Eran las 9 de la mañana cuando Tucker entró en el restaurante donde se iba a reunir con sus amigos. Sam lo saludó desde la mesa y él empezó a caminar hacia ella. Ahora con sus ropas casuales, Tucker una playera negra debajo de un cárdigan de cierre amarillo mostaza con el cierre a media altura, unos pantalones de mezclilla grises y sus tenis rojos, además de su inseparable gorra roja puesta al revés.

Sam vestía una blusa morada con mangas de ¾, una falda negra y sus botas altas del mismo color. Su blusa tenía el cuello y las orillas de las mangas de color negro, y para combinar, su bolso de mano era morado. Sonrió cuando el moreno se sentó frente a ella.

- Buenos días.

- Buenos días Sam. – Volteó a ver alrededor. - ¿Y Danny? Creí que lo traerías.

- Fue al baño segundos antes de que llegaras. – Señaló el pasillo al final del restaurante donde estaban los sanitarios.

- ¿Y? – Dijo yendo al punto.

- ¿Y… qué? – Fingió desconocer de qué hablaba.

- ¿Cómo les fue ayer en su c-i-t-a? – Deletreó la última palabra para provocarla aún más.

- Tucker… - Le advirtió.

- Sam…

- Ni siquiera fue una cita. – Dijo en voz baja, rompiendo el contacto visual.

- Pues cuéntame de su reencuentro entonces. – La atrapó el moreno.

- Bien. – Sentenció Sam seria.

- ¿Solo bien? – Levantó una ceja.

- ¿Qué quieres que te diga? – Dijo cansada.

- Solo la verdad. – Dijo apoyándose en la mesa para acercarse.

- Esa es la verdad…

- ¡Vamos Sam! Los dejé toda la tarde y noche solos, paseando por una ciudad que no conocían después de no verse por años. Así que preguntaré de nuevo…

- ¡Bien! – Dijo adoptando la misma postura que él. – Fue magnifico. La ciudad es preciosa, tiene muchos lugares interesantes, Danny fue igual o más encantador conmigo que de costumbre, me divertí mucho y… - Hizo una pausa antes de terminar. – Y ya. – Volvió a enderezarse en su silla, con una ligera decepción en su mirada.

Tucker llevó ambas manos a su rostro, frustrado. "Danny idiota". Pensó. Soltó un suspiro profundo.

- Bueno, supongo que hoy…

- Ya no Tucker. – Dijo cansada, haciendo que el moreno la viera sorprendido. – Se lo que haces y… hasta cierto punto te lo agradezco. Pero debes dejar de forzarlo. – Suspiró. – Es obvio que no le gusto a Danny de esa forma y…

- Sam… - La volteó a ver como si acabara de decir la mayor estupidez de la historia.

- … y es lo mejor. – Dijo interrumpiéndolo. – No puedo seguir detrás de él toda la vida. Creí que lo había superado después de todo el tiempo en Inglaterra, pero no. Necesitaba ese golpe de realidad.

El de ojos verdes solo la observaba sin dar cabida a lo que salía de su boca. El ánimo de Sam había decaído y de repente, parecía alarmada.

- Demonios. – Susurró cuando vio que Danny venía de regreso. – Ni se te ocurra intentar algo o te mato. – Dijo señalando a Tucker, quien estaba muy distraído al ver como su amiga se volvía a poner su máscara de normalidad.

- Hola viejo. – Dijo Danny cuando llego con ellos.

- Hola Danny. – Le respondió, dándole un menú.

Danny le agradeció y tomo un menú. Los 3 estuvieron en silencio por un momento, mientras escogían su desayuno. En un momento, Tucker se aclaró la garganta y Sam inmediatamente puso sus ojos en él. Le advirtió con la mirada y negó con su cabeza para disuadirlo de lo que pensaba hacer, pero Tucker solo pudo mover sus labios con un "lo siento" insonoro.

- Y… - Dirigió su mirada a su amigo, sintiendo como Sam taladraba su cabeza con la mirada. - ¿Cómo les fue ayer?

Ni bien terminó de hablar, todo lo que estaba sobre la mesa saltó cuando las piernas de Tucker la golpearon por debajo y dio un grito ahogado, inclinándose para tallar su espinilla. "Ahora sé por qué siempre usa botas". Pensó.

- ¿Qué te pasó? – Preguntó Danny viendo a su amigo preocupado.

- Se golpeó con la pata de la mesa. – Dijo ella ocultándose detrás del menú.

- Solo me estaba estirando. – Se quejó mirándola. - ¿Entonces…?

- Creo que ya pediré. – Dijo Sam bajando el menú y levantando la mano para llamar a un mesero, que no tardó en llegar.

