Disclaimer: Naruto no me pertenece.
Aclaraciones: Universo Semi Alternativo. Naruto y Menma son gemelos. El tiempo de la historia es después de la Cuarta Guerra Ninja.
A Messy First Kiss
Estaba nerviosa. Hacía todo lo posible por ocultarlo, enterrar sus emociones y que de sus ojos solo se reflejara seriedad, como la de cualquier miembro de su clan. Delante de ella, Ibiki Morino, no le apartaba los ojos de encima. Dijo que la sometería a una prueba cuando sus subordinados llegaran para apoyar pero Hinata sabía que la dichosa prueba comenzó desde el momento en que ambos se sentaron a los dos extremos de la pequeña mesa y dentro de la habitación de poco espacio y cuatro paredes que necesitaban remodelarse, teñidas de un tono gris y teniendo como única iluminación la bombilla parpadeante encima de ellos.
Ser ANBU requería una fuerza física y emocional inquebrantables o las habilidades necesarias para enriquecer la organización. Hinata pensaba que podía hacerlo, era una ninja experta en rastreo, su experiencia y su doujutsu podrían ser una gran herramienta. Kakashi-sensei le había ayudado al otorgarle una carta de recomendación a pesar de que el hombre de cara cubierta se mostró sorprendido por el interés de unirse a ANBU.
Hinata también se sorprendía de la toma de la decisión. Nunca imaginó que seguir avanzando en su carrera como shinobi de Konoha formara parte de sus planes a futuro. Siempre pensó que con alcanzar el nivel jounin sería suficiente. Durante la guerra demostró a su clan y a su padre lo capaz que era, ganándose en parte el reconocimiento de su padre. Sin embargo, ser la cabeza del clan Hyuga nunca había estado en sus planes, ese papel le quedaba perfectamente a Hanabi, era la candidata adecuada para llevar a cabo las actividades que su padre, en cuanto se retiraran, realizaba desde que se le otorgó el título.
Aunque sus motivos eran personales. Quizá el ingreso a ANBU podría ayudarle en su situación actual, esforzarse aún más y enorgullecer a aquéllos que le importaban. Ser reconocida.
El rostro de Naruto se atravesó en sus memorias, apretó de manera automática los dedos sobre sus rodillas, sintiendo un dolor que pensó muerto revivir en el interior de su pecho.
—Terminamos.
La voz ronca del veterano hombre la despertó de sus pensamientos a pesar de aún mantener la mirada directamente en los orbes oscuros de Ibiki. Éste simplemente se levantó de la silla, con dirección a la puerta de la habitación. Ella se sintió confundida.
—¿M-Morino-san?
—Hinata-san —se puso derecha, cómo cuando su padre le llamaba para decirle los errores que tuvo en el entrenamiento de ese día—. Reconozco tu habilidad en cuanto a rastrear enemigos, no dudo que tu doujutsu sea muy útil en las misiones de búsqueda de renegados. Sin embargo, tus emociones se reflejan fácilmente en tu rostro.
Hinata abrió los ojos, sorprendida pero luego bajó la mirada. A pesar de sus esfuerzos, aún seguía fracasando en ello. Recordó que Kurenai-sensei le había aconsejado ser lo menos expresiva delante de Ibiki Morino, él era un experto en el lenguaje corporal y podía saber lo que la mayoría de las personas pensaban a pesar de no tener un jutsu como tal cómo el clan Yamanaka.
—Entiendo, Morino-san.
—Hazte cargo de ese aspecto de tu persona, cuando te sientas lista, vuelve para presentar la prueba. Mientras tanto, te permitiré que entrenes con algunos compañeros para que desarrolles más tus habilidades —abrió la puerta pesada, dejando ver la figura de una joven mujer con su chaleco de jounin, cabello púrpura y ojos achocolatados—. Ella es Yugao, te ayudará en mejorar tus habilidades kunoichi —la joven inclinó la cabeza a modo de respeto e Hinata se levantó de la silla, imitando el mismo gesto—. Yugao, ella es Hinata Hyuga. El Sexto la recomendó pero aún le falta entrenamiento, a partir de ahora le ayudarás a mejorar sus habilidades. Siéntete libre de emplear los métodos que gustes.
—Sí, capitán —respondió la mujer con firme voz. Hinata la admiró, no solo era hermosa también demostraba una actitud firme y segura, ni siquiera la impotente figura de Ibiki Morino parecía intimidarla.
—Entonces me retiro —antes de marcharse por completo, por un breve momento y en un tono de voz completamente audible para la joven ANBU, susurró—. No te contengas, el que sea parte de un clan respetuoso no le hará tener privilegios, quiero que eso sea lo primero que entienda.
