- … y luego metí a Kevin al casillero. Rompí mi propio récord. – Dijo Dash orgulloso, aunque solo Kwan parecía emocionado por su anécdota.

- Brillante, Dash. – Dijo Estrella aburrida. – Solo hiciste lo mismo que ayer. Y antier…. Y el día…

- Sí, sí. Ya entendí. – Se cruzó de brazos. – Pues si crees que soy tan aburrido, ¿por qué no nos compartes algo para entretenernos?

- Pues si quieres saber… escuché un rumor muy interesante. – Dijo con una sonrisa.

- ¿El de Drew y Jessica besándose detrás de las gradas del campo? – Preguntó Kwan.

- No. Uno nuevo.

- Escúpelo. – Le ordenó Dash.

Estrella se recargó sobre la mesa y los demás la imitaron, atraídos por el secretismo de la chica. Todos menos una persona.

- Escuche que Valerie Gray es la cazadora roja.

- ¿Ella? – Preguntó Dash.

En ese momento, los tres voltearon a un costado donde la susodicha iba caminando con su charola de comida y una expresión exasperada, seguida de cerca por Nathan quien, probablemente, le estaba pidiendo una cita. Se miraron entre ellos nuevamente antes de regresar cada quien a su posición original.

- No. ¡Imposible! – Dijo Kwan.

- Estoy con Kwan en esta. – Intervino el rubio. – No tiene sentido.

- Solo considérenlo un momento. Después de todo, ella es cinta negra y adquirió un interés por los fantasmas cuando le arruinaron la vida.

- Pero ser cinta negra no involucra volar en un deslizador mientras le disparas a fantasma. -Argumentó el rubio.

- Además, ¿de dónde sacaría el dinero para todas esas cosas que utiliza? – Preguntó Kwan.

- Pues yo solo digo lo que escuché.

- Pues es mentira. Es como decir que… - Dash inspeccionó toda la cafetería rápidamente. - Fentonto es el chico fantasma solo porque sus papás cazan fantasmas.

Los tres se rieron de eso y Estrella añadió.

- Pues eso explicaría porque Paulina salió con él.

Entre risas esperaban a que llegara el grito de indignación de Paulina ante el comentario… pero nunca llegó. Los tres la miraron para ver que ella estaba con la vista perdida en algún punto frente a ella. No había ninguna expresión en su rostro, más que un ligero fruncimiento que daba a entender que estaba perdida en sus pensamientos. Se llevaba bocados de comida a la boca de vez en cuando y masticaba de forma casi automática.

- ¿Paulina? – Preguntó su amiga, pero ella no respondió.

La mente de Paulina estaba concentrada en un conflicto interno mucho más importante que un simple rumor escolar. Toda su vida su nombre había sido un imperativo, un sinónimo de belleza, clase, elegancia, popularidad y estilo. Ella era el marco de referencia en el que las chicas se median. La amaran o la odiaran, todas querían ser ella. Todas menos una. Y allí radicaba su problema actual.

Cuando la pubertad golpeó a Sam Manson como un tren de carga, todos en Casper empezaron a poner en duda ese estándar y, por ende, su posición en la pirámide social de la escuela. Al parecer, alguien tan bonita no podía ser una perdedora (sus palabras, no las de ella). Antes solía meterse con Sam simplemente porque ella la odiaba y la llamaba superficial. Pero ahora era personal. La gente la ignoraba para verla a ella e incluso, algunos chicos se habían atrevido a llamarla "sexy" cuando esa palabra estaba reservada para ella y sus amigas. Esa gótica era un riesgo para el status quo de todos ya que, si Paulina caía, todos caían. Por eso sus enfrentamientos verbales habían escalado. Cuando ella le ganaba, la gótica se alejaba al borde de las lágrimas. Pero cuando perdía… digamos que la decoración de su cuarto pagaba las consecuencias.

Salió de su introspección cuando una mano se agitó frente a su cara.

- ¿Eh? – Parpadeó rápidamente para reconocer sus alrededores.

- Vaya que estabas perdida. – Le dijo Dash.

- ¿Qué? ¿De qué hablan? – Preguntó.

- Que Valerie es la cazadora roja. - Dijo Kwan.

- Y nos preguntábamos por qué saliste con Fentonto.

- ¡Yo no hice eso! – Negó enérgicamente, haciendo que todos en la cafetería los voltearan a ver curiosamente por unos segundos y que sus tres compañeros se miraran con confusión.

- Excepto que si lo hiciste… - Le recordó Estrella.

- No, no lo hice. – Dijo calmándose un poco.

- Tuvimos que dejarlo sentarse con nosotros porque salía contigo. – Dijo Dash.

- Yo tuve que aguantar a Foley por eso. – Intervino Estrella.

- Y yo tuve que pegarme a Sam. – Recordó Kwan. – Aunque ahora no me molestaría hacerlo.

El inocente comentario del muchacho lo hizo merecedor de una mirada asesina de parte de Paulina, y él solo se encogió en su lugar.

- ¿No lo recuerdas? – Preguntó Estrella.

- Yo… - Hizo memoria y algunos recuerdos empezaron a cruzar su mente, pero nada concreto. – No.

Antes de que otra palabra fuese dicha, la campana sonó. Suspiró intentando recomponerse. ¿Ella saliendo con Danny? Era completamente ridículo tan solo el pensarlo; sin embargo, al parecer había pasado. Tomó su charola con los restos de su almuerzo y se encaminó al contenedor más cercano mientras intentaba recordar un poco más de esa relación.

Poco a poco, los estudiantes fueron abandonando la cafetería, pero antes de salir, dio un último vistazo a la mesa donde estaba el chico en cuestión. Estaba sonrojado y algo avergonzado, probablemente por algo que su raro amigo había dicho. Lo que le llamó la atención fue que Samantha también estaba sonrojada y una idea cruzó su mente: ¿había salido con él para hacerla a ella miserable? Y si había sido así, ¿por qué había parado?


El último periodo de ese día había llegado más rápido de lo que ella creyó. El tiempo realmente volaba cuando no le prestas atención. Había llegado a la conclusión de que los motivos para terminar una relación con Danny fácilmente superaban los motivos para preservarla, principalmente porque no había motivos para preservarla. Volteó a su izquierda para mirar a Danny. Quitarle el novio a Sam podría verse como una victoria para ella, ¿pero acaso sería suficiente para hacer ver al resto de la escuela que la gótica no era especial? ¿Valía la pena arriesgar su popularidad y reputación con tal de destruirla? Y claro, está el hecho de que tendría que jugar con los sentimientos del ojiazul… Pero ella era Paulina. Todos los chicos de la escuela morirían para que ella jugara con sus sentimientos como pensaba hacerlo con él.

