- Paulina. – Dijo con voz neutra.
- Hola Danny. – Le regaló su mejor sonrisa para luego desviar su mirada a la chica junto a él y ponerse seria – Manson.
- Sánchez. – Le respondió.
Ambas chicas entraron en otra batalla de miradas que terminó cuando Paulina desvió sus ojos hacia las manos entrelazadas de la pareja, haciendo una ligera mueca de desagrado. Sam sonrió ante su reacción y apretó con un poco más de fuerza la mano de Danny.
- ¿Necesitas algo Paulina? – Preguntó Danny alternando su mirada entre ambas chicas.
- No. – Dijo regresando su mirada al chico, volviendo a sonreír. – Es solo que te vi y quise saludarte. ¡Oh! – Dio un pequeño brinco que sobresaltó a la pareja. – Por cierto… ¡felicidades por graduarte!
Sam estaba irritada con solo la presencia de la latina, pero cuando la vio estirar una mano con dirección a Danny, se sorprendió. "¡El atrevimiento de esa cualquiera para coquetear con su novio frente a ella!" Sin dudar por un segundo, ella le dio un manotazo al dorso de la mano de Paulina, evitando que hiciera contacto con el brazo de Danny.
Paulina retrajo su mano y acarició el área donde había recibido el golpe. Por su parte, Danny tomó eso como señal de que tenían que irse de ahí. Soltó la mano de Sam y se colocó detrás de ella, tomándola de los hombros y encaminándola nuevamente con dirección a su casa.
- Gracias. Y felicidades para ti también. – Dijo nervioso. – Ahora, nos tenemos que ir.
- ¿Por qué? – Preguntó Paulina fingiendo tristeza.
- Si, Danny. ¿Por qué mejor no nos quedamos? – Dijo Sam fingiendo interés, dándose la vuelta y caminando hacia Paulina, claramente molesta.
- Sam. – La detuvo nuevamente y la jaló hacia él. – Tus papás se molestarán si llegamos tarde, así que…
- ¿Aún tienes toque de queda, Manson? – Se burló de ella. – Creí que ya eras adulta.
Danny le regaló una mirada irritada a la latina.
- Lo intenté… - Susurró Sam antes de zafarse del agarre de Danny.
Antes de que su novia pudiera abalanzarse sobre la chica, Danny uso sus reflejos para atraparla en un abrazo por la espalda y comenzó a arrastrarla lejos de ahí.
- ¡Fue un placer volverte a ver, Danny! – Le gritó Paulina cuando ya había varios metros de separación entre ellos.
- ¡Adiós! – Le gritó Danny enojado, dando vuelta en una esquina.
Sam iba pataleando, intentando hacer que Danny la soltara.
- ¡Suéltame Danny!
- No.
- ¡Tengo que…
- No.
- …darle su merecido…
- Sam, cálmate.
- … a esa!
- ¡No vale la pena! – La regañó.
Danny la soltó y Sam soltó un gruñido irritado. Comenzó a acomodarse la ropa y el cabello, para después cruzarse de brazos y mirar a Danny.
- Sam, tienes que calmarte. – Le advirtió Danny.
- ¿Por qué me detuviste? – Le preguntó enojada.
- ¿Por qué? – Preguntó incrédulo. – Sam, ibas a saltar sobre ella.
- ¿Y? Se lo merecía.
- Solo quería provocarte…
- ¡Pues tuvo éxito! – Soltó molesta, ahora con Danny.
- Mira. Sé que la odias…
- Esa palabra no le hace justicia a la magnitud del desprecio que siento por ella.
Danny tomó nota mental de eso.
- Como sea. Solo… - Hizo una breve pausa, intentando seleccionar sus siguientes palabras con cuidado. – Ignórala, ¿sí? Es Paulina de quien hablamos.
- Es fácil para ti decirlo cuando no es a ti a quien insulta. – Se cruzó de brazos y desvió la mirada.
- Lo sé… Pero tampoco es tan sencillo para mí. – Suspiró cuando Sam se rio. – Es difícil por razones diferentes a las tuyas.
- Debe ser muy duro que una chica te coquetee descaradamente. – Ironizó.
- Lo es cuando no es la chica que te gustaría que coqueteara contigo.
Dijo Danny con una sonrisa. Observó muy bien la reacción de su novia y se relajó cuando una leve sonrisa se formó en sus labios.
- Al menos podrías haberle dicho algo. – Le dijo cuando se calmó.
- No me importa lo que ella diga como para seguirle el juego.
Sam solo asintió sonriendo.
- Vaya. Es bueno saber que mi novio no me defenderá si alguien me insulta. – Bromeó y pasó de Danny para seguir caminando a su casa.
- No. Espera… ¡Sam! – Dijo Danny saliendo tras de ella, sin captar la broma. – No me refería a eso…
Un par de ojos rojos observaban la interacción entre ambos, con una expresión aburrida plasmada en su cara. "Patético". Pensó Dan al ver a su forma humana persiguiendo a Sam, quien intentaba huir de él en medio de risas que lograban escucharse hasta donde estaba él. Intangible, había estado siguiendo a Daniel desde una altura y una distancia considerable con la intención de no alertar al muchacho de su presencia.
Se sorprendió ligeramente cuando vio a Daniel abrazar a la chica y darle un beso.
