Alternó la mira de su arma entre Jazz y Tucker, quienes parecían muy asustados ante su repentina aparición. Tal vez había exagerado un poco al casi tumbar la puerta de una patada, pero poco le importaba en ese momento. Su furia escaló cuando notó a Vlad escondiéndose detrás de Jazz. Casi por instinto, empezó a cargar su arma que emitió un leve pitido. Un grito al fondo de la casa llamó su atención y fue que vio a Paulina asustada, sentada en los escalones de la escalera. Una mancha negra se movió con velocidad frente a Paulina y corrió hacia la sala, donde había armas en el suelo.

- ¡Detente ahí Manson! ¡O te juro que te disparo!

Sam se detuvo y levantó las manos en señal de rendición.

- Valerie… tranquilízate.

- ¡Cállate! – Giró para ver a Vlad. - ¡Tú! ¡Ven aquí!

- Preferiría no hacerlo. – Dijo Vlad serio.

- Jazz, hazte a un lado. Voy a dispararle…

- No. No lo harás. – Le respondió la pelirroja algo asustada.

- ¡Bien! Pues también te dispararé a ti.

Cuando estaba por jalar del gatillo, notó el movimiento del moreno para tomar un arma. Automáticamente, tomo una pequeña pistola que colgaba de su cintura y le apuntó a Tucker.

- Suéltala.

- Me temo que no puedo hacer eso. – Le contestó Tucker, apretando el agarre del arma.

Valerie alternó su mirada entre el moreno, la gótica y la pelirroja. Poco a poco su enojo iba subiendo cada vez más. Estaba usando su traje y ellos ni se habían inmutado, lo que le confirmaba que todos ellos sabían de su identidad. Paulina aprovechó la distracción para salir corriendo a la cocina y esconderse detrás de la barra. Estrella tenía razón. Los rumores eran ciertos. Valerie era la Cazadora Roja. Cerró los ojos y se concentró. Tenía que hacer algo antes de que las cosas se salieran de las manos.

- Somos más, Valerie… lo prudente seria que te calmaras para que podamos…

- ¡No quiero oírte, Manson! ¡Ahora díganme donde esta para que me encargue de él!

- Val…

Como un relámpago, Valerie giró su cabeza y vio a Danielle recargada en una pared a su izquierda. Se veía mal, pero estaba por ponerse peor. Movió ambas armas en dirección a la menor.

- Tú… - Ambas armas empezaron a pitar y Danielle se sorprendió por la acción.

Sam saltó frente a la chica para ocultarla detrás de ella y paso a paso, fue acercándose a Valerie.

- Baja el arma. – Dijo dando otro paso.

- Valerie… - La volvió a llamar Dani.

- ¡No me hables! ¡Ahora ven aquí y tírate al suelo!

- Se que estás molesta…

- ¡Dije que no me hables! – Desvió su mirada hacia Sam. - ¿Dónde está?

- No te diré nada a menos que bajes el arma. – Sam habló despacio, midiendo sus palabras.

- Pues que mal.

- Valerie…

Con dificultad, Danny la llamó desde las escaleras. Lentamente se sentó en un escalón, colocando ambas manos sobre sus rodillas mientras suprimía un gemido de dolor al tiempo que enderezaba su espalda. En pánico, Tucker se puso en el camino entre el cañón cargado del arma de Valerie y Danny.

- Foley, muévete. – Sentenció.

- Créeme que quiero hacerlo, pero no lo haré. – Dijo mientras le cerraba todos los ángulos de disparo.

- Voy a disparar en 3…

- Valerie detente. – Le pidió Jazz.

- 2…

- Tucker… - Lo llamó Sam preocupada, al tiempo que el sonido del arma se intensificaba.

- No me voy a mover. – Dijo nervioso el moreno.

- 1…

- ¡NADIE VA A DISPARAR EN MI CASA ASÍ QUE BAJA EL ARMA!

Valerie dudó un poco ante el repentino grito de Paulina. La observó salir corriendo de la cocina y ponerse cerca de las escaleras. La ignoró y regresó su mirada a Danny.

- Tú me pediste que viniera por venganza, ¿recuerdas? Pues así se ve mi venganza.

- Yo no te pedí que vinieras. – Se acercó un poco más a la morena.

- Fuimos nosotros. – Confesó Vlad.

- ¿Qué? – Giró su cabeza hacia el alcalde. - ¿Por qu…?

Paulina aprovechó la distracción y le disparó a Paulina con el paralizador que había guardado en su bolsillo. Los electrodos se pegaron al traje de Valerie y, aunque normalmente el traje la protegería de eso, no estaba usando la máscara y estaba mojada. Todos quedaron sorprendidos por la acción de Paulina, y más cuando levantó su pierna y pateó el arma fuera de la mano de Valerie.

La morena cayó al suelo mientras se retorcía por la descarga. Al darse cuenta de lo que había hecho, Paulina dio tres pasos hacia atrás y exhaló fuertemente. Era la primera vez que utilizaba el paralizador en los 5 años desde que lo había recibido.

