvados que nos perseguían cuando llegamos aquí…
—Ay, no. ¿Y ellos qué hicieron? —preguntó Diddy mostrándose preocupado.
—Bueno… —comenzó a contar Dixie con los ojos humedecidos—. Luego de que mis padres ya no estaban con nosotros, mis tíos, los padres de Chunky y Kiddy, nos adoptaron como sus hijas a Tiny y a mí…
...
Ellos fueron como nuestros segundos padres; eran de igual de atentos con nosotras y los llegamos a querer demasiado. Y por supuesto, Chunky y Kiddy pasaron a ser como nuestros hermanos. Las cosas volvieron a estar un poco mejor, aun si no era lo mismo para nosotras dos.
Hasta que llegó aquel otro día terrible. Estábamos todos en nuestra casa: mis tíos, mis primos, mi hermana y yo cuando alguien derribó la puerta, ¡eran esos simios!
—¡Que nadie se mueva! —apareció un grupo de mandriles y orangutanes, todos con arma en mano.
—¡¿Pero qué?! —exclamó el padre de Chunky espantándose al instante—. ¡¿Ustedes quiénes son?!
Esos simios, sin respondernos, nos dispararon una especie de dardos, y de pronto caímos al suelo sin poder movernos. Luego nos secuestraron, y afuera de la casa vimos a un montón de simios más que estaban secuestrando a familias enteras.
Nos llevaron en unas embarcaciones hacia otra isla, en la cual… esos simios tenían una organización que capturaba animales de diferentes especies. Al llegar allá, nos adentraron en un edificio muy extraño y nos encerraron en una celda, a los lados había más animales encerrados de a montones como en una prisión. Nos tuvieron ahí una larga temporada donde a veces nos dejaban días enteros sin comer.
Esos simios era un ejército de diferentes razas, pero los líderes eran cinco: los tres mandriles y dos orangutanes, disparaban sin piedad a cualquiera que intentara escapar de allí y cometían atrocidades horribles. Cada cierto tiempo, escogían al azar a un grupo de animales prisioneros ¡y los exterminaban! Incluso… había rumores de que experimentaban con ellos y se los llevaban a otro lugar, aunque nunca supimos dónde ni por qué hacían todo eso, también se llevaban animales vivos algunas veces. Y cuando regresaban de sus viajes, siempre volvían con nuevos animales para encerrarlos.
Hasta que un día, cuando uno de los simios iba a darnos comida a través de las rejas de la celda, el padre de Chunky lo apresó contra las rejas y logró quitarle las llaves, y entonces salimos… y liberamos al resto de animales. Los prisioneros adultos tomaron las armas de los simios y se enfrentaron contra toda esa organización. A los más pequeños solo nos dejaron en una habitación hasta que todo pasara, para poder protegernos.
El conflicto duró hasta acabar con todo el ejército y, al terminar, nos juntamos de nuevo con mis tíos, y todos los prisioneros íbamos a escapar.
Nos dirigimos todos hacia las orillas del agua, armamos algunas embarcaciones rápidas y algunos lograron escapar, pero… nosotros no alcanzamos.
Por desgracia, los simios líderes habían quedado ilesos y se nos aparecieron de sorpresa. Estaban muy furiosos de que habíamos liberado a toda su manada de víctimas, y entonces, con armas en mano, nos llevaron de vuelta al edificio para exterminarnos.
Nos tenían a todos atados, pero los simios aún estaban preparando sus equipos de exterminación. En su descuido, los padres de Chunky tuvieron la fuerza suficiente para desatarse y luego nos desataron a nosotros. Salimos huyendo de inmediato, aunque los simios lograron vernos y fueron tras nosotros.
—¡QUE NO ESCAPEN! —exclamó uno de los mandriles, y el resto de simios malos comenzó a perseguirlos.
Corrimos por casi todo el edificio lo más rápido, hasta que hallamos un atajo donde solo cabíamos los más pequeños.
—¡Niños, por aquí, rápido! —exclamó la madre de Chunky y Kiddy—. ¡Entren aquí!
El atajo era un pequeño ducto de larga extensión. Los simios malvados no estaban a la vista, por lo que Dixie, Tiny y Kiddy se adentraron en el túnel para así poder esconderse.
—¡Traten de salir por aquí, niños! —les dijo el padre de Chunky y Kiddy—. Al final de este ducto podrán salir por completo de este lugar.
—Pero… ¿y ustedes? —les preguntó Dixie preocupada por sus tíos y por Chunky.
