Lemon del Día Riko

Tema: Síndrome de Estocolmo.

NOTA: La mente es una cosa seria, ¿cierto? Y bueno, como yo soy médico y me toca ver todos los años de carrera un poco de patologías mentales, pues nada me emociona más que demostrar mis conocimientos sobre algunas de ellas, especialmente mis ganitas de hablar más sobre este interesante síndrome. También meteré algo de otras patologías mentales para el diagnóstico diferencial, ¿divertido? Pues no, realmente puede ser aterrador, sólo quien lucha contra su propia mente es capaz de entenderlo, igualmente, si tienen alguna duda, pueden preguntar lo que deseen.

Título del Fanfic: Leona.

Esa máscara, esa voz, esa sonrisa maquiavélica que apenas se notaba con la poca luz que se adentraba por una rendija. Jamás había vivido algo tan terrorífico y a la vez tan apasionante.

Ese caminar felino moviendo las caderas.

"Leona" —la había denominado, porque no sabía su nombre.

Y sí, al principio Senku tuvo mucho miedo, pero ya no recordaba lo que era real y lo que era ficción…

Despertó sobresaltado en su cama nuevamente, el corazón acelerado imaginando los grilletes en sus piernas, la desesperación se apoderó de él al sacarse la sábana con desesperación en busca de las ataduras que por varias semanas había tenido. Un sudor frío recorrió su espalda y se llevó las manos a la cara, presionando tan fuerte que sus uñas, las cuales estaban más largas de lo normal, se enterraron en sus mejillas.

¿Fue real lo que pasó en ese sueño? Era otra vez lo mismo, no sabía exactamente qué era real y qué era ficción ya después de tres meses de ese secuestro.

Soltó sus mejillas cuando logró acompasar su respiración. ¿Por qué no estaba seguro de lo que había vivido? ¿Por qué su corazón latía cuando recordaba a la leona? ¿Realmente el secuestro había sido tan malo así?

Respiró hondo y por fin notó el dolor en sus mejillas y sospechó que la sangre había empezado a correr. Volteó la mirada hacia su reloj, encontrándose que marcaba las 02:54 horas, era de madrugada y él estaba totalmente seguro de que no conseguiría dormir nuevamente a menos que tomara otra dosis de Clonazepam.

"Debo volver al trabajo" —pensó levantándose, y fue cuando finalmente percibió la dureza de su miembro y cómo la erección se reflejaba entre sus pantalones.

No podía hacerlo, no debía, tenía que olvidarla, ella le había hecho demasiado daño.

¿En serio nos hizo daño? —habló una voz en su mente.

Otra vez las alucinaciones. Tenía que ser racional y no hacerles caso, si Nash lo había logrado, él también lo haría.

Hazlo, mastúrbate, tócate pensando en esa leona. Estamos solos, piensa en su cuerpo, en su húmeda vagina y en cómo su cangrejera nos hacía sentir maravillas —habló una segunda voz, él sabía que era su mente jugándole una pasada, pero no podía permitir que nadie supiera lo que él estaba experimentando.

Nash pudo hacerlo, él también podía. Debía ignorar esas voces. Debía ser fuerte porque no iba a permitir que lo confundieran con un esquizofrénico.

¡Ja! ¡Nash no tenía trastorno de estrés postraumático, era esquizofrénico! ¡Deja de negarte tus propios deseos, Senku! —expresó una voz conocida, era la voz de la leona. Pero él sabía que ella no estaba ahí, porque ella no habría podido saber que él estaba pensando en John Nash. Otra vez su mente.

¿Estrés postraumático? Tendría mucho sentido, pero bueno, él tampoco era psicólogo. Quería adormecer su mente y dejar de escuchar las voces, pero caminar se tornó más doloroso después de escuchar de forma tan nítida la voz de la leona. Le gustaba, o más que eso, ¡le encantaba! Cada parte se su cuerpo había sido una delicia y sus alucinaciones lo habían llevado hasta a imaginar cómo su vagina apretaba su miembro.

Sólo una vez, Senku —dijo con tono burlón la primera voz, atacando sus deseos más impuros.

Sólo una vez, no pasaría nada porque fuese sólo una vez.

Piensa en mí, piensa en mi cuerpo, Senku —rogó con una voz deliciosa, que sonaba como un gemido, esa voz de la leona que hablaba en su mente.

