Capítulo 12: Una Larga Temporada
Había pasado un par de semanas después y, a decir verdad, todo había marchado con normalidad e incluso con cierta tranquilidad.
Era otro día normal de clases. Dixie salió de su casa y se dirigía camino hacia Kong Kollege. No le había ido nada mal en sus primeras semanas como estudiante, de hecho, en cuanto a las tareas y las clases, ella había estado teniendo buen rendimiento.
Ella iba caminando con tranquilidad a poca distancia de Kong Kollege. Cuando de pronto, una voz conocida la llamó y ella se volteó a mirar, adoptando una expresión de rareza al ver a cierto niño orangután.
—Hola, Dixie —apareció Jemky de repente, portando unas gafas de sol y apoyando una mano contra un árbol.
—¿Y tú qué haces por acá? —lo observó Dixie con sospecha, y se colocó en posición para pelear de ser necesario.
—Oye, tranquila, no quiero pelear —le respondió Jemky con unas pequeñas risas y caminando al lado de ella—. ¿Por qué andas tan sola por aquí? ¿Quieres que te acompañe hasta la escuela? —le dijo con una aparente amabilidad.
—Pues no. ¿Necesitas algo? —le preguntó Dixie con ironía.
—Bueno, yo solo venía a ver a una… linda niña —expresó bajando sus gafas y alzando la mirada. Luego, sacó un ramo de flores y se lo extendió hacia Dixie—. Es decir, tú, Dixie. Traje estas hermosas flores para una hermosa monita.
—¡Ay, ¿es en serio?! —respondió Dixie mirándolo con rareza—. ¿Y a poco para qué traes esas gafas?
—Son para que veas con un estilo diferente a quien tendrás a tus pies, nena —agregó él guiñándole un ojo—. ¿Sabes algo, Dixie? Cuando te vi por primera vez… no pude dejar de pensar en ti —le dijo en un tono dulce mientras seguían caminando—. En serio, eres la niña más hermosa y preciosa que he visto.
Al parecer, aquel niño orangután mostraba cierto interés en Dixie. De hecho, en algunas ocasiones durante esas semanas, él había estado tratando de interactuar con ella, pero Dixie no le iba a tomar importancia, ya que era uno de aquellos niños malos.
—Ah, y espera, te traje otros regalos más —agregó Jemky entregándole las flores de una forma forzosa y sacando de su mochila una caja con dulces—. Tengo estos dulces para que endulces tu corazoncito. Y mira también lo que te traje.
Jemky sacó de su mochila otra caja más pequeña y se la mostró a Dixie, mientras caminaban y ella lo miraba con rareza. Dentro de la caja, había un par de collares brillantes que tenían una apariencia bastante fina.
—Estas joyas también son para ti —le dijo entregándole la caja—. Cuando las rob… Digo, cuando las compré solo pensé que tú podías hacer que lucieran bonitas —continuó Jemky tomándole de sus cabellos con delicadeza—. Mírate, eres una niña preciosa, veo también que eres fuerte y sabes pelear muy bien. No he visto otra niña que sea tan linda como tú, y…
—¡Sí, sí, gracias, pero me tengo que ir! —interrumpió Dixie devolviéndole todas las cosas, casi lanzándoselas.
Dixie trató de ignorarlo y siguió caminando a pasos más rápidos, pero de inmediato, Jemky se le interpuso de frente.
—Eh, no tan rápido, nena. ¿Qué te parece si salimos alguna vez? Algo… como una cita, ¿eh? —continuó Jemky guiñándole un ojo de nuevo.
—¿Y qué te hace pensar que lo aceptaré? —replicó Dixie cruzando los brazos.
—Una niña linda como tú merece a alguien tan apuesto como yo —expresó con cierto orgullo—. No deberías estar sola, o te podría enamorar un fanfarrón, hay muchos niños malos.
—Como tú, por ejemplo —contradijo Dixie encogiéndose de hombros.
—¿Yo un niño malo? No, no, yo haría lo que fuera por tener tu corazón, nena —agregó tomando uno de los cabellos de Dixie con delicadeza—. Nos veríamos súper bien juntos.
—¡Ay, por supuesto que no, si tú eres malo! —le replicó Dixie antes de seguir caminando—. Aparte, mira nomás cómo lo tratas a Diddy, ¡eres un bravucón fanfarrón!
—Ehh… bueno, pero ¿sabes? —le dijo Jemky con una sonrisa forzada—. Solo por ti dejaría de ser así y me convertiría en el simio de tus sueños —le dijo envolviendo un brazo alrededor de los hombros de Dixie—. Y bien, ¿en qué estábamos? Ah, sí, ¿no crees que deberíamos salir, linda?
