- ¡Lo digo enserio Tuck! El papá de Sam me odia. – Se quejó enérgicamente.
Danny y Tucker estaban caminando por el parque. Era cerca de medio día cuando se pusieron de acuerdo para salir un rato, y el ojiazul aprovechó para contarle lo que había pasado la noche anterior. Para su mala fortuna, su amigo solo se rio de él.
- Ok, vayamos por partes. – Dijo cuando se calmó, mientras levantaba un dedo. - Primero: él nos odia a los dos… - Levantó un dedo más. – Y segundo, ha sido así desde que somos amigos de ella. Solo que ahora lo tomas como algo personal porque quieres salir con su hija.
- ¡Oye! – Le reclamó ruborizado. – No lo digas en voz alta. - Susurró.
Tucker solo reviró los ojos.
- No es como si estuviera descubriendo América con eso, Danny. Todos lo saben. – Desvió su mirada del camino a un grupo de personas que estaban bajo la sombra de un árbol. - ¿Quieres ver que sí? – Dijo con una sonrisa.
Danny solo frunció el ceño y arrastró a Tucker unos metros más. Llegaron a una banca y tomaron asiento.
- ¿Y cuál es tu plan, casanova? – Preguntó Tucker.
Danny solo se frotó la cara con ambas manos.
- No lo sé, Tuck.
- Solo invítala a salir, Danny.
- No es tan sencillo. – Se defendió.
- ¡Claro que sí! Observa. – Un grupo de chicas iba pasando frente a ellos y él se puso de pie.
- Tuck, ¿qué estas… - Danny siguió a su amigo con la vista.
- ¡Señoritas! – Dijo cuando las alcanzó.
Ellas frenaron y lo vieron con algo de recelo.
- ¿Qué? – Contestó una.
– Tengo una reservación en un restaurante para hoy en la tarde y solo me falta algo de buena compañía.
- ¿Quién eres? – Preguntó otra, algo irritada.
- Me llamo Foley, Tucker Foley. – Adoptó una pose de galán. – Entonces… ¿Quién quiere ser la afortunada?
Danny se encogió en la banca y se cubrió la cara, mientras que todas las chicas fruncieron el ceño y se giraron, dejando al moreno solo a mitad del camino.
- ¿Entonces a las 8? – Les gritó cuando ya se alejaban de ellos.
- ¿Qué fue todo eso?
Danny saltó del susto cuando escuchó la voz de Sam a su espalda y rápidamente se dio vuelta, completamente blanco y muy nervioso.
- ¡S-sam! - Dijo un poco más alto de lo común. - ¿Q-qué tanto escuchaste? – Entró en pánico.
Ella se cruzó de brazos y levantó la ceja. Parecía como si acabara de descubrir a Danny haciendo algo malo, y él tratara de ocultarlo.
- Solo a Tucker intentando conquistar a 5 chicas al mismo tiempo.
Danny soltó un suspiró muy audible antes de reacomodarse en la banca. Sam solo entrecerró los ojos. "Definitivamente algo paso".
- Nada. – Añadió ya tranquilo. – Solo eso. El viejo Tuck intentando conseguir una cita. Ya sabes cómo es él… - Dijo intentando darle poca importancia al tema.
- Y estuve a punto de conseguirlo. – Dijo el moreno acercándose a ellos con una sonrisa. – Pero aparentemente necesito un mejor compañero de crimen. – Dijo mirando serio a Danny.
Los ojos de Sam y de Danny se abrieron ante esa declaración.
- ¿Danny es tu "compañero de crímenes"? – Dijo ella con incredulidad.
- ¿Qué? ¡No! No, no… - El pánico lo inundo y volteó a verla. - ¡Él miente! Yo no tuve nada que ver es eso. ¡Lo juro!
Tucker solo empezó a reírse y negó con la cabeza. Sam tomó ese gesto como una confirmación de lo que Danny dijo y se sintió… ¿aliviada?
- ¿Cómo nos encontraste? – Retomó la palabra.
- Pues pasé a la casa de Danny… - Decidió ignorar la mirada sugestiva de Tucker. – para devolverle su equipaje. Su mamá lo recibió y me dijo dónde estaban para que le trajera su cartera. – Dijo arrojándosela a Danny. – Supongo que no sabía que no me habían invitado. – Dijo mirando sus uñas, fingiendo molestia.
- No es que no quisiéramos invitarte, Sam. – Intentó defenderse Danny.
- Es solo que a veces, nosotros necesitamos algo de "tiempo entre hombres" para hacer, ya sabes, cosas de hombres. – Concluyó Tucker.
- Si. – Les contestó levantando una ceja. – Fui testigo de esas… "cosas de hombres". – Dijo haciendo comillas al aire.
"¡Maldición, Tuck! ¿De qué lado estas?". Pensó Danny, pero antes de pudiera replicar, aliento azul salió de su boca y eso significaba una cosa.
- Vaya. – Dijo Sam. – Hace tiempo que no pasaba eso.
- Cúbranme, chicos. – Dijo Danny poniéndose serio.
- ¿Con qué? – Dijo Tucker mirando alrededor.
