- … Deje su mensaje después... – Jazz gruñó frustrada y colgó.

Llevaba minutos intentando contactar a Sam y a Tucker, pero en todas las ocasiones terminaba yendo directo al buzón. Con una mano en la frente y la otra en la cintura, Jazz empezó a caminar en círculos alrededor de los muebles en la sala. Estaba al borde de un ataque de pánico, quería llorar y no tenía la mínima idea de qué hacer ahora. Pero no podía desmoronarse, Danny la necesitaba. Inhaló y exhaló profundamente, tratando de relajarse antes de subir nuevamente con Danny. Cuando llegó al pie de la escalera, se detuvo y miró hacia la puerta que conducía al laboratorio.


Salió de bañarse con solo un pants puesto y una playera en su mano, y luego tomó asiento en el borde de su cama. Observó el bote de ungüento en su mano. Habían pasado años desde la última vez que lo había necesitado. Suspiró y abrió el bote, y en ese momento, un resplandor azul que provenía del exterior llamó su atención. Llevó su vista hacia la ventana para observar el domo que se había formado al exterior de su casa, antes de volverse invisible a la vista. Era una de las mejoras que habían logrado sus padres mientras ellos no estaban.

Segundos después, su hermana entró en su habitación.

- ¿Tú activaste el escudo fantasma? – Preguntó.

- Por si acaso. – Respondió ella levantando los hombros.

Jazz caminó hacia él y tomó el bote en sus manos. Untó un poco en sus dedos, le devolvió el frasco y comenzó a aplicarlo con delicadeza en la espalda. Danny la imitó y empezó a aplicarla en sus brazos. Estuvieron unos minutos en silencio, hasta que Jazz jaló el asiento del escritorio y se sentó frente a Danny.

- Yo… - Se aclaró la garganta. – Intenté comunicarme con Sam y Tucker, pero… no contestaron. Así que supongo que solo somos tú y yo.

- Es mejor así. – Dijo resignado.

Danny metió ambas manos a las mangas de su playera y la subió a la altura de sus hombros. Tomó el cuello de la playera con ambas manos y metió su cabeza rápidamente, con la intención de evitar el dolor. Se acomodó la playera y miró a su hermana.

- Dijiste que lo habías derrotado. – Inició. – T-tú dijiste que lo venciste… no te convertiste en él…

- Lo sé. – Volvió a decir.

- ¿Entonces cómo es que aún existe?

- Cuando peleamos… - Hizo una breve pausa. – Lo capturé dentro de un termo Fenton. Reloj… se suponía que él tenía que vigilar el termo. Él tenía que evitar… esto.

Jazz se reclinó en la silla, procesando la información.

- Espera. ¿Entonces eso significa que Reloj…?

- No lo sé. – Dijo Danny mirando al suelo. – Pero es la conclusión lógica. Tenía que pasar sobre él antes de salir de la zona fantasma.

Jazz se cruzó de brazos en su lugar.

- ¿Y qué sabemos de él? – Necesitaban información si querían idear un plan.

- Solo que es muy fuerte… y está enojado.

- Bien. – Se puso de pie. – Cerré el portal y activé el escudo fantasma, eso nos debería dar tiempo para que tus golpes sanen…

- Jazz…

- Con suerte, Sam y Tucker verán mis llamadas y vengan temprano por la mañana. Y así, juntos podremos armar un plan para derrotarte… - La última palabra hizo que se detuviera. - … derrotarlo.

- Jazz. – La llamó, por fin obteniendo su atención.

- ¿Sí?

- ¿Cómo diste conmigo? – Dijo curioso.

Jazz solo sonrió y pasó sus manos sobre su cabello, tirándolo hacia atrás.

- Cuando mamá te devolvió tu teléfono… activó el GPS y lo sincronizó con todos los dispositivos de la casa.

- ¿Qué? ¿Por qué? – Preguntó sorprendido.

- Ella… - Soltó una breve risa. – Quería asegurarse de que no pasaras demasiado tiempo a solas en casa de Sam.