- Vaya. Nunca pensé que lo haría. – Hizo una breve pausa. – Supongo que eso me facilita las cosas.
Desvió su mirada hacia el resto de Amity Park. En su línea temporal, esta había sido la última ciudad en caer y el pináculo tecnológico de la humanidad. Pero en esta realidad… era una más del montón. La tecnología que habían usado en ese entonces para detenerlo no existía y no les iba a dar la oportunidad de crearla. Su error había sido destruir Wisconsin primero, dándoles la oportunidad de activar el escudo fantasma. "No otra vez". Ya había localizado al chico, ahora solo faltaba Reloj.
Volvió su vista hacia los tórtolos y, juzgando el camino que había tomado, dedujo que iban a la casa de la chica. Sonrió. "Eso también me sirve".
- Llegamos. – Dijo Danny soltando su mano.
Sam miró hacia la puerta de su casa y después hacia Danny. Le sonrió y, parándose en el primer escalón, le dio un beso que él respondió rápidamente.
- ¿Nos vemos mañana? – Le preguntó separándose de él.
- Mejor… hablamos más tarde. – Le ofreció.
- Eso también funciona para mí. – Sonrió.
- Sam. – Dijo tras una breve pausa. - ¿Puedo preguntarte algo?
- Claro. – Levantó los hombros.
- ¿Por qué… tus papás nos odian? A mí y a Tuck. – Se explicó.
Sam solo sonrió.
- No creo que los odien. No realmente.
- Pero…
- Supongo que ustedes entran en la categoría de las muchas decisiones que he tomado que ellos desaprueban. – Le explicó. - ¿Por qué la pregunta?
- Es solo que… - Se rascó la mejilla. – Mis padres te adoran, pero no sé cómo reaccionen tus papás cuando… ya sabes…
- Bueno… - Rodeó su cuello con ambos brazos. – Supongo que tendrán que acostumbrarse. – Le sonrió. – Además, mi abuela te adora.
- Tu abuela adora a todos. – Respondió Danny con una sonrisa.
- Touché. – Le dio un beso.
Danny la abrazó de la cintura y la volvió a besar. Sin embargo, se vio obligado a cortar la breve sesión amorosa.
- ¿Qué pasa? – Preguntó Sam.
- No quiero darles más motivos para odiarme. – Respondió señalando la puerta y la ventana.
Sam solo empezó a reírse.
- Tienes razón. – Se separó de él. – Odiaría que mi papá te persiga con su arma. – Danny se puso nervioso rápidamente. – Adiós.
- Espera. ¿Qué?
- Solo bromeaba. – Soltó una carcajada al ver como el color regresaba al rostro de su novio.
Aun entre risas, Sam subió todos los escalones y cuando llegó a la puerta, dio media vuelta. Danny, quien no se había movido ni un centímetro, levantó una ceja.
- ¿Pasa algo?
- Sigues ahí. – Contestó curiosa, a lo que él solo levantó los hombros.
- ¿Qué clase de novio sería si me fuera sin asegurarme de que llegaste a casa?
- Uno terrible. – Contestó divertida.
- Pues heme aquí.
Ambos rieron por un segundo.
- Hasta mañana Danny. – Dijo dándose vuelta y girando la perilla de la puerta.
- Hasta mañana Sam. – Contestó mientras retrocedía.
Cuando Sam desapareció tras la puerta, Danny pudo darse vuelta y comenzar a caminar con normalidad hacia su casa, con una sonrisa en su rostro. Por otro lado, Sam había entrado a su casa con una sonrisa y saludando a su mamá, quien venia saliendo de la cocina.
- Oh, Samantha. – Dijo alegre. – Que bueno que regresaste.
- ¿Necesitas algo? – Preguntó curiosa, colocando sus manos sobre su cintura.
- Tu padre y yo queremos hablar contigo. Íbamos a llamarte una vez que tu padre terminara de organizar todo, pero ya que regresaste podremos empezar antes.
- ¿Acerca de qué? - Con una ceja alzada observó a su madre. Aparte de su vestimenta extravagante, llevaba una jarra de agua, más nada en su comportamiento parecía sospechoso.
- Oh, descuida querida. – Hizo un gesto con su mano libre. – No es nada de lo que debas preocuparte. Todo lo contrario, de hecho. – Le sonrió.
Pamela comenzó a caminar con dirección hacia el estudio con Sam detrás de ella intentando descifrar de qué hablaba su mamá o de qué querían hablar con ella. Pamela se detuvo cuando estuvo frente a la puerta y volteó a ver a su hija.
- ¿Qué? – Preguntó Sam con desconcierto.
Su mamá señaló la puerta con la cabeza. Entonces notó que las manos de su madre estaban ocupadas, una sosteniendo la jarra y la otra con un trapo en base de la jarra.
- Oh. – Rodeó a su mamá y le abrió la puerta.
- Gracias.
Pamela cruzó la puerta y siguió caminando hasta llegar al centro de la mesa, donde depositó con gracia la jarra sobre la mesa. Sam se asomó ligeramente al interior del estudio, donde podía ver a su papá hablando con otras dos personas. Un señor de edad algo avanzada (o al menos mayor que sus padres) estaba sentado junto a su papá. Iba de traje, con un poco de sobrepeso y canas en su cabello. Junto al él, una señora de cabello negro que iba vestida como ejecutiva. Sam detectó una tercera figura cuando su mamá se hizo a un lado para ir a sentarse junto a su esposo. Era un hombre joven, mayor que ella, pero aparentaba seguir en sus 20s, cabello café, ojos del mismo color y un impecable traje gris.