Danny y Sam hicieron lo mismo y no encontraron un escondite. "Esto era más fácil hace años". Pensó Danny. Alejado de ellos, ubicó una jardinera vacía y salió corriendo hacia ella. Cuando la tuvo cerca, saltó hacia ella y antes de tocar el suelo, se transformó. Tucker aprovechó la ausencia de su amigo para jugar sus cartas.
- ¿Así que ya dejó su ropa en tu casa? Eso fue rápido. – Le dijo con una sonrisa a la gótica.
- Muy gracioso, Tucker. – Ella desvió su mirada ruborizada.
Con el paso del tiempo, Danny había hecho algunas modificaciones a su traje. La inclusión del color verde fue el más significativo: estaba presente en sus muñecas al final de sus guantes, en sus tobillos en la parte superior de sus botas, en su cinturón, en su logotipo y en algunas líneas que se extendían a través de su pecho. Esa área en particular ahora tenía más partes en color gris, empezando en sus hombros y reduciéndose como un triángulo invertido hasta el lugar donde estaban sus iniciales.
Voló a través del parque hasta donde estaban sus amigos, pero no había ningún fantasma a la vista.
- Chicos, ¿ven algo? – Les preguntó.
En tierra, sus amigos solo miraban hacia arriba, buscando algún indicio de actividad fantasmal. Antes de que encontraran algo, escucharon un grito.
- ¡Soy el Fantasma de las Cajas! ¡Tiemblen, débiles humanos, ante mi poder!
Los tres se llevaron una mano a la cabeza.
- Tanto para eso. – Susurró Danny antes de dirigirse a donde estaba el susodicho.
- ¡Huyan! ¡Corran por sus vidas porque...!
- Oye. – Lo llamó Danny a su espalda.
Cuando el fantasma de las cajas volteó, sus ojos se abrieron al ver a un muy aburrido Danny Phantom flotando y soltó un grito.
- ¡¿Tú que haces aquí?! – Lo señaló. Luego volteó hacia abajo y vio al raro de la tecnología y a la chica gótica observándolo desde el piso, con una mano cubriendo sus ojos del sol. - ¡¿Ustedes que hacen aquí?!
- Se que nos ausentamos por algo de tiempo… - Dijo cruzándose de brazos. – Pero ya volvimos. – Sonrió. – Así que seamos civilizados y regresa por donde viniste.
- ¡Nunca!
- ¿Necesitas el termo? – Le gritó Sam desde el suelo.
- No, gracias. – Le negó con la mano. – No es necesario.
- Bien. De cualquier forma, no lo traemos. – Dijo Tucker.
- Esta bien. Acabemos con esto. – Dijo Danny cerrando su puño y tomando al fantasma del overol.
- ¡No! ¡Oye! ¡Espera! – Gritó desesperado. – ¡Tengo un acuerdo con la chica! – Se cubrió la cara con sus manos.
- ¿Qué? – Preguntó Danny sorprendido, frenando a medio camino.
- Si. – Se liberó del agarre. – Ella me deja hacer esto por cinco minutos. Luego llega ella, intercambiamos algunos insultos y me mete en el termo. Yo puedo rondar libremente por algún tiempo y luego ella queda como la heroína. Todos ganamos. – Le explicó.
La gente de los alrededores empezó a conglomerarse alrededor de Sam y Tucker, viendo al chico fantasma reaparecer después de años de ausencia. Los susurros no tardaron en empezar, llamando la atención del chico.
- ¿Siempre pasa esto? – Dijo mirando a la multitud que había bajo sus pies.
El fantasma de las cajas miró hacia abajo y luego a Danny.
- No. – Levantó los hombros. – Por lo general solo me ignoran. Pero ya que tenemos audiencia…
Estiró una mano hacia el chico y un rayo salió de esta, golpeando a Danny en el pecho y empujándolo hacia atrás.
- ¡Oye! Eso fue bajo. – Se quejó Danny.
- ¡Soy el Fantasm…!
Un rayo golpeó el pecho del fantasma y otra figura apareció cerca de ellos.
- Eso es una violación a nuestro acuerdo, azulito. – Dijo la chica con una sonrisa.
- ¿Danielle? – Se acercó volando a ella.
- Hola Danny. – Le contesto.
Al igual que él, el traje de Dani también había incorporado el color verde en las mismas áreas, salvo por el pecho. Ahí, en forma diagonal estaba la división entre el color gris y negro. Y las iniciales en color verde.
- ¿Hiciste un trato con el fantasma de las cajas? – Preguntó asumiendo su papel de hermano mayor.
- Si, pero solo porque es inofensivo. – Se defendió.
- ¡Oye! ¡Oí eso!
Simultáneamente dispararon un rayo de su mano que volvió a mandar a volar al fantasma, quien solo soltó un quejido.
- Bien. – Dijo no muy convencido. - ¿Hay algo más que debería saber?
- Oh, no tienes idea. – Dijo ella en voz baja rascándose la nuca.
- ¿Qué? – Levantó una ceja. - ¿Eres mejor amiga de Klemper? ¿O te volviste corista de Ember? – Dijo sarcásticamente.
- Baterista, de hecho. – Danny no se rio de su chiste, solo frunció el ceño. – Mira, hay mucho que debo decirte, pero tu regreso está atrayendo muchas miradas. – Señaló a la multitud. - ¿Qué tal si nos vemos en donde siempre para ponernos al día?
