Asano llegó a la sala compartida con su hermano gemelo con unas fotos en mano y con una sonrisa que era difícil de creerle en esos momentos. Al pasar, desconectó el enchufe de la gran pantalla en donde su hermano, Karma, se hallaba jugando alguno de los tantos videojuegos que su padre alguna vez les llegó a regalar.

—Mira lo que tengo.— Habló ignorando la asesina mirada que el pelirrojo le dirigió. Tomó asiento frente a él, aún sin mostrar las fotos.

Asano había vuelto de uno de los tantos viajes que él realizaba por diversión. Había viajado a Japón durante media semana, ahora que volvía lo primero que hacía era molestar a su gemelo. Nada realmente nuevo.

—¿Te imaginas a un lindo niño tan bonito y carismático a simple vista que podría endulzar a cualquiera?— Su dulce y acaramelada voz junto a un tétrico nudo que gritaba desesperadamente ser desatado era lo que más le resaltaba para ese entonces. Trataba de contener su emoción.

—¿Qué eres? ¿Pedófilo?

El pelinaranjo negó inmediatamente. No estaba tan enfermo. Al menos él no. Río sarcásticamente luego de dejar las fotos en sus manos.

—En absoluto.— Aclaró.—. Pero sólo mira a está hermosura, ¿No te atrae? Descubrí que lo están subastando en el mercado negro de Japón a un precio que incluso tú y yo podríamos pagar fácilmente si juntamos nuestros ahorros. Se llama Nagisa.

Karma no tuvo ni la más mínima intención de mirar las fotografías. Sea lo que fuera o la descripción que su hermano le diera, sabía que no lograría llamar su atención como debería.

—Y... ¿Por qué me muestras esto?— Preguntó.

—Porque lo quiero. Y sé que tú también.

Se estaba burlando, eso debía de ser.

Karma sabía que no había nada tal y como su gemelo le estaba describiendo. Algo realmente fantasioso. Y al menos, por esa vez, no se dejaría engañar por algo que tal vez sólo trataba de tomarle el pelo.

El mayor de los Akabane, —Karma.— Jamás había sido un fan de las cosas nuevas como su gemelo. Él solía ser un poco más cerrado y su simple molestia para convivir era más que obvia. Sólo estaba su hermano con él; No necesitaba nada más.

Sin embargo, sus palabras causaron cierto interés que no supo visualizar en un inicio.

Al menos, sólo hasta que miró de lleno todas aquellas fotos tan dulces y excitantes al mismo tiempo.

El chico que se mostraba tenía largos cabellos azules cayendo por sus hombros y un poco más allá de la mitad de estos. Mostraba ciertas zonas de piel que le hicieron relamer sus labios unas cuántas veces.

Aquel chico era lindo, su pequeña complexión lo hacía ver aún más bello de lo que ya era; Las poses que mostraba tampoco eran tan bizarras ni exageradamente sexuales. Simplemente rebosaban el fino arte del erotismo en un punto que resultaba ser exacto.

—Lindo...— Susurró.

Joder, que ahora sus primeras palabras y la retención de estás simplemente habían partido dejándolo en blanco.

—¿Verdad que sí?— Pronto, Asano se sentó junto a él. Ambos hombros se golpearon levemente. También quería disfrutar de la bella vista que esas fotos les otorgaban.—. Sabía que te gustaría, Karma...

Inesperadamente, el pelirrojo asintió.

Claro que a ambos les hacía feliz el ver a aquel joven, se veía tan virgen y tan puro que ambos por un momento desearon tenerlo en ese momento entre sus manos para poder culminar deseos ya antes expuestos, pero que sin embargo, había algo diferente en esa ocasión. Algo que realmente no supieron explicarse.

Si, ambos gustaron de Nagisa a primera vista. Aunque en Karma, aquel sentimiento fue un poco más fuerte.

Y claro que Asano no lo paso por desapercibido.

—Oye... Ya deja de mirarlo, ¿Olvidas que yo lo encontré primero?— Arrebato las fotos para después guardarlas en el interior de su chaqueta. Sí, él estaba celoso.

—¿Por qué debería? Fuiste tú el que decidió mostrarmelo. No entiendo por qué ahora es que te molesta tanto.

Oh, