Hola a todos. Antes de leer, se deben tener en cuenta las siguientes cosas en esta historia:

-La historia ya está terminada, solo tomaré tiempo para subir el resto de capítulos.

-PP nunca pasó (gracias a Dios), pero los Masters' Blasters si serán canon al igual que su breve arco.

-Danny y Sam nunca confesaron sus sentimientos.

-Todos los derechos de los personajes le pertenecen a Butch Hartman.


Era hombre muerto. Se distrajo solo un momento durante su almuerzo y ya tenía cerca de 20 minutos de retraso. "Tucker me va a matar". Pensaba mientras volaba a toda capacidad rumbo a la ceremonia de graduación universitaria de su mejor amigo.

Durante toda la secundaria los tres continuaron cazando fantasmas en paralelo con sus actividades curriculares. Jazz les apoyaba cuando podía, pues su vida universitaria fuera de Amity Park la acaparaba, pero fue gracias a la integración de Dani al equipo que Danny pudo dedicar un poco más de tiempo a sus estudios y salvar sus calificaciones. Y así, cuando cumplieron 18 años, el equipo se separó para continuar sus estudios universitarios con la promesa de reunirse de nuevo al finalizar.

Danny sabía que las posibilidades de convertirse en astronauta eran limitadas, pero eso no le impidió ir a Florida a estudiar Astronomía. Si bien no había logrado ser el mejor de su generación, no se le daban mal las ciencias cuando tenía tiempo de estudiar. Después de todo, la familia Fenton era una familia de genios.

Sam, más por petición de sus padres que por iniciativa propia, se había mudado a Inglaterra para asistir a Cambridge. Aunque sus pasiones eran variadas, decidió estudiar Literatura Inglesa y, en palabras de su padre, aprender directamente desde la fuente.

Tucker, como era de esperarse, entró en la MIT para estudiar Informática y Programación. Con una beca completa y dominio sobre las computadoras, se volvió tan bueno en ellas que le permitió estudiar simultáneamente una especialización.

Aun cuando estaban esparcidos, solían mensajearse diario y buscaban el tiempo para para hacer videollamadas entre los tres durante los fines de semana, debido a las diferencias entre zonas horarias. También durante las vacaciones solían reencontrarse en Amity Park, aunque solo eran él y Tuck, ya que Sam decidió tomar cursos que le permitieran terminar más rápido su carrera. Cerca de un año había pasado desde la última vez que se habían visto, porque las ceremonias de graduación de Sam y Danny habían coincidido. Por eso acordaron reunirse en la de su mejor amigo, en la cual Tucker daría el discurso de graduación y él… iba tarde. Como de costumbre.

Por eso volaba a toda prisa, intangible y con una mochila sobre su espalda con suficiente ropa para algunos días. Revisó nuevamente su celular donde tenía la ubicación que su amigo le había dado del lugar donde sería la ceremonia y respiró un poco más tranquilo cuando el edificio entró en su campo de visión.


Entró en el auditorio sin hacer ruido y tras ajustar su traje, buscó un lugar donde sentarse. El lugar estaba lleno, pero encontró donde sentarse en la penúltima fila. Tras suspirar, se concentró en la figura de su mejor amigo: vestido con toga y birrete, parado a la mitad del escenario frente a todos recitando su discurso.

- … nos convertimos en llaves. Somos instrumentos para abrir las puertas del progreso y la mejora a la humanidad. Pero una llave en las manos equivocadas también puede cerrar el flujo de conocimiento y restringir el acceso a oportunidades de muchas…

Dejó de prestar atención para buscar entre la multitud alguna cabeza familiar. Observó hacia las filas inferiores con la esperanza de encontrar la que él quería ver desde hace años. Las videollamadas no eran como la interacción diaria que solían tener durante la secundaria y esos 3 minutos hace algunos años no contaban. Y la extrañaba. Más de lo que un amigo debería extrañar a una amiga. Logró ubicar a los padres de Tucker en la parte central de una de las primeras filas, pero no lograba dar con ella.

- Gracias. – El estallido de la sala en aplausos lo regresó a la realidad. Imitando a la gente alrededor de él, se puso de pie a aplaudir.

- ¡Bien hecho Tuck! - En medio de todo el alboroto, fue capaz de reconocer la voz de quien gritaba.

