ENTRE SOMBRAS
Por: Escarlata
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PARTE 3
Tuvieron que atender tres casos de ayuda esa semana, un poco menos de lo usual y eso era algo que todos en el bar Gund-Arm agradecían. Su territorio en especial era de los menos seguros y florecientes de la ciudad pero al menos se mantenía a flote por medio de apoyos financieros a centenares de negocios pequeños, además, Miorine y su eficiente trabajo como administradora ayudaban a pagar la cuota que el Consejo pedía de manera mensual para que a su distrito se le considerara en la tregua y no se les molestara.
Era el primer día del mes y Miorine debía ir a entregar la cuota en persona y atender la reunión entre los líderes de las denominadas Casas. La reunión sería al anochecer pero ya desde el amanecer se notaba que la princesa no estaba de buen humor. Detestaba esas reuniones, todo se convertía en un vil teatro lleno de serpientes venenosas. Serpientes que buscaban cualquier razón para devorarse entre sí a la mínima oportunidad.
Pensar en eso la hizo bufar, no estaba disfrutando de su sagrada hora de limpieza y acicalamiento como de costumbre. Se quedó mirando a la nada sin darse cuenta, tenía el ceño fruncido.
"Es muy temprano para enojarte, Mio", dijo una sonriente Suletta mientras la abrazaba por la espalda y besaba su hombro derecho.
"Es muy temprano para que empieces de mano larga", respondió Miorine al sentir que las manos de Suletta viajaban a capricho por su torso desnudo. Sólo estaba usando ropa interior. Su cabello seguía húmedo por la reciente ducha.
"Lo siento", fue la descarada respuesta de Suletta, que vestía igualmente ropa interior y una playera de tirantes. Besó el otro hombro de su pareja de manera amorosa y no tardó en usar la secadora de pelo en Miorine. "Te hice jugo de tomate con los tomates más frescos que encontré", informó con una sonrisa animada.
Escuchar eso hizo sonreír a Miorine.
"Gracias".
En el techo tenían no solamente un patio bien equipado y un jardín, también contaban con un pequeño invernadero que contenía exclusivamente tomates. La misma variedad de tomates que su madre creo para ella muchos años atrás. Una variedad única que tenía un sabor metálico muy, muy cargado. ¿La razón? Tenía un índice de hierro increíblemente alto. Un tomate normal tenía hierro en cantidades minúsculas, pero su madre creó una variedad que tenía tanto o más hierro y los mismos minerales que la sangre humana, gracias a eso Miorine no necesitó alimentarse de sangre los primeros años de su vida. Comenzó a beber sangre cuando sus instintos vampíricos despertaron, cosa que sucedió cuando su madre comenzó a entrenarla para ocultar su aura vampírica y hacerla pasar por humana, y también a esconder su presencia por completo. Cuando su sed de sangre era insoportable, solían contar con la cooperación de los ayudantes humanos de su madre.
Miorine tenía grandes planes con sus tomates, pero en esa asquerosa ciudad todo era complicado, sobre todo porque no podía disponer de tierras de cultivo si su territorio estaba en la zona menos agraciada de la ciudad. No podía creer lo difícil que era practicar la agricultura en la actualidad. ¡Su madre contaba con terrenos extensos! De su padre sólo pudo conservar el terreno donde justamente estaba edificado el bar y su hogar.
"Me encanta el jugo de tomate, pero sabes que necesito tu sangre para tener más energía", comentó Miorine entre sorbos a su jugo. Solían desayunar bien antes de terminar de arreglarse para comenzar el día. Aunque Miorine podía comer cualquier alimento, sólo se nutría si éste tenía un alto contenido en hierro y otros metales propios de la sangre.
Suletta sonrió. "Puedes beber todo lo que quieras", respondió la loba con encanto. "Resisto bien, lo sabes", ya tenía su abundante desayuno servido.
Su hora del desayuno era animada y hablaban de bastantes temas. Suletta en especial adoraba comentar sobre los dramas románticos que veía en la televisión, Miorine detestaba las telenovelas y prefería series con un poco más de acción e intriga, pero sus gustos dispares eran lo que hacía la conversación más amena. Lo que sí veían juntas eran dibujos animados, en especial un programa sobre robots gigantes en el espacio, además de programas sobre la naturaleza. También les gustaba ver películas de terror aunque ambas se asustaran bastante.
