Aquí otro pedacito para este fandom, siguiendo un reto personal de mi bae: tres palabras al azar, con un género al azar y hacer que tenga sentido, por supuesto que sí.

Advertencia: Angst, spoiler muy ligero de la serie


Retazos

Sun Wukong era consciente que a lo largo de su extensa vida se le había clasificado de muchas formas: revoltoso, engreído, guapo, irritante, presuntuoso, una espina en el costado entre otros tantos que ya no podía recordar; la mayoría los presumía como una medalla y otros los ignoraba como si metafóricamente las metiera bajo una alfombra imaginaria. El único adjetivo que ni siquiera se molestaba en negar y difícilmente presumía es que es un acumulador compulsivo, como cualquier de los monos que merodeaban por su montaña siendo sinceros.

Ni siquiera podía decir que guardaba cosas en su Sala de Trofeos por alguna razón importante o por un lazo sentimental, si algo llamaba su atención simplemente era agregado a su siempre creciente montaña de tesoros para ser rápidamente olvidado en el lugar acumulando polvo. Sin embargo, aunque no había ninguna razón por la que acumulaba sus cosas, eran eso, suyas y detestaba con pasión que otros las tocaran. Por algo son suyas, ¿cuál es la necesidad de alguien, cualquier persona, de tocarlas?

Probablemente su sucesor es la única excepción a ello, pero es porque el pequeño MK mostraba una reverencia a cada uno de los objetos que componen su tesoro que se volvía cada vez más graciosa mientras más lo veía interactuar con ellos. Murmuraba para si mismo al encontrar algo nuevo o emitía pequeños chillidos al reconocer otras cosas que conocía solo de nombre. Ah bueno, también había otra excepción hace mucho tiempo, pero no era el momento para pensar en ello.

No, en ese momento debe concentrarse en encontrar un objeto que MK y el señor Tang habían perdido la última vez que habían estado ahí buscando no sabe exactamente el qué para hacer algo a lo que no le prestó mucha atención cuando MK le estaba explicando, ¿mejorar el cauce de un rio? ¿arreglar la estación del clima? No está seguro y no le importa, pero lo que están buscando es lo suficientemente importante como para que el muchacho pase de una pobremente organizada pila a otra sin murmurar para si mismo o detenerse a admirar los objetos con los que se encuentra.

¿Qué era lo que buscaban nuevamente? Un Inhala… ¿qué? No, no espera eso no era, un respira-algo, ¿respirador? Lo que sea, se había distraído cuando MK le había tratado de explicar como se veía la cosa que estaba buscando y el nombre no se había quedado el suficiente tiempo en su mente como para recordarlo, lo único que sabe es que es pequeño e importante, un aparato valioso que ayudaba a la reencarnación del antiguo Monje a mantenerse con vida. Honestamente, si no fuera porque, aparentemente, el hombre se moriría sin eso probablemente ni se molestaría en buscarlo. Mortales, tan divertidos, muriéndose por cosas tan sencillas como no ser capaces de respirar por si mismos.

Ridículo, está seguro de que si personificaba la situación adecuadamente haría reír a Li… nope, no, no seguirá ese camino. Debe concentrarse en encontrar el respirador o lo que fuera.

—Hey, ¿Monkey King? —la voz del joven lo distrae de lo que está revisando, haciéndole alzar la vista emitiendo un ruido de curiosidad, —¿qué es esto? Desentona un poco con el resto de… —hace un gesto hacia la pila de objetos que había estado revisando.

Pero Wukong no escucha su pregunta, no del todo realmente, su concentración fija en lo que trae entre las manos. Es, a ojos del humano probablemente, una capa, o más bien lo que queda de ella, raída y algo rasgada que a pesar del desgaste de los años mantiene su color morado original, sino es que un poco más claro por el obvio paso de los años. El cabello de su cola se eriza cuando el joven la agita descuidadamente, girándola entre sus manos para inspeccionarla lanzando un montón de preguntas que no son procesadas en su mente fijada en un solo objetivo: recuperar la capa.

Había olvidado por completo que formaba parte de su montaña de tesoros. Probablemente esa capa es el único objeto que mantenía allí con un alto valor sentimental, ya sea anhelo o culpa, había perdido la noción de esto hace mucho tiempo cuándo la perdió de vista y asumió erróneamente que la había extraviado. El problema es que, aunque una parte de si quiere recuperarla porque es suya, suya ¿qué le daba el derecho a tocarla? ¿a borrar lo que pudiera quedar de su olor con el suyo? ¿a mancharla, o romperla o quedársela…?, la otra no tan predominante no quiere tener que responder a las preguntas de su sucesor, ni mucho menos revelarle que en algún momento le había pertenecido a Macaque y la forma en la que había llegado a sus manos luego de que él…

—Dámela —ordena interrumpiendo sus palabras, sus manos temblando ligeramente entre el deseo de moverse para recuperarla por si mismo y su voluntad de permanecer en su sitio para evitar hacer algo de lo que podría arrepentirse.

—Es… es sólo un pedazo de tela —el joven rie nervioso mirándolo con preocupación—, pero tengo curiosidad porque no se parece a…

—MK —el mono gruñe ligeramente sorprendiéndolos a ambos—, entrégamela, ahora.

Si alguien, en un futuro, les preguntara a ambos que pasó exactamente ninguno sería capaz de recordarlo con completa claridad, pues los eventos se dieron tan rápido que a penas y fueron registrados por maestro y pupilo.