Y cuando todos se estaban sentando fue que logró verla. Podía ser la espalda de literalmente cualquier otra mujer, podía ser la cabellera de cualquier otra persona, pero él podría apostar que se trataba de Sam… su Sam. Y si estaba en lo correcto, estaba en muchos problemas.


Después de muchas y algunas vergonzosas fotos con sus padres, Tucker se abrió paso entre la multitud de estudiantes para buscar a sus amigos.

- ¡Bien hecho Foley!

- ¡Felicidades Tucker!

- ¡Así se hace Tucker!

- Gracias, gracias y gracias. – Dijo él mientras caminaba a través de la multitud saludando a los otros graduados. – Ahora… ¿Dónde estarán...?

- Tucker. – Lo llamó un joven rubio de lentes que iba con 2 personas más. Un chico de cabello y ojos negros con pecas y una joven de cabello rubio y ojos azules. - ¡Vaya que sabes dar un discurso!

- Es tan solo uno de mis muchos talentos, Jerry. – Dijo con una sonrisa y levantando los hombros. Luego desvió la mirada a sus acompañantes. – Felicidades también a ustedes, Carl y… Darla. – El último nombre lo dijo con un tono seductor. – Si quieres podríamos ir a…

- Ni lo pienses Foley. – Lo cortó tajante la muchacha con una sonrisa. – Si no te funcionó en 4 años, no lo hará en 4 minutos. – Se cruzó de brazos y ocasionó la risa de los otros muchachos.

- Valía la pena intentarlo. – Dijo rindiéndose.

- ¿Buscabas a alguien viejo? – Pregunto Carl.

- De hecho, sí. – Dijo volviendo a inspeccionar la multitud.

- ¿Tus amigos de Amity Park? – Preguntó Darla curiosa.

Jerry, Carl, Tucker y ella se había vuelto muy unidos durante toda su carrera. Ellos no conocían a Tucker a profundidad como Danny y Sam, pero Tucker los consideraba como muy buenos amigos, gente en quien podía confiar. Además de que ella y Tucker venían jugando un "estira y afloja" por el último año. Por eso le daba curiosidad conocer a los famosos Daniel y Samantha.

- ¿Y nos vas a presentar? – Preguntó Jerry con una sonrisa y levantando las cejas en un gesto sugerente. Él había tenido el placer de interrumpir una vez una videollamada entre los tres amigos y le gustó lo que vio: ojos morados, cabello negro, piel blanca y facciones muy finas. Solo le vio el rostro, pero fue suficiente para picar su curiosidad.

- Si los encuentro, claro. – Dijo con una sonrisa. – Solo no intenten nada raro. – Dijo en un tono más serio.

- Oh, por favor… - Dijo Carl con una sonrisa. – Nosotros jamás haríamos alg…

- ¡TUCK!

Los cuatro muchachos voltearon a ver hacia la dirección del origen del grito femenino que logró hacer eco en el pasillo. Pronto vieron cómo se formaba un camino entre la gente y por el pasaba caminando una joven. Cabello negro y lacio por debajo de los hombros, un vestido negro sin mangas pegado a su cuerpo que le llegaba hasta la mitad del muslo, junto con un mallón morado oscuro que se perdían a la mitad de su espinilla dentro de las botas altas negras que usaba. Y para rematar, traía puesto unos guantes negros que le llegaban hasta el codo, aunque dejaban ver sus dedos.

"Oh, Danny… estás en muchos problemas". Pensó con una sonrisa al reconocer a esa persona.

- ¡Sam! – Salió a su encuentro y se unieron en un efusivo abrazo. Después de unos segundos se separaron. – ¡Qué bueno que pudiste venir!

- Es para que veas que soy mejor amiga que tú. – Dijo cruzándose de brazos mientras levantaba una ceja.

- ¡Oh, por favor! No todos podemos costearnos un viaje a Inglaterra con el dinero que nos sobra del mes. – Le golpeó suavemente el hombro y ella le respondió con una sonrisa.

- Es bueno verte de nuevo Tucker. Felicidades.

- Lo mismo digo Sam. – Tucker pasó su brazo sobre los hombros de la chica y dio media vuelta con ella. – Por cierto, quiero presentarte a mis amigos… - Solo pudo sonreír ante la reacción de sus amigos al conocer a Sam. Los chicos estaban paralizados y la expresión de Darla era de total sorpresa. "Ya estamos iguales". Sonrió. – Sam, ellos son Jerry, Carl y Darla. – Dijo señalándolos uno por uno. - Chicos, ella es Sam.

