La lluvia en el exterior se había intensificado.

- ¿Estamos seguros de querer hacer esto? – Preguntó Tucker.

Estaban fuera de la habitación, solo él, Sam y Jazz. Vlad, Danny y Danielle se habían quedado dentro del cuarto descansando y compartiendo toda la información necesaria para la próxima vez que se enfrentaran a Dan.

- Claro que no. – Respondió Jazz. – Pero no tenemos opción.

- Eso se está volviendo una constante. – Susurró Sam.

Tucker se quitó la gorra para rascarse la cabeza. Otra vez, Jazz tenía razón. Paulina estaba detrás de ellos, con la cabeza hacia abajo. Su curiosidad le exigía hacer preguntas, pero no estaba segura de querer saber las respuestas… y con todo lo que había estado pasando, tal vez ni siquiera quería preguntar.

- Bien. Pero necesitaré algo más potente que mi Tablet.

La chica latina levantó la mirada y se topó con los tres viéndola.

- ¿Qué? – Fue lo único que pudo decir.

- ¿Tienes una computadora que me prestes?

- ¿Para qué? – Preguntó con cautela.

- Necesito contactar a Valerie, pero necesito establecer una conexión segura y encriptada si deseo que nadie nos pueda rastrear de vuelta hasta…

- ¿La tienes o no? – Interrumpió Sam.

- ¿Valerie? – Ignoró la pregunta de la gótica. - ¿Para que necesitan a Valerie?

- Ella nos puede ayudar… creo. – Tucker se rascó la barbilla.

- ¿Cómo?

- ¿Vas a hacer más preguntas? – Preguntó Jazz empezando a irritarse.

- ¿Estás seguro de que es la mejor opción? – Preguntó Sam a Tucker. - ¿Qué tal si también la espían a ella?

- Supongo que es un riesgo que debemos tomar… ¿Qué otra opción tenemos?

- ¿Y si hackeas su teléfono… o alguna cuenta personal de ella en la red para dejar un mensaje?

- Si la están vigilando, igual se van a enterar.

- Pero no creo que lo hagan. – Ahora habló Jazz. - Si conocieran su identidad, habrían hecho algo hace tiempo.

Al verse ignorada otra vez, Paulina sacó su celular del bolsillo de sus pantalones y lo desbloqueó. Tocó la pantalla algunas veces y se lo llevó a un oído.

- Además se trata de los Homb… ¿Qué estás haciendo? – Preguntó Jazz al verla llamando.

- Querían hablar con Valerie, ¿no? Pues le estoy llamando…

- ¡No puedes hacer eso! – Gritó Tucker alarmado.

Intentó acercarse a ella para quitarle el teléfono, más Paulina extendió su mano para alejarlo. Colgó antes de que entrara el buzón de voz y Sam le arrebató el teléfono en ese instante.

- ¡Devuélveme eso, Manson!

- ¡¿Qué no ves que nos están siguiendo?! – Dijo histérica. - ¡Hacer llamadas podría ocasionar que…!

- ¡Corrección! – La interrumpió Paulina. – Los buscan a ustedes. Por lo que yo puedo hacer lo que quiera con mi teléfono.

De un manotazo, se lo quitó a Sam de las manos y rápidamente empezó a escribir. Las palabras de la chica los enmudeció. Sam se cruzó de brazos mientras observaba que Paulina seguía escribiendo en el celular.

- ¿Qué haces? – Le preguntó.

- No contesta las llamadas… pero los mensajes los puede ver sin necesidad de responder. – Le respondió sin levantar la mirada. - ¿Algo en específico que quieran decirle?

- Si. Dile que… - Empezó Tucker.

- Dame acá. – Sam le volvió a quitar el teléfono.

Se puso de espaldas para que no intentara quitarle el teléfono otra vez y empezó a escribir un texto con el que se aseguraría de que la chica vendría.

- Pídele que traiga todas sus armas. – Comentó Jazz.

- Y el traje. Que no olvide el traje. – Añadió Tucker.

La mente de Paulina se bloqueó. ¿Acaso habían dicho armas? ¿Cómo en… armas de fuego? Sam se dio media vuelta y le devolvió el teléfono. Paulina rápidamente buscó el mensaje enviado.

- Entonces ahora solo queda esperar y… - Tucker volvió a ser interrumpido.

- "Si quieres venganza, ven a mi casa y sé discreta. El responsable de arruinar tu vida está aquí." – Paulina leyó en voz alta el mensaje y luego miró a Sam con curiosidad. - ¿Qué demonios significa eso?

- Significa que Valerie definitivamente vendrá. – Respondió Tucker.

- Y que necesitamos un plan de contingencia. – Añadió Jazz.


Maddie y Jack seguían viendo la transmisión de las noticias en el pequeño televisor de la cocina. Sin importar el canal que sintonizaran, en todos se mostraba la historia oficial de que su hijo era un no solo un criminal, sino un asesino. Llevaban horas en silencio, viendo a agentes entrar y salir de su domicilio sin poder hacer nada, acusando a su hijo de muchas cosas sin la posibilidad de defenderlo. Lo que más les dolía era que Danny había ocultado esa parte de su vida de ellos. Y no solo eso, puesto que ahora Jazz también estaba en el ojo del huracán solo por ayudar a su hermanito.

El sonido de la lluvia acompañaba las palabras que salían del televisor y que provenían de otras partes de la casa. Sin ganas, Jack tomó el control y apagó la televisión. Su esposa le regaló una débil sonrisa y él apretó gentilmente su mano. El breve momento fue interrumpido cuando un estruendo se escuchó en las afueras de la casa. Observaron a muchos agentes movilizándose afuera del domicilio, y ellos los siguieron con cautela.

Cuando se asomaron por la puerta principal, observaron su vehículo familiar chocado contra unos vehículos que formaban parte de la barricada que había alrededor de su casa. Había oficiales apuntando hacia el vehículo de todas las direcciones, mientras que algunos agentes se acercaban hacía la puerta del conductor y las puertas traseras.

- … as por viajar con los Fenton.

Escucharon al Jack automático decir mientras la figura empezaba a desinflarse. Abrieron todas las puertas y con señas dieron a entender que el auto estaba vacío.

- ¿Hay forma de saber a dónde fue el vehículo? – Les preguntó L caminando frente a ellos con una sombrilla cubriéndolo de la lluvia.

- Si. – Respondió Jack.

- Pero nuestros hijos también lo saben, por lo que no creo que hallen algo útil. – Explicó Maddie.

- Nosotros seremos quienes juzguen eso.

L se perdió dentro de la casa, dejándolos en la puerta con la mirada cabizbaja. Jack alzó su mirada un poco hacia los edificios aledaños, y notó que algunos de sus vecinos, por no decir todos, los estaban observando desde su ventana. Le costó poco percibir la hostilidad en algunas miradas que les estaban dedicando.

- Ven, Maddie… Busquemos algo de comer.

L bajó hasta el laboratorio, donde estaba intentando establecer una conexión por videoconferencia con algunos miembros de su edificio central. La pantalla seguía mostrando estática y el audio se escuchaba entrecortado. O lo vio venir y se acercó a él, mientras que K movía algunos cables detrás de la pantalla.

- ¿No hay conexión?

- La lluvia complicó la comunicación con la central. – Explicó O.

L solo asintió y se aclaró un poco la garganta.

- El vehículo de escape fue encontrado vacío. Según los Fenton, la bitácora de viaje de la camioneta no nos será de utilidad.

- Seremos nosotros quienes juzguen eso. – Respondió O.

L sonrió ante la respuesta y K logró recuperar la conexión. La atención de ambos se redirigió a la pantalla, mientras que K se unía a ellos con el control en la mano, subiendo el volumen del dispositivo.

- ¿Pueden oírnos? – Preguntó K.

- Fuerte y claro. – Respondió el operativo del otro lado de la pantalla. – Lo redireccionaré al prisionero 0.

El operativo oprimió unos botones y la imagen cambió. Ahora se veía una habitación acolchada y blanca, en donde estaba cautivo un hombre. Usaba un chaleco de fuerza, tenía la piel pálida y mostraba algunos signos de envejecimiento. Tan pronto tuvo una imagen de ellos, el hombre empezó a reír.

- Oficiales… ¿a qué le debo el placer de su digital visita?

- Somos operativos, no oficiales. – Dijo K.

- Papa, patata… es igual.

- Necesitamos consultarte en algo.

- ¿Y por qué habría de ayudarlos? – Sonrió.

- Porque el monstruo que buscamos es una amenaza para todos, tú incluido.