Sin embargo, algo en su interior le decía que no era correcto. Tal vez si dejar pasar algunos días, un mejor plan se le ocurriría. Uno que no involucrara salir con un perdedor.


La cabeza del último peluche rodó hacia el piso de su habitación. Cuando se quedó sin cosas por destruir, saltó hacia su cama y gritó con todo pulmón en su almohada. Aun le costaba procesarlo, pero aquel "incidente" había sucedido y no era algo que ella pudiera cambiar. Solo había pasado 2 días desde que había decidido esperar y ya se había terminado todo. La bruja gótica le había ganado.

Resultó que la mosquita muerta era rica. Estúpidamente millonaria. Y ahora toda la escuela lo sabía. Con un manotazo en la mesa se había apoderado del puesto de la más popular de la escuela y había destruido el delicado balance de los grupos sociales dentro de Casper. Ahora la gótica, el nerd y el hijo de los cazafantasmas eran los más populares. ¡Y todavía se atrevía a fingir que no le gustaba toda esa atención! Era oficial. Al demonio cualquier otro plan. Sam le había golpeado el ego y ella le golpearía el corazón. Le robaría a Danny, costara lo que costara. Esa era una guerra y Sam había dado el primer golpe. Ahora le tocaba contraatacar.

Tomó su celular y rápidamente hizo una llamada.

- Hola Paulina.

- Estrella. – Dijo seriamente. – Necesito que me cuentes todos los detalles de mi relación con Danny.


Estrella no había sido de mucha ayuda. Aparentemente, ella se había apartado de todos mientras salía con Danny. Lo que sí le había dicho y francamente le sorprendía mucho, era que durante esas dos semanas ella se veía… contenta. Corroboró la información con el resto de los chicos populares y todos coincidían en ese punto. "Enamorada" era la palabra que alguien había usado para describirla. ¿Pero entonces por qué no recordaba nada de eso?

"Supongo que tendré que consultarlo con la fuente". Pensó encaminándose hacia alguien que estaba sacando sus libros de su casillero.

Cuando Danny tenía sus libros en su mochila, cerró la puerta de su casillero e inmediatamente saltó al ver que a su derecha había alguien reclinado en el casillero junto a él.

- Hola Danny. – Dijo melosamente.

- ¡Paulina! – Dijo tragándose el susto. – Yo… no te vi.

- Lo noté. – Sonrió.

- ¿Qué… qué necesitas? – Dijo intentando tranquilizarse.

- Verás… - Apoyó su espalda sobre los casilleros mientras abrazaba un libro. – Estaba hablando con unos amigos ayer y mencionaron algo muy curioso… - Hizo una pausa y lo miró a los ojos.

- ¿Acerca de…?

- De cuando tú y yo salíamos. – Observó como la expresión de Danny cambió a un estado de alerta. – Todos dicen que estuvimos juntos por una o dos semanas. La cuestión es que… no tengo recuerdos de que hayamos salido.

- Oh, eso. – Suspiró aliviado. – Mira, no te preocupes. La pérdida de recuerdos es un efecto secundario común en gente que ha sido poseída por fantasmas…

- ¿Qué? – La sonrisa que tenía se desvaneció de su rostro tras escuchar esas palabras. Por unos segundos olvidó su plan ante el pánico que sintió con esa revelación.

"Suave, Fenton". Se reprendió mentalmente.

- Un fantasma entró en ti y te hizo hacer cosas que tú no harías. Como salir conmigo. Espera, eso sonó mal. – Salió de sus cavilaciones cuando notó como el rostro de Paulina se iba llenando de odio... – ¡Por eso mantuve mi distancia después de eso! – Se apresuró en explicar.

- ¿Me estás diciendo que todo este tiempo supiste que un fantasma me poseyó, me hizo salir contigo y omitiste mencionármelo? – Dijo al borde de la histeria.

Algunas personas que transitaban por el pasillo observaban a la latina claramente enojada reclamarle algo al ojiazul, lo que hizo crecer su incomodidad.

- Eh… ¿sí? – Sonrió para intentar suavizar la situación.

Fracasó. Paulina soltó un gruñido, le golpeó el brazo con el libro y salió furiosa de allí. En el camino chocó con el nerd de Tucker Foley, quien solo la miró extrañado antes de mirar al ojiazul, quien solo le sonrió incómodo.


Tres periodos después de esa desagradable revelación, había logrado pasar de un estado de ira absoluta a solo enojo. ¡Se sentía ultrajada! Y lo peor de todo es que ese enclenque le había ocultado toda esa información a propósito. Seguramente lo había disfrutado el muy pervertido. La risa de la gótica la sacó de sus cavilaciones. Volteó a ver al trío de perdedores y todos estaban riendo.

"Probablemente así se rieron de mi". Dijo una vocecita en su cabeza. "Si él lo sabía, sus amigos también".

Su enojo escaló a furia y el ruido de una hoja de papel rompiéndose la sobresaltó. Miró su cuaderno y notó que su mano derecha tenía fuertemente apretada la hoja y la había desprendido del cuaderno. Suspiró irritada y arrojó la bola de papel a un costado. Un quejido le dijo que había golpeado a alguien.

"Bien, sufre." Pensó.

Su plan había tenido un inicio algo rocoso, pero seguía de pie ahora más que nunca. Destruiría a la gótica y se vengaría de Danny. Pero primero, necesitaba corregir su exabrupto de unas horas antes. Necesitaba ganarse su confianza para poder tener al enclenque de Fenton nuevamente bajo sus pies.

Nuevamente en los casilleros, se acercó a Danny, pero esta vez desde la espalda. Dio lo mejor de ella para disimular su enojo y le tocó el hombro. Ese simple gesto la dejo algo sorprendida. ¿Por qué la espalda de Danny estaba… sólida? ¿Y desde cuándo su espalda era tan ancha?

- ¿Paulina? – Preguntó cuando giró su cabeza para verla.

