Llevaba un rato así: acostado sobre la cama, con una sonrisa en su boca y suspirando constantemente. Sam pateó la pierna que colgaba de la cama en un intento por hacerlo reaccionar, pero fue en vano.
- Tuck…
Antes de que Danny terminara, el susodicho se incorporó de un salto y quedo frente a ellos. Rápidamente extendió sus brazos y los capturó en un abrazo grupal. Con sus cabezas sobre los hombros del moreno, la pareja compartió una sonrisa antes de que su amigo se separara de ellos.
- Ya era hora. – Dijo con una sonrisa mientras que les daba una cachetada a cada uno con la mano que había puesto sobre sus hombros.
- ¡Ouch! – Se quejó Sam.
- ¿Y eso por qué? – Dijo Danny sobando su mejilla.
- Por tardar tanto. – Se alejó de ellos y tomó asiento en la silla de la mesa que Danny tenía en su cuarto. - ¿Saben cuánto estrés me causaron en los últimos 7 años?
- ¿Estrés? ¿En serio? – Preguntó Sam divertida.
- Me sentía como el hijo de una pareja divorciada. Contándome sus secretos y pidiéndome que no se los dijera al otro. – Explicó. – Y actuar como si nada cuando estábamos todos juntos. Es agotador.
- Si, bueno… - Danny pasó un brazo sobre el hombro de Sam y la acercó a él. – Ya no tienes que hacerlo.
- Aww. – Se burló. - ¿Esta es la parte donde se besan?
Sam rodó los ojos y Danny solo negó.
- No nos vamos a besar frente a ti, Tucker. – Dijo ella.
- Aunque aprecio el gesto, dudo mucho que cumplan con eso. – Sonrió. – Solo tengo una duda. ¿Por qué lo negaste cuando te lo pregunté ayer?
Sam sintió como la postura de Danny cambiaba y la miraba con genuina curiosidad.
- ¿Lo negaste? – Preguntó sorprendido.
Algo de eso no le gustó a Sam, no sabía si fue el tono que usó su novio o el hecho de que supiera que había negado su relación.
- Aww. – Dijo Tucker. – Su primera pelea.
- Primero: cállate. – Dijo mirando a Tucker quien solo sonrió. – Segundo: si, lo negué. Pero porque no sentí correcto el ser solo yo quien le diera la notica a… - Señaló al moreno. - …al niño.
Los tres empezaron a reír. Aquel comentario hizo que Danny le diera un beso en la sien. Ella no era dada a las muestras públicas de afecto, pero con Danny no le importaba. Se sentía bien, se sentía natural.
- ¿Qué tenía Jazz? – Preguntó finalmente ella.
- Oh, eso… Bueno… - Se rascó la nuca. - ¿Recuerdas lo que pasó ayer en la mañana?
Recuerdos de su sesión de besos inundaron su mente y aquel raro, pero muy agradable cosquilleo en su abdomen regresó, causándole un ligero rubor en las mejillas y que le devolviera el abrazo a Danny.
- Apuesto a que si lo recuerda. – Dijo Tucker levantando sus cejas.
- Bueno… - Prosiguió. – Regresé a la casa y mis padres me interrogaron. Técnicamente solo fue mi mamá… y ese fue el problema. Me pidió una explicación y estuve a punto de salirme con la mía, pero…
- Pero… - Indagó Tucker.
- Tu labial… - Le susurró a Sam.
- Oh… - Dijo ella avergonzada.
Tucker estalló en risas ante la explicación hasta el punto de caerse de la silla.
- Por eso te envié la nota ayer. – Le explico a ella mientras Tucker seguía riéndose. – Ella me dio "la charla" y no quería… quiero que también te la de a ti.
- Bueno, si te sirve de consuelo, ya mi madre me dio esa charla hace mucho.
Un golpeteo en la puerta llamó la atención de los tres. Danny y Sam miraron hacia la puerta, mientras que Tucker por fin se logró sentar y guardó silencio. Volvieron a tocar la puerta.
- ¿Sí? – Ninguna respuesta.
Volvieron a tocar y Danny supo que tenía que abrir. Quitó el seguro de la puerta y la abrió solo lo suficiente para asomar la cabeza. Su campo de visión estaba bloqueado por un overol naranjado que lo escrudiñaba con la mirada. Danny sonrió nervioso.
- Papá. – Chilló.