- Bien. – Suspiró. – Nos vemos en media hora.
- Excelente. – Le sonrió. – Tienes que irte, por cierto. Ella no tardará en llegar si se entera que reapareciste. Yo me ocupo de aquel.
Soltó otro suspiro. Al parecer Valerie seguía detrás de él. Se despidió de su "prima" y se hizo invisible para transformarse. Cuando salió de su escondite, la multitud ya se había dispersado un poco, pero alcanzó a escuchar un poco de lo que decían. Al parecer, seguía siendo famoso. Y eso le gustó.
Caminó hasta sus amigos que ahora estaban a la sombra de un árbol.
- ¿Realmente hizo un trato con él? – Preguntó Sam cuando lo vio.
- Eso parece. Pero me contará todo en un rato.
- Viejo, estas algo oxidado. – Comentó Tucker. – Mira que ser golpeado por el fantasma de las cajas…
- Me tomó por sorpresa. Fue todo. – Se defendió.
- ¿Seguro? – Añadió Sam. – Te veías algo vulnerable hasta que llegó Dani.
- Ja ja. Muy graciosa.
- ¿Y ahora qué harás? – Pregunto Tucker.
- Hablaré con Dani en el cuartel general. – Dijo mientras en el fondo, ella metía al fantasma de las cajas al termo Fenton. - ¿Vienen?
- Si. – Contestó Tucker.
- ¿Sam? – Preguntó Danny.
- ¿Ahora si estoy invitada? – Fingió molestia.
- Sam, tu no necesitas invitación. Siempre eres bienvenida. – Dijo con una sonrisa que ella le devolvió.
- Tórtolos. – Dijo Tucker fingiendo un ataque de tos.
Estaban sentados en su gabinete usual en la Hamburguesa Apestosa esperando a Danielle. Años habían pasado y lo único que había cambiado en ese lugar había sido la composición de la salsa apestosa. El sabor no era tan bueno, pero al menos habían resuelto el problema de sobrecalentamiento. Danny y Sam estaban sentados juntos, con la chica en el lado de la ventana, y Tucker frente a ellos metido en su Tablet.
- Hola chicos, lamento la tardanza. – Levantaron sus cabezas para ver a Dani caminar hasta su gabinete y sentarse junto a Tucker.
- Descuida. – Dijo Tucker. – No esperamos tanto tiempo.
- ¿Y? ¿Cómo es la vida universitaria? – Les preguntó alegre.
- Un vacío interminable de actividades que consumen tu tiempo que pueden o no ser de utilidad en el futuro y ponen tu estabilidad económica en jaque. – Dijo Sam.
- Y a veces muy divertido. – Terminó Danny por ella.
- Pero descuida, la deuda solo dura una vida. – Bromeó el moreno.
- Vaya forma de matar ilusiones. – Contesto ella seria, descansando su mentón en una mano.
- ¿Y cómo te ha ido a ti? – Preguntó al fin Danny.
- Pues… - Suspiró. – Es muy complicado, pero hago que funcione. – Sonrió débilmente. – Por eso tuve que llegar a algunos acuerdos, como ya sabrás.
- Bien. – Dijo Tucker, reclinándose en su asiento. – Escúpelo todo.
Dani inhaló profundamente antes de iniciar.
- Como ya sabrás, Valerie conoce mi identidad secreta. Eso me ayudó un poco ya que se volvió mi compañera caza fantasmas no oficial. – Inició. – Nos alternamos los días para trabajar. Hoy me tocó a mí, entonces mañana le toca a ella. Y en fines de semana trabajamos juntas. He intentado que deje a un lado el odio que tiene por ti, pero ella sí que sabe guardar rencores.
- Ya lo creo. – Dijo Sam irritada.
- Me cree hasta cierto punto, pero preferiría sacarte la verdad a golpes. – Añadió la adolescente.
- Puedo lidiar con ella. – Dijo Danny apretándose el puente de la nariz.
- Ya sabes de nuestro acuerdo con el fantasma de las cajas… - Dijo pensativa. – Convencí a Skulker de que estabas de vacaciones indefinidamente. Por eso ha limitado sus actividades como cazarrecompensas de Walker en la zona fantasma.
- ¿Skulker y Walker trabajando juntos? – Preguntó Tucker.
- Vieron una oportunidad y la aprovecharon. – Dijo levantando sus hombros. – Además, facilita mi trabajo así que no me quejo. Pero ya que regresaste, probablemente él también lo haga. – Hizo una pausa. - Veamos… Kitty y Johnny 13 rompieron. Otra vez. ¿Sabes lo raro que es que un fantasma te pida consejos amorosos cuando estas soltera?
- ¿Johnny 13 te pidió consejos? – Preguntó Sam.
- No. Kitty. – Aclaró. – Y muchos regresan a la zona fantasma voluntariamente cuando se enteran que no estás tú.
- Raro. – Comento Danny.
– Al parecer pelear contra mí no es tan divertido para los fantasmas como pelear contra ti. – Se cruzó de brazos.
Danny solo sonrió ante los celos de la joven.
- Pero mi mayor problema no son los fantasmas. – Dijo finalmente.
- Los Hombres de Blanco. – Dijeron los 3.
- Y junto a ellos, los Master's Blasters. – Suspiró. – Aunque Valerie abogue por mí, ellos prefieren perseguirme a mí que a cualquier otro fantasma.