"Quiero comprar el Barbatos", comentó Suletta con encanto mientras le mostraba el modelo del Gunpla en su teléfono. "Es genial, ¿verdad?"
"Lo es", respondió Miorine con gesto analítico. "Yo debo terminar de armar el Exia que pedí hace dos semanas, no me ha dado tiempo de terminarlo", eso último lo dijo de manera acusatoria entre sorbos a su jugo de tomate mientras miraba a Suletta. Ésta sólo sonrió y terminó de comer sus huevos fritos, tostadas y panqueques bañados en miel. Tenía que comer de manera abundante y saludable para que su novia estuviera bien nutrida.
"Lo siento", se disculpó la muy descarada mientras se limpiaba la boca con una servilleta.
"Si sigues portándote mal, tendré que atarte las manos a la cabecera de la cama y…" Y Miorine calló al ver el gesto de ilusión, encanto y creciente lujuria en la cara de Suletta. Se sonrojó de manera violenta. "¡No lo digo por eso, pervertida!"
"¡Mio, eres mala!" Se quejó Suletta.
La vampiresa se terminó el resto de su jugo de tomate, seguía enfadada pero… "Si esa es una manera de mantenerte quieta y tener el control al menos un rato", al menos así podría estar encima de esa salvaje y tenerla a su disposición, "lo tendré en consideración".
Suletta asintió varias veces antes de abrir un poco más su silla para dejar suficiente espacio, sentarse bien y ofrecerle sus brazos a Miorine. Ésta sólo sonrió, rendida, y fue a sentarse en el regazo de Suletta. La loba ladeó un poco la cabeza, ofreciéndose a la vampiresa.
"Gracias por la comida", murmuró Miorine al oído de Suletta, sacó sus colmillos.
"Que aproveche", respondió Suletta mientras sujetaba con firmeza la cintura de Miorine.
La mordida en la base de su cuello apenas si se sentía, un profundo estado de relajación inundaba no sólo a Miorine si no a Suletta. Un ritual sagrado para ambas, una manera única de conectarse que no se trataba sólo de alimentarse; se trataba de Suletta compartiendo su vida misma con la mujer que más amaba en ese mundo, se trataba de Miorine entregando todo su ser, su seguridad, su confianza y su estado más vulnerable a la persona a la que más amaba y en la que más confiaba en ese mundo.
Medio litro de sangre perdida podría causar estragos en cualquier criatura humanoide promedio, pero no en Suletta.
Apenas Miorine terminó de alimentarse, lamió las pequeñas incisiones y su lengua subió hasta la oreja humana de Suletta. Luego de eso buscó un beso que su novia de inmediato correspondió. La pareja se dio un largo, profundo, húmedo y amoroso beso. Se separaron luego de un par de minutos, ésta vez las manos de Suletta se quedaron quietas.
"¿Nos vestimos y vamos a revisar los tomates?" Preguntó Miorine mientras jugaba sus dedos entre el lindo cabello de Suletta.
"Sí, hay algunos brotes que necesitan más tu mano que la mía", respondió Suletta mientras se ponía de pie con su vampiresa en brazos.
"Dime cuáles, los revisaré", dijo la vampiresa enseguida. "Luego iremos a ver los pendientes del bar, necesitamos surtir el licor", por suerte era lunes, no abrían ese día.
"Terminaremos todos los pendientes a tiempo e iremos a la junta, con suerte, no será cómo la última", comentó la loba con tono jocoso.
Miorine sólo sonrió y negó suavemente.
Luego de hacer sus actividades del día, trabajar en los pendientes del bar con el resto de sus amigos y tener un rato de calma por su cuenta, la vampiresa y la loba se prepararon para asistir a la junta del Consejo. Miorine se vistió con un vestido negro que le llegaba arriba de la rodilla, usaba tacones altos y pantimedias, además de un lindo chal a juego. Suletta igualmente se vestía a como el momento lo pedía, pantalones de vestir en color negro ajustados por un cinturón, botines de vestir igualmente negros, camisa blanca de manga larga y una corbata. Esas prendas en especial sólo estaban encantadas para no romperse si se transformaba, detalle importante si la fiesta se animaba.