- Sala. Abajo. Ahora. – Dio media vuelta. – Y también diles a tus amigos.
Danny lo vio perderse escaleras abajo y resopló. Cerró la puerta y volteó a ver a sus amigos.
- Mi culpa. – Se disculpó Tucker.
Resignados, marcharon fuera del cuarto. Sin embargo, antes de bajar las escaleras, Maddie tomó a Sam del antebrazo.
- Sam. – Dijo dulcemente. - ¿Podríamos hablar un momento?
Los tres voltearon y Danny quiso que la tierra se lo tragara. Sam, sin opciones, solo suspiró.
- Seguro. – Dijo y Maddie le regaló una sonrisa.
Llegaron a la sala y notaron que Jazz estaba sentada también, con una expresión de fastidio en la cara.
- ¿Tú también? – Le preguntó su hermano.
- Si. Gracias a él. – Asesinó a Tucker con la mirada.
- Perdón. – Sonrió.
- Te di una orden. ¡Una! Y no pudiste…
- ¡Chicos!
El regaño de Jazz a Tucker se cortó con la intervención de Jack, quien entró a la sala y se paró frente a ellos.
- ¡Tranquilícense! No están en problemas. – Les aseguró con una sonrisa. – Excepto tú Danny. Tu mamá está hablando con tu novia a solas. ¡Ja! Eso seguro es vergonzoso.
Danny se cubrió la cara y su papá siguió hablando.
- Ahora, Jazz. ¿Por qué escondiste a Tucker y Sam? – Se rascó la cabeza. – Danny está castigado, pero puede recibir visitas.
- Lo hice para evitar lo que está pasando arriba. – Se cruzó de brazos.
Deseaba usar sus poderes para poder sacarlos a todos de ahí, pero su papá lo estaba viendo.
Una figura descendió del cielo suavemente sobre la planicie congelada de ese territorio. Su presencia llamó inmediatamente la atención de las criaturas nativas, quienes empezaron a congregarse cerca de él. Uno de ellos se acercó sigilosamente hacia él. Un brazo y un cuerno completamente de hielo complementaban su excéntrica apariencia y le confirmaban la identidad del fantasma que andaba buscando.
- ¿Congelación? – Preguntó con cautela cuando la bestia estuvo dentro de su rango de audición.
- ¿Elegido? – Le respondió inseguro de la identidad del fantasma frente a él, hasta que notó el símbolo en el pecho.
"¿Elegido?" ¿Acaso estaba en un culto? Dan decidió ignorar este detalle, más no olvidarlo. Dio un paso al frente y volvió a hablar.
- Necesito un favor. – Dijo amablemente.
- ¿En qué le podemos servir? – Le respondió con una sonrisa.
- Estoy buscando a Reloj. He indagado un poco y me dijeron que la última vez que lo vieron fue aquí contigo.
Congelación adoptó una pose pensativa, tomándose el mentón con una mano mientras desviaba su mirada al suelo.
- Ciertamente pasó por aquí. Pero no se quedó por mucho tiempo.
- ¿Sabes dónde puedo encontrarlo? – Preguntó.
- ¿Qué tal si lo discutimos adentro? – Le sonrió. – No estábamos preparados para su venida señor, pero podemos preparar algo rápidamente.
El resto de los Congelados observaba a su líder sin demostrar emoción alguna. Dan dudó por un segundo si debía seguirle la corriente.
- Seguro.
- ¡Excelente! – Exclamó Congelación y dio media vuelta. – Andando entonces.
Y así, Dan se encontró caminando detrás de la bestia de las nieves. Avanzaban en silencio, él unos metros detrás de su guía. Inspeccionó sus alrededores y notó que estaba rodeado por cerca de 20 bestias peludas. Ninguno hacia contacto visual con él, todos llevaban la vista fija hacia el frente. Podía ver a la distancia un puñado de cabañas, más no había actividad alguna. Cuando dejó de caminar, el resto de fantasmas lo imitó, más ellos se limitaron a observar a su líder en busca de indicaciones de qué hacer. Dan por su parte soltó una breve risa. Se detuvo cuando finalmente entendió que ellos no eran sus guías, sino sus escoltas.
- Él les advirtió. – Exclamó mirando al cielo con una sonrisa.
Congelación, aun de espaldas, soltó una risa.
- Él mencionó que algo como tú se aparecería, sí.
Dan asintió, aun sonriendo.