La vista de Sam empezó a recorrer a todos los presentes en esa habitación, analizando la interacción familiar entre todos ellos. "¿Qué demonios está pasando aquí?" Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando la voz de su padre llegó a sus oídos.
- ¡Samantha! – La llamó con una sonrisa. – Por favor entra, hija. Y cierra la puerta detrás de ti.
Inmediatamente todas las miradas recayeron sobre ella, haciéndola sentir incómoda por la atención e insegura, pues de todos los presentes, era la única vestida de forma casual. Entró en la habitación y se dio media vuelta para cerrar la puerta. Cuando regresó su mirada a los presentes, notó las dagas que su madre intentaba lanzarle con la mirada.
- Buenas tardes. – Dijo automáticamente, haciendo que la mirada de su madre se relajara.
Los 3 extraños sonrieron y le devolvieron el saludo.
- Por favor hija, siéntate. – Dijo señalando la silla junto a su mamá.
Con sus labios en una línea recta, caminó hasta su lugar y se sentó. Las miradas de los 3 intrusos estaban sobre ella, todos con una ligera sonrisa.
- Sam. – La llamó su padre. – Ellos son Clifford, Alice y el joven del fondo es Hunter. – Los fue señalando a cada uno, y Sam solo asintió como saludo. – Dama, caballeros… ella es mi hija Samantha.
- Es un verdadero placer conocerla, señorita Manson. – Dijo el hombre mayor.
- Gracias. – Le respondió tímida.
- Tu madre habla mucho de ti, querida. – Ahora fue la señora quien habló.
- ¿De verdad? – Dijo incrédula, mirando a su mamá con una ceja alzada.
- No siempre era por cosas buenas, Sammy. – Bromeó haciendo que la sala se llenara de risas. Controladas, educadas y hasta cierto punto, falsas.
Sam solo pudo sonreír nuevamente incómoda, con una sensación de ansiedad inundándola por dentro. "¿Qué demonios está pasando?" Pensó otra vez.
- Ahora entiendo por qué nunca iba a los eventos con ustedes. – Dijo ahora mirando a Pamela. – Una señorita tan hermosa se robaría todas las miradas.
- Bueno… - Dio un sorbo a su vaso con agua. – Esa cualidad es de familia.
Pamela le regaló una sonrisa a su hija y extendió su mano para acariciarle el cabello.
Oficialmente estaba aterrada. Si, su relación con sus padres había mejorado mucho. Pero ese comportamiento no era normal. En nadie.
- Es una lástima que la señora Ida no pueda estar con nosotros el día de hoy. – Habló por fin el joven frente a Sam. – Estoy seguro que le hubiese gustado estar aquí.
- Mi madre no tiene las mismas energías que hace algunos años. – Habló Jeremy. – Y siendo realistas, se habría aburrido muy rápido.
"¿La abuela? ¿Qué tenía que ver ella con todo esto? ¿Quiénes eran estas personas? ¿Qué querían con ella?" La mente de Sam estaba trabajando a mil por hora, intentando descifrar el motivo de esta reunión. Observó a los señores mayores y la forma en la que interactuaban con sus padres. Parecían amigos de toda la vida. Y probablemente lo eran, después de todo, ella siempre se reusó a interactuar en las mismas esferas sociales que sus padres. Y luego estaba el joven. Casi no hablaba, pero siempre que la miraba le regalaba una sonrisa. Salió de sus cavilaciones al escuchar a su padre llamarla.
- Samantha. – Jeremy se puso de pie. – Sé que debes tener muchas dudas con respecto al motivo de esta breve reunión. – Caminó hasta colocarse detrás de ella y poner sus manos en los hombros de su hija.
- Bueno… sí. – Dijo mirando a su padre, quien solo le sonrió.
- Sam, como padres siempre hemos querido lo mejor para ti. – Dijo caminando hacia su lugar nuevamente. – Por mucho tiempo nuestras intenciones y tus deseos estuvieron en conflicto. Pero hemos… progresado mucho desde aquellos tiempos.
Sam sintió que su mamá colocó su mano sobre la suya y le regaló una sonrisa.
- Y ahora que eres toda una mujer adulta, es momento de hablar de tu futuro. – La expresión seria pero calmada de su padre la tensó aún más. – Inicialmente pensamos en darte algunos años más antes de presentarte todo esto, pero nos has demostrado una gran madurez para tu corta edad y… tu madre y yo creemos que estás lista.
- ¿Lista para qué? – Escondió todo el temor y nerviosismo para poder pronunciar esas palabras.
- Para el resto de tu vida.
Volteó hacia el frente cuando la voz de Hunter llegó a sus oídos. El joven se encontraba recargado sobre la mesa con ambos brazos, una gran sonrisa y sus ojos fijos en ella. Su corazón empezó a latir rápidamente, empezó a sudar frío y un ligero temblor se hizo presente en sus dedos. Toda la felicidad con la que había llegado a su casa la abandonó inmediatamente.