Y sí, Senku se dejó llevar, y esa noche se tuvo que masturbar para calmar el desespero que sentía cada vez que imaginaba a esa preciosa mujer, con labios deliciosos, con caminar felinos, con caderas amplias y pechos que fácilmente podrían haber sido la definición del "sabor a gloria". Senku anhelaba sus besos, su cuerpo, sus movimientos agresivos sobre su pene.

Anhelaba a esa leona de antifaz, a la mujer desconocida que lo había secuestrado.

Otra consulta con Erina, su psicóloga, quien jugaba con un mechón pelirrojo siempre mientras lo evaluaba. Era desagradable su actitud, prepotente, como si se sintiera superior, él no debía decirle nada, ni de las voces, ya aprendería a lidiar con ellas, ni de su deseo por esa leona que lo había atormentado.

—¿Crees que has estado mejor después del secuestro? —cuestionó ella, cuando él terminaba de hablar sobre sus experimentos más recientes. Nuevamente quería abordar el secuestro.

Dile que estamos bien —expresó la alucinación auditiva con voz extrañamente parecida a su propia voz.

—Sí, estoy excelente. Estoy concentrado en mis investigaciones, ya casi termino de perfeccionar la fórmula que permitirá sanar la mayoría de las enfermedades, gracias mis avances en ingeniería y nanorobótica. —Y ahí estaba ella, escribiendo en ese cuaderno con esa actitud de superioridad.

—No entiendo la necesidad de evadir constantemente el tema del secuestro, Senku. ¿Qué ocurrió para que te preocupe tanto decir lo que te ocurre? —indagó ella, fijando sus ojos verdes casi felinos en él.

Quería reclamarle, pero intentó mantener su actitud impasible y terminar la consulta.

—No pienso en ello, la verdad, prefiero enfocarme en cosas que sean realmente útiles —explicó Senku despreocupado, rascándose el oído con el meñique.

Así es, Senku, en casa te recompensaré —habló la voz de la leona en su mente.

La consulta continuó, y Senku simplemente siguió evadiendo a la psicóloga, ¿qué más daba? Era realmente irrelevante y no le daría la oportunidad siquiera de pensarlo demasiado.

Al llegar a su casa, simplemente se desató la corbata mientras caminaba hacia la cocina y escuchaba nuevamente esa voz magnífica, la voz de la leona. Le encantaba ese cabello rubio alborotado que le daba la apariencia de una fiera, de su leona. ¿Había sufrido? Recordaba vagamente algunos moretones que le había hecho al principio, recordaba haber sido llevado por alguien muy fuerte a esa habitación oscura, recordaba que lo bañaban primero ocasionalmente, hasta que un día ella simplemente llegó con una enorme bañera.

Siempre se había preguntado cómo era que tenía esa fuerza tan absurda. Sonrió mientras recordaba ese momento. Y lo había bañado posteriormente, sin soltarlo, ¿se habría sonrojado la primera vez que lo vio desnudo? No había querido hablar en ese momento. ¿Ella sentía lo mismo? ¿Sería posible que extrañase las caricias que él le proporcionaba a pesar de las cuerdas? ¿Acaso alguna vez esa leona había lo había desatado mientras se encontraba secuestrado?

Senku… piensa en mí —rogó la voz de la leona en su mente.

Y, aunque quería luchar como Nash lo había hecho contra su esquizofrenia, Senku no pudo evitar que su mente empezara a verla, como si estuviera nítida frente a él. Entraba por la puerta de una oscura habitación, estaba ahí con una sonrisa calmada. No sabía cómo era sus ojos, o si siquiera lo miraba cuando entraba, sentía como si sus manos se encontrasen atadas realmente, ¿lo estaban? ¿En dónde estaba él en ese momento? ¿Y por qué era tan borrosa la imagen de su casa?

Ella se acercó y no lo desató.

—Necesito la fórmula, Senku —rogó con desesperación la voz de ella, hablando casi en un susurro a su oído cuando estuvo frente a él.

Estaba en el piso, ¿por qué estaba en el piso? ¿Dónde estaba realmente? No se sentía tan duro como el piso, necesitaba centrarse, su mente no podía ser más fuerte que él mismo, tenía que recuperar la consciencia, donde quiera que estuviera, tenía que volver a donde estaba.

—No eres real —habló, pero ella parecía no estar escuchando eso, su voz ni siquiera sonaba realmente, era como si estuviera en su mente.

"Te toca sufrir, Senku" —habló una voz robótica en su mente, sin detenerse la alucinación visual en la que recordaba a la leona.