- ¿Y ahora qué? – Dijo mirando la espalda de su nuevo rival.
Congelación volteó a verlo con una sonrisa y un brillo azul en sus ojos.
- Es hora del Plan B.
Un rugido a sus espaldas hizo que girara levemente la cabeza para ver como uno de ellos se abalanzaba sobre él, y pronto todos los imitaron. Haciendo tres duplicados, dividió a sus atacantes por punto cardinal y comenzó a pelear contra ellos.
Sam entró en la habitación de los papás de Danny, e inmediatamente caminó hasta el centro del cuarto, con la esperanza de poner una distancia suficiente entre ellas. Se dio la vuelta cuando escuchó la puerta cerrarse y respiró profundamente, intentando prepararse para "la charla" que venía. Pero no estaba preparada para recibir un abrazo de la señora Fenton. Sacudiéndose un poco de la impresión inicial, le respondió el abrazo brevemente antes de que ella se separara.
Maddie la miraba con una felicidad que, francamente, la estaba asustando.
- Emm…
- ¡Ya era hora! – Exclamó emocionada. – Aun no entiendo porque Danny se tardó tanto. Honestamente creí que habían empezado a salir cuando cumpliste 16, pero Jazz nos dijo que no.
Sam estaba muy confundida y Maddie lo notó.
- Descuida, querida. No estás en problemas. – Le aseguró. – Al menos no de nuestra parte.
- Si, es que… creí que estaba enojada.
- Estaba molesta con Danny por mentirme, no porque estaba contigo. – Le explicó.
- Pero lo castigó. – Preguntó con curiosidad.
- No, Sam. No intentes abogar por él.
- ¡No! – Dijo avergonzada. - No es lo que…
- Danny hizo mal en ir a nuestras espaldas. Nos desobedeció y, mientras viva en esta casa, eso tiene consecuencias.
Sam procesó lo que escuchó antes de hablar.
- Entonces… ¿lo aprueban? – Dijo temerosa.
- Por supuesto que sí. – La volvió a abrazar. – Lo que me recuerda… - La mirada de Maddie se volvió sería. – Sam. Aun son jóvenes y tienen todo el futuro por delante.
Oh, ahí estaba.
- No se preocupe por eso…
- ¡Pero si me preocupo! Los accidentes pasan y cuando uno está en medio de calor del momento…
- Señora Fenton…
- …la mente se nubla y para cuando te das cuenta…
- Señora Fenton. – Su incomodidad subía poco a poco.
- Solo no quiero ser abuela tan pronto.
- Okay. – Desvió la mirada muy apenada.
- Tus papás no querrían un escándalo y los obligarían a casarse, pero un matrimonio por obligación rara vez acaba en una vida feliz…
- ¡Wow, wow! – La interrumpió en voz alta. – Solo llevamos un día saliendo como para ponernos a pensar en eso. – Se defendió.
Maddie observó su reacción y sonrió. Aun cuando la chica estaba al borde de un colapso de tan rojo que se veía su rostro, se mantenía racional.
- Lo siento. – Puso una mano sobre el hombro de la chica. – Es solo que… me alegra que seas tú.
Sam le regaló una sonrisa genuina y siguió su impulso por abrazarla.
Danny levantó rápidamente la cabeza cuando escuchó pasos descender por la escalera. Se resistió al impulso de ir hacia Sam y abrazarla cuando llegó a la parte baja de la casa. Aún tenía rojo el cuello, lo que le confirmaba que su mamá si la había hecho pasar vergüenza. Le dedicó una sonrisa que ella le respondió, antes de desviar su atención hacia su mamá.
- ¿Estoy en problemas? – Preguntó Danny.
- ¿Por qué lo estarías? No hiciste nada. – Le respondió su mamá.
Danny suspiró aliviado y apenas tuvo tiempo para atrapar algo que su mamá le aventó. Cuando tuvo el objeto en sus manos, notó que era su celular.
- No entiendo. – La miró con curiosidad.
- Decidí levantarte las restricciones. – Dijo su mamá.
- ¿Entonces ya no estoy castigado? – Preguntó con un toqué de esperanza.
- Claro que sí. – Dijo apretándole una mejilla. – Pero bajo los términos de tu castigo original.
- Entonces… ¿podemos irnos? – Dijo mirando a sus amigos.
- Si quieren. – Dijo levantando los hombros.