Yugao no dijo nada ni tampoco se movió, mantuvo la mirada fija en la figura de la joven Hyuga, notando su nerviosismo a pesar de estar de pie y concentrada en mantener sus emociones lo menos visibles. Cerró los ojos por un momento, meditando sobre qué lecciones le enseñaría a la joven. Ni siquiera compartió miradas con Ibiki, solo le escuchó marcharse con sus pasos sólidos a través de los vacíos pasillos de la base.
—Hyuga-san —llamó, la chica de inmediato prestó atención a sus palabras—. Vaya a casa y descanse. Mañana a primera hora iré por usted para comenzar con nuestro entrenamiento.
La joven asintió.
—También quiero aclararle que, al entrenar conmigo, ningún título entre nosotras será mencionado. Solo la trataré con el respeto que se merece afuera de nuestros entrenamientos o cuando sea necesario. ¿Eso es un problema para usted?
—No —respondió con seguridad. Yugao asintió.
—De acuerdo. La veré mañana entonces. Trate de descansar lo mejor posible. Eso es todo de mi parte, puede retirarse.
Hinata asintió, observando a la mujer marcharse después de terminar de darle las indicaciones. Soltó un suspiro guardado en su interior, temblaba y sabía que no era por la temperatura de la habitación. Abrazó sus brazos desnudos para brindarse calor, tomándose su tiempo para después marcharse de la sala.
Cuando Ko le informó que una mujer de nombre Yugao la buscaba, Hinata se apresuró en arreglar todo lo necesario para el entrenamiento. No conocía personalmente a la mujer de cabello violeta pero podía adivinar que era una ninja fuerte si Ibiki-san le encomendó ayudarla a entrenar. Agradeció al joven castaño por el aviso y salió de la sala común de la casa principal, dirigiéndose hacia la salida donde la joven de labios llamativos la esperaba.
—Buenos días, Hyuga-san.
—Buen día, Yuga-san.
Sin decirse nada más, ella avanzó. Hinata le siguió el paso, mentalizándose que debía demostrar lo capaz que era. No sabía con qué pruebas se enfrentaría, no obstante las superaría.
Ya no era más la niña llorona de antes, ahora era una ninja fuerte.
Esperaba que la lección fuera esquivar miles de trampas, escapar de una trampa en el fondo del agua, luchar contra bestias temibles o buscar un objeto de valor en miles de agujas. Ese tipo de cosas fueron las que Hinata imaginó a lo que sería sometida.
No a ese tipo de entrenamiento.
—¿P-Podría repetirme la indicación, Yuga-san?
—Desnúdate —repitió sin titubeos la mujer, sentada en la silla y mirando seriamente a la joven Hyuga.
La chica volvió a parpadear, quizá pensando que escuchó mal o era una clase de broma cruel por ser novata. Sin embargo, los ojos serios de Yugao no mostraban señales de estar bromeando.
—Yo…
—Eres virgen, ¿verdad?
La pregunta tan directa le hizo sonrojar.
—Eso quiere decir que nunca has estado con un hombre.
Ella negó frenéticamente. Nunca había estado con un hombre, era una señorita, una ninja dedicada. Se la pasó enamorada de un hombre cuyos recuerdos estaban perdidos y no la veía más que una simple amiga, no prestó atención a esos detalles, hasta le avergonzaba si quiera la idea de darse placer a sí misma.
—Durante la Academia es obvio que a niñas como niños se les da una educación general, neutral, lo básico para ser un ninja de Konoha. Hace mucho tiempo quitaron del sistema de enseñanza las doctrinas que las kunoichis en generaciones anteriores llevaron a cabo en sus misiones —miró a la chica, a pesar de su mirada confundida podía apostar que sabía a qué dirección iba su explicación—. Seducir, esa era su principal actividad, a través de aquella habilidad podían espiar al enemigo e incluso asesinar a sus objetivos, usando la pasión y el sexo como un plus. Era muy común que las niñas supieran hacer eso. Sin embargo, los tiempos cambiaron y se declaró inapropiado para las nuevas generaciones de shinobis. Aunque en ANBU eso sigue siendo una enseñanza, forma parte de las habilidades que debe poseer un ninja de esta categoría y es muy útil en las misiones —notó los orbes de Hinata temblar con miedo, estaba segura que a su cabeza miles de escenarios sobre lo que le dijo se estaban desarrollando. Era fácil de leer—. Descuida, nadie te obligará a que tengas sexo, solo quiero que aprendas a manejar más tus emociones en este tipo de circunstancias, en especial considerando que eres una chica virgen. Si te sirve de consuelo, seré yo la que vea tus avances, considero que es más incómodo que sea un hombre el que te lo pida cuando, generalmente, debe ser así.