- Vaya. Alguien se levantó con hambre. – Bromeó Danny.

- No tienes idea. – Dijo irónicamente mientras el mesero se colocaba junto a ella. – Voy a querer la ensalada vegetariana y jugo de naranja. – Le entregó el menú al mesero.

- Muy bien. – Dijo terminando de anotar en su libreta. - ¿Y para ustedes?

- Yo quiero el desayuno clásico. – Dijo Danny. – Con extra tocino y jugo de manzana.

- Deme lo mismo que a él. – Pidió Tucker, aun sobándose la espinilla.

- En un momento traeré sus órdenes. – Dijo el mesero, quien se fue después de recoger los menús.

- Ayer… - Empezó Danny.

- ¿Cómo te fue en la cena? – Lo interrumpió Sam, mirando a Tucker suplicante.

- Bien, supongo. – Dijo enderezándose. - ¿Y a ustedes? – Dijo esquivando la nueva patada que Sam le iba a dar.

- Fue muy divertido. – Dijo Danny, mirando a Sam. – Y la comida estaba deliciosa.

- Esperen… ¿fueron a cenar? – Levantó una ceja.

- ¿Qué esperabas? ¿Qué no comiéramos? – Pregunto ácidamente Sam.

- En realidad, algo más como compartir un plato de pasta. – Le respondió con ironía.

- ¿Qué les pasa a ustedes dos? – Preguntó Danny.

- Nada. – Respondieron al mismo tiempo, desviando la mirada a otro lado.

Danny solo entrecerró los ojos para luego negar.

- Bueno, después de que nos cambiamos fuimos a un museo cerca de donde estábamos. Tenía cosas interesantes. Después fuimos…

Danny comenzó a narrar todo lo que habían hecho el día anterior a Tucker. Había algo en la forma en la que lo estaba narrando que hizo que Sam pudiera tranquilizarse y olvidarse por un momento de sus propios pesares. Tal vez era la sonrisa con la que lo contaba o la forma en la que la miraba mientras lo hacía, pero sonrió en más de una ocasión. Incluso lo ayudó a contar algunas partes del día. Dejo de escuchar cuando su mirada cayó en sus labios. Quedó embelesada por la forma en la que se movían para hablar, en cómo se estiraban cuando sonreía… Le dolía el pensar que alguien más que ella podía probarlos. Se habían besado en el pasado, pero no por razones sentimentales sino por mera supervivencia. Sin embargo, eso no había evitado que pudiera disfrutar del contacto, aunque sea un poco. Si cerraba los ojos, podía recordar a la perfección la sensación de sus labios sobre los suyos, la suavidad…

- ¡Oh! ¿Puedes creer que encontramos un puesto que vende el helado favorito de Sam? – Dijo Danny a Tucker. – Con todo y gomitas de murciélago.

- Eso si es raro. – Dijo Tucker entretenido.

- Luego fuimos a cenar y… ya. La dejé en su hotel y luego me fui al mío. – Concluyó. – Bueno, técnicamente ella iba conduciendo… pero tu entiendes.

Antes de que otra palabra fuese dicha, el sonido de un celular llamó a atención de todos. Reaccionando, Sam sacó su teléfono de su bolsa y observó la pantalla.

- Disculpen, tengo que atender. – Dijo poniéndose de pie y saliendo del lugar.

Los ojos de Danny nunca abandonaron la figura de su amiga, hasta que la perdió de vista. Recordó lo que había pasado cuando pasó por el en la mañana. Se había puesto una playera negra y encima una camisa azul manga larga abierta, unos pantalones de mezclilla oscuros y unos tenis negros. Necesitaba causarle una gran impresión a Sam cuando lo viera… pero no se imaginó que el impresionado sería él.

Tucker notó que Danny seguía viendo en la dirección que había tomado Sam, así que decidió traerlo de regreso para aprovechar que ella había salido y hablar con él.

- ¡Oye! – Gritó cuando sintió a Tuck golpearle el brazo.

- ¡¿Es enserio Danny?! – Le reclamó sin levantar la voz. – ¡Te di una oportunidad de oro! ¡Y la desaprovechaste!

- ¡No la desaproveché! – Se defendió.

- ¿Entonces cómo explicas que esa historia no terminó con ella y tu… - Hizo juntando sus manos a forma de beso. - … dándose un beso de verdad?

- ¡No la iba a besar el primer día que la veo después de varios años! ¡Eso hubiese sido raro! – Decidió sería mejor no mencionar las muchas veces que estuvo a punto de hacerlo.

- ¡Estuviste así de perderla, Danny! – Hizo un gesto con su mano.

- No. – Sentenció con una voz fría. – Sam regreso sin novio, eso significa que mi promesa sigue en pie.