- Demonios… - Susurró Tucker.

- Rápido. – Exclamó Sam. – Tucker, trae una silla. Jazz, ayúdame con ella.

Cuando Sam puso una mano sobre Valerie, su mano recibió un toque por la carga residual que aún tenía el traje. Sacudió su mano y se alejó un poco de ella. Viendo lo que sucedía, Vlad se quitó el saco y lo colocó encima de la chica empapada. Jazz la ayudó a levantar a Valerie. Tucker llegó con la silla y ambas la sentaron.

- Paulina, ¿tienes alguna cuerda o soga? – Preguntó Jazz.

- ¿Qué? – Preguntó desconcertada. - ¿Para qué quieren una soga?

- Cuando se recupere, va a estar muy enojada. Y ella es cinturón negro en…

- ¡La acabo de electrocutar! – Interrumpió a Tucker algo alterada. - ¿Crees que va a poder pararse a pelear?

- Te sorprenderías… - Susurró Sam.

- Entonces… ¿cinta? – Añadió Jazz.

- No la vamos a atar. – Dijo Dani caminando hacia ellos.

- Dani tiene razón. – Dijo el ojiazul desde las escaleras. - La necesitamos de nuestro lado.


Dan estaba sentado en el trono dentro del castillo del rey de los fantasmas. Tenía los ojos cerrados y a simple vista, parecía estar tranquilo. Pero en su interior, se estaba librando una batalla por dominio. La fuerza con la que apretaba los puños era evidencia de esto. De vez en cuando, su rostro mostraba una mueca del esfuerzo que estaba haciendo por mantener a raya la consciencia de Pariah que amenazaba con tomar control del cuerpo que ahora compartían.

Había querido quedarse un rato más en el plano humano para… divertirse un poco. Pero cuando estaba por atacar el helicóptero que sobrevolaba su cabeza, empezó a escuchar esa voz. Y no solo eso, por un breve momento, había perdido control sobre su mano izquierda. Por eso había realizado una retirada táctica: mejor desaparecer siendo una terrible amenaza, que quedarte lo suficiente como para que descubrieran una debilidad.

Esta situación distaba mucho de lo que había afrontado cuando asimiló el lado fantasma de Vlad. Aquella ocasión había sido muy natural, casi simbiótica debido a la afinidad que existía entre ambas partes al momento de la fusión. Pariah era demasiado fuerte y solo había logrado someterlo al estar inconsciente. Pero ya que había despertado, tendría que luchar constantemente con él por el dominio. Logró callarlo después de unos minutos y abrió los ojos.

Observó el enorme hueco en el techo del castillo, cortesía de la pelea anterior entre los 4. Podría reconstruirlo, pero no pensaba quedarse mucho tiempo ahí. Levantó su puño a la altura de su rostro y observó con detenimiento el anillo. No había sido parte de su plan original, le había añadido complicaciones y, sobre todo, no lo había acercado ni un poco a su meta. "Estúpido Reloj". Pensó con coraje. Si no hubiese huido como un cobarde antes de que él quedara libre, ya lo habría eliminado y conservado el cetro del tiempo. Eso sería todo. Como dueño del arma más poderosa en existencia y nuevo amo del tiempo, Dan sería capaz de desatar toda su furia sobre la vida misma. Y al terminar, podría hacerlo una y otra y otra vez. Por toda la eternidad.

Llevó su mano a la cabeza, específicamente sobre el cuerno que ahora tenía. Le disgustaba en sobremanera esa adición a su apariencia, pues les daba una ventaja a sus enemigos. "Al menos no salió el otro". Pensó.

Se puso de pie y extendió su mano al frente, abriendo un portal hacia el mundo humano. Ya había incentivado a Daniel, ahora tocaba incentivar a sus cazadores.


Valerie empezó a parpadear y levantó la cabeza para mirar al frente. Cuando abrió los ojos le costaba enfocar algo, lo único que podía distinguir era una mancha amarilla frente a ella. Aun podía sentir un ligero cosquilleo recorriendo todo su cuerpo, además de un entumecimiento en todos sus músculos. La mancha amarilla empezó a ponerse borrosa frente a ella, por lo que se frotó los ojos con ambas manos para aclarar su visión. Si sus oídos no le mentían, alguien estaba diciendo su nombre. Cuando pudo enfocar el objeto frente a ella, se dio cuenta que era Tucker agitando su mano frente a su cara. Inspeccionó más allá del chico, y notó que a su izquierda se encontraba Sam y del otro lado estaba Paulina. Gruñó cuando recordó todo lo que había sucedido.

- Hola. – Le dijo Tucker nervioso cuando notó que la chica ya respondía.

Valerie lo ignoró y miró nuevamente sus manos. Aún tenía su traje puesto, pero lo que le llamaba la atención era que no estaba atada de ninguna forma. Con lentitud, estiró sus piernas y notó que tampoco estaban atadas.

- Ni siquiera lo pienses.

Val levantó su mirada hacia Sam, quien le hizo la advertencia.

