Love Live! No me pertenece, es de sus respectivos autores.


¿Cómo es que estaba en esa posición? Viéndola en la lejanía, sintiendo que el mundo entero no puede importar menos con un solo pestañeo de ella.

Estar con ella era como tocar el cielo con las manos sin estirarse. Como en un cuento, estar con ella era algo que únicamente podía escribir y soñar cuando sus ojos se cerraban en las noches de desvelo.

Podría dejarlo todo, solo por ser esa persona que estaba a su lado en ese momento.

Quería, no, anhelaba ser la que tomara su mano y riera con tanta emoción. Sería un regalo prohibido para una persona como Sonoda Umi.

A veces, cuando escribía sus notas para un futuro libro, se imaginaba en su compañía. Su presencia la relajaría cuando buscara inspiración o tuviera un bloqueo propiamente. Con una mirada, sabría qué hacer y qué no. Pasarían las tarde juntas, tomadas de la mano, chocando hombro con hombro y buscando alguna actividad para realizar.

Definitivamente quería ese futuro para ella.

La vida no siempre es un cuento de hadas o una serie donde mueres y reencarnas en un mejor lugar. Las cosas serían más fácil si se pudiera pedir un deseo a alguna estrella fugaz y esta de verdad la cumpliera.

Y todo comenzó, con esa estúpida sonrisa, esa maldita y encantadora sonrisa.

-Meses atrás-

El ajetreo de la cafetería donde solía sentarse a escribir en su laptop era el barullo más relajante que presenciaba ultimadamente en esos días comparados al que tenía a diario en su departamento compartido gracias a su compañera de cuarto.

Kousaka Honoka en definitiva era un torbellino con manos y pies, adjuntando un hambre tan voraz que ella misma podría acabar con la despensa si así se lo propusiera.

Sumando a su compañera demonio de Tasmania, esta misma se encontraba enamorada perdidamente de la chica del departamento de al lado. Una señorita que en palabras de Honoka era un "angelito" con su cabello grisáceo castaño, ojos ambarinos y figura tan pequeña que a la Kousaka le daba ganas de abrazarla como si no hubiera un mañana. Lo cual a Umi le pareció irónico pues Honoka era de baja estatura comparada con la vecina y con ella misma.

El nombre de la señorita era Minami Kotori o como Honoka le puso de apodo (si, otro) "mi lindo solecito".

Cuando la Sonoda la vio, le pareció una chica atractiva pero nada de que alarmase, por lo que no entendía el barullo que hacia su compañera cada vez que tenía un evento particular con la señorita en cuestión.

Principalmente, Umi no entendía la emoción de querer a alguien que apenas conoces con esa vehemencia. Solo se habían visto un par de veces en lo que restaba de la semana y para Honoka, Kotori era el último vaso de agua del desierto más abrasador.

Día tras día, hablaba de ella sin descanso, tanto que incluso llego a meterse al cuarto de la peliazul para buscar plática y conversar de la vecina.

Para desgracia de Honoka, Umi se encontraba terriblemente atareada pues estaba atrasada. Aun no enviaba el borrador a su escritor y este ya la estaba amenazando con echarla para usar su columna como una exclusiva sobre sexo. No de sexualidad, de sexo, grado y a la carta. Por lo que tuvo que retirarse de su apartamento en la primera oportunidad que tuvo y eso era cuando Honoka fue a pedir una tacita de azúcar a la vecina por décima vez en la semana. Le dejo una nota y salió como alma que llevaba el diablo pues sabía que si la Kousaka la agarraba, no la iba a soltar hasta que le dijera de qué color eran las agujetas que usaba la vecina.

¡Sí que era decidida cuando quería! Si fuera así de intensa en su trabajo, ya hace mucho hubiera subido de puesto y dejaría de vender en el mostrador de esa tienda departamental.

Pero bien, eso sería tema para otra oportunidad.

- Ahora debo concentrarme.

La peliazul se tomó un tiempo para respirar y concentrarse. Abrir esa puerta de la imaginación que había sido acosada por tormentas de lamentos toda la semana.

No es que su mayor sueño fuera terminar una columna a la cual no le tenía singular aprecio, pero era lo que pagaba las cuentas y en lo que salía algo mejor, se veía forzada a trabajar hasta descastarse.

Vamos, una columna que habla sobre la política no es que fuera difícil. Solo tenía que omitir su opinión personal, la de las personas, las cosas obvias de los asuntos políticos y hacer lo que le pidiera su editor. Bueno, sí que suena divertido si eres un masoquista.