- ¿Monstruo? No veo como podría ayudarlos en ese caso… yo me especializo en…

- ¿Reconoces a este fantasma? – Lo interrumpió O.

Freakshow acercó su rostro a la pantalla para observar de cerca la imagen. En la pantalla apareció una toma magnificada y mejorada de Dan, tomada durante la transmisión en vivo del noticiero durante la pelea con Danny. Era la mejor toma frontal que habían conseguido de todo el metraje de la transmisión y, aunque no se podían apreciar muy bien las facciones, si mostraba los detalles de su traje.

- Mmmm… No. Nunca lo había visto.

Los operativos se miraron entre ellos sin ninguna emoción aparente.

- Pero… ¿podría hacer zoom en su cabeza? – O hizo lo que le dijo. – Interesante.

- ¿Qué es lo interesante?

- Esa parece ser la corona de fuego. – Se separó de la pantalla. – La historia dice que el poseedor de la corona de fuego obtendrá poder ilimitado, siempre y cuando se use en conjunto con el anillo de poder.

- Espera. – Dijo K mirando pasando entre las fotos de la galería, hasta que encontró una donde la mano izquierda era visible. - ¿Hablas de este anillo?

Freakshow miró el anillo en la imagen y frunció el ceño. Incluso él sabía que eso eran malas noticias.

- Desafortunadamente sí. Pero no entiendo…

- ¿Qué cosa? – Preguntó O.

- Ambos artículos solo pueden ser utilizados por el rey de los fantasmas.

- ¿Nos dices que este es el rey de los fantasmas? – Dijo L.

- Todo lo contrario. Ese no es el rey.

- ¿Cómo puedes estar seguro?

- Durante la crisis fantasma de Amity Park, el rostro del rey fue visible en el gran domo verde. Pero no son los mismos.

La conexión empezó a fallar otra vez, al tiempo que la lluvia incrementaba su fuerza. Los tres hombres se miraron sin decir nada, pero entendiéndose entre sí. Una de las principales razones de su vigilancia permanente sobre Amity Park había sido ese incidente, cuando toda una ciudad fue transportada hacia la zona fantasma. Eso complicaba aún más las cosas. Realmente necesitaban atrapar al chico fantasma para obtener respuestas.


Valerie llegó empapada a su departamento caminando con la mirada perdida en ningún punto en particular del suelo. Dejó las llaves sobre la mesita cerca de la puerta y caminó hasta el pequeño comedor, donde jaló una silla y se sentó. Sabía que debía cambiarse de ropa si no deseaba enfermarse, pero poco le importaba eso en ese momento. Su mente daba vueltas en el mismo punto desde la mañana. Primero el laboratorio de Vlad, luego la explosión, la aparición en el cielo, la pelea, la revelación, la persecución…

Era demasiado por procesar. Estaba exhausta mentalmente y aún no pasaba del medio día. Colocó sus codos sobre la pesa y apoyó su cabeza sobre sus manos. Inhaló profundamente y exhaló toda la frustración que se estaba acumulando en ella. Recordó que le había prometido a su papá avisarle cuando llegara a casa, por lo que sacó su celular del bolsillo del suéter que estaba usando. Sonrió al ver el celular completamente mojado, pues recordó lo mucho que su papá le había insistido en comprar uno que fuera resistente al agua.

Abrió la marcación rápida de su teléfono e hizo una muy breve llamada con su papá. Intercambió unas pocas palabras con él y con la misma colgó. Se quedó observando la hora en su celular por un momento, hasta que se bloqueó. Lo volvió a prender para observar la barra de notificaciones y se dio cuenta que quien la había llamado mientras andaba por la calle había sido Paulina.

Se extrañó en sobremanera, pues no sabía que ella aún tenía su número. Claro, habían sido amigas en el pasado, pero eso había cambiado desde su caída de gracia. La mayoría de chicos populares había dejado de hablarle desde ese entonces, salvo por Kwan y, en ocasiones, Estrella. Pero asumió que Paulina había eliminado su número minutos después de que se había enterado que ya no era rica.

Cuando notó la multitud de mensajes que tenía, también de la latina, una parte de ella pensó en ignorarlos. No estaba de humor para tratar con Paulina, sin importar lo mucho que había cambiado en los últimos años por… bueno, en realidad nadie sabía por qué lo había cambiado tanto. Pero la insistencia que demostraban los 15 mensajes que tenía picaron su curiosidad.

