- Samantha Mason.
Ella giró rápidamente apuntando el arma hacia el dueño de esa voz. Quitó el dedo del gatillo y bajó el arma cuando vio a Reloj cerrar la puerta detrás de él con seguro.
- Eso no me causará daño. – Dijo en su forma de adulto. – Pero me gustaría ahorrarme el viaje de regreso a la zona fantasma.
- ¿Reloj? Creímos que habías…
- Ahora no es tiempo de discutir el pasado. No cuando hay muchas cosas por hacer.
- Danny. – Susurró y Reloj sonrió.
- Quieres ayudarlo, ¿no?
- ¡Tenemos que ayudarlo! Él está allá… a punto de morir voluntariamente porque alguien tiene que hacer algo y… - Su voz se quebró. – Él no puede morir… No debe morir…
Reloj la observó en silencio por unos instantes antes de hablar.
- ¿Tienes un plan? – Le preguntó a ella.
Sam tiró su cabello hacia atrás intentando planear algo en ese momento, pero la situación actual de Danny estaba nublando su juicio.
- Solo sé que necesita ayuda… - Hizo una pausa. – Ayuda que yo no le puedo brindar…
- ¿Y quién si puede?
- ¿Por qué me haces estas preguntas? – Dijo irritada. - Creí que no querías perder el tiempo y henos aquí: perdiendo el tiempo porque te niegas a ir al maldito punto.
- Dijiste que tu no podías ayudarlo. ¿Por qué?
- ¡Porque no soy un fant…!
Sam se mordió la lengua para no terminar la oración y volteó a ver a Reloj con curiosidad, pues hasta ese momento entendió a dónde la estaba llevando con esa pregunta.
- Si un fantasma puede ayudarlo, el arma en tu mano crea portales temporales a la zona fantasma.
Desvió la mirada hacia el arma y luego la regresó al fantasma.
- Pero… ¿qué fantasma podría ayudarnos en este momento? – Preguntó con cautela.
- ¿Crees que te sirva…? - Levantó su mano y el Infimapa apareció. - ¿… un directorio?
Sam soltó el arma y se acercó para tomar el mapa. No dejó que los pasos en la escalera la distrajeran.
- ¿Por qué yo? – Preguntó con cautela.
- Todos tenemos un papel que cumplir en esta pelea. Este es el tuyo. Tus amigos afuera jugarán otro.
- Yo no usaría el plural en ese "amigos". – Se quejó.
- ¿Sam? ¿Sam? – La voz de Tucker empezó a hacerse audible del otro lado de la puerta, indicando que el chico se estaba acercando.
- Vete ya. Déjame lidiar con ellos. – Le guiñó el ojo.
Sam puso el Infimapa bajo su brazo y tomó nuevamente el arma. Cuando puso su dedo en el gatillo, el cañón emitió un pitido y el pomo de la puerta empezó a agitarse violentamente. Suspiró y después disparó.
- ¡Sam!
Se distrajo por el golpeteo de la puerta, cortesía de Tucker, pero devolvió su atención a la pequeña mancha circular verde en el piso. Entonces vio como el portal empezaba a expandirse.
- ¡Sam!
Los golpes en la puerta cesaron y de repente, Tucker entró a la fuerza a la habitación con una patada. Cruzaron miradas por unos segundos, hasta que él supo sus intenciones.
- No…
- Lo siento. – Fue lo único que le pudo decir.
Viendo que el portal empezaba a reducirse poco a poco, saltó sobre la mancha verde e inmediatamente fue transportada a la zona fantasma. El portal sobre ella se cerró en segundos y quedó flotando en un punto desconocido para ella de la zona fantasma. Soltó el cañón y tomó el Infimapa en sus manos, abriéndolo con algo de desesperación. Observó la superficie, deseando encontrar en ella la respuesta a la pregunta que había hecho anteriormente.
Al recordar la pregunta, el mapa se cerró y empezó a tirar de ella a toda velocidad en una dirección. Se agarró tan fuerte como pudo del mapa mientras daba vueltas alrededor de algunas guaridas y rocas flotantes, hasta que frenó de repente. Sam abrazó el mapa y miró a sus alrededores. Se veía igual al resto de la zona fantasma. En un momento, alguien la golpeó en la espalda.
- Oye, no debes estar… Oh. Eres la novia del chico fantasma.
Sam volteó a ver al fantasma que le hablaba con una ceja alzada.
- ¿Sidney?
- ¿Qué? ¿Acaso Danny Phantom ya no tiene tiempo para hacer destrozos por sí mismo que ahora tiene que mandar a otros? – Dijo colocando sus manos en la cintura, pero lo que llamó la atención de la chica fue que el rostro del fantasma no mostraba enojo, sino otra emoción que no supo identificar.