Ignorante de la reacción de su hija, Jeremy señaló al joven quien solo asintió. Se puso de pie, se ajustó el saco y exhaló profundamente.
Se sentía ligero. Cerró los ojos e inhaló profundamente. No recordaba la última vez que se había sentido así. Completo. Estaba de vuelta en casa, la relación con su mejor amigo estaba tan sólida como siempre, estaba en armonía con su familia, los fantasmas ya no eran un problema tan asfixiante y, lo mejor de todo, por fin tenía a Sam junto a él. La vida era buena.
Su momento fue arruinado cuando un camión que iba echando humo pasó frente a él y terminó inhalando todos los vapores, causándole una tos inmediata. Mientras se recomponía, escuchó su celular en su bolsillo y rápidamente contesto.
- ¿Bueno?
- Hola hermanito.
- Hola Jazz.
- ¿Ya vienes a casa?
- Voy en camino. Acabo de dejar a Sam en su casa.
- Esta bien. Solo quería avisarte que papá y mamá esperan que regreses a casa antes que ellos.
- ¿Van a salir?
- Ya salieron. Tienen una cita. – Dijo divertida.
- ¿Van al doctor?
- No esa clase de cita, Danny.
La conversación fue interrumpida cuando el sonido del claxon de un vehículo que pasó rápidamente junto a Danny se coló en la línea.
- ¿Entonces ya vienes? – Volvió a preguntar para confirmar.
- Si. Estoy por… - Aliento azul salió de su boca antes de que pudiera continuar. – Jazz tengo que irme. Hay un…
Pero no pudo terminar de hablar. Jazz escuchó ruidos del otro lado de la línea, seguido de una pequeña detonación y un grito.
- ¿Danny? – Lo llamó preocupada. - ¡Danny!
Jazz salió disparada hacia el garaje preparando el GPS de su celular para sincronizarlo al de su auto, pero se topó con el garaje vacío y recordó que había dejado su auto en Yale. Buscó otro medio de transporte y tomó su vieja bicicleta.
Tucker estaba acostado sobre su cama, mensajeándose con Jerry. Al parecer, su amigo estaba considerando estudiar una maestría y le estaba pidiendo su opinión al respecto. Tras varios minutos de intercambios de mensajes, el moreno terminó por aconsejarle no seguir con la maestría y buscar una especialización, pero al final de cuenta, sólo Jerry sabía lo que quería.
Dejó su celular en la cama y fue hasta el pequeño escritorio que tenía en la habitación. Encendió su laptop y abrió el buscador. "Es hora de ser adulto". Pensó resignado mientras abría un portal de empleo. La escuela había sido divertida y difícil al mismo tiempo, pero era hora de adquirir nuevas responsabilidades y con ello, perder algunas libertades. Tras inspeccionar algunas vacantes, decidió abrir su correo.
Rápidamente escribió algo y en la pantalla aparecieron tres mensajes. Abrió todos los archivos adjuntos y los estudió simultáneamente. Había recibido esas propuestas una semana antes de graduarse de parte de 2 empresas de robótica y una de una compañía dedicada a la investigación y desarrollo. Buen salario, horario atractivo, excelentes prestaciones… pero todas en Boston. Normalmente no se consideraría como alguien muy emocional, pero la idea de separarse permanentemente de sus amigos no sentaba bien con él. Habían acordado regresar al término de sus carreras, pero no habían hecho planes más allá.
Tal vez era porque ninguno de ellos quería pensar más allá. No era por la falta de un plan de vida, era solo que hablar de eso lo haría real. Sin importar la distancia, sabía que podía contar con ellos. Pero el no tenerlos físicamente cerca en su vida lo ponía melancólico.
Observó la información en la pantalla, intentando decir qué hacer cuando un golpe en su puerta llamó su atención. Cuando volteó, observó a su madre asomada al interior.
- Tucker.
- Dime mamá. – Giró si silla para mirarla de frente.
- Hay un señor abajo con tu papá. Dice que quiere hablar contigo. – Añadió con una sonrisa.
- ¿Un señor? – Levantó su ceja. - ¿Hablar conmigo?
- Te están esperando abajo. – La sonrisa en el rostro de Angela se ensanchó.
- Bueno… - Se puso de pie y cerró su laptop. – Veamos qué desea.
Salieron de la habitación y bajaron las escaleras, donde vieron a Maurice mostrándole todos los reconocimientos que había obtenido Tucker en su graduación a un hombre. La persona en cuestión estaba de espaldas, pero era más alto que su padre, estaba cerca de los 50 o 60 años e iba vestido elegantemente, con su saco en el brazo.
- Oh, ahí está. – Dijo Maurice.
Ambos hombres se dieron vuelta. El desconocido le sonrió al joven y le extendió su mano.
- Señor Foley, es un gusto conocerlo al fin. – Tucker estrechó su mano y sonrió débilmente.
- El placer es mío, señor… - Hizo una pausa, esperando un nombre.
- Hooper. – Dijo terminando el saludo. – Dr. Francis Hooper.
Tucker asintió sin saber muy bien de qué trataría la conversación o quien era ese hombre.
- Por favor. – Intervino Maurice, señalando hacia la sala.