- Para ser secuestradores, realmente son malos en esto.

- ¡Wow! – Dijo Tucker levantando ambas manos. – ¡Nadie secuestró a nadie! Paulina usó legítima defensa para inmovilizar una amenaza dentro de su casa.

Valerie volvió a ignorarlo y miró a la chica latina.

- Y tú…

- Eres la cazadora roja. – No fue una pregunta, pero tampoco una afirmación.

La morena levantó una ceja por el comentario tan absurdo de su ex amiga. Bufó con ironía.

- Tan brillante como siempre. Y pensar que así quieres educar niños. – Paulina se enojó por el comentario. - ¿Así que ahora eres parte de su grupito?

- Si.

- No.

Sam y Paulina voltearon a verse con el ceño frunció. Valerie sonrió.

- Más o menos. – Intervino Tucker. – Mira, sé que tienes motivos de sobra para no querer escucharnos…

- Tienes razón en eso. – Dijo enderezándose en la silla.

- Pero tendrás que hacerlo. – Sentenció el moreno. – Porque decir que el futuro de…

- No me interesa. Solo quiero… ¡Oigan! ¿Qué le hacen a mi equipo?

Valerie observó como Vlad, Dani y Jazz estaban desarmando una de sus armas. Quiso ponerse de pie, pero Paulina lo evitó.

- ¡Oye! Siéntate o usaré esto contigo otra vez. – Le apuntó nuevamente con el paralizador.

- Como te decía… - Retomó Tucker la palabra. – Algo realmente malo sucedió y por eso todos estamos juntos en esto.

- Temporalmente. – Aclaró Sam.

- Piénsalo. – Habló Tucker. - ¿Por qué otro motivo Dani trabajaría codo a codo con Vlad?

- Oí eso. – Se quejó el alcalde.

- No me importa lo que ese idiota haga con el otro idiota. – Escupió con furia la chica.

- No "nuestro" Danny, "tu" Dani. – Le aclaró Sam. - ¿Qué no trabajaban juntas?

- ¿Lo hacíamos? – Preguntó mirando a la chica que no se atrevía a verla. – Porque podría tratarse de una treta entre ellos tres para verme la cara de estúpida…

- ¡Eso no es justo! – Le reclamó Dani levantando el rostro.

- ¿Entonces lo fue para mí?

- El secreto de Danny no era mío para contártelo… y el de él ya lo sabías. – Dijo señalando al hombre junto a ella.

- ¿Qué? – Exclamó Vlad sorprendido.

- ¡¿Cómo esperas que confíe en ti si mentiste en todo?!

- ¡Yo no te mentí!

- Ese día en la hamburguesa apestosa me dijiste que los conocías porque "Vlad era amigo de los Fenton".

- Desafortunadamente, eso no es mentira. – Dijo Jazz extrayendo algo de la pistola.

- ¿Entonces ella es tu prima? – Le preguntó.

Jazz se detuvo y se quedó congelada ante la pregunta. Valerie inspeccionó la habitación y notó que, salvo Paulina, todos estaban evitando hacer contacto visual con ella.

- ¿Qué eres? – Vio a la chica bajar la cabeza. - ¿Qué son ustedes tres?

Paulina caminó hasta ponerse detrás de la silla de Valerie. Ella se hacía las mismas preguntas desde hace un par de horas, pero no tenía la fuerza o el enojo de Valerie como para expresarlas.

- ¿Y por qué sigues en tu forma fantasma? – Volvió a preguntar la morena. – Ellos se transformaron después de la paliza. ¿Por qué tu no?

Unos pasos llamaron la atención de todos y vieron salir a Danny de la habitación de huéspedes, apoyándose en la pared con una mano y con la otra tomándose las costillas.

- Si prometo contarte toda la verdad… ¿nos ayudarás? – Habló el ojiazul.

La chica empezó a reírse bajito, antes de adoptar un rostro serio.

- ¿Verdad? ¿Tú? Tú eres incapaz de decir la verdad.

- Valerie…

- Nos arruinaste la vida, a mí y a mi padre… ¿y pretendes que confíe en ti?

- Ya tuvimos esta conversación antes…

- ¡Pero eso fue antes de saber quién eras! – Se puso de pie y rápidamente, Tucker y Sam se pusieron frente a ella.

- Chicos, déjenla.

- ¿Estás loco? – Habló Tucker.

- No está armada.

- ¡Sus puños son sus armas! – Le volvió a decir Tucker.

- ¿Al menos nos escucharías? – Le suplicó a la chica.

- No. – Dijo seria.

- Entonces hazlo por tu padre. – Dijo Dani poniéndose de pie.

- No metas a mi papá en esto. – La acusó con el dedo.

- Nosotros no lo haremos, pero quien nos hizo esto de seguro lo hará. – Intervino Danny.

- Pues él se veía conforme solo con ustedes.

- ¿Qué acaso no reconociste la corona y el anillo de aquel fantasma? – Habló Vlad, harto de la situación. – ¿Vas a pretender que no recuerdas la crisis fantasma de Amity Park de unos años atrás? ¿Qué no tienes heridas de la vez que te enfrentaste a…?