Lo que sucede en ese instante, es que MK retrocede un paso instintivamente llevando la vieja capa a su espalda, no sabe si para protegerla de lo que fuera a hacer Monkey King o por un infantil deseo de quedársela; al mismo tiempo Wukong pierde la paciencia y se lanza hacia él mostrando sus colmillos en advertencia pasando sus manos a sus costados tomando la tela, en lugar de bordearlo o girarlo para recuperarla. Es tan sólo un momento, en un arranque de pánico que MK no sabe exactamente de dónde surge, su cuerpo reacciona al ataque tratando de defenderse de la única forma que le parece lógica: halando la tela con una mano y tratando de apartar a su maestro con la otra.

En respuesta al forcejeo, que la mente nublada de Wukong interpreta como un desafío, el mono jala con ambas manos tratando de apartar al joven con su cola, gritando una y otra vez que se la regrese sin ser consciente de ello. En un segundo, ambos están halando la capa en direcciones opuestas, gritándose cosas que ninguno puede entender, y al siguiente el fuerte sonido de la tela al rasgarse dividiéndose en dos partes los hace detenerse.

Agitado, MK suelta el pedazo que quedó en su mano viéndolo caer lentamente a los pies de su maestro, pasando sus ojos de la tela al mono, quién por su parte observa el pedazo en su mano con la mirada distante. Tragando con fuerza el joven alza una mano tratando de hacer o decir algo, asegurarle a su maestro que estaba bien, ¿qué solo era un pedazo de tela? ¿qué el podría arreglarla si tan solo…? Para su enorme sorpresa la reacción inmediata de Monkey King es gruñirle lanzando una mordida en la dirección general donde está su mano, evitando morderla por muy poco cuando el joven la retira pegándola contra su pecho.

—Monkey King lamento mucho…

—Vete —interrumpe el mono agitando su cola y golpeando el suelo con fuerza—. Vete, vete, ¡VETE! ¡VETE! —vocifera cayendo de rodillas tomando apresuradamente la tela que estaba en el suelo.

—Lo siento… no quería… lo siento —MK se aleja poco a poco, confundido por la situación y dolido por causarle estrés a su maestro—. Volveré… bueno luego, cuando quieras que… eso —asiente, aunque el mono no lo ve, su mirada perdida en la tela que aferra con fuerza contra su pecho.

No queriendo tentar más a su suerte, se gira y se transforma en ave para salir volando más rápido de allí.

Por su parte, Wukong abre y cierra sus manos apretando su pecho junto a la tela tratando de calmar su respiración. Es estúpido, se dice apartando un poco los dos pedazos de la capa; es estúpido, no había nada que salvar de la capa, lo lógico por supuesto es que luego de tantos años la tela cediera a cualquier fuerza terminando de romperse. No había nada que hacer por ella incluso en aquel momento en que la obtuvo. Sin embargo, no puede entender porque le duele tanto.

Es estúpido. Realmente estúpido.

Es tan estúpido y torpe que no puede cuidar apropiadamente algo tan sencillo como un pedazo de tela, ¿verdad? Ni siquiera porqué es lo único que le queda de aquellos días, mejores tiempos en los que la vida era mucho más sencilla; ni siquiera porque es, tal vez, su bien más preciado podía cuidarlo como es debido.

Estúpido.

—Estúpido —susurra tomando las dos mitades en manos temblorosas, tratando de juntarlas y… no sabe, ¿unirlas mágicamente con su fuerza de voluntad?

Desgraciadamente entre el temblor de sus manos y su visión borrosa por las lágrimas que se esfuerza en ignorar, hace un mal movimiento jalando la tela de mala forma provocando que se rompa nuevamente empeorando la situación aún más. Ahora con más pedazos rasgados que los que tenía en un principio llega a la conclusión de que no podría arreglarlo, no tenía solución alguna y por más que intentara solo empeoraría todo.

Es lo que hace, ¿no? Empeorar las cosas. Aprieta su mandíbula con fuerza tomando los pedazos de tela entre sus manos juntándolos hasta hacer una pequeña bola, sintiendo la ira crecer en su cuerpo hasta que en un arranque de frustración lanza con un pequeño grito la pequeña bola de tela lejos de él viendo como se deshace y los múltiples retazos de tela caen lentamente en diferentes direcciones. Así como surgió, la ira se desvanece de golpe dejando tras de si una ola de cansancio.

Descorazonado mira los retazos de tela envolviendo su cola alrededor de su cintura, demasiado agotado como para hacer algo más que permanecer allí, sentado en medio de las montañas de sus tesoros sintiéndose derrotado. Lentamente se abraza a si mismo recogiendo sus piernas y apoyando su frente sobre esta dejando escapar una pequeña risa sin humor.

No sabe ni siquiera porque lo intentó en primer lugar, ya debería estar acostumbrado al hecho de que lo único para lo que es bueno es para destruir. Todo lo que toca, incluso por un breve momento, se destruye en sus manos.

—Patético —murmura para si mismo apretando sus manos ignorando las lágrimas que corren por sus mejillas.

Patético y nada más. ¿Cómo pensó que podría arreglar algo? Ni siquiera pudo cuidar de su antiguo dueño como se merecía, mucho menos fue capaz de cuidar de una vieja y raída capa que hasta ese momento había representado un agridulce recuerdo, un memento para recordar lo que tuvo y perdió por su propia culpa.

Simplemente patético.