- Gracias. – Dijo el hombre mayor, caminando hasta el sillón individual. La familia Foley tomó asiento en el sillón más grande, con Tucker sentado en medio de sus padres.
- ¿En qué le puedo ayudar? – Preguntó Tucker.
- En muchas cosas. O al menos eso espero. – Buscó dentro del bolsillo de su saco y extrajo una tarjeta de presentación que le extendió al joven.
Tucker tomó el pedazo de papel y lo leyó. Al instante, sus ojos se abrieron de la sorpresa y regresó su mirada al hombre frente a él, quien ahora le sonreía.
- Dígame señor Foley. – Se cruzó de piernas y se acomodó en el sillón. - ¿Ha pensado en su futuro?
Antes de terminar de hablar sintió algo golpeándolo directamente en su costado izquierdo. Duro. El impacto lo mando con fuerza al interior de un callejón e hizo que soltara el celular. Frenó cuando chocó contra un contener de basura. Incorporándose, se transformó y empezó a buscar al responsable en los alrededores. Con trabajo y tuvo tiempo para esquivar el rayo de ectoplasma dirigido a su cabeza, que terminó destruyendo la parte superior de la barda que cerraba ese callejón. Danny se distrajo observando los daños hasta que un golpe directo en su rostro lo mandó volando a través del muro. El dolor del golpe lo obligó a gritar, pero al menos había logrado volverse intangible y no destruir el muro.
Rodó un poco en el suelo antes de reincorporarse. Llevó una mano a su nariz y pudo confirmar que estaba sangrando. Se limpió en su traje y se enderezó, buscando algo o a alguien. Estaba en un sitio en construcción, completamente solo. Un edificio, para ser exactos.
- Muy bien Skulker. Sal de donde quiera que te escondas para que te de tu merecido. – Habló al aire, inspeccionando el área.
Danny dio un paso al frente, pendiente de cualquier sonido o movimiento debido a la oscuridad del lugar. Dio otro y nada ocurrió. Cuando iba a dar el tercero, nuevamente salió aliento de su boca y automáticamente llenó sus puños de energía. Sin embargo, no le sirvió de nada ya que el golpe provino desde el suelo, conectándolo justo en la mandíbula. Antes de que su cara golpeara el techo, recibió un puñetazo en su abdomen que lo hizo doblarse; sin embargo, su agresor escapó de su campo de visión y le disparó un rayo de energía en la espalda, arrojándolo contra un muro que no pudo esquivar y terminó por atravesarlo a la mala.
Se sacudió los restos de escombro mientras intentaba recuperar el aliento, su mirada fija en el hueco que acababa de hacer en aquella pared.
- Ok. – Dijo tratando de ignorar el dolor. – Ahora si me enojé.
La adrenalina que corría por sus venas lo hizo ponerse de pie. Disparó un rayo a través del agujero que terminó por impactar el muro de la otra sección, y la luz generada por el rayo le permitió ver que no había nadie del otro lado. Su mente procesaba todo rápidamente. Quien sea quien lo estaba atacando, era rápido, muy fuerte y sigiloso.
"Definitivamente no es Skulker". Concluyó. ¿Pero entonces quién? ¿Technus? "Muy ruidoso". ¿Walker? "No es tan rápido". ¿El caballero del terror? "No es discreto". ¿Entonces quién?
- Muy bien… quien quiera que seas. – Regularizó su respiración. – Muéstrate.
Una leve risa fue lo único que recibió como respuesta, pero fue suficiente para determinar el origen del ruido. Salió volando rápidamente hacia el pasillo a su izquierda, pero algo lo sujeto fuertemente del tobillo. El "latigazo" que dio al frenar de pronto lo desestabilizó y su enemigo lo aprovecho en cuestión de segundos: Danny sintió un puñetazo que hizo que su cabeza se estrellara contra el marco en el que se podría la puerta de ese lugar; luego sintió una explosión de energía en su abdomen que lo mandó al techo, solo para ser tomado de la nuca y ser estrellado con fuerza contra el suelo.
- Débil… - Escuchó que alguien dijo detrás de él, justo antes de tomarlo del tobillo y arrojarlo contra otra pared, en donde creó otro hueco.
Sin dejar que tomara aliento, esa presencia lo pateó en el estómago, regresándolo a la habitación anterior.
- Patético…
El reconocía esa voz de algún lado, pero antes de dedicarse a intentar descifrar quien era el dueño, se dio vuelta y empezó a disparar en todas las direcciones. Falló todos los tiros, pero descubrió que había alguien en cada una de esas direcciones. O al menos la luz de sus rayos habían delineado la silueta de sus agresores.
- ¿Quiénes son? – Dijo con trabajo, pues se le dificultaba respirar.
- ¿"Quiénes"? – Preguntó divertido la presencia frente a él mientras se reía.
Simultáneamente, 3 figuras emergieron de la oscuridad frente a él. Eran contadas las veces que Danny podía decir que había sentido terror. Y esta no solo era una de esas veces, era la peor.
– Olvidas muy rápido, Daniel. – Dijo Dan antes de que él y sus 2 duplicados le dispararan a un Danny que estaba paralizado.
Jazz volteó a ver la pantalla del GPS nuevamente, que le indicaba la ubicación del celular de Danny. Regresó su vista al frente cuando un auto junto a ella le pitó por atravesarse. Pero poco le importó, Danny la necesitaba y rápido. Tenía un muy mal presentimiento. Se volvió a ajustar la correa del arma que traía en la espalda y pedaleó con más fuerza.