Miorine preparó su bolso donde cargaba el cuantioso aporte de su humilde territorio. Ambas se despidieron de los chicos, subieron a la moto de Suletta, Aerial, y fueron directo al centro de la ciudad. Miorine iba sujeta de la cintura de Suletta, recargada en su espalda.
Luego de veinte minutos de viaje a la velocidad más alta permitida, llegaron al distrito más cosmopolita y elegante de la ciudad. Altos edificios de apartamentos, centros comerciales, oficinas, corporativos, ahí estaba toda la actividad financiera principal de la ciudad. Tanto Miorine como Suletta siempre se sentían sobrepasadas al pisar la zona. Demasiadas luces, demasiada gente, más actividad de la que habían visto en sus vidas.
Llegaron al edificio más alto de la ciudad, un corporativo donde la Casa encargada de esa zona tenía su base de operaciones: La famosa Torre Grassley, propiedad de un antiguo clan de vampiros puros que seguían activos.
Una vez acomodaron a Aerial en el estacionamiento subterráneo, un trabajador las escoltó a un ascensor exclusivo para las visitas. Miorine y Suletta permanecían en silencio y serias, y si estaban serias era porque aún no se acostumbraban a esos aparatos en especial. Siempre las atacaba un vuelco en el estómago conforme ascendían. La idea de estar en una caja de metal que subía muy rápido y que también podía caer muy rápido era aterradora.
"Por aquí, Lady Rembran", el trabajador las llevó a la elegante y amplia sala de juntas. En el lobby de ese mismo piso ya se estaba preparando todo para la fiesta que seguía una vez terminara la junta.
Ambas chicas podían sentir las poderosas presencias reunidas en un solo punto, era como ser aplastadas por una ola, pero tanto Miorine como Suletta habían pasado por suficientes desastres como para amedrentarse por simples presencias y auras.
"Lady Rembran ha llegado", anunció el trabajador apenas les abrió la puerta.
Miorine Rembran y Suletta Mercury fueron recibidas por miradas duras y gestos poco complacidos. Algunos ocultaban su descontento detrás de sonrisas venenosas, otros no se preocupaban por esconder sus gestos de asco.
No mucho después, ya las dieciséis Casas de los dieciséis distritos de la ciudad de Benerit estaban presentes, los líderes se sentaron en una mesa ovalada, sus respectivos acompañantes/protectores estaban de pie cerca de ellos y contra el muro; la junta podía comenzar. Cada representante daba un informe breve sobre las actividades sobresalientes en su distrito y daban su tributo al finalizar. Dicho tributo era recibido y administrado por los mismos Grassley. A su vez, los representantes de los distritos recibían un informe completo de cómo estaba siendo usado el dinero de sus cuotas.
El dinero básicamente se usaba para comprar el silencio y la cooperación de las autoridades humanas. Todos ahí podían agradecer a los dioses que los gobiernos humanos tuvieran tanta sed de riquezas y poder. Bastaba darles dinero y compartirles una fracción de su poder sobrenatural para que los humanos se cegaran…
Para que se les olvidara lo numerosos y lo fuertes que podían llegar a ser cuando todos se unían bajo una sola bandera.
La última vez que pasó eso, fue toda una guerra. Los últimos formidables humanos que los enfrentaron sin miedo fueron los cazadores de Cathedra hace más de un siglo. Había un nombre que más de uno de los presentes recordaba no sin cierto resentimiento, casi con respeto. El más formidable de sus enemigos fue un solo hombre.
"Lady Rembran, adelante", indicó Sarius Zenelli, el líder de los Grassley y el vampiro más viejo conocido. Tan viejo que su cuerpo necesitaba el apoyo de una silla de ruedas y constantes dosis de sangre inyectadas directo en sus venas decrépitas.