—Nosotros saldremos por la puerta principal, nos encontraremos afuera —respondió la madre de Chunky—. ¡Ahora sálvense ustedes, por favor!
—¡AHÍ ESTÁN! —aparecieron los simios y comenzaron a ir tras ellos.
—¡Rápido, niños, corran a la salida! —les susurró rápidamente el padre de Chunky antes de seguir huyendo junto con su esposa y su hijo Chunky.
Y esa… fue la última vez que los vimos.
Tiny, Kiddy y yo hicimos lo que nos dijeron, nos desplazamos por todo el ducto hasta llegar al final y salir del edificio. De inmediato, fuimos a escondernos entre los árboles y nos quedamos a esperar a que mis tíos y Chunky salieran… cuando de pronto, solo escuchamos unos disparos dentro del edificio. Estábamos muy asustados y preocupados, hasta que vimos la puerta principal abrirse, vimos salir a Chunky y se reunió de nuevo con nosotros pero… él solo explotó en llanto y, por la forma desesperada en que nos hablaba, sabíamos lo que había pasado.
Luego escapamos y, para nuestra mala suerte, esos simios nos encontraron y empezaron a perseguirnos. Llegamos hasta el mar y nadamos hasta llegar a otra isla lo más rápido que podíamos. Pero esos simios no querían rendirse; pasaron persiguiéndonos por una larga temporada y nosotros solo debíamos estar bien atentos y saber escondernos. Íbamos de isla en isla buscando algún lugar seguro… y así era como sobrevivimos durante unos meses…
...
—Y eso… —dijo Dixie, quien al finalizar, no pudo evitar soltar sus lágrimas y romper en llanto, tratando de poder continuar—. He intentado ser fuerte… pero haría lo que fuera por verlos a todos de nuevo… y estar todos juntos en la familia.
—Oh, Dixie… —Diddy le colocó una mano en el hombro; incluso él sintió unas ligeras ganas de llorar al escuchar esas tristes historias. No se imaginaba la cruel realidad que habían vivido Dixie, Tiny, Kiddy y Chunky—. Lo siento en verdad, Dixie… no quise que recordaras todo eso y…
—No pasa nada —agregó Dixie intentando calmarse y secándose las lágrimas—. De todas formas, tenías que saberlo para ver cómo fue que llegamos a esta isla.
—No, no, en serio, discúlpame, creo que fui muy imprudente —insistía Diddy aún tratando de calmar a Dixie antes de haber un rato de silencio—. Eh… ¿quieres que te de un abrazo?
Dixie, con la mirada baja y las lágrimas brotando de sus ojos, asintió. Luego, Diddy la abrazó por unos segundos; él se sentía fatal de haberle preguntado eso en un inicio, pues nunca quiso hacerle recordar algo tan terrible como lo que ella acababa de contar. Segundos después, ambos se separaron del abrazo y se quedaron un rato en silencio mientras Dixie terminaba de secarse las lágrimas.
—Y bueno, entonces… ¿aquellos simios continuaron siguiéndolos a ustedes? —le preguntó Diddy con algo de inseguridad.
—Sí, en ninguna isla encontrábamos paz y teníamos que estar a la supervivencia. Y si no eran esos simios malditos, también teníamos que huir de simios caníbales que se nos presentaban, ¿recuerdas que Chunky mencionó caníbales, verdad?
—Ya veo… Y entonces, ¿cómo aterrizaron aquí?
—En la última isla en que estuvimos no pudimos escapar más y nos atraparon los tres mandriles, pero por suerte lo logramos más tarde, y utilizamos sus cañones para que nos perdieran de vista. Nos lanzamos sin rumbo alguno… y así es como llegamos aquí —concluyó secándose las lágrimas.
—Vaya… ahora entiendo todo —agregó Diddy en un tono bajo.
—Y el resto ya lo conoces, después nos atraparon y nos iban a disparar, pero tú los derrotaste —agregó Dixie volviendo sonreír un poco—. Tú terminaste de salvarnos, Diddy.
Diddy, al ver a Dixie sonreír aunque sea un poco, le devolvió el mismo gesto. Después de todo, se dio cuenta que él, en medio de toda esa tragedia, había sido una suerte para los cuatro al salvarlos de un poderoso y peligroso grupo de simios crueles.
—Sabes… —le dijo Diddy más tarde—. Donkey me decía que cuando alguien se va para siempre, sea al lugar que haya ido, aún podría estar cuidando de sus seres queridos que siguen viviendo. Bueno… es cierto que ya no lo podrás ver, pero… dicen que puedes sentirlo a través de cualquier cosa agradable que te suceda.
