Hace que tus ojos resalten

Cuando el auror entró en su sala de urgencias, con el ceño muy fruncido y cubierto de una asquerosa sustancia de color verde brillante, el sanador no pudo evitar la tentación de burlarse un poquito.

— Combina con el color de tus ojos.

Recibió una mirada furiosa.

— Menos cachondeo y ayúdame, esto quema.

Draco cambió el gesto al habitual rictus concentrado y profesional y sacó la varita para empezar a limpiar y curar heridas. El auror le seguía con la mirada, serio, fascinado por su habilidad, aunque la hubiera visto miles de veces.

Acabó la cura masajeando con suavidad con ungüento las zonas que seguían enrojecidas.

— Tus manos son mágicas, sanador —le murmuró, inclinándose hacia él.

El sanador se sonrojó, era imposible no reaccionar a esa voz grave y profunda en su oído. Trató de disimular su turbación tendiéndole el pequeño frasco.

— Ya sabes, el ungüento dos veces al día hasta que la piel esté restablecida.

— Quizá sea mejor venir a que me lo des tú —le sugirió, insinuante.

— Potter... —protestó alejándose un par de pasos, preguntándose en qué momento el auror se había acercado tanto.

— O que vengas conmigo a casa para cuidarme. ¿Y si surge una complicación?

Malfoy se frotó los ojos con las manos, con una mezcla de diversión y hastío.

— ¿Vas a accidentarte cada vez que tenga una guardia de 48 horas? Volveré a casa mañana, Harry. Y si pasas por aquí otra vez antes de eso te maldeciré el culo.

Harry se acercó, con una sonrisa y los ojos brillantes. Le besó con suavidad.

— Me encanta cuando te pones duro, sanador. —Volvió a besarle— Te veo mañana en casa.

Y salió de la sala, golpeándole el trasero al pasar.

Puede esperar hasta mañana

Cuando salió aquella noche de la chimenea, muerto de cansancio después de dos días de guardia, lo primero que pensó fue que habían entrado en su casa: en algún lugar de la casa se escuchaba un estrépito que le hizo sacar la varita y correr.

Entró en la cocina y encontró el origen del ruido: ceñudo, Harry se peleaba delante del fogón con dos sartenes y una olla.

— Creía que te había dicho que te mantuvieras alejado de la cocina, auror —le espetó.

Con una sonrisa, Harry se volvió y le guiñó el ojo.

— Esta vez lo tengo controlado, tranquilo.

Draco se acercó y le examinó las muñecas y el cuello, en busca de las rojeces que había curado la tarde anterior.

— El ungüento ha funcionado —dijo Harry, besándole rápidamente antes de volver la atención a la sartén — ¿Estabas preocupado?

— Siempre estoy preocupado, eres un imprudente.

— No deberías, no hay fuerza que pueda impedir que vuelva a casa contigo —contestó sin mirarle, apagando el fuego.

Ni tan siquiera sus reflejos de auror le sirvieron para ver venir a Draco, que le giró con brusquedad antes de cogerle de la cara con las dos manos y besarle con un ímpetu muy poco habitual en él. Y en cinco minutos se frotaba contra él de una manera que hizo a Harry pensar "A la mierda la comida, puede esperar hasta mañana" antes de tomarle de la mano y arrastrarlo hasta su dormitorio compartido.

El cliché Harry auror-Draco sanador me encanta, lo reconozco. Podrían ser los mismos que en el capítulo anterior, diez años después.