Hinata apretó sus manos, sin saber qué decir. Entendía las razones que Yugao le explicó. ANBU era la parte oscura de Konoha, la que se ensuciaba las manos y la que hacía los trabajos sucios, por decirle de esa manera. Sabía que detrás de las órdenes de Yugao no había otros motivos ocultos, estaba siendo profesional, aunque eso no evitaba que se sintiera incómoda. Ni siquiera con sus propias compañeras, Sakura e Ino, se sentía cómoda de mostrar su cuerpo, era demasiado tímida. Era una virgen, como Yugao la señaló.
—Hinata, es una orden. Si no vas a cumplirla, temo decirte que este entrenamiento será completamente inútil si no eres capaz de…
—E-Entiendo, Yugao-san. L-Lo haré.
—Bien.
Respiró hondo, el calor aún presente en sus mejillas y los nervios. Sabía de antemano que formar parte de ANBU iba a ser difícil, pero siendo sincera no esperaba ese tipo de actividades.
Poco a poco se quitó sus sandalias ninja, dejándolas a un costado, sintiendo el frío del piso de la habitación en sus pies. Se quitó su portaherramientas, dejándola a un lado. Bajó las medias que usaba y las dobló, todo lo hacía con lentitud, Yugao no le decía nada pero su mirada sobre ella le hacía temblar. Era obvio que no era la primera vez que ordenaba tal cosa, incluso pensó que probablemente a ella también la sometieron al mismo entrenamiento. Desabrochó sus shorts y los bajó, con los ojos fuertemente cerrados, quedando en sus pantys simples y cómodos que siempre utilizaba, nada llamativo ni atrevido. Volvió a respirar hondo, dándose valor para quitarse la parte superior de su ropa, la blusa sin mangas, bajando el zipper. Sus senos se aflojaron debido a la falta de presión, quedando atrapados en el sostén que llevaba, haciendo juego con la pantaleta. Acomodó en perfecto orden su ropa, quedando en ropa interior, sintiendo frío y mucha vergüenza.
Yugao se mantenía inexpresiva.
—Te pedí que te desnudaras, eso incluye también la ropa interior, Hinata —recalcó la mujer.
Hinata alzó las cejas, incómoda. También apretó sus labios hasta hacer una fina línea pero no objetó. Si retrocedía, toda la convicción que reunió para formar parte de ANBU y pedirle a Kakashi-sensei, ahora el Sexto Hokage, se irían a la basura, un desperdicio de tiempo.
Asintió a las palabras de la mujer, llevando sus manos hasta el seguro del sostén, liberándose de éste; agarró el frente por puro impulso, sintiendo la presión ser liberada de su busto. Con los ojos apretados se quitó la prenda, quedando desnuda de la parte interior. Quiso taparse sus senos con los brazos, evitar que los ojos de Yugao se pasearan por su piel expuesta pero la voz firme y autoritativa de la mujer se lo impidieron.
—No te tapes.
Fue muy duro acatar tal orden, no obstante lo hizo, pegó sus brazos a los costados de su cuerpo, sin cubrirse. Era vergonzoso.
—Deshazte de la última prenda.
Hinata aspiró aire, casi con los ojos húmedos. No quería hacerlo, de verdad que no quería. Pero no tenía el valor de decirlo en voz alta, sobre todo con los ojos marrones de Yugao mirándola sin sentimiento alguno.
Metió los pulgares por el interior de la prenda en los costados, bajándola. El clima helado de la habitación le hizo temblar. Quedó desnuda por fin, tal como llegó al mundo, frente a los ojos inexpresivos de Yugao que la observaban de cabeza a pies.
—Acércate —ordenó nuevamente.
Con pasos temerosos, ella se acercó hasta que la joven le dijo que parara, quedando cerca de Yugao. Ésta se levantó de la silla y caminó a su alrededor, observando con detalle su cuerpo.
—Tu piel es clara —los dedos de Yugao bailar traviesamente por su espalda le hizo casi soltar un grito pero lo aguantó— y tersa. Tienes un buen físico, se nota tu entrenamiento. Tu silueta sin duda es atractiva, no dudo que más de un hombre te haya dado más de una mirada por la calle. Tu trasero es sólido y no está caído, un punto a tu favor.
Yugao ahora estaba al frente, mirándola cara a cara. Ella era baja de estatura a comparación de la ninja, sus ojos miraron sus senos, cosa que la abochornó completamente y siguió bajando.
—Senos de un tamaño adecuado para la fantasía de cualquier hombre, vientre plano, cintura pequeña pero caderas anchas y atractivas. Tus muslos son fuertes y apetitosos. Y tu intimidad, bueno, luce como la de todas —señaló.