- Pues hazlo pronto. – Le dijo Tucker, algo enojado. – Porque estoy seguro de que un océano de distancia no va a detener a James Bond.

- Dime algo. – Dijo Dany recargándose sobre la mesa y algo molesto por la mención de ese tipo. – Y quiero la verdad. ¿Sabes si yo le gusto a Sam?

Tucker boqueó como un pez. Lo había puesto en una encrucijada: si le decía la verdad, Sam se molestaría con él por divulgar lo que ella le había dicho en secreto hace años; y si mentía, terminaría por prolongar algo que ya había durado más de lo que debía.

- Porque si la respuesta es no… - Retomó la palabra el ojiazul. – No pienso tirar mi amistad con ella a la basura solo porque quiero algo más.

- Danny…

- Rayos, ahí viene. – Dijo acomodándose rápidamente. – Actúa normal. – Lo amenazó.

"Genial. Jugaba al casamentero por ellos y solo conseguía que lo amenazaran". Suspiró.

- Perdón por la tardanza. – Dijo ella tomando su lugar. – Había olvidado reportarme con mis padres.

- Hubieses contestado aquí. – Dijo Danny. – No nos hubiéramos molestado… Sammykins.

- Cuidado con tu boca, Fenton. – Le contestó, causando la risa de sus amigos.

Al poco tiempo, sus alimentos llegaron y los temas de conversación pasaron a ser acerca de sus vivencias universitarias.


Salieron del restaurante y empezaron a caminar por la calle. Sam iba entre ellos, pero inconscientemente caminaba un poco más pegada a Danny. Él lo notó. Y tuvo que luchar contra sus ganas de tomar la mano de Sam. O de abrazarla. O de besar…

- ¿Danny?

- ¿Eh? – Fue lo único que dijo cuando escucho su nombre. – Perdón, estaba en otro lado. ¿Qué decían?

- Te preguntamos a qué hora sale tu vuelo. – Respondió el moreno. – Ya sabes, para ver si podemos ir a dejarte.

- ¿Qué vuelo? – Preguntó sin entender de qué hablaban ellos.

Sam sonrió resignada y Tucker se llevó las manos a la cabeza.

- Viejo, si no trajiste la camioneta de tus padres, asumimos que viniste en avión.

- Por eso preguntamos para ver si podíamos llevarte al aeropuerto antes de irnos nosotros. – Terminó ella.

- Oh… - Dijo algo incomodo. – Pues… Esa es una historia graciosa. Verán… si vine volando, pero no vine en avión. – sonrió.

- Espera… ¿Me estás diciendo que volaste desde Florida hasta aquí en tu forma fantasma? – Preguntó escéptico el moreno.

- ¿Qué? ¡No! Desde Amity Park.

- ¿Entonces…?

- Creí que podrías llevarme… si es que tus padres aceptan. – Sonrió para intentar convencerlo.

- No lo sé viejo. Llevamos mucho equipaje. – Tucker se pegó a Sam y la jaló hacia él con un brazo sobre su hombro. – Pero mi amiga Sam podría. – Le guiñó el ojo a Danny y Sam le dio un codazo en las costillas.

- No lo sé Tucker. – Dijo avergonzado. - No quiero abusar de Sam. Ayer ella me llevó a todas partes y…

- Danny. Somos amigos. – Lo interrumpió ella. – Además, vamos al mismo lugar así que no veo por qué no podría llevarte.

- ¡Gracias Sam! – Uso eso como excusa para acercarse a ella y abrazarla, aunque sea por un momento.

Sam se sorprendió por el arrebato del ojiazul, pero antes de que pudiera responder el abrazo, él se separó.

- Y no te preocupes. Yo pagaré la gasol… - Se detuvo cuando recordó que el auto era eléctrico. - ¿Las pilas? No. ¿Te compraré una batería nueva? – Su cara de desconcierto hizo que los otros se rieran. - ¿Cómo funciona eso? – Termino diciendo para él mismo más que para alguien más.

- Descuida. – Le dijo ella con una sonrisa. – Ya pensaré en cómo me puedes pagar.

Su sonrisa desapareció cuando vio como el moreno le guiñaba el ojo. Mas le valía no tener que ver con eso.


Iban en el vehículo tranquilamente con rumbo a Amity Park. Con esa velocidad, estarían en sus hogares en menos de una hora. Sorpresivamente Danny había resultado ser un gran copiloto, porque, aunque lo intentó, no logró convencerla de dejarlo a él manejar. No se durmió en el trayecto, se encargó de las bebidas y las botanas, amenizó el viaje con música de Dumpty Humpty, la mantenía entretenida con la conversación y, sobre todo, si tenía comentarios acerca de su forma de manejar, se los había ahorrado.

