Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto.
En mi opinión los comienzos son siempre emocionantes, siempre cargados de fuegos artificiales.
HINATA
Había sido un día duro, notaba sus músculos tensos, y la cabeza le martilleaba por el uso abusivo del byakugan. Pero para ella eso estaba bien, era la única manera que tenía de saber que aún podía llegar más lejos y sentirse viva. Incrementando la intensidad de sus entrenamientos había conseguido alcanzar el nivel de habilidad de su primo Neji y volverse una kunoichi capaz de convertirse en la cabeza del clan Hyuga.
Neji… la chica suspiró, aún le seguía atormentado la muerte de su primo, le echaba de menos a menudo cuando caminaba sola por aquella lúgubre casa del clan. Su relación había empezado a cambiar poco a poco desde que se habían enfrentado en los exámenes para convertirse en Chunnin. Sonrió para sí misma recordando lo estúpida que era, pero… había logrado con trabajo duro que él la reconociera y así establecer una relación de respeto y admiración mutua.
Pensar en la promesa que le había hecho a su primo de cambiar las cosas en su clan cuando fuese el momento, le daba fuerzas, y más ahora que debía hacerlo por los dos.
De manera autómata se había dirigido hacia su casa mientras mantenía esa conversación interna, y ahora atravesaba el portón de entrada a los terrenos de su clan. La imponente entrada a la casa principal estaba oscura, apenas iluminada por dos pequeñas luces. Pudo ver aún así la figura de una pequeña chica vestida con un lindo kimono anaranjado, que llevaba el pelo largo y suelto y la miraba con orbes perlados como los de ella. La chica se abalanzó sobre ella para abrazarla.
- Onee-san! -la pequeña chica se agarró, colgándose de su cuello- es tarde onee-san, has entrenado mucho hoy también -le miró haciendo pucheritos.
- Hanabi-chan -Hinata la miró a aquellos ojos juguetones- Tadaima (he vuelto).
Hinata sonrió con todo su corazón, su hermana pequeña era una tonta por esperar a que volviese a casa. Las dos estaban realmente unidas desde que Neji los dejó. Se protegían la una a la otra y se brindaban mutuamente el cariño familiar que su propio clan tachaba de innecesario por hacerles parecer débiles. Hinata rodeó a Hanabi con sus brazos y la apretó contra sí.
- Ayyy! ONEE-SAN! -se separó de la mayor con la cara roja y la respiración agitada- No podía respirar! -ella señaló el pecho de Hinata- No es justo! Cuando voy a tener yo también esos grandes pechos!
- Ehhhh?! -se sonrojó Hinata mientras se tapaba avergonzada.
Tras unos momentos de silencio sosteniéndose la mirada, las dos estallaron en carcajadas. Hinata se agarró la barriga con fuerza porque le dolía de tanto reírse, mientras a Hanabi se le escapaban pequeñas lágrimas de sus ojos.
- Jajaja -Hanabi se secó las lágrimas- bienvenida onee-chan -sonrió dulcemente mientras se limpiaba las lágrimas y entraba en casa seguida de su hermana.
Una vez dentro de la casa, la atmósfera pesada y estricta que se respiraba las obligó a calmarse y esconder su buen humor debajo de un gesto serio y frío, muy a corde con la actitud del clan. A pesar de todo ellas caminaban juntas por los largos pasillos sintiendo cálida su presencia una junto a la otra.
Hinata llegó a la puerta de su habitación y se despidió de su hermana con una sonrisa rápida y un bajito "buenas noches", que su pequeña hermana correspondió de buena gana antes de que cerrase tras ella la puerta de su habitación.
Se acercó a una mesita de té y encendió una pequeña lámpara de papel anaranjada. Dejó caer su cuerpo de espaldas contra la colcha del futón dando un respingo de alivio, y dirigió su mirada al techo. Estaba muy agitada, y a pesar de todo el cansancio acumulado, sabía que estando así no lograría conciliar el sueño.