- Debe de ser una broma… - Susurró Danny avergonzado.

- Bueno, broma o no, deberías agradecerle. Eso salvó…

El recuerdo de su hermano tirando en el suelo, sangrando y a punto de ser ejecutado regresó a su mente e inmediatamente se quebró su voz y sus ojos se llenaron de lágrimas. Danny se puso de pie cuando escuchó a su hermana sollozando y la envolvió en un abrazo que ella respondió. Él era más alto que ella, lo que le permitió acariciar su cabello en un intento por calmarla. Con cuidado de no lastimarlo, enterró su cabeza en el pecho de Danny.

- Estaba muy asustada… - Dijo entre sollozos.

- Yo también… - Susurró Danny. – Gracias por salvarme.

Jazz se separó de él, limpiándose las lágrimas y sonriéndole.

- Ese es mi deber, hermanito.


- Definitivamente fue un fantasma. – Dijo el Operativo K, mientras observaba las lecturas de su sistema de detección de ectoplasma.

El Operativo O estaba algunos metros más adelante de su compañero, de cuclillas observando las marcas que había en la tierra.

- Fueron. – Se puso de pie. – Estos rastros indican que al menos había dos de ellos. Y parece que no se llevaban bien. – Señaló los daños estructurales de la construcción.

- Bueno, hagamos un barrido por el área y larguémonos de aquí.

- Hecho.


Golpeó por enésima vez el suelo bajo sus pies. Lo había tenido a su merced hasta que Jazz había aparecido. Pero eso no era lo que lo enfurecía más. De no haber empleado tácticas psicológicas, Daniel lo pudo haber derrotado. Físicamente era casi tan fuerte como él, además del hecho de que ahora tenía poderes nuevos. "Probablemente la bestia de nieve le enseñó eso". Pensó mientras recordaba los poderes de hielo de Danny.

Las facciones de su rostro se endurecieron al mirar su mano. Se negaba a admitir que el muchacho podía llegar a ser más poderoso que él. Poco a poco, sus facciones fueron relajándose hasta que su rostro adoptó una expresión de reflexión. Había estado a punto de matar a Daniel…

Y Reloj no había aparecido.

"Él sabía que esto pasaría". Concluyó irritado. Reloj habría previsto que Jasmine los interrumpiría justo a tiempo para evitar la muerte del joven. Se estaba quedando sin opciones para sacarlo de su escondite. Lo único que le quedaba era conquistar el mundo nuevamente, pero con Daniel de por medio ese plan se le complicaría.

"Supongo que necesito más poder". Pensó mientras volvía a mirar su mano. Energía empezaba a acumularse en la palma. La energía estaba fluctuando y parecía que quería cambiar de forma. Dan sonrió cuando un pequeño cristal empezó a formarse.


- Reporte. – Dijo el Operativo A.

- Efectivamente se trataba de fantasmas. – Dijo K.

- Sin embargo, para cuando se realizó el barrido del área, los responsables ya habían desaparecido. Fuera de algunos rastros de ectoplasma esparcidos por el área, el lugar estaba limpio. – Concluyó O.

El Operativo A levantó una ceja.

- Bueno… - O se rascó la nuca. – Tan limpio como pueden estar algunos escombros.

- No hay testigos visuales de lo que sea que pasó. Los trabajadores de la construcción habían terminado su turno una hora antes del reporte. – Dijo K. – Y la ciudad no ha instalado cámaras de tráfico en esta zona aún.

- ¿Entonces no tenemos nada? – Dijo A.

- Nunca dijimos eso. – Sonrió K. – Reportes de los vecinos indican que cerca de las 5:44 escucharon un grito espectral muy poderoso, que se repitió un minuto después.

- Ese es uno de los poderes conocidos del fantasma identificado como "Danny Phantom". – Añadió O.

- Lo que concuerda con los múltiples reportes de hace 2 días que indican que el chico fantasma regresó a Amity Park. – Finalizó K.

- Bien. – A les dio la espalda y fijo su mirada en el portal frente a él. – Ya saben qué hacer. Rastréenlo y captúrenlo para su interrogatorio.