- Danny. – Dijo recomponiéndose tras su impresión inicial. - Quería decirte que…

- Oye, no tienes que disculparte por nada. – La interrumpió. – Sé que hice mal en…

- No estoy aquí para disculparme. – Levantó una ceja y se cruzó de brazos. – Mi reacción estaba más que justificada. Vine aquí para… perdonarte.

- ¿Qué? – Dijo desconcertado.

- Me ocultaste información importante. Un fantasma entró en mi por días e hizo quien sabe que cosas con él. - Dio un paso al frente, la furia filtrándose a través de sus palabras. – Y las hizo contigo…

- Yo… - Danny retrocedió un paso, nervioso por la conversación.

- Cuando me lo dijiste, me sentí… - Sabía que palabra quería usar, pero la culpa que notó en los ojos del chico hizo que se detuviera antes de pronunciarla. - Pero supongo que fue tan extraño para ti como lo fue para mí. ¿O me equivoco?

- ¡No! Quiero decir, ¡sí!… ¡Tienes toda la razón! – Balbuceó aún más nervioso. – Digo… un día tenía novia y al siguiente resulta que era un fantasma.

El intento de broma no sirvió para aligerar la atmosfera que se había generado y lo hizo merecedor de otra mirada asesina de la chica frente a él. Cerró los ojos y suspiró antes de volver a hablar.

- Mira… Yo sé cómo debes estar sintiéndote y, realmente estas en todo tu derecho de sentirte así. – Levantó su mirada hacia los ojos turquesas de la chica. – Mi hermana pasó por algo similar hace tiempo y te aseguro que no fue agradable para nadie. Y por eso… realmente lo siento.

Paulina inspeccionó el rostro del chico en busca de algún indicio de que estuviera mintiendo. Años de popularidad le habían dado la habilidad de detectar mentiras. Pero no encontró más que honestidad en el chico.

- Y si te sirve de consuelo, nosotros… - Se rascó la nuca, avergonzado. – …no hicimos nada. – Hizo una pausa para que ella cayera en cuenta de sus palabras. – Solo salíamos juntos.

- Entonces… Te perdono. – Dijo retrocediendo el paso que había dado.

- Gracias. – Danny le sonrió.

La sonrisa descolocó a Paulina porque no detectó ninguna intención en ella. Estaba acostumbrada a que los chicos le sonrieran solo para intentar seducirla, pero Danny parecía realmente agradecido. Sacudió sus pensamientos y se alejó del chico tranquilamente. Su misión había terminado. Ya estaba en buenos términos con él y podría seguir con la siguiente fase de su plan. Sin embargo, después de avanzar unos metros, se dio media vuelta y regresó a él.

- Tengo una duda. – Lo llamó antes de que él se marchara.

- Dime. – Dijo expectante.

- ¿Por qué tú?

Danny solo levantó una ceja.

- Bueno… Kitty dijo que quería darle celos a su novio… - Dejo inconclusa la idea cuando notó a la chica alzar su ceja. – Kitty es el nombre del fantasma que… ya sabes… - Dijo señalándola.

- Si, sí. Eso lo puedo entender. – "Yo estoy haciendo algo similar." Añadió mentalmente. – Pero, ¿por qué tú? Digo, no eres…

Inspeccionó al chico de pies a cabeza intentando conseguir una palabra que lo describiera. Danny imitó el gesto y se miró de pies a cabeza.

- … sobresaliente. – Concluyó.

- Bueno… - Se rascó la nuca. – Supongo que fue porque mis padres cazan fantasmas… o porque es el mismo fantasma que poseyó a mi hermana… - Guardó silencio tras pronunciar eso último. – Pero no creo que eso importe, ¿o sí?

"Mentira." La detectó tan pronto como el chico la pronunció. Aunque la última parte había sido real, juzgando como se reprendió tras decirlo, Danny le había mentido con respecto al motivo. Lo dejaría pasar esta vez.

- No. Para nada.

Se marchó después de decirle eso. Cuando giró para ir hacia el salón de su próxima clase, observó que Danny seguía parado ahí, con la vista hacia abajo y frotándose la frente. Luego llegó su amigo y ella se perdió adentrándose al pasillo.

El día continuo normal, pero la mente de Paulina seguía analizando la última interacción con Danny. Primero estaba la mentira que le había dicho, pero esa información se la podía sacar en una fase más delante de su plan y, convenientemente, sería la excusa perfecta para dejarlo. Luego estaba el misterio del por qué la espalda de un perdedor como él podía estar tan… dura. Como si tuviera músculos allí. Y lo último, que era lo que más le intrigaba, era su apariencia.

"No eres sobresaliente". Eso le había dicho y lo dijo con total convicción en ese momento. Pero entre más recordaba aquel momento, más inexacta parecía la definición. Ciertamente no tenía una complexión similar a la de Dash, pero Danny no era un enclenque. "O al menos ya no". Y la elección de su vestimenta le favorecía mucho al resaltar el azul de sus ojos.

Cuando lo conoció, ella había usado la palabra "lindo" para describirlo. Pero ya no estaba segura de eso.


Habían pasado dos días desde que había hablado con Danny. Decidió tomarse algo de tiempo para procesar mejor la nueva información que había obtenido antes de continuar con su plan. Además, sería la excusa perfecta para acercase más a Danny, dado a que no podía negarle ese conocimiento.

- … ¡Kwan logró la recepción e hizo el touchdown de la victoria!

El manotazo de Dash a la mesa tras su historia la hizo prestar atención a la conversación.

- Lo sé, Dash. Estuvimos ahí. – Ironizó Estrella, causando la risa de Paulina. – Somos porristas, ¿recuerdas?

- Ugh. Que aburridas son. – Reposó su mejilla sobre su mano.

- ¿Por qué no metes a Mikey al casillero? Eso al parecer siempre te divierte. – Siguió molestando al rubio.

- Ya hicimos eso. – Respondió Kwan por su amigo mientras Dash tomaba agua.

- ¿Por qué no metes a Danny al casillero? – Preguntó Paulina con curiosidad.

Dash se atragantó un poco con el agua que estaba tragando mientras que Kwan se puso nervioso ante la sugerencia.

- ¿Me lo estás sugiriendo o me estás retando? – Tanteó Dash.

- Te lo estoy preguntando. – Dijo levantando una ceja.

- Tienes razón Paulina. – Dijo la rubia. – Hace tiempo que dejaste de meterte con él y con Foley.