—¿Eso crees? —preguntó Dixie aún con la mirada baja.
—Bueno, es… lo que Donkey me ha dicho a mí, quizás para consolarme cuando también he estado triste por lo que sucedió con mis padres.
Dixie no pudo decir nada más, y solo se quedó unos segundos reflexionando lo que Diddy acababa de decir.
—Diddy… —Dixie de pronto también intentó hacerle la misma pregunta a él—. Tú… ¿tampoco tienes a tus padres, verdad?
—Bueno… —respondió Diddy con una mirada baja.
—Oh, lo siento, si quieres no… —Dixie, de la misma forma, tampoco quiso ser imprudente.
—No, tranquila, si tú me contaste tu historia, yo también podría contarte la mía… Aunque no la recuerdo muy bien; yo era muy pequeño. Donkey me contó que en ese tiempo hubo una guerra entre kremlings y kongs, y pues… mis padres fueron víctimas de eso —contaba Diddy antes de bajar la mirada y también con unas lágrimas en los ojos—. Recuerdo que cuando yo era pequeño, quería volver a ver a mis padres y le preguntaba mucho a Donkey por ellos. En mi inocencia, yo pensaba que ellos solo se habían ido a pasear para esconderse de esos kremlings y que pronto volverían a casa… Hasta que cuando crecí un poco, Donkey me contó toda la verdad… Fue terrible para mí, y pasé varios meses sin querer hacer nada, mientras que Donkey trataba de sobrellevar la situación conmigo.
De la misma forma, Dixie se compadeció mucho de Diddy. El caso de ella había sido muy trágico, pero escuchar que Diddy no vivió tanto tiempo con sus padres y no supo de su paradero hasta tiempo después, era algo que no podía imaginarse.
—Oh, no. De verdad, lo siento mucho también, Diddy —respondió Dixie poniendo su mano en el hombro de Diddy—. Y entonces, fue ahí que Donkey te adoptó, ¿cierto?
—Sí, él ha sido como un padre para mí, aunque muchas veces como un hermano mayor.
—Pues se ve que él ha sido una buena figura para ti, veo que él te quiere mucho y se preocupa por ti.
—Estás en lo cierto, Donkey es genial —dijo Diddy volviendo a sonreír un poco, pero luego suspiró y se mostró serio—. Aun así… siempre me he preguntado… ¿cómo sería si mis padres vivieran? ¿Cómo sería tener a la familia completa y haberlos visto por mucho más tiempo?
—Tenerlos era algo maravilloso, para mí sí que lo era —comentó Dixie, antes de bajar la cabeza con tristeza—. Pero… no sé por qué tuvo que pasar todo eso, y siento que… nada volvió a ser igual desde allí.
—Lo sé… es horrible —agregó Diddy de la misma forma—. Y aún es terrible recordar cuando Donkey me dijo eso.
Ambos se quedaron con las mismas expresiones apagadas mientras cada uno terminaba de procesar sus malos recuerdos de aquellas terribles experiencias que habían tenido.
—Pero aun así… —dijo Dixie más tarde—. Desde que venimos a esta isla, creo que… volvimos a sonreír… aunque sea un poco —agregó con una pequeña sonrisa.
Diddy continuó mirándola apenado durante un par de segundos, aunque se sintió algo mejor con esas últimas palabras de Dixie.
—Eso suena bien, después de todo eso que me contaste —le respondió él sonriéndole un poco—. Por cierto, en tu caso, ¿Chunky es quien cuida de ustedes?
—En realidad yo he tenido que ser como la hermana mayor de todos ellos, Chunky a veces es un poco inmaduro y nervioso —respondió Dixie con una pequeña sonrisa.
Hubo otro rato de silencio mientras Diddy miraba a Dixie. Él sintió muy apenado por las historias de ella, ya que no se imaginaba que serían así de trágicas; no le gustó nada verla triste aunque él también se sintiera así tras recordar su propia situación. De pronto, recordó el plan en el que estaban y lo que Donkey le aconsejó para la cita: hacerla sonreír; al fin y al cabo, había empezado como una cita feliz, por lo que decidió animarla un poco.
—Ehh, Dixie… ¿quieres ir a pasear a algún lugar por aquí cerca? Hay un sitio que de seguro te va a gustar… ¿Te sientes bien para ir ahora?
—Ah, ¿por qué no? Vamos, sería divertido —respondió Dixie volviendo a sonreír un poco más—. Ahh, pero, Diddy…
—¿Sí?
