A los pies de una reina

Era quizá la cuarta vez que Harry iba solo por mandado, pero era la primera en la que casi lo mataban, muerto por unas latas de piña...

Harry había ido a una tienda cercana por algunas cosas que la tía Petunia necesitaba; a sus ocho años de edad, Ya sabía la ruta y el cuidado que debía tener, tanto con el mandado de la tía, como con su persona.

Se fijó en ambos lados de la calle antes de cruzar con sus dos pesadas bolsas.

Supuso él después, que cruzó la calle con demasiada lentitud y no vio venir el auto a tiempo.

Pero la bonita mujer pelirroja lo empujó justo a tiempo. Sintió el auto rosarle el brazo. De no haber sido por esa mujer, Harry habría muerto atropellado.

Aunque claro, Harry no lo pensó así en su momento. Solo pensó que la mujer lo había empujado y que pudo haber tirado las cosas de la tía Petunia. Fue hasta mucho después, que pensó que el auto pudo haberlo más que lastimado, lo pudo haber matado.

Resultó que esa era la segunda vez que La mujer le salvaba la vida.

(***)

Harry no tenía idea de quien era la bonita mujer que le había salvado la vida, pero lo supo cuando Hagrid le regaló el álbum de fotos.

Ahí estaba su salvadora. Su madre.

Harry lloró por haber sido tan desagradecido en esa ocasión, por la oportunidad perdida de haberle dicho algo, por agradecimiento y por tristeza.

(****)

No había duda, lo había salvado tres veces la misma mujer… aquella vez cuando cruzó la calle, cuando Voldemort lo intentó matar cuando era bebé, y…

Harry estaba llorando, su compañero auror, Satia, no lo entendía, sabía que la situación había sido peligrosa, pero finalmente todo había salido bien. El traficante de Pegasos había sido un poco más rudo de lo esperado, pero afortunadamente ese hechizo que casi le cortaba la cabeza a Harry había fallado. El traficante tenía al parecer muy mala puntería.,

Satia creía que su superior Harry moriría, pero en el último momento, el brazo del traficante se había movido como por un extraño espasmo, como si lo hubieran empujado. Era una gran suerte la que tenía Potter.

Satia dio algunas palmaditas de confort a su superior, pero la verdad era que no sabía que hacer para consolarlo; habían ya otros aurores retirando al detenido, rescatando a los Pegasos y recogiendo muestras, por el momento Satia y Harry solo tenían que esperar a dar su reporte y que terminasen de limpiar la escena. Satia trató de pensar en algo que distrajera a su sollozante superior , Poter.

"Oye, ¿No hueles como a flores?... ¿A esas pequeñas… bilis… no… ¡Lilis!?"

Harry solo lloró más fuerte.

*Notas de Smithback

Para celebrar el día de las madres…

el título viene de un poema de Charles Baudelaire , 'La giganta'; un grandioso poema, de los pocos que me gustan y entiendo

A los pies de una reina

Harry tiene muy buena suerte… o alguien que lo cuida…