- Pues… porque ya no entran en ellos.

- ¿Entonces eso es lo que Danny me diría si voy y le pregunto? – Paulina dijo divertida.

- ¿Qué? – Contestaron los tres en la mesa.

Los varones con algo de nerviosismo y Estrella con curiosidad. ¿Por qué su amiga se molestaría en hablar con Danny por algo tan… insignificante?

Paulina se deslizó fuera de la mesa y caminó hasta el fondo de la cafetería, donde se sentaban Manson, Foley y Fenton, con Estrella siguiéndola. Cuando llegó a su mesa, solo Tucker la vio ya que los tórtolos estaban sentados juntos y dándole la espalda.

- Hola Danny. – Dijo e inmediatamente Sam se tensó.

Danny, por otra parte, solo giró para verla.

- ¿Hola?

- Sucedió algo raro cuando estábamos hablando con Dash hace unos momentos.

- Notamos que ni él ni Kwan se han metido con ustedes. – Intervino Estrella.

- ¿Sabes por qué? – Le preguntó colocando su mano sobre el hombro del muchacho.

Paulina esperaba que ese contacto pusiera al chico nervioso o lo ruborizara como muchas veces en el pasado, pero nada de eso sucedió. Danny inmediatamente volteó a ver a Tucker, quien rápidamente dedicó una fugaz mirada hacia la mesa de los populares y regresar la mirada a su amigo.

- Emm… ¿suerte? – Mintieron Danny y Tucker al mismo tiempo.

- O tal vez Dash se dio cuenta de que el vacío dentro de él no puede ser llenado por las vanaglorias de la vida de un estudiante y está intentando enmendar los errores que cometió en su estupidez adolescente. – Intervino Sam, ganándose una mirada curiosa de todos alrededor de ella.

- Creo que le estas dando demasiado crédito a Dash. – Comentó Tucker.

Y así como llegó, tuvo que irse porque el grupo dejó de prestarle atención tras el comentario de Foley. Comenzaron a bromear entre ellos, completamente ignorando a las dos chicas más populares de toda la escuela. Ambas se retiraron de prisa y volvieron a sus respectivos lugares de su mesa.

- No sé qué les haya dicho Fentonto, pero miente. – Dijo rápidamente Dash.

- Solo dijeron que tienen suerte. – Dijo Estrella. – Pero si están mintiendo…

- ¡Claro que no están mintiendo! – La interrumpió el rubio. – Ese par realmente tiene suerte porque…

Paulina dejó de prestar atención a la conversación debido a la frustración que sentía. Danny la había ignorado completamente. ¡Ella lo había tocado y él ni se inmutó! Encantar a los chicos era su superpoder, pero al parecer estaba perdiendo el toque porque antes muerta que admitir que alguien no estaba interesado en ella. Su plan volvía a complicarse y no veía ninguna forma de facilitar su tarea.


Odiaba tener que hacerlo, pero no le quedaba de otra. Si hace unos meses alguien le hubiese dicho que ahora estaría vigilando cada movimiento de Danny Fenton, probablemente se hubiese reído y ordenado a Dash que le diera una paliza a esa persona. Sin embargo, aquí estaba. Mirando de vez en cuando en dirección al pupitre donde se encontraba el ojiazul luchando por mantenerse despierto en la clase del señor Lancer.

Llevaba días "montando vigilancia" sobre el ojiazul y honestamente, ya estaba harta. Tenía que saber quién era Daniel Fenton si quería arrebatárselo a la gótica y seguía repitiéndose que las lágrimas públicas de Sam valdrían todo ese sacrificio. Para no levantar sospechas, se abstuvo de hablar con el muchacho, lo cual no fue complicado dado que no tenía nada de qué hablar con él. Sin embargo, ocasionalmente lo saludaba con un gesto de su mano y una sonrisa si lo encontraba solo en un pasillo o cuando estaba con su amigo. Solo para mantenerlo a la expectativa. Los primeros días no le sorprendió lo que descubrió. Podía usar muchas palabras para describirlo, más ninguna era buena.

Flojo: Constantemente se dormía en las primeras clases de los días.

Despistado: A veces quedaba absorto en sus propios pensamientos por tanto tiempo que no notaba nada a su alrededor.

Irresponsable: Solía llegar tarde a clases e incluso, se saltaba algunas. Eso sin mencionar que de vez en cuando no hacia las tareas.

Extraño: Parecía ser el único adolescente de Amity Park que sufría de incontinencia, además de que desaparecía constantemente. Esa última palabra era la que mejor lo describía. "Y pensar que una vez le dije lindo". Ironizó.

Sin embargo, todo cambió unas semanas más tarde, el día que llegó tarde a la clase del srita. Tetslaff. Como siempre lo dejó pasar y le dio una detención, pero a él pareció no importarle. Tomó su lugar e intercambio unas palabras con sus amigos. Pero lo que llamó la atención de Paulina fue una cortada que era apenas era visible sobre su brazo izquierdo. Iniciaba a la mitad de su bíceps y se perdía debajo de la manga de su camisa. Aunado al hecho de que estaba algo sudado y su respiración algo agitada, podía deducir que se había caído o chocado contra algo por no fijarse por donde caminaba.

"Predecible". Pensó algo irritada.

El problema (o el misterio) fue que, para el último periodo, la herida había desaparecido. Se frotó los ojos para ver si ellos le mentían, pero cuando volvió a mirar el bíceps de Danny, estaba libre de cualquier daño. Endureció sus facciones, forzando su vista para detectar algún rastro de aquella herida hasta que una voz junto a ella la sobresaltó.

- ¿Por qué miras tanto a Fenton? – Preguntó Estrella.

- ¿Qué? ¡No! Yo… No… él… no estaba… - Paulina balbuceó al verse descubierta.

La rubia levantó una ceja y miró a Danny. El chico tenía la cabeza recargada sobre su mano y era completamente ignorante de ellas. Regresó su mirada a su amiga.

- Puedo entender el atractivo… pero sigue siendo un perdedor.

- ¡No lo entiendes! – Le recriminó en un susurro Paulina. - ¡Tenía una cortada!

- ¿Y?

- ¡Y ya no! – Dijo como si fuera lo más obvio.

- ¿Y por qué te importa eso?

- Porque… no es normal. – Dijo al no hallar otra forma de justificarse.