Danny le había implorado que lo dejara manejar para descubrir que tan rápido podía ir ese carro, pero ella no cedió. "Pero algún día". Pensó. Sam por otro lado, le negó su petición porque al ser ella quien conducía, tenía que mantener su vista al frente en todo momento, y no en su amigo que parecía empeñado en frustrar todos sus intentos por desenamorarse de él. Inconsciente pero sistemáticamente, Danny siempre hacia algo por ella que derretía su corazón cuando se empeñaba en sacarlo de ahí: cuando Danielle entró en su equipo y Danny tenía tiempo libre para estar con ella, en su cumpleaños 16 con ese hermoso collar de hielo fantasma; en su graduación de la Secundaria Casper cuando le llevó a su casa un bouquet de sus flores favoritas más grande que el que le dieron sus padres… Y realmente quiso creerle a Tucker cuando les llamaba tórtolos. Quería creer que Danny era así con ella porque la quería de la misma manera que ella a él. Y esperó a que Danny se lo pidiera.

Pero nunca lo hizo. Incluso llegó a esperar a que hiciera una escena declarándole su amor en el aeropuerto el día que partía a Inglaterra para estudiar. Pero solo le dio un abrazo y le deseó suerte. Se sintió confiada de que esta vez sí podría olvidarse de él cuando había un océano de por medio. Hizo nuevos amigos, se mantuvo ocupada… ¡Demonios, hasta había tenido citas! Durante su segundo año, había conocido a Stephen Malen. Alto, inglés, guapo, inteligente, con un gran sentido del humor y con muchos intereses en común. No eran de la misma carrera, pero coincidían mucho durante sus tiempos libres. Entonces cuando él la invitó a una cita, ella lo vio como la oportunidad perfecta para superar su "enamoramiento infantil".

La primera cita fue muy divertida y acordaron en salir otra vez. Sin embargo…

Acababa de terminar la conferencia a la que había asistido de parte de la universidad. Aunque estaba agotada, había disfrutado mucho la plática acerca de "El futuro de la industria eléctrica: ¿Alternativas renovables o Nucleares?". Había aprendido muchas cosas e incluso, había de cambiado de parecer en otras. Recogió sus cosas y se dirigió a la salida del centro de convenciones cuando recibió un mensaje. Desbloqueó el teléfono y observó la notificación.

¿Mañana a las 6 funciona para ti? – De Stephen Malen.

Sonrió y bloqueó nuevamente su celular. Le respondería cuando llegara a su dormitorio. Eran cerca de las 6:30 de la tarde y el cielo estaba oscureciéndose, por lo que decidió tomar un taxi en lugar de ir hasta la estación de metro. Vestía sus botas negras de costumbre, con pantalones y una blusa del mismo color, y encima tenía un rompevientos formal morado. Se ajustó la mochila a su espalda y antes de poder abrocharse los botones del rompevientos, una voz la frenó de inmediato.

- Hola Sam.

De forma mecánica su mirada subió hasta la persona que le hablaba. Sus ojos se abrieron como a un venado al ver un carro en autopista y la sangre abandonó su rostro. No podía ser posible.

- Danny… - Susurró sin poder creer que él estuviera ahí.

Al escuchar su nombre, Danny solo le sonrío débilmente, sin atreverse a acercarse a ella.

- ¿Qué…? ¿Cómo…? ¿Por qué…? ¿Tú…? – Balbuceó ella.

Él rio.

- Sam, aunque me encantaría quedarme un poco más para hablar contigo, me temo que tengo el tiempo contado. – Dijo mientras empezaba a buscar algo dentro de la gabardina que traía puesta.

- ¿De qué hablas? – Preguntó ella confundida. Danny estaba usando una gabardina que cubría casi todo su cuerpo, solo dejando a la vista sus zapatos y pantalones grises.

Él le extendió un paquete envuelto. Ella solo lo vio. "Claramente es un libro". Pensó al ver las dimensiones del paquete, mas no lo tomó. Danny sonrió y lo agitó, incitándola a que lo tomara. Con algo de duda accedió.

- ¿Qué es esto? ¿Por qué…?

- Se que es algo tarde, digo… tu cumpleaños fue hace un mes. – La interrumpió él. – Pero hoy es la fecha más cercana en la que se abrió un portal hasta acá. – Hizo una breve pausa. – Ábrelo cuando estes en tu dormitorio… o departamento… o casa.

- Danny… - Dijo volteando a ver el regalo en sus manos.

De repente, sintió como él ponía sus manos sobre sus hombros, atrayendo su atención. Su corazón dio un vuelco cuando observó el azul intenso de sus ojos tan cerca de ella y la hermosa sonrisa que le estaba dedicando.