K y O se miraron entre ellos.

- Emm… ¿señor? – Preguntó O. – No sabemos dónde encontrarlo.

- Entonces tienen trabajo que hacer. – Le contestó sin voltear a verlo.

- Si, señor. – Dijo K, mientras tiraba de su compañero.

Ambos operativos salieron del palco con una expresión seria, y casi chocan contra una operativa que venía frente a ellos. La mujer se hizo a un lado para evitar chocar contra el hombro de K, y los observó mientras se perdían en el pasillo. Regresó su vista al frente y entró al laboratorio de donde habían salido esos dos.

- ¿Qué hacía aquí? – Preguntó al pararse junto a A.

- Nada útil. – Le contestó. - ¿Necesita algo, Operativo T?

- De hecho… sí. – Dijo mientras extraía algo de su bata. – Que llamé al Operativo Alfa.

A miró a la mujer junto a él y observó dos viales con líquido rojo en la palma de su mano.

- Está hecho. – T sonrió.

Cuando A estaba por hablar, observó a un científico caminando del portal hacia el palco donde él estaba. Hicieron contacto visual y el científico, con una sonrisa, le asintió. La sonrisa en el rostro de A se ensanchó.

- Supongo que la navidad llegó antes este año.


Danny despertó el día siguiente con todo su cuerpo entumido. Cuando intentó enderezarse, tuvo que soltar un gruñido ante el dolor que sintió. Con pesadez, caminó hasta el baño para darse una ducha rápida. Al salir, se observó en el espejo y notó como lucía: la hinchazón había desaparecido, al igual que unos pequeños moretones; sin embargo, las cortadas que había recibido seguían ahí, así como también los moretones más grandes. Pero gracias a sus poderes y la buena noche de descanso que pasó, no se veían tan mal o tan grandes como el día anterior.

Se vistió y salió de su habitación, recibiendo el olor del desayuno recién hecho que venía de la cocina. Su estómago gruñó y se dirigió al lugar de origen del olor. Cuando llegó a la cocina, se encontró con el resto de su familia.

- ¡Danny! – Gritó Maddie.

- Hola. – Saludó a todos y tomó asiento en la única silla disponible, entre sus papás y frente a Jazz.

- ¡Oh, mi pobre bebé! – Maddie lo abrazó, haciendo que Danny entrecerrara los ojos por el dolor. - ¡Mira nada más como te dejó ese fantasma!

- ¿Fantasma? – Preguntó Danny, mirando con curiosidad a Jazz.

- Jazz nos contó cuando regresamos que te atacó un fantasma de camino a casa. – Explicó Jack. – Queríamos verte ayer, pero cuando entramos a tu habitación ya estabas dormido.

- Ah… sí. – Comentó Danny.

- Dinos Danny, ¿cómo lucía ese fantasma? – Preguntó Jack. – Ningún fantasma se mete con mi familia sin que yo haga algo al respecto.

- Descuida papá. – Lo intentó tranquilizar. – Jazz se encargó de él.

- ¿Jazz? – Maddie soltó a Danny para ver a su hija.

- Sí… yo me encargue de él. – Sonrió nerviosa.

- ¿Cómo? – Preguntó Jack.

- Con mi regalo de cumpleaños de este año. – Dijo recordando el origen del arma que había usado.

- ¡Ja! ¡Te dije que el regalo le encantaría!

Maddie se acercó a Jazz y la abrazó.

- Estoy muy orgullosa de ti, querida. – Le dio un beso en la frente.

– Si, bueno… dejen a Danny comer. – Jazz desvió el tema y Danny le sonrió.

Maddie regresó a su asiento y toda la familia Fenton se dispuso a terminar de desayunar.


Haciendo uso de sus nuevos poderes, Dan destruyó la enorme pelota ovoide que le bloqueaba la entrada al portal fantasma. Sonrió al mirar el humo que salía de sus manos. Tenía que admitirlo, aunque el lamento fantasmagórico era un arma formidable, estos nuevos poderes era más… divertidos.