Leyó los primeros mensajes con total arrepentimiento. Solo era la clásica Paulina demandando atención de todo lo que se moviera. Deslizó el dedo por la pantalla para pasar todos los "¡CONTESTA!" que le había enviado, hasta que se topó con el último mensaje. Sus facciones se endurecieron al instante. Sus intentos por mantener la cabeza fría, ser racional y pensar mejor las cosas cuando leyó el mensaje.

Dejó el teléfono sobre la mesa y corrió a su habitación. Sacó una maleta de su closet y la dejó abierta sobre su cama. Poco a poco, la fue llenando de todas las armas que tenía ocultas en su habitación. Se puso su traje y empezó a colgarse aquellas armas que no entraron en su maleta. Miró por la ventana y vio que la lluvia había empeorado, lo que le dio un breve momento de claridad para analizar lo que estaba a punto de hacer.

Se quitó el caso y observó la calle afuera de su departamento. Sus manos tenían un ligero temblor, lo que sucedía cuando se sentía un poco ansiosa. Tenía que ir. Pero luego estaba la otra cara de la moneda: ¿por qué estaría el chico fantasma… Danny en su casa?

Pero también estaba el hecho de que ella siempre hizo público su desprecio por el chico fantasma. Le recordaba que había destruido su vida en cada oportunidad que tenía, y tal vez, Paulina le estaba ofreciendo una oportunidad única para por fin tener paz mental.

Aunque si lo pensaba bien, ¿por qué Paulina le entregaría a Danny Phantom si ella estaba enamorada de él? Tal vez se llevó la peor decepción de su vida al enterarse de que solo se trataba de Fenton y quería destruirlo junto a ella. Pero Paulina había empezado a pasar mucho tiempo con Danny al final de su tiempo juntos en la Secundaria Casper.

Además, estaba la situación con Danielle, quien siempre abogaba por la inocencia y bondad de su "primo". ¿Y qué demonios era ellos dos al final de cuentas? Ambos resultaron ser mitad fantasmas… ¿Acaso Jazz también tenía poderes?

Tenía demasiadas preguntas y solo una forma de obtener respuestas.


- ¿Cómo está tu garganta?

La pregunta de Danny agarró a Sam desprevenida. Después de ponerse de acuerdo con los demás, se distribuyeron por toda la casa de Paulina y Sam terminó vigilando a Danny. Estaba sentada en una silla junto a la cama, mirando algún punto en el tocador frente a ella mientras, inconscientemente, se acariciaba el cuello con los dedos de su mano derecha. Detuvo el movimiento y volteó a ver a Danny.

- Está… mejor.

- ¿Te duele?

- No, solo… - Bajó la mirada al piso. – Es como si tuviera algo atorado.

- Sé cómo se siente. – Sonrió levemente.

Sam sonrió, pero sin voltearlo a ver.

- ¿En qué piensas?

Ella guardo silencio antes de responderle.

- Todo. Nada. – Negó con la cabeza. – Y al mismo tiempo.

Danny odiaba cuando ella se ponía toda criptica. ¿Por qué le costaba tanto abrirse? ¡Y con él! Se supone que puedes confiar en tu novio, ¿no? Su soliloquio mental se interrumpió cuando Sam se explicó.

- Estaba pensando en mis padres… - Dijo echando su cabello hacia atrás. – Deben estar furiosos.

- Lo lamento. – Dijo estirando la mano para tomar la suya.

- ¿Por qué? – Sam lo miró sin entender el motivo de sus disculpas.

- Pues… supongo que no les agrada el hecho de que salgas con un asesino prófugo de la justicia.

- Antes que nada… ellos no saben que salimos. – Se movió en la silla para verlo de frente. – Además de que no eres un asesino, Danny. Dan mató a esas personas, no tú.

- Eso no es lo que están diciendo.

- La verdad siempre sale a la luz, Danny. Tranquilo.

- Es por eso que no estoy tranquilo, porque la verdad salió a la luz. – Bromeó.

Sam rio sin ganas y le apretó la mano. Danny se quedó mirando sus manos.

- Es irónico. – Dijo ella. – Ayer fuimos a tu casa hablando sobre el futuro… y ahora ni sabemos si tendremos uno.

- Oye… saldremos de esta. – Le aseguró mientras acariciaba su mano con el pulgar.