- Un gusto conocerlos. – Dijo Sam algo tímida, no por conocer a gente nueva sino por la forma en la que la estaban viendo esos tipos.

- Claro que si… Digo, igualmente. – Se corrigió Carl. Y para mala fortuna de Sam y Tucker, Carl le guiñó el ojo.

- Ok. Suficiente. – Dijo Tucker cuando notó que Sam desviaba la mirada de Carl luciendo incomoda. - Hablamos después chicos.

- Espera Tucker… - Dijo Jerry en voz baja, pero Tucker ya había dado media vuelta con su amiga.

- Les dije que no intentaran nada raro. Pero descuiden, regreso en un rato. – Se despidió con un gesto de su mano y se alejó de ellos a paso lento.

- Eso fue… - Empezó Sam.

- ¿Aterrador? ¿Perturbador? ¿Incómodo? – Ofreció el moreno.

- Vergonzoso es la palabra que buscaba. – Dijo Sam con una ligera risa.

Se detuvieron en la interconexión de varios pasillos y Tucker se colocó de frente a ella.

- Si, pero ¿qué esperabas? Todos somos nerds. – Dijo con una sonrisa.

- Y como fuiste el mejor promedio, ¿eso te convierte a ti en el más grande nerd de este lugar? – Dijo cruzándose de brazos nuevamente.

- ¿Bromeas? – Le contestó divertido. – Soy el rey de todos. - Ambos jóvenes se empezaron a reír.

- Por cierto… - Intervino ella. – Vaya obra maestra la que recitaste durante tu discurso. – Sonrió. – Inspirador, retador, atrevido… todo un llamado a acción a una nueva generación de profesionistas… - Terminó con ironía.

- Era lo menos que esperaba… Después de todo me cobraste 50 dólares por eso. – Dijo divertido. – Aunque no aprobé lo que anexaste sobre la explotación de los recursos y el cuidado del medio ambiente.

- ¡Por favor Tucker! – Dijo entre risas. – Un minuto de ovación debió ser suficiente para dejar pasar algunos detalles.

- Solo espero no encontrar a alguien en internet recitando el mismo discurso. Eso sería suicidio profesional. – dijo fingiendo ponerse serio. – Y me deberías 50 dólares más intereses.

- Me ofende que pienses eso de mí, Tucker. – Dijo ella llevando una mano a su pecho a modo de indignación. – Yo misma me aseguré de esconderlo en la décima página de navegación.

Ambos jóvenes empezaron a reír en medio del pasillo, ganándose las miradas de la gente alrededor debido a la familiaridad con la que "Tuck-nerd" Foley hablaba con aquella chica que estaba atrayendo miradas desde que estacionó su auto en la entrada de la facultad.

- Vaya que extrañaba esto. – Le sonrió ella.

- Yo también. – Le devolvió el gesto. - Por cierto… - Empezó a voltear a la multitud buscando a alguien. - ¿Has vista a Aquel-que-no-debe-ser-mencionado? – Le dijo mientras movía sus cejas sugerentemente.

Ella solo suspiró.

- No… y no es necesario llamarlo así Tuck. – Dijo Sam. – Además, Danny no ha hecho nada como para ganarse ese apodo.

- Creí que era por no haber hecho nada que le habíamos puesto ese apodo. – Dijo el moreno divertido hasta que la vio entrecerrar los ojos. – Perdón ¿Pero estás segura? Porque no pareces muy convencida.

- Han pasado años Tuck. No creo que me descomponga solo con verlo.

"Jo jo jo. Eso está por verse". Sonrío Tucker.

- Eso espero. – Le dijo finalmente mientras levantaba su mano a forma de saludo.

Sam levantó una ceja esperando a que su amigo se explicara, pero lo que no esperaba era el grito que provino desde su espalda llamándolo. No era posible. No debía ser posible que aún después de tanto tiempo esa voz tuviera el mismo efecto en ella. ¡Cálmate! Se recriminó.

- ¡TUCK!