Se tronó el cuello antes de enfocarse en el portal frente a él y volvió a sonreír. Necesitaba más poder… y acababa de dar con el lugar perfecto en donde podía conseguirlo.


Tucker iba caminado pensativo por la calle, sin saber cómo sentirse por los acontecimientos del día anterior. Era una gran noticia, increíble. Pero el aceptarla representaba terminar con una bella tradición que habían iniciado 7 años atrás. Lo que aún no entendía era por qué le costaba tanto estar en paz con eso, después de todo, habían pasado 3 años desde la última vez que había salido con sus amigos a cazar fantasmas. Se detuvo en una calle, esperando a que dejaran de pasar autos para poder cruzarla. Miró hacia su izquierda y observó a Sam caminar en su dirección, pero ella estaba tan distraída que ni lo había visto.

- Hey.

Sam levantó el rostro y sus facciones serias se relajaron al ver a su amigo.

- Hola Tuck.

- ¿Noche difícil? – Preguntó viendo las ojeras en ella.

- Dímelo tu. – Respondió notando las de él.

Tucker solo sonrió y volteó al frente. La calle se despejó y ambos cruzaron caminando en la misma dirección.

- ¿Vas a casa de Danny? – Preguntó Sam.

- Si. Jazz me estuvo llamando como loca por la tarde… y en la noche me envió un mensaje diciendo que fuera a su casa por la mañana. – Comentó mientras esquivaba unos botes de basura que había en la banqueta.

- Igual a mí. – Dijo mientras se hacía a un lado para que una señora que caminaba hacia ella pudiera pasar. – Sonaba urgente.

- Típico de Jazz.

Ambos sonrieron y siguieron caminando en silencio unos metros.

- Entonces… ¿Danny te mantuvo despierta toda la noche? – Levantó sus cejas sugerentemente.

Sam se limitó a sonreír y golpear el brazo de Tucker.

- ¿Tu mano no te dejaba dormir? – Contraatacó.

- ¡Oye! Eso fue bajo.

- Tú te lo buscaste. – Añadió con una sonrisa.

Giraron hacia la derecha.

- Te cuento si tú me cuentas. – Dijo Tucker después de unos segundos.

- Inicia tu. – Contestó Sam.

- Ayer… un doctor fue a mi casa.

- ¿Estas bien? – Interrumpió Sam con preocupación. - ¿Tus papás están bien?

- ¿Qué? ¡Si! Él… no era esa clase de doctor. – Le aseguró.

- Entonces…

Tucker frenó y sacó una tarjeta de presentación de su bolsillo y se la extendió a Sam. Ella la tomó y la leyó.

Dr. Francis Hooper.

Director de I&D de Laboratorios Axion.

Sorprendida, alzo su mirada hacia su amigo, luego hacia la tarjeta y finalmente a Tucker otra vez.

- La "I&D" significa Investigación y…

- ¡Se lo que significa! – Lo reprendió Sam. - ¡Tucker! ¡Esto es grandioso!

- Lo sé.

La sonrisa de Sam se borró cuando vio el rostro algo inseguro de su amigo.

- ¿Y por qué no lo parece? – Le devolvió la tarjeta.

- ¡No lo sé! – Llevó ambas manos a la cabeza. – ¡Sé que debería estar eufórico! Digo, no es la única oferta que tengo… pero es la única en Amity Park y créeme cuando te digo que es la que mejor paga. – Hizo una pausa. – Pero…

- Se siente muy… repentino. – Terminó ella por él.

Ambos se miraron a los ojos y Tucker reconoció el entendimiento en la mirada de ella.

- Si.

Se quedaron en silencio unos segundos antes de que ella volviera a hablar.

- ¿Y qué piensas hacer?

- Le pedí algunos días para pensarlo… Pero solo fue una formalidad. Estaría loco si rechazara una oferta así.

Sam le dio la razón y se cruzó de brazos. Tucker metió sus manos a los bolsillos de su pantalón y ambos reanudaron su caminata.

- ¿Y qué te pasó a ti? – Preguntó cuando la vio morderse el labio.