- Ese no era él.

- Porque hay un nuevo rey. – Dijo Danny. – Uno mucho más peligroso.

Valerie guardó silencio y lo observó. Después de un rato desvió la mirada y resopló.

- Habla. – Levantó una mano al aire para detenerlo. – Inicia con lo que sea que le están haciendo a mis armas.

Danny cerró la boca y volteó a ver a Vlad, quien se puso de pie para hablar.

- Cuando te pedí que cazaras a Dani y terminaste traicionándome… - Ella frunció el ceño ante la acusación. - Daniel usó algo para estabilizarla. Ese algo resultó ser un compuesto que incrementaba las habilidades fantasmas.

- ¿Y eso que tiene que ver con las armas?

- Aplicado directamente como él lo hizo, tiene ese efecto. Pero si antes pasa por este convertidor… - Levantó la pieza que Jazz había removido antes. – La potencia de la sustancia se manifiesta con daños hacia la entidad de ectoplasma que recibe el impacto.

En ese momento, Jazz extrajo el núcleo del arma. Era una pequeña esfera con una sustancia verde muy viscosa.

- ¿Y para qué quieren eso?

- Para sanar más rápido. – Contestó Danielle. – Tenemos solo 24 horas antes de que esa cosa vuelva a atacar y no el suficiente tiempo para restaurar nuestras fuerzas.

- ¿24 horas? ¿Por qué les dio tiempo de reponerse? – Todos miraron hacia atrás para ver a Paulina, quien había hecho la pregunta.

- Quiere que le entreguemos a Reloj. – Habló Tucker. – Es el fantasma del tiempo. Y si no lo hacemos…

- Piensa destruir la ciudad. – Terminó Sam por él.

- ¿Y lo van a hacer? – Preguntó Valerie con cautela.

- No. – Dijo Danielle.

- Oh, vaya… Es bueno saber de qué lado están… - Susurró Valerie.

- Piensa destruir la ciudad sin importar lo que suceda. – Dijo Danny.

- Además de que no sabemos dónde está Reloj. – Añadió Sam.

- Y que entregárselo sería como darle armas nucleares a un niño. – Hablo Tucker.

- ¿Y cuál es su plan? – Volvió a preguntar Paulina.

- Sanar. – Dijo Danielle. - Y volver a pelear contra él.

Valerie negó con la cabeza y se volvió a sentar.

- Perderán otra vez.

- A menos que tengamos ayuda. – Le dijo Danielle.

- Pues suerte con eso. – Se cruzó de brazos sin voltearla a ver. – Tu reputación no te ayudará.

Danny suspiró. Les iba a costar demasiado contar con la ayuda de Valerie.


En una casa segura, el operativo K estaba preparándose para la entrevista que iba a recibir en unos minutos para dar un reporte de la situación a través de un enlace televisivo. La ciudad estaba caótica, no por el hecho de que hubo un enfrentamiento entre fantasmas en el centro de la ciudad, si no la crisis política que la identidad del alcalde había desatado junto con las acusaciones que habían hecho en contra del héroe de la ciudad. Aunado a esto, estaba el estrés causado por el cierre parcial de vialidades por la persecución de unas horas antes. Ahora era su responsabilidad calmar la situación para que la junta de gobierno de emergencia que se había formado retomara el control de la situación.

En la habitación ya estaba todo montado: al fondo del cuarto estaba el banco donde iba a sentarse y frente a este, la cámara de transmisión y los reflectores. Cerca de la puerta estaba el centro de control del audio, video y conexión, junto a la mesa de vigilancia, desde la cual monitoreaban toda la propiedad.

Revisó otra vez las anotaciones que había en el reporte preliminar de los forenses acerca de la explosión de sus instalaciones. 33 muertes confirmadas, 16 personas de las que no se tenían pistas, 50 millones de dólares en daños y el chico fantasma como principal sospechoso. Conforme pasaba el enojo del momento, le surgían más dudas acerca de la responsabilidad del chico por los acontecimientos.

- Tenemos un problema.

L entró con una Tablet en sus manos. Y se la mostró a K. En la transmisión en vivo de las noticias, estaban reproduciendo un video donde se veía al chico fantasma aterrizando en el patio de las instalaciones junto con sus "cómplices", Samantha Manson y Tucker Foley, después de que la explosión había ocurrido, puesto que las llamas ya estaban presentes. El video continuó unos segundos más antes de que el presentador lo cortara.

- Este video ha sido viralizado en internet en la última hora. Su origen aún es desconocido y nuestros expertos no lo han podido verificar la fidelidad del video. Sin embargo, el video claramente muestra que Danny Phantom llegó a la zona del desastre después de que se suscitara el incidente, contradiciendo la versión oficial difundida por los Hombres de Blanco. Ahora, en internet existen muchas teorías respecto al por qué nos mintieron, siendo la más popular el encubrimiento de algún experimento…

- Y está en todas partes. – Concluyó L apagando el dispositivo.