Se incorporó con pereza y se quitó la ropa mientras caminaba hacia su baño privado, dejando una hilera de prendas sucias por el suelo a su paso. Necesitaba una ducha fría para poder poner sus ideas en orden. Abrió el grifo y dejó que el agua le recorriese su cuerpo desnudo mientras cerraba sus perlados ojos y los descansaba. Escuchar el sonido del agua le trajo un recuerdo de 4 meses atrás.
- Flash back -
Esa noche era luna llena, y había decidido salir de manera furtiva de su casa porque necesitaba alejarse de esas cuatro paredes que parecían cerrarse alrededor de ella.
Había dejado de lado su ropa habitual y su amplia sudadera, para optar por un atuendo más cómodo y vaporoso que pudiera secar más rápido. Iría a entrenar a una cascada situada cerca de las afueras de la Villa Oculta de la Hoja, un tramo del río donde sabía que estaría completamente tranquila y sola para realizar su entrenamiento de control del agua. Era una de esas noches en las que sentía que no debía permitirse dormir porque sino volvería a soñar con él… con su cálida mirada de ojos azules, que hacía que se le revolviera el estómago y le temblasen las manos.
Se deslizó por tejados y callejones solitarios, asegurándose de no ser más que una sombra indetectable para los pocos transeúntes que aún andaban por Konoha a esas horas de la noche. Empezaba a notar que se asfixiaba, sus ganas de salir fuera de la aldea aumentaban, no era de impacientarse, pero la ansiedad empezaba a apoderarse de ella y necesitaba apresurarse.
Unos 15 minutos después de haber conseguido cruzar la villa y recorrer parte del bosque, alcanzó a ver la pequeña cascada que estaba buscando, que cortaba el río en dos y llenaba un pequeño lago. Paró junto a la orilla poniendo su mano sobre su pecho intentando bajar sus pulsaciones, y se aseguró de que no existía ninguna otra presencia que no fuese la de ella. Contempló su reflejo en el agua con la luz que le brindaba la luna llena. Parecía que no había cambiado tanto desde hacía 3 años… el mismo rostro, con la misma tez blanca, la misma pequeña nariz, los mismos labios rosados, los mismos pómulos… pero con un brillo diferente de determinación en la mirada.
Se descalzó, dejando las zapatillas escondidas junto a unas rocas, y metió lentamente uno de sus pies desnudos en el agua. Sintió el tacto frío en su piel, y consiguió calmar su agitado corazón.
Acto seguido, giró de manera rápida alrededor de ese pie como una bailarina, y acumulando chakra se quedó flotando por encima de la superficie del agua. Corrió unos metros haciendo que el agua se arremolinase alrededor de su cuerpo con gráciles movimientos de manos, y de un salto se metió debajo de la cascada. El agua caía sobre ella con fuerza empapándole, y le impedía oír cualquier otra cosa. Cerró los ojos y volvió a girar una vez, dos, tres veces, desplazando el agua y cortando la corriente con sus palmas de chakra. Sonrió para si misma, se sentía muy lejos de cualquier problema girando en su danza acuática.
Pareció un segundo, pero creyó haber escuchado un crujido. Se quedó muy quieta, sus pupilas titilaban y el corazón volvía a latirle con fuerza. Volvió a oír algo, esta vez un chapoteo muy fuerte, y se giró hacia donde provenía el sonido. Consiguió distinguir una borrosa figura cerca de la orilla del pequeño lago que estaba de rodillas dentro del agua, totalmente paralizada. Se acercó con cautela un poco más y por fin pudo distinguirlo.
- Hi...Hinata -unas pupilas afiladas la miraban con cautela.
Ella abrió mucho la boca, pero no pudo producir ningún sonido, no sabía bien que decir. Empezaba a encontrarse muy agobiada, así que giró rápidamente hacia la dirección opuesta de aquella presencia e intentó salir corriendo. Pero cuando iba a dar un paso, la figura se movió rápido y le agarró la muñeca que había dejado atrás, haciendo que perdiese el control del chakra y cayese al agua. El agua le cubría ahora hasta la cintura, estaba totalmente empapada por la caída brusca, y se encontraba encima de aquella persona.