Estrella suspiró.

- Como tu mejor amiga es mi deber advertirte que volver a salir con Fenton no es la mejor de las ideas.

- Yo no…

- Pero no soy tu madre. Si quieres, hazlo; más no esperes que te apoye en eso. – Dijo con una expresión seria.

- Yo no quiero salir con él.

- Paulina… - Suspiró cansada. – Llevas cerca de un mes siguiendo y espiándolo. Y no eres tan discreta como te gustaría pensar.

- Bueno, es decir… sí. Pero no por los motivos que piensas.

- Como sea. Piensa bien lo que estás haciendo. No sería la primera vez que uno de tus planes no resulta como quieres.

Y sin decir más, Estrella regresó a su lugar. Paulina quedó pensativa, reflexionando en las palabras que le había dicho la rubia. Casi por reflejo, volteo sus ojos al chico cuando lo escuchó reír por algo. "Como si me fuera a enamorar de él". Se justificó.


Como odiaba equivocarse. Solo había pasado un mes después de la conversación que había tenido con Estrella y una a una se había ido tragando sus palabras, aunque jamás las haya dicho en voz alta. Durante todo ese mes buscaba constantemente al chico con la mirada, lo saludaba cuando lo encontraba por los pasillos… ¡incluso lo había elegido como compañero para un trabajo en parejas! ¡Ella voluntariamente había escogido a Danny! La conmoción de ese momento había sido tal que hasta el profesor Lancer había perdido la calma. Pero fue algo que no pudo evitar, ni siquiera recordaba haberlo analizado. Su nombre simplemente había salido de sus labios cuando el Sr. Lancer le preguntó a quién escogería como pareja para el trabajo.

Recordaba muy bien ese día porque había pasado toda la tarde junto a Danny trabajando en ese proyecto. Lo había citado en su casa (porque ella no iría a la suya) y él había llegado puntual, había saludado a sus padres y lo que más la extrañó fue que nunca se mostró nervioso o temeroso. Aun cuando su padre intentó asustarlo un poco (como hacia con cada chico que la visitaba), Danny se mantuvo amistoso y tranquilo. Pero lo que más la había enojado fue el hecho de que él solo había ido a trabajar. No inició ninguna conversación que no tuviera que ver con el proyecto e ignoró todos los avances que ella le hizo. Contactos "accidentales", coquetería, insinuaciones, cumplidos… Danny parecía inmune a sus encantos. Entre más se resistía, más rápido caía ella por él. Pero ella seguía negándolo.

El día siguiente, Paulina pudo escuchar una conversación entre el trío acerca de ella y lo que había pasado en su casa.

- ¿Rara cómo? – Preguntó Tucker.

- No sé cómo describirlo… - Dijo Danny. – Se reía de todo lo que decía y ni siquiera estaba bromeando. Desviaba la conversación a temas personales, como si quisiera saber de mi…

"¡Porque quería saber de ti!" Gritó Paulina en su mente.

- ¿Como para qué querría ella conocerte? – Preguntó Tucker.

- Tal vez está espiándote. – Concluyó Sam, quien añadió tras recibir miradas curiosas de sus amigos. – Tal vez Dash le pidió sacarte información. Ya sabes, para terminar con lo de…

- Otra vez, le estas dando mucho crédito a Dash. – Interrumpió el moreno.

- Pero podría ser posible… Digo, ¿qué otra opción hay? – Preguntó Danny.

- Falta de oxigenación cerebral. – Dijo Sam. – Si es que eso es posible en ella.

Paulina se sintió ofendida y dolida. Sabía que no había tratado al chico de la mejor manera en el pasado, pero el pensar que ella solo se acercaría a él para dañarlo… Espera.

- ¿Qué más pasó? – Preguntó el moreno.

- Pues… se sentaba muy cerca de mí, a veces ponía su mano en mi brazo… Creo que su papá intentando amenazarme fue probablemente lo más normal. – Bromeó.

- ¡Wow! – Exclamó Tucker. - ¿Te tocó?

- No de esa forma Tuck. Fue más como… - Danny imitó a Paulina, soltó una leve risita y puso su mano en el hombro de su amigo.

Tucker abrió los ojos mientras que Sam los entrecerró.

- Viejo. ¿Paulina estaba coqueteando contigo y no te diste cuenta?

- ¡Ella no...! ¿De dónde sacaste eso?

- Si le gustas, eso explicaría todo…

- Claro. – Ironizó Sam.

- ¿No crees que Paulina podría enamorarse de Danny? – Le preguntó Tucker con ceja alzada.

- No creo que Paulina pudiera reconocer algo bueno, aunque la arrollara. – Se cruzó de brazos, seria. Hasta que cayó en cuenta de lo que acababa de decir. – Es decir… - Miró a Danny y cuando el violeta de sus ojos se encontró con el azul de los suyos, un rubor apareció en todo su rostro. – Ella no… Danny… yo… ¡Tal vez es un fantasma! No sería la primera vez. – Desvió el tema, intentando suprimir el ardor en sus orejas.

"Patética." Pensó Paulina al ver a la gótica.

Danny, siendo el despistado que era (y con la intención de ignorar los latidos de su corazón), decidió seguir con la nueva línea de conversación.

- ¿Crees que sea Kitty otra vez?

- No lo sé, viejo. Hace tiempo que ella no merodea por Amity Park. – Añadió Tucker.

- Podríamos hacer la prueba. – Ofreció Sam. – Podríamos dispararle con el Pelador de fantasmas Fenton.

Ambos chicos la miraron con una ceja alzada.

- Eso fue oscuro. Incluso para tus estándares. – Dijo Tucker.

- ¡Oh, vamos! Solo bromeaba. – Dijo irritada.

- No es cierto. – Dijo Danny. – Cuando bromeas, el extremo izquierdo de tus labios se levanta y … - Se obligó a cerrar la boca cuando Sam clavó sus ojos en él con sorpresa y se puso nervioso. – Creo… - Se aclaró la garganta cuando su voz salió más aguda de la normal. – Creo que sería suficiente con el Deflector de fantasma.

- Tórtolos. – Dijo Tucker por bajo mientras negaba con la cabeza.