Yugao volvió a sentarse.
—Vístete.
—S-Sí.
Regresó hasta donde estaba su ropa, no pensando dos veces y vistiéndose lo más pronto posible. Se puso apresuradamente la ropa interior, ya el resto de su conjunto fue más sencillo.
Cuando estuvo completamente vestida, suspiró con alivio, aunque el sonrojo en sus mejillas seguía presente. Elevó su mirada, observando a Yugao, esperando alguna frase por parte de ella.
Ésta simplemente cruzó sus piernas.
—No dudo que tu apariencia tímida y virginal sean atractivas para los hombres, les resulta hasta divertido la actitud de una chica virgen. Pero para otros es un completo fastidio, especialmente si te quedas congelada. No a todos les gusta hacer el trabajo ellos solos, se aburren con facilidad. Tampoco estoy diciendo que te dejes manosear, eres libre de defenderte en cuanto te sientas incómoda, pero debes considerar que una misión siempre es la prioridad de un ANBU.
—Uhm —asintió.
—Tienes un hermoso cuerpo, Hinata, aprovéchalo. Eres una mujer atractiva. No puedo quitarte tu timidez de la noche a la mañana, pero sí puedo hacerte tener más confianza en ti misma.
—Yugao-san —habló con voz tímida, casi diminuta, abrazándose—. ¿M-Me harán hacer esto en la prueba…?
—Es posible, no lo sé con seguridad, pero debes prepararte para cualquier circunstancia. Dejar de tener vergüenza forma parte de los requisitos para ser ANBU, por ello de este entrenamiento. No puedo asegurarte que el día en que presentes la prueba no te vayan a pedir desvestirte, pero es mejor estar preparada si eso ocurre. No creo que el capitán Ibiki tenga la paciencia que yo te mostré.
La sola idea de repetir lo mismo pero ahora con Ibiki Morino siendo el que esté sentado en la silla, en lugar de Yugao, le hizo temblar.
—Mañana te pediré lo mismo, y lo seguiré haciendo hasta que dejes de temblar cuando te quites la ropa. Y cuando vea que dominas ya eso, te pediré que trates de seducirme.
—¿Eh? —exclamó, sorprendida. Apenas se sentía aliviada de que todo eso terminara cuando Yugao destruía su reciente tranquilidad.
La joven ladeó el rostro.
—¿Te molesta el hecho de que sea mujer? Si lo prefieres de otro modo, puedo pedirle a alguien más…
—¡N-No! —esa idea era aterradora, apenas podía mirar a los ojos de Yugao, no quería imaginar cómo sería si fuera otra persona, especialmente un hombre, el que la viera—. E-Está bien así, Yugao-san.
—Muy bien, te veré mañana. Ya sabes dónde está la salida. Pasaré por ti a la misma hora.
La ninja no añadió más, solo se levantó de la silla y salió de la pequeña sala de entrenamiento, dejándola ahí, con el corazón latiendo a mil y con unas intensas ganas de llorar.
Ya llevaba un par de semanas entrenando con Yugao. Según su mentora, estaba mostrando notables avances al momento de desvestirse frente a ella, algo esperando considerando la cantidad de veces que había repetido la misma acción por los últimos días.
Hinata intentó no morir de la vergüenza cuando Yugao le ordenó seducirla, fracasando de inmediato ante su nula experiencia. A pesar de eso, Yugao señaló sus errores, el hecho que desviara constantemente la mirada y evitara el contacto así como otros detalles que debía mejorar. Ella luchaba para no desmayarse, controlando el bochorno y la pena que provocaban sus actividades. Pero Yugao siempre se mantenía profesional, y en el fondo Hinata agradecía que ella fuera su mentora. A pesar de su fría personalidad, siempre le mostró paciencia durante sus sesiones, sin ser severa, ayudando a improvisar sus tácticas de seducción.
Al tratarse de un entrenamiento especial bajo la supervisión de un profesional, quedó estrictamente prohibido comunicar los detalles de su entrenamiento a externos, es decir, su familia y amigos. Más de una vez, Shino le observaba con recelo, como si quisiera entrever en sus interiores para adivinar qué pasaba con ella. Ni qué decir de Kiba, siempre le señalaba lo nerviosa que lucía, comparándola con sus días de Academia. Hasta Hanabi presentía que algo pasaba con ella, y debía confesar que guardar secretos de su pequeña hermana, que poseía el Byakugan, era complicado. Pero se mantuvo quieta, sonriendo como de costumbre, asegurando a todos sus allegados que se encontraba bien, no debían preocuparse por ella.