—¿Aún no te han sanado las heridas de tu ojo y de tu cabeza? —preguntó señalando a Diddy que, por cierto, todavía cargaba de vez en cuando las vendas de las últimas golpizas que había tenido.
—No lo sé, parece que ya no me duelen —dijo él llevándose la mano a la sien.
—Déjame quitártelas.
Dixie le quitó las vendas a Diddy y le volvió a poner su gorra. En definitiva, ya estaba sanado y por fin se le podían ver sus dos ojos. Dixie se quedó mirándolo por unos segundos y luego emitió unas pequeñas risas.
—¿Qué? —le preguntó Diddy confundido.
—Eh, nada… ¡Vamos! Quiero conocer ese lugar —respondió Dixie intentando no sonrojarse luego de contemplar a Diddy.
El par de pequeños kongs se dirigió hacia el lugar que Diddy quería mostrarle a Dixie. Subieron hasta la cima de un acantilado, desde donde se podía ver un río con cascadas y, aparte de eso, tenía una bajada corrientosa en forma de tobogán donde corría agua que descendía hacia el enorme río; era un sitio perfecto con una vista agradable para que unos pequeños simios pudieran recrearse.
—¡Es impresionante! —dijo Dixie fascinada con el paisaje—. Parece que nunca habíamos venido aquí.
—Ven, ¿quieres bajar por aquí? —dijo Diddy dirigiéndose hacia la bajada que tenía aspecto de un tobogán de agua.
—Ahh, ¿seguro que esto se dirige hacia el río? —respondió Dixie mostrándose dudosa al estar al borde de la bajada.
—¡Claro que si, vamos! —reafirmó Diddy tomándole un brazo—. Es divertido, solo lánzate.
Diddy, sin darle más tiempo a Dixie para pensar, la empujó hacia abajo por el "tobogán".
—¡Diddy! —gritaba Dixie mientras descendía.
Luego, Diddy se lanzó también. Había una gran altura desde el extremo de la bajada hasta la superficie del río, así que Dixie giró su cabello para descender despacio, pero Diddy, al alcanzarla, le tomó del brazo y ambos cayeron rápido hacia el río.
—¡¿Por qué hiciste eso?! —exclamó Dixie molesta mientras salía a la superficie del agua.
—¿Ya ves? Te dije que iba a ser muy divertido —respondió Diddy riéndose. Luego, Dixie le salpicó agua a la cara—. ¡Ay! Parece que alguien se enojó.
Diddy le siguió el juego y ambos empezaron a salpicarse agua y a jugar debajo de la misma mientras se reían.
Más tarde, ambos salieron a la superficie y se dirigieron corriendo hasta otro acantilado, en donde esta vez, había un transportador aéreo hecho de lianas y madera que se desplazaba sobre el amplio río a gran altura.
—Esto lo habíamos construido con Funky —dijo Diddy señalando el transportador—. ¡Ven, subámonos!
Luego, ambos kongs se subieron y el transportador comenzó a andar. Desde la altura, podían ver el río y todo el paisaje. Dixie no dejaba de admirar todo el entorno en donde se encontraban.
—Oye, ¿y si nos lanzamos desde aquí? —sugirió Diddy en tono juguetón y señalando hacia abajo.
—¡Estás loco! —exclamó Dixie.
—¡Vamos! —le dijo él tomándole del brazo, a punto de lanzarla de nuevo—. Va a ser muy diver…
Pero esta vez, Dixie lo tomó del otro brazo y lo empujó a él primero hacia el río y, luego de soltar unas risas por la jugada que le hizo, ella también se lanzó. Ambos cayeron y, esta vez, Dixie estaba riéndose mientras que ahora Diddy la miraba molesto.
—A eso le llamo venganza —le dijo Dixie en un tono malvado mientras veía la cara de derrotado de Diddy.
Luego, Diddy le sonrió de forma juguetona y empezaron a jugar y a salpicarse en el agua de nuevo… Pero estaban tan distraídos que no se dieron cuenta que la corriente los estaba direccionando hacia una cascada.
—Ah, oye, Diddy… ¿ya viste eso? —señaló Dixie hacia el alto abismo de la cascada.
—¡Ay, no! ¡Salgamos, rápido! —exclamó Diddy tomando a Dixie del brazo.
Los kongs intentaron nadar hacia la orilla, pero la corriente era muy fuerte y se les dificultaba desplazarse bien. No alcanzaron a llegar y, segundos después, la cascada los arrastró y se los llevó. Ambos cayeron a través de toda la cascada mientras gritaban con desesperación. Al caer, nadaron de inmediato por debajo del agua hacia la orilla hasta que lograron salir, todos agotados y a la vez felices de salir ilesos.