- Feliz cumpleaños Sammy. – Le dijo con un beso en la mejilla.

La sangre regresó rápidamente a su rostro, calentándolo. Danny se separó de ella y miró hacia el cielo.

- Ya me tengo que ir. – Sam observó en el cielo la distorsión ocasionada por el portal fantasma que acababa de abrirse. – Disfruta tu regalo.

Corrió hacia una jardinera para ocultarse y lo siguiente que vio fue la luz de la transformación de Danny. Sam seguía en shock por lo que acababa de pasar y salió corriendo a la calle para tomar un taxi rápidamente.

Cuando llegó a su habitación, entró y azotó la puerta detrás de ella, aventó su mochila en algún lugar del suelo y se quitó el rompevientos con violencia. Tomó en sus manos el regalo y se sentó en su cama. Empezó a arrancar la envoltura y cuando el cuero de la cubierta estuvo a la vista, lo arrojó a la cama como si quemara.

Se tapó la boca con ambas manos para callar un ligero grito que quería salir de ella y los ojos le empezaron a picar. Volvió a leer el nombre del libro: "En los siete bosques: Poemas principalmente de la Edad Heroica de Irlanda". Ese era su libro favorito. Ella tenía una copia. Pero no como esta.

Ella tenía la 8va reimpresión del libro en pasta blanda, no tenía una primera edición ORIGINAL en pasta dura de cuero. Temblorosa, volvió a tomar el libro en sus manos. Lo abrió y observó que en la primera hoja de la portada había una dedicatoria escrita a mano. Cuando la leyó, no fue capaz de contener las lágrimas.

"Para mi admiradora Sam: esperando que mis letras te lleven a mundos desconocidos y que tu corazón te guie a través de ellos". – W.B. Yeats.

Hojeó el libro y entre un par de hojas, vio una pequeña nota de papel guardada. La sacó y leyó el papel impreso.

"No lo prestes". – Danny.

Una risa se le escapó cuando, escrito con lapicero, leyó un "Y Tucker" en el reverso de la nota. Y lloró. Una extraña mezcla de felicidad, nostalgia, emoción, decepción y mucho dolor. Quería olvidarlo, Dios sabía que lo estaba intentando, pero… gestos como ese la mantenían enamorada sin remedio de él. Por eso se odiaba a veces, porque su duro exterior era fácilmente desmantelado por el sin siquiera intentarlo.

Esa había sido la última vez que había visto a Danny antes del día anterior, pero nadie sabía eso más que ella y él. Ni Tucker se había enterado o al menos eso suponía ella pues nunca le comentó algo acerca de eso. Desde ese día había tenido más dudas que respuestas, sobre todo después de que un experto examinó aquel libro y la felicitó por tener una primera edición original tan bien preservada y, sobre todo, por la nota manuscrita original del autor. Y este era un buen momento para sacarle respuestas al chico fantasma.

- … y entonces la pelota rebotó y le dio en la cara. – Terminó de contar él entre risas.

Sam regresó al presente con ese sonido y simplemente sonrió, pues no tenía idea de lo que estaba diciendo su amigo.

- Danny. – Lo llamó seria. - ¿Te puedo preguntar algo?

- Claro. – Dijo sonriéndole.

- Pero antes prométeme que me dirás la verdad. – Dijo desviando su mirada hasta él.

"Ay no. ¡Ahora no!" Pensó el ojiazul entrando en pánico.

- ¿Para qué tanta seriedad? – Preguntó algo incómodo, intentando desviar el tema.

- Tu solo… hazme caso. – Le contesto regresando su vista al camino.

Hubiese preferido abrirle su corazón y declararle su amor incondicional en otras condiciones, pero si ella insistía en hacerlo en el auto no lo quedaba de otra. Solo esperaba que no lo rechazara, pues sino les esperaban unos 30 minutos de viaje muy incómodos.

- Esta bien. – Habló por fin. – Prometo decir la verdad, solo la verdad y nada más que la verdad. – Dijo levantando la mano en juramento. – A menos claro, de que esta me meta en problemas.

Ella ignoró su intento por ser gracioso y por fin preguntó lo que tenía en mente desde hace algún tiempo.

- El libro que me regalaste… ¿Lo recuerdas? – Lo miró por un segundo, antes de regresar su vista al frente.

Danny suspiró aliviado mentalmente. "Solo era eso". Pensó, pero su mente lo volvió a preocupar por otro motivo.

- Si. ¿No me digas qué lo perdiste? – Se giró completamente en el asiento para mirarla directo al rostro con una expresión de angustia.