- ¡Ese no fue Danny! – Le gritó enojada antes de volver a sacar el mapa. - ¡¿Y por qué demonios me trajiste aquí?! ¡Se suponía que me llevarías con fantasmas poderosos y capaces de ayudar a Danny contra el rey! No con un enclenque…
- ¡Oye! - Dijo ofendido. – Espera. ¿De dónde sacaste el Infimapa? ¿Y qué sabes del Danny…?
- ¡No tengo tiempo que perder contigo! – Volteó a ver el mapa. – Y tú… llévame a donde quiero ir.
En Infimapa empezó a brillar y se llevó a Sam aún más adentro de la zona fantasma. Sidney solo la observó partir y cuanto la perdió de vista, regresó su atención al fantasma con el que estaba hablando antes de la interrupción y que se había vuelto invisible al notar a la chica.
El Caballero del Terror.
Sam entró dentro de un túnel de rocas completamente oscuro. Entre más se acercaba a la salida, la luz hacia visible vegetación incrustada en las rocas. El mapa la dejó sobre un páramo de vegetación fantasma, con 4 caminos distintos alrededor de ella y el resto de su campo de visión estaba bloqueado por plantas que se elevaban varios metros sobre su cabeza. Definitivamente estaba en el lugar correcto.
- ¿Quién se atreve?
Apretó el mapa entre sus manos y buscó el origen de la voz entre los matorrales, más no encontró al dueño. Su pulso se aceleró y su respiración se volvió irregular. Era como estar atrapada en una de las muchas pesadillas que había tenido con él desde aquel incidente, solo que ahora todo era real y estaba ahí voluntariamente. El movimiento de las plantas alrededor de ella la puso aún más nerviosa. Cerró los ojos con fuerza y volvió a escuchar esa risa hacer eco en su cabeza como 7 años atrás.
- Hija… Veo que encontraste tu camino a casa.
Maleza hablaba de forma calmada y pausada, lo que la alteraba aún más. Determinada, abrió sus ojos y confronto a los ojos rojos que la veían al final de uno de los caminos. Soltó el aliento que estaba conteniendo y se puso a trabajar.
- Te necesito. – Dijo sin dudar. – Dan… Pariah Dark volvió a escapar y necesito a fantasmas poderosos para detenerlo. Así que…
- No.
- ¿No?
- No tengo deseos ni motivos para contender contra él otra vez.
- ¿Crees que le bastará con destruir el mundo humano? Pues te tengo noticias: ¡no! Cuando termine de destruir mi mundo vendrá por el tuyo. ¡Entonces será tu problema!
- Y entonces actuaré. No antes.
- ¿Qué hay de las plantas? – Dijo buscando convencerlo. – Si no haces nada, el mundo será consumido en fuego y nada podrá crecer. Y será muy tarde para hacer algo.
- Recuérdame qué es lo que tu especie les ha hecho a mis pequeños.
La cabeza de Maleza salió de su escondite y confrontó a Sam con la mirada, pero la chica se la sostuvo. Casi derrotada, no le quedó de otra más que jugar su última carta.
- Me dices hija. Entonces déjame ser eso. – Dio un paso al frente. – Dame tu poder como lo hiciste antes y yo lo haré por ti.
Maleza retrocedió y analizó la propuesta de la chica. Luego sonrió.
- ¿Y qué gano yo?
- Yo… seré tu heraldo. Te serviré mientras viva.
La sonrisa de Maleza se ensanchó y lianas rápidamente se enredaron alrededor de sus tobillos. Ella bajó la mirada y observó como subían por sus piernas, pero no opuso resistencia. Del suelo brotaron 4 pétalos gigantes que se cerraron y la atraparon. Momentos después, los pétalos se abrieron para dejar salir a la nueva Sam. Una liana le quitó el cañón y se la entregó al fantasma. Él la tomó y después de analizarla, apuntó hacia las plantas y disparó. En corto, el portal fue creciendo hasta llegar a su máxima dimensión.
- Ve… hija.
Ira, frustración e importancia golpearon a Danny con fuerza en ese momento. Le había fallado. Había hecho todo esto para protegerla y ahora ella estaba aquí, en el campo de batalla junto a él, perdida bajo la influencia de Maleza. Apoyó su frente sobre la de ella.
- ¿Por qué lo hiciste? – Susurró con dolor.
- Te dije… que seguiría haciendo las cosas a mi manera.
Danny levantó la mirada para verla a los ojos.
- ¿Sam? Sam, tienes que irte de aquí. ¡Ya! – El sonido de escombros lo puso alerta. – Él ya viene y no puedo protegerte en mi condición.
- No, Danny…
- ¡No! ¡Tú no! ¡Toma a Vlad y llévatelo de aquí!
- Vine a ayudarte. – Dijo irritada.
- Entonces has lo que te pedí. – Dijo serio. – En el edificio están las otras dosis, búscalas y dale una a él. Yo te conseguiré algo de tiempo.