No había estudiado años lengua y literatura japonesa en la universidad de Seisén en Tokio para hacer semejante basura de columna. No, ella aspiraba a escribir algo que inspirara a las masas como las historias de Genii(1), las novelas de Yasunari Kawabata (2) u otro autor que no fuera de esa época. Ella quería innovar, no quedarse únicamente con lo que había visto en la universidad.

Soñaba con publicar un libro y que este fuera valorado. Su opinión y expresión serian importantes, así como inspiraría a más personas a tomar el arte de escribir como lo más sagrado que existe.

Pero no, irónicamente encontró un trabajo donde la expresión propia no es válida, solo es aplacada como una cucaracha contra una bota.

Un día seria libre de escribir lo que quisiera, por mientras, solo le quedaba hacer lo que le pidieran.

- Vamos Umi, pudiste terminar tu proyecto final en menos de dos horas, ¿Por qué esto es tan difícil? –Mascullo entre dientes mirando el archivo de Word abierto en su laptop- ¿Por qué es tan complicado?

Pensó en sus adentros alguna idea ingeniosa para escribir la columna y salir del apuro. A su editor no le importaba en realidad la calidad de lo que escribiera mientras cumpliera con las condiciones que él ponía, pero para Umi dar un trabajo que al menos no la hiciera sonreír o sentir algo un poco bien, era impensable de entregar.

Y ya se imaginaran cuantas columnas atraso por lo mismo.

- ¡Vamos Elicchi! Quiero comer algo~

- Voy, voy, solo es una mesa Nozomi.

Alzo la mirada ante las nuevas voces que habían llegado a la cafetería. Y le pareció peculiar la manera en la que la chica rubia de ojos azules miraba a su acompañante, pues era muy cariñosa para la actitud seca que demostraba. Mientras que, la despampanante pelimorada de ojos verde le sonreía de oreja a oreja, no parecía tener problemas en demostrar lo mucho que quería a la señorita con la cual había tomado asiento a unas cuantas mesas de ella.

Para Umi, o mejor dicho, para una persona ocupada, dicho acto pasaría desapercibido; pero en este caso, algo, una atracción se produjo en el que sus ojos se posaron en la chica de cabellos morados y cálida mirada. Se sintió feliz y en cierto punto, un poco menos estresada.

Era curioso, solo una vez había sentido dicha paz instantánea y fue cuando encontró su libro favorito en buen estado después de prestárselo a Honoka.

Escucharla hablar, su manera de expresarse, los gestos que hacía con las manos de un lado hacia el otro e incluso ese sutil pero perceptible movimiento de nariz al contar un chiste, le pareció sumamente lindo y a su vez, inspirador.

- Elicchi –la joven pelimorada hico un pequeño puchero y sacudió su cabeza de un lago a otro- quiero que tu escojas mi comida, sorpréndeme~

La voz de la chica encapsulo sus pensamientos, la atrapo en un dos por tres en una orquesta que le regreso la vitalidad. Toda oración que pronunciara su acompañante se nublo en la mente de la peliazul, no le pareció importante, solo quería registrar cada tono de la joven en su memoria y guardarlo para la posteridad.

Debía admitirlo, cada gesto le parecía encantador e incluso tierno, como si fuera un pequeño mapache pidiendo algo de comer.

Inspirada por la belleza que tenía enfrente solo suspiro y llenándose de energía, comenzó a escribir la frase estelar de su columna.

- "La política y la moda se dedican a reciclar ideas y hacerlas inspiradoras" (3)

-Semanas después-

POV Umi

Muy a la desgracia de mi triste realidad, quede embaucada en una misión sin rumbo y con la intención de que no hubiera tregua.

En un asunto virtuoso, la columna que le envié a mi editor le gusto en un 75% pero eso era más que suficiente para que dejara de molestarme por una semana más o dos si lograba esconderme de él.

Tuve la desdicha y a su vez la buena suerte de seguir escribiendo en el café gracias a que Honoka no dejaba de hablar de la vecina y su peculiar enamoramiento del mes. Con aquella oportuna condición, me vi en la necesidad de estar en ese lugar a la misma hora que la primera vez que vi a la jovencita de nombre Nozomi; pero no logre coincidir con ella en dos semanas seguidas y preguntándole a los meseros del lugar, me dijeron que ella o venia más temprano o más tarde que yo.