Sabía que necesitaba concentrarse, pero su mente seguía peguntándose cómo es que esto era posible. Dan seguía atacándolo sin descanso y con una brutalidad que nunca había visto en ningún fantasma. Como podía, bloqueaba y esquivaba cada uno de los ataques; pero eventualmente, Dan logró darle un puñetazo directamente en la quijada que lo mandó hacia atrás con violencia.
- ¿Cómo...?
Pero Dan no le dio descanso. Lo tomó del pecho para pararlo y seguir golpeándolo.
- ¿Creíste que ese estúpido termo podía contenerme para siempre? – Le reprochó dándole una patada en el costado derecho. - ¡¿Creíste que me derrotarías tan fácil?! – Tomó nuevamente a Danny del cuello de su traje y lo acercó a su rostro. – Pues pensaste mal niño…
Danny aprovechó la breve distracción para dispararle a Dan en el abdomen y crear suficiente distancia entre ellos. Él cayó al suelo mientras que su versión futura alternativa se estrelló contra un muro. Danny se arrodilló y se palmeó las mejillas, para después sacudir su cabeza.
"Concéntrate Fenton. Tu vida depende de ello". Se regañó y se puso de pie.
Dan lo imitó, sacudiéndose el traje. E inmediatamente se lanzó contra el muchacho.
Danny soltó un largo suspiro, relajándose. Dan peleaba con pura ira y furia. Si era capaz de calmarse, podría utilizar su propio ímpetu contra el mismo y derrotarlo. Le funcionó contra Skulker, le funcionó contra Vlad… y estaba por funcionarle contra Dan.
Dan lanzó un puñetazo dirigido al rostro de Danny, quien lo evitó al generar un duplicado y flanqueando al fantasma, conectando un puñetazo doble directo a su rostro. Rápidamente ambos se abalanzaron sobre Dan, repartiendo golpes y patadas. Dan pudo detener algunos ataques, pero varios fueron exitosos debido a lo inesperado del contraataque.
Dan empezó a arrojar golpes y patadas contra Danny, quien pudo esquivarlos y aprovechar esas breves aperturas en la postura de Dan para conectar golpes. Sintiendo la frustración de su versión futura crecer, Danny empezó a extremar más precauciones. Detuvo uno de sus puñetazos con una mano y lo jaló hacia él para colocar su mano en el pecho y dispararle un rayo.
Dan ignoró el dolor y se volvió a poner de pie, mirando a su contraparte actual.
- Eres más fuerte. – Le reconoció.
- He estado haciendo ejercicio, gracias por notarlo. – Bromeó.
- Lástima que no hará ninguna diferencia.
Dan se abalanzó nuevamente sobre él, golpeándolo de todas las formas posible. Danny nuevamente actuó a la defensiva; sin embargo, los golpes de Dan eran más poderosos.
- Te derroté una vez… - Dijo Danny mientras repelía ataques. – Lo puedo volver a hacer.
Dan arrojó una patada al pecho del chico, quien alcanzó a bloquearla. Sin embargo, el golpe fue tan fuerte que logró hacerlo retroceder algunos metros.
- ¿Derrotarme? – Dan hizo una pausa para reír histéricamente. – Veo que no has ejercitado el músculo más importante Daniel. – Señaló su cabeza.
Danny endureció su rostro y se lanzó al ataque. Antes de llegar a Dan, Danny desapareció y 3 clones aparecieron rodeando al fantasma. Lo golpearon simultáneamente en la nuca, el abdomen y en una pierna, y continuaron repartiendo más golpes. Dan creó una esfera de energía a su alrededor, destruyendo los clones. Sin embargo, cuando la deshizo otros 3 clones salieron del suelo y continuaron golpeándolo. Un clon tomó su brazo y lo arrojó hacia otro clon, quien lo recibió con una patada en la espalda que hizo que Dan se doblara. El remate vino desde el cielo con el tercer clon volando a toda velocidad y golpeándolo con sus puños llenos de energía.
Cuando intentó incorporarse, dos manos salieron del suelo y lo sujetaron de los brazos, y luego sucedió lo mismo con sus piernas, anclándolo fuertemente al suelo. El tercer clon aterrizó sobre su pecho y empezó a golpearle la cara.
Haciendo uso de su físico superior, logró levantar sus brazos, desenterrando al clon que lo sostenía y arrojándolo al que estaba sobre él. Pero antes de liberarse, el último clon le conectó una patada en la quijada, manteniéndolo en el suelo. Enfurecido, disparó un rayo con sus ojos al clon.
Se puso rápidamente de pie y en un segundo observó cómo los últimos dos clones lo golpeaban con una esfera de energía pura, uno en el abdomen y el otro en la espalda baja. La explosión resultante cubrió de polvo el lugar e hizo que un clon desapareciera, lo que el Danny original aprovechó para crear algo de distancia. Cuando observó a Dan salir de debajo de los escombros de un muro, Danny fue al ataque nuevamente. Lo tomó del pecho y nuevamente lo tiró al suelo, repartiendo puñetazos en su rostro a una gran velocidad.