- Espera Hinata -una mueca de dolor asomó en sus finos labios- Por favor… de verdad que no pretendía espiarte -dió un apretón cariñoso a la mano de ella- Yo...yo paseaba por aquí y entonces tú, osea yo, te ví. Solo me quedé embobado y al final por accidente acabé cayendo dentro del agua y…
Se aventuró a mirar al chico a los ojos, no paraba de balbucear con mirada suplicante, ella apenas estaba escuchando lo que decía, porque se sentía un poco incómoda por la situación y la cercanía con su cuerpo mojado.
- Kiba-kun… -el chico calló de golpe- ¿puedes soltarme por favor?
- Yo… -pareció pensárselo- ...NO! -Kiba la atrajo hacia él, muy cerca, y la abrazó- Por favor, no te enfades conmigo -dejó caer su cabeza sobre el hombro de ella.
La voz de Kiba había sonado rota, y se agarraba a ella con desesperación, se sentía conmovida e inquieta por la inusual actitud del chico. Sus ropas estaban empapadas y se les pegaban a la piel, produciéndole un extraño escalofrío al roce.
- Ki..Kiba -le dijo tiernamente muy cerca del oído intentando mantenerse serena- no estoy enfadada -el chico miró fijamente su rostro de arriba a abajo a pocos centímetros de ella- … pero ...estás ...muy cerca -ella se sonrojó.
- Oh! -chilló el chico que ahora tenía toda su cara roja y había desviado la mirada- perdona… -se separó un poco de ella aún manteniendo el contacto.
El silencio invadió el ambiente... podían escuchar el sonido de sus agitadas respiraciones y sus latidos desbocados el uno junto al otro. El aliento del shinobi le acariciaba el cuello, y estaba empezando a sentir un calor mareante que le quemaba cada fibra de su cuerpo. Notó el cuerpo mojado de Kiba pegado al de ella, su camiseta empapada se le pegaba también al torso y hacía que tomase el relieve de su cuerpo...Hinata dió un respingo. Simplemente intentaba respirar con normalidad y no podía, la mirada del Inuzuka era muy intensa y salvaje, sintió como las manos de él se tensaban alrededor de la cintura de ella. Un calambre muy placentero le recorrió la columna, obligándole a echar la cabeza hacia atrás, sintiendo como su cuerpo se incendiaba.
Pudo escuchar de manera clara como el chico tragaba saliva, aún con la cabeza en alto le miró por el rabillo del ojo. El también se veía muy avergonzado, pero al igual que ella, no era capaz de mover ni un solo músculo.
- Hinata… -fue casi como un ronroneo.
Todo fue muy rápido, Kiba la atrajó hacia él con fuerza e hincó sus colmillos en el cuello expuesto de ella. Hinata cerró los ojos y gimió bajito, un escalofrío la recorrió entera. El inuzuka empezó a lamer con movimientos circulares la zona subiendo poco a poco hasta quedar cerca de la comisura de sus labios. Se atrevió a abrir los ojos, sus labios estaban a un centímetro de tocarse, pero el Inuzuka había parado y lo sentía temblar debajo de ella.
Cuanto más tiempo pasaban así menos podía pensar la Hyuga. El instinto animal del chico la inundaba y hacía que todo lo demás desapareciese, iba a estallar en llamas. Aproximó su lengua y lamió el labio inferior de Kiba de manera desesperada. Este pegó un pequeño brinco sorprendido, pero no tardó en agarrar su rostro con una mano y acercarse, besandola profundamente. Sus bocas se abrían y cerraban, dejando que sus lenguas se entrelazasen.
Hinata gimió y mordió fuertemente el labio inferior de Kiba haciendo que cayese un fino hilo de sangre, él sonriendo de manera juguetona, volvió a atacar su cuello salvajemente mientras se relamía la sangre.
Hinata se pegó más al cuerpo húmedo de Kiba sintiendo el roce con sus pechos, y metiendo una mano bajo la camiseta de él, disfrutando de sus abdominales perfectos y su musculado pecho.
- END Flash back -
Hinata gimió por lo bajo. Rápidamente se tapó con las manos la boca, y recuperó la consciencia sobre sí misma. Dejarse llevar por ese tipo de cosas allí hubiera sido muy peligroso, así que intentó normalizar su respiración y salir de la ducha.