A falta del éxito recibido, decidí continuar con mi rutina con el pensamiento que aquel encuentro, la estrella de la inspiración que destello mi mirada, solo era eso, una estrella fugaz que vería una única vez en mi vida; pero, el destino siempre se ríe de los que intentan perseverar, un sábado la vi entrar a la cafetería con una señorita de baja estatura, ojos rojos y cabello negro suelto con una diadema en su cabeza; mientras que la roba sueños tenía su cabello trenzado y sujeto con una liga algo llamativa.

Al verla, un revoloteo de mariposas apareció en la boca de mi estómago. Era una sensación ni extraña ni agradable, era rara…

¿Qué tan idiota debo de ser a veces? Ni siquiera se porque comencé a venir a esta cafetería, siendo franca, Honoka a veces ni estaba en el departamento como para huir a esta cafetería todos los días para ver a una chica que había visto solo una vez en mi vida. Ni si quiera yo entendía por completo mis acciones, era un instinto casi primitivo el que me hacía gastar dinero todos los días para venir y desear verla aunque sea por unos segundos y ahora que la tengo cara a cara, yo… me siento tan tonta. ¿Qué se supone que esperaba al hacerlo? No tenía un plan, verla era lo único que tenía en mente cada vez que asistí a la cafetería y ahora que la tengo enfrente ¿Qué? No me siento satisfecha.

Quiero hablar con ella, conocerla, saber qué hace o no hace de su vida. No estar sentada enfrente de ella fingiendo que escribo una columna ficticia.

- Hola –sonó una aguda voz en sintonía alegre y amable.

Sacudí mi cabeza para salir de la cavilación en la que estaba y al levantar la mirada, vi con sorpresa y pena a la chica que había estado observando desde que entro a la cafetería.

- He notado que tiene la mirada perdida y no pude evitar pensar que tenías un problema –añadió la ojiverde cerrando brevemente los labios para proceder a comentar con una sonrisa- siento que algo no está bien ¿te sientes bien? ¿Qué paso? ¿Un problema de amor?

Mi corazón dio un vuelco ante aquellas palabras y no solo porque me había sorprendido si no porque… ¿sería eso? ¿Estaba enamorada como la tonta de Honoka? ¿No es muy temprano para eso?

- N-No… -apenas si pude responder y sacudí con velocidad mi cabeza- es solo… -mire rápidamente a mí alrededor en búsqueda de algo que me ayudara y vi a mi salvadora: la laptop- estoy teniendo problemas con mi columna, eso es todo.

- ¿Tu columna? –la chica alzo la ceja y frunció levemente le ceño- oh, entiendo –sin pedir permiso, se sentó enfrente de mí y mantuvo esa cálida sonrisa- tal vez pueda ayudarte, no eres quien para saberlo, pero soy buena encontrando ideas para escribir.

Debería ser un delito ser tan jodidamente adorable. ¿Quién en su sano juicio se acerca a una extraña porque la vio preocupada y aun así intenta ayudarla con sus problemas?

La pelimorada formo su boca en una "o" y rio un poco- vaya, que descortés, no me he presentado –inclino suavemente su cabeza y en el batir de sus pestañas casi sentí como mi corazón se salía de mi pecho- Soy Toujo Nozomi, un gusto en conocerte. ¿Cuál es tu nombre?

- M-Mi nombre… -apenas si procesaba bien cuando termino de hablar. Ya como un habito adquirido, sacudí mi cabeza y del estuche de mi laptop saque una pequeña tarjeta de presentación- S-Sonoda Umi, un placer.

- Oh –ella tomo la tarjeta y vi como leyó su contenido- así que trabajas para ese periódico y haces columnas, interesante –esbozo una mirada de asombro y asintió con la cabeza- ahora entiendo porque estas tan estresada. Tengo entendido que ese periódico es bastante exigente con sus trabajadores.

- ¿A-Así? –Bueno, aunque sea mi fachada estaba cubierta- bueno si –asentí rápidamente y ella guardo mi tarjeta de presentación- es algo exigente el editor, pero nada que no se pueda controlar.

- Eso no parecía hace un momento –ladeo su cabeza y juguetonamente golpeo su dedo índice contra su mejilla- Veamos, ¿Cuál es el tema de tu columna?

Fruncí un poco el ceño, la verdad no me había dicho nada el editor pero conociéndolo, lo más probable es que sería algo relacionado con la elevación de precios que se ha visto en las últimas semanas.

- La inflación –comente entre un suspiro pesado- no es especialmente interesante si te pones a pensarlo de esa manera.

