Una explosión hizo eco a través de toda la zona fantasma, siendo la guarida de Reloj el origen. O en este caso, la víctima. Llamas blancas cubrían los escombros de esa habitación y una atmosfera llena de humo limitaba su campo de visión. Observó sus manos por primera vez en mucho tiempo antes de formar puños debido a la creciente rabia que se arremolinaba dentro de su ser. Con sus puños llenos de energía empezó a disparar a todos lados, con el objetivo de destruirlo todo. Paredes, ventanas, puertas y el mismo piso fueron objetivos, y para acabar, usó su lamento fantasmagórico para destruir la pared frente a él.
El polvo se fue despejando poco a poco del aire y con movimientos rápidos de cabeza, inspeccionó de izquierda a derecha su ubicación. El interior y la parte posterior del castillo habían desaparecido, pero la fachada frontal y el pasillo principal seguían de pie, aunque no por mucho tiempo si dependía de él. Reloj tenía que pagar por lo que había hecho y lo haría, pero primero necesitaba calmarse. Dejarse nublar por la furia en ese momento no era sabio, necesitaba mantenerse ecuánime para poder trazar un plan de acción. Sus ojos rojos escanearon la habitación buscando algún movimiento que le indicara la cercanía del guardián del tiempo, pero solo pudo observar un fragmento de metal con la palabra "Fenton" en él.
Con quietud, caminó hasta quedar parado frente al objeto y lo aplastó con violencia. Una sonrisa se formó en su rostro. Finalmente era libre. Tras años de acumular poder y el deterioro del termo que lo contenía, había liberado toda esa energía y la explosión resultante había sido suficiente para terminar su cautiverio.
Con la mente un poco más fría, decidió ponerse en alerta máxima. Si bien había escapado, Reloj debió haber previsto que sucedería y tomaría medidas para detenerlo. Exploró lo que quedaba en pie de ese lugar, llegando a mover alguno de los escombros para ver si debajo de ellos habría alguna pista que le ayudara a descifrar el plan que aquel fantasma, pero estaba vacío. No había armas, ni medallones de tiempo y mucho menos, alguien más. Entró a la habitación más alejada de la entrada y notó que al fondo estaban los restos de una maquina grande y esférica. A ambos lados tenía restos de lo que parecían engranajes de un reloj, lo que lo llevó a la conclusión de que esa habitación albergaba un portal temporal. Pero analizando la destrucción que había ahí, notó que no era obra suya.
Algo no le cuadraba. Primero, pocos o ningún fantasma se atreverían a atacar al guardián del tiempo pues sería un esfuerzo en vano; segundo, Reloj no permitiría esta clase de daños en su guarida… a menos que él hubiese sido el responsable.
"¿Qué estas tramando?" Pensó cuando un grito en otra habitación lo sacó de sus cavilaciones.
- ¡Reloj! – Lo llamó un Observador al entrar a la guarida. - ¿Qué es todo este desastre? – Susurró al ver la destrucción a su alrededor.
Las llamas se habían extinguido y en su lugar solo quedaban manchas negras y escombro.
- ¡Reloj! ¡La corte de los Observadores te ha convocado inmediatamente! – Gritó mientras se encaminaba hacia la habitación donde tenía el portal. - ¡Se te acusa de la destr…! – No terminó la oración al notar los restos del portal esparcidos en toda la habitación.
Ese día habían amanecido ante la noticia de que el portal dentro de su corte había sido destruido. Con todos los antecedentes recientes de sus roces con Reloj, la conclusión lógica a la que habían llegado unánimemente era que él había sido el responsable. Y tenía sentido al recordar lo críptico que había sido en la última audiencia… Pero con esto, ya no estaba tan seguro.
- ¿Reloj? – Lo volvió a llamar, pero sin aval.
Vagó por lo poco que quedaba de pie en ese lugar, pero no encontró a nadie. Se encaminó a la salida para notificar acerca de estos nuevos acontecimientos. Todo parecía indicar que estaban bajo ataque, pero ¿por quién?
Los fantasmas de gran poder siempre se mantenían neutrales y no hacían mucho en la zona fantasma. Simplemente existían. Reloj es uno de ellos. O era. Entonces la conclusión lógica era que el responsable de esos ataques no era de la zona fantasma. "Pero los humanos no son tan poderosos". Un reflejo proveniente del suelo llamó su atención.