Finalmente llegó el jueves y con él, el examen del Sr. Lancer. Gracias a que Dash había conseguido las respuestas de la prueba, sabía que responder para obtener una calificación decente. Rellenando con tonterías las preguntas que le sobraban, su vista viajó (como venía siendo una costumbre) hacia el ojiazul dos sillas a su derecha. Él estaba con el ceño ligeramente fruncido debido a su concentración, el cabello caía frente a su cara y las facciones de su rostro se veían bien definidas. De vez en cuando, sus labios se movían mientras leía las preguntas en la hoja, o cuando repasaba la redacción de la respuesta que iba a escribir. Con su mano izquierda solía sobar su mentón o sostenía su cara cuando reposaba su mejilla en ella, dependiendo de si estaba leyendo una pregunta o recordando una respuesta.

Había tenido un par de días para procesar todo lo que había podido descubrir hasta ahora. Primero, Danny era muy guapo. Segundo, él no era popular sólo porque no deseaba serlo. Tercero, estaba enamorada de él. Cuarto, no le molestaba estar enamorada de él.

Miró nuevamente el perfil del muchacho a detalle y una leve sonrisa se formó en su rostro. Sin embargo, su visión periférica detectó una mancha negra. Solo tuvo que mirar un asiento detrás del chico para notar que Sam la estaba viendo con una rara expresión en el rostro. Decidió ignorarla y regresar a su examen. Uno minutos después de eso, una pequeña bola de papel cayó en su pupitre. Con mucho cuidado y discreción la abrió.

"Te dije que no eras tan discreta".


El final del día llegó y poco a poco el salón quedó vacío, solo con Paulina adentro. Seguía guardando cosas dentro de su mochila mientras hacía algo de tiempo antes de ir al campo a sus prácticas, cuando escuchó la puerta del salón cerrarse detrás de ella. Levantó su mirada y se dio media vuelta para ver que Sam estaba reclinada sobre la puerta, con brazos cruzados y una mirada seria. Ella solo reviró los ojos y se volvió a concentrar en guardar sus cosas.

- ¿A qué demonios estás jugando? – Dijo Sam sin rodeos.

- No sé de qué hablas. – Dijo colgándose la mochila en un hombro. – Ahora, hazte a un lado. – Se cruzó de brazos.

- Oh, no. – Caminó hasta quedar frente a ella. – He postergado demasiado esta conversación y la tendremos ahora.

- ¿Sobre qué? – Fingió desinterés.

- Danny.

Paulina supo que era hora de dejar las sutilezas para adoptar una actitud más agresiva.

- ¿Qué hay con él? – Sonrió.

- Te he visto. Y me sorprende que solo yo lo haya notado cuando no eres para nada discreta, y sé que estas tramando algo. Ahora, no sé por qué quieres involucrar a Danny…

- ¿Y por qué no querría involucrarme con él? Él es MUY guapo. – Dijo acercándose a ella. - Pero eso tu ya lo sabías. - Dijo ácidamente.

Sam estaba batallando para no dejar que sus emociones se desbordaran.

- Danny es demasiado despistado como para notar…

- Supongo que lo dices por experiencia. – Se cruzó de brazos y sonrió.

Sam respiró profundamente antes de continuar.

- Cual sea el juego que quieras…

- Respóndeme algo, Samantha. – La interrumpió. - ¿Por qué te importa lo que haga o no con Danny?

- Porque Danny es mi mejor amigo…

- ¡Ah! – Le tocó la punta de la nariz con un dedo. – Esa es la palabra mágica. Solo eres su amiga, así que actúa como tal.

Sam se quedó congelada por unos instantes, sintiendo una punzada de dolor por las palabras de la latina. Ella ya lo sabía, pero dolía que te lo recordaran.

- ¿Por qué haces esto? – Dijo Sam después de un rato en silencio. – Sé que no es por él. Así que debes tener un motivo sumamente estúpido y egoísta para ir detrás de alguien que está fuera de tu alcance.

- ¿Disculpa? – Dijo indignada. – Yo soy…

- Una bruja insensible que piensa que merece todo solo por el hecho de tener un rostro medianamente simétrico. – Dijo con odio contenido.

Paulina se tuvo que morder la lengua para evitar perder la calma. Si lo hacía, ella ganaba. Y no iba a dejarla ganar, no otra vez.

- Exclamó el fenómeno cuyo único valor proviene de haber crecido en todos los lugares correctos. – Dijo igualando su tono.

Sam nunca había sido insegura con respecto a su cuerpo. Ella sabía de Biología como para entender los principios de atracción de la población adolescente altamente hormonal de la Secundaria Casper por una figura femenina como la de Paulina, y recientemente, de ella. Congruente a sus puntos de vista, ignoraba toda esa atención indeseada y lo atribuía a la superficialidad y estupidez de sus compañeros, pero el hecho de que Paulina lo usara en su contra se le hizo sospechoso.

- Como si me importara…

- Excepto que si te importa. – Bufó cuando Sam la miró extrañada. - ¡Oh, por favor! ¡Solo mírate! Todo en ti grita "¡Préstenme atención!". Y cuando la recibes, actúas como si la odiaras solo para sentirte moralmente superior a los demás. No eres más que una hipócrita.

- ¿Eso es lo que quieres? ¿Atención? – Dijo incrédula. – Mira, no me interesa lo que quieras hacer con tal de recibirla. Pero deja a mis amigos fuera de eso. – Finalizó seria.

- Mi problema contigo Manson no tiene nada que ver con tus amigos.

- ¿Entonces por qué persigues a Danny?

- ¿Qué acaso yo no era… para nada discreta? – Se plantó frente a Sam con brazos cruzados.

Sam retrocedió un poco, analizando a Paulina. Sus ojos se fijaron tanto en los de la latina que lograron incomodarla.

- Te gusta. – Susurró.

Paulina le sostuvo la mirada hasta que Sam la desvió para empezar a reírse.

- ¿De qué te ríes, fenómeno? – Dijo irritada.

- De la ironía… - Comenzó mientras calmaba su risa. – Siempre te burlabas de él y acabaste enamorada. Dime algo, ¿realmente crees que Danny va a caer a tus pies con un movimiento de tus pestañas postizas? – Dijo disfrutando la expresión de irritación en la cara de Paulina.

- ¿Y por qué no? – Le respondió, borrando la sonrisa de Sam. – Me funcionó en el pasado, ¿o no?

- Danny no caería ante ti. Él no es como el resto de tus conquistas mononeuronales.