Danny inmediatamente le dio la espalda y avanzó sin mirarla. Sam solo apretó los dientes y su puño. Enojada, observó a Vlad y uso sus lianas para envolverlos y esconderse bajo tierra mientras que buscaba otro escondite.
Unos metros más adelante, el cansancio hizo que se detuviera y mejor esperó a que Pariah se acercara a él. Con lentitud, descendió hasta tocó el suelo y empezó a caminar alrededor de Danny, pero sin voltear a verlo. Danny siguió los movimientos con la mirada, notando que traía una sonrisa en la boca y se frotaba la muñeca izquierda.
- Han pasado… ¿qué? ¿Mil años? ¿Más? No sabría decirlo… el tiempo es extraño cuando estás encerrado.
Danny no dijo nada, solo observó cómo Pariah inspeccionaba sus alrededores.
- ¿Qué? ¿Te volviste tímido de repente?
- Aquí estoy, ¿no? – Respondió Danny.
El comentario hizo que se ganara una mirada de inferioridad por parte del rey.
- No hablo de ti, niño. – Volteó a ver las áreas verdes que tenía alrededor y sonrió. – Veamos si te gusta esto.
Danny alcanzó a oír el susurro y se puso a la defensiva cuando vio sus ojos brillar. Sin embargo, el no recibió ningún ataque. Al contrario, Pariah estaba destruyendo con fuego cada cosa vegetal que había en su campo de visión. Rápidamente uso sus poderes de hielo para apagar las llamas y evitar alguna otra explosión, pero pagó cara su distracción: mientras apagaba el fuego, Pariah tomó un vehículo y se lo arrojó. Logró esquivarlo haciéndose intangible, pero hizo explotar el auto del otro lado y la explosión lo arrojó directamente a él. Sin darle tiempo, le dio un golpe en la cara con el anillo y un rayo lo mandó contra un edificio.
Terminó cerca de una toma de gas, y como estaba eléctricamente cargado, ocasionó otra explosión que terminó por destruir el edificio. En medio del fuego y humo, lianas envolvieron el cuerpo de Danny en su forma humana y lo arrastraron fuera de los escombros en donde había quedado atrapado. Con gentileza, depositaron su cuerpo junto al de Vlad en tanto que las lianas regresaban a Sam, quien veía a Pariah desde un punto seguro en la distancia.
El rey comenzó a irritarse y todo su cuerpo empezó a brillar.
- Bien. Si no piensas salir de tu escondite…
Juntó ambos brazos sobre su pecho y Sam entrecerró los ojos intentando descifrar que es lo que hacía. Los abrió de repente y se envolvió en maleza para protegerse al tiempo en que Pariah gritaba y creaba una burbuja de energía que destruyó todo lo que encontró a su paso y que poco a poco se iba expandiendo.
Tucker cayó frente a la puerta de acceso principal de cuclillas y se puso de pie. Se sacudió las manos y caminó hacia la puerta, que había quedado a medio cerrar cuando Reloj había congelado el tiempo. Caminó por los pasillos evitando hacer contacto con personas u objetos, pero al cruzar la segunda puerta de acceso, suspiró con desanimo.
- Genial.
El pasillo estaba lleno de personas congeladas caminando en todas las direcciones y con la mayor parte del pasillo bloqueado. Era como su tuviera que atravesar un pasillo lleno de detectores laser. Esquivó a las primeras 3 personas con relativa facilidad; luego pegó su espalda a la pared y empezó a avanzar lentamente para evitar a los dos científicos que estaban a la mitad del pasillo; observó frente a él a una mujer de rodillas y unos papeles esparcidos en el suelo, por lo que su enfoque su saltar sobre ella. Cuando aterrizó, luchó un poco por mantener el equilibrio y casi termina apoyando su mano sobre la cara de uno de los hombres que estaban cerca de ella para ayudarla.
Gateó para esquivar al resto de personas que rodeaban a la chica en el suelo. Habiendo superado esos obstáculos, se puso de pie y caminó hacia la puerta con una sonrisa. "No fue tan difícil". Pensó hasta que tuvo que frenar de repente. A la mitad de la puerta, había un hombre que estaba a medio salir: con la mano izquierda empujaba la puerta que no se había abierto en su totalidad y su cuerpo obstruía la mayoría del espacio disponible.
Tucker analizó la situación buscando una solución. Lo primero que intentó fue pasar entre las piernas del tipo, pero como estaba a la mitad de dar un paso, la apertura entre sus piernas no era lo suficientemente amplia para que el pasara. Lo segundo que pensó hacer fue meter una pierna y abrazar el marco de la puerta en posición de koala para pasar lo más alejado posible del hombre, pero la pierna del operativo que seguía dentro de la oficina se lo impedía.
Sacó su pierna y volvió a pararse. Por arriba era imposible y no tenía la destreza histriónica para contorsionarse y pasar por las pequeñas aperturas. Por lo que solo le quedaba una opción.