Se agachó para recoger un pequeño pedazo de metal plateado. Lo observó detenidamente un segundo y notó una curvatura en el fragmento. "Esta tibio". Lo observó por unos segundos más hasta que lo arrojó al suelo como si estuviera en llamas. Debía advertirle a alguien, debía notificar lo que acababa de descubrir… Aceleró el paso a la salida, pero una presencia en la puerta lo congeló en su lugar.
- ¡T-tú! – Lo señaló mientras sentía cada molécula de su ser llenarse de temor cuando aquella figura salió de las sombras a la luz.
- Yo. – Dijo con una sonrisa. - ¿A dónde vas con tanta prisa?
Aunque odiaba hacerlo, no podía parar de morderse las uñas. Eran cerca de las cinco de la tarde y no sabía nada de Danny desde la mañana. Si, estaba castigado, pero ya era un adulto como para que sus papás aun le quitaran el celular cuando lo castigaban, ¿no? Tomó su teléfono y volvió a debatirse entre si debía enviarle otro mensaje a Danny o no. ¿Acaso la estaba evitando ahora? "No, Sam. No pienses en eso". Se repitió mentalmente. Él la quería y no debía olvidar eso. Pero ¿por qué no le contestaba el mensaje? No quería darle la impresión de ser una novia controladora por intentar saber qué le pasaba, pero no podía negar que estaba algo preocupada.
Inconscientemente sonrió ante el pensamiento de esa palabra. Se sentía completamente feliz. Estaba tan de buen humor que en todo el día no había discutido con sus padres. Incluso había salido con ellos y se había probado un vestido que su madre le sugirió. Pero de vuelta en el tema, necesitaba tener información de él. Su celular sonó en sus manos inesperadamente causando que lo tirara al piso. Rápidamente lo recogió y contestó sin ver quien llamaba.
- ¿Danny? – Dijo algo apresurada y… ¿emocionada?
- ¿Danny? Si que te trae loca. – Dijo el moreno al teléfono.
Sam bajó el teléfono hasta su pecho para que no se oyera cuando se golpeó la frente con su otra mano.
- Hola Tuck. – Dijo mientras lo oía reírse de ella.
- Lamento decepcionarte Sam. Aunque te aseguro que soy igual o mejor que él. – Dijo con orgullo.
- ¿Solo llamaste para esto? – Dijo ella frustrada.
- No esperaba que hicieras eso… pero fue una grata sorpresa. – Dijo. – Pero ya hablando enserio, ¿sabes algo de Danny? No me he podido comunicar con él en todo el día.
"No soy solo yo". Pensó.
- No. – Dijo casualmente. – Le envié un mensaje en la mañana, pero aún no lo lee.
- Wow. Si ni siquiera te contesta a ti, qué esperanza hay para mí. – Bromeo.
- ¿Y para qué buscabas a Danny? – Indagó ella.
- Tranquila Sam. No pienso llevar a tu novio a que me acompañe de cacería. – La provocó.
- Ugh. – Dijo ella con repulsión.
El moreno se echó a reír en el teléfono y Sam sonrió.
- ¿Por qué lo llamas así? – Preguntó ella.
- Porque es verdad. – Se defendió. – O al menos espero que lo sea algún día.
- Pues deja de hacerlo. Es denigrante. – Lo regañó.
- Solo es una palabra Sam. Pero supongo que "poner etiquetas" ahora está mal… - Ironizó.
- ¡Claro que sí! Son seres humanos de quienes hablas Tucker, y te refieres a ellas como si solo fueran un pedazo de carne que…
- Espera… ¿Qué? Sam, ¿de qué estás hablando? – Dijo el moreno realmente confundido.
- De ti y tu "cacería", obviamente. ¿De qué cre...?
Sin más, el moreno colgó. Eso extrañó a Sam, quien miró la pantalla de su celular donde anunciaba el fin de la llamada.
- Grosero… - Susurró para ella misma, pero antes de que pudiera guardar su celular, volvió a sonar.
Videollamada de Tucker Foley.
- Escúpelo. – Le ordenó apenas contestó la llamada.
- ¿De qué hablas?
- Samantha Manson, no me hagas ir hasta tu casa a sacarte la verdad.
Tucker la miraba con una expresión seria que la tenía descolocada. Pero ella seguía sin saber de qué hablaba.
- Tucker, explícame que es lo que…
- Te enojaste porque usé la palabra "cacería", no porque impliqué que me llevaría a tu novio conmigo.