"Muchas gracias", respondió una educada Miorine. Sabía comportarse cuando la situación lo requería. Conectó su teléfono a la pantalla holográfica dispuesta en el centro de la mesa. Rápidamente proyectó sus números y gráficos. "Respecto al informe del mes pasado, éste mes hemos tenido avances en la recuperación de espacios para volverlos habitables, tenemos en proceso tres contratos con fábricas textiles que desean ocupar edificios en desuso. Una vez que cerremos esos tratos y habilitemos las fábricas, nuestros números aumentarán para finales de éste año. Nuestra población se mantiene estable, seguimos en relació comparación de los humanos", su población era mayormente compuesta de mestizos y sus familias humanas, "y esperamos un aumento de población del 5% una vez se abran las fábricas y habilitemos más viviendas", continuó, firme y seria.
Luego de cinco minutos terminó su informe y estaba lista para dar su cuota, pero alguien la interrumpió.
"Lady Rembran, disculpe que diga esto, pero a comparación de los otros reportes, sus números son para dar risa", dijo un sonriente Vim Jeturk, el líder de los Jeturk.
Miorine se mantuvo seria. "Estoy al tanto de que mi zona no puede producir tanto como las demás, nuestras ganancias ciertamente son una broma a comparación, pero nuestro índice de crecimiento ha sido de un 10% constante cada mes desde hace un año", sin dejar de hablar, fue a dejar su tributo al vampiro mayor. "Y si me permite agregar el siguiente dato, los demás han tenido un crecimiento promedio del 3% al 5%, mientras que otros mantienen sus números", volvió a su silla con toda la dignidad y orgullo posible. "Le prometo que para finales de año, mi distrito será tan segura para invertir como cualquier otra de la ciudad".
Vim apretó los dientes y gruñó por lo bajo.
Pasado un rato, todos presentaron sus reportes, pero ésta vez había un anuncio más.
"Shaddiq", indicó Sarius a su heredero y éste asintió y tomó la palabra.
"Antes de finalizar la junta, debo informar que los rumores sobre un nuevo grupo de cazadores humanos se hacen más fuertes. Recientemente hemos recibido peticiones de asilo desde estados vecinos. Hay colegas que han sido atacados por un grupo denominado como Dawn of Fold", el joven vampiro proyectó fotografías del reporte.
Edificios destruidos, aliados humanos capturados, varios de los suyos siendo ejecutados. Más de uno de los presentes se horrorizó.
"Sus ataques no se limitan solamente a destrucción de propiedades y matanzas, también hackean cuentas bancarias y documentos importantes", continuó Shaddiq. "Han tomado el control de territorios que pertenecían a nuestros aliados y los han hecho huir".
"¡Debemos encargarnos de ellos antes de que sus fuerzas crezcan como pasó con Cathedra!" Gritó Vim con horror y eso de paso alteró a la mitad de los que estaban sentados en la mesa.
"Aún no tenemos reportes de que estén cerca de Benerit, pero no debemos ignorar la posibilidad de que eventualmente lleguen a nuestros territorios", un gesto del siempre controlado Shaddiq bastó para calmar a los que se estaban impacientando. "Les pido que estén atentos y nos reporten cualquier actividad inusual en sus distritos". Enseguida miró específicamente a Miorine. "Lady Rembran, su territorio en especial puede ser blanco fácil. Debo informarle que los humanos de Dawn of Fold tampoco son amables con los mestizos".
"Lo tendré en consideración, gracias", respondió una seria Miorine. Eso sin duda sonaba malo, debía estar atenta.
Luego de un par de anuncios más, la junta se dio por terminada y se invitó a todos a ir a disfrutar la fiesta. No era bien visto que alguno se fuera sin al menos estar una hora en la reunión, así que Miorine y Suletta fueron al lobby con los demás. No era complicado darse cuenta que el resto de los invitados las evitaban, como siempre.
Los líderes de las Casas y sus respectivos herederos (o guardianes) no eran los únicos ahí, todos venían con sus protegidos predilectos y otros invitados. Miorine siempre llevaba a Suletta consigo porque ésta tenía el temple para soportar semejante ambiente, nunca sometería a sus trabajadores del bar a ir a una de esas asquerosas reuniones.
Tenía muchas razones para no hacerlo.
"¿Qué opina de la aparición de esos Dawn of Fold, Lady Rembran?" Preguntó Vim mientras se acercaba a la princesa y a su escolta, iba acompañado de sus dos hijos. Estos se mostraban serios y callados. El aura de Vim no era ninguna broma.