Quería gritar y separarla de él, mientras ella subía sobre él. ¿Pero por qué quería separarla de él? Si él la amaba, él la necesitaba. ¿La amaba y necesitaba? ¿Qué era eso?

"Me amas, Senku, lo sabes, te enamoraste de mis besos y de mis caricias" —la voz de la leona en su mente hablaba, haciéndole difícil diferenciar las cosas, no sabía qué estaba pasando y empezaba a preocuparse.

Necesitaba ser lógico, racional, él era un hombre de ciencia, uno de los mejores científicos de la ciudad, era una de las personas más conocidas y sus habilidades eran reseñadas por grandes revistas científicas. Él no iba a dejarse manipular por una extraña voz, pero es que tampoco podía moverse y no sabía exactamente dónde estaba, o si estaba dormido o qué había sucedido.

La leona ya se encontraba sobre él. Pudo sentir exactamente cómo ella frotaba su cuerpo con el de él y empezó a sentir cómo su erección empezaba a formarse. No, no podía permitir que las alucinaciones se apoderaran de él. Pensaba en Nash y se decía a sí mismo que él podía. Y si Nash había podido con la esquizofrenia, él también podría con lo que fuese que estuviera presentando. No necesitaba ayuda, él podía solo y no mostraría ningún tipo de vulnerabilidad, y menos siendo que esa leona se había convertido en una especie de obsesión para él.

Él sabía que ella era algo muy real y había sentido su cuerpo, no lo olvidaría, porque era como si todas esas marcas se hubieran quedado grabadas en cada uno de sus sentidos. Ella se frotó más y luego simplemente dijo:

—Estás completamente duro. ¿Quieres más de mí, Senku? Necesito la fórmula —pidió, casi ronroneando, mientras se agachaba entre sus piernas para liberar su pene frente a ella—. Sé que quieres que te haga gozar, pero necesito la fórmula, Senku.

Tenía que ser fuerte.

¿Por qué tenía que ser fuerte? Ella le gustaba. ¿Por qué se resistía?

"Era un secuestro, estás enfermo, Senku, necesitas ayuda" —le recriminó una voz que nunca había escuchado en su mente, una nueva alucinación, pero esta vez era la voz de Erina.

—¡Ya cállate, Erina! —reclamó a esa voz, pero no podía escucharse a sí mismo hablando. Sabía que estaba reclamando en algún lugar, pero… ¿dónde? ¿Realmente estaba reclamando?

No entendía cómo era que estaba viviendo eso. Su cerebro estaba totalmente dañado si realmente él estaba perdido en esos pensamientos con la leona. ¿Qué tenía? Algo patológico estaba sucediendo en su cabeza y de eso estaba diez billones por ciento seguro. Él podía hacerlo, podía luchar contra eso, Nash había podido y él sabía que también podía, sus deseos no debían controlarlo.

—Senku, por favor, dame la fórmula. ¿Me amas, cierto? Me lo dijiste anoche mientras lo hacíamos, dijiste que amabas todo de mí, y que anhelabas que te permitiera introducirte hasta lo más profundo de mi ser. ¡Por favor, Senku, necesito la fórmula! —rogó la leona y pasó la lengua por el pene del científico y era como si él estuviera sintiendo eso en ese momento. Enloquecería del deseo si seguía percibiendo esas sensaciones.

¿Era real?

"Gózalo, Senku" —la voz de la leona en su cabeza era suplicante.

"Busca ayuda, Senku" —reclamaba la voz de Erina.

—¡Cállense todos de una buena vez! —chilló, pero nuevamente no había ninguna voz emitida de ningún lugar, a pesar de que él estaba seguro de haberlo dicho en voz alta.

¿Pero dónde estaba? No entendía lo que estaba pasando y su erección empezaba a causarle dolor, especialmente al sentir que la leona lamía el glande de su pene. Ya las voces en su cabeza se habían callado, y él podía experimentar todo el placer. Su propia voz habló a continuación:

—Lo siento, leona… pero no puedo darte la fórmula, incluso aunque anhele tu cuerpo y aunque sienta que estoy perdiendo la cordura por ti.

—No me llames leona —se quejó ella con indignación, apretando con fuerza su pene, lo que resultaba doloroso y placentero a la vez.