- Puede serlo con el juego de palabras ideal –la chica miro hacia el techo y como si un rayo de luz viniera hacia ella, bajo la mirada y alzo su dedo índice y procedió a moverlo de un lado a otro- ¿Qué tal un título como "La inflación, lleno de aire como un globo pero este nunca explotara"?

La ojiverde sonó motivada y completamente segura de lo que acababa de decir, y yo solamente parpadeo un poco sin creerme el mal título que se había inventado.

Sin si quiera pensar evitarlo, una tenue risita salió de mis labios y persistió en lo que ella mostraba un puchero muy parecido al de la primera vez que la vi.

- Oye –se quejó y se movió de un lado para otro con ese adorable puchero- no puede ser tan malo ¿o sí?

- Solo un poco –hice énfasis juntando mi dedo índice con mi pulgar y aquella risa no cesaba- espero que no te dediques a esto, de veras.

- Que mala eres Umi-chan~ -puso sus labios como los de un pez y bufo- eres tan mala como Nicocchi.

Mi risa fue cortada con aquellos peculiares apodos- ¿Umi-chan? ¿Nicocchi?- hable desconcertada por lo rápido que entra en confianza.

- Nicocchi es la chica que estaba conmigo hace rato –se encogió de los hombros sin darle mucha importancia.

- ¿La de cabello negro? –Alce la ceja y revire detrás de ella- es cierto ¿Dónde está?

- Así que si me estabas viendo –musito lo suficientemente fuerte para que yo la escuchara- entonces, Umi-chan, deberías de ser más discreta si no quieres que te atrapen –se levantó de la mesa, dejándome más que sonrojada.

Ella… ¿lo supo todo este tiempo? ¿Por qué me hablo entonces?

- Aunque yo también me quedaría apantalla viéndote, no es correcto hacer eso para acercarte a alguien~ -su voz se volvió juguetona- pero tranquila, ese será nuestro se-creo-to –enfatizo cada palabra al inclinarse hacia mí y poniendo su dedo índice sobre sus labios- espero que nos volvamos a ver, Umi-chan –me sonrió a ojos cerrados y regreso a su mesa donde su amiga ya la esperaba para irse pues tenía la cuenta en su mano.

Pestañe como una ilusa sin creerme lo que había presenciado. No la escuchaba hablar, solo veía como la pequeña le reclamaba y esta se disculpaba con las manos. En unos segundos, nuestras miradas se encontraron y la pelimorada guiño el ojo para proceder a retirarse del establecimiento.


Tiempo después

Cuando conocí a Honoka, una amistad se formó de la noche a la mañana con su deslumbrante personalidad qué te atrapa y ni te deja ir, pensé que dicho acontecimiento solo sucedería una vez. Nunca he sido peculiarmente animosa en las relaciones personales; pero con Nozomi, todo fue tan fluido como un claro rio.

La solía ver principalmente en la cafetería, donde cuando estaba sola, compartíamos un par de charlas casuales y dos qué tres anécdotas donde detonaba su gran adición por molestar a la llamada "Nicocchi". Descubrí que se dedica a ser pasante en un laboratorio astrológico y trabaja de fin de semana como intendente en una escuela cercana a su prefectura. Tiene un gran amor por los misterios, las comedias, la astrología, bueno, es amantes de la literatura. No le gusta la comida dulce y el Yaniku es su cena predilecta.

Poco a poco, el esquema qué tenía de Nozomi se fue ensamblando en mi cabeza para así, formar la imagen de la persona que era ella. Alguien con un corazón traviesos pero que sabía querer con locura, a una manera particular.

Me encontraba fascinada con ella, su personalidad, su cara, su forma de batir las pestañas cuando te atrapa en sus juegos, su risa; todo de ella.

Mi inocente corazón latía cuando sabía que era hora de verla. Me apresuraba a la cafetería con la excusa de que tenía que escribir aunque siempre lo hacía en la noche para maximizar mi tiempo con ella y con tal de lograr ese objetivo, logre que nos viéramos en otros lugares cuando no podíamos vernos en la cafetería: la heladería, un restaurante, centro comercial, librería, biblioteca, cualquier lugar me parecía bien con tal de verla.

No solo mi ánimo se había visto beneficiado con la presencia de la pelimorada, sino que también en mi trabajo, logre entregar columnas buenas o lo suficientemente decentes para que mi editor no me exigiera más por un buen rato. Con Nozomi en mis pensamientos o incluso, hablando con ella, los temas y una resolución para mis columnas se vieron dotadas de un carisma interesante. Aludiendo a esa inspiración que ella me había proporcionado, comencé un libro fantasioso sobre el senderismo: aun eran ideas un poco difusas pero en su momento, platicando con la ojiverde, poco a poco mis ideas iban tomando forma.