Seria, Miorine dio un trago a la copa de sangre que se le había ofrecido. Prefería la dulce sangre de Suletta, pero nunca debía decirle no a la hospitalidad de los anfitriones, una copa era suficiente. Además sabía que esa sangre era dada de manera voluntaria por los aliados humanos de los Grassley, eso le bastaba.
"Espero que podamos enfrentarlos si el asunto se torna más serio", respondió Miorine con tono firme y seguro. "Mi gente en especial está pobremente armada, así que cuidar mi territorio es prioridad para que los demás no se vean afectados", la vampiresa miró a Vim sin flaquear ni un momento. "Espero poder contar con su ayuda si se da el caso, después de todo, los aquí presentes estamos en alianza, ¿o no? Debemos apoyarnos los unos a los otros para enfrentar las adversidades".
"No necesito la ayuda de mestizos", dijo un orgulloso Vim con voz fuerte. Esa chica le desagradaba mucho, tenía los mismos ojos que su padre. Gruñó suavemente. "Pero si ustedes requieren la poderosa fuerza de ataque de los Jeturk, siempre podemos discutir las condiciones de ayuda si se da el caso".
Miorine meneó suavemente su copa, el aroma metálico se soltó en el aire y respiró hondo. "Si la requiero, con gusto lo tendré en cuenta, Lord Jeturk. Debemos tener cuidado, los humanos son peligrosos".
"Usted lo sabe mejor que nadie, Lady Rembran, después de todo, su padre se manchó las manos con la sangre de muchos de los nuestros", dijo Vim, enojado.
Miorine mantuvo su gesto controlado. "Por eso mismo lo digo, Lord Jeturk, los humanos de ahora tienen muchos más recursos de los que tenían los cazadores de antaño, debemos tener cuidado".
Vim y Miorine no eran los únicos que se atacaban con palabras, otros miembros hacían lo propio y eventualmente un par de ellos comenzaron a gritar y a discutir sobre sin importancia. La joven vampiresa suspiró hondo y miró a Suletta con una sonrisa pequeña, Suletta correspondió la sonrisa con cierta diversión, no tardaban en cargar contra ellas y a saber si habría peleas como la vez anterior. Otro de los miembros del Consejo finalmente se fijó en el par de mestizas.
"¡Lady Rembran, ordene a su guardiana que baje su presencia! ¡Me molesta!" Gritó uno de los invitados de raza demoniaca.
"Lo siento, pero mi subordinada no puede bajar más su presencia, tendrá que aguantar un poco más o retirarse temprano, mi buen señor", respondió Miorine de manera venenosa.
"¡Mocosa engreída!"
Más gritos, algunas peleas entre otros miembros y finalmente un par comenzaron a pelear. Suletta no pudo evitar una sonrisa mientras alejaba a su ama del pequeño desastre. Ciertamente no se permitía que los miembros de las Casas se pelearan entre sí, estaban prohibidos los conflictos pero esa regla sólo aplicaba afuera, dentro de ese edificio y solamente una vez al mes, tenían permiso de soltar un poco sus instintos para liberar tensiones. Había una persona en especial que quería liberar tensión.
"¡Suletta Mercury, tú y yo tenemos algo pendiente!" Gritó Guel Jeturk.
Suletta frunció ligeramente el ceño, ya se daba una idea de lo que Guel Jeturk deseaba.
~o~
"Suletta, eres una buena niña, ¿verdad?"
"¡Sí!"
"Necesito que te encargues de algo, mi pequeña Suletta, ¿lo harás por mamá?"
"¡Sí!"
"¡Así me gusta!"
La pequeña Suletta sabía lo que seguía, tomó su forma canina y siguió obedientemente a su madre a una amplia habitación sin ventanas, sólo había una puerta y un par de velas encendidas en el muro. Encadenado precisamente a un muro había una persona, un hombre que Suletta no conocía, pero en realidad no conocía a ninguna de las personas que su madre llevaba a casa y que siempre terminaban en ese cuarto.
"¿Tienes hambre, Suletta?"