Apenas terminó de decir esas palabras, Tucker y Danny salieron corriendo hacia Sam y de ahí, escaleras arriba.
– ¡Pero si van a estar en tu cuarto, dejen la puerta abierta! – Gritó Maddie.
- ¡Mamá! – Chilló Danny.
Esquivó un puñetazo dirigido a su cara y con una patada, mandó a volar a la bestia hacia atrás. Cargando su puño con energía, voló al lugar donde había aterrizado Congelación solo para ser recibido con un coletazo que lo envió contra una choza que destruyó al instante. Se levantó para contraatacar al fantasma que ahora se dirigía a él, pero se distrajo cuando una mano lo agarró del tobillo. Cuando miró hacia abajo notó que uno de esas criaturas lo sostenía y había congelado su pierna desde la rodilla hacia abajo. Con un puñetazo, terminó por noquearlo y, agarrándolo del espeso pelaje, lo arrojó contra su líder.
Con la exitosa distracción, sacudió violentamente la pierna para liberarla del hielo. Esa pelea se había alargado demasiado y estaba empezando a irritarse, pero esa cosa simplemente seguía peleando. Hizo dos duplicados invisibles que rápidamente volaron hacia su rival.
Congelación se puso de pie tras mover a su compañero en el suelo. Sabía que no podría seguir luchando por mucho tiempo. Estaba cansado y lastimado, además de ser el último de su guardia en pie.
- Veo que no te rindes. – Le dijo Dan, regularizando su respiración. – Yo respeto eso. Pero ya es hora de que caigas.
- ¡Oblígame! – Le gritó.
- Eso pienso hacer.
Se sorprendió cuando ese susurro no provino del monstruo frente a él, sino que lo escuchó cerca de su oído. De repente, sintió como unas manos se escurrieron por su cuerpo y terminaron en su nuca, inmovilizando sus brazos con una llave. El clon de Dan se volvió visible y empezó a imprimir más presión en el agarre. Él intentó sacudírselo, pero simultáneamente, el otro duplicado apareció frente a él con energía acumulada en sus dedos, y los colocó con fuerza en su rostro.
Gritó y se sacudió violentamente ante el dolor que estaba recibiendo, más ninguno de sus dos captores cedió en el agarre. Con lo último que le quedaba de fuerza, abrió sus ojos y disparó un rayo de hielo sobre el doble frente a él, atrapándolo en una capa de hielo. Aprovechó la inercia del momento para alcanzar la cabeza del que tenía en la espalda y la aprisionó con ambas manos para usar nuevamente sus poderes y congelarlo.
Sin embargo, su esfuerzo fue en vano cuando un puño destrozó la estatua de hielo frente a él y conectó un certero golpe en su mandíbula. Abrió los ojos mientras iba volando solo para ver a ese fantasma volar sobre él e inhalar profundamente. El lamento fantasmagórico de Dan lo impactó a poca distancia y lo envió en picada al suelo, atravesando el techo de roca de una cueva.
Dan aterrizó dentro de la cueva sobre la bestia de nieve, solo para encontrarlo inconsciente. Gruñó y se reprimió mentalmente. La furia en su interior se liberó cuando las llamas en su cabeza crecieron y se extendieron. Regularizó su respiración y su cabello volvió a su forma normal. Los Congelados le habían dado una buena batalla, y aunque había ganado, no podía sacudirse la sensación de que la brecha de poder entre él y el resto de fantasmas se había acortado durante el tiempo de su encierro. Y, sobre todo, le molestaba esa habilidad particular de esta especie. Usar hielo había resultado ser muy efectivo para ralentizarlo.
Una vez calmado, inspeccionó sus alrededores. La cueva tenía dibujos en las paredes (en las que seguían de pie) y parecía que la usaban como una especie de almacén. "Primitivos". Pensó mientras se adentraba al fondo de la cueva. Encontró armas, baúles que contenían vestiduras, armaduras y en general, nada importante o de valor. Pero había un cofre, ubicado sobre un pedestal, que llamaba su atención. El cofre estaba cerrado con un tipo de llave muy inusual. Cuando notó la forma, caminó hasta Congelación y lo arrastró para usar su mano como llave. Su decepción fue mayor cuando observó el interior y lo encontró vacío. De un manotazo lo envió contra la pared.