Incluso Honoka, qué es alguien distraída, se dio cuenta en menos de una semana que había un particular brillo en mi mirada siempre que me encaminaba a la cafetería. Cuando me cuestionó por onceava vez, tuve que decirle la verdad.

Que me había enamorado a primera vista y me quedé por su manera de ser.

La pregunta insignia es ¿ella estaba interesada? Es curioso, en veces me daba esa impresión pero cuando menos pensaba, mencionaba a la rubia con la que la vi la primera vez y su tez cambiaba a una sonrosada. Ni tuve el valor de preguntarle si estaban saliendo, esa punzada dolorosa qué sentí en mi pecho cuando le enseñó una foto de las dos juntas y abrazadas, me lo confirmo.

Otra verdad a confesar, es esa desagradable sensación que dejaban los celos. Una molesta casi consigna. Quería buscar a esa rubia y hacerla desaparecer. Pero al no poder cometer semejante acto, solo me quedaba aguantar las ganas de golpear algo y escribir columnas sin sentido para desahogar el estrés.

Así como el amor primera vez experimentado, los celos vinieron a mí por indicación de la comanda amorosa. La que se llevó la peor parte fue Honoka, pues los días que no pude ver a Nozomi porque se encontraba con el enemigo, torture a la pelinaranja haciéndola saltar en una cuerda mientras decía el abecedario: de equivocarse, lo volvía a hacer pero con pesas en las piernas.

Me volví alguien irreconocible incluso para mí. Si quería verla, si ese deseo de ver su sonrisa me atacaba, iba a la cafetería vestida cual desconocido no sospechoso, y me sentaba a varias mesas frente a ellas para verla sonreírle a alguien que no era yo. Las veía de lejos, como sonreían y reían.

Era terriblemente doloroso, una cuchillada a mi corazón que recién amaba; pero ¿qué podía hacer? Nozomi tenía una relación con alguien más, no iba a insistir en un romance por más que mi más estúpido y primitivo pensamiento quisiese.

Cuando me di cuenta que no tendría un futuro, yo… Simplemente escape, me fui. Deje de verla en la cafetería cual estudiante recién rechazo e irónicamente ni siquiera le di la oportunidad de romperme el corazón para que eso sucediera.

Fui esquiva, ignore sus llamadas para reunirnos en la cafetería o en otros lugares. No importaba que tanto lo intentara, yo no le contestaba. Mi libro se pauso, las columnas de semanas atrás a la actualidad se congelaron y mi editor no dejaba de llamas por un nuevo escrito, ya cuando estaba en mi fecha límite, le daba algo irónico y sin chiste solo para que dejara de molestar hasta la siguiente entrega. Quería bloquear su número telefónico de Nozomi para dejar de ver su fotografía; pero simplemente no pude. Mi cerebro le ordenaba a mis manos a borrar el contacto pero mi corazón los detenía y me castigaba viendo su foto de perfil donde jugueteaba con sus mejillas.

¿Ignorarla era la mejor? A mi parecer, no podría dar una respuesta cierta. A lo único que podía catalogar como correcto en esos momentos era estar recostada en el sofá dándole fin a un bote grande de helado de chocolate.

- ¡El amor, el amor! ¡No deja de ser! –canto Honoka cual tonta enamorada. Estaba dando girando sobre si misma mientras hacía dicha acción.

Suspire cansada y negué con la cabeza- Si te llegas a caer, no me voy a hacer responsable de tus heridas- sacudí mi cuchara con residuos de helado y la pelinaranja dio una última vuelta en la cual casi se cae- ¿Qué te dije?

- Solo escuche tu voz de amargada, mas no sé lo que dijiste –se sostuvo contra la porta brazos del sofá- ¿ves? No me iba a caer.

Otro suspiro salió de mis labios- Como quieras –sacudí de nueva cuenta mi cuchara y un poco de helado cayó en la mejilla de Honoka.

- Ya ni disculparse es bueno –tomo con su dedo índice el residuo de helado y lo introdujo en su boca- no me gusta mucho esta marca –movió su nariz de un lado a otro y procedió a sentarse a mi lado- bien enojos Sonoda, ¿Qué te sucede ahora? –alzo la ceja dudosa.

Como si ella no supiera que es lo que me pasaba. Básicamente es culpa suya.

- Creo que estoy enferma… - masculle y deje caer mi cuerpo contra el sofá.