—¿Por qué no usaste tu cabello para caer? —le preguntó Diddy mostrándose exhausto.
—Porque esta vez quise sentir la adrenalina —respondió Dixie alegremente.
—Bueno, ¿ves ese árbol tan alto que está allá? —señaló Diddy.
—Sí, ¿por qué?
—¡Pues a que no me ganas en llegar! —respondió él de forma desafiante, antes de salir corriendo hacia el lugar señalado.
Luego, ambos empezaron a competir por ver quién llegaba más rápido. En el camino, iban jugando y empujándose, pero riéndose al mismo tiempo.
Finalmente, ambos ya estaban cansados, por lo que fueron a sentarse sobre el césped. El día ya casi oscurecía.
—Eso fue… ¡grandioso! —exclamó Dixie mostrándose cansada, pero alegre a la vez—. Este lugar estuvo genial.
—Sabía que te iba a gustar, Dixie —respondió Diddy en el mismo tono.
—Oye, Diddy… en verdad te lo agradezco —le dijo ella con una pequeña sonrisa—. Creo que me has animado un poco… después de recordar todo eso.
—Por nada, Dixie… No quería verte triste —respondió Diddy devolviéndole la sonrisa.
Dixie se había sentido muchísimo mejor, y mucho más con esas palabras de Diddy y haber pasado un agradable momento con él.
—¿Sabes? —agregó Dixie—. Estos días han sido los mejores después de tanto tiempo. Mi hermana, mis primos y yo nos sentimos muy bien en esta isla; es como si hubiéramos vuelto a vivir de verdad a pesar de todo. Y todos los demás kongs fueron muy amables con nosotros, sobre todo tú, te consideramos un gran amigo.
—Oh, no es nada, yo a ustedes también los considero muy buenos amigos —respondió Diddy sonriéndole—. Y ya saben, nosotros estamos con ustedes cuando nos necesiten.
—Lo más genial de todos ustedes, aparte de ser amables, es que son muy unidos —comentó Dixie—. De verdad admiro mucho eso de ustedes. Y aparte son alegres y muy divertidos.
—Bueno, si dices alegres y divertidos, solo no incluyas a Cranky en esa categoría —bromeó Diddy, ganándose unas risas de ella.
—Oye, ¿y tienes más amigos aparte de los kongs de esta isla? —le preguntó Dixie.
—Sí, tengo otros amigos, pero viven algo lejos de aquí. Uno de ellos se llama Timber, él es de mis mejores amigos. ¿Tú también tienes más amigos?
—Sí, tenía unos cuantos en la isla donde vivía… Aunque dudo que los pueda volver a ver algún día.
Hubo un rato de silencio mientras continuaban descansando. El ambiente estaba bastante tranquilo, el cual se complementaba con la compañía de ambos… Hubo un momento en donde Diddy estaba mirando de reojo a Dixie, lo cual ella alcanzó a notar y se volteó a mirarlo también. Diddy fue invadido por los nervios ante el contacto visual y trató de retomar una postura normal.
—Ahh… ¿ya te quieres ir o no? —le dijo Diddy sonriendo con los nervios aún invadiéndolo.
—Creo que no... El atardecer se ve agradable —respondió Dixie con serenidad.
—De acuerdo.
El par de pequeños kongs se quedó a mirar el atardecer por un largo tiempo. Ambos disfrutaban la compañía del otro y daban saltos internos de la emoción; después de todo, las cosas habían salido bien como lo habían pensado, y ahora sí habían podido salir solo los dos y pasarla bien.
—Deberíamos regresar a la cascada otro día, fue muy divertido, ¿no lo crees, Diddy? —dijo Dixie, pero Diddy no le respondió esta vez—. ¿Diddy?
Dixie se volteó a mirarlo y se percató que Diddy se había quedado dormido. Ella se rió en voz baja al verlo así, y luego le acarició un poco la mejilla... Se lo quedó contemplando por un largo momento, lo cual la hacía sonreír más.
Más tarde, Diddy estaba despertando, así que Dixie se volteó de inmediato para simular que estaba distraída.
—¿Qué… pasó? —dijo Diddy despertándose y frotándose los ojos.
—Te quedaste dormido —respondió Dixie encogiéndose de hombros y con unas pequeñas risas—. ¿Por qué no volvemos a la casa? Ya casi es de noche.