Durante esos cuatro últimos meses, ese tipo de encuentros con su compañero habían sido más habituales de lo que deberían. Después de aquel primer contacto, y a pesar de que los dos no habían hablado de ello, parecía que habían entendido que lo mejor era dejarlo pasar y mantener las distancias. Pero el problema era que en cuanto había un prolongado contacto físico entre los dos, y más tarde terminaban por quedarse a solas, siempre acababa pasando lo mismo.
Tenía miedo de darle un nombre a aquello, porque creía que acabaría por salir huyendo muy lejos y haciendo daño a Kiba, destruyendo a todo su equipo. Su corazón estaba famélico, no se sentía con fuerzas aún para volver a plantearse amar, al menos por el momento. Pero era egoísta y quería seguir manteniendo esa situación con el Inuzuka que tanto la aliviaba por dentro. Intuía que él sabía todo esto a su manera, y que por ello no había dado ninguna señal de querer cambiar aquella situación.
Apenas se había secado, pero se puso una muda limpia de ropa y decidió salir por la ventana de nuevo para dar una vuelta.
KIBA
Paseaba por las calles de Konoha de madrugada, se encontraban casi vacías, menos por algún bar de alterne y un par de personas que seguían de fiesta. Había dejado descansando a su querido amigo Akamaru para salir a caminar solo y despejarse. Aún le molestaba un poco el golpe del costado que le había propinado Hinata aquella misma mañana. Se llevó una mano a la zona y la masajeó pensativo.
Aún estaba inquieto por haber sentido de nuevo aquella atracción irrefrenable por su compañera de equipo… sacudió su cabeza violentamente. Sabía que aquello estaba mal, se lo había repetido miles de veces, que era peligroso para la estabilidad de su equipo y… las curvas sensuales de Hinata llenaron su imaginación y se relamió los labios con lujuria. La verdad era que estaba disfrutado esos últimos 4 meses, Hinata era maravillosa y no era capaz de cansarse de su presencia, pero no dejaba de ser su compañera de equipo. Eso siempre traía problemas. Se golpeó la cabeza sonoramente con la mano abierta "Qué problemático…" habría dicho su amigo Shikamaru.
Sin darse cuenta había salido de la ciudad y sus pasos se habían dirigido al campo de entrenamiento de su equipo. Caminó hasta acercarse a un tronco de entrenamiento que estaba totalmente desgastado… allí practicaba Hinata su taijutsu. Miró con atención los huecos astillados mientras metía sus manos en los bolsillos con una gran sonrisa. No por lo que estaba viendo, sino por el conocido olor que había captado.
- Puedes salir -pasó unos momentos en silencio allí de pie hasta que una figura se colocó a sus espaldas.
- Perdona Kiba-kun -dijo la Hyuga con tono arrepentido- no quería interrumpirte.
El chico podía palpar el nerviosismo de Hinata aunque no la mirase. Seguro que se sentía como una pobre chica apunto de ser devorada por un lobo salvaje, y por eso se había intentado esconder. Apretó los puños e intentó controlar sus emociones, no quería que ella le tuviera miedo.
- No te preocupes solo estaba dando un paseo nocturno -dijo de manera alegre y despreocupada- mañana nos vemos en el entrenamiento -comentó mientras alzaba una de sus manos despidiéndose sin siquiera girar a mirarla.
Empezó a andar en sentido contrario a donde estaba ella, alejándose tranquilamente con las manos en los bolsillos, intentando parecer sereno. Mientras caminaba, notó de repente como si algo se hubiese enganchado a la espalda de su sudadera y tirase tímidamente en sentido contrario a su marcha. Se detuvo y giró extrañado la vista hacia atrás.
Allí estaba ella, agarrando con fuerza la tela de la espalda de su sudadera, mientras le miraba suplicante como pidiendo que la mirase. Algo hizo "click" en su cerebro, y no pudo evitar pensar que había mucha semejanza entre aquella mirada de Hinata y la que probablemente había tenido él tiempo atrás, aquella vez en la cascada cuando se habían encontrado por casualidad.