- Esto entorpecerá nuestra búsqueda.

- La ciudadanía no querrá cooperar con nosotros para atrapar al chico fantasma.

- Necesitamos algo más. – K hizo una breve pausa. - ¿Sabemos algo más acerca de esto? – Levantó sus notas en el aire.

- Nada nuevo. Danny Phantom es el único fantasma que concuerda con el perfil de poder necesario para destruir el portal fantasma. – Se acomodó sus lentes. – Por poco probable que suene, tiene que ser él.

- En eso están equivocados.

Al escuchar la voz de un tercero, ambos sacaron sus armas y las apuntaron hacia el fondo de la habitación en donde estaban. No había nada visible en la habitación más que ellos dos; sin embargo, el descenso en la temperatura del cuarto era indicador de la presencia de un fantasma. Con cautela comenzaron a caminar hacia el fondo de la habitación, apuntando sus armas hacia el frente o cualquier parte donde pudieran percibir algún movimiento. Cuando se toparon con la pared, ambos soltaron un suspiro y volvieron a guardar sus armas. Se compusieron los trajes y se dieron vuelta, topándose con el fantasma desconocido parado cercas de la puerta.

- Estas fotos… realmente no me hacen justicia. – Dijo mientras inspeccionaba la Tablet, pasando las imágenes con su dedo.

- ¡Quieto! – Gritaron ambos, desenfundando sus armas otra vez.

Dan los miró de reojo con una expresión aburrida antes de arrojar la Tablet a algún lado de la habitación. Cruzó ambos brazos detrás de su espalda y comenzó a caminar hacia ellos.

- Ustedes los humanos… siempre intentando controlar cosas fuera de su alcance.

- ¡Identifícate!

- ¿Y por qué habría de hacerlo? – Cerró su puño izquierdo y ambos operativos quedaron paralizados en una especie de resplandor verde y suspendidos en el aire.

Intentaron liberarse de lo que sea que los tenía inmovilizados, pero se rindieron cuando aquel fantasma estuvo a menos de un metro de ellos.

- ¿Quién eres y qué quieres? – Dijo K.

Dan los observó con aburrimiento y levantó el dedo índice de su mano izquierda. Al instante, la boca de los operativos se tapó con ectoplasma.

- Yo seré quien hable. – Sentenció Dan, regresando su mano a la espalda. – Ahora, esto es lo que harán. A partir de mañana a medio día, tendrán que cazar a Danny Phantom y a Vlad Plasmius. No me importa lo que tengan que hacer o cómo lo tengan que hacer. Los quiero muertos, no vivos. ¿Entendido?

Dan pasó sus manos al frente y chasqueó los dedos. Los operativos cayeron al suelo y rápidamente buscaron dispararle. Dan fue más rápido que ellos y les quitó las armas con un rápido movimiento de manos; acto seguido, llamas blancas aparecieron en sus manos y empezaron a derretir las armas. K y L se arrastraron hacia atrás e intentaron ponerse de pie, pero Dan dio un paso al frente y congeló el piso bajo sus pies, haciéndolos caer nuevamente. Arrojó a sus costados lo que quedaba de las armas y cruzó sus brazos sobre su pecho.

- Dije… ¿entendido?

- ¿Qué te hace pensar que…?

- Porque si no lo hacen, voy a masacrar a toda la población de esta pequeña ciudad. Un par de miles de personas por cada día que fallen en traerme sus cabezas. ¿Eso bastará para… persuadirlos? – Añadió con una sonrisa.

- No podemos. – Dijo L. – Tenemos protocolos y no podemos…

- No están entendiendo la seriedad de la situación. – Endureció sus facciones.

- Nuestros lineamientos son de captura e interrogación…

- No podemos asesinar a dos ciudadanos sin un debido proceso legal…

- Su parte humana evita que tengamos control total de su detención y…

- Están haciendo tiempo. – Los interrumpió Dan.

Observó que los operativos usaban un reloj que tenía el cristal rojo, con las letras "SOS" en blanco. Probablemente habían activado la señal de auxilio cuando no los veía. Aunque le daba igual. Desvió su mirada a la cámara de vigilancia que apuntaba hacia él desde la esquina de la habitación y de vuelta a los operativos. Ambos le sonrieron.

- ¿Asustado?

Dan solo les sonrió.

- Curioso. Su jefe dijo algo parecido antes de que lo hiciera volar en pedazos. – Extendió su mano al frente y su espada se materializó. – Ahora… a ti te necesito para que salgas en televisión. – Le apuntó con la espada a K, antes de desviar la mirada a L. – Pero tú no tienes tanta suerte.

Sin darles tiempo a reaccionar, Dan movió la espada y terminó cortándole el cuello al operativo L. Sangre salpicó en todas las direcciones mientras L llevaba ambas manos a su cuello, en un intento en vano por detener el sangrado. K se paralizó al ver a su compañero desangrarse y retorcerse junto a él. En sus últimos momentos L miró a su compañero con la intención de decir algo, pero terminó por ahogarse en su propia sangre. Segundos después, el cuerpo sin vida de L quedó quieto en un charco de su propia sangre.