- ¿Qué tienes Umi-chan? –pregunto curiosa. O era buena actuando o de verdad no se había dado cuenta que todo era su culpa.

- Creo que tengo monogamia…

- ¿Disculpa?

Podría ser mi condición desolada o el simple hecho de que no quería hablar mucho; pero me erguí un poco para contestarle algo alterada- ¡Que tengo monogamia! ¡Me la contagiaste de tanto hablar de la vecina!

- ¿Enserio te enamoraste de la chica que ves en el café? –Asentí- ¿pero ella tiene pareja? –Repetí la acción- ¿pero porque dices que tienes monogamia si tú nunca has tenido pareja?

- Porque únicamente quiero estar con ella –con un suspiro, volví a la posición de reclinar mi cuello contra el sofá- quiero ser quien sostenga su mano, quien la haga reír pero…

- Pero esta con alguien más –termino de decir la pelinaranja por fin entendiendo de lo que estaba hablando.

Es buena amiga pero… A veces me gustaría que usara más la cabeza.

- ¡Exacto! –alce mi voz junto con mis manos que por fortuna habían dejado el bote de helado a un lado mío del sofá- Si por mi fuera, haría mi vida como si nada hubiera pasado, pero no puedo. Es como si me marcada tan profundamente que ya no me permitiera seguir con mi vida –al bajar mis manos, el dolor de recordar la situación volvía espantosamente.

- Solo tienes que respirar Umi-chan, no es el fin del mundo –con un cariño fraternal acaricio mi hombro, dándole un suave masaje.

- ¿Y que si lo es? –Conteste con seca ironía- No sé qué hacer. Es un fin del mundo bastante patético ¿no lo crees?

- Lo es si así lo deseas –sin dejar que su ánimo decayera, me dio unas palmadas en el hombro- ¿Por qué no sales un rato con la compañera de Kotori-chan?

- ¿Te refieres a Nishikino-san? –alce la ceja en duda.

Nishikino-san era la compañera de la vecina de la cual Honoka babeaba. No había tenido una conversación con ella más que de las formalidades de cuando nos encontrábamos en el pasillo. Únicamente hable con ella "profundamente" cuando tuve que ir por Honoka a pedir café porque la señorita uso todo el que teníamos para experimentar con un pastel que vio en redes sociales; la pelirroja me dejo pasar a su apartamento y en lo que buscaba el café platicamos de su profesión y un poco de la mía. Eso es todo.

- En efecto, se ve que podrían compartir algo en común –su sonrisa de gato no era peculiarmente agradable.

- No veo de que hablaría yo con una doctora siendo franca…

- Ambas son ratones de biblioteca, algo encontraran –asintió con energía.

Negué rápidamente con la cabeza- Aunque tuviéramos algo en común, no es justo buscarla con esa intención.

Lo admito, la chica es atractiva y su personal algo tsundere le da un toque especial; pero no es algo que me llame la atención. No al mismo nivel que Nozomi me tenía atrapada.

- ¿Por qué no? – Definitivamente esa sonrisa de loca no le hacía ningún favor a la ojiazul- No es que tu estés en una relación, bueno, solo en tu imaginación.

- No es gracioso… -masculle en un reclamo silencioso- Nozomi de verdad me gusta. No puedo sacármela de la cabeza.

- Te lo dije, tienes que respirar –Honoka imito un par de veces lo que debería de ser una respiración correcta. Esa sonrisa macabra desapareció de sus labios- no debes de preocuparte por cosas que no puedes controlar. "Después de todo, los ordenadores se estropean, la gente muere, las relaciones se rompen. Lo mejor que podemos hacer es respirar y reiniciar."(3)

- ¿De dónde sacaste eso? –alce la ceja dudada por la frase tan extraña.

- A Kotori-chan le gusta una serie que salía en 1998 y se me quedo la frase- al encogerse de los hombros se levantó del sofá- ve tu problema como una computadora; si no funciona, busca el problema y soluciónalo.

Con esas palabras se alejó de mí y camino hacia su habitación.

Al verla, parpadeo un par de veces por lo extraño que había sido la plática. Primero habla como una loca y luego como alguien normal… Lo único que pude sacar de esa plática fueron sus últimas palabras "busca el problema y soluciónalo".

Podría ser, que hay que atajar el problema de cara. Sujetar el toro por los cuernos.

Ser valiente, enfrentar estos sentimientos. Decirle a Nozomi mis sentimientos y que ella los aplastara para poder seguir adelante. Lo más probable es que no volvería a enamorarme en toda mi vida y que de seguro moriría sola; pero ¿saben qué? No importa, me moría con mi integridad completa, como una campeona. Una no invicta, pero al menos con el orgullo menos roto.