- Yo también tuve visitas ayer.

- Supongo que no de un doctor.

- No. – Sonrió. – Mi papá arregló una reunión ayer. Él… quería hablar sobre mi futuro y… - Suspiró frustrada al ver la cara de desconcierto de su amigo. – Tú sabes que mi familia es rica.

- ¿Y?

- Y sabes que, aunque yo tengo dinero, solo es una pequeña fracción de la fortuna familiar.

- ¿A dónde quieres ir con eso?

- En la reunión de ayer, mi papá… me dio control total del fideicomiso familiar.

Tucker se detuvo y miró a Sam boquiabierto.

- ¿"Control total"? – Preguntó. - ¿O sea… sobre todos los ceros en la cuenta?

- Y los cheques, acciones, fondos de inversión… Todo. – Sam esperó a que su amigo reaccionara.

- ¡¿Qué?!

- Mi papá invitó a una abogada y a un notario… - Continuó explicando. – Firmé lo papeles, todo fue legal. ¡Demonios! Incluso me asignó un contador personal…

- Me estás diciendo que … - La tomó de los hombros. - … en este momento, ¿tú eres la persona más rica de Amity Park?

- Bueno, sí y no. Mi papá…

- ¡Mierda! – Tucker llevó sus manos a la cabeza y empezó a caminar en círculos. - ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda!

- Mi papá sigue estando al frente de todo, pero quiere que vaya aprendiendo desde ahora para cederme el control en unos años. – Intentó calmarlo con su explicación.

- ¡Sam! ¡Eso es…! – Genial, increíble, fabuloso, fantástico… Palabras le sobraban para describir la nueva realidad de su amiga, pero desaparecieron cuando descifró la expresión en el rostro de Sam. - … Repentino. – Dijo en voz baja.

- ¡Lo sé! – Dijo agradecida de que la entendiera. – Es decir, era obvio que eso pasaría… digo, soy su única hija y heredera; pero creí que pasaría cuando tuviera 30 o 40 años, no 21.

Se observaron en silencio unos segundos, luego sonrieron y terminaron riéndose. Relajados y sin tensión alguna, continuaron su caminata.

- ¿Qué está mal con nosotros? La gente normal se alegra cuando les va bien y nosotros aquí, sintiéndonos miserables porque tenemos un futuro asegurado. – Dijo Tucker.

- ¿Cómo nos atrevemos? – Ironizó Sam sonriendo.

Llegaron a la casa de los Fenton.

- Entonces… acerca de ya-sabes-quien…

- Ya sé que es Paulina. – Dijo Sam rápidamente.

- ¿Y estás bien con eso? – Preguntó Tucker cuando alcanzaron los escalones.

- Mientras se trate de Paulina, nunca estaré bien. – Le respondió seria.

- Bien. Lo diré con otras palabras. ¿Cómo tomaste el hecho de que Paulina está detrás de Danny?

- Eso no es nuevo Tuck. – Sam llamó a la puerta. – Ha estado detrás de él desde que teníamos 17.

- Cierto. Pero no salías con Danny cuando tenían 17.

- La odié entonces y la odio ahora. – Lo miró a los ojos. – Eso no ha cambiado.

- Entendido.

Ambos miraron al frente cuando la puerta se abrió. Jazz tenía una expresión seria, y contrario a su costumbre, ni siquiera los saludó.

- Al laboratorio. – Dijo moviéndose de la puerta para dejarlos pasar.

Los pelinegros se observaron antes de entrar por la puerta, claramente sorprendidos.

- Buenos días a ti también. – Susurró Tucker.

En silencio, bajaron las escaleras hasta el laboratorio y se encontraron con un Danny que estaba colocando muchos de los inventos de sus padres sobre una mesa.

- Hola viejo. – Lo llamó Tucker.

Danny alzó la mirada y ambos pudieron ver las heridas, y todo su buen humor se sustituyó por preocupación.

- ¡Danny! – Sam corrió hasta él y tomó su rostro con ambas manos. - ¿Qué te pasó?