K entró en pánico y miró al fantasma en busca de una explicación. Dan no había apartado su vista de él, mostrándole un rostro serio y ecuánime. Lamentó no haber podido disfrutar los últimos segundos del agente y perderse de esos momentos antes de la muerte donde, solo con una mirada, los humanos rogaban por su vida mientras el terror de dejar de existir los invadía. Afortunadamente, la vida le daría segundas oportunidades. 7.3 mil millones de oportunidades.

- ¿Por qué tardan tanto los demás? – Le sonrió después de unos momentos en silencio.

Con manos temblorosas, K llevó su mano al comunicador en su oído derecho.

- A to-todas las unidades. A-activen protocolo 77.

La sangre de su compañero ya había manchado su traje ordinariamente blanco, y cuando bajó la mano al piso, hizo contacto con el caliente líquido. Dan levantó una ceja.

- ¿Asustado?

K se quitó las gafas oscuras para mostrarle todo el odio y furia que podía y que sentía acumulándose en su interior, a lo que Dan solo respondió con revirar los ojos.

- Ahora, ¿en qué estábamos? – Dijo irónicamente mientras la espada desaparecía.

- Yo…

- Sus cabezas. – Lo interrumpió Dan. – O eso es lo que veras en toda la ciudad. - Señaló el cuerpo de L.

- No te detendrás aun si te los entrego. – Susurró.

Dan sonrió antes de mirar nuevamente a la cámara.

- No. No lo haré. – Dijo acercándose más a la cámara. – Pero morirás sin la sangre de mil personas en tus manos.

- Solo con la de dos…

- Todos tenemos que tomar decisiones en algún punto… Pero descuida. Haré la tuya más fácil.

Dos anillos blancos aparecieron alrededor de la cintura de Dan y lo transformaron, adoptando su apariencia previa a su fusión con Pariah Dark. K quedó desconcertado al observar las iniciales DP en ese fantasma, además de las obvias similitudes del traje con el de otros dos individuos.

- ¿Qué…?

- Aún no termino.

Dan ensanchó su sonrisa y los anillos nuevamente aparecieron en su cintura, pero esta vez lo transformaron en su versión fantasma de 14 años. Segundos después, dos anillos negros se formaron a la mitad de su cuerpo de forma vertical y se transformó en Vlad Plasmius. Se quedó unos segundos en esa forma antes de darse la vuelta y caminar hacia K. Empezando de las botas hacia arriba, pequeñas brasas de llamas blancas empezaron a destruir el traje, regresándolo a su forma actual. Tomó al operativo por el cuello de su camisa y lo levantó en el aire. K colocó sus manos alrededor de la muñeca de Dan con mucho cuidado, pues todo ese brazo estaba acorazado con una armadura.

- Con ese video ni tendrás que pedirle a la gente su cabeza. – Señaló la cámara. – Ellos te la traerán.

K bajó la cabeza y guardó silencio. Por una extraña razón, el monstruo frente a él había podido transformarse en el chico fantasma y el fantasma de Wisconsin. Debía ser un truco, ¿no? Se fijo un poco más en el traje del fantasma y notó que las iniciales DP también estaban en su pecho. El símbolo de Dani y Danny Phantom. De alguna extraña forma ellos estaban conectados con él.

- Mira. – Volvió a hablar Dan. – No me importa si usas este video o no, mucho menos lo que vayas a decir en tu tonta conferencia. Lo único que me interesa es que hagas lo que te ordené.

Un pitido proveniente de la mesa de control los interrumpió. Dan generó un duplicado que fue a inspeccionar el centro de control. Había una luz roja intermitente y unos audífonos de diadema. Levantó los últimos y pudo escuchar una voz hablando a través de ellos. Observó al Dan original mientras escuchaba lo que decían y, tras unos segundos, bajó los audífonos.

- 3 minutos.

Dan asintió ante el comentario de su clon y regresó su mirada a K.

- Hora del espectáculo. – Le comentó con una sonrisa. – Te dejó para hagas lo que tengas que hacer. Y recuerda: la vida de miles de personas depende de tu decisión.

Dan lo arrojó al charco de sangre que había en el piso, haciendo que se salpicara la cara y la parte frontal de su traje. Para cuando K se dio vuelta, ya no había nadie en la habitación. A como pudo, caminó hasta el banco y antes de iniciar la conexión, envió un mensaje a O.


Dani salió de la habitación frustrada. Intentó por todos los medios que se le ocurrieron hacer entrar en razón a Valerie, pero sin éxito alguno. Habían aprovechado la debilidad temporal de la morena para encerrarla en la habitación de huéspedes en la planta baja.

- Supongo que no tuviste suerte. – Comentó Jazz al verla salir de la habitación.

- ¡Es tan terca!

- Eso ya lo sabíamos. – Dijo Sam tirando al suelo los restos de un arma. – Pero al menos ya obtuvimos lo que queríamos, ¿no?