- Vlad. – Dijo Danny con desprecio.
Si los títeres de Vlad perseguían a Dani seguramente era por una orden directa de él. Lidiar con el cabeza de queso había resultado ser un dolor de cabeza los últimos años, sobre todo tras ganar la reelección como alcalde. Salió de sus cavilaciones cuando vio que la chica bajaba la vista y se quedaba en silencio.
- ¿Dani? – Preguntó con cautela.
- Hay algo más. – Hizo una breve pausa. – Pero antes de que te diga, necesito que me prometas que no te vas a enojar.
Tuvieron un breve duelo de miradas que concluyó con Danny frunciendo el ceño.
- Genial. Ya te enojaste. – Se cruzó de brazos y se reclinó en el asiento.
- ¿Y qué esperabas? – Dijo serio. – Eso solo lo dice la gente cuando sabe que lo que está a punto de decir definitivamente hará enojar al otro.
- Bueno. – Desvió la mirada. – Al menos, intenta entender por qué lo hice. – Dijo avergonzada.
- Dime.
- Hice un trato con Vlad.
Tan pronto como dijo eso, cerró sus ojos y desvió la cara, esperando los gritos de su "primo". Cuando no escuchó nada, abrió un ojo para verlo. Danny estaba furioso, pero afortunadamente Sam lo había mantenido sentado en su lugar con una mano en su hombro y otra sosteniéndolo de la muñeca. Tucker se había estirado para atravesar su brazo en la mesa y poner su mano en el pecho de su amigo.
- ¿Tu… qué? – Dijo molesto.
- Cálmate viejo. – Dijo Tucker. – Ella tiene tantas o más razones para odiarlo igual que tú.
- Primero escúchala, Danny. – Le dijo Sam.
Danny se relajó un poco y se cruzó de brazos, esperando a que empezara a hablar. Ella suspiró antes de explicarse.
- Tú sabes que yo también quería ir a la escuela. – Inicio débilmente. – Intentar llevar una vida normal como tú.
- Nosotros…
- Lo sé Danny. – lo interrumpió. – Y lo agradezco mucho. Pero cuando ustedes se fueron… bueno, digamos que me quedé sola.
Cuando ella se unió a su grupo, empezó a asistir de incógnito a la escuela, tomando clases siendo intangible e invisible. El equipo Phantom la ayudaba con lo que podía: Jazz era su tutora particular para sus "tareas", Sam le conseguía ropa, Tucker le daba comida y Danny la escondía de sus padres por las noches para que durmiera en la cama de Jazz. Era una metodología poco ortodoxa, pero funcionaba bien para todos.
- Ya no tenía quien me ayudara con cosas básicas. Valerie me ayudaba con lo que podía, pero…
- Pudiste ir con mis padres. – Dijo serio.
- Sabes que eso no hubiese funcionado. – Respondió débilmente. – Podría haber engañado a tu papá con la historia de una prima lejana… pero no a tu mamá. Y todos sabemos que explicar mi origen es algo…
- Complicado. – Respondieron Tucker y Sam.
Danny se frotó la cara. Se sentía culpable de haber abandonado a Danielle a su suerte y ella lo notó en su mirada.
- No era la primera vez que tenía que vivir así, pero era la primera vez que había algo que no quería perder.
- Y ahí entra Vlad. – Dedujo Tucker.
- Si. – Dijo ella. – Fui hasta su casa y le pedí ayuda. El me ofreció un pequeño departamento, comidas diarias, ropa y la oportunidad de estudiar de manera formal. – Guardó silencio un momento.
- ¿A cambio de qué? – Preguntó Sam.
- Libertad total. – Dijo mirando a Danny. – Que no me metiera en sus asuntos y… - Suspiró. – Que aceptara tenerlo como mi tutor legal.
Los ojos de Danny brillaron con un verde intenso y en un segundo, salió de su asiento y caminó hasta la salida. Los 3 se alarmaron y salieron corriendo detrás de él, alcanzándolo justo cuando había salido del local. Sam lo intentó retener tomándolo del brazo y Tucker la ayudo con el otro brazo; Dani corrió hasta que se puso frente a él y extendió ambas manos para frenarlo.
- Chicos… suéltenme. – Dijo con un tono frío que alarmó a Tucker.
- Danny, lo sé. ¡Lo sé! Sé que suena muy mal…
- ¡Te chantajeo! – Elevó su voz y empezó a llamar la atención de los comensales que entraban y salían, así como de las personas dentro del establecimiento y los peatones.
Danielle se puso nerviosa con toda la atención en ellos y con la cabeza señaló el área verde junto al local, para salir del ojo público y evitar ser reconocida. Danny endureció sus facciones y con facilidad, se liberó del agarre de sus amigos y siguió a su prima. Tucker y Sam intercambiaron miradas preocupadas y los siguieron.
- Mira, no es tan malo como se escucha. – Intentó tranquilizarlo cuando estuvieron bajo la sombra de un árbol, lejos de las miradas de los demás. – Después de todo, él es mi padre. De una forma muy extraña y retorcida.
- ¿Cómo puedes…? ¡No digas eso! – La regañó. – Él no es tu…
- Es un ganar-ganar. – Lo interrumpió. – Yo puedo existir como Danielle y él cree tener libertad. Nadie sale herido.