Suletta movió la cola a falta de su forma humana para poder responder un sí. Sí, tenía mucha hambre, había pasado tiempo desde que mamá la alimentó y al fin había llegado la hora. No le gustaba esa 'comida' a decir verdad, pero mamá se ponía contenta cuando comía todo y eso era lo que importaba.
"Adelante, mi pequeña, come hasta que te sientas llena, conseguí a éste sólo para ti, ¡ve!"
Lo que su madre le señaló era al hombre amordazado que trataba de liberarse. Suletta poco pensaba en lo que tenía enfrente, sólo que tenía mucha hambre y su madre le permitió comer. Escuchó cuando su madre salió del cuarto y cerró la puerta tras de sí. Una de las velas se apagó, lo que dejó el cuarto casi en penumbras. El hombre pataleaba, lloraba, se jalaba e intentaba inútilmente soltarse de las cadenas.
Lo último que ese pobre diablo vio fue a un lobo lanzarse sobre él. Para suerte suya, la pequeña pero letal loba siempre atacaba primero al cuello, lo que permitía un sangrado relativamente rápido, aunque eso no lo eximía de sentir por unos minutos cómo el animal arrancaba trozos de su cuerpo para devorarlos.
Para cuando mamá volvía, ya la pequeña había dejado sólo los huesos más gruesos con los que jugueteaba.
"¡Buen trabajo, Suletta! Mamá está muy feliz".
Suletta, en su contento, corrió hacia su madre y se paró en sus patas traseras para buscar un cariño, pero lo único que se ganó fue un empujón que la alejó. Bajó las orejas y de inmediato metió la cola entre sus patas.
"¡No hagas eso, estás sucia!"
Suletta gimoteó un poco, no mucho, sólo lo suficiente para darle a saber a su madre que estaba arrepentida por su comportamiento fuera de lugar. La dura mirada de la mujer duró varios segundos más antes de recuperar la sonrisa y hacer que la siguiera de nuevo a lo que era 'su cuarto'.
"Mamá tiene cosas qué hacer, espera aquí como buena niña, ¿entendido?"
Suletta sólo movió la cola y se tumbó en el suelo con las orejas abajo como respuesta afirmativa. Su madre le regaló una sonrisa y se fue, cerrando la puerta tras de sí.
Lo que era 'su cuarto' tenía una ventana sin cristal en la parte más alta y protegida por rejas gruesas, tenía una puerta y en el suelo había paja donde se recostaba para dormir. El agua limpia y fresca nunca le faltaba. No lo sabía pero por la orilla de uno de los muros corría un pequeño canal de agua que a su vez estaba conectado a un brazo de arroyo que cruzaba la propiedad de su madre. Suletta bebía de esa agua que siempre estaba limpia, y también hacía ahí sus necesidades, a su madre no le gustaba que ensuciara su cuarto. Suletta era una buena chica y siempre obedecía.
Volvió a su forma humana. Ignoraba su desnudez, no conocía el pudor, lo que sí hizo fue lavarse la sangre del cuerpo y el cabello. Miraba el agua pero no encontraba ningún reflejo que pudiera reconocer, lo único que resaltaba eran manchas rojas.
Tomó un poco de agua entre sus palmas y lo único que pudo ver fue un rostro empapado en sangre que no supo reconocer, sólo sabía que no le gustaba.
¿Qué era esa cosa que podía ver? ¿Qué era ese rostro detrás de las marañas de cabello rojizo y sucio? ¿Qué eran esos ojos que brillaban de manera extraña?
¿Qué era esa cosa que daba miedo?
Suletta abrió los ojos y se sentó de golpe. Estaba empapada de sudor y respiraba con fuerza. Sus manos se aferraron a la manta de la cama.
"¿Suletta?" Miorine dormía a su lado y despertó por culpa de la conmoción.
A mencionar que solamente así logró que Suletta durmiera en una cama. Le dio su propio cuarto junto al suyo y las primeras dos semanas amaneció en el suelo, ni siquiera sobre la alfombra, directamente en el suelo junto a la ventana. Se dio cuenta que dormir sola no le haría bien a su acompañante, al menos no hasta socializarla más y la invitó a dormir a su cuarto, en su cama. Sólo la primera noche Suletta amaneció en el suelo. No la regañó pero sí le hizo saber que dormir en una cama estaba bien. Tuvo que tomar su mano las primeras noches para que no se bajara al suelo.