Danny solo le sonrió, tomando con sus manos las muñecas de su novia. Después observó a su mejor amigo acercarse a ellos, quedando del otro lado de la mesa y con una expresión de preocupación. Jazz se había quedado detrás de Tucker, esperando a que Danny terminara de saludarlos para ponerse manos a la obra.

- Hola chicos.


Danny les había contado lo que había ocurrido el día anterior y recibió respuestas contradictorias. Por un lado, Sam se había sentado junto a él, con una profunda preocupación por el chico y no dejaba de observarlo. Tucker había optado por quedarse de pie y dar vueltas por todo el laboratorio.

- Esto es malo. Muy malo. – Dijo con los brazos cruzados sobre el pecho mientras sostenía su mentón con una mano.

- ¿Y crees que no lo sé? – Dijo Danny.

- Sé que sabes que es malo. – Se paró a medio camino y volteó a verlo. – Pero no sabes por qué es MUY malo.

- Explícate genio. – Dijo Jazz.

- Danny. ¿Recuerdas lo que pasó con Skulktech después de que se le cayó el medallón? – Se acercó a la mesa.

- Él… se congeló y desapareció. – Dijo con duda.

- Ahora, Sam. – La aludida lo miró. - ¿Qué pasó cuando nos quitaste los medallones justo antes de que él nos derribara un edificio encima?

- Volvimos al presente. – Dijo enderezándose en su silla.

- Exacto. Dan no tiene medallón del tiempo y no solo no desapareció al liberarse, sino que puede vagar libremente en nuestra línea temporal. ¿Sabes lo que eso significa?

Danny y Sam se miraron sin entender.

- Significa… - Dijo Jazz poniéndose de pie. – Que él existe fuera del tiempo.

- ¡Bingo! – Chasqueó los dedos y la señaló.

- ¿Y eso cómo es peor que la existencia de un fantasma ligeramente más poderoso que yo? – Preguntó Danny.

- Que esta vez Reloj no podría ayudarnos, aunque pudiera. – Dijo Tucker.

- O quisiera. – Añadió Jazz.

- Bueno… eso no importa ahora. – Dijo Danny. – Tengo que encontrarlo.

- ¿A Reloj? – Preguntó Sam.

- A Dan. – Dijo Danny, ganándose las miradas extrañadas de todos ahí.

- ¡No! – Le dijeron los 3 al mismo tiempo.

- Chicos, solo escúchenme…

- No, Danny. Tú escúchanos. – Sentenció Sam. – Ir tras él ahora sería cometer suicidio.

- Además, no tienes garantías de que su pelea terminará de forma distinta a la anterior. – Añadió Tucker.

- Y no has terminado de sanar. – Le recalcó su hermana.

- Gracias por la confianza. – Bromeó, pero cuando ninguno sonrió, se puso serio. – Miren, entiendo su preocupación y lo agradezco. Pero tengo que detenerlo ahora antes de que se vuelva más poderoso.

- Danny, él es más poderoso que tú. – Dijo Jazz.

- Solo porque me tomó por sorpresa algo que dijo. – Sus amigos negaron con la cabeza. - ¡Es la verdad! Yo estaba ganando. Lo tenía acorralado y sometido, hasta que…

- ¿Qué? – Dijo Sam.

- Él dijo que… - Suspiró antes de continuar. – Que aún podía verse en mí.

- Danny… - Lo llamó Jazz.

- Yo me congelé por un segundo y fue entonces que aprovechó para… esto. – Se señaló.

El silencio se extendió en todos los presentes

- Danny, se lo mucho que aborreces esa parte de ti… pero entrar a la zona fantasma en este momento sería lo peor que podrías hacer.

- Jazz…

- Necesitamos ser inteligentes, viejo. – Dijo su amigo. – Tenemos que hacerlo venir a nosotros si queremos tener una ventaja sobre él.

- ¿Y cómo haremos eso?

- Descubriendo qué es lo que quiere. – Dijo Sam. – En su línea temporal destruyó el mundo, por lo que podemos estar seguros que planea conquistar esta realidad también.