- ¿Y? – Dijo Sam esperando que se explicara más, pero solo la veía con emoción. – Ambos sabemos que Danny no te acompañaría de cualquier forma.
- Entonces es verdad… - Tucker susurró.
Maldita. Sea. Sam entró en pánico cuando entendió lo que su amigo le estaba diciendo y su rostro se puso rojo.
- ¡No! Yo no… eso no… ¡Tucker, escucha!
- ¿Cuándo pensaban decirme? – Dijo indignado. - Porque pensaban decirme, ¿no?
- Tucker, no es lo que estás pensando. – Dijo mortificada.
- Ni siquiera pestañeaste cuando lo llamé "tu novio".
- ¡Porque siempre le dices así! – Alegó. – Eventualmente iba a tener que acostumbrarme.
- Pues que rápido.
- Tucker, te prometo… - Un golpe en su ventana llamó su atención y allí vio a una chica flotando que la estaba saludando.
- ¿Quién es? Si es Romeo…
- Cállate Tuck. Es Danielle.
Ignorando las palabras que él seguía diciendo, caminó hasta la ventana y la abrió. La chica no entró, solo le extendí un papel que tenía en la mano.
- No puedo quedarme. – Le explicó. – Tengo que estar en otro lado, pero Danny me pidió que te trajera esto.
- ¡Lo sabía! – Se escuchó la voz del moreno en el teléfono.
- Descuida. – Le dijo la ojiazul en su oído. – No la leí. – Y le guiño el ojo antes de irse riendo.
Sam solo le gruñó avergonzada. Primero Tuck y luego Danielle. ¿Quién faltaba? ¿Jazz? ¿Sus papás?
- Sam, contéstame. ¿Sam? ¡Sam! Bien, como tu…
Ella abrió la nota y la leyó:
"Sam. Hagas lo que hagas, no vengas hoy a mi casa". Danny.
- … ir a casa de Danny antes de que se pongan de acuerdo.
- ¿Qué? – Preguntó automáticamente.
- ¿Ahora si me escuchas?
- Tucker, no creo que sea conveniente…
- ¿Por qué?
- Danny está castigado.
En la pantalla, él la miraba como si acabara de decir la mayor tontería en la historia.
- De todas las excusas a tu disposición, ¿realmente es esa la que quieres usar?
- Hablo enserio. Él… - Hizo una pausa. – Olvidó ir por Jazz al aeropuerto y sus papás lo castigaron por eso.
- Eso suena a algo que él haría. – Murmuró el moreno. Se quedó pensativo un momento antes de volver a hablar. - ¿Entonces… ustedes no…?
Sam desvió la mirada y se mordió el labio inferior. Quería decirle que sí, Tucker era su amigo después de todo. Pero era el mejor amigo de Danny y tal vez era él quien debería darle la noticia. O ambos. Pero no se sentía correcto hacerlo a espaldas de Danny. Sin embargo, negar algo que la hacía muy feliz tampoco se sentía bien.
- No. – Dijo finalmente, decepcionada de sí misma. Aunque para su amigo, simplemente era decepción.
- …ta sea. – Murmuró y se frotó la cara con las manos. – Bueno… supongo que podemos visitarlo mañana.
- Claro. – Dijo con una sonrisa.
- Me tengo que ir. Adiós. – Se despidió con un gesto de su mano.
- Adiós Tuck.
Fin de videollamada con Tucker Foley.
- Demonios… - Dijo dejándose caer en la cama.
- Ya tardaron. – Comentó a quien tenían a su derecha.
- Probablemente Reloj le está dando problemas. – Le respondió.
- ¡Debimos enviar una comitiva más grande! – Gritó alguien desde atrás.
Los Observadores miraron hacia atrás antes de devolver su único ojo nuevamente a quien fungía hoy como moderador de su sesión. El fantasma se encontraba en el centro de la corte intentando mantener el orden.
- Si no han aparecido en los próximos min…
Una explosión a sus espaldas lo hizo callar, mientras que el impacto de la puerta en su espalda lo arrojó hacia la primera fila. Cuando el humo de la sala se disipó, notaron que un Observador se encontraba tirado en el suelo. Inconsciente.
- ¡¿Qué significa esto?! – Dijo otro mientras se acercaba a su compañero en el suelo. - ¡Reloj!
Pero no fue Reloj quien atravesó el umbral de la puerta. Con pasos tranquilos y cadentes, unas botas blancas entraron en el campo de visión de todos en la corte. El Observador rápidamente retrocedió, dejando a su compañero tirado.