- Bien –me levante de golpe del sofá e ignore ese pequeño vértigo por hacerlo- lo hare, le diré todo lo que siento y no me importara que me rechace.

-Días después-

Bien, si alguna vez en mi vida llegue a pensar que confesarle a alguien tus sentimientos a sabiendas de que te va a romper el corazón, es fácil: me arrepiento completamente. Es la cosa más espeluznante del mundo, por no decir que podría morir en esos momentos y no me importaría con tal de evitarme el rechazo.

Había planeado algo simple: contacte a Nozomi para vernos a una hora en la cafetería en la cual sabía que no iba a ver mucha gente y aprovechando dicha ocasión, le diría mis sentimientos entregándole un pequeño ramillete de flores de origami.

Estando en la cafetería, no podía más que sentirme nerviosa y lo que le seguía. Llegue una hora antes, repetí mi bebida más de una vez, le di media vuelta al restaurante y conté los azulejos que estaban en el piso en un intento de que pasara ese sentimiento. Me repetí a mí misma el pequeño discurso que había elaborado para Nozomi con el fin de que no se me olvidara entre mi reburujo sentimental.

En la onceava repetición, la campanilla de la puerta se dio a escuchar y de la puerta emergió la mujer por la cual estos últimos meses han sido un sube y baja de emociones: Toujo Nozomi.

Entro al local con cierta seguridad hasta que nuestros ojos se cruzaron. Me sonrió encantadora como solo ella lo hacía y por un instante vi como su andar titubeo.

Era una tortura lenta verla caminar hacia mí. Mi corazón latía tan rápido que sentía que iba a salirse de mi pecho en cualquier momento y sin previo aviso.

- Es bueno saber que no te comieron los ratones –comento la pelimorada con una pequeña sonrisa- hola Umi-chan, ¿Cómo estás?

- bien… -imite su acción y vi como ella tomaba asiento enfrente mío- gracias por venir.

- no es problema, cuando quieras- se mantuvo serena, analizando mi lenguaje corporal- pero, me gustaría al menos saber por qué desapareciste por tanto tiempo.

Sin rodeos, así lo esperaba.

- yo…- tome aire en un intento de agarrar valor- es difícil de decir…

- Umi-chan –la pelimorada agarro mi mano temblorosa y le dio un leve apretón- tu mano esta helada, debes de estar muy nerviosa. Si es algo importante pero aun no puedes decirlo, entonces sabré esperar hasta que lo estés. Me conformo con saber si en este tiempo has estado bien –su sonrisa comprensiva me abrumo e hizo que me sintiera aún más nerviosa- ¿te parece bien?

Con su pregunta, negué rápidamente con la cabeza- no- conteste velozmente- debe de ser ahora… -con cuidado retire mi mano de la suya y se mostró un poco sorprendida.

De nueva cuenta, llene de aire mis pulmones: aquel discurso que prepare con antelación y había repetido del día se fue completamente de mi cabeza. Intente que volviera aunque sea palabras claves de aquel discurso pero no, este nunca apareció. Mi mente era una laguna turbia, no permitía que se veía mas allá se los movimientos del agua.

Solo me quedaba una opción, que mi corazón trasmitiera las palabras hacia ella.

- tengo… -suspire y cerré los ojos- tengo sentimientos por ti, Nozomi –escuche un pequeño jadeo de su parte- no de la manera amistosa que me gustaría, si no de esa que te hace anhelar tomar la mano de tu ser amado, estar a su lado el resto de su vida y crecer juntos como personas –no quise abrir los ojos para así evitar ver las reacciones que de seguro le estaba causando- me gustaste desde la primera vez que te vi; pero me enamore de ti con cada convivencia, con tu forma de ser, tu todo. Sé que tienes una relación con alguien y no tengo derecho a decírtelo pero… no podía estar con esta situación, con la inquietante sensación de mi corazón al verme cohibida de decirte lo que siento.

Termine mi confesión, parecía simple pero estaba cargada con una enorme cantidad de sentimientos. Mi corazón latía demasiado rápida, tanto que no solo se iba a salir de mi pecho, si no que al hacerlo, su única misión era buscarse otro anfitrión pues yo ya no le seria de utilidad; mis mejillas se sentir calientes al igual que mis orejas; temblaba del miedo pero a su vez estaba preparada para que me saboteara y se fuera por mis atrevida palabras.