—Está bien, vamos —dijo Diddy levantándose—. Tan rápido está oscureciendo.
Mientras tanto, Donkey había pasado la tarde con Chunky, Kiddy y Tiny para impedir que se vayan a colar en la cita de Diddy y Dixie. Según todos ellos, habían logrado distraer al otro sin que se dieran cuenta. Incluso, para prevenir alguna incómoda situación cuando Diddy y Dixie llegaran juntos, Donkey había decidido en llevar a los tres jóvenes kongs donde Funky para que se distrajeran mejor. Candy, Lanky y Swanky también estaban presentes acompañándolos.
—Ahora es mi turno —dijo Tiny mientras jugaban todos a un juego de mesa.
—¡Eh! Esa ficha no puede moverse así —replicó Chunky.
—De hecho, sí se puede —agregó Lanky encogiéndose de hombros.
Donkey tenía pensado regresar a casa luego de eso, pero de pronto, se percató de la presencia de Diddy y Dixie andando por los árboles cercanos… y dirigiéndose hacia el lugar de encuentro. Donkey hizo contacto visual con ellos mientras llegaban y les sonrió de forma forzada, a la vez que trataba de disimular su expresión ante todos.
De la misma forma, Tiny, Kiddy y Chunky se habían percatado también de su llegada, por lo que los tres se hacían gestos disimulados para dejarlos llegar con tranquilidad.
—¡Hola, amigos! —los saludaron Diddy y Dixie sonriéndoles—. ¿Cómo así están por acá?
—Oh, ¡hola, amiguitos! —los saludó Donkey tratando de hablarles con normalidad, antes de que el resto de kongs los saludaran también.
—¡Oigan, vengan a jugar este juego! —les dijo Tiny de la misma forma para no generar tensión alguna.
—¿Y esto cómo se juega? —les preguntó Diddy con curiosidad.
—Ya les enseñamos, vengan —agregó Donkey invitándolos.
Diddy y Dixie se unieron sin más pretextos a jugar con sus amigos. La salida había pasado de una cita entre dos amigos a ser una simple reunión grupal de amigos… Pero mientras eso pasaba, tanto Donkey como los familiares de Dixie, no dejaban de disimular y mirar de reojo a Diddy y a Dixie, tratando de no mencionar nada al respecto con su cita… a pesar de que querían reírse.
—Oigan, ¿quieren que les prepare algún aperitivo? —les sugirió Funky después de un rato.
—Si puedes, Chunky tiene hambre —respondió Chunky frotándose el abdomen.
—De acuerdo, porque hoy tengo unas bebidas de coco exquisitas —agregó Funky mientras se levantaba—. Y cierto, Diddy y Dixie, ¿en dónde estaban ustedes dos esta tarde? Son los únicos a quienes no vi.
Los ojos de Diddy y Dixie se abrieron al máximo de inmediato, al mismo tiempo que Donkey, Tiny y Chunky trataban de hacerse los que no sabían nada, aunque en el fondo empezaron a contener unas risas.
—Ahh… solo fuimos a dar un paseo —respondió Diddy con una sonrisa forzada.
—Oh, de acuerdo —dijo Funky sonriendo con una mirada de sospecha mientras se retiraba, a la vez que estaba también conteniendo las risas.
Por su parte, Diddy y Dixie tan solo trataban de hacerse los desentendidos, a la vez que cada uno de los dos miraban de reojo a sus respectivos familiares con disimuladas sonrisas entre dientes.
Más tarde, los kongs continuaron con su juego hasta que se hiciera más tarde, incluso se quedaron a cenar todos juntos. Por un lado, Donkey fue a sentarse junto con Diddy en un rincón para poder hablarle con mayor privacidad al preguntarle sobre su día.
—Y bien, pequeño amigo —le habló Donkey alzando la mirada—. ¿Cómo te fue con Dixie, eh? Sí pude distraer a Tiny, Kiddy y Chunky, por cierto.
—Nos fue muy bien —respondió Diddy sonriendo—. Fuimos a jugar a las cascadas y en el transportador aéreo de Funky.
—¿De verdad? Se divirtieron mucho por lo que veo.
—Verás, primero nos fuimos bajo un árbol y ahí nos pusimos a conversar sobre nosotros dos —empezó contando Diddy con normalidad hasta que recordó las historias de Dixie—. Bueno… aunque también me contó… como llegaron a esta isla…
—Espera, ¿te contó de lo que les pasó a toda su familia? —preguntó Donkey.
—La misma, ¿por qué?