Era difícil creer sus propias palabras en momentos como ese. Pero alguien tenía que ser el optimista en momentos donde nadie veía alguna salida. Generalmente ese trabajo era de Sam, por lo que ahora era su turno. "Al menos alguien saldrá de esta." Estuvieron unos segundos más en un cómodo silencio, hasta que Danny volvió a hablar.

- ¿Ya no estás enojada?

Sam volteó a verlo y se topó con los ojos de cachorro de Danny. No pudo evitar sonreír y negó con la cabeza.

- Por supuesto que sí. Pero no contigo.

- ¿A no? – Ahora estaba confundido.

Sam soltó la mano de Danny y se cruzó de brazos. Se reclinó sobre su silla y miró al techo.

- Estaba molesta conmigo misma.

- ¿Por qué?

- Porque… dejé que mi parte emocional tomara el control sobre mi parte racional. – Dijo cerrando los ojos. Si pretendía estar sola, sería más fácil expresarse. – Cualquier escondite era bueno. Si nos hubieras mandado a un basurero, no dudaría en entrar. – Sonrió.

Danny también sonrió, dejándose llevar por la narración de Sam.

– Pero cuando la vi… todo regresó a mí en un instante: los insultos, las críticas, las miradas, la cachetada…

- Espera… ¿qué?

- Y cuando ella señaló lo evidente… simplemente me enfureció. – Abrió los ojos y lo volteó a ver. – Digo, sabes que las cosas van mal cuando Paulina es la madura y racional en la historia, no yo.

- Si, pero ¿podemos regresar a esa parte de…?

- Fue más una cuestión de orgullo… pero estoy trabajando en ello. Es decir, aún la desprecio, pero al menos no tengo el deseo de desollarme por entrar en contacto con sus cosas… ni me molesta el que sea ella quien nos ayude.

- ¿Te cacheteó? ¿Cuándo?

Sam guardó silencio cuando se dio cuenta que había hablado de más. Cerró los ojos por un momento y, cuando los abrió, Danny la miraba expectante. Tenía una expresión entre enojo, sorpresa y preocupación.

- Fue hace años.

- Sam…

- Y me hice cargo de eso en su tiempo. No tienes…

- ¿Por qué no me dijiste…?

- Danny, alto. – Sam levantó la mano en el aire justo cuando la iba a interrumpir. – Puedo ocuparme de ella.

- Pero…

- No. – Lo volvió a detener. – Ahora iré por algo de agua. Vlad se tomó toda.

Tomó 2 vasos del tocador y después salió del cuarto. Danny se quedó mirando el techo, preguntándose cuándo había pasado eso y dónde estaba él cuando pasó eso.

Cuando Sam llegó a la planta baja, observó a Jazz y a Vlad mirando el televisor. Las noticias seguían hablando pestes de Danny y manchando la reputación de todos. Observó a Tucker en el comedor, sentado en la mesa dentro de la cocina y sumido en la computadora frente a él. Entró a la cocina y caminó hasta el grifo y llenó ambos vasos.

- ¿Qué haces? – Dijo tomando un poco de agua.

- Alguien intenta reactivar las cámaras de seguridad en las calles.

- ¿Y eso no es bueno?

- No cuando eres un prófugo.

- Pero no estamos fuera. Creo que por seguridad sería mejor si dejas que las activen…

- No es necesario. – Comentó Vlad desde la sala. – La junta de la ciudad otorgó el control de la situación a los Hombre de Blanco. Todas las fuerzas de seguridad están desplegadas en las calles… por si lo que te preocupaba eran crímenes menores.

- Pero…

- Oye, no fue mi idea. – Se justificó Tucker señalando a los dos en la sala.

Sam guardó silencio y tomó otro trago de agua. Observó a Paulina salir de la habitación de huéspedes de la planta baja, probablemente estaba con Danielle. Iba hablando por teléfono en voz baja con alguien, y subió las escaleras con un vaso de agua.

- ¿Con quién habla? – Dijo señalando a la latina.

- Con alguien de su familia. – Dijo Tucker regresando su vista al frente. – Por la voz que escuché, creo que su papá.


Paulina colgó el celular y lo guardó en su bolsillo. Su papá a veces podía ser demasiado sobreprotector, pero en este caso, lo podía entender. Después de mucho convencimiento, logró evitar que regresara ese mismo día a casa y cancelara sus vacaciones por su aniversario.

