El largo y agotador currelo comenzaba a ser atosigante, el papeleo era molesto al ser constante. La rutina había permanecido así durante una considerable cantidad de semanas, ya era algo aburrido para el conde, soltó un bufido con molestia para dejar otro papel sobre una pila que se encontraba en el escritorio.
Dos sutiles golpes a la puerta llamaron su atención, ya sabía de quién trataba; nadie más y nadie menos que el elegante mayordomo de los Phantomhive, quien entró a los segundos de que él joven emitiera una respuesta.
—Entra.—Musito mientras su mirada se posaba sobre uno de los documentos leyendo su contenido.
—Joven amo, le he traído té y un mont-blanc, espero sea suficiente para recargar energías y le quede espacio para la cena.—
—Puedes dejarlo ahí.-Menciono señalando con su cabeza a su derecha. —¿Pasa algo?, Tu mirada me está dando repelus.—
—Hm. No es nada, solamente había olvidado darle esto también.— Comento extendiendo su mano para acercar un sobre blanco hacia el Conde.
Una expresion con leve asombro fue notoria al ver aquel objeto que posteriormente fue tomado y abierto de inmediato.
"Querido muchacho, ¿Cómo te ha ido?
El motivo de esta carta es debido a que empezaron a ocurrir incidentes que involucran la desaparición de niños, a quienes se les ha logrado localizar ha sido en un estado desfavorable.
La policía lo ha estado investigando, pero aún no han logrado descubrir nada. El único patrón identificado es que se trata de jóvenes de clase baja.
Espero que esos niños pronto puedan regresar con sus familias."
—Victoria.
El semblante del Conde demostraba angustia al terminar de leer, eso en particular llamo la atención de Michaelis, quien únicamente soltó una efímera risa.
Una mirada con molestia se poso sobre el mayordomo.
— ¿De qué te ríes?—
— Oh, no es nada. Tan solo es que se ve tan preocupado, sin duda usted es fiel como un perro.—
—Tch, cállate.—
—¿Qué es lo que tanto le preocupa, amo?—
Ciel apartó su zafiro del mayordomo para ver a otra parte, solo soltó un suspiro quedándose en silencio unos momentos, reflexionando sobre la carta y lo que estaba ocurriendo. La situación le era tan familiar, recién habían pasado un par de meses desde los incidentes del Circo del Arca de Noé, y eso era tan similar, pero definitivamente no trataría de la misma persona.
Tan solo pensar en eso, hacia que los escalofríos recorrieran su cuerpo, le parecía tan inquietante. ¿El o los culpables estarían relacionados con ello?, No podía sacar conclusiones apresuradas y él lo sabía, regreso su mirada a su fiel sirviente.
— ¿Acaso piensa que este incidente está relacionado con el Barón Kelvin?— Soltó el portante de escarlatas.
—¡Eso...!—
—Es improbable, ya que como sabe, él murió aquella noche. Debería relajarse, o... ¿Es otra cosa la que le preocupa?—
— Podría estar un poco ligado, es todo.— Respondió abruptamente, no mostraría ni un apice de debilidad.
—Ya veo, pero como le comento, es casi imposible, a menos...—
—Que se trate de algún contacto de él...— Interrumpió el Conde.
— Así es, se sabe que el Barón Kelvin era algo conocido entre los nobles, en especial los del bajo mundo.—
Las orbes de ambos hicieron contacto, una fina curvatura cómo sonrisa se formo sobre el rostro del mayordomo.
— Sebastian, es una orden; investiga a cada uno de los conocidos de Kelvin.—
— Yes, My Lord.— Dialogó haciendo una reverencia ante el ojizafiro. — Sobre la cena, estará lista en un momento. —
—Como sea, no importa. Puedes retirarte.—
El ente demoníaco asintio para dar un par de pasos y salir por la puerta, mientras tanto Ciel suspiró, todavía preocupado por la situación. Se levantó de su silla y caminó hacia la ventana, mirando hacia el exterior. Sabía que no podía dejar que su preocupación lo afectara, debía mantener la cabeza fría y encontrar una solución para el problema. Los flashbacks regresaban a él, solo cerro sus ojos con fuerza con la esperanza de que así desaparecieran.
Sebastian regresó con la cena, colocando los platillos sobre la mesa. De nueva cuenta fue a llamar al Conde al estudio. Ciel se sentó y comenzó a comer, tratando de alejar sus pensamientos de la investigación. Pero era difícil.
Después de la cena, Sebastian se acercó a él.