- ¿Qué? ¡No! – Tan pronto respondió, Danny se volvió a acomodar en su asiento aliviado.

- ¿Entonces qué con el libro? – Preguntó curioso.

- ¿Cómo? – Dijo ella después de un breve silencio. Pero él no contesto, solo la observó esperando a que le diera más información.

- ¿Cómo… qué?

- Solo… dime cómo – Dijo.

- Sam, no entiendo que quieres que te diga…

- ¿Cómo lo conseguiste?

Silencio.

- Eso no te lo diré. – Dijo él serio.

- Danny…

- Fue un regalo Sam.

- Prometiste decirme la verdad. – Lo chantajeó ella.

- Y también dije que no lo haría si eso me metía en problemas.

Sam lo miró con una ceja alzada.

- No lo robé si eso es lo que piensas, Sam. – Se defendió. - Creí que te gustaría tu regalo.

- Me gustó mucho, Danny. – Le contestó. – Pero un libro como ese debió costar…

- Sam. – La interrumpió. – No voy a discutir el origen de ese libro contigo. Y eso es lo último que diré sobre eso.

- Bien. – Dijo tras un suspiro. – Solo espero no enterarme que endeudaste a toda tu familia por eso.

Danny solo negó mientras contenía una risa.

- ¿Y qué hay de la firma? – Añadió ella con una sonrisa.

- Sam. – Le dijo serio.

- ¡Por favor! Ya no estoy hablando del origen del libro.

- Pero sigues hablando del libro. – Le contestó divertido.

Pasaron unos segundos en un cómodo silencio antes de que en la pantalla del tablero apareciera una notificación de una llamada telefónica entrante. Aunque Danny había puesto la música en su celular, era el de Sam el que estaba sincronizado al vehículo. Se miraron simultáneamente y Danny pausó la música antes de contestar por ella.

- Hola Samantha. – dijo alegre la voz masculina al otro lado de la línea; ella solo suspiró al escuchar su nombre completo y Danny sonrió al ver su reacción.

- Hola papá.

- ¿Cómo estas, querida? ¿Ya vienes en camino? – Preguntó.

- Bien, bien… Y si, ya estoy a unos 20 o 30 minutos.

- ¿30 minutos? – Preguntó sospechoso. - ¿A qué hora saliste de Massachusetts querida?

- Papá. – Le dijo con un tono irritado.

- Espero no te hayas escapado con algún muchacho… - La sonrisa de Danny desapareció.

- ¡Papá! – Levantó más la voz al interrumpirlo.

- Especialmente con…

- ¿Hay algún motivo detrás de la llamada? – Lo interrumpió ansiosamente, pues sabía el nombre que estuvo a punto de decir su papá.

Mientras tanto, el ojiazul solo apretó su puño ante la idea de Sam escapando con alguien.

- No me hables así jovencita, yo soy tu padre y aunque…

- ¿Jeremy? – Escucharon a una mujer llamando al padre de Sam. Después escucharon ruidos extraños del otro lado de la línea, como si Jeremy peleara con alguien por sostener el teléfono. - ¿Bueno? – Dijo la voz femenina ahora en el teléfono. - ¿Samantha?

- ¿Mamá?

- ¡Sammykins! – Danny hizo su mejor esfuerzo para no reírse audiblemente ganándose un golpe en la pierna cortesía de su amiga. – Oh, querida. ¿Ya estás en camino?

- Si… le dije a papá que ya casi llego. – Dijo mientras escuchaba más ruidos a través del teléfono. - ¿Qué sucede por allá?

- No es nada por lo que debas preocuparte, querida. – Dijo suavemente. – Solo llamábamos para decirte que cuando regreses, vengas directo a la casa.

Sam volteo a ver a su copiloto, pensando en alguna excusa… pero luego recordó que ellos no tenían que enterarse de que Danny venía con ella.

- Emm… claro. – Mintió.

- ¡Excelente! – Chilló su mamá. – Tu abuela está muy ansiosa por verte. ¡No puede esperar a que llegues!

Ida Manson no había podido acompañar a los padres de Sam a Inglaterra para su graduación por condiciones médicas, por lo que sería la primera vez en casi 4 años en la que la vería. Sam la extrañaba mucho y cómo no hacerlo: era el miembro más normal de su familia y quien la había aceptado sin miramientos durante su transición gótica.

- Y lo digo literalmente Sammykins. – Añadió su mamá. – Sabes que abuela no puede estar despierta hasta tan tarde.

Sam parpadeó por lo que acababa de escuchar.

- Mamá… ¿Me estas chantajeando emocionalmente?