Jamás pensó que llegaría a percibirse a sí mismo como un masoquista, pero poco después notó que las uñas de la rubia se clavaban en la cara interna de sus muslos, dándose cuenta de que ya no llevaba nada de ropa de la cintura hacia abajo.

Era absurdamente sutil para la fuerza que tenía, era realmente una leona: fuerte y sigilosa, era preciosa, su cuerpo, sus caderas y cada vez que imaginaba su rostro, sentía que debía ser el rostro más hermoso que pudiera existir. Sentía que realmente la amaba, como si todas sus hormonas se conjugaran a la vez para darle un placer inigualable al estar junto a ella, al percibir cómo se movía enloquecidamente, como fiera salvaje desesperada sobre su miembro.

—Te deseo, leona, por favor, no me hagas esperar más. Te anhelo, te necesito —rogó Senku, dándose asco a sí mismo al oírse decir esas palabras.

Hasta empezaba a considerar necesario que las voces en su cabeza empezaran a hablar, ¿cómo podía sentirse como un loco enamorado de alguien que lo tenía secuestrado? ¿Qué mierda tenía en la cabeza en ese momento?

Divagar no servía de nada. Quería tenerla sobre él, quería que brincara como siempre y estimulara todos sus sentidos. Anhelaba esa leona casi tanto como el aire para respirar en ese momento. Estaba empezando a experimentar como si se ahogara en lo placentero del momento.

Apenas miró, como pudo, hacia abajo, y ella, que había abandonado la tortura de sus muslos para subir y lamer con aire felino su pene nuevamente, de arriba hacia abajo, tortuosamente, succionando para finalizar, y con una suavidad torturadora, sus testículos.

—Leona, por favor, no puedo más… te necesito, te deseo, amo tu cuerpo, déjame sentir tu vagina, por favor, quiero que aprietes mi pene y los succiones con esos magníficos ejercicios de Kegel que haces —expresó con devoción él y ella lo miró con extrañeza.

—¡Já! ¡No sé de qué estás hablando, pero suena como algo genial! —exclamó ella divertida y posteriormente se sacó el vestido que llevaba, el cual se abría por delante, exhibiendo ese maravilloso cuerpo frente a él.

¿Por qué le gustaba tanto? ¿Por qué si era capaz de racionalizar que estaba siendo víctima de un secuestro no era lo suficientemente capaz de detener ese pensamiento tan atrapante, tan sublime, que realmente lo estaba llevando a un éxtasis total?

Ella sonrió con esa dulce y felina sonrisa, antes de introducirse, sin ninguna contemplación, el pene de Senku en su interior, apretaba mucho y eso le encantaba, no sabía cómo había logrado ese efecto si él casi podría asegurar que le había quitado la virginidad la primera vez que habían estado juntos. Y no es que él tuviera mucha experiencia, pero lo cierto era que la leona había demostrado sentir una molestia importante cuando se había "aprovechado de él" por primera vez. Y sí, la primera vez había sido casi completamente en contra de su voluntad, pero luego ella se había convertido en su adicción.

—Ah, me encantas, leona.

—No… ah… me llames… ah… leona —se quejó ella, moviéndose rápidamente sobre él, dejando entrar y salir su pene al tiempo que los magníficos pechos que tenía se agitaban al compás de esos movimientos. Quería poder apretarla, presionarla, pero sus mano estaban atadas.

No entendía cómo era tan vivido ese recuerdo, no podía creer que su cerebro pudiera llevarlo a tal experiencia de una forma tan exacta. El placer lo desbordó y aguantó lo suficiente para experimentar cómo ella ejercía presión en su pene, esa "cangrejera", como solían llamarla coloquialmente. Luego sintió cómo eyaculaba dentro de la leona, nuevamente, algo que había sucedido ya más de 15 veces durante ese encierro. Le encantaba y quería sentir más.

—Dime… ah… de la fórmula, Senku —reclamó ella acompasando su respiración con la de él.

Hubo un prolongado silencio y supo que esa "versión de él" estaba a punto de cometer el más grande error de su vida.

—Te la daré —dijo finalmente—, pero prométeme que no me abandonarás, leona. Te necesito de verdad.

Ella dudó por un momento, parecía estarlo pensando realmente y una parte de él sintió enojo por lo que percibía que estaba a punto de escuchar.