Dixie, perdiendo la paciencia, le jaló con fuerza de los mechones que él tenía en la cabeza.
—¡Quita tus manos de encima o ya verás! —exclamó Dixie en un tono amenazante que lo espantó de inmediato.
—¡Ay, está bien, está bien, Dixie! —respondió Jemky sonriendo temeroso mientras Dixie le sujetaba con fuerza de los mechones—. Solo quería que… me prestaras la tarea de matemática, es todo —le dijo con una mirada de súplica.
Dixie lo soltó e hizo un gesto de confusión ante tal pedido.
—¿Es en serio? La tarea son ejercicios planteados, y la maestra Wrinkly dijo que ninguna tarea podía estar repetida.
—Por favor, solo déjame copiarla esta vez… Es que no la hice —continuó él suplicándole con una sonrisa forzada—. Te prometo que nuestra cita será la mejor que tendrás.
—Ni siquiera te dije que sí en cuanto a salir. ¡Y haz tu propia tarea, niño anaranjado!
Dixie lo apartó del camino y siguió adelante, ignorándolo por completo. Pero ante eso, Jemky no parecía querer rendirse.
—Entonces si yo no presento la tarea, ¡nadie la presentará! —exclamó Jemky, y procedió a intentar arrebatarle la mochila a Dixie para intentar sacar su tarea.
—¡Oye, ¿qué te pasa?! ¡No es mi culpa que tú no la hayas hecho! —exclamó Dixie mientras forcejeaba contra él por proteger su mochila.
Ambos estaban luchando por obtener la tarea de Dixie, hasta que Jemky logró sacarla. Dixie se abalanzó contra él para recuperarla, pero luego él dio un giro repentino y la acorraló contra un árbol con una mano, mientras que con la otra sostenía la tarea.
—Y bien, decídete, Dixie —le dijo Jemky con una mirada fija—. O me la prestas, o la tarea se destruye y no la presentarás.
Dixie estuvo a punto de apartarlo con una sola patada… cuando de pronto, alguien más apareció y le dio un fuerte empujón a Jemky que lo tumbó al suelo.
—¡Eh! ¿Y tú qué te crees, enano desquiciado? —exclamó Jemky mientras se levantaba.
—¡Déjala en paz! —apareció Diddy poniéndose a la defensiva.
—Ay, ¿vas a defender a tu amiguita, mono tarado? —le dijo Jemky en tono burlón.
—¡De orangutanes odiosos y malandros como tú, sí! —respondió Diddy con firmeza y esta vez con una actitud desafiante.
—¡Muy alzadito te has vuelto, ¿no?! —exclamó Jemky antes de asestarle un manotazo en la cabeza a Diddy… Pero esta vez, Diddy no mostró ningún temor y le devolvió otros manotazos continuos.
Dixie, al ver cómo iba la escena, entró en acción y le dio otros manotazos a Jemky para apartarlo de un solo y ayudar a Diddy. Diddy tomó de la mano a Dixie para luego salir corriendo junto con ella.
—¡Vámonos, Dixie!
Ambos iban corriendo a velocidad rumbo a Kong Kollege, tratando de que Jemky los perdiera de vista.
Finalmente, llegaron hasta la escuela, los dos exhaustos del escape pero al menos a salvo por el momento. Iban a llegar al patio principal para tener mayor seguridad, pero de pronto…
—¡Atrápenlos!
Aparecieron sus cuatro compañeros malandros, incluido Jemky, quienes con rápidos movimientos, los atraparon a los dos, incluso a Dixie le sujetaron del cabello para que no pudiera realizar ningún ataque con el mismo. Los cuatro les arrebataron las mochilas a ambos mientras estos forcejeaban por evitarlo. Cuando las obtuvieron, les dieron empujones al suelo a los dos y los apresaron de las extremidades. Procedieron a hurgar en las mochilas hasta que encontraron lo que al parecer eran las tareas de matemática que tanto querían de los dos, y que desde hace tiempo era su maldad favorita hacia Diddy.
—¡Aquí nadie va a presentar ni una maldita tarea! —decretó Jemky sosteniendo ambas hojas y, sin dejar pasar más tiempo, las comenzó a romper en pedazos.
Diddy y Dixie se levantaron del suelo como podían y se escandalizaron al ver sus tareas todas destrozadas, mientras que los niños bravucones se les reían de forma malvada. Diddy tomó los pedazos de papel que estaban en el suelo y estuvo a punto de soltar toda su furia hacia el grupo.
—¡Malditos infelices, caras de…
—¡Un momento! —interrumpió Dixie mientras examinaba también los trozos de papel—. Esta no es la tarea, solo son unos apuntes sueltos para estudiar —afirmó antes de reírse con un gesto de victoria. Luego, buscó en su mochila, sacó otra hoja y se las mostró en la cara al grupo —. ¡Acá está la tarea! ¡Tontos!