- Esto significa… - Dijo una voz grave. - … que no recibí las respuestas que buscaba. – Dijo cuando su cuerpo fue completamente visible para todos.
Dan miró a todos los presentes y su sonrisa se ensanchó cuando percibió el miedo en todos ellos. Vaya que había extrañado esa sensación. Aunque esos fantasmas tenían un ojo por rostro, podía descifrar algunos gestos corporales en ellos que denotaban nerviosismo. Años habían pasado y estaba en una línea temporal alterna, pero no había perdido el toque.
- Afortunadamente la vida siempre te da otras oportunidades. - Dijo. – Solo espero que sean más cooperativos que su amigo. – Pateó el cuerpo inconsciente.
La calma antes de la tormenta siempre es la peor. Ninguna palabra se mencionó durante esos momentos, solo intercambios de miradas entre Observadores. Reloj había fallado y ahora era responsabilidad de ellos contener este mal.
- ¿Empezamos? – Preguntó con una sonrisa.
Inmediatamente, todos en la corte se abalanzaron contra aquel monstruo con la intención de capturarlo.
Estaba exhausto y las manos le picaban. Sus papás lo habían puesto a limpiar todo el centro de operaciones y el laboratorio, pero lo peor de todo había sido el ático donde su papá guardaba los restos de sus experimentos fallidos. Podría jurar que su papá acumulaba demasiadas cosas a propósito, para tener algo que obligarlo a hacer cuando lo castigaran. Debido a la constante vigilancia de sus papás sobre él, no había podido usar sus poderes para usar duplicados y había terminado así, acostado sobre el piso de su habitación luchando por mantenerse despierto.
De entre todo lo malo, lo bueno es que su mamá no lo había vigilado. Durante la primera hora de trabajo si lo había hecho y fue la experiencia más vergonzosa de su vida. Y considerando su vida, era mucho decir. En una hora su mamá había logrado resumir exitosamente probablemente todas las charlas incómodas que los padres le daban a sus hijos: los cambios que sucedían durante la adolescencia, cómo se hacían los bebés, sexo seguro, las consecuencias de embarazos a temprana edad y la cereza del pastel, matrimonio.
Su error había sido interrumpirla diciéndole que solo había sido un beso, porque entonces su mamá desarrolló toda una novela en su cabeza donde su sesión de besos subía demasiado de tono y terminaban con un embarazo no planeado, donde los Manson querían la cabeza de Danny y que Sam abortara al bebé. Pero por los principios de Sam, terminaban en un matrimonio arreglado y a largo plazo, terminaban odiándose y viviendo en un matrimonio sin amor.
Afortunadamente su papá se apiadó de él y relevó a su mamá. Jack no habló mucho durante este tiempo, salvo para darle instrucciones a su hijo de qué servía o a dónde quería que moviera las cosas. Y Danny le agradecía eso. Mientras movía algunas cosas hacia el laboratorio, había visto que Dani estaba ahí.
- ¿Necesitas algo? – Le preguntó en voz baja.
- A decir verdad, sí. – Dijo ella bajando al piso. - ¿Tendrás otro termo? El mío al parecer ya no funciona.
Danny asintió y caminó hacía un casillero cerca de la entrada. Sacó un termo nuevo y se lo entregó.
- Dame el viejo… yo me encargo de él.
- Gracias. – Le entregó el termo disfuncional y se abrochó el nuevo en su cinturón.
- Oye… ¿podrías hacerme un favor?
- Claro. Dime.
Solo esperaba que Sam le hiciera caso y no se apareciera en su casa ese día. Su mamá seguía algo alterada y quería, a toda costa, que no le contara la misma novela que le contó a él.
Con mucho esfuerzo se metió al baño y se dio una ducha rápida. Se vistió solo con unos pants y se aventó sobre su cama. Ahora que estaba frío, sus músculos le dolían, pero el sueño rápidamente lo envolvió.
Se estaba arrastrando en el suelo, evitando los restos de sus compañeros que había por el camino e intentando pasar inadvertido. El dolor era insoportable, incluso para un fantasma. El grito desgarrador que se escuchaba a sus espaldas le alertó que debía moverse más rápido. La explosión que siguió, le avisó que el sufrimiento de uno de sus hermanos había terminado. Siguió arrastrándose, pero se detuvo cuando el sonido de pisadas detrás de él lo alcanzó. Avanzó lo más rápido de pudo sin importarle lo cerca que se escuchaban los pasos, hasta que una mano lo tomó de la parte superior de su túnica, a la altura de su nuca, y lo levantó en el aire.