Podía controlarse, estaba mejorando, ya no sentía tanto bochorno como la primera vez que se desvistió frente a Yugao. Ésta le había dejado de tarea verse al espejo desnuda y elogiarse, repetirse lo hermosa que era, eso ayudaría a subir su autoestima. Hasta le aconsejó explorarse a sí misma, algo que casi le causó un ataque de pánico con la normalidad que Yugao le hablaba sobre esos temas, insistiendo que era algo natural en una mujer y en los humanos en general.
—¿Conoces Icha-Icha Paradise, no? —le preguntó una vez, cuando ella terminaba de vestirse. Lejanamente recordó los libros que algunas veces vio en los hombres de su clan pasar clandestinamente y a Kakashi-sensei verlo leer más de una vez cuando sus equipos coincidían. No, incluso siendo el Sexto aún leía esos libros.
—N-No los he leído pero sé de qué tratan, más o menos...—musitó, avergonzada.
—Ten —Yugao sacó una copia de dicho libro, el rostro de Hinata estaba en llamas a esas alturas—. Léelo, ayudará a tu libido.
—Yugao-san…
—Es una orden.
—H-Hai…
Fue toda una misión rango S ocultar ese tipo de literatura en su cuarto, considerando que su hermanita entraba y salía como Juan por su casa a su habitación, casi atrapándola leyendo la historia del libro.
El día anterior Yugao le había indicado que esa mañana no pasaría por ella, ambas se encontrarían en el mismo lugar de siempre, a la misma hora, le comentó acerca de una nueva etapa en su entrenamiento, cosa que le causó nervios al no saber con qué nueva situación se toparía ese día.
El sótano custodiado por un par de ANBUS ya no le era tan extraño como las primeras veces, enseñó su pase de acceso, entrando con facilidad a los terrenos de entrenamiento de la organización. Caminó por esos interminables pasillos de lúgubre apariencia, recordando el camino a tomar para llegar a la sala donde Yugao y ella venían entrenando desde hace semanas.
Grande fue la sorpresa de Hinata al encontrarse, en el interior de la sala, la figura de Menma.
—Buenos días, Hinata —saludó como si nada Yugao, ignorando la cara de confusión y terror de la joven que cerró la puerta detrás de sí con dudas.
—B-Buen día, Yugao-san —observó al azabache que se mantenía en silencio, sentado al lado de Yugao y con los brazos cruzados—. M-Menma-san —saludó por cortesía, a pesar de no entender del todo por qué estaba ahí el Uzumaki menor.
Sabía que era un jounin de élite, que su destreza como ninja era reconocida por todos, incluso ella. De todos los de su generación, podía asegurar que fue Menma quién siempre estuvo al frente, trabajando en solitario desde genin. Había estado en varias misiones con él, ya fuera ella sola o con alguno de los ex integrantes del equipo 8 cuando se trataba de rastrear enemigos u objetos, sabía cómo trabajaba el Uzumaki y aprendió a adaptarse al estilo de Menma, evitando hacerlo enojar o estorbarle. Incluso empezó a tenerle cierto respeto y algo de aprecio cuando éste mostró un inusual interés en su bienestar después de lo sucedido con Naruto. No podía afirmar que eran cercanos, mucho menos amigos, simplemente eran compañeros.
O eso creía ella.
—Hyuga —saludó secamente el ojiazul.
Ella asintió, sin saber qué hacer. Si Yugao le ordenaba desvestirse frente a Menma, esta vez ella se negaría. Pudo hacerlo antes porque se trataba de Yugao, una mujer, y aunque fue incómodo las primera veces, era preferible la ninja que alguien sel sexo opuesto. Estaba al tanto que no por ser del clan Hyuga se le daría un trato especial, lo aceptaba y era justo, sin embargo, no sabía si podría lidiar con esa situación de ser el caso, no se sentía lista para el drástico cambio en las dinámicas que Yugao y ella venían realizando.
—Toma asiento, Hinata.
Yugao deslizó una silla a su lado, invitándola a acercarse, ella así lo hizo. Tomó asiento, quedando frente a frente de Menma que le observaba inexpresivo. Sintió tanta envidia de aquella habilidad del azabache, siempre en control con sus emociones, todo lo contrario a ella.
—El capitán Ibiki puso, aparte de mí, a Menma Uzumaki como tu mentor. La diferencia es que él se encargará de pulir tus habilidades físicas y mentales —explicó con simpleza la ninja.
—Entiendo —contestó, aliviada de que así fuera.
—Los detalles de tu entrenamiento los podrás acordar con él cuando terminemos. Hoy lo invité para ayudarnos con tus avances.