Abandonó el auditorio cerca de 10 minutos después de que la ceremonia había terminado, pensando en cómo debía proceder. En definitiva, esa mujer era Sam. Lo sabía porque… bueno, realmente no lo sabía, pero era la única explicación que tenía para la repentina aceleración de su corazón. Lentamente se fue abriendo camino entre la multitud de estudiantes, buscando a sus amigos. En el camino recibió muchas miradas, sobre todo por parte de la población femenina. Era algo común después de su "transformación" y, aunque aún no se acostumbraba, ya había aprendido a lidiar con toda esa atención indeseada: una ligera sonrisa, un cumplido al atuendo de la chica en cuestión y una caminata lejos de ahí. Lo que aún no entendía era por qué lo buscaban más aun después de dar a conocer su poco interés.

Como había dejado de luchar con fantasmas, el primer año de su carrera había decidido empezar a hacer ejercicio formalmente con la intención de conquistar a Sam la próxima vez que la viera. Había logrado desarrollar músculos suficientes para no parecer un enclenque, pero no tanto como para lucir con Dash o Kwan cuando eran parte del equipo de futbol de la Secundaria Casper. Además, al fortalecer su forma humana, su fuerza se incrementaba cuando adoptaba su forma fantasma. Y eso le gustaba.

Llegó a una intersección de pasillos y pudo observar a su amigo hablando con la misma persona que había visto en la multitud. "Lo sabía". Inhaló profundamente y exhaló lentamente, preparándose para un momento incómodo. Decidido, dio un paso al frente. Había hecho una promesa consigo mismo y no pensaba romperla. Además, ¿por qué habría de ser incómodo? Eran amigos. No, eran mejores amigos. Solo sería incómodo si él lo permitía. Después de todo, había descubierto la solución para la tensión que sentía cuando estaba con Sam desde que cumplió 15 años: fingir que no había tensión.

- ¡TUCK! – Gritó y caminó rápidamente a donde estaban sus amigos, con una sonrisa en la cara.

- ¡DANNY! – Gritó Tucker acercándose a él dándole un abrazo. - ¡Si viniste, viejo!

- Una promesa es una promesa. – Dijo separándose de él. - ¡Felicidades!

- Lo mismo digo, amigo. – Dijo el moreno con una sonrisa.

"Bueno… aquí voy". Pensó Danny.

"¡Cálmate!" Se reclamó mentalmente Sam cuando Tucker fue a saludar a Danny. Respiró profundamente y se dio vuelta, después de todo, Danny también era su amigo. Muy pocas veces en su vida se había arrepentido de hacer algo inmediatamente después de haberlo hecho, como en ese momento. Ella pensaba que estaba lista para no impresionarse sin importar que tan guapo Danny podría verse. Y se volvió a odiar.

Danny estaba hablando con Tucker cuando lo vio. Ligeramente más alto de Tucker, vestido con un traje azul a la medida que evidenciaba que, contrario a su complexión en la secundaria, demostraba que tenía músculos, zapatos cafés y una corbata roja. En un segundo, sus miradas se encontraron y por un segundo, se permitió perderse otra vez en esos ojos azules que la miraban con… algo que no podía describir.

- ¡Sam! – Danny cerró la distancia entre ellos y la abrazó. Fuerte. – Que bueno verte Sam. – Le dijo al oído.

La piel se le erizó al sentir su aliento en el odio y la fuerza abandonó sus piernas por un momento. Ella le correspondió el abrazo casi instantáneamente mientras intentaba normalizar los latidos de su corazón.

- Hola Danny. – Le dijo débilmente.

Ambos estaban disfrutando de ese reencuentro, tal vez demasiado en cuanto al abrazo se refiere. Pero su pequeña burbuja fue reventada cuando el moreno se aclaró la garganta audiblemente, regresándolos a la realidad.

- Si saben que no están solos, ¿verdad? – Su sonrisa se ensanchó cuando vio cómo se separaban a una velocidad increíble, con un sonrojo en sus rostros.

- N-no eres al único al que no había visto Tucker. – Intentó defenderse Danny.

- Si claro… Tórtolos. – 4 años habían pasado y molestarlos seguía siendo igual de fácil.

- Si, bueno… - Intentó Sam cambiar el tema. - ¿Cuál es el plan ahora Tucker?

- Pues primero, tenemos que encontrar a mis padres. – Empezó a enumerar mientras caminaba con sus amigos hacia la salida. - Después iremos al James P. Kelleher Rose Garden para las fotos de graduación. Y Danny usará sus poderes para que podamos tomarnos la foto de graduación más épica de la historia. Y luego…

- Hay un detalle solamente. – Lo interrumpió Danny. – Yo no traje la camioneta de mis padres.