- Manson, solo porque Gregor te haya hecho el favor de salir contigo no significa que sabes cómo funciona la mente de los chicos.

- Tú no sabes nada de Danny. – Sam se cruzó de brazos algo incómoda. Entre más hablaba Paulina, más vulnerable se sentía porque indirectamente estaba admitiendo sus sentimientos por el ojiazul. – Él valora otras cosas…

- Me imagino que sí. – Dijo con una sonrisa. - La inteligencia, tenacidad, independencia… todas esas cualidades que tanto presumes. Dime, ¿de qué te han servido? – Preguntó divertida. – Cambiaste la forma en la que te vistes, tu maquillaje… y sigues sin ser suficiente. Porque él ni te voltea a ver. Al menos no como a ti te gustaría.

Técnicamente, estaba mintiendo. Pero si la gótica era tan densa como para no notar que Fenton estaba enamorado de ella, significaba que era extremadamente insegura en ese aspecto. Y ella iba a explotar esa inseguridad.

- Por eso me odias, ¿verdad? – Redujo la distancia entre ambas nuevamente, solo que esta vez empezó a arrinconar a Sam contra la puerta. - Porque sin intentarlo, pude hacer lo que tú no has podido en años. Porque por más que quieras convencerte de todo lo que me dijiste, sabes que yo puedo enamorarlo si lo intento.

Sam endureció sus facciones mientras intentaba mantener una apariencia ecuánime. Sin embargo, por dentro se estaba desmoronando. Cada palabra que Paulina decía era un golpe directo al corazón, más ella se negaba a dejar que la latina la viera llorar.

- Aunque debo de darte crédito. Tu estrategia le funcionó muy bien a Valerie. – La miró directamente a los ojos. – Tan bien que se dio el lujo de rechazarlo después de algunos días. – Clavar el cuchillo en el corazón de Sam había sido divertido, pero retorcerlo le daba aún más placer. – Mira que debes de ser muy… inepta para no ser capaz de conquistar a un chico emocionalmente vulnerable como lo estuvo Danny semanas después de Valerie.

- Eres despreciable si crees que me aprovecharía de él. – Dijo Sam con repulsión.

- Querida… - Dijo fingiendo dulzura. – Aunque lo intentaras, no podrías. Te falta… - La inspeccionó de pies a cabeza. - … ser más femenina. Pero descuida: Amity Park está lleno de fantasmas. Tal vez puedas atraer a alguno. – Su satisfacción llegó a su límite cuando una lágrima se le escapó a Sam. – Ahora, ¿por qué no repites lo que hiciste con Valerie y te haces a un lado?

Sam maldijo a la lágrima que no pudo contener y después se rindió, dejando de contenerlas. "Tiene razón". Le susurró aquella voz que tanto odiaba. Sin embargo, ella no sería la única que se hundiría ese día. Porque, aunque Paulina tuviera razón con respecto a eso, ella también podía tener razón en otras cosas.

- Disfrútalo. – Le dijo con una sonrisa amarga. – Por que probablemente será la única satisfacción que tendrás en esta vida. Verás… - Dio un paso al frente, haciendo a Paulina retroceder con un rostro de confusión. – eres inútil.

Paulina solo bufó.

- Si crees que me vas a pro…

- No tienes conocimiento en ninguna ciencia, ningún interés memorable y ninguna cualidad relevante. Tu belleza te hace sentir importante ahora, pero cuando salgas de la escuela te darás cuenta de que no hay nada especial en ti. – Sam vio que la estaba por interrumpir, por lo que aumento el volumen con el que hablaba. – Literalmente, solo necesito buscar 2 palabras en internet para encontrar miles de chicas iguales a ti.

Ahora fue el turno de Paulina de ponerse seria, sintiendo como sus entrañas ardían cada vez que Sam hablaba.

- Incluso eso no te durará. Caducará en los próximo años sin que puedas hacer nada para cambiarlo. – Las lágrimas de Sam fueron reemplazadas por enojo, que crecía con cada palabra que pronunciaba. – Pero eso ya lo sabías. Por eso pasas cada momento ajustando tu maquillaje, con la vana intención de que los demás solo se fijen en tu lindo exterior para que ignoren la completa porquería que eres por dentro. Porque nadie quiere estar contigo por quién eres, sino por los beneficios que brinda el estar junto a ti.

- Tu no me conoces. – Dijo en tono amenazante.

- No necesito hacerlo para saber cómo va a lucir tu futuro. – Una sonrisa macabra apareció en el rostro de Sam. – Si logras entrar a la universidad, buscarás al primer chico medianamente atractivo y con dinero que te preste el mínimo de atención, te casarás con él y te convertirás en la esposa trofeo que siempre quisiste ser. Al menos hasta que él encuentre a un reemplazo más joven y atractivo. Lucharás con todas tus fuerzas por conseguirte a alguien que te pueda proveer el mismo nivel de vida, pero con tu edad y apariencia en decaimiento, sabrás que no tienes ninguna oportunidad contra las chicas superficiales que tomarán tu lugar.

Sam podía ver en el rostro de la latina el efecto de sus palabras. Sus facciones se habían endurecido, sus pupilas estaban agitadas por la ira, tragaba saliva con dificultad, sus ojos se habían cristalizado y su mano derecha se sacudía involuntariamente. Mentiría si dijera que no estaba disfrutando herir a la chica, y siendo sincera, no quería parar.

- Es entonces que tendrás que conformarte con cualquier sujeto que esté dispuesto a prestarle atención a una treintona divorciada desabrida, solo para que te adule y puedas ignorar el vacío emocional en tu interior y poder sentirte satisfecha con al menos eso en tu miserable y solitaria vida.

- Cállate. – Susurró Paulina furiosa.

- Por eso me odias, ¿no? – Copió el tono que ella había usado. – Porque soy la única que se atreve a romper tu burbuja artificial para recordarte el fantástico futuro que te espera. Porque te recuerdo que, aunque toda la escuela te rodee y te adule, a nadie le importas.

- ¡Cállate! – Le gritó furiosa, para la satisfacción de la gótica.

- Así que disfrútalo. – Continuó ignorando sus palabras. – Porque ambas sabemos que lo que acabo de decir es el mejor escenario posible. – Se separó ligeramente de la chica que ahora temblaba de enojo. – Lo más probable es que termines embarazada antes de salir de la escuela y te casen a la fuerza con…

SLAP.