—¡¿Pero qué?! —exclamó el cuarteto, desconcertados por la confusión.
—Son estúpidos, sean más observadores —se les burló Dixie.
—Pero la mía sí era la tarea —comentó Diddy frustrado mostrando los trozos de papel que, en definitiva, sí eran de la tarea.
—Espera —respondió Dixie mientras buscaba algo más en su mochila, y luego sacó otra hoja con ejercicios matemáticos escritos—. Aquí está, yo había hecho otra tarea de emergencia. Ten, solo ponle tu nombre.
Dixie le entregó la otra hoja a Diddy. Ella cargaba otra porque quería asegurarse ante cualquier circunstancia con los cuatro niños malos.
—¿Es en serio? ¡Gracias! —exclamó Diddy asombrándose ante tal "milagro"—. Oye, ¿y cómo así habías hecho otra?
—Tú me contaste que a estos idiotas les gustaba destrozar tareas —respondió Dixie.
—¡Ah, pero esto no se queda así! —exclamó Jemky a punto de atacar junto al grupo.
—¡Esperen, ahí viene Wrinkly! —interrumpió Rocky.
Pero por desgracia para los cuatro, y para fortuna de Diddy y Dixie, llegó Wrinkly más tarde saludándolos como siempre a sus estudiantes.
—¡Hola, mis niños! —dijo Wrinkly con alegría.
—¡Hola, maestra Wrinkly! —dijeron ambos grupos al unísono como si nada pasara, pero al mismo tiempo, lanzándose miradas fulminantes de forma indirecta.
—Oigan, ¿por qué hay tantos pedazos de papel tirados en el suelo? —les preguntó Wrinkly observándolos con extrañeza.
—Ah, es que estábamos jugando a los retos con nuestros amiguitos Diddy y Dixie —afirmó Rocky con una sonrisa forzada—. Y necesitábamos pedazos de papel, pero se nos cayeron.
—Oh, de acuerdo, niños, tengan cuidado —respondió Wrinkly antes de retirarse—. Ahora recojan todo eso y luego vienen a la clase.
La clase ya iba a empezar y todos se dirigieron al salón. Jemky, Melenky, Rocky y Mandrew los observaban con enojo a Diddy y Dixie, mientras que este par solo se les reían y se burlaban de lo mal que les había salido su jugada; ahora a ellos cuatro les bajarían nota o los sancionarían al no presentar la tarea.
Diddy estuvo agradecido con Dixie por haberlo salvado de no poder presentar la tarea que él había hecho; recordó este gesto una y otra vez mientras caminaban hacia al salón. Tenía un poco más de confianza en Dixie y ya no temía tanto por sus cuatro compañeros bravucones.
—Oye, Dixie —le habló Diddy mientras se dirigían a sus puestos.
—¿Sí?
—Es que estaba pensando si podríamos ir esta tarde a las ruinas de la Isla DK —le propuso Diddy alegremente.
—¿Las ruinas? ¡Suena interesante! —respondió ella mostrándose entusiasmada—. Está bien. ¿Vamos con Tiny, Kiddy y Chunky?
—Por supuesto —respondió Diddy sonriendo.
—De acuerdo, entonces nos veremos más tarde.
Los dos fueron a acomodarse en sus respectivos puestos, y la clase empezó como siempre.
Los días, o mejor dicho, varios meses, continuaron de igual manera. Dixie, junto con su ahora corta familia, volvían a estabilizarse un poco y hallar esa tranquilidad que necesitaban y, aunque en muchas ocasiones se deprimían o sentían nostalgia de sus antiguas vidas, los otros kongs siempre lograban sacarles una sonrisa y les daban ánimos en ciertos días. A la familia Kong le encantaba pasar tiempo con todos reunidos, y nunca olvidaban a los cuatro nuevos también, a quiénes ya los consideraban como otros integrantes más de la familia. Por lo general, organizaban fiestas, salían a surfear, a la playa, o hasta una simple reunión. Chunky, Kiddy, Dixie y Tiny se sentían muy a gusto en la Isla DK; el resto de kongs los trataban súper bien y les ofrecían alguna ayuda cuando la necesitaban.
Todos continuaron sus vidas normales: Donkey salía a menudo con Candy, pasaba tiempo con Diddy o también se encargaba de la reserva de plátanos, Funky andaba con sus nuevos inventos, Swanky con sus empresas de juegos, Lanky con sus chistes y sus comidas, Wrinkly con sus clases, y Cranky con sus relatos de "sus tiempos" y con uno que otro de sus experimentos.