- ¿Tus padres no te la prestaron? – Preguntó Sam curiosa. Después de todo, Jack Fenton solía decirle que si a cualquier petición de Danny gracias a que Jazz le había dicho que era una forma de fortalecer la relación padre-hijo.

- Si, pero no me atrevo a usar esa camioneta fuera de Amity Park. – Concluyó el ojiazul.

- Te entiendo hermano. – Comenzó el moreno. - Ese auto parece ahuyentar a las chicas.

Tucker sonrió con satisfacción al ver la cara irritada de sus dos amigos. "Otra vez, demasiado fácil". Podía ver la indignación en la cara de Danny al sugerir que el buscaba la atención de otras mujeres; y en la de Sam, la molestia por seguir recordándole el hecho que seguía enamorada de Danny.

- Bueno… supongo que podríamos ir en el auto de mis padres. – Retomó la palabra. - Solo espero no les moleste ir algo apretados. Porque ya empaqué algunas de mis cosas y debo decirles, no todas entraron en la cajuela.

- Bueno… - Empezó Danny. – Yo podría hacer intangible algunas partes de mi cuerpo para hacer espacio. – Dijo rascándose la cabeza.

- No creo que sea necesario hacer eso Danny… - Dijo Sam, sabiendo que se arrepentiría por decir lo que estaba por decir.

- ¿Quieres ir apretada con Danny? – Preguntó Tucker divertido, causando que ambos se sonrojaran. Otra vez.

- No lo decía por eso Tuck. – Ignorando la sugerencia de su amigo. – Yo… traje auto.

Listo. Lo había dicho. Y por cinco segundos, creyó que no había pasado nada, pero cuando se extendió el silencio notó que ellos ya no caminaban con ella. Se dio la vuelta y notó que en sus rostros había una clara expresión de sorpresa y duda.

- ¿Qué? – Dijeron al unísono.

- Dije… - Se cruzó de brazos. - … que traje un auto. ¿Acaso las chicas no podemos tener uno?

- Las chicas sí. – Comenzó el moreno. – Pero tú, Samantha Manson, una ultra-reciclo-vegetariana que prefiere usar medios de transportes alternos porque ve a los autos como una pesadilla ambiental…

- No es característico de ti, Sam. – Terminó Danny.

- Fue un regalo de mis padres. – Dijo mirando a Danny para luego voltear a ver a Tucker. – Además, es eléctrico. – Dijo con una sonrisa.

- Vaya. – Dijo Danny.

- Bueno, entonces puedes llevarte a Danny. – Sugirió de buena fe. – Pasan a buscar sus togas y nos vemos allá para las fotos.

Salieron por fin del edificio y bajaron algunos escalones. Algunos metros frente a ellos estaban los padres de Tucker hablando con Darla, quien se despidió apenas vio al moreno.

- ¡Tucker! – Lo llamó Maurice, su papá. – Tu amiga nos estaba diciendo que… ¡Oh! Daniel, Samantha. Que gusto verlos. Me alegra que pudieran venir. – Les dijo con una sonrisa.

- Hola Sr. Y Sra. Foley. – Comentaron al unísono.

- Y muchas felicidades también para ustedes por graduarse. – Mencionó.

- Gracias.

- ¿Qué decías papá? – Preguntó Tucker.

- Tu padre te iba a decir que hablamos con tu amiga. – Intervino Angela, su mamá. – Es muy amable y linda por cierto…

- Mamá… - Dijo el moreno algo avergonzado de que su madre quisiera a jugar a la casamentera con él. Algo que al parecer sus amigos encontraban divertido… al igual que su papá.

- Nos dijo que ya salieron a donde se tomarán las fotos. – Terminó. – Creo te esperarán allá.

- Bien. – Se volteó a ver a sus amigos. – Entonces… Pasan a cambiarse y nos vemos allá.

- Pues yo tengo mis cosas en el auto. – Dijo Sam.

- Y yo en… - La sonrisa de Danny se tornó en un gesto de pánico. – Oh, no…

- ¿Danny? – Preguntó Sam. - ¿Qué pasa?

- ¡Rayos! – Exclamó mientras se daba la vuelta. – Olvidé recoger mi mochila. ¡Regreso en un momento!

Salió corriendo hacia el interior del edificio, lo que hizo que Sam sonriera.

- Parece que hay cosas que no cambian. – Dijo viendo cómo el ojiazul se perdía en el interior.