— Mi amo, ¿desea que prepare un baño para usted? Le ayudará a relajarse y a despejar su mente.—
Ciel asintió, agradecido por la sugerencia. Se dirigió al baño, Sebastian ayudo a despojar cada una de sus prendas, posteriormente se sumergió en el agua caliente, dejando que la tensión se fuera de su cuerpo. Trató de no pensar en el trabajo o en la investigación, en su lugar se enfocó en las sensaciones del agua y en el aroma relajante del jabón.
Después de un rato, salió del baño y se colocó su camisón de pijama con la ayuda del poseyente de carmines. Se dirigieron a la habitación del Conde y el Phantomhive se acostó en su cama.
— ¿Ha logrado calmarse?—
— Cállate... —
Soltó una corta risa para continuar.— Bien, Joven amo, me tendré que retirar. Descanse.— Después de mencionarlo se retiró cerrando la puerta a su paso y perdiéndose en el largo pasillo de la mansión.
Por su parte, Ciel trataba de conciliar el sueño, pero por alguna razón no podía hacerlo. Cada que cerraba sus ojos las imágenes traumáticas de hacía tres años se hacían presentes; los pasillos en fuego, él y su hermano prisioneros, las miradas perdidas de los niños y la lluvia escarlata.
Trataba de ignorarlo y obligarse a dormir envolviéndose entre las sábanas, hasta finalmente dejarse caer ante los brazos de morfeo, dónde eventualmente sus abrumadores pensamientos terminarían atacandolo.
Estaba preso entre una celda de fríos garrotes de hierro rodeado de múltiples personas portantes de tunicas y antifaces. Sentía distintas manos recorriendo su cuerpo y tomándolo con brusquedad. Había sangre por al rededor y un cuerpo sin vida; era la misma imagen de aquel día.
Desperto empapado en sudor y con un grito en conjunto. Se sentó en su cama y con fuerza tomo su rostro, estaba hiperventilando. En pocos segundos el fiel mayordomo llegó a su lado.
— ¡Jóven amo! — Exclamó Michaelis.
La temblorosa mirada de Ciel se posó sobre el mayor, sentía como su corazón latía con tanta fuerza casi desbordándose de su pecho, extendió su mano hacia el contrario.
— Sebas... Sebastian...—
El mencionado tomo con firmeza la mano del otro, acercándose más a él.
— Jóven amo, no tiene que temer, estoy junto a usted.— Recitó con una voz suave, intentando tranquilizar al otro.
Los aterrados bicolores seguían sobre Sebastian, Ciel tragó saliva, estaba demostrando vulnerabilidad y eso no se lo podía permitir.
— Quédate hasta que me duerma.— Ordeno el jóven.
— Como desee, señorito.— Referenció el mayordomo, quedándose en la ventana que estaba junto a la cama mientras sostenía un candelabro con su mano derecha, el cual fue apagado apenas escucho unos leves ronquidos provenientes de su amo. — Buenas noches, jóven amo.—
Sebastian salió de la habitación cerrando la puerta a su paso, un suspiro salió por sus labios. Ahora no solo tendrá que encargarse de preparar los programas de mañana, sino que también salir a buscar a los posibles sospechosos; vaya, que ocupado está, aunque para sincerarse, no es algo que le moleste.
Camino por los largos pasillos hasta llegar a su recamara por dónde salió por la ventana. Más tarde llegaría con la información recabada.
Por la mañana la rutina comenzó con lo usual, con ello su laburo como mayordomo continuaba.
Comenzó colocándose su frac y mirando su reloj, para posteriormente abrir la puerta cerrandola a su paso. Su primer paradero fue la cocina donde tomo la tetera con la suficiente agua para ponerla a calentar, mientras tanto, comenzó a preparar el desayuno el cual constaría de un simple par de huevos acompañados de tocino y pan tostado. Coloco un reloj de arena dejando todo al alcance; la elegante vajilla, el té de la mañana, la bandeja, y demás elementos. Al terminar, todo fue puesto en el carro de servicio y dirigido a la habitación del conde.
Al llegar, abrió la puerta entrando con sutileza sin hacer mínimo ruido, fue a su lado cerca del largo ventanal.
— Joven amo, es hora de despertar.— Menciono a la par que abría las cortinas dejando entrar los rayos de Sol a través del cristal.
El mencionado se removió de la cama y abrió un poco sus ojos, despertando así y soltando un bostezó. El sirviente sonrió al notar que aquel ya habia despertado, acercó el carro de servicio a la cama del conde, quien se encontraba frontando sus ojos con sus puños.