- ¿A qué te refieres con "cree"? – Preguntó Sam, intentando aliviar la atención entre ambos.
Dani la volteó a ver y le agradeció mentalmente por la excusa para dejar de ver a Danny. Estaba poniéndola muy nerviosa y emocional con la mirada de odio hacia Vlad y decepción hacia ella que tenía en esos instantes.
- Ha tenido mucho más trabajo desde su reelección, y más desde que se fueron. – Les explicó. – Como ya les dije, la ausencia de Danny Phantom hizo que la actividad fantasma fuera a la baja, la gente empezó a exigirle en otras áreas y él no puede darse el lujo de no dar resultados. ¿Por qué creen que está haciendo esa expansión al sur de la ciudad?
- Es más un ecocidio… - Susurró Sam.
- Le lloverían críticas y sería catastrófico para su imagen. – concluyó Tucker.
- Lo mismo pensé. – Dijo la chica con más confianza ahora que sabía que ellos estaban de su lado. – Por eso creo que quiso ser mi tutor. La historia de darle una segunda oportunidad a una huérfana mantendría a la prensa enamorada de él y los tabloides lo alabarían por ser alcalde y padre adoptivo primerizo.
- O un pervertido… - Bromeó Tucker intentando aligerar el ambiente.
- Esto está mal. ¡Muy mal! ¡¿Y cómo demonios no me enteré de esto antes?! – Le recriminó. – Regresé cada verano y año nuevo por los últimos 4 años. Hablamos por teléfono, mensajes y correos, ¡¿y nunca se te ocurrió que eso era algo que tal vez debía saber?! "Hola Danny. Hoy un chico me invitó a una cita…" - Dijo imitando la voz de la chica. – "Oh, por cierto, ¡Vlad me adoptó!"
- Eso no es justo… - Le respondió con la voz quebrada. – ¡Y te dije eso en secreto!
Danny ignoró su queja y siguió observándola.
- ¿Y bien?
- Viejo, tranquilo. – Tucker abogó lo Dani cuando la vio limpiarse una lágrima.
- Soy menor de edad. – Dijo mirando al piso. – Por eso fue muy fácil hacer que mi rostro y nombre no apareciera en ningún lado, salvo por las fotos oficiales de los eventos a los que tengo que ir con él. Además, él pidió a todos que respetaran mi privacidad para que tuviera una "vida normal". – Hizo comilla es el aire.
- ¡Vaya! El padre del año. – Dijo ácidamente.
- Al menos podrías darme algo de crédito… - Susurró.
- ¿Por qué? ¿Por dejar que mi… no, nuestro archienemigo tenga libertad total para hacer lo que se le plazca sin que nadie haga algo? ¿Acaso tengo que recordarte lo que quería hacer conmigo? O peor aún, ¡¿lo que quería hacer contigo?!
- Nuestro acuerdo me impide vigilar sus actividades, pero eso no le aplica a Valerie. – Se defendió.
El rostro de Danny se descompuso al no entender la correlación entre ambos temas.
- ¿Qué tiene que ver ella con esto? – Dijo Sam con un tono dulce.
- No sé cómo o desde cuándo… pero Valerie sabe que Vlad es el fantasma de Wisconsin.
Los 3 se sorprendieron por la nueva información, pero Danny hizo lo que pudo para no verse afectado por la noticia.
- Ella sabe de mi trato con él y como Vlad es su proveedor de equipo para cazar fantasmas, ella es quien lo vigila. Por eso somos compañeras no oficiales. Mientras él no sospeche que somos cercanas, nos seguimos aprovechando de la situación.
- Así que… él piensa que te está usando, pero realmente son ustedes quienes lo usan a él. Eso… suena como una buena estrategia.
Tucker concluyó para pintar la historia a favor de la joven, pero Danny no cayó en su truco.
- No… él sigue usándola. – Se dio vuelta y salió caminando furioso de ahí.
Sus amigos intercambiaron miradas y Tucker le hizo un gesto con la cabeza a Sam de que lo siguiera.
- ¿Por qué yo? ¡Tú puedes restringirlo físicamente!
- ¡A mí me puede golpear si quiere, pero Danny preferiría matarse antes de hacerte daño!
Sam suspiró y salió corriendo en la misma dirección antes de que perdiera de vista al ojiazul.
- ¡Danny! – Lo llamó a gritos.
Tucker se frotó la cara y resopló antes de centrar su atención en la chica.
- Metí la pata. – Dijo mirando al piso. – No debí decirle eso.
Tucker solo negó con la cabeza.
- Es mejor que se haya enterado por ti que descubrirlo por sí mismo.
- Esta furioso. – Observó ella.
- Solo porque se siente responsable. – Le explicó. – Digo, él odia a Vlad y se preocupa por ti.
– Nunca lo había visto así.
Tucker sonrió.
- Eso es porque no lo viste cuando se enteró de la existencia de James Bond. – Bromeó.
- ¿Nunca vio las películas o qué? – Dijo ella sin entender.
- Hablaba del pretendiente de Sam en Inglaterra.
- Oh. – Dijo entendiendo. – Creí que se llamaba Stephen… Stephen algo.