- Lo siento.
Le dijo al hombre en la cara antes de tomar la puerta y abrirla más. El cuerpo del operativo se fue hacia el frente, dejando espacio suficiente para que Tucker pudiera pasar debajo de su brazo estirado. Se sentía algo mal por cómo la iba a pasar el pobre hombre cuando se reanudara el flujo de tiempo, pero había cosas más importantes.
Atravesó el laboratorio con velocidad y caminó al interior de la oficina. Observó a una mujer de espaldas a él que observaba un estante repleto de viales con el líquido rojo. En las demás paredes había gabinetes y cajones, además de otro estante, pero repleto de libros. Con cuidado, se acercó al escritorio y tomó el vial que descansaba sobre algunos papeles. Lo observó por unos segundos a contra luz, sin saber que buscaba con eso. Al bajar la mirada, observó unas imágenes en los papeles sobre el escritorio y les echó un vistazo. Se trataban de flores rojas que se le hacían ligeramente familiares. Su estómago gruñó y lo sacó de su ensoñación, recordando que debía darse prisa. Con su misión cumplida, se quitó el medallón del tiempo.
Paulina se cubrió los ojos con una mano cuando una esfera de luz apareció en su sala. Cuando el resplandor cesó, observó a Tucker con el medallón en la mano y una sonrisa en el rostro.
- Misión cumplida. – Dijo mostrándole el vial. - ¿Ahora qué?
- Ahora viene la parte que no te va a gustar. – Se acercó a él.
Tucker levantó la ceja y la miró con detenimiento. De su espalda sacó una jeringa que sobresaltó al chico y lo hizo gritar.
- ¡No! ¿Por qué tengo que ser yo quien reciba la inyección?
- ¿Qué? ¡No idiota! – Lo regañó. – Tienes que poder el líquido en la jeringa.
- ¿Y luego qué? – Dijo confundido.
Un estruendo acompañado por un resplandor interrumpió su conversación. Ambos miraron por la ventana y a lo lejos observaron una esfera de energía que poco a poco se iba expandiendo y destruyendo edificios a su paso.
- Ve por tu scooter. – Dijo el chico.
- Sostén esto. – Le respondió la chica dándole la jeringa mientras salía corriendo a buscar las llaves de su motoneta.
Después de descongelar el rostro del operativo, Jazz entró en pánico. Le había explicado a detalle que era, para que servía y cuál era el plan con el misil GB-01. Tampoco la ayudaba el hecho de que no podía dejar de escuchar las transmisiones de los Hombres de Blanco. Físicamente podía… apagar la radio, cambiarse de habitación o taparse los oídos era opciones que podrían removerle el estrés. Pero ella no quería hacerlo. Lo peor que es escuchaba que intentaban desesperadamente comunicarse con ellos, pero no podía responder dado que los micrófonos estaban congelados en las cinturas de los operativos.
"¿Por qué el hielo fantasma tenía que ser tan resistente?" Se preguntó mientras se sentaba sobre el sillón. Estaba completamente perdida porque no sabía a dónde tenía que llevar la nave fantasma que tanto le pedían ni cómo sacarla del sótano, pedían ayuda para evacuar civiles, pero no podía dejar descuidada su casa al contener el último escudo, y no podía estabilizar los niveles de energía del escudo porque no entendía como funcionaban los controles.
Las explosiones a lo lejos la fueron alterando cada vez más y cuando se formó esa burbuja blanca, sufrió un ataque de ansiedad. Todos los operativos gritaban por la radio que debían alejarse, los Masters' Blasters incluso les decían que tan amplia era la zona de desastre y que tan lejos estaban de una "zona segura". Los gritos de la gente que se aglomeraban en las calles cercanas a su casa no hacían nada por calmarla.
- ¿Qué hago? – Se dijo a sí misma mientras se frotaba las sienes. - ¿Qué hago?
- ¿Por qué no usas el termo?
Jazz saltó del susto y se fue para atrás, tropezando con el sillón y cayéndose detrás de él. Cuando se recompuso, observó a Reloj riendo detrás de las esculturas de hielo de los operativos, quienes intentaron ver quien había hablado.
- ¿Reloj? ¿Estás vivo? – Dijo rodeando el sillón con sorpresa, antes de verlo con furia. - ¡Estás vivo!
- Eso puede cambiar en cualquier momento. – Dijo transformándose en anciano.
- ¡Todo esto es tu culpa!
Reloj la ignoró y flotó hacia la mesa de la cocina y regresó con el termo en la mano. Tras una ligera inspección visual, apuntó hacia la puerta de la cocina y presionó el botón. El haz de luz golpeó la pared y segundos después, Danielle salió del termo y se estrelló de cara contra la pared.
- ¡Lo siento mis …! – Dani se detuvo cuando se puso de pie y vio a Jazz. - ¡¿Dónde están?!