— Buen día, jóven amo. El té de esta mañana es Earl Gray. — Dijo en conjunto tomaba la tetera para llenar la taza, para posteriormente brindarla al Phantomhive.
Ciel se inclino para poder tomar la taza y darle un sorbo. Se sentía mucho más tranquilo a comparación de la noche anterior. Mientras tanto, Sebastian se dirigió al armario para tomar uno de los vistosos conjuntos que se encontraban ahí para cambiar la vestimenta del jóven Conde.
El portante de zafiros se sentó a la orilla de la cama para facilitar el trabajo de su mayordomo, a su vez coloco la taza vacía encima del carro de servicio.
—Si me permite, comenzaré a retirar su camisa. — Expreso mientras se inclinaba ante el Conde y desabotonaba la camisa de aquel.— ¿Sucede algo, jóven amo?, No ha dicho ni una palabra desde que despertó.—
— Todo está bien. ¿Conseguiste información?—
Sebastian suspiro mientras retiraba la prenda y colocaba la camisa limpia junto a un lazo turquesa.
— Sí, muchos de sus conocidos murieron aquél día. Sin embargo hay un principal sospechoso, su nombre es Thomas Byrne, él fue uno de los principales cooperadores para el "orfanato" del Barón Kelvin.—
Lo dicho fue suficiente para captar la atención del jóven Phantomhive, era tan sospechoso el como todo estaba tan correlacionado. ¿Esa persona podrá estar involucrada con lo que le sucedió a sus padres?
Michaelis al terminar de cambiarle, tomo el parche para disponerlo sobre la marca del contrato.
— Entonces, es a él a quien debemos de investigar principalmente para ver qué averiguamos.— Menciono Ciel.
—Tal y como dice, jóven amo. Para nuestra conveniencia, el Vizconde Byrne hará una fiesta entre nobles esta noche, podemos infiltrarnos.—
— Está bien, no queda de otra. — Dijo soltando un bufido.
El de carmines acomodo el cabello de su amo, peinandolo. El mayordomo acercó sus falenges al rostro del conde acariciándolo con sutileza.
— Vaya jóven amo, se ve tan delicado que pareciera un lindo muñeco.—
Lo mentado con anterioridad provoco una mirada llena de confusión y un ligero rubor sobre los pómulos de Ciel, Sebastian soltó una pequeña risa.
— Cállate...—
— Bien. Jóven amo, es hora de tomar el desayuno.—
El de bicolores se levantó y emprendió paso al comedor junto a su mayordomo.
Podía verse el desayuno preparado con anterioridad, Sebastian saco una silla para que su amo tomara asiento.
— El desayuno de hoy trata de un par de huevos con bacon y pan tostado, el cual puede acompañar con jugo de naranja. Espero sea de su agrado.—
Ciel tomo uno de los cubiertos de plata para comenzar a degustar los alimentos preparados por su fiel mayordomo, salpicandose en el procesó, cosa que no fue dejada pasar por el de mechones azabaches.
— Vaya amo, que descuidado es al comer, debería de hacerlo con más prudencia, mire este desastre. — Vocifero para acercar su rostro al contrario y con su pulgar limpiar el borde de los labios y mejilla del Conde para posteriormente, lamer aquellos restos.
Los colores comenzaron a subir al rostro del noble ante aquella acción, le miro con disgusto.
— ¡No lo comas! — Exclamó Phantomhive mientras le señalaba.
Sebastian solo le miro con diversión. — No sea tan ruidoso. Ah, jóven amo, tengo un favor que pedirle. —
— Tch, ¿Qué es? —
— Cómo las principales víctimas con jóvenes campesinos, quiero pedirle de favor que se haga pasar como tal y se deje capturar. —
— ¡¿Eh?!, ¿No hay otra manera? —
— Por el momento podría ser lo más eficaz para averiguar algo.— Se detuvo para observar al contratista.— Una vez que sea capturado como mercancía, me haré pasar por un noble y yo le compraré. Así avanzaremos en la investigación y a su vez le protegeré en todo momento.—
Ciel termino asintiendo, no sin antes mostrar disgusto. Él sabía que Sebastian tenía razón, podría ser lo más seguro para obtener información. Solo faltaba ejecutar el plan.
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Me presento, puedes llamarme Belce, Astre, Luzbel, o de la manera que te sientas más cómode. Hace tiempo que no escribo, por lo que me disculpo si mi narrativa u ortografía no es la mejor.
Espero este fanfic sea de tu agrado, intentaré de ser constante al actualizar. (;