- Flash back -
No sabía a quien se estaba acercando porque el agua hacía que fuese difícil rastrear cualquier tipo de olor reconocible. Había podido oír algo e intuir una silueta, pero nunca se habría imaginado que esa figura que danzaba con elegancia junto a la cascada podría ser su amiga.
Había montado todo aquel vergonzoso número de caer al lago y hacer que Hinata saliera corriendo, había balbuceado un montón de cosas estúpidas y... había mordido su apetitoso cuello.
Sin darse cuenta, se encontraba reteniendo a su compañera a pocos centímetros de su rostro sin atreverse a mover ningún músculo. Podía sentir sus propias palpitaciones… intentaba mantener la mente fría "¿Qué estoy haciendo?". De forma inesperada, Hinata se acercó hacia él lentamente, sacó su lengua y le lamió tímidamente su labio inferior.
La inesperada reacción de ella de corresponder a su caníbal arrebato, provocó que toda su determinación estallara en mil pedazos, y que ahora se encontrase en medio de un descontrolado arranque de hormonas.
Deseaba besar a la Hyuga y explorar detenidamente su dulce boca. Haberle hincado los colmillos en el cuello ya no parecía suficiente, y ahora necesitaba más de su cuerpo.
El agua no cubría mucho, así que la agarró con fuerza de la cintura con ambas manos, y la colocó a horcajadas encima de su regazo.
Ella profirió un ruidito de sorpresa, y miró al chico fijamente un poco sonrojada. Los pantalones le apretaban y tenía una enorme erección desde hacía rato que ahora estaba rozando contra el pantalón de ella.
Antes de que pudiera decir nada, Kiba volvió a ocupar su boca, y empezó a moverla rítmicamente frotando la intimidad de Hinata contra la de él. Los dos gimieron por lo bajo de placer e intentaron acallarse con húmedos y desesperados besos.
Una furia salvaje se apoderó del castaño, sus pupilas se afilaron, y sintió su cuerpo muy caliente. Miró a la Hyuga de forma feroz y rasgó la camisa de ella con sus uñas afiladas, dejando al descubierto el sujetador de encaje blanco empapado que apretaba sus grandes y níveos pechos.
Sintió una gran presión en su erección, y volvió a lamer su cuello mientras bajaba, dando pequeñas dentelladas en su piel perfecta hasta llegar al principio de sus senos. Se relamió, podía ver los rosados y erectos pezones de Hinata a través del sujetador de encaje mojado.
Contempló fijamente el rostro de Hinata mientras jadeaba y se retorcía sobre él... y esta vez Kiba cortó el sujetador, dejando que los enormes y húmedos pechos de ella quedasen totalmente accesibles. Se metió uno de sus pezones en la boca para juguetear con él. Lo mordía y lo lamía en círculos alternativamente, mientras masajeaba con una de sus manos el pecho que quedaba libre.
- Kiba-kun… -gimió la Hyuga mientras agarraba con fuerza el pelo de él.
Su nombre dicho así por ella, le había puesto aún más duro. Pegó a Hinata contra su cuerpo mojado con fuerza y de un felino salto la apoyó con toda la delicadeza que pudo encima de una roca grande junto a la orilla. Se colocó encima y se apretó contra su cuerpo, volviendo a frotarse contra ella rítmicamente. Para sorpresa suya, ella se revolvió ferozmente y cortó con su mano llena de Chakra la camiseta de él, apretando sus pezones contra el torso desnudo y musculoso de Kiba.
- Hinata… -su voz sonó ronca y suplicante, y sus uñas se clavaron en la cadera de ella.
Los dos se agarraron con fuerza, y se enzarzaron en una lucha encarnizada por quitarse la ropa mutuamente. Hinata le besó apasionadamente, le mordió en diferentes sitios y hasta le arañó en varias ocasiones dejándole marcas. Aunque él tampoco se quedó corto.
Al final Hinata quedó sentada totalmente desnuda al filo de la roca frente a él, dejando ver cada uno de sus detalles bajo la luz de la luna llena. Kiba gruñó sediento de su contacto, su piel era de porcelana, cada centímetro de su cuerpo estaba totalmente en forma, sus pechos eran grandes y sus pezones rosados, y lo miraba fijamente con esos ojos perlados escondidos detrás de su larga y maravillosa cabellera azulada.