- ¿Danielle?
- ¡¿Dónde están?!
- Ellos…
- Te les unirás después de la explosión. – Ambas voltearon a ver a Reloj con preocupación. – Todos iremos después de la explosión.
- ¿Reloj? ¿Desde cuándo esta él aquí? – Susurró Dani a Jazz.
- ¿De qué explosión hablas? – Preguntó la pelirroja preocupada.
En ese momento se escuchó una explosión y un gran resplandor blanco iluminó toda la ciudad. Dani quiso salir de ahí para inspeccionar, pero Reloj la detuvo del brazo.
- Esa no es la explosión de la que hablaba. – Susurró Reloj.
Ambas chicas voltearon a verse. Reloj se acercó a la ventana con una expresión seria y confundida. Así no es como detonaban los misiles. Cada vez le era más difícil anticiparse a las cosas que se suponían que debían pasar.
- ¿Cómo que esa no es la explosión? ¿Qué acaso no ves el futuro? – Preguntó Jazz.
- No últimamente. – Confesó regresando su atención a ellas. – Desde que Dan escapó del termo no puedo ver el futuro.
- ¿Y eso que significa? – Preguntó Dani, contagiada por la ansiedad de Jazz.
- Significa… que el futuro aún no está decido.
- ¿Entonces no estamos seguros si podemos ganar?
- Tenemos que ganar. – Les dijo serio antes de bajar la mirada. – Cueste lo que cueste.
- ¿Y eso involucra la explosión que mencionabas? – Preguntó Dani con cautela.
- ¿Qué podemos hacer? – Peguntó Jazz.
- Podríamos iniciar descongelándolos. – Señaló a los Hombres de Blanco en la sala.
Download iba tan rápido como podía en camino a la última ubicación de K, conduciendo por la banqueta para evitar el embotellamiento de las calles. Gracias al blindaje del vehículo, no había sufrido mucho al llevarse cada bote de basura, poste o señalamiento en el camino. El misil iba seguro en la parte trasera de la camioneta de los Masters' Blasters mientras el pitaba a lo loco cada que algún peatón despistado se metía en su camino. No importaba que él era quien estaba mal, técnicamente.
Cuando llegó a una parte evacuada de la ciudad, pisó el acelerador a fondo para llegar a su destino.
- Trash, háblame.
- Ya saben que vas en camino y que les llevas el paquete. K y sus hombres se encargarán de armar y detonar el misil. – Dijo a través del comunicador.
- Entendido.
Otras explosiones resonaron en esa parte de la ciudad, lo que le decía que estaba cerca, muy cerca de su meta. Visualizó a un operativo que le hacía señas con la mano y se estacionó junto a él. Mas operativos se acercaron al vehículo y lo rodearon hasta que K apareció y se acercó a la ventana del conductor. Download oprimió un botón para quitar los seguros y luego otro para bajar la ventana.
- ¿El misil? – Preguntó K.
- Atrás. Ya está abierto. – Señaló con la cabeza.
K dio indicaciones y los operativos rápidamente abrieron las puertas traseras y se pusieron en acción. Los movimientos en la parte trasera sacudieron el vehículo y llamaron la atención del joven.
- ¿Alguna noticia sobre qué pasó en los laboratorios Fenton? – Preguntó K mientras veía en dirección de la columna de fuego.
- Ninguna. Su radio está en silencio total y no hay forma de saber por qué.
- Demonios… - Susurró.
- ¿Cómo lo harán? – Preguntó sacando su brazo por la ventana.
- Programaremos las coordenadas en el misil. Si no le podemos dar en la cara al maldito, al menos la explosión acabará con él.
- Bien.
Una explosión más cercana los puso en alerta máxima no solo por la cercanía, sino porque se trataba de una burbuja de energía que se expandía poco a poco. El resplandor de la burbuja los deslumbró y la voz de Vid a través del radio sonó en todo el vehículo.
- ¡Salgan de ahí! ¡Rápido!
- ¡Todos dentro y agarrados! – Gritó Download.
Prendió la camioneta y todos los operativos se metieron mientras que K solo saltó encima del vehículo y se agarró de las estructuras para terminar sobre el capote. Pisó el pedal a fondo y la camioneta empezó a retroceder a toda velocidad mientras que la burbuja de energía consumía el lugar en donde se había estacionado. Los operativos en la parte trasera luchaban por mantener inmóvil el misil y sostenerse de algún lado para no ser arrojados fuera del vehículo, pues no habían tenido tiempo de cerrar las puertas.
Choraron contra otros vehículos estacionados en su intento de escapar de la expansión de la burbuja, perdiendo una puerta y ambos espejos retrovisores, lo que hizo que chocara contra más objetos en su huida.
- ¡¿Acaso sabes conducir?! – Le gritó K desde arriba.
- ¡No puedo ver!