- ¡Claro que no, querida! Solo hago una pequeña observación. – Dijo entre risas antes de ponerse seria. - Después de todo, no querrás que ella se vaya a la cama sin haber visto lo mucho que ha crecido su nieta favorita.

Sam quedó boquiabierta y Danny solo hizo un "wow" con su boca. Pamela Manson sabía cómo conseguir lo que quería.

- Si, yo… - Comenzó Sam resignada. – Dile que casi llego.

- Muy bien querida. Conduce con cuidado. Te amo. – Dijo cantando lo último.

- Si, yo también. – Dijo resignada.

- Sammykins… - Le advirtió su mamá.

- Dije que yo también. – Se defendió, pero el silencio de su mamá la incomodó. - Me harás decirlo, ¿verdad?

- Sammykins…

- ¡Bien! También los amo. ¿Feliz? – Dijo avergonzada de que Danny la oyera humillarse así.

- ¡Mucho! - Dijo Pamela feliz. – Aquí te esperamos. Bye.

Cuando su mamá colgó, soltó un suspiró. Antes de que el ojiazul pudiera abrir la boca para decir algo, ella se le adelantó.

- Ni una palabra de esto, Fenton. – Lo amenazó. – O tu mitad fantasma será tu única mitad.

- Creo que es adorable. – Dijo sonriendo. – No hay nada de malo en decirle a tus padres que los amas. Yo lo hago todo el tiempo con los míos.

- Si, pero… - Hizo énfasis en esa palabra. – Tus papás no juzgaban cada decisión que tomas, criticaban la forma en que te vistes o se molestaban cuando haces cosas que "alguien de sociedad" no debería hacer.

- Cierto. Ellos solo quieren destruirme molécula por molécula. – Le dijo divertido, haciendo que se riera fuerte.

- ¿Sabes? No era una competencia. – Le dijo cuando dejo de reír.

- Lo sé. – La miró. – Pero si lo fuese, yo habría ganado. – Sam nuevamente sonrió. – Y lo que iba a decir era que no te preocuparas por llevarme a mi casa. Sé que quieres ver a tu abuela. Además, ya has hecho mucho por mí. – Le sonrió.

- Gracias Danny. – Añadió ella.


El sonido de pasos hacia eco en el pasillo de ese laboratorio. El hombre de zapatos negros pulcramente encerados y un refinado traje blanco giró hacia la izquierda y se paró frente a una puerta metálica. Tomó la identificación que colgaba en su pecho y la acercó al escáner para abrir la cerradura. Ingresó a un palco desde donde otro Operativo observaba los trabajos que se desarrollaban. Ingenieros estaban soldando, instalando infraestructura, moviendo equipos y probando el software de la estación de mando que se estaba construyendo. Al frente, empotrado en la pared, un agujero octagonal de 3 metros de ancho indicaba el progreso de los Hombre de Blanco en su intento por incursionar en la zona fantasma. El hombre se colocó junto al otro, viendo los trabajos que se realizaban en el anillo interior de aquella máquina.

- Señor.

- Operativo A. – Dijo el hombre recién ingresado. – Reporte.

- El rediseño de la estructura de los anillos internos permitirá la estabilización de las reacciones…

- Eso dijeron la última vez. – Lo interrumpió estoico.

- Nuestros expertos no pueden garantizar el éxito de las pruebas, señor. Esto es tecnología que no ha sido probada…

- ¿Y entonces por qué Jack Fenton pudo?

- Yo… no sé cómo responder eso señor. – Bajo la mirada el Operativo.

- Ese idiota es un gordo con suerte. – Dijo el superior. - ¿Cuándo estiman terminarlo?

- Nuestros ingenieros piensan terminar de ensamblar el portal en una semana. De la forma que sea, si llegasen a terminar antes, yo me comunicaría con usted para notificarle de la logística para la puesta en marcha del portal.

- Excelente. – Dijo recargándose en el barandal del palco. – Una vez el portal sea funcional, podremos probar nuestra nueva arma directamente con la fuente.

El Operativo A miró a su jefe sorprendido, quien solo sonrió. Se separó del barandal y extrajo un pequeño vial de un bolsillo de su traje. Era un frasco pequeño de cristal que contenía una sustancia líquida brillante color rojo.

- ¿Esto es…? – Preguntó mientras tomaba el vial en sus manos.

- Ectoranium.

- Creí que el proyecto de la división de Botánica era una pérdida de tiempo. – Dijo asombrado.

- Tú y todos nosotros. – Se giró para verlo. – Ahora solo falta comprobar si las historias sobre las propiedades anti fantasmas de las flores de sangre eran reales. – Dijo mientras le devolvían el vial.

- Creí que la flor estaba extinta. – Preguntó el Operativo A.