Le dio la vuelta y vio aquellos ojos rojos que lo miraban con diversión. Ese monstruo estaba disfrutando de esa masacre.
- ¿Quién dijo que podías irte? – Dijo viendo a su oponente derrotado.
- Tú… - Nada que dijera tendría efecto en él, por lo que se conformó con tener algo de cierre antes de su muerte. - ¿Por qué?
Dan solo reviró los ojos ante la pregunta y lo dejó caer al suelo.
- Reloj… Ninguno sabía dónde está. ¡Por eso enviamos por él! – Le gritó con sus pocas fuerzas.
- Lo sé. – Dijo volteando a verlo.
- Entonces ¿por qué…?
- ¿Qué esperaban que pasara? – Preguntó con curiosidad. - ¿Que al liberarme cantaríamos todos juntos alrededor de una fogata por toda la eternidad? No. – Colocó su bota sobre el pecho del Observador. – Esto es lo que pasa cuando encierras a un monstruo por 7 años. El monstruo… - Hizo una pausa, pensando. - … se vuelve violento.
- Nosotros…
- Son tan culpables como Reloj. – Hizo presión con su pie. – Pero él tuvo la sabiduría para esconderse. Así que… ¿en dónde se esconde?
El Observador solo rio.
- Tú sabes que no lo sabemos.
- Entonces dime algo que me sea útil para encontrarlo.
- ¿O qué? – Lo retó. - ¿Me matarás? ¿Me dejarás vivir?
- Tu dejarás de existir el día de hoy, que no te quede duda de eso. – Le dijo. – La velocidad con la que sucederá es lo único que cambiará.
- Si es así… - Dijo con resignación. – No tengo nada para ti.
El Observador cerró su ojo, en espera de que comenzara la tortura. Y eso no le gustó a Dan. Ni un poco.
- Lento será.
Y con un pisotón en el pecho, inicio el calvario del último Observador.
- Reporte. – Dijo el imponente hombre vestido de blanco detrás del escritorio.
Frente a él, una mujer de vestimentas similares y de tez morena estaba algo… intimidada por su superior.
- Operativo T. No me gusta repetirme.
- Estábamos… - Comenzó a narrar, intentando mantener un tono ecuánime. - …trabajando en el secuenciador con una muestra de Ectoranium cuando la alarma fantasma se activó en todo el complejo. Inmediatamente se activó el protocolo de respuesta y se desplegó un equipo táctico para identificar el origen de la firma de ectoplasma detectada. – Exhaló profundamente. – A medio camino, la red eléctrica falló y toda la instalación quedó desprotegida.
- ¿Qué pasó con los generadores de emergencia?
- Una falla colectiva, señor. Los técnicos hallaron evidencia de manipulación y sabotaje en la línea de incorporación de poder a la red principal.
Manipulación… ¿Humana o fantasma? Fue la pregunta que no hizo pero que hacía eco en su cabeza.
- Prosigue.
- El equipo táctico hizo un barrido por los pisos, pero… al llegar al tercero, se escuchó una detonación seguida de una gran fumarola proveniente de la estación de incubación. Nos apegamos al protocolo e iniciamos con la evacuación del personal, mientras que la brigada intentaba extinguir las llamas.
- ¿Algún rastro de dispositivos explosivos?
- No, señor. Tras sofocar las llamas, los expertos inspeccionaron las instalaciones y determinaron que las llamas iniciaron en el invernadero y la explosión se originó porque el fuego llegó a los tanques de oxigenación usados para la regulación de la atmosfera.
- Y la falta de energía evitó que los supresores de llamas actuaran. – Concluyó.
- Me temo que sí, señor.
El Operativo Alfa se puso de pie y rodeo su escritorio, con las manos en su espalda sin mirar algún punto especifico dentro de esa oficina.
- ¿Alguna baja?
- Ninguna, señor. Salvo por algunos novatos que entraron en shock por la explosión, fue un saldo blanco.
- ¿Algo más? – Dijo deteniéndose frente a ella.
- Si. - Murmuró y bajo la vista al piso. – Cuando regresamos al laboratorio…
- ¿Sí?
- Estaba destruido, señor. – Hizo una pausa cuando lo vio arrugar la cara. – El secuenciador, los servidores, los computadores… todo.