Cuando la burbuja tocó los vehículos con los que habían chocado, todos explotaron y el resplandor los obligó a cerrar sus ojos, y nuevamente, chocó con más cosas.
- ¡Guíame! – Le gritó a K.
K iba con el pecho sobre el capote y se levantó un poco para girar y ver hacia atrás. Luego regresó a su posición original.
- ¡Cuando te diga, gira a la derecha!
Download cambio su rostro serio por uno de confusión y volteó a ver sus manos sobre el volante.
- ¡Ahora!
Confundido pero apresurado, giró el volante violentamente hacia la izquierda, haciendo que la camioneta girara y terminara chocando la parte trasera contra un hidrante. Agua salió disparada en todas las direcciones y mojó a todos los operativos, especialmente a K. Frente a ellos había quedado la prolongación que K quería que tomara y a su izquierda, la burbuja se acercaba más. Piso el acelerador y los sacó de ahí, aunque la sacudida casi hacía que el misil se saliera del vehículo.
- ¡Derecha! ¡Dije derecha!
- ¡No sabía si tu derecha o mi derecha!
K se acomodó para asomar su rostro por la ventana para que el chico lo viera.
- ¡Mi derecha es tu derecha, idiota!
- ¡Creí que estabas boca arriba!
Condujo un poco más hasta que uno de los operativos que llevaba atrás golpeó el panel que separaba el área de pasajeros con la de carga.
- Se detuvo.
Download frenó gradualmente y apagó el vehículo. Uno a uno, fueron descendiendo del vehículo para ver la burbuja detenida a unos 15 metros de distancia de ellos. Cuando K se bajó del auto, la burbuja desapareció, dejando en su lugar una nube de polvo y tierra. Edificios enteros, autos, infraestructura, cables… todo lo que había quedado bajo la burbuja se había esfumado.
- Preparen ese misil. – Ordenó K. - ¡Ya!
Sabía que no tenía el derecho de sentirse así, después de todo, estaba haciendo algo útil, importante y necesario. Pero con cada explosión que escuchaba en la distancia, no podía evitar sentir que era allá donde debía estar. Sacudió esos pensamientos de su cabeza y ayudó a la gente que había quedado atrapada en los laboratorios Axion. Cuando observó el overol naranja de Jack Fenton caminando hacia la salida con Maddie en los brazos, entró en pánico y corrió hacia él.
- Es solo un tobillo torcido, Jack. No es…
- Tonterías. – Dijo serio.
- Señores Fenton, ¿han visto a mi padre?
- Atrás. – Dijo Jack pasando de ella. – Viene con…
- ¡Valerie!
El grito de Damon llamó la atención de la chica, quien volteó a ver detrás de ella y vio a su papá junto con el director de los laboratorios. El hombre estaba ayudando a Damon a caminar por una aparente cojera, pero lo que le preocupó fue ver que su brazo izquierdo estaba ensangrentado.
- ¡¿Qué le pasó?! – Dijo corriendo hacia él y ayudándolo a caminar.
- Él era el que estaba más cerca del centro de control cuando el escudo explotó.
- Realmente no es nada… - Dijo intentando calmarla.
- ¡Vamos! – Les gritó Jack a la distancia. - ¡Todos suban!
Las puertas de la camioneta Fenton se abrieron y él subió a Maddie. Entre ambos, levantaron a Damon para que Jack lo terminara de subir a la parte trasera.
- Tú. – Dijo señalando al hombre. – Sube atrás para ayudar a detener su sangrado.
El hombre asintió y se subió.
- Cuiden bien de él. – Le pidió Val a Maddie.
- No te preocupes querida. – Le respondió con amabilidad agarrando el kit de emergencias.
Valerie le asintió y volteó a ver a Jack.
- Ayuden a la evacuación, yo…
- También lo harás. Pero con tu deslizador. – La interrumpió Jack.
Valerie se quedó en silencio, no sabiendo si reír o sentirse ofendida. Jack cerró ambas puertas traseras y caminó hacia el asiento del conductor, con la chica siguiéndolo de cerca. En ese momento, otra explosión se escuchó en el campo de batalla.
- Con todo respeto Sr. Fenton, usted no puede obligarme…
- Yo no. Pero él sí. – Dijo subiéndose y señalando a su padre. – Y sé que él dirá lo mismo.
- ¿Escuchó esa explosión? Allí es donde debo estar. Peleando contra…
- Danno nos pidió que nadie interfiriera para que ellos pudieran ganar tiempo para nosotros. Y es exactamente lo que haremos.
- Pues yo no quiero.
- ¿Y crees que yo sí quiero? – Dijo Jack en tono serio y sombrío. – Danny… mi hijo está allá con la intención de sacrificarse para que nosotros podamos vivir un día más. ¿Crees que no quiero ir allá y ayudarlo de la forma que sea? ¿Crees que no preferiría ser yo quien haga ese sacrificio? – Hizo una pausa para mirarla directo a los ojos. – Pero reconozco que, en esta situación, Danny sabe más que el resto de nosotros en cómo lidiar con ese monstruo.