Ella giró la cara hacia un lado mirándole de reojo, y abrió una de sus piernas, el Inuzuka jadeó. Podía ver que estaba totalmente mojada y que su clitoris se veía rosa e hinchado… su pene palpitó desesperado. La chica llevó una de sus manos a su intimidad para apartar con dos dedos sus labios y dejar a la vista la entrada a su vagina.
En un rápido movimiento, se movió frente a ella y volvió a clavarle los colmillos en la clavícula. Recorrió de forma juguetona todo el cuerpo de ella con una de sus manos, desde el cuello hasta su húmeda entrepierna. Ella gimió bajito y de forma inesperada le mordió el labio. Cómo venganza, la apretó contra sí y empezó a masajear intensamente su clitoris.
- Ah...ah…- susurraba bajito ella cerca de su oído.
Esbozó una perversa sonrisa de medio lado y retiró su mano. Se llevó los dedos llenos de jugos vaginales a la boca y los lamió. Hinata le contemplaba con sus mejillas encendidas mientras luchaba por respirar con normalidad.
De forma sorpresiva, ella le rodeó con sus piernas y le atrajo hacia sí. Se restregó contra él empapándolo, y frotándose cada vez con más velocidad. Él profirió un gemido, y ella lo miró algo divertida debajo de su gran sonrojo.
- H-i-n-a-t-a… - pronunció con dificultad aguantando las ganas de terminar.
Kiba colocó ambas manos en la cadera de ella y la penetró despacio, reprimiendo un gruñido gutural cuando entró completamente dentro de ella. Se sentía caliente y apretado.
- Ooh… Hinata -ella le apretó más con sus piernas, incitandole a moverse.
- Ah...Kiba... -la penetró repetidamente, ganando poco a poco fuerza y velocidad, haciendo que gimiese cada vez más.
Se mordió el labio con fuerza, se sentía a punto de explotar entrando y saliendo una y otra vez de ella.
- H-Hina… no puedo más… -dijo él arrastrando sus palabras.
- Ah… hazlo -le susurró mientras le hincaba las uñas en el cuello.
- Kiba… -sentía que se volvía cada vez más estrecha.
El corazón se le desbocó, notó que algo palpitaba y le recorría un temblor ardiente de arriba a abajo, sus manos la sujetaron más fuerte y ella le apretó con fuerza con sus muslos las caderas. Cada uno gritó el nombre del otro.
Tras unos segundos donde los dos resollaban, sus fuerzas les abandonaron y se abrazaron mutuamente para no caerse. Le miró a los ojos con sus pofundos ojos perlados, él no pudo reprimir en ese momento una mirada de puro cariño y le apartó un mechón azulado del rostro ante la sorpresa de la Hyuga, para después darle un prologado y amoroso beso en los labios.
- END Flash back -
Recordaba perfectamente cada detalle de ese día en el que comenzó todo.
- Kiba-kun?
La dulce voz de Hinata le abofeteó. Mientras rememoraba toda aquella escena, no había sido consciente de que había estado parado frente a ella sin decir ni una palabra, con la mirada fija en el infinito.
-¿Kiba? -ella dejó caer su mano, soltando el agarre por el que le tenía cogido suavemente.
Contempló como la Hyuga bajaba la vista. Sacudió la cabeza de forma violenta y acto seguido agarró los mofletes de Hinata con ambas manos y los apretujó con cariño, obligándole a que le mirase a los ojos. Esto provocó una media sonrisa en los labios de ella. Kiba le sonrió con una de sus características sonrisas perrunas, divertido por la mueca de ella.
-¿Estás bien? -preguntó con dulzura Kiba- perdona… hace un momento pensaba en…
Sus palabras de repente patinaron, y con un gesto rápido, sintiéndose azorado por lo que había llegado a pensar, se llevó las manos detrás de la cabeza con un gesto nervioso poniendo algo de espacio entre los dos. "No sé cómo voy a salir de esta" sonrío de forma incómoda intentando quitar peso a la situación.