- Es su nombre clave. – Dijo mientras recordaba aquella videollamada en la que le había dicho a Danny de que Sam había conocido a alguien…
Danny estaba acostado sobre su cama, sosteniendo el celular frente a su cara con ambas manos cuando Tucker le contó. Por puro reflejo había doblado su celular y lo había roto, mientras intentaba enmascarar sus celos y enojo, haciendo preguntas casuales para averiguar más acerca de él. Tucker le había dicho que se trataba de una versión real de James Bond (de ahí el apodo) para torturar a su amigo, quien solo fingía escucharlo con una sonrisa.
- ¿Cómo superó su enojo en ese entonces? – Le preguntó Dani más tranquila.
- Dijo que le regalaría algo que nadie nunca superaría. Estuvo como un maniático una semana, y después se calmó. Nunca me dijo que hizo.
Danielle bajo la mirada y suspiró.
- ¿No crees que cometí un error? – Lo volteó a ver.
Él miró hacia la copa del árbol, buscando una forma apropiada para responder.
- Creo… - Empezó. – Que hiciste lo que pudiste con lo que tenías a la mano.
- Qué diplomático. – Dijo sonriendo.
- Mira, podrá haber sido un error… pero si en 3 años nada malo ha pasado, no creo que sea algo imperdonable.
- Supongo que tienes razón. – Dijo resignada.
- Dale tiempo. – Le dijo. – Solo necesita sacar un poco de frustración.
Tucker se quedó con ella un rato más, intentando levantarle el ánimo. Había olvidado lo fácil que era hablar con ella, después de todo era una versión femenina de su mejor amigo. Mientras tanto, en la calle Sam perseguía a Danny. El chico quería encontrar un escondite para transformarse, pero los gritos de Sam atraían la mirada de extraños y no le permitían tener un segundo de privacidad.
- ¡Danny! ¡Detente!
Él se dio la vuelta para enfrentarla cuando ella logró jalarlo de su ropa.
- ¿Qué quieres, Sam? – Dijo serio.
- Evitar que hagas algo estúpido. – Dijo molesta por el tono con el que le hablaba.
- ¡Pues entonces no es necesaria tu ayuda! – Dijo ácidamente.
Sam sabía que estaba molesto, por lo que decidió no sentirse herida por sus palabras. Decidió tomar a Danny del brazo y llevarlo hasta un lugar abierto, pero con cierta distancia de los transeúntes. Su primera idea fue llevarlo a un lugar más privado donde podrían terminar esa conversación, pero eso le facilitaría el escape.
- ¿A dónde ibas? – Le preguntó ella cruzada de brazos.
- ¿A dónde crees? – Dijo sarcástico. – Voy a sacarlo del Ayuntamiento y lo voy a…
- No, no lo harás.
- ¿Quieres apostar? – La retó.
- Sé que estas enojado… - Danny solo rio irónicamente al comentario. - Pero no puedes dejar que eso nuble tu juicio, Danny.
- ¡Mi juicio está MUY despejado!
- ¡¿Entonces ya pensaste que pasaría con Danielle si llegas con Vlad a echarle todo en cara?! ¿Qué pasaría con su vida, su educación? No estás pensado claramente Danny.
- ¡No entiendes, Sam!
- ¡No! ¡Eres tú quien no entiende! – Le gritó desesperada. – Esto no es tu culpa.
Sam lo tomó de los hombros y lo miró directo a los ojos. Por lo general, eso era suficiente para calmarlo. Pero Danny tomó sus muñecas con delicadeza y se las quitó de encima.
- Si lo es. – Dijo apretando la mandíbula. – La abandoné, Sam. Si yo no…
- Detente ahí. – Le advirtió.
- …me hubiera ido, ella no hubiese tenido la necesidad…
– Escúchame bien Danny: tú también tienes el derecho a vivir tu vida. – Lo regañó. – Ustedes son dos personas completamente independientes y…
- Pero ella es mi…
- ¿Tu qué? – Levantó una ceja. - ¿Prima? ¿Hermana? ¿Clon?
- Mi responsabilidad. – Le contestó con solemnidad.
- Tú y tu tonto complejo de héroe. – Susurró Sam frotándose las sienes.
Danny la observó fijamente y negó.
- Eso no tiene nada que ver y lo sabes. – Dijo levantando su voz ligeramente. – Vlad aprovechó el vacío que dejamos y la está usando como un peón. ¿Por qué soy el único que ve eso? – Dijo frustrado.
- No siempre estarás para ella, Danny. – Suspiró. - Y ella tiene el derecho de tomar sus propias decisiones.
- No, no, no… No harás eso esta vez. Tu lógica de "todas para una y una para todas" no funcionará. Sé que es una mujer y como tal, tienes el impulso de ponerte de su lado…
- No es eso Danny. – Se sintió algo ofendida por ese comentario, pero si era objetiva, muchas veces en el pasado esa había sido su intención.
- ¿Entonces?
– Mira… sobrevivió mucho tiempo sola antes de que nos pidiera ayuda, y encontró la forma de hacerlo de nuevo cuando no estuvimos. ¿Por qué no le das algo de crédito por eso?
- Porque tomo una decisión muy estúpida. – Mencionó como si fuese lo más obvio.
- ¿Y tú nunca tomaste decisiones estúpidas? – Puso sus manos en la cintura.