- Y si consideramos que lo primero que hizo fue ir detrás de Danny, sabemos que también busca venganza. – Añadió el moreno.

- No necesariamente. – Jazz caminó hasta quedar junto al moreno. – La primera vez que lo enfrentaron, él solo usurpó el lugar de Danny… pero ahora intentó matarlo.

- Por ende, venganza. – Insistió Tucker.

- O miedo. – Todos la miraron con curiosidad. – Solo considérenlo: si quisiera vengarse de Danny, ¿por qué matarlo primero?

- Si fuera por venganza, habría querido hacerlo sufrir primero. – Añadió Sam. – Él hubiese ido por alguno de nosotros o por tus papás.

- Pero él atacó a Danny por sorpresa, sin monologar como el resto de fantasmas. – Continuó Jazz.

- Porque sabía que Danny podía detenerlo. – Terminó Tucker.

Los 3 estaban en circulo, con una sonrisa en sus rostros al descubrir la motivación de Dan. O la que creían que era la motivación. Salvo Danny, quien los veía extrañado.

- No consideraron algo en su historia. – Interrumpió Danny.

- ¿Qué? – Le contestaron al mismo tiempo.

- Reloj. ¿Por qué no me advirtió que Dan había escapado?

- Tal vez no pudo. – Dijo Tucker.

- Tal vez… - Jazz se concentró. – Luchó con Dan cuando se liberó…

- Y Dan lo capturó dentro del termo. – Concluyó Sam. – Aunque quisiera, no habría podido advertirte.

- O… - Ahora fue el turno del moreno. – Dan lo derrotó.

- Excepto que Reloj puede ver el futuro. – Se acercó a ellos. – Él vio en lo que me convertiría 10 años en el futuro y actuó con antelación. ¿Por qué no hacer lo mismo si sabía que escaparía?

Nuevamente silencio. Danny tenía un muy buen punto.

- No tengo idea. – Dijo Tucker. – Pero esto es lo mejor que tenemos, viejo.

- Es suficiente para armar un plan.

Danny los observó a todos antes de suspirar pesado. Aunque odiara admitirlo, ellos tenían algo de razón. Pero eso no le quitaba el mal presentimiento que actualmente le oprimía el pecho.

- Si… supongo que tienen razón.

Sam le regaló una sonrisa que él le respondió, antes de tomar su mano.

- Bien… manos a la obra. – Comentó Jazz.

- La última cacería del equipo Phantom. – Añadió Tucker con una sonrisa.

Sam observó a su amigo con una sonrisa, antes de desviar la mirada hacia la mesa llena de armas. Danny se extrañó ante el comentario de su mejor amigo y la reacción de su novia. "¿Última?"


La primera media hora la habían dedicado a construir un plan viable con la poca información que tenían, y las últimas 2 horas las habían destinado a montar su defensiva alrededor del portal fantasma. Jazz y Sam estaban montando algunas armas sobre soportes improvisados, mientras que los varones estaban moviendo los equipos pesados. El sonido del timbre escaleras arriba llamó la atención de todos, pero fue Jazz quien dejó lo que estaba haciendo para ir a atender.

- ¿Esperas a alguien? – Preguntó Sam.

- No, pero mis papás tal vez sí. Y como están en el centro de operaciones, probablemente no escuchen el timbre.

Sam solo asintió y la pelirroja fue escaleras arriba. Danny observó a su hermana partir, y cuando escuchó la puerta del sótano cerrarse, habló.

- Así que… ¿la última cacería? – Danny continuó lo que hacía, solo levantando la mirada cuando supo que tenía la atención de sus amigos.

Tucker y Sam se miraron entre ellos y luego a Danny. Dejaron de hacer sus tareas y se acercaron al muchacho.

- Bueno… sí. – Dijo Sam.

- Nosotros… - Ahora fue Tucker. – Tenemos otras cosas en puerta. - Le sonrió débilmente.

- ¿Encontraron trabajo?

- Pues… podría decirse que el trabajo nos encontró. – Sonrió Sam.