Caminó nuevamente a la salida, pero un dibujo llamó su atención. Era él, o al menos la versión joven de él. Esa imagen mostraba a Daniel de pie sobre un derrotado Vlad, con un puño en alto y algo parecido a un pergamino en ella. Miró alrededor y encontró más dibujos. Algunos eran de Vlad y otros de Daniel, pero ese pergamino salía en todos ellos. Y al parecer estaba íntimamente relacionado con portales al mundo exterior. Lo que llamó su atención fue el fondo en el que se llevaban a cabo: había referencias a Roma, Tíbet… incluso el Oscurantismo. Y en la última imagen aparecía Congelación dándole a Daniel ese pergamino, y también aparecía el cofre.
"¿Podría ser?" Dejo de preocuparse por esa idea. Antes de salir volado de ahí, vio en otra pared otro dibujo de Daniel, pero esta vez era de su enfrentamiento con el Rey de los Fantasmas. "Entonces sí es un culto". Reviró los ojos y salió volando por el hueco que había hecho en el techo. Cuando se elevó a cierta altura, notó que más allá de donde había peleado, se extendían más edificaciones que, aparentemente, también estaban vacías.
Ubicó una roca flotando y voló hasta ella. Allí tomó asiento para intentar llegar al fondo de la situación. Primero, Reloj lo había dejado salir y no había estado ahí para recapturarlo. Segundo, había advertido a los Congelados, pero estos solo lo enfrentaron con un puñado de guardias. ¿Dónde estaba el resto de su especie? Tercero, Reloj llevándose aquel pergamino… ¿para qué? Sus poderes le permitían viajar por todo el mundo a placer, sin importar la época. ¿De qué le serviría ese papel? Cuarto, había exterminado a la corte de Observadores sin oposición y ni consecuencias. Quinto, le había notificado a los Congelados, pero no al resto de fantasmas. Ni a los Observadores que eran sus jefes, ni a Daniel y mucho menos a los fantasmas comunes, siendo Klemper evidencia de ello, ya que cuando lo obligó a hablar acerca de Congelación, creyó que era Danny Phantom. ¿Por qué? Y, por último, su guarida estaba destruida desde antes de que él se liberara. ¿Quién se atrevería? "Yo". Se contestó, pero evidentemente no había sido él. ¿Entonces quién y por qué?
"Él mismo". Concluyó. "Destruyó su guarida y la vació para que yo no tuviera acceso a sus poderes". Se puso de pie rápidamente. "Por eso se llevó el pergamino, para que yo no lo usara". Se rascó el mentón. "Por eso solo advirtió a los Congelados, para que me contuvieran con sus poderes de hielo. Pero ¿por qué?". Recordó los acontecimientos posteriores al momento donde obtuvo su libertad y sonrió cuando finalmente entendió. "Para protegerlo".
Tras entrar en la habitación de Danny, habían decidido no quedarse en la casa por obvias razones. Y mientras Danny cumpliera con su hora de llegada y estuviera pendiente de su teléfono, tenía permitido salir con ellos. Jazz los acompañó y juntos fueron a la Hamburguesa Apestosa. La excusa: celebrar que Danny y Sam al fin eran pareja. Tucker, a petición de Sam, le había avisado de su pequeña reunión a Dani, quien se presentó en el lugar unos minutos más tarde. Estaba algo incómoda cuando llego, pues la última vez que había hablado con Danny se había enfurecido con ella. Danny rápidamente lo notó y la separó del grupo para hablar a solas con ella. Al cabo de unos minutos, Dani lo había abrazado y supieron que aquel tema había quedado zanjado.
Ahora estaban sentados todos en una mesa, con Danny y Sam sentados juntos, y Jazz a un lado de ellos para asegurarse de que esos dos mantuvieran sus manos solo en la comida. Del otro lado de su gabinete usual, Tucker comía con Dani junto a él, estando ella pegada a la ventana y él en el pasillo.
- Entonces… - Dijo Dani mientras intentaba tragar lo que tenía en la boca. - ¿Ya es oficial?
- Si. – Contestó Sam con una sonrisa.
Danny se pegó a ella y recargó su cabeza en el hombro de la chica. Pero inmediatamente Jazz lo jaló de la oreja y lo hizo enderezarse.
- ¿Y eso por qué? – Le reclamó a su hermana.
- Órdenes de mamá. – Levantó los hombros y le dio una mordida a su hamburguesa.
Sam sonrió y fue ahora ella quien recargó la cabeza en el hombro de él mientras daba un sorbo a su bebida.