Sam, ahora con el mallón puesto debajo de su falda, volteó a ver a Vlad. El mayor colocó un trapo sobre la mesa de centro frente al televisor y encima, 6 jeringas con un líquido verde.

- Tenemos 6 dosis. 3 para aplicar ahora y 3 en caso de emergencia. – Explicó. – Sin embargo, no tengo la certeza de que vayamos a sanar de forma inmediata, por lo que recomendaría que…

- ¡Abajo!

Vlad no tuvo tiempo de reaccionar cuando sintió a Jazz arrojarse sobre él y derribarlo. Lo siguiente que observó fue un objeto volando por donde él solía haber estado parado y estrellarse contra la pared con un sonoro golpe. El resto se dio vuelta para ver quién había arrojado ese objeto y de dónde, y vieron a Valerie saliendo de la habitación con lo que parecía una pequeña caja metálica.

- ¡Pues úsalas todas!

Valerie le aventó la caja a Vlad, quien seguía en el suelo. Tucker se movilizó para tomar un cojín del sillón y usarlo para detener el proyectil. Con un poco de brusquedad, Jazz jaló a Dani detrás de ella mientras se ponía de pie. Paulina se movió rápido y se acercó a la morena, buscando usar otra vez el paralizador con ella, pero Valerie se le anticipó y la frenó antes de que pudiera hacer contacto con ella. Le tomó la muñeca y se la dobló hacia arriba para que soltara el dispositivo al suelo, y después la empujó hacia atrás. Tucker y Sam vieron su oportunidad y fueron contra ella. Sacando ventaja de sus botas, Sam le lanzó una patada que ella no tuvo problemas en desviar. Tucker la tomó del brazo y jaló hacia él, pero Valerie lo aprovechó para darle un codazo en la mandíbula con su brazo libre. Sam volvió a la carga con una serie de débiles puñetazos, pero Val detuvo todos los ataques hasta que logró tomarla de una mano. La giró y le hizo una llave de tal manera que su brazo quedó detrás de su cuerpo y la pateó en los glúteos para aventarla por el pasillo que conducía hacia la habitación de huéspedes. Como estaba de espaldas, Tucker aprovechó para abrazarla por detrás e inmovilizarla.

- Necesitas calmarte. – Le dijo.

Valerie forcejeó con él y uso su cabeza para golpearle la nariz. Por el golpe, el chico relajó el agarre y ella lo uso para escalar la pared, dando la vuelta sobre la cabeza de Tucker y liberándose. Cuando estuvo libre, lo empujó hacia el pasillo donde terminó chocando con Sam, quien iba de regreso hacia ella. Se dio vuelta para cargar contra Vlad otra vez, pero gracias a sus ágiles reflejos logró dar un paso hacia atrás para evitar una patada que iba directamente a su cara. Aunque estaba sorprendida, no se permitió perder el tiempo y lanzó una patada baja para hacer caer a Paulina. Con rapidez, la latina dio un mortal hacia un costado, fuera del alcance del ataque.

Danny salió del baño cuando escuchó gritos y golpes proviniendo de afuera. Cuando observó lo que estaba pasando, salió corriendo para intervenir sin importarle el dolor en sus costillas. Dani iba a intentar detenerla, pero Vlad la tomó fuertemente del tobillo y sintió un piquete en la pierna.

Sam había tomado una sombrilla que estaba en el pasillo e intentó golpearla en la cabeza con ella, pero Val se agachó a tiempo y Sam terminó pasando de ella. Tucker corrió contra ella y usando su peso, la empujó por la espalda y la derribó. Sam y Tucker corrieron para ponerla de pie nuevamente, pero usando su terquedad, le soltó un cabezazo en el abdomen a Sam y la hizo retroceder. Tucker la jaló hacia atrás de ambos brazos, pero la soltó cuando vio a Danny frente a él transformarse. Valerie se molestó aún más cuando vio a Danny en su forma fantasma, y rápidamente se agachó para recoger la sombrilla de Sam y levantarla en el aire para darle un golpe con ella. Sin embargo, sintió como su mano era aprisionada contra la pared. Volteó por un segundo para observar el pie de Paulina aplastando su muñeca contra la pared y se perdió el resplandor azul en los ojos de Danny. Cuando giró para ver a su némesis, Danny usó su visión congelada y atrapó todo su torso y piernas en una capa de hielo. Cuando estuvo inmovilizada, Paulina bajó su pierna y Valerie empezó a sacudirse violentamente en un intento por liberarse. Gruñó e hizo coraje, pero estaba efectivamente contenida.

- Valerie. Tienes que calmart… ¡Ouch!

Danny sintió un piquete en su hombro izquierdo a la mitad de su discurso y rápidamente giró la cabeza para ver a que se debía, solo para encontrar a Vlad presionando el émbolo de la jeringa hasta el fondo sin prestarle atención a él.

- Listo. – Le dijo sacando la jeringa. – Puedes seguir jugando al héroe.

- Al menos pudiste avisarme. – Le contestó llevándose la mano al lugar donde lo había picado.