- Entonces la investigación…
- Perdimos todo. – El Operativo Alfa se dio la vuelta violentamente. - Las plantas, las muestras, las secuencias…
Cada palabra lo enfurecía más, hasta que no pudo contener el enojo dentro y tomó lo primero que encontró sobre el escritorio y lo aventó a la pared con fuerza. El objeto se hizo pedazos con el impacto y él soltó un grito para intentar calmarse.
- Bueno… - Retomó la palabra la Operativo. – casi todo.
- ¿De que estas hablando? – Dijo frío. - ¡Gastamos millones de dólares en su pequeño proyecto de ciencias y ya ni siquiera es viable!
- Todo está aquí. – Dijo señalando su cabeza. – y aquí. – Señaló su corazón.
- ¡No diga estupideces, Operativo! ¡Los sentimientos no la ayudarán en esto!
- No hablo de sentimientos, señor. – Se defendió. – Hablo del vial que guarda en el bolsillo de su traje.
Alfa endureció la mirada y colocó con violencia el vial sobre la mesa, sobresaltando a la Operativo.
- ¡¿Y de que servirán unos cuantos mililitros cuando necesitamos metros cúbicos?! ¡Y por si no lo recordaba, su plantita se extinguió!
- Señor, si me permite… existe una posibilidad.
- Explícate. – Dijo intentando calmarse.
– Nosotros sabíamos que la producción a gran escala con las plantas nunca sería viable. - Dijo tomando el vial en sus manos.
- ¿Entonces…?
- Por eso estábamos trabajando en el secuenciador. – Lo interrumpió. - Para saber sus componentes y pasar a la fase de reproducción artificial. – Cuando su jefe se destensó, prosiguió. – Solo necesito un microlitro de esto… - Señaló el vial. - …el secuenciador que tiene el Operativo A en sus nuevas instalaciones y el resto, está aquí. – Señaló otra vez su cabeza.
- ¿Segura? – Preguntó después de una pausa.
- Señor, teniendo la secuencia del Ectoranium solo será cuestión de tiempo para la reproducción masiva de esto. – Agitó el vial.
- ¿Qué tan rápido puedes obtenerla? – Dijo arreglándose el traje.
- Si me transfiere ahora a las nuevas instalaciones, le entregaremos el portal y la fórmula el mismo día. – Dijo con seguridad.
Alfa la observó en silencio unos segundos antes de suspirar. Volvió a su asiento y se reclinó en la silla.
- Tienes 5 minutos para recoger lo que necesites. Sales en 10 minutos.
- Gracias señor. – Dijo y salió de inmediato de la oficina.
Estando solo, se quitó los lentes para poder frotarse los ojos. En su exabrupto, su traje se había arrugado y eso era una violación al artículo 63. Pero no le había importado.
- Necesito vacaciones…
Cerró los ojos e inhaló profundamente. Había escuchado que eso era una buena técnica para desestresarse y curiosamente, era cierto. Repitió el ejercicio algunas veces más antes de abrir los ojos y ver la atmosfera verde que envolvía a la zona fantasma. Estaba en una zona que no conocía muy bien, así que no sabía cómo encontrar el camino hacia el mundo humano. En su línea temporal no había tenido la necesidad de conquistar lugares dentro de la zona fantasma, ya que siempre estuvo dentro del mundo humano. Entre más poderoso se volvía, menos fantasmas se atrevían a interponerse en su camino y los que habían sido lo suficientemente tontos, habían pagado el precio. Por eso nunca se había tomado el tiempo para aprender a moverse por allí.
Necesitaba un plan. Ya había dejar salir algo de humo con esos Observadores y ahora podía volver a su lado racional y calculador.
¿Cuál era su problema? Reloj. No sabía dónde estaba o lo que planeaba, pero era el único con el poder suficiente para deshacer cualquier cosa que hiciera de ahora en adelante. ¿Qué necesitaba? Encontrarlo y eliminarlo. En su línea de tiempo, Reloj había sido el único que lo había retado y si se deshacía de él, el resto de los fantasmas mantendrían su distancia. ¿Qué ventajas tenía? Anonimato y sigilo. Esta línea temporal no lo conocía y los únicos que lo hacían, parecían no estar alrededor. Lo que lo llevaba a la última pregunta: ¿qué obstáculos hay? Solo uno.