Danny no solía ser tan violento, pero sabía que era necesario para frenar de una vez por todas a Dan, por lo que continuó golpeándole el rostro. Entre momentos podía observar que aquel monstruo sonreía más con cada golpe, lo que lo hacía que Danny enfureciera más.
- ¿Qué es tan divertido? – Dijo reduciendo la velocidad de sus puñetazos.
- Tú… - Dijo sonriendo. – Es bueno saber que aún existo dentro de ti…
Danny detuvo su puño en el aire y se paralizó por un segundo cuando sus palabras resonaron en su mente. Dan aprovechó la distracción al máximo.
Tomó la cara de Danny en su mano izquierda y lo estampó con fuerza contra el suelo para después golpearlo justo en la boca del estómago y dejarlo sin aire. Colocándose sobre el muchacho, aplastó la muñeca izquierda de Danny con su pie y usó su mano libre para comenzar a golpearlo.
- ¡Tú nunca me venciste! – Gritó mientras incrementaba la velocidad y fuerza de sus golpes. – ¡Yo me contuve porque mi existencia dependía de tu supervivencia! – Hizo una breve pausa para encarar al chico con un rostro completamente cegado por la ira. – Pero ya no más. – Sonrió antes de reanudar la golpiza.
El dolor se estaba volviendo insoportable y Danny empezó a entrar en pánico. Con las fuerzas que aún no lo abandonaban, concentró sus poderes en sus ojos. Dan había colocado una mano sobre la cara de Danny para mantenerlo quieto en el suelo y estaba enfocado en golpear todas las zonas blandas de su cuerpo. Entonces, sintió la temperatura en su mano descender drásticamente. Cuando la sensación empezó a quemarlo, retiró su mano del rostro de Danny y fue recibido con un lamento fantasmagórico a quemarropa.
Dan fue a dar contra un muro perimetral, que terminó siendo destruido. Danny intentó reincorporarse, pero inmediatamente se sintió mareado, cayendo de rodillas en el suelo. Intentó fijar su visión sobre su enemigo que caminaba hacia él, pero no logró enfocarlo y veía todo doble.
- ¿Hielo? – Preguntó observando su mano, antes de llenarla de energía y destruir la capa helada que la envolvía. – Si que estás lleno de sorpresas.
Dan levitó unos metros sobre el suelo y tras inhalar profundamente, realizó un lamento fantasmagórico que hizo que el chico terminara completamente abatido en el suelo. Segundos después, perdió su transformación.
Su mente le estaba gritando que se pusiera de pie, que continuara peleando, pero su cuerpo no respondía. Le dolía la cabeza, el abdomen, los brazos y las piernas; la visión le estaba fallando y su pánico incrementó cuando notó a Dar flotando sobre él. Su corazón se aceleró más y lágrimas empezaron a salir de sus ojos, volviendo su visión más borrosa. Intentó hablar, pero solo un quejido salió de su boca. Con mucha dificultad, tragó el nudo que tenía cerrada su garganta y sonrió resignado al ver un resplandor verde en la mano de su agresor.
"Bueno… lo intenté".
Dan observó el cielo por un segundo, esperando a que apareciera Reloj para detenerlo, como la última vez. Pero no pasó nada. Entonces un leve pitido agudo llegó a sus oídos, haciendo que Dan mirara hacia atrás justo en el momento cuando sintió que algo lo había golpeado en el centro de su espalda. No hubo dolor ni algún ruido, por lo que Dan solo levantó su ceja al observar a quien alguna vez fue su hermana, claramente agitada, apuntándole con un arma.
- No debiste hacer eso. – Dijo apuntándole con su mano.
Jazz se detuvo cuando llegó a la ubicación que le indicaba su GPS y bajó de su bicicleta. Volteó a todos lados, pero no encontró rastros de su hermano. Miró nuevamente la ubicación que le marcaba el celular y comenzó a caminar. Fue ahí que notó el celular de su hermano tirado en el suelo en la entrada del callejón.
Se apresuró a recogerlo y empezó a inspeccionar el lugar. Notó que los contenedores de basura estaban derribados, especialmente uno que incluso estaba abollado. Aparte de la basura regada, notó que el muro al final del callejón tenía la parte superior destruida, con escombros regados en el piso.
"¿Dónde estás Danny?" Pensó mientras se mordía el labio.
Iba saliendo del callejón cuando escuchó el lamento fantasmagórico de Danny del otro lado de ese callejón, seguido de un fuerte sonido, como si se tratara de una demolición. Jazz corrió nuevamente hacia su bicicleta y empezó a buscar una forma de rodear rápidamente los edificios frente a ella. Dobló en una esquina y al avanzar algunos metros, descubrió un hueco en una barda que delimitaba la calle con una obra en construcción. Corrió hasta llegar y se asomó por el hueco, haciendo que le miedo y nerviosismo que antes sentía por la seguridad de su hermanito creciera exponencialmente. Sus manos empezaron a temblar y se obligó nuevamente a esconderse detrás de lo que quedaba del muro.
Pero su preocupación venció a su miedo cuando volvió a oír un lamento fantasmagórico. Se llenó de valor y tomó el arma en sus manos, atravesando el hueco y apuntándole a la presencia que flotaba sobre su hermano con intenciones más que hostiles.