- Si… muchas cosas. – Le respondió Tucker.

- Tucker. No. – Dijo Sam seria. – Estoy molesta contigo.

- ¿Ahora que hice? – Preguntó divertido.

- No es lo que hiciste, sino lo que omitiste. – Entrecerró los ojos y luego se fue a buscar a Danny.

Tucker solo negó con la cabeza y se fue con sus padres.


Intentó observar nuevamente más allá de ese día, pero su báculo le mostraba lo mismo. Nada. Una oscuridad absoluta donde no podía discernir que podía hacer para modificarla. Por años lo había intentado, pero lo único que había logrado era retrasar lo inevitable.

- Reloj. – Una presencia a su espalda le llamó la atención. – Ya estamos listos.

Su forma mayor solo le asintió al Observador para después seguirlo. Había sido convocado nuevamente a la corte de los Observadores para discutir temas importantes y para rendir cuentas de su actuar. Cruzó el umbral y quedó en el centro de la corte, con todos los Observadores observándolo desde sus lugares.

- ¿Qué puedo hacer por ustedes? – Preguntó con cautela.

- Sabes muy bien el por qué y el para qué estás aquí. – Comentó un Observador a su izquierda. – Tus transgresiones temporales y tus manipulaciones en favor del chico fantasma han ocasionado que una oscuridad, como no la ha habido en milenios, se cierna nuevamente sobre nosotros.

- Todo lo que he hecho ha sido para preservar el flujo del tiempo. – Se defendió mientras envejecía.

- Y entonces, ¿cómo explicas que no podemos ver más allá de una semana en el futuro? – Le cuestionó otro.

- Creo que no necesito explicarles cómo funciona un punto absoluto en el tiempo. Pero si eso quieren…

- ¡No nos trates como ignorantes! – Le gritó uno de la última fila. – Sabemos que por los últimos años has manipulado la línea del tiempo para ocultarnos algo.

- Y lo has hecho nuevamente. – Continuó otro. – Solo que esta vez fuiste demasiado lejos.

- ¿Y de qué me acusan, exactamente? – Preguntó Reloj.

- Tus decisiones han conducido a este mundo a una oscuridad total. Lo único que había ocasionado una interferencia en nuestros poderes fue la rebelión de…

- Recuerdo muy bien qué ocasionó la distorsión temporal. – Lo interrumpió Reloj. – También recuerdo que navegamos a través de esa oscuridad y henos aquí. – Dijo señalando a toda la corte. - ¿Saben qué más recuerdo? A esta corte. Que no hizo nada para combatir aquella oscuridad.

- Sabes que no debemos interferir…

- ¿Entonces cuál es el problema? Si no hay nada que hacer. Y si lo hay, no lo harán. ¿Por qué preocuparse entonces? – Concluyó mientras se convertía en niño.

- Tu arrogancia será tu condenación, Reloj. – Sentenció un Observador de la primera fila.

- Si esto era todo… - Retomó la palabra. – Me tengo que ir. Una línea del tiempo me necesita.

Se dio media vuelta y se dispuso a irse, solo para ser interrumpido antes de salir.

- Una última cosa. – Lo llamó el principal de todos los Observadores. – Las reliquias de Congelación y de Pandora… ¿qué pretendes con ellas?

Reloj solo sonrío al voltear a verlo, antes de desaparecer.


Reapareció en su guarida y cuando confirmó que estaba solo, suspiró. Observó su mesa de utensilios donde reposaba el Infimapa y la Caja de Pandora. Sabía lo que tenía que hacer, pero eso no lo hacía más fácil. Había habitado ese lugar por milenios, había visto la historia de la humanidad desde ahí, estaba familiarizado con cada grieta que había allí. Por eso la idea de tener que destruirlo le causaba un conflicto interno.

"No hay otra manera". Se recordó mientras observaba la esfera del tiempo que estaba frente a él. Los Observadores tenían razón en una cosa: algo oscuro se acercaba. Pero esa no era la causa de la interferencia temporal.

Era él. El responsable de desatar toda esa maldad y de nublar la visión al futuro.

En otra ocasión, la ironía de esa situación lo hubiese hecho reír: el protector del tiempo debía destruir el tiempo. Volvió a suspirar. Llevo su mirada al báculo y una imagen de 2 jóvenes a bordo de un auto, hablando y riendo.

Viviendo.