- ¿A ella no le harás nada? – Le preguntó a Jazz.
- Ella no es mi hermana.
- Aún. - Comentó Tucker.
Sam se atragantó con su bebida y empezó a toser violentamente, causando la risa de los demás presentes. Danny le dio golpecitos en la espalda para que se normalizara.
- ¿Estas bien? – Le dijo preocupado.
- No gracias a él. – Señaló al moreno, quien solo le guiñó el ojo.
- ¿Puedo preguntar… por qué les tomo tanto tiempo? – Dijo Dani antes de beber su refresco. – Digo, se gustan desde antes de que yo naciera. – Bromeó.
- Tienes 15. – Dijo Jazz con duda.
- Pero nací con 8. – Le guiñó el ojo.
- Oh, cierto. – Dijo Jazz.
- Bueno, eso es… - Danny miró a Sam en busca de ayuda.
- Complicado. – Dijeron al unísono.
Tucker solo rodó los ojos y Jazz movió los labios con un "No, no lo es".
- Bueno, me alegro por ustedes. – Sonrió.
- Gracias. – Comentó Danny.
- ¿Eso significa que ya le contó de ya-sabes-quien? – Le susurró a Tucker en el oído.
El aludido solo negó con la cabeza y al subir su rostro, se topó con la mirada curiosa de Sam. "Demonios…"
- ¿Qué debería saber de ya-sabes-quien, Tucker? – Dijo con molestia en su voz.
Se odiaba por eso, pero no podía evitarlo. Ella no era así, no era del tipo celosa… ¡Ay por Dios! ¿A quién quería engañar? ¡Claro que era celosa! Paulina, Valerie, Paulina otra vez… Pero ahora no solo eran celos. Había algo más que la ponía nerviosa. Incertidumbre. ¿Acaso Danny había salido con alguien más? ¿Acaso le gustaba alguien más? ¿Acaso ella no había sido su primera opción? Poco a poco, los pensamientos de antaño fueron regresando uno a uno. Intentó bloquearlos nuevamente mirando alrededor. Jazz no tenía idea de lo que hablaban, Tucker y Dani parecían resignados y luego estaba Danny. Ella temía ver en su rostro pánico, o peor, culpa. Pero su expresión era de entendimiento.
- Ellos hablan de…
- Valerie. – Dijo el moreno.
- ¿Qué? No. – Lo corrigió Danny.
Todos voltearon a ver al moreno, pero su vista estaba fija en otro lado del lugar. Aunque la cara de pervertido que tenía les decía todo lo que tenían que saber, todos voltearon en la dirección que el moreno estaba viendo. Todos menos Dani, quien se encogió en su asiento.
Con unos tenis planos naranjas, short naranja y una blusa amarilla, Valerie caminaba por el pasillo hacia la salida cuando notó a Tucker viéndola. Como era el caso con todos los que entraban activamente a la cacería de fantasmas, ella había adquirido un cuerpo muy atlético.
- Hola Valerie. – Intentó sonar seductor cuando ella se acercó a la mesa.
- Tucker. – Dijo levantando una ceja. – No sabía que habías regresado.
- ¿Anduviste preguntando? – Dijo con una sonrisa.
Su respuesta agarró a todos los presentes desprevenidos, tanto así que se voltearon a ver entre ellos. Valerie dejó pasar eso para saludar a los demás.
- Hola chicos. – Luego, su mirada se centró en la chica del fondo. - ¿Dani?
Sam sintió una punzada en el corazón, pero luego se dio cuenta de que no hablaban con su Danny. La adolescente solo sonrió cuando se vio descubierta.
- Hola Val. – La saludó.
Valerie la miró con curiosidad antes de mirar al resto de los presentes y luego mirar a Danielle. Ella entendió por dónde iba el pensamiento de Val.
- ¿Cómo…?
- Los Fenton son amigos de Vlad. – Explicó con una sonrisa.
- Oh, cierto…
Ahora fue el turno del equipo Phantom de alternar miradas entre ella y Dani.
- ¿Y ustedes…? – Comenzó Jazz.
- Oh… - Valerie entró en pánico.
"Pues ella es la chica fantasma y yo la cazadora roja, y somos compañeras". Aunque esa fuera la verdad, no creyó pertinente confesar el secreto de ambas.
- Ella es… mi tutora. – Mintió Dani. – Vlad la contrató para que me diera tutorías por las tardes.