Jack prendió la camioneta y desvió su mirada al frente, pero antes de irse le dijo una última cosa.
- Y tú también deberías… considerando que jamás pudiste atraparlo.
Las palabras de Jack Fenton la habían afectado más de lo que le gustaría admitir. ¿Qué no se suponía que era un tonto? Pero no pudo evitar reflexionar en sus palabras mientras veía la inmensa burbuja blanca expandiéndose a lo lejos mientras estaba sentada sobre su deslizador. Desde esa altura, podía notar cuan verdaderas habían sido las palabras del papá de Danny. De haber ido a luchar contra ese fantasma, habría muerto hace varios minutos.
En un momento la burbuja se detuvo y ella se paró nuevamente en el deslizador.
- Estatus. – Preguntó por su comunicador.
Esperó unos segundos hasta que le respondieron.
- La burbuja tuvo un radio de afectación de 10 kilómetros a la redonda. – Comentó Vid. - ¿Qué tan lejos está del escudo?
- Es difícil decirlo dado a que no es visible… - Comentó un operativo. – Pero diría que muy lejos. Aquí solo observamos el resplandor, no la burbuja que mencionan.
- ¿Ahora qué? – Volvió a preguntar ella.
- ¿Han evacuado a la población?
Todos en la línea de comunicación se sorprendieron de escuchar a K intervenir.
- Emm… sí. – Comentó Vid. – Trash se estaba coordinando con Protección Civil para abrir caminos en medio de la maleza para evacuar a la gente de la ciudad y rodear…
- Háganlo. Y dupliquen la zona de exclusión.
- ¿20 kilómetros? ¿No crees que es excesivo? – Dijo Vid.
- Cuando detone el misil, desearás que hubiese sido más grande.
- ¿Qué? – Exclamó Valerie.
- A todo el personal en esta línea: Resguárdense en una zona segura fuera de la nueva zona de exclusión. Tienen un minuto con 30 segundos.
Valerie empezó a ver hacia todas las direcciones intentando adivinar desde qué lado llegaría el misil.
- Tan pronto pase la onda expansiva, todos movilícense a la zona de impacto para confirmar la baja o para forzarla.
Valerie salió de ahí tan rápido hacia el este, bajando la altitud a la que volaba en caso de que la explosión sucediera y la onda expansiva la derribara de su deslizador. No le importaba a donde iba, solo que tenía que alejarse de ahí.
Vlad se levantó de repente, en medio del sonido de una construcción cayéndose a pedazos. Intentó incorporarse, pero el dolor en su pecho y la mano de alguien lo mantuvieron en el piso. Observó el techo del escondite y notó que se trataba de una casa semidestruida. Parte del techo estaba colapsado y la pared sobre la que estaba recargado tenía un agujero que abarcaba casi la mitad de la pared, todo eso era visible por un resplandor blanco que venía de esa dirección. Giró un poco para asomarse y solo pudo identificar una especie de domo a un escaso metro de ellos. Regresó su mirada al techo y observo por el rabillo de su ojo a la figura que lo mantenía en el piso.
Era una mujer. Joven. Ojos verdes, ropa negra y cubierta de plantas.
- Saman…
Sam le tapó la boca con rapidez mientras conservaba la vista fija al frente. Vlad bajó la mirada y notó una jeringa enterrada en su muslo, cerca de su rodilla. Una liana rápidamente se enredó en ella y la extrajo. Se sorprendió de lo adolorido que debería estar para no haber sentido la aguja atorada o saliendo de su cuerpo.
La luz blanca cesó en un momento y Sam se agachó. Observó a Vlad unos instantes y le entregó la última dosis para Danny, junto con el Infimapa y el detonador.
- Sácalo de aquí. Voy a distraerlo.
Vlad la vio con una ceja enarcada y guardó silencio. Asintió ligeramente con la cabeza mientras la chica se perdía en el interior de la tierra bajo ellos. Intentó darse vuelta, pero el dolor en su pecho lo mantuvo en la misma posición. Gruñó en voz baja y estiró su mano para tomar a Danny de su chaqueta; sin embargo, al intentar tirar de él, su brazo le lanzó una punzada de dolor. "Maldición". Pensó mientras intentaba calmar su respiración. Suspiró derrotado y tomó la jeringa con su mano derecha, mientras que con la izquierda bajaba el cuello de la camisa de Danny para dejar expuesta su piel. Acercó la jeringa a su boca, quitó el capuchón de la aguja y lo escupió en cualquier dirección.