Eso último no le gustó para nada. ¿Cómo podría Menma ayudarle? Es decir, tenía en mente algunos escenarios que no eran agradables, sino incómodos.
—Uh, n-no entiendo cómo Menma-san podría…
—Lo besarás.
—¿Eh?
La sorpresa de Hinata era esperada, sabiendo su personalidad y los datos que reunió de ella durante el entrenamiento. Lo que a Yugao le sorprendió, fue ese leve desconcierto en las facciones masculinas de Menma que no tardaron en borrarse, volviendo a su mueca inexpresiva, digna de alabar considerando su travesía como ANBU.
—P-Pero —intentó articular algo, alguna excusa que la salvara, que no le hiciera hacer lo que Yugao pedía. Besar a alguien era demasiado para ella.
—¿No es de tu agrado? Pensé que el parecido con Naruto Uzumaki ayudaría a hacerte las cosas más fáciles —mencionó Yugao.
Hinata sintió miles de llagas incrustarse en su corazón. Eso había sido muy cruel por parte de Yugao, aunque pudiera estarlo interpretando de manera incorrecta, ya que el rostro de la joven no se mostraba alguna señal de malicia, todo lo contrario, Yugao siempre desempeñaba su papel con mucha profesionalidad. Sin embargo, eso no evitaba que doliera. Suponía que la mayoría de Konoha sabía lo sucedido con Naruto, no era como si pudiera ocultar el hecho de haberse confesado en medio de su enfrentamiento con Pain, no importándole sacrificar su vida con tal de ayudar a la persona más importante en su vida.
Aunque ahora esas memorias le dolían al saber que nunca obtendría una respuesta cómo merecía.
—Yugao.
El silencio por parte de Menma se terminó cuando éste, con voz fría y hasta furiosa, se dirigió a Yugao, quien lucía indiferente por la actitud amenazante del joven ninja.
—Silencio, Menma, en esta habitación soy tu superiora, tengo autorización del capitán Ibiki. Seguirás mis órdenes.
—No pienso formar parte de esta actividad —miró brevemente a la Hyuga, notando su ligero temblor—. Y menos en algo tan absurdo como esto.
—Nunca te has quejado con las demás chicas, ¿por qué esto es diferente? —la mirada achocolatada de Yugao se posó en Menma—. ¿Acaso hay alguna razón por la cual no quieras participar? ¿Hinata no te resulta una chica atractiva?
—No se trata de eso…
—Entonces no veo el punto. Es algo simple, quiero que Hinata aprenda a besar, es completamente inexperta. Pensé que para que su primera experiencia no sea tan incómoda si te traje a ti, alguien muy parecido a la persona por la cual se siente atraída. Solo será esta vez, prometo que en las próximas etapas del entrenamiento de Hinata solicitaré los servicios de otros miembros, tú quedarás descartado.
La explicación de Yugao era lógica y funcional, hasta cierto punto. Pero para Menma eso no le gustaba, no era porque se sintiera un mojigato o alguien de moral, simplemente no se sentiría cómodo haciendo eso. Ni tampoco Hinata. Además, lo que Yugao decía sobre su parecido con Naruto y los sentimientos que la joven Hyuga profesaba aún por el rubio le hicieron sentir una lava en su interior, pero de furia.
Nunca le había gustado que lo compararan con Naruto, a pesar de su enorme parecido entre ambos al ser gemelos. Aunque fueran gemelos y su apariencia fuera indudablemente parecida, eso no significaba que aceptaría dichas comparaciones con una sonrisa en el rostro, había demasiadas diferencias entre Naruto y él, siendo la personalidad la más notable de todas.
Perra —insultó a la mujer, viéndola con furia. Podía negarse, levantarse de ahí e irse, pero la idea de que Yugao le dijera a Ibiki que no era capaz de seguir órdenes se lo impidió. Era habilidoso y no era la primera vez que ayudaba en ese tipo de entrenamientos, había besado a varias candidatas a ANBU e incluso hecho más cosas, un simple beso de parte de Hinata Hyuga no debería representar ningún reto.
Pero él sabía muy bien que Hinata no era como cualquier otra chica, era alguien por quien estaba desarrollando sentimientos, o que los reconocía. No quería acercarse de esa manera a la Hyuga, siendo un ayudante en su entrenamiento ni hacerla sentir incómoda. No era difícil de notar el temblor de Hinata ante las indicaciones de Yugao.