Era la primera vez que Suletta despertaba de esa manera tan escandalosa, o al menos la primera vez que la veía así; no estaba segura si ya le había sucedido eso cuando estuvo durmiendo sola en el cuarto de al lado.
"¿Estás bien?" Preguntó Miorine mientras usaba la manga de su camisón para secarle el sudor del rostro.
Suletta asintió pero luego negó y terminó recargada en el hombro de Miorine, incapaz de sacarse las imágenes que vio en sueños. Suletta tuvo que respirar hondo para llenarse del aroma de Miorine para saber qué era real y qué no. Sintió unas suaves caricias en el cabello y suspiró de alivio. Miorine era real, la escena que vio en su cabeza no.
Miorine se encargó de tranquilizarla con suaves caricias en el cabello y la espalda. No le dijo nada, al menos no todavía, necesitaba que Suletta dejara de aferrarse con fuerza a su camisón. Pasado un rato, Suletta finalmente levantó el rostro.
"Per-per-perdón", se disculpó la chica sin atreverse a mirarla.
"¿Una pesadilla?" Preguntó Miorine.
"¿Pe-pe-pesadilla?" Suletta pareció curiosa y miró a su compañera con confusión.
"Un mal sueño, algo que ves mientras duermes y que no te gusta o te da miedo y quieres despertar", explicó la chica rápidamente usando términos simples.
"Sí".
"¿Puedes contarme qué soñaste?" Pidió la vampiresa mientras animaba a Suletta a volver a recostarse. Era plena madrugada todavía.
"Ma-mamá".
"Comprendo, soñaste con esa mujer", masculló Miorine con asco y enfado.
Suletta se encogió de hombros al notar el enojo en Miorine e intentó esconder el rostro, pero ésta no la dejó. Sintió que la frente de Miorine tocaba la suya. Sus ojos aguamarina se quedaron clavados en los ojos de luna de su acompañante.
"No estoy enfadada contigo, cuando lo esté, te lo diré", aclaró Miorine. "Ahora cuéntame sobre esa pesadilla, sólo lo que puedas decirme, no te fuerces mucho".
Suletta asintió tímidamente.
"Mamá… Mamá… Ella", Suletta apretó los párpados. Ya sabía más palabras gracias a los libros que estaba aprendiendo a leer. "Ella… Ella lle-llegaba con per-per-personas y de-decía que comiera", se volvió a pegar a Miorine. "Ellos… Ellos no po-podían moverse", tragó saliva de nuevo. "Y mamá... Ella decía que-que… Que co-comiera", se sujetó una vez más de la ropa de Miorine. "Yo… Yo co-comía porque… Porque te-tenía hambre".
Miorine apretó los puños y abrazó a Suletta contra su cuerpo. No era necesario preguntar más para intuir la historia completa. Elnora Samaya usaba a la chica para devorar personas, a saber si esas personas le estorbaban o era simple malicia, pero lo que más la enfadó fue saber que mataba de hambre a Suletta para que devorara a esos pobres diablos.
"¿Ya no tienes tanta hambre como antes, verdad?" Preguntó Miorine mientras tranquilizaba a Suletta con suaves caricias.
"No", Suletta suspiró. "Ya no… No… No ten-tengo las manos ni… Ni la ca-cara roja de san-sangre", usaba sus manos para comer pero la carne que le daban ahí era suave y no tenía sangre, era deliciosa y la llenaba como nunca antes.
"Si vuelves a tener esas pesadillas, recuerda que estás aquí conmigo", dijo la vampiresa dulcemente, firme. La abrazó fuerte. "Ahora duerme, tenemos que cuidar de los tomates y tienes que atender tus clases cuando salga el sol".
"¡Sí!"
"Bien", Miorine suspiró y no pudo evitar su siguiente movimiento. Besó la frente de Suletta y sintió de inmediato cuando la loba se relajó por completo, hasta suspiró. Sonrió por lo bajo. "Descansa, Suletta".
CONTINUARÁ…