La vida para Diddy también había tenido un cambio positivo. Aunque siempre tuvo sus amigos de la isla, no tenía a nadie en la Isla DK de su edad para jugar, contar secretos o compartir gustos. Su amigo más cercano a eso siempre fue Donkey, quien más que su tío, era como un hermano mayor, pero aun así, la mentalidad de Donkey ya estaba en asuntos de simio adulto. Hacía tiempo atrás, Diddy tenía amigos en la escuela, pero estos se mudaron más tarde, y llegaron los compañeros malos que tenía ahora, quienes alguna vez fueron sus amigos, pero resultaron ser unos malandros. Y ni hablar del resto de sus compañeros; ni siquiera querían juntarse con él. Pero con la llegada de Dixie y compañía sus días mejoraron; siempre salía a jugar con ellos cuatro, salían a pasear o simplemente se reunían a conversar; Diddy volvió a encontrar en ellos ese tipo de amistad positiva con quienes divertirse.
Pero a su vez, algo curioso le sucedía: si bien Diddy se había hecho muy amigo de Tiny, Kiddy y Chunky y disfrutaba pasar el rato con ellos, había una cercanía especial con... Dixie. Estaba muy claro que Diddy sentía algo más allá que una amistad; él disfrutaba mucho pasar con ella y le tenía una confianza especial. Por otra parte, Dixie se mostraba con el mismo afecto hacia Diddy. Se habían convertido en muy buenos amigos a pesar de que en el fondo estaban sintiendo algo más… Pero a su vez, los dos eran muy tímidos en ese ámbito para admitirlo. Donkey, en ciertas ocasiones, animaba a Diddy para que le dijera sus sentimientos a Dixie y, al mismo tiempo, Chunky, Tiny y Kiddy hacían lo mismo con Dixie, tanto que incluso, cuando andaban en grupo, los dejaban a los dos solos a propósito, pero ellos dos nunca se atrevían a decir lo que sentían por temor a no ser correspondidos o arruinar la amistad, a más de que aún querían seguir conociéndose mejor antes de pensar en dar un paso amoroso.
Por otra parte, el cuarteto de niños malandros de la escuela había dejado de molestarlos tanto, más bien porque Dixie les había dado unas cuantas lecciones, ya que ella solía detener sus ataques, hasta el punto en que ellos ya ni se molestaban en querer pelear. Aunque Diddy no solía enfrentarse bien a los cuatro, sí había un pequeño motivo por el que se armaba de fuerzas para hacerlo… y sí, era en las ocasiones en que Jemky se le acercaba a galantearle a Dixie; pues al parecer, aquel niño orangután se mostraba bastante interesado en ella, y varias veces intentaba proponerle citas o darle regalos. A Diddy le era inevitable ponerse furioso cuando Jemky intentaba tener ese tipo de acercamientos hacia ella. Aun así, él intervenía porque a más de eso, a Dixie también le molestaba esa actitud de Jemky y, así mismo, ella lo rechazaba directamente y hasta le podía dar su merecido si él seguía con la insistencia.
Diddy y Dixie llegaron a tolerar un poco a aquel cuarteto de la escuela, pero nunca a llevarse del todo bien. Aun así, teniéndose el uno al otro, ya no tenían temor alguno de estar cerca de sus odiosos compañeros; generalmente, entre los dos se defendían de ellos. Diddy, por su parte, nunca le contó la verdad de esos cuatro bravucones a Donkey, y Dixie, por su lado, también mantenía eso en secreto a pesar de que ella consideraba que lo correcto sería que Diddy lo contara. En varias ocasiones, Dixie le sugería a Diddy que los reportara, pero él jamás quiso hacerlo, así que Dixie tan solo trató de entenderlo y esperar también que llegara el final de la escuela para ya no tener que verlos más a esos cuatro niños bravucones.
En fin, Diddy y Dixie se habían convertido en amigos inseparables: a menudo andaban juntos, y lo que más les gustaba hacer era ir a jugar y explorar la isla o simplemente a sentarse a conversar. En raras ocasiones, discutían y se enojaban por motivos pequeños como cualquier amistad, pero siempre sabían reconciliarse. De vez en cuando, casi algo pasaba, o alguno de los dos se armaba de valor para decir lo que sentían… pero nunca lograban hacerlo; tampoco querían que su amistad se echara a perder en caso de que fuera un sentimiento no correspondido. De todas formas, habían formado una amistad especial, la cual ambos se sentían a gusto de tenerla.
Fue una larga temporada tranquila; incluso ni el rey K. Rool los había vuelto a molestar.
N/A: Hasta aquí toda la parte introductoria del fanfic :) Ya después… se vendrán varias cosas.