Su versión joven de esta línea temporal sin duda alguna podría causarle problemas. Tenía que hallar la forma de distraerlo para que no interfiriera en sus asuntos. Una vez destruyera a Reloj, Daniel no tendría forma alguna de revertir lo que le haría a este mundo. Mientras no supiera donde estaba, él tenía la ventaja.
"Congelación". Pensó. Uno de los Observadores había dicho eso con la esperanza de que le perdonara la vida. En ese momento lo consideró como algo absurdo, pero si lo había considerado como unas valiosas últimas palabras, valía la pena indagar un poco más sobre eso.
Ahora, ¿izquierda o derecha?
- ¿Qué traes en la mochila? – Le preguntó Sam a Tucker.
Eran cerca de las 11 de la mañana y los dos iban caminando junto en dirección a la casa de su amigo. Tucker iba completamente relajado, ajeno al sufrimiento interno de Sam. Ella estaba hecha un manojo de nervios, no solo porque iban a ver a Danny, sino porque iba a ver a su novio. ¿Cómo se supone que debía saludarlo? ¿Con un beso? Dios sabía que ella quería, pero saludarlo de esa forma frente a Tucker después de haberle mentido hace menos de 24 horas acerca del tema, tal vez no sería lo mejor. Pero y si no lo besaba y Danny se sentía mal… "¡Deja de sobre analizarlo!" Se recriminó mentalmente. "Eres Sam Manson, no Paulina Sánchez. Solo actúa normal".
- Solo mi laptop, mi consola, controles y algunos juegos para pasar la tarde. – Dijo dándole una palmadita a su mochila. – Pero solo traje dos controles, así que tú y Danny tendrán que compartir.
- ¿Por qué? - Le preguntó intentando distraerse de sus estúpidas ideas.
- ¿Crees que pueden ganarme como para que sea yo quien pase el control? – Preguntó el moreno divertido.
- No. Hablo del por qué traes todo eso. Danny tiene sus propias cosas.
- Si, pero… - Dijo haciendo énfasis. – Si está castigado como dices y le quitaron su celular, probablemente también le quitaron cualquier otro medio de comunicación electrónico, es decir, computadoras, tabletas, reproductores, consolas…
- Si, ya entendí Sherlock.
- Y necesitamos distraernos con algo por un buen largo. – Añadió. – Porque, contrario a ustedes, yo no puedo mirarlos a los ojos por horas sin aburrirme.
Sam hizo una mueca y ocultó el rubor de su cara con su cabello, pero Tucker aun así pudo verlo y se echó a reír.
- Es bueno. – Dijo él.
- ¿Qué cosa?
- Qué ya no estes tan… obstinada con olvidarlo. – Le dijo con una sonrisa.
- Bueno… no lograré hacer en una semana lo que no pude hacer en años. – Dijo fingiendo resignación.
Había algo raro con ella. Hace tres días, cualquier cosa relacionada con el ojiazul le costaría algún tipo de golpe o amenaza física. Pero ahora… volvía a ser la misma de cuando tenían 16 años. Avergonzada, ruborizada y enamorada. Iba a llegar al fondo de ese asunto hoy mismo, y si tenía que, los obligaría. Ya estaba harto del jueguito que esos dos tenían. Caminaron un rato más hasta que llegaron a la casa de los Fenton y Sam dio un leve golpe a la puerta.
Esperaron unos segundos hasta que una pelirroja abrió la puerta. Pánico inundó las facciones de la chica, quien volteó a sus espaldas para ver si alguien había visto a los chicos en la puerta.
- ¿Jazz? – Preguntó Tucker.
- ¡Shhh! – Lo calló ella. Tomó a ambos jóvenes y los metió a la casa rápidamente. – Síganme y no hagan ruido.
Confundidos, empezaron a seguir a la joven a través de la sala hacia las escaleras, pero la voz de Maddie Fenton la obligó a arrojar a los dos detrás de un sillón.
- ¿Jazz? ¿Quién tocó la puerta? – Dijo su mamá.
- Nadie. - Se apresuró a decir. – Salí, pero no había nadie. Supongo que unos niños querían hacer una broma.
- Oh. – Dijo ella mientras entraba a la cocina.
Jazz cubrió a los dos con su cuerpo y con una mano en su espalda, les hizo una seña de que la siguieran. Cruzaron corriendo la puerta de la cocina para subir las escaleras.
- Estaré en mi cuarto. – Le dijo a su mamá antes de subir con ellos.