—¿Sabes? Mientras estaba con los otros tres, también me contaron esa historia —comentó Donkey con algo de tristeza—. Fue terrible, de verdad todo ha sido muy duro para ellos. No me imaginé que les hubiera pasado algo así.
—Lo sé, eso es muy triste… y por eso ellos eran fugitivos cuando llegaron.
—Sí, tiene que haber sido terrible todo lo que pasaron —agregó Donkey en el mismo tono—. Incluso también fue por eso que los traje para acá, para que pudieran animarse un poco.
—Lo bueno es que ellos se sienten bien aquí, y son unos buenos amigos —agregó Diddy volviendo a sonreír un poco—. Y eso fue lo que pasó, después fui con Dixie a las cascadas, también para animarla.
—Veo que no les fue mal entonces —le dijo Donkey dándole pequeñas palmadas en el hombro—. Y es eso lo que puedes hacer por ella: ser buenos amigos y que los dos se sientan a gusto compartiendo juntos, hasta que quién sabe… pueda surgir algo más.
—Creo que ya no suena tan complejo como pensé —dijo Diddy con unas pequeñas risas.
—Bueno, los asuntos amorosos sí son algo complejos, de hecho —comentó Donkey de la misma forma—. Solo no debería ser agotador. Si ella es correcta para ti, no deberías tener que hacer tanto esfuerzo para que te corresponda, porque de ser lo contrario, entonces no lo es.
Aunque Diddy no terminaba de entender del todo los asuntos amorosos, estaba sintiéndose a gusto de escuchar a Donkey hablarle de ello, sobre todo en la situación en que ahora él se encontraba. A Chunky, Kiddy y Tiny los consideraba muy buenos amigos, pero con Dixie… era diferente, era… algo más lo que estaba sintiendo, algo que incluso lo hacía sentir tan bien que se le olvidaban hasta los conflictos con sus compañeros malos. Y, por supuesto, él ahora estaba feliz por haber compartido algunos momentos con ella esa tarde; en verdad disfrutaba mucho estar con Dixie jugando y riendo o incluso hablando por largos ratos.
Al terminar sus respectivas comidas, Donkey y Diddy recogieron sus bandejas de comida, reuniéndose de nuevo con el resto de kongs.
—¡Diddy! —lo llamó Tiny junto con Dixie, a lo que él se volteó—. ¿Quieres venir a jugar con nosotros otra ronda?
—¿Del mismo juego de hace poco? —preguntó Diddy—. ¡Claro! Vamos.
—Ven. Chunky, Lanky y Swanky ya están empezando —le dijo Dixie tomándolo del brazo.
Luego, Diddy fue a reunirse con sus amigos para unirse a su juego. Mientras, Donkey se quedó mirándolo a la distancia y sonrió.
—¿Así que se decidió en invitar a salir a Dixie esta tarde, no? —dijo Candy en voz baja apareciendo al lado de Donkey.
—Sí, al final pudo lograrlo —respondió Donkey con unas pequeñas risas—. De todas formas, se ve que los dos son buenos amiguitos.
—¿Crees que luego surja algo con esos dos a futuro? —preguntó Candy de la misma forma—. Es decir, sé que aún son unos críos, pero quién sabe.
—Oye, eso aún no lo sé; son unos críos como dijiste —agregó Donkey encogiéndose de hombros—. Mientras tanto, solo tendría que tener en cuenta que Diddy haga las cosas bien y ver por su bienestar.
—¿Y sabes?... He visto más feliz a Diddy en estos días —comentó Candy.
—Es cierto, también te iba a decir lo mismo —agregó Donkey sonriendo mientras miraba a Diddy a la distancia divirtiéndose y jugando con sus amigos—. De hecho, ya no lo he notado tan asustado o preocupado al ir a la escuela en esta última semana, es como si… hubiera tenido un cambio.
—Quizás antes solo estaba abrumado por la última aventura, cielo —agregó Candy.
—Puede ser —respondió Donkey encogiéndose de hombros y luego dando un suspiro—. No quería llevarlo a esa aventura aquella vez, pero tampoco podía dejarlo solo; es solo un crío, aunque dentro de pocos años ya dejará de serlo.
Esa misma noche, en horas más tarde, Dixie con sus primos y su hermana se encontraban en la sala de su casa. Por lo consiguiente, ella también les había contado cómo le había ido con Diddy en su cita amistosa.
—… y eso es todo —finalizó Dixie sonriendo al recordar los momentos junto a Diddy—. Pasamos un buen rato, y fue muy agradable.