Danny levantó una ceja y Tucker extrajo la tarjeta de presentación de su bolsillo y se la entregó a su amigo. Danny la leyó y una sonrisa se formó es sus labios. Le devolvió la tarjeta con una sonrisa.

- Tuck, eso es… Felicidades. – Se limitó a decir.

- Gracias.

Danny miró a Sam, quien solo presionó sus labios juntos antes de hablar.

- Mi papá quiere que aprenda a manejar las finanzas de la…

- Le dio todo. – La interrumpió Tucker.

- ¿Qué? – Preguntó Danny sin entender.

Sam le dio un manotazo en el hombro por interrumpirla, para luego explicarse.

- Mi papá me dio acceso a toda la herencia familiar. Quiere entrenarme para que me haga cargo de todo.

- Wow. - Danny dijo intentando procesar toda la información. – Me alegra mucho. Por los dos.

Danny sonrió y caminó hasta ellos. Los tres extendieron sus brazos y se unieron en un abrazo grupal. Al cabo de unos segundos se separaron, más Danny mantuvo a Sam a su lado. Ella no se quejó.

- ¿Y qué hay de ti? – Preguntó Tucker con inocencia.

Danny abrió la boca para responder, pero ninguna palabra salió. Su semblante decayó un poco cuando reconoció la distancia que ahora había entre él y sus amigos. Ellos ya tenían un trabajo y un camino para forjar su futuro, pero él…había salido de la universidad y no había recibido ninguna propuesta laboral. Y no es que eso estuviera mal, de hecho, se podría decir que le gustaba el saber que tendría que luchar para ganarse un lugar en alguna empresa. Pero no había pensado en cómo sería su vida tras salir de la universidad.

Llevaba casi dos semanas desde que se había graduado y ni siquiera había armado su curriculum. No había contactado empresas ni buscando un trabajo en donde empezar. Y luego estaba el detalle de su vida doble: no había pensado en las consecuencias que le traería combatir fantasmas en su vida laboral. Al final, tendría que sacrificar algo.

El ambiente se tornó algo incómodo para Sam y Tucker al notar el conflicto interno que había en Danny tras esa pregunta. Afortunadamente, el ruido de la puerta abriéndose y cerrándose les proporcionó una muy necesitada distracción. Jazz bajó al sótano algo agitada.

- Papá pidió comida. – Explicó cuando llegó hasta abajo. – Y me hizo subírsela hasta el centro de operaciones.

- Pero comimos hace poco. – Dijo Danny.

- Si, bueno… Aparentemente nada quema calorías como la…

- "sensación de atrapar fantasmas con tus propias manos". – Recitaron los 4 en coro ante la frase conocida de Jack Fenton.

Antes de que les preguntara que hacían, escucharon nuevamente el timbre de su casa sonar. Jazz, reviró los ojos antes de subir nuevamente por las escaleras.

- Tu papá sí que tiene hambre. – Bromeó Sam.

Los tres se empezaron a reír, hasta que escucharon ruidos provenientes de arriba. Danny se puso serio y soltó a Sam, dispuesto a subir. Pero se detuvo cuando reconoció la voz con la que discutía Jazz.

- … ese mocoso!

- ¡No puede entrar así a mi casa!

La puerta del laboratorio se azotó y unos pasos furiosos comenzaron a bajar por la escalera. Por inercia, Sam y Tucker tomaron de la mesa un par de armas y apuntaron hacia la escalera. Cuando una figura pulcramente vestida con un traje negro llegó hasta abajo, ambos bajaron sus armas un poco ante el desconcierto.

- ¡¿Vlad Masters?! – Dijeron al unísono antes de volver a subir sus armas y apuntarle.

El susodicho ignoró a los jóvenes apuntándole y centró su vista en el ojiazul. Jazz bajó detrás de él y se colocó a la par del equipo Phantom, con brazos cruzados y ceño fruncido. Danny dio un paso al frente, escondiendo a sus amigos y hermana detrás de él para encarar a un enojado Vlad, quien tenía una pequeña herida en el lado derecho de su frente.

- Daniel.