Solo esperaba que las cosas se dieran como debían de ser al final. Ahora solo faltaban dos cosas por hacer y con suerte, sería suficiente.


- ¡Ahora, arrojen sus birretes al aire! – Gritó Maurice a los 4 muchachos que estaban posando para las fotos. – ¡Muy bien! Ya tengo suficientes con estas.

- Gracias papá. – Dijo Tucker mientras se acercaba a él para tomar su cámara.

Maurice se hizo a un lado para que pudieran inspeccionar las fotos. Estuvieron un rato hablando y riéndose de las poses que hacían hasta que Carl tomó la palabra.

- Oye Tucker, ¿crees que puedas presentarnos a tu amiga otra vez?

- ¿Para qué? ¿Para qué se vuelvan a paralizar y la pongan incómoda? No, gracias. – Dijo el moreno.

- Te prometemos que no volverá a pasar. – Ahora fue Jerry.

- Si, solo nos agarraste con la guardia baja. No pasará de nuevo. – Terminó Carl.

- Olvídenlo. – Sonrió. – Ella no está disponible.

- No recuerdo haberla visto llegar con nadie. – Ahora fue Darla quien habló.

- ¿No viste a Danny? – Darla levantó una ceja al desconocer el nombre. – Pelo negro, ojos azules, un poco más alto que yo, pero menos atractivo…

- ¿El tipo del traje azul? – Preguntó ella.

- Ese mismo.

- Tucker está en lo cierto chicos. Olvídenla. – Dijo mirando a los otros 2.

- ¿Por qué? ¿Es atractivo? – Preguntó Carl a lo que Darla solo sonrió.

- Tucker es atractivo. – Dijo haciendo que el ego del moreno se disparara. – Este tal Danny… es sexy.

- Muy graciosa. – Dijo Tucker serio. Luego vio como ella se arreglaba el cabello. - ¿Qué haces?

- Sería de mala educación no presentarnos, Foley. – Dijo son una sonrisa.

Antes de preguntar cualquier cosa, la risa de Sam llegó a sus oídos. Al voltear los observó caminando juntos. Ya traían sus togas puestas, con la diferencia de que Danny traía el birrete en una mano mientras que ella lo tenía puesto. La postal de ellos dos caminando era muy adorable… "Si tan solo no fueran un par de despistados". Pensó mientras ellos se acercaban.

- Se tomaron su tiempo, chicos. – Dijo con una sonrisa.

- Fue culpa de Danny. – Señaló Sam, golpeándolo ligeramente en el brazo. – Que al parecer no puede leer un mapa.

- Te prometo que no fue mi culpa. – Falso. – El GPS decía que esa la ruta más rápida. – Doblemente falso. Pero no iba a decirle que un viaje en auto de 5 minutos con ella no era suficiente para él y que por eso lo convirtió en uno de 20 minutos.

- Cálmense niños. – Dijo divertido. – Primero que nada: Danny, te presento a mis amigos de la carrera. Jerry, Carl y Darla. Chicos, él es Danny.

- Mucho gusto. – Los saludó amablemente y los muchachos solo asintieron con la cabeza.

- El gusto es mío. – Le dijo Darla guiñándole el ojo.

Ese gesto puso a Danny incomodo rápidamente y adornó sus mejillas con un ligero color rosado. Tucker tomó nota mental de no volver a presentar a Danny ante sus amigos y Sam luchó contra el impulso de enojarse por el coqueteo descarado de esa chica con Danny. "Danny no es tuyo". Intentaba recordarse mientras su puño se ponía tan rígido que sus uñas empezaban a enterrarse en la palma de su mano.

Afortunadamente, Jerry no había notado la tensión.

- ¿También vienen a tomarse fotos por su graduación? – Dijo señalando sus vestiduras.

- ¡Si! – Dijo Danny. – De hecho, deberíamos irnos a tomarlas… Ya saben, antes de… de…

- De perder la buena iluminación que hay. – Terminó Sam por él. No lo había hecho por salvarlo, sino para alejarlo de aquella chica.

Tucker simplemente se agarró el puente de la nariz.

- Bueno chicos, nos vemos en la cena. – Tomó de los brazos a Danny y Sam y salió de ahí.

- Pero… no le pedí su número… - Susurró Carl mirando en dirección a Sam.

Desafortunadamente para él, Danny logró escucharlo. Giro su rostro violentamente y le dedicó una mirada asesina que hizo que el chico se sobresaltara. Tucker los llevó hasta un callejón donde Danny pudiera transformarse.