Estando en el segundo piso, miró el pasillo y como estaba despejado, jaló a los dos hacia el cuarto de Danny, Sin tocar la puerta, la abrió y los metió en el cuarto de su hermano.
- Espérenlo aquí y no hagan ruido. – Les dijo antes de voltear a ver a Sam a los ojos y sonreírle.
Tucker miró a Sam con duda y ella solo levantó los hombros. Afuera, Jazz se recargó en la puerta, soltó el aliento que estaba conteniendo y sonrió. Deberían de darle un premio por ser la mejor hermana del mundo. Y hablando de eso…
- ¿Qué hacías en mi cuarto? – Preguntó Danny, quien venía bajando del centro de operaciones. - ¿Jazz?
- Me debes una. – Dijo guiñándole el ojo y colocando su mano en su hombro. Le sonrió y luego se fue a su cuarto.
Danny la observó con una ceja alzada, pero decidió ignorarla. Caminó hasta la puerta de su cuarto y cuando estaba por entrar, su nariz percibió un aroma muy particular. "¿Jazz olía así?". Abrió la puerta y se sorprendió de ver a sus amigos allí.
Tucker estaba frente a su cama, desempacando todo lo que traía en la mochila y Sam estaba cruzada de brazos viéndolo desde la ventana.
- Hola viejo. – Dijo el moreno enderezándose.
Danny reaccionó cerrando la puerta de su cuarto suavemente con seguro antes de mirar nuevamente a su mejor amigo.
- Hola. – Dijo débilmente, pero su mirada rápidamente se desvió hacia Sam.
Ella por su parte, se ruborizó y huyó de su mirada, prefiriendo ver a Tucker. Tucker lo notó y miró a Danny, quien regresó su mirada a él y le sonrió incómodamente. Estaba por decir algo, pero Danny se le adelantó.
- ¿Qué…? – Se aclaró la garganta. - ¿Qué hacen aquí?
- Sam dijo que estabas castigado. – Danny volteó a verla y ella sonrió débilmente. – Así que como no podrías salir, nosotros venimos.
- Oh… sí. – Contestó bajando la mirada.
Los ojos de Danny buscaron nuevamente los de Sam y antes de que Tucker volviera a hablar, ella lo interrumpió.
- Jazz… - Dijo nerviosa. - ¿Por qué actuaba raro?
Los ojos de Danny se agrandaron y negó con la cabeza, advirtiéndole de no tocar ese tema. Sam entrecerró los ojos intentando descifrar su mensaje y cuando lo hizo, solo asintió discretamente. Danny miró nuevamente a Tucker y le sonrió, antes de regresar su mirada a Sam y señalar al moreno con los ojos. Ahora fue el turno de ella para negar, haciendo que Danny asintiera.
- Ok. – Dijo poniéndose en medio de esos dos. - ¿Qué tienen ustedes?
- ¿De qué hablas Tucker? – Dijo nervioso.
- Podré usar lentes, pero sus miradas son visibles desde Marte. – Ironizó. - ¿Por qué actúan raro? Bueno… más raro que de costumbre.
- Tucker… - Sam intentó distraerlo, pero no funcionó.
- De Jazz lo entiendo, después de todo es psicóloga. – Bromeó. – Pero ustedes dos…
- No es nada Tucker, créeme. – Intentó Danny.
- ¿Acaso lo viste desnudo? – Le preguntó a Sam.
- ¿Qué? ¡NO! – Se apresuró a contestarle.
- ¡Tucker! – Dijo Danny avergonzado.
- Entonces, ¿que están ocultando? – Dijo ignorándolos. - ¿Se volvieron a besar? – Bromeó.
Danny y Sam adoptaron un carmesí profundo en sus rostros, y desviaron sus caras de su amigo. Terminaron cruzando sus miradas y Danny optó por mirar su closet mientras que ella se distrajo viendo el piso.
- No. Puede. Ser. – Su sonrisa se ensanchó. - ¡Si se besaron!
- Tucker, baja la voz. – Le rogó el ojiazul.
- Díganme todo. – Se sentó en la cama. – Y no omitan ningún detalle.
- Tucker…
- Tórtolos…
- Esto es ridículo. – Susurró Sam, pero los dos hombres la oyeron. – Ok. Tucker, tenemos algo que decirte.
- ¡No me digas! – Ironizó.
Sam y Danny compartieron una mirada antes de acercarse a su amigo que los miraba divertido.