- ¡No TAN estúpidas! – Se defendió.
Ambos cruzaron miradas y cuando Sam levantó una ceja, Danny supo lo que pasaba por su mente.
- Bueno, tal vez sí. – Dijo frustrado. – Pero se supone que yo debía guiarla para que no cometiera los mismos errores.
- Lo entiendo. – Dijo acercándose a él. – Pero eso no significa que ella no cometería errores propios.
Danny se frotó la cara con ambas manos y soltó un gruñido. Seguía furioso, pero Sam siempre lo ayudaba a encontrar claridad en sus pensamientos.
- Voy a matarlo. – Dijo sin querer soltar el enojo.
- Pelearás con él… le patearás el trasero y le vas a dejar en claro tu punto de vista. Pero no lo vas a matar. Tú no eres así.
Danny escuchó sus palabras y suspiró en un intento por calmarse. Pasó ambas manos por su cabello y las cruzó detrás de su nuca, mientras miraba hacia arriba y respiraba profundamente. Él sabía que las palabras de Sam eran verdad, además de que odiaba sentirse así… consumido por el enojo. Sam notó que Danny se estaba calmando, pero no estaba del todo bien.
- Gracias. – Dijo finalmente. – Y lo siento. No debí desquitar mi frustración contigo ni decirte esas cosas.
- Descuida Danny. Entiendo. – Le dio una sonrisa sincera.
Danny bajó sus manos a su cintura y la miró a los ojos unos segundos, completamente serio.
- ¿Estas listo para regresar? – Le preguntó.
- No. – Contestó rápidamente. – Yo… tengo que despejar mi mente.
- Igual te debes disculpar con ella. – Le recordó.
- Lo sé. – Se mordió el labio inferior. – Pero por ahora, necesito estar solo…
- Ambos sabemos que eso es lo último que necesitas. – Dijo con la ceja alzada.
- Sam…
– Ven conmigo.
Sam lo tomó de la muñeca y comenzó a caminar con él detrás de ella. Danny la miró con curiosidad.
- ¿A dónde me llevas?
- Necesitas despejar tu mente… por eso iremos al mejor lugar para adormecerla.
- No, a la biblioteca no.
La broma de Danny le sacó una carcajada que tuvo que amortiguar con su otra mano en la boca. Danny sonrió con el sonido de su risa y se dejó llevar.
Habían pasado casi todo el día juntos. Recorrieron muchos lugares nuevos de Amity Park y muchos conocidos. Primero Sam lo arrastró al arcade que solían visitar los tres; de ahí, Danny le había dado un recorrido por todos los nuevos lugares que habían sido establecidos después de su éxodo universitario. Luego fueron a la librería favorita de Sam para ver qué nuevo material había en exhibición, después al centro comercial a almorzar y luego decidieron ir a jugar boliche. Danny la estaba pasando muy bien y deliberadamente estaba ignorando cada vez que su celular sonaba con alguna notificación para evitar arruinar el ambiente. Después de ganarle a Sam, habían ido al parque un rato para después ir a cenar.
Y ahora, simplemente estaban caminando por las calles de la ciudad ya oscuras por la hora. Era ella quien lo guiaba, porque él estaba algo perdido en el movimiento de sus labios mientras hablaba.
- ¿En qué momento oscureció tanto? – Preguntó ella mirando al cielo.
- Nunca pensé que eso molestaría a una criatura de la noche como tú. – Sonrío.
- Ja ja. – Dijo con una sonrisa y empujó a Danny con su hombro para que chocara con un poste, pero él solo se volvió intangible y lo atravesó. – Eso es trampa.
- Pues discúlpame por no querer golpearme.
El silencio volvió a ellos unos segundos antes de que ella volviera a hablar.
- Ok. Una última vez. – Dijo. – Danielle hizo un trato con Vlad.
Lo volteó a ver al decir esto para ver su reacción. Danny solo suspiró pesadamente y le devolvió la mirada.
- Fue algo tonto, pero no es el peor de los crímenes. – Dijo como un niño que recita un "buenos días" en la escuela. – Me molesta, más no dejaré que mis emociones tomen el control de mí.
Satisfecha, Sam sonrió y volteó nuevamente hacia el camino frente a ella. El temblor en las manos de Danny había desaparecido, lo que era una buena señal.
- Muy bien. Ya puedes disculparte con ella.
- ¿Algo más que quiera Su Majestad? – Dijo con un falso acento inglés, hasta que se acordó de cierto inglés y su mirada se volvió dura.
- Si. – Dijo sonriente, sin notar el cambio en Danny. – Pero no es algo que estes dispuesto a darme.
La sonrisa de Sam se borró cuando supo que tan mal podrían interpretarse las palabras que acababa de pronunciar. Pero se tranquilizó al recordar que su amigo era un despistado de clase mundial. Danny, en cambio, abrió ligeramente los labios y su boca le ganó a su cerebro.
- Pruébame. – La retó.
Ella solo le sonrió algo nerviosa.
- Ok. Acerca del libro…
- Olvídalo. – Sonrió mientras intentaba cruzar la calle para alejarse, pero ella lo tomó del brazo.
- ¡Por favor! – Dijo entre risas. – Solo quiero saber…
- Samantha Manson, ya te dije que no haré ningún comentario acerca de eso. – Dijo divertido.