- ¡Déjenme ir! – Valerie seguía luchando contra el hielo.

- ¿Están bien chicos? – Les preguntó Danny a sus amigos.

- Si.

- No.

Todas las miradas recayeron en Tucker, quien tenía una mano sobre su boca y nariz.

- Creo que me rompió el labio. – Dijo quitándose la mano para ver si tenía manchas de sangre.

- ¡Déjenme ir o les juro que gritaré!

- Ya estas gritando. – Observó Jazz mientras caminaba hacia la ventana para mirar al exterior. – Pero tiene razón, tenemos que callarla.

- Paulina, ¿tendrás cinta? – Preguntó Dani.

- ¡No se atrevan a ponerme un dedo encima!

Paulina estaba por responder cuando vieron a Vlad transformarse y tapar la boca de Valerie con ectoplasma morado.

- Listo.

Vlad se sentó en el sillón y tomó una jeringa. Suspiró profundamente antes de clavar la aguja sobre su pierna y presionar todo el émbolo hasta que no quedo nada del líquido verde. Sacó la aguja y volvió a colocar la jeringa en la mesa.

- Como estaba diciendo antes de la interrupción… sugiero que descansemos por lo que resta del día. No podremos hacer nada hasta el mediodía de mañana de cualquier modo.

- ¿Por qué? – Preguntó Dani.

- Dan pidió a Reloj a medio día en el castillo de Pariah, por lo que sabemos que estará ahí. – Explicó Danny. – Antes de eso, no tenemos idea de su ubicación.

Dani bajó la cabeza, entendiendo como estaba la situación. Volteó a ver a Valerie, quien solo la estaba viendo con furia contenida en sus ojos. Desvió su mirada y decidió irse a sentar con los demás. Vlad envolvió las 3 dosis que quedaban en el trapo y miró a todos los presentes. Uno por uno los inspeccionó y rápidamente se decidió.

- Ten. – Le extendió el trapo a Jazz.

- ¿Por qué me las das a mí? – Dijo mirando el trapo mientras los recibía. – Yo no soy fantasma.

- Mira alrededor. ¿Confías en alguien más para mantenerlas a salvo? – Levantó una ceja.

- No. – Susurró Jazz.

- Estamos aquí, ¿sabes? – Dijo Sam.

Vlad regresó a su forma humana y le preguntó a Paulina por un baño. Tras recibir sus indicaciones, se fue rumbo al sanitario dejando a los demás mientras estaban hablando.

- No sabía que tenías fuerza, Tuck. – Bromeó Sam al recordar cómo derribó a la chica.

- Una de las muchas sorpresas de estos 73 kg de poder. – Dijo señalándose.

- Si… lograste derribar a una chica más pequeña que tú. – Bromeó Danny.

- Me gustaría verte intentarlo sin tus poderes, Danny. – Le devolvió la broma.

Paulina los observó a unos metros de distancia ese breve intercambio y no lo pudo comprender. Estaban siendo buscados por todo el mundo, sus reputaciones habían sido arruinadas… y aun así se permitían esos breves momentos para hacer bromas. No pudo evitar sentir un poco de envidia. Esos 3 tenían un lazo mucho más fuerte que cualquier amistad que ella tenía o había tenido. Salió de sus cavilaciones cuando escuchó que la llamaban.

- ¿Qué? – Balbuceó.

- ¿Cómo pudiste hacer eso? – Volvió a preguntarle Tucker. – Ya sabes, lo del mortal y la pierna…

- Fui porrista.

Tucker abrió la boca, mas no dijo nada. Se sintió tonto por preguntar algo tan obvio. Sam negó con la cabeza y puso su mano sobre el hombro de Danny, quien volteó a verla.

- ¿Cómo te sientes?

- Bueno… - Bajó su mirada a su costado. – Casi no siento dolor, pero puede ser por el golpe de energía que da esa cosa.

- Eso significa que debes regresar a recostarte. – Intervino Jazz.

- Que aburrida. – Dijo su hermano serio.

- Y tú. – Señaló al moreno. – Regresa a tu vigilancia.

Tucker solo levantó las cejas y se dio vuelta, dirigiéndose a la cocina donde estaban todas sus cosas. Sam pasó el brazo de Danny sobre sus hombros y lo ayudó a regresar a la habitación de la segunda planta. En la sala solo quedaron las tres chicas: Paulina, Jazz y Dani.

- Mira… - Jazz habló a Paulina. – Probablemente los chicos nunca digan algo al respecto, y Sam definitivamente no lo hará, pero… Gracias. Por todo.

- Si. Descuida. – Desvió su mirada a la morena. - ¿Qué haremos con ella?

- Es un problema con el que nos toca lidiar a nosotras. – Le respondió Jazz cruzándose de brazos.

Un sonoro gruñido hizo eco en toda la sala, haciendo que la pelirroja y la latina intercambiaran miradas extrañas.

- Creo que tenemos otro problema.

Dani sonrió cuando las miradas cayeron sobre ella y su hambriento estómago.