Sin anunciarlo ni hacer algún ruido, le disparó en la espalda a ese monstruo. Sin embargo, el arma soltó un pitido al momento de hacer el disparo, atrayendo la atención de eso hacia ella. Su disparo había hecho contacto con él, pero no había hecho nada más que dejar una pequeña mancha circular verde en la capa de…
- No debiste hacer eso. – Los ojos de Jazz miraron directo a los orbes rojos.
Jazz intentó retroceder cuando lo vio apuntarle con la mano, pero se paralizó cuando notó a Danny semiconsciente tirado en el piso, claramente herido y a la merced de aquel fantasma. Regresó su mirada a Dan, quien de la nada, se movió violentamente hacia la izquierda, de forma involuntaria.
- ¿Qué hiciste? – Le preguntó a la pelirroja al sentir algo tirando de él.
Entonces Dan empezó a ser succionado por algo. Extremidad por extremidad estaba siendo absorbido por un orbe verde que empezó a crecer a la mitad de su cuerpo. Intentó resistirse en medio de gritos, pero eventualmente fue succionado completamente, dejando en su lugar un pequeño portal a la zona fantasma que desapareció unos segundos después.
Cuando estuvieron solos, Jazz arrojó al suelo el arma y corrió a donde estaba su hermano.
- Danny, Danny… - Se arrodilló junto a él para ayudarlo a enderezarse. - ¡Dios mío Danny! ¿Qué fue lo que te hizo?
Jazz estaba al borde de las lágrimas observando a su hermano: sangre salía de su nariz, boca y de un corte que tenía sobre la ceja; tenía marcas de golpes visibles en los brazos y su rostro estaba rojo, con un pómulo hinchado y una pequeña bola en la mandíbula.
- ¿Jazz? – Preguntó al ver una mancha pelirroja frente a él. - ¿Eres tú?
Jazz abrazó a su hermano con fuerza, haciendo que soltara un gemido de dolor.
- ¡Lo siento! – Dijo con culpa, separándose de él. – Danny, tenemos que salir de aquí. – Se apresuró a decir. - ¿Puedes ponerte de pie?
- No lo sé. – Dijo acariciándose su pómulo hinchado, antes de quitar su mano por el dolor que le había causado.
- Ven. – Dijo pasando el brazo de Danny sobre sus hombros y ayudándolo a ponerse de pie.
Danny gimió de dolor ante el movimiento repentino. Quería decirle que se detuviera, pero ella se le adelantó.
- Lo siento, lo siento, lo siento… - Jazz repetía con voz quebrada esas palabras con cada paso que daba.
Jazz caminó junto a su hermano hasta cruzar del otro lado del muro. Lo dejó recargado en la pared mientras que ella regresó por su arma. La colgó nuevamente y levantó su bicicleta del suelo.
- Sostente de aquí. – Le dijo a su hermano.
Danny apoyó todo su peso sobre el manubrio de la bicicleta y comenzó a caminar despacio en la dirección que su hermana marcaba. Le dolía todo el cuerpo, pero al menos no tenía ningún hueso roto, lo que era una ganancia si consideraba la intención que él tenía.
- Danny… - Lo llamó Jazz débilmente, colocando su mano sobre la espalda del chico. - ¿Ese era…?
- Si. – Dijo brevemente mientras se detenían en una esquina.
- ¿Cómo…? Creí que…
- Jazz. – Danny la miró a los ojos. – Aquí no. Por favor.
Ella solo asintió y se asomó a la calle. En menos de un minuto, logró detener a un taxi y rápidamente metió a Danny en él, colocando su bicicleta dentro de la cajuela.
- ¿Segura que no prefiere ir a un hospital? – Le preguntó el chofer cuando miró a Danny por el retrovisor.
- Muy segura. – Dijo seria.
El conductor levantó sus manos en señal de rendición y comenzó a conducir. Durante todo el trayecto, Jazz estuvo observando a Danny. La sangre en su rostro ya estaba secándose y sus heridas ya no sangraban, cortesía de sus poderes. Tenía la mirada perdida en un punto del techo del taxi, y de vez en cuando inhalaba profundamente, haciendo una ligera mueca por el dolor. Jazz estiró su mano y tomó la de su hermano, que solo la volteó a ver con una pequeña sonrisa.
Cuando llegaron a su casa, Jazz salió primero para ayudar a Danny a subir los escalones. Abrió la puerta para que Danny se acomodara en la sala mientras que ella pagaba el viaje y el chofer le devolvía su bicicleta. Sin decir ninguna palabra, pasó el brazo de su hermano sobre su hombro y lo ayudó a subir las escaleras hasta su habitación. Cuando entraron en el cuarto, Jazz sentó a Danny en su cama.
- Gracias. – Dijo despacio.
Jazz lo observó un momento más antes de hablar.
- Debes bañarte. Tienes… - Le señaló el rostro.
- Lo sé.
Se observaron directo a los ojos unos segundos.
- ¿Vas a preguntar? – Comentó Danny, observando la ansiedad en los ojos de su hermana.
- Luego. – Le respondió caminando hacia la puerta. – Tengo que hacer algunas cosas antes.
Sin más, salió del cuarto para darle algo de privacidad al chico. Danny suspiró, intentando procesar el hecho de que, de no ser por Jazz, ahora estaría muerto.