Se detuvo en el pasillo, a unos pasos de la habitación de sus padres. Miró hacia atrás para asegurarse de que no había nadie. Suspiró y caminó al interior del cuarto, donde Danny la volteó a ver. Ella le regaló una ligera sonrisa y él se limitó a fruncir el ceño ligeramente. Ella rompió el contacto visual y se apuró a dejarle el vaso con agua junto a la cama. Posteriormente decidió salir del cuarto.

Danny quería decirle muchas cosas, empezando por: "¿Le diste una cachetada a Sam?" Y de esa pregunta se derivaban muchas más, pero sabía que no era el momento para exigir respuestas, sino…

- Gracias. – Hizo una pausa. - Por ayudarnos.

Paulina se dio media vuelta para verlo. Se recargó en el marco, se cruzó de brazos y le sonrió.

- Es lo menos que podía hacer. – Levantó sus hombros. – Tú… siempre nos salvabas y protegías antes. Especialmente a mí.

No sabía por qué, pero Paulina empezó a sentirse algo tímida en la presencia de Danny. Tal vez la revelación de que se trataba de un héroe la hacía sentir algo pequeña junto a él. Aunado al hecho que por mucho tiempo tuvo un enamoramiento secreto con… ahora, ambas partes de él.

- ¿Entonces no crees en todo lo que están diciendo?

- Yo creo que… - Paulina bajó la mirada, seleccionando sus palabras cuidadosamente. – … que alguien que nunca usó sus poderes para vengarse de quienes lo atormentaban en la escuela, no sería capaz de esas cosas.

Ella subió la mirada y Danny notó la sinceridad en sus ojos. Le regaló a la chica una sonrisa débil que Paulina le devolvió, esta vez con un ligero rubor.

- Gracias. – Desvió su mirada al techo, algo incómodo por la mirada de Paulina. – Aunque decir "nunca" sería algo… inexacto. – Bromeó.

Paulina se rio en voz baja y dejó pasar el momento. Ambos estuvieron en silencio por unos segundos.

- Danny. – Cuando tuvo la atención del ojiazul, preguntó. - ¿Por qué vieron aquí?

- Necesitábamos pensar en el último lugar de la tierra en donde nos buscarían. – Admitió.

- Vaya. – Le respondió con una sonrisa y bajo la mirada al piso. - ¿Tan mala fui con ustedes? – Bromeó.

- No… yo no… bueno sí, pero… Sí. – Concluyó cuando supo que no podía suavizar las cosas.

- Esta bien. – Confesó algo avergonzada. – Es verdad.

- Especialmente con Sam… - Danny empezó a guiar la conversación.

- Si, bueno… - Acomodó un mechón de cabello detrás de su oreja. – Ella tampoco es tan buena que digamos. – Susurró mientras se acariciaba la nariz ligeramente.

Danny observó la reacción de Paulina y quedó algo extrañado. Sin decir una palabra más, ella se enderezó y se perdió en el pasillo. Caminó hasta entrar a su cuarto y se acercó a su closet para buscar algo. Cuando lo encontró, tomó el pedazo de tela y salió de su cuarto. Al cerrar la puerta, notó a Sam recargada en la pared frente a ella, con los brazos cruzados y una expresión seria.

- ¿Pasándola bien?

Paulina solo puso los ojos en blanco.

- ¿Cómo podría? Tú estás aquí.

Sin darle tiempo para responder, Paulina le arrojó a la cara la tela negra que tenía en la mano y se cruzó de brazos. Confundida, Sam se quitó de encima la tela y la extendió frente a ella. Se trataba de un mallón negro. Levantó una ceja y miró a la chica, quien solo resopló.

- Tu amigo dijo que tuviste una situación con tu falda.

Sam apretó la tela en su mano y desvió la mirada. "Te voy a matar, Tuck". Justo en ese momento, un fuerte ruido se escuchó en toda la casa. Paulina y Sam compartieron una mirada extrañada antes de bajar juntas por las escaleras. Mientras tanto, en la planta baja Jazz ocultaba detrás de ella a Vlad y junto a Tucker, intentaba tranquilizar a una muy alterada Valerie que había entrado con violencia al domicilio.

Paulina soltó un gritó al verla parada frente a la puerta completamente empapada, apuntándole a todo lo que se moviera con un arma enorme, visiblemente molesta y con un traje rojo puesto.

- ¡¿DÓNDE ESTÁ?! – Exigió a todos.