- Si. – Confirmó Valerie.
- Vaya, que pequeño es el mundo. – Comentó Sam.
- Muy pequeño. – Confirmó Valerie, sin saber que más decir. – Bueno… supongo que los veré por ahí.
- Definitivamente. – Le dijo Tucker.
- Ok… - Dijo incómoda. – Adiós.
- Nos vemos. – Dijeron todos en la mesa.
La observaron salir del local y alejarse.
- Díganme que nosotros no nos veíamos así cuando mentíamos. – Dijo Sam al aire.
- Peor. – Confirmó Jazz.
- Olvidé que se supone que no nos conocemos. – Comento Dani.
- Pues tu mentira no estuvo mal. – La defendió Danny. – Técnicamente no mentiste.
Dani le sonrió y todos regresaron a un cómodo silencio para terminar de ingerir sus alimentos. Sam, sin embargo, seguía con la duda acerca de lo que había comentado Dani.
Arrojó al fantasma inconsciente al vacío que era la zona fantasma para que flotara hasta que recuperara la conciencia. Se había topado con otro callejón sin salida. Al parecer nadie sabía en donde podía estar el protector del tiempo y ya se estaba hartando. La zona fantasma era inmensa tardaría años en recorrerla completamente, y ni eso le garantizaba que encontraría a Reloj. Golpeó la pared detrás de él para liberar algo de frustración. ¡Él había conquistado el mundo! ¿Y a qué se había reducido ahora? A ser un simple fantasma que estaba a merced de lo que otro hiciera.
No. Se negaba a aceptar eso. Y entonces llegó la claridad. Había estado haciendo las cosas mal. Él no era quien seguía ordenes, él las daba. Él no buscaba, a él le llevaban lo que buscaba. Una vez tuvo sirvientes, y en esta línea temporal los volvería a tener. Pero, sobre todo, él no era el ratón. Él era el gato.
Si Reloj se ocultó para no ser destruido, tendría que obligarlo a salir de su escondite de otra forma. Esa era su mayor ventaja, la moral que ataba a los buenos para hacer lo correcto. Una sonrisa se formó en su rostro. Tal vez era hora de visitar a la mascota favorita de Reloj. Después de todo, si le había entregado a los Observadores con tal de salvarlo, el mismo se sacrificaría para el mismo fin.
- ¿Ya te vas? – Preguntó Jazz a Dani.
- Si. – Levantó los hombros. – Creo que debo hablar con Valerie. Ya saben… decirle que realmente nos creyeron.
- Suerte con eso. – Dijo Tucker haciéndose a un lado para que pudiera salir. – Y mándale mis saludos.
- Si… - Dani se rascó la nuca. – No haré eso. Nos vemos.
Unos minutos después, ellos la imitaron y salieron del lugar. Aprovechando que Sam estaba distraída, Danny tomó su mano y caminó junto a ella para salir. Estando ya en la calle, Tucker se estiró antes de preguntar en voz alta.
- ¿Y ahora qué haremos?
- Ir a casa. – Le respondió Sam.
- ¿Veremos una película? – Preguntó curioso.
- No. - Sentenció. – Me refería ir cada quien a casa… por separado.
- ¿Por qué? Aún es temprano.
- Tú llevas paseando en esa mochila todos tus objetos de valor desde la mañana. – Le recordó.
- Yo tengo que trabajar en algunos pendientes. – Dijo Jazz.
- Y yo llevaré a Sam a su casa. – Dijo Danny sonriendo.
- Que conveniente. – Dijo Tucker.
La pareja solo sonrió ante el comentario y Danny notó como su hermana levantaba una ceja y se cruzaba de brazos.
- Jazz…
- Solo te dejaré ir porque no deseo verlos en su fase de luna de miel. – Lo interrumpió.
Sam se ruborizó mientras que Tucker se reía fuertemente.
- Pero si mis papás preguntan, diré que te escapaste.
- Hecho.
Con esto, Danny pasó su brazo sobre el hombro de Sam, dio media vuelta y empezó a caminar con ella en la dirección opuesta. Jazz solo negó con la cabeza, antes de sonreír y darse media vuelta para irse a su casa. Tucker, quien iba por el mismo rumbo, se emparejó con ella.
- ¿Realmente crees que estén en una fase de luna de miel?
Jazz lo miró con una ceja alzada, como si le hubieran hecho una pregunta tonta.