—Te lo prometo…

Senku despertó sobresaltado en la sala de su casa, tras oír su teléfono sonar sin detenerse. Gruñó volteando hacia el teléfono y en ese momento leyó un mensaje de Erina:

Senku, sé que no estás bien, espero que seas más consciente de tu problema, no puedes evadir más el secuestro. Para la próxima consulta he hablado con tu psiquiatra y hemos decidido que tendremos que internarte si no avanzas. Espero que esto no termine saliéndose de nuestro control.

Atentamente,

Hiragizawa Erina.

Su cerebro empezó a conectar todo, mientras intentaba recordar lo que había soñado.

Erina es una maldita, tenemos que protegernos —se quejó una voz robótica en su cabeza. Otra vez las voces empezaban a hablarle.

Es cierto, Senku, ¿acaso quieres olvidarme? Me dijiste que me necesitabas —añadió la voz de la leona.

Debía ignorar las voces, debía lograr lo mismo que Nash.

El sueño era con la leona, había soñado que estaban teniendo un encuentro sexual maravilloso, hasta podía recordar la sensación de sus labios vaginales sobre su pene. La anhelaba, la deseaba. Necesitaba volver a verla y, si necesitaba contratar un detective privado para ello, lo haría, no perdería la oportunidad de deleitarse nuevamente con ella. Sin embargo, ahora también tenía el problema de Erina.

Trató de concentrarse más en el sueño.

Debes sincerarte conmigo, Senku —habló la voz de Erina en su cabeza. Sí, era cierto que tenía que sincerarse, pero tenía también que recordar algo importante del sueño. Estaba seguro de que había algo importante en el sueño.

Dijiste que me amabas, Senku, dijiste que me necesitabas, ¿no lo recuerdas?

Y fue en ese momento en el que, finalmente, Senku entendió que lo que tenía no era un simple trastorno, entendió por completo que estaba experimentando algo que jamás en la vida habría pensado que experimentaría.

Ishigami Senku tenía Síndrome de Estocolmo: se había enamorado irracionalmente de su secuestradora, de esa impulsiva leona que trepaba sobre él con desesperación.

Necesitaba sacarla de su mente y algo le decía que ya era la hora de hablar con Erina.

Tomó el papel que le tendía la chica con nerviosismo y caminó afuera del laboratorio intentando despreocuparse. Esto era sólo algo confirmatorio, el deseo de que el resultado en sangre fuese diferente a las más de diez pruebas de orina que se había hecho. Kohaku estaba completamente en shock cuando la primera había dado positivo, pero tenía fe en que fuese un maldito error.

No, definitivamente no podía abrirlo por sí misma. Corrió hacia donde estaba su mejor amiga, Suika, que la esperaba en un café al otro lado de la calle, y le tendió el papel para que lo revisara.

—No puedo hacerlo.

—Kohaku… la efectividad de las pruebas de orina es hasta de un 99% —explicó suspirando—. Pero igual lo revisaré por ti.

Su pequeña amiga abrió el sobre y extrajo el contenido, para luego abrir la hoja y leer:

—Beta-HCG positivo, con valor cuantitativo de 150.000 mUI/ml, lo que podría sugerir un embarazo de entre 12 y 16 semanas —leyó Suika—. ¡Hurra! ¡Estás embarazada de un sujeto al cual secuestraste y obligaste a tener sexo contigo por aproximadamente tres semanas! —Suika era demasiado mala para ser sarcástica, en lugar de ello, era notoria la preocupación de su amiga.

Pero Kohaku estaba al borde del llanto en ese momento.

¿Qué iba a hacer con un bebé de un sujeto al que apenas conocía? ¿Y cómo iba a hacer para mantenerlo? Todo su dinero se había ido en la enfermedad de su hermana, a la cual apenas y había conseguido salvar con la fórmula de Senku.

Kohaku estaba en graves problemas.

¡Muchas gracias a todos los que han leído este maravilloso fanfic del Día Riko!

Como siempre les digo, los personajes de Dr. Stone no me pertenecen, son de Inagaki y Boichi. En esta historia mi único personaje es Erina, mi psicóloga súper genial, la cual será una pieza clave si esta historia llega a tener una continuación.

¿Qué pasará con Senku? ¿Lo encerrarán en una clínica psiquiátrica?

¿Cómo hará Kohaku con su bebé?

¿Llegará alguien para salvar el día?

Si alguien tiene alguna teoría, déjemelo saber.

¡Los quiero mucho, gracias por leerme! ¡Son ustedes los que me motivan a salir adelante, incluso cuando estoy demasiado triste y ya no quiero continuar! ¡Besos a todos!