Enséñame
Harry tenía pánico escénico. Así lo llamaba Hermione. Odiaba aparecer en público, los eventos del ministerio solían ser una tortura. Pero este, este en concreto...
— ¿Qué te pasa?
Levantó los ojos de su plato y se encontró con que era el último en la mesa.
O casi, a su lado se sentaba ese maldito que olía increíble.
— Llevas rato mirando el plato. Tu primera clase está a punto de empezar.
— Enséñame a bailar.
Malfoy lo miró sorprendido.
— Tú conoces todas esas cosas. Tengo que ir a un maldito baile y me tiembla todo de pensarlo.
— Vale.
— ¿De verdad?
— Con una condición.
Harry suspiró. Serpiente un día, serpiente para siempre.
— Dime.
— Llévame.
— ¿Disculpa?
— De pareja, a ese baile.
Bajo la piel morena se extendió un sonrojo, pero asintió. Aprendería a bailar y gozaría de ese olor un poco más.
Tuyo
Las clases de baile eran una tortura. No por Draco, el hombre tenía una paciencia infinita, sino por su olor. El olor de Malfoy despertaba a la criatura que Harry llevaba dentro, a esa que había aprendido a ignorar con maestría.
Esa que cuando estaba entre sus brazos quería frotarse entera contra el rubio y ofrecerle el cuello. ¿El problema? Que su profesor no mostraba el más mínimo interés y que Harry estaba harto del lloriqueo que repetía en su interior "Tuyo" como un soniquete patético.
Creí que podría cambiar
— Creí que podría cambiar —dijo, con la cara escondida entre las manos.
— No puedes cambiar tu naturaleza, Harry —le recordó Hermione con paciencia.
— Ayer me pasé la clase tan alterado que seguro que Malfoy pensó que se me está yendo la cabeza. No voy a ir a esa fiesta. No voy a salir de esta habitación nunca más.
— Cariño, eso no es realista.
— Me da igual. Tú eres la jefa, despídeme —suplicó lastimeramente.
— Yo me ocupo, Granger —dijo otra voz, aunque ninguno de los dos había sentido a Malfoy entrar.
Hermione miró a Draco y luego a Harry. Y salió de la habitación con una pequeña sonrisa.
Me debatí mucho en esta historia intentando precisar si ambos eran criaturas o no. Me sugirieron que Draco no lo fuera, y por eso no reaccionaba como Harry; también me sugirieron que Harry podía ser un lobo y Draco un vampiro. No está cerrado, podéis imaginar lo que queráis.
Esto no llegue a publicarlo, pero creo que os puede gustar:
— Los rumores dicen que eres un adulto.
— Déjame en paz, Malfoy.
— Mírame, Potter.
Apretó los dientes, tratando de negarse a obedecer. Era un hombre, no un lobo gimoteante. Llevaba mucho tiempo domando a su criatura y no iba a ceder, no iba a...
Draco se agachó, apoyando las manos en sus rodillas y buscando sus ojos.
— Harry... —le murmuró— me prometiste llevarme a esa fiesta.
— ¿Por qué quieres ir? No me necesitas para ir a esos sitios.
— Porque quiero ir contigo.
— ¿Por qué?
— ¿No lo sabes?
— Ya me siento bastante patético, no hace falta que te burles de mí.
— No me burlo de ti. A veces olvido que no nos han educado igual.
— No entiendo.
Harry no era consciente de que se estaba inclinando hacia delante, atraído por los hipnóticos ojos grises y la voz calmada e imponente. Hasta que Draco habló sobre sus labios.
— El baile es un ritual de apareamiento. Tú lo iniciaste al pedirme que te diera clases. La fiesta me da igual, yo lo que quiero es tenerte cerca.
Las últimas palabras, dicha con voz ronca, hicieron que Harry perdiera la cabeza, se inclinara y le besara, llenándose la nariz con su olor.