- ¿Y dónde nos tomaremos esa foto épica, Tuck?

- ¿Viste el edificio gigantesco unas calles más adelante? Pues su azotea tiene la mejor vista de la ciudad.

- Bien. – Dijo Danny sosteniéndolos de los brazos. – Sosténganse de mí.

Con eso, Danny los volvió intangibles y despegó. En menos de un minuto, los tres pusieron los pies en la azotea de aquel edificio. Danny creó un doble de él para que les tomara la foto mientras que el deshacía su transformación. A esa altura había algo de viento e inmediatamente alboroto los cabellos de Sam, algo de lo que Danny no pudo despegar su mirada.

Acomodándose algunos mechones detrás de la oreja, se acercó lentamente al borde para observar la vista y quedó maravillada.

- Wow. ¿Cómo descubriste este lugar Tuck? – Preguntó sin despegar su mirada del paisaje.

- Una tarde estaba volando mi dron cuando capté esto en la cámara. ¿Acaso no es la mejor postal que has visto? – Se paró junto a ella.

- Es preciosa. – Le contestó.

Frente a ellos, podían observar la totalidad del parque donde habían estado, lleno de colores vivos y vibrantes gracias a la multitud de flores que lo adornaban y que, junto con el verde de los árboles, daban vida a esa parte de la ciudad. En los flancos, la simetría de las calles y los colores neutros de las edificaciones circundantes proporcionaban el contraste perfecto, logrando un balance entre lo natural y lo hecho por el hombre.

- Bien. – Dijo el duplicado de Danny con cámara en mano. – ¡Digan "Equipo Phantom"!

Los tres se juntaron dejando a Sam en el centro. Tucker y Danny pasaron un brazo sobre sus hombros y ella los abrazó de la cintura. Todos sonrieron.

- ¡Equipo Phantom!


Se tomaron muchas fotos los 3, algunas individuales y, por insistencia de Tucker, también en parejas. Sus tórtolos amigos jamás lo admitirían, pero estaban muy agradecidos por su sugerencia. No tardaron mucho tiempo en la azotea, pues alguien había notificado al guardia de seguridad que había gente arriba, pero no fue tan rápido como para atraparlos. Ya en el suelo, se removieron las togas y caminaron en dirección del auto de Sam.

- ¿Qué sigue en el itinerario? – Preguntó Sam.

- Yo tengo que ir con mis padres y alistarme para la cena. Pero les enviaré las fotos tan pronto como las pase a mi laptop…

- Espera Tuck. ¿Qué cena? – Pregunto Danny.

- Descuida viejo. Es solo para los graduados.

- ¿Y qué haremos nosotros? – Solo un tonto (o un despistado) no podría ver lo que Tucker estaba haciendo, pero Sam quería creer que él no le haría eso.

- ¿Alguna vez habías estado en Massachussets? – Preguntó, a lo que ella solo negó con la cabeza. – Pues ahora sí. Todavía es de día, hay mucho que ver aquí y ustedes dos tienen mucho que hablar. Pónganse al día. – Sam quería quitarles la sonrisa a puñetazos, pero Danny se le adelantó al hablar.

- Pues… - Se rascó la mejilla algo incomodo. – Tengo que pasar al hotel al check-in y cambiarme. – Dijo señalando el traje azul que aun vestía. - Pero después de eso podríamos pasar al museo que vimos de camino. – Dijo con una sonrisa.

- Eso suena bien. – Le devolvió una leve sonrisa a Danny. ¿Por qué por más que lo intentara no podía decirle que no a Danny?

- ¡Excelso! – Dijo Tucker. – Entonces nos vemos mañana… tórtolos.

Solo observaron al moreno alejarse. Desde hace tiempo habían dejado de molestarse cuando se referían a ellos como "tórtolos". De forma individual, lo hicieron porque admitían que realmente lo eran. Pero al mismo tiempo, asumían que el otro no lo negaba porque eso no cambiaría nada. Sam solo suspiró.

- Bien… Sube al auto Hansel. – Dijo sacando las llaves de su bolso.

- ¿Hansel? ¿Es por qué nos perdí? – Dijo siguiéndola.

- Vaya. No pensé que entenderías la referencia. – Le sonrió mientras abría la puerta del conductor.

- ¡Oye! – Fingió sentirse ofendido mientras entraba al auto.