- Las encontraron en una pequeña comunidad gitana de Europa del Este. Las trajeron y las han cultivado por los últimos años, y una semana atrás pudieron extraer el ectoranium de ellas.

- Todas esas plantas… ¿solo para ese vial?

- Este vial es solo para demostración. La muestra completa sigue en las instalaciones de Botánica. Nuestros siguientes pasos dependerán de cómo reaccione en contacto con material de ectoplasma. – Se encaminó hacia la puerta. – Por eso necesito ese portal funcionando tan pronto como sea posible. O que los Operativo logren capturan un fantasma durante sus operaciones.

- Entendido señor.

El Operativo Alfa abandonó el laboratorio en silencio tras su breve conversación. A medio pasillo, empezó a vibrar su teléfono. Con movimientos pulcros, lo extrajo del bolsillo de su saco y observó el número en la pantalla. Suspiró profundamente antes de contestar.

- Alfa al teléfono.

Del otro lado de la línea, se escuchaba a un hombre agitado y falto de aliento.

- Señor… - Dijo intentando estabilizar su respiración. – Tenemos una situación.

- ¿Qué clase de situación? – Su voz denotaba su creciente enojo, porque su instinto le decía que era lo que había sucedido.

Simultáneamente, Reloj se materializaba nuevamente en su guarida y cayó inmediatamente al piso, intentando recobrar sus fuerzas y sobreponerse al dolor. Cuando su forma adulta logró estabilizarse lo suficiente para levitar otra vez, pudo observar en su portal del tiempo al Operativo Alfa haciendo coraje y gritando a través del teléfono. Soltó un suspiró cansado. "Al menos valió la pena". Pensó.

Hizo desaparecer la imagen del portal temporal con un movimiento de su báculo y se apoyó sobre la mesa que tenía a un lado de él. Observó sus manos y notó algunas quemaduras en ellas. Iba a tomarle algo de tiempo antes de poder regenerarse, pero había logrado destruir esa arma. O al menos la mayor parte de esta.

- Van tres. – Dijo para sí mismo cambiando a su forma de niño. – Falta una.


Sam se estacionó frente a su casa y suspiró. Le dolían las rodillas de estar sentada tanto tiempo, así que como pudo se estiró en su lugar.

- Hogar, dulce hogar. – Dijo mirando hacia su casa.

- Y no llegamos tan tarde. – Dijo mirando la hora en su celular.

Salieron del auto al mismo tiempo y volvieron a estirarse. Danny se acercó a la parte trasera del auto para ayudar a Sam a sacar todo el equipaje. En eso, la puerta principal se abrió y por ella salió Jeremy.

- ¡Samantha! – Gritó el hombre alegre.

Jeremy abrió sus brazos para recibir a su hija, quien gruñó antes de caminar hacia él para abrazarlo. A ella no le molestaban las muestras de cariño de sus padres, solo que las hicieran públicamente. Su relación con ellos había mejorado mucho desde que había cumplido 16 años. Aun tenían sus reservas con los gustos de la joven, pero habían llegado a un punto medio en cuanto a su vestimenta. Después de todo, a Sam le venía muy bien el negro.

- Hola papá. – Dijo algo cansada.

- ¡Qué bueno que llegaste! – Dijo entusiasta… hasta que notó al chico cerca de la cajuela del auto de su hija. Fue allí donde su buen humor terminó. – Daniel. – Dijo fríamente.

- Papá… - Le advirtió ella.

- H-hola señor Manson. – Dijo con una sonrisa nerviosa.

- Samantha, ¿por qué no entras a saludar a tu abuela? Yo me encargo de tu equipaje. – Dijo tomando las llaves del auto.

- Papá, solo no…

- ¡Sammykins! – Escuchó el gritó de su madre desde el interior y solo suspiró.

Antes de que pudiera despedirse de su amigo, su papá la empujó levemente hacia el interior y cerró la puerta una vez estuvo adentro. Tendría que disculparse con Danny mañana. Afuera, Jeremy se cruzó de brazos mientras observaba al joven seriamente. Incómodo, el ojiazul desvió la mirada y se rascó la nuca.

- Emm… yo…

- Ya es algo tarde para que estés fuera, Daniel. – Dijo mientras veía el reloj en su muñeca.

- Si… yo solo… - Dijo volteando a ver la cajuela del carro.

- Buenas noches Daniel. – Lo interrumpió caminando hacia el asiento del conductor del carro.

- P-pero…

No pudo decir nada, porque Jeremy entró y cerró la puerta del carro. Segundos después, sonó el motor y el auto avanzó, doblando a la derecha en la intersección. Danny se quedó parado en la calle.

- Mi equipaje seguía ahí. – Susurró para él mismo.