- Llevan un día de novios y 7 años de sentimientos reprimidos, Tucker.
- Buen punto. – Hizo una breve pausa. – Es solo que no puedo imaginarme a Sam…expresando sus sentimientos en público.
Jazz contuvo su risa.
- Tan solo agradece que no los vimos "expresando sus sentimientos" en la mesa.
Sam rodeó con sus brazos la cabeza de Danny para profundizar el beso aún más. Él la abrazó con más fuerza, pegándola a su cuerpo y levantándola ligeramente para facilitarse la tarea de devorar sus labios. Poco les importaba que estuvieran a mitad de una calle o que la gente tuviera que esquivarlos para poder transitar libremente. Ese momento que estaban compartiendo los mantenía felices, y solo eso les importaba.
- Sabes… - Dijo ella entre besos. – Mi casa no está por este rumbo.
- Oh no. – Dijo despreocupado antes de besarla otra vez. – Supongo que nos perdimos.
Sam sonrió mientras Danny la volvía a besar.
- No me importaría perderme contigo.
- Que bueno. – Dijo mirándola a los ojos. – A mí tampoco me importaría perderme conmigo.
Sam hizo un puchero y lo empujó hacia atrás. Danny soltó una risa.
- De hecho, tengo un gran sentido de la ubicación. – Bromeó.
- Tonto. – Sonrió y se dio media vuelta, fingiendo indignación.
- Vamos Sam. – Dijo abrazándola por la espalda. – Solo bromeaba. – Le dio un beso en la mejilla.
- Pues no me dio risa. – Le sacó la lengua.
Danny solo contuvo su risa antes de empezar a dar vueltas con Sam. La risa de ambos era muy contagiosa, pero poco le importaba a la gente que tuvo que cruzar la calle para no ser golpeados por las botas de Sam.
- ¡Danny, para! – Le pedía entre risas.
El muchacho la obedeció, pero no dejó de abrazarla.
- Soy gótica Danny. – Dijo intentando darle un leve golpe en las costillas. – No se supone que deba ser tan alegre en público.
- ¿Entonces si me transformo en fantasma estaría mejor? – Le susurró al oído. – Digo, no se puede ser más gótico que tener una relación con un muerto.
- Ja ja. – Fingió mientras Danny soltaba su agarre. – Primero, lo último que me gustaría es que piensen de mi como una fan más de Danny Phantom. Y segundo, tú no estás muerto. Al menos no completamente.
- ¿Eso significa que no me admiras? – Fingió indignación. – Y si recuerdo correctamente… realmente estoy muerto por ti.
Sam no pudo evitar ruborizarse al notar el juego de palabras. Danny estaba siendo muy directo en sus avances. Y eso le gustaba. Mucho.
- ¿Por qué te tienes que poner en modo… romántico?
- Porque tengo que reponer 7 años de relación. – Le susurró al oído, erizándole la piel. – Y no hay nada que puedas hacer al respecto, así que… vamos. – Le extendió su mano.
Sam no dudo en tomarla y comenzaron a caminar sobre aquella calle en un muy cómodo silencio. De vez en cuando, uno se quedaba mirando al otro tan solo para sonreír cuando cruzaban miradas, o fijaban la vista en sus manos entrelazadas, como para asegurarse de que su relación realmente estaba pasando, y no era solo una de las muchas fantasías que habían tenido durante su adolescencia. Un par de vueltas más tarde, por fin se encaminaron en la ruta correcta hacia la casa de Sam.
- Acerca de lo que dijo Tucker en la Hamburguesa Apestosa… – Habló Danny.
- ¿Sí? – Preguntó con cautela.
- Él se refería a…
- ¡DANNY!
El grito detrás de ellos los interrumpió.
- Hablando del diablo… - Susurró Danny al voltear a ver a la persona que lo había llamado.
Sam tardó un poco más en reaccionar. Como era de esperarse, ella también había reconocido esa voz. El problema era que ella odiaba esa voz o, mejor dicho, a la dueña de esa voz. Clavó las uñas de su única mano disponible en la palma de su mano cuando formó su puño con mucha presión. Se dio vuelta solo para ver frente a ella a su némesis, al aceite de su agua, la piedra dentro de sus botas, al azote de su existencia… Cuando la vio sonreír en dirección de su novio, casi tuvo el impulso de arrojarse sobre ella y arrancarle cada fina hebra de cabello de la cabeza.