- ¡Una cosa y ya! Y te prometo que jamás volveré a hablar del tema.
Danny suspiró y la volteo a ver. La miró a los ojos.
- No. – Dijo serio antes de sonreír.
- Aguafiestas. – Dijo ella volviéndolo a empujar.
Siguieron caminando en silencio en la dirección que ella marcaba.
- Sam. – La llamó sin detenerse. – Gracias.
- ¿Por qué exactamente? – Preguntó divertida.
- De no ser por ti, hubiese hecho algo muy tonto. ¡Iba a golpear al alcalde! – Sonrió. – Ahora que lo digo en voz alta, suena demasiado estúpido.
- No fue nada, Danny. Para eso están los amigos.
Al darse cuenta de lo que había dicho, Sam desvió la mirada y se mordió el labio. ¿Por qué se hacía eso? 7 años y seguía causándose daño de la misma forma. Cada sonrisa, mirada, abrazo o halagos que Danny le daba era como una navaja, y ella se las clavaba en el corazón al recordarse en voz alta que solo eran amigos. Sonrió amargamente.
- Lo digo enserio Sam. – La miró con intensidad. – Creo que te debo otra.
- Bueno… - Dijo poniéndole fin a su caminata. – Me acompañaste hasta mi casa así que… estamos a mano.
- ¿Eh? – Danny parpadeo algo confundido y miró alrededor de él.
Sam se rio de su despistado amigo.
- ¿No notaste que caminaba hacia mi casa? – Le preguntó divertida.
- No…estaba algo distraído. – Admitió algo apenado.
Estaba tan concentrado en ella que no notó las familiares calles por las que estaban pasando. En su defensa, la risa de Sam era más que suficiente para distraer a cualquiera. Además, no quería que se terminara el día. Había disfrutado de su compañía y quería seguir haciéndolo, pero por distraído su oportunidad se le había ido de las manos.
- Bueno… - Comenzó ella. – Creo que te veo mañana.
- Si… sí. – Dijo algo incómodo.
Se quedaron en silencio un rato sin saber muy bien que hacer o qué decir. Danny no quería irse, pero ella se estaba despidiendo; Sam sabía que tenía que dejarlo si no quería que su mente vagara hacia terrenos peligrosos.
- Buenas noches. – Dijo ella.
- Buenas noches Sam. – Se despidió algo decaído.
Ella notó el cambio de semblante en su amigo sin saber por qué lucia algo… decepcionado. Se reprendió mentalmente, no debía pensar así. Esa era su percepción nada más, no tenía nada que ver con la forma en la que él realmente se sentía. Aun así, salió de su zona de confort característica y decidió hacer algo que jamás había hecho: colocó su mano izquierda sobre el hombro derecho de su amigo y, parándose de puntitas, le dio un ligero beso en la mejilla.
- Adiós. – Le dijo a un sorprendido Danny.
Su corazón empezó a latir muy rápido y un rubor ligero adornó su rostro. Había sido un pequeño gesto de no más de un segundo, inocente y algo justificable dentro del marco de su amistad, ¿cierto? No. Si así fuera, la vergüenza por hacer algo tan atrevido no existiría. Quiso huir lo más rápido de ahí para llegar a su cuarto, el único lugar donde podría lamentarse a placer por el error que acababa de hacer… Pero una mano la sostuvo firme del antebrazo.
Todo su cuerpo se tensó cuando sintió aquella pequeña mano colocarse sobre su hombro. Cuando la vio acercarse a él quedó petrificado. La sensación de aquellos labios sobre su mejilla envió una corriente eléctrica por todo su cuerpo que erizó su piel e hizo que le zumbaran los oídos. Podía sentir cómo la sangre se le acumulaba en las mejillas y segundos después, nada. Aquella sensación tan cálida y agradable desapareció… y junto a ella, sus inhibiciones. Cuando vio que la chica comenzaba a alejarse, instintivamente la tomó del antebrazo.
La fuerza que uso fue suficiente para frenarla sin dejar alguna marca en su piel. Algo curiosa, ella se volteó para preguntar el porqué de su accionar, pero fue detenida en seco cuando, con su mano libre, Danny la tomó de la mejilla y la acerco hacia él. Y por fin la besó.
Sus ojos se cerraron al instante, concentrando todos sus sentidos en la suavidad de sus labios, en el ligero aroma a vainilla proveniente de su cabello y la calidez que el cuerpo de su amiga desprendía. Había deseado hacer eso desde hace años. Un beso real, no como los de mentira que se habían dado con anterioridad. Había luchado contra ese impulso de besarla desde que tenía 15 años, pero no más.
Sam se puso rígida inmediatamente. Entró en estado de shock brevemente y antes de que pudiera racionalizar lo que estaba pasando, sus párpados la traicionaron y se cerraron. Su mente le gritaba que detuviera esa locura, pero mentiría si dijera que no le agradaba la sensación. Luchando contra sus propios deseos, llevo su mano derecha al pecho de él y lo empujo ligeramente.
Cuando Danny abrió los ojos, fue que cayó en cuenta del peso de sus acciones. Sam estaba ruborizada y estaba temblando ligeramente.
- ¿Por qué hiciste eso? – Le pregunto ella con una voz temblorosa.