—Y después llegaron hasta la casa de Funky con caras de perdidos —dijo Tiny entre risas.
—Oye, créeme que quería preguntar cómo llegaron todos ahí —agregó Dixie de la misma forma—. Pero tampoco quise generar tensión y mencionarlo delante de Diddy y Donkey.
—¿No creen que Diddy también estaba planeando salir con Dixie? —cuestionó Chunky—. Donkey se veía como si también quisiera darle cuerda al asunto para que salgan.
—Ay, no lo creo —dijo Dixie con unas pequeñas risas. Luego, dio un suspiro y sonrió de manera enternecida—. Ah, pero bueno, ¿para qué voy a mentirles?... Diddy fue tan lindo, me trató súper bonito y me siento demasiado bien estando a su lado.
—Quien sabe, hermanita —agregó Tiny con una sonrisa juguetona—. Apuesto que a Diddy también le agradas mucho.
—¿Tú crees? —expresó Dixie con unas risas pequeñas.
—Yo sí lo creo, tal vez algún día pase algo más entre ustedes. ¿Te imaginas si alguna vez él te pide que seas su novia?
—Oye, ya no inventes más —respondió Dixie sonrojándose de pensarlo, y luego miró hacia la nada, suspirando de nuevo—. Ay, aunque… sería muy lindo si eso pasara.
De pronto, Kiddy se subió al sofá y se asomó por la ventana… Como si estuviera buscando algo, dirigió su mirada hacia el cielo estrellado y se quedó así durante un rato. Los otros tres kongs lo miraron con extrañeza al principio, así que fueron a ver qué le ocurría.
—¿Qué sucede, Kiddy? —le preguntó Dixie.
Kiddy se volteó hacia ellos y su mirada se mostraba muy triste y melancólica, como si estuviera a punto de soltar unas lágrimas.
—¿Mamá y papá volver? —preguntó el pequeño gorila en un tono bajo. Al parecer, él aún no entendía del todo su situación.
La expresión alegre de los otros tres también se apagó de inmediato, y se dirigieron hasta el pequeño kong. Dixie colocó su mano en la espalda de Kiddy y lo miró también con una profunda tristeza.
—Verás, Kiddy… es duro todo esto, pero ellos se fueron y… no volverán, los de nosotras tampoco volverán —respondió Dixie con el mismo tono de voz, pero tratando de mantenerse con algo de fortaleza frente a su primo pequeño—. Pero… de seguro están descansando en algún lugar mejor que este, y… quizás aún podamos percibir el amor de ellos hacia nosotros en cualquier cosa agradable que nos pueda pasar… como haber aterrizado en esta isla y encontrar buenos amigos, por ejemplo —agregó sonriendo un poco y recordando lo que Diddy le había dicho.
—Pero Chunky también los extraña mucho —dijo Chunky con tristeza y bajando la mirada.
—Todos los extrañamos —agregó Tiny de la misma forma—. Estos últimos años han sido muy difíciles.
—Y lo siguen siendo —continuó Dixie, esta vez, dejando expresar su tristeza sin disimularlo—. Solo… quedamos nosotros en nuestra familia, y la verdad… aún con todo esto, no sé qué podría ser de nuestro futuro después.
—Si Chunky encuentra a esos seres monstruosos de nuevo, les daría una lección que no olvidarán —agregó Chunky apretando los puños con indignación.
—¿Y quién no? No saben cómo yo también quisiera si pudiera —dijo Dixie de la misma forma, antes de emitir otro suspiro—. Pero… no podemos hacer nada más que mantenernos seguros y… solo ver qué nos esperaría a partir de ahora… Al menos estamos en un lugar seguro y tan solo espero que sigamos con bien en lo posible —concluyó emitiendo una sonrisa corta hacia su hermana y sus primos, aunque la volvió a desvanecer después.
—Eso espero también… —añadió Tiny con la misma expresión.
Los cuatro se sentaron y se quedaron un rato en el sofá abrazados. Aun si Dixie deseaba con todo su ser que las cosas fueran distintas o al menos poder hacer algo al respecto, sabía que tampoco podía hacer nada y eso le dolía mucho, en especial por sus tres seres queridos que le quedaban. Todos soltaron algunas lágrimas al recordar su situación, pero a su vez, entre los cuatro se sentían seguros manteniéndose unidos; al fin y al cabo, aún se tenían entre ellos, ya que eran los únicos integrantes de su familia que les quedaban…
N/A: Hasta aquí el capítulo. Sin contar los momentos bonitos, siempre se me hacía algo difícil releer estas escenas :(