Aguantando el dolor, giró su cuerpo y enterró la aguja en el pecho del joven. Presionó el émbolo e inyectó todo el líquido verde. Al terminar, regresó a su posición original y soltó otro gruñido. Arrojó la jeringa hacia una esquina y se quedó acostado a descansar. Tal vez Samantha había tenido buenas intenciones en ofrecerse para distraer a Pariah Dark, pero ignorar las condiciones en las que ambos se encontraban no había sido muy inteligente. Y estaba por pagar el precio de malas decisiones.
- Qué lástima. – Dijo recargando su cabeza sobre la pared.
Pariah Dark estaba cortando las lianas que intentaban atraparlo con su espada hasta que se hartó y expulsó una ola de frío de su cuerpo. La espada se envolvió en llamas y con una vuelta, las expulsó en todas las direcciones destruyendo todo el hielo. Cuando terminó de girar, se lanzó contra una liana que estaba regresando a la tierra y le clavó la espada. Enterrándola con más fuerza, la planta agarró fuego y éste se extendió por toda la liana, trazando un camino directo a Sam.
Ella logró cortarla antes de que el fuego llegara a ella, pero Pariah ya la había descubierto. Respiró profundo y le sopló aliento congelado, del que ella se protegió invocado más plantas frente a ella. El bloque de hielo fue destruido por un rayo que hizo que bloques de hielo la golpearan, pero inmediatamente fue capturada con una cuerda de ectoplasma.
- Tú no eres él.
Sam frunció el ceño y una planta carnívora salió debajo de Pariah y lo devoró. Apenas se cerró la boca de la planta, Sam quedó libre y el puño del rey atravesó a la planta, desgarrándola y partiéndola por la mitad. Cuando asomó la cara, le disparó con sus ojos y Sam tomó acciones evasivas radicales para evitar ser golpeada. Si, tenía los poderes de un fantasma, pero seguía siendo humana. Recibir un golpe de esa magnitud definitivamente acabaría con ella. El rey creó duplicados de si para atacarla por todos los flancos: Sam logró esquivar a algunos y sus lianas destruyeron a otros, pero al final, uno se acercó a ella por detrás y tiró de su cabello. Distraída, otro voló frente a ella y le sacó el aire de un puñetazo. Otro puñetazo le llegó desde la izquierda y finalmente una patada la mandó al suelo.
Pariah nuevamente la tomó del cabello y le levantó la cabeza. Alzó la mano y atrapó su espada, para después bajarla con velocidad contra el cuello de la chica. Pero ante de poder decapitarla, ella envolvió la espada en varias capas de lianas que lograron detener la cuchilla a centímetros de su cuello. Aunque apenas y podía respirar, inhalaba y exhalaba desesperadamente aferrándose a su vida. Pariah hizo una mueca de disgusto y se agachó para estampar el rostro de la chica contra el suelo, haciendo que las lianas perdieran resistencia y liberaran la espada.
Sin embargo, alguien disparó dos veces: la primera en la mano del rey y la segunda en el torso de la chica. Como consecuencia, Pariah había soltado el cabello de Sam y después ella había salido volando hacia atrás, lejos del peligro de la espada. El rey puso los ojos en blanco y levantó la mirada hacia el intruso. Se sorprendió cuando notó que solo se trataba de un humano.
- ¿Tú? – Dijo despectivamente. - ¿Eres lo mejor que los humanos lograron mandar?
En el suelo, Sam observó a Pariah caminando tranquilamente hacia el operativo K, quien estaba armado con un cañón y tenía una expresión seria. Parpadeó rápidamente para aclarar su visión y vio como una pequeña columna de humo se alzaba sobre el cielo detrás de él. Parpadeó un poco más y notó que se trataba de fuego propulsando algo y dejando en su camino la columna de humo. Con lo poco de consciencia que le quedaba, supo que era eso e intentó ponerse de pie para ayudarlo. Sin embargo, cuando volteó a ver a K, el simplemente le negó con la cabeza antes de empezar a disparar contra Pariah. Sam abrió un hueco en la tierra y se enterró, envuelta en sus lianas.
K siguió disparando y, lejos de alejarse del fantasma, empezó a caminar hacia él. La actitud hizo que el fantasma sonriera. Todos los disparos atravesaron a Pariah sin causarle ningún daño, y cuando lo tuvo cerca, golpeó el cañón fuera de sus manos. Sin inmutarse sacó de la parte trasera de su cinturón una pistola pequeña y le disparó en dos ocasiones, antes de que Pariah la aplastara con su puño y lo levantara en el aire del cuello.
- Admiro tu espíritu. – Dijo orgulloso. – Que malo que no lograste nada.
- ¿Eso crees? – Le respondió con una sonrisa.
Pariah frunció el ceño y una poderosa detonación ensordeció a ambos al mismo tiempo que eran cegados por un intenso resplandor blanco, más intenso que cualquier cosa hasta ahora y en cuestión de segundos, ambos desaparecieron dentro de una nube de polvo y la onda expansiva.