Pero no recibí nada de eso, sino que, de nueva cuenta, sus manos tocaron las mías y les dieron un apretón. Abrí los ojos con cierto temor y la encontré sonriéndome comprensiva.

- "Hay muchas clases de sentimientos, pero es necesario convertirlos en palabras para que se entiendan" (4) –con un apretón pestañeo y suspiro- te agradezco que fueras sincera conmigo, ahora puedo entender porque te alejaste de mi lado- otro suspiro salió de sus labios- te doy las gracias por tus sinceras palabras, sé que, tus sentimientos son inocentes y honestos –asintió suavemente con su cabeza- en otro momento, en otro mundo, sería la mujer más feliz de aceptarlos pues eres una persona especial y que merece ser amada de esa misma manera; pero por lo mismo, no podría aceptar tus sentimientos en esta ocasión. Amo a Elicchi, con todo mi ser y yo… -tomo aire, analizando sus palabras- lo siento pero no…

- Eso lo sé –me atreví a interrumpirla. Aguante todo lo que pude para no mostrar ninguna lagrima pero aun así, pocas lagrimas salieron de mis ojos-sé que no puedes corresponderme, sé que esto no podría ser y siendo francas, sé que tampoco en otra vida sería pero aun así quería decirlo, quería liberar todo lo que sentía… yo –libere mis manos de la suya y me levante de mi asiento- lamento incomodarte, me iré…

- Quiero que sigamos siendo amigas –interrumpió posando su mano sobre mi hombro cuando se levantó- eres extraordinaria y una excelente amiga. Concordamos en muchas cosas y yo…

- Sera difícil, Nozomi –dije con una voz apagada y entrecortada. Al mirar a la pelimorada, estaba un tanto sorprendida- quiero decir, no es por ti, solo… quiero recuperarme de esto ¿sí?

- Umi-chan…

Sin darle oportunidad de réplica, me fui, camine sin mirar atrás. A cada paso que iba dando, las lágrimas corrían por mis mejillas. Me sentía impotente, sí, yo lo había pedido, quería aquello en algún momento, pero no imagine que ni por un segundo que sería tan doloroso.

- Incluso se me olvido darle su regalo… -reí sin ganas al detenerme en un callejón a respirar- que idiota…

Tal vez, solo tal vez, el tiempo pueda arreglar mi roto corazón; mientras tanto, aquel sentimiento de derrota seguiría persistente en mí.

Así como el día tiene su final, mi inspiración se cortó. Aquella que había mantenido mis escritos en altos, se perdió. Sin retorno, ni esperanza que volviera. La distancia que nos dividía se había vuelto un café; uno que nos unió y a su vez, dio por terminado lo que en mi mente solo empezó.


Aclaraciones:

1: Historias de Genki: considerada por muchos la novela más antigua de la historia, escrita por Murasaki Shikibu alrededor del año 1000.

2: Yasunari Kawabata, escritor japonés y ganador del premio Nobel de Literatura en 1968.

3: Frase sacada de un capitulo de Sex and The city

4: Frase muy conocida de la diosa de la friend-zone, Tomoyo Daidouji de Sakura Card.

No sé si se dieron cuenta, pero quise escribir un tipo de romance un tanto infantil por parte de Umi. Bueno, es una chica madura y todo, besto waifu, pero no deja de ser su primer enamoramiento y quería que fuera algo infantil y caprichosa con respecto a Nozomi. Si bien, no tomo mal lo que le dijo Nozomi, pues es difícil para una primeriza aceptar que queda en amistad ¿verdad? Si para una persona "experimentada" es pesada, imagino que es peor para alguien como Umi.

Este es otro fanfic traído gracias al buen amigo Dyeson. Espero que te haya gustado.

Debo admitirlo, me dolió en el alma poner a Umi sufriendo, fue… algo doloroso; pero quise esforzarme en salir un poco de mi zona de confort. Fue algo difícil, tanto porque no estoy acostumbrada al género como porque la pareja es algo discordante. Me llama mucho la atención, eso sí, solo quería encontrar un punto medio entre lo que quería hacer y como yo interpretaba la pareja. Espero que haya sido de su agrado uwu.

¡Muchas gracias porque llegaste hasta aquí! ¿¡Te han dicho que eres súper especial!? ¡Pues lo eres!

¿Qué tal si demuestras lo especial que eres dejando un review y compartiendo tus historias favoritas con tus seres queridos?

De nuevo, muchas gracias, por ti son por la que seguimos escribiendo ¡gracias!