Cuando Ibiki le dijo que Hinata había solicitado formar parte de ANBU con una carta de recomendación por el mismo Kakashi, pensó que bromeaba, pero Ibiki nunca hacía bromas, incluso le pidió ser parte del entrenamiento de la joven junto con Yugao, solo que ésta se encargaría de enseñarle los enseñanzas kunoichi que en ANBU llevaban a cabo las chicas. No imaginó que la Hyuga siguiera ahí, siendo la tímida chica de siempre, imaginó que en la primera actividad que Yugao le encomendó se echaría para atrás y se arrepentiría de formar parte de ANBU, no obstante ella seguía ahí, aún bajo la tutela de Yugao, una experta en ese campo.
—Comiencen de una vez —gruñó, mirando a ambas mujeres.
Yugao asintió. Observó a Hinata y le dio la indicación.
—Hinata, cómo sé que aún resulta complicado para ti el arte de la seducción, iremos paso a paso. Por el momento, quiero que solo beses a Menma.
—P-Pero…
—Si te rehúsas, no me quedará otra opción que reprobarte y considerarte no apta para formar parte de ANBU. Así que decide rápido, no quiero que me hagas perder el tiempo.
Las palabras duras de Yugao tuvieron el efecto de hacerla sentir en conflicto con su cabeza. Quería seguir con su entrenamiento, ser ANBU era parte de sus planes, algo para ayudarla con esa crisis de la cual no podía salir por completo. No podía dejarlo a la mitad, había superado momentos desagradables para que todo terminara ahí.
Levantó la mirada y la posó en Menma. Él era guapo, atractivo, no le era del todo indiferente, aunque pensaba que era más por el hecho de parecerse a Naruto, siendo éste el único chico en el que se fijó casi toda la vida. Eso debía ayudar, ¿no? Esa fantasía escondida en su interior de besar a Naruto podía hacerse realidad si era Menma…
¿Y qué hay de los sentimientos de Menma-san? La sensación de ser utilizado no debe ser agradable, para nadie —dijo su mente, apretando las manos sobre sus rodillas.
No podía pensar de esa manera, era cruel. Menma había mostrado la suficiente amabilidad de ver por ella después de lo sucedido con Naruto, a pesar de no mostrarse tan atento como sus compañeros, Sakura e Ino, el que estuviera con ella, aún en silencio, le había ayudado. Incluso se permitió llorar en frente de él, algo demasiado vergonzoso para ella, no obstante Menma nunca habló o señaló su llanto como debilidad, la dejó ser, acompañándola, haciéndola sentir menos sola. Él no se merecía eso.
—Lo haré —contestó después de una pausa, firme.
Era una orden de parte de Yugao, si quería entrar a ANBU estaba segura que situaciones peores a besarse con un compañero existirían. Además, Menma estaba prestando su valioso tiempo para ayudarla. Debía ser seria, actuar sin que sus emociones intervinieran más de lo necesario. Sería un beso, uno sencillo, le ayudaría. Además no era serio, para Menma ni para ella significaría algo.
—Bien —asintió Yugao—. Puedes comenzar cuando quieras; Menma tiene prohibido tocarte o hacer cualquier tipo de movimiento —Menma le observó ante lo dicho pero si tenía ganas de reclamar, no lo hizo, se quedó callado—. Por el contrario, tú puedes hacer lo quieras. Acariciarlo, hablarle al oído, cualquier cosa.
—Uhm —no haría nada como eso, la idea de besar a Menma ya era demasiado para ella.
—Menma, acomoda tu silla para que quedes frente de Hinata y no tenga problemas en besarte —ordenó al azabache, quien bufando entre dientes, acomodó la silla cómo se le indicó, quedando en una mejor posición.
Hinata se levantó de la silla, rodeando la pequeña mesa metálica para acercarse al azabache. Con cada paso, más se debilitada su valor. Detuvo sus pies a una distancia prudente, con sus manos detrás de la espalda, apretándose la una con la otra, sin saber cómo comenzar.
No era que fuera una ignorante del tema, había visto a mucha gente besarse, por ejemplo Kurenai-sensei con Asuma-sensei cuando pensaban que nadie los veía. Aunque estuvo mal espiar la vida privada de su sensei en compañía de Ino, Shikamaru y Chouji, no negó que la imagen había sido hermosa y mariposas en su estómago aletearon, revoltosas, ante la idea que ella pudiera imitar el mismo gesto con la persona que amaba.
Apretó sus propios labios, intentando ignorar la presencia de Yugao. Era algo tan privado, tan íntimo que le dolía que tuviera que ser parte de un entrenamiento y visto por alguien más.
—Hyuga, es solo un beso —apuró Menma, viéndola con hastío, ignorando su propio nerviosismo por la larga espera que la morena le estaba haciendo pasar. Las chicas siempre tan complicadas con eso del primer beso, no era nada de especial.
—L-Lo siento, Menma-san, i-intentaré ser lo más breve posible —eso decía pero hasta ella misma dudaba que pudiera cumplirlo.
Se inclinó hasta quedar cercana al rostro de Menma, que le miraba sin expresión alguna, como si la cercanía entre ambos no le hiciera ni cosquillas. Hinata se llevó sus mechones de cabello detrás de la oreja, no quería molestar al chico con su cabello. Aspiró aire, profundamente y cerró los ojos, llevando sus propios labios a los de Menma, un contacto demasiado corto y sin sabor.
Hinata se separó lo más rápido posible, ignorando los latidos acelerados de su propio corazón, con ganas de disculparse.
Cuando se sintió con el valor suficiente de ver el rostro de Yugao, ésta lucía impasible y Menma inexpresivo.
—Eso no fue un beso, Hinata —señaló Yugao—, solamente chocaste labios con los de Menma.
—L-Lo siento, Yugao-san, es solo que… B-Bueno, no tengo experiencia…
—Eso lo sé, es por eso que le pedí a Menma venir hoy, para que practiques con él. Bésalo de nuevo, pero hazlo bien.
La idea de repetir otra vez el beso coloreó el rostro de Hinata, cosa que enfureció más el semblante de Yugao.
Menma por su parte, veía el cuerpecillo de Hinata temblar. Esperaba que no se desmayara por algo tan sencillo como eso. Sabía que la chica era demasiado tímida pero no imaginó que a esa edad ella fuera virginal, en todos los sentidos.
—De nuevo, Hinata —se repitió Yugao, escuchándose esta vez un poco molesta por el titubeo de la joven.
La chica se quedó quieta, quería llorar, no quería repetir algo como eso. Era vergonzoso y algo que iba más allá de lo que podía soportar. No imaginaba que esto fuera tan duro, tan cruel, cuánto desearía estar lastimándose las manos entrenando o golpeando algo de robusta textura capaz de herirla que estar ahí…
—A la mierda.
Escuchó la voz de Menma que detonaba fastidio. Antes de siquiera adivinar qué pasaba a su alrededor, escuchó el sonido de una silla ser empujada con brusquedad. Pudo sentir su esencia demasiado cerca de ella, un aroma de madera con cítricos, era varonil, era algo propio de Menma.
Una mano se ubicó detrás de su nuca, enredándose entre sus cabellos y sintió como la mano libre de Menma elevó su barbilla con una delicadeza nada propia en él, y después sus labios sobre los suyos.
Ahogó un grito de sorpresa que le permitió el acceso a Menma a su cavidad bocal, paseando su lengua con total libertad pese a la reacción de la chica que puso sus manos sobre su pecho, queriendo empujarlo pero no teniendo las fuerzas suficientes cuando las manos masculinas apresaban su cuerpo con poca fuerza, besando sus labios de una manera salvaje y pasional, tal cómo se describía en el libro que Yugao le pidió leer.
Por un momento sintió que todo su juicio desaparecía, solo quedaba ese cosquilleo en su vientre que crecía cada vez más y más con el contacto de Menma. Incluso éste se atrevió a morder su labio inferior, sacándole un "¡Uhm!" por lo inesperado del movimiento, separándose de ella, dando otro pequeño beso pero más corto que fue demasiado sonoro en esa habitación. Menma se separó de ella, luciendo completamente normal y no agitado como Hinata.
El Uzumaki se giró para ver a Yugao que se mantenía en silencio y casi escupiendo las palabras, dijo:
—Terminamos, me largo —masculló, molesto por alguna razón y retirándose del lugar, sin voltear a ver a Hinata, suprimiendo aquella sensación incómoda en su pecho.
No era de los que gustaba obligar a las chicas hacer algo que no quisieran, nunca había tenido que lidiar con ese tipo de comportamientos ya que la mayoría de las mujeres con las que había estado se mostraron siempre dispuestas. Pero si una chica lo rechazaba, él no insistiría ni mucho menos la forzaría, eso era ser poco hombre.
Pero en esa ocasión, ante la lentitud de Hinata, el constante temblor con el que le miraba, como un conejo asustado, le hizo desesperar. Quería terminar con todo eso, así que simplemente hizo lo que hizo, darle gusto a Yugao y salir de ahí lo más rápido posible.
Ya vería qué decirle a la Hyuga cuando su entrenamiento con él iniciara. Pero por el momento, solo quería huir a su departamento y no pensar en qué sintió Hinata cuando lo besó.
Una sonrisa amarga brotó en sus labios, no tenía que ser genio para deducirlo. Hinata nunca le había visto de otra manera, siempre sería para ella el hermano del chico que aún amaba.
Ni siquiera él podía darse el derecho de saborear el sabor de pasta dental de la joven sin sentir ese peso de plomo en su estómago.