El sonido hizo eco en tono el salón vacío, rompiendo la tensión que se había generado minutos atrás.

La cabeza de Sam había tenido que moverse de forma incómoda tras el contacto para, segundos después, sentir de lleno el dolor en su mejilla izquierda. Rápidamente llevo su mano al lugar del impacto para intentar aliviar la sensación. Su mirada había quedado fija en algún punto del suelo y su cabello cubría la totalidad de su rostro.

Paulina ni siquiera recordaba haberse movido. En un momento estaba furiosa y lo siguiente en su mente fue su mano sobre el rostro de la gótica. Segundos después de esta acción, un ardor tomó posesión de toda la palma de su mano derecha. Estando completamente en shock, fijó su mirada el su mano, que estaba temblando y algo rojiza.

Acababa de rebasar un límite no oficial en su conflicto. Años de combate verbal y era la primera vez que había escalado al aspecto físico. Y eso la asustó. Poco a poco fue subiendo su mirada hacia la chica frente a ella, quien estaba tan sorprendida como ella y con la mejilla roja.

Sin embargo, cuando Sam levantó su mirada hacia una Paulina en shock, solo pudo ver sangre.

- Yo… - Paulina intentó hablar, pero…

PUM.

El puñetazo que Sam le conectó en la nariz la hizo retroceder hasta chocar contra el pupitre a su espalda. Automáticamente llevó ambas manos a su nariz, donde el dolor era intenso, al igual que la sensación de calor y donde sintió algo húmedo. Paulina removió sus manos de su nariz y las observó. Sangre.

- ¡Me rompiste la nariz! – Explotó finalmente, en furia, dolor y llanto.

- Si te atreves a tocarme otra vez… - Dijo ignorándola y señalándola con un dedo. - ¡voy a destruirte! ¡¿Entendiste?!

En todos sus años de rivalidad, jamás había visto esa expresión en el rostro de Manson. Y eso la asustó. No solo porque ella tenía la fuerza de hacerlo (como le acababa de demostrar), sino porque también tenía los recursos para hacerlo. Temerosa, solo logró asentir.

Sam salió del salón y azotó la puerta detrás de ella, permitiéndole a Paulina por fin quebrarse completamente bajo el dolor de su nariz y de todo lo que le había dicho.


Librarse de sus prácticas de porrista había sido muy fácil, después de todo, tenía la nariz rota. Lo que la hirió fue que nadie se había preocupado por ella cuando la vieron así, simplemente se limitaron a preguntarle que le había pasado y desearle una pronta recuperación. Ni le habían cuestionado la pobre excusa de golpearse contra los casilleros al resbalarse en el piso mojado.

Sus padres se habían preocupado, pero eran sus padres. Era su labor preocuparse por ella. Les había dicho que tuvo un accidente durante sus prácticas y con eso se los había quitado de encima. Lo bueno había sido que le había dado permiso de faltar a la escuela al día siguiente; lo malo, es que el doctor le había dicho que tendría que usar un estúpido antifaz para la nariz por una semana.


Paulina acaparó la mirada de todos cuando entró por la puerta de la escuela, solo que no por la razón usual. Decidió ignorar a todos, hasta que se topó con Estrella, quien le informó de todo lo que había pasado el fin de semana y los rumores que se habían originado tras su "accidente". La mayoría eran basura, aunque le molestó en sobremanera que un nerd de primero llamado Timmy había ganado popularidad al decir que ella se había golpeado contra su casillero. Eso probaba que Sam había tenido razón.

No se topó con ella en todo el día, y aunque compartían clases, nunca se voltearon a ver. Lo que le dolió fue que Danny no la había volteado a ver ni una sola vez. Aun cuando el antifaz gritaba que estaba herida, él solo miraba a Sam pidiéndole una explicación a su comportamiento. Aparentemente, ella estaba evitando pasar mucho tiempo con sus dos amigos (cortesía de ella, probablemente) y Danny la perseguía como un cachorro. Ella quería esa atención de Danny y ahí supo que solo había una forma de obtenerla.


Encontrarla no fue tan difícil ni a propósito, después de todo, ella también se estaba escondiendo. Sam estaba sentada detrás de las gradas del campo, distraída mientras comía su almuerzo. Paulina se acercó lentamente por detrás, con la intención de que dejar las cosas en claro entre ellas.

Sam giró rápidamente su cabeza cuando unos pantalones turquesa entraron en su campo de visión. Rápidamente recogió sus cosas y se puso de pie.

- Espera. – Dijo la latina. – Necesito hablar contigo.

- No me interesa. – Dijo sin mirarla.

Sam comenzó a alejarse, pero Paulina estiró su mano y la tomó del antebrazo. Sam inmediatamente se sacudió y giró violentamente hacia ella con un puño al aire, haciendo que Paulina levantara ambas manos en señal de paz.

- Lo siento. – Dijo al recordar lo último que le había dicho.

Ambas iniciaron una competencia de miradas, Sam queriendo descifrar las intenciones de Paulina, y ella, intentando calmar a la gótica. Después de unos segundos, Paulina bajó sus manos.

- Lo siento. – Repitió. – Por lo del jueves. – Desvió la mirada avergonzada. – Cruzamos una línea que…

- ¿Cruzamos? – Ironizó Sam. – Tú la cruzaste.

- Lo dices como si tú no hubieses hecho algo. – Dijo señalando su antifaz.

- Nada que tu no hicieras primero. – Le recordó.

Paulina suspiró frustrada.

- Mira, no vine aquí para pelear.

- Bueno, no estoy interesada en tus disculpas.

- ¡Bien! Yo tampoco. – Dijo levantando la voz.

- ¿Entonces por qué lo haces?

- Porque tenía que hacerlo si… - Dejó la idea inconclusa, sin poder creer lo que estaba por decir.

- Si ¿qué? - Preguntó Sam.

Paulina la observó directamente a los ojos, con la intención de no dejar nada a libre interpretación.

- Me gusta Danny. Y pienso hacer algo al respecto. – Dijo de la forma más seria que pudo. – Lidia con eso como quieras.

Tras eso, fue ella quien se marchó. Por otro lado, Sam quedó paralizada en donde estaba, sintiendo cómo se retorcía nuevamente su corazón y sollozaba en soledad. Porque, aunque odiara a esa chica, a ella le gustaría tener la misma determinación que le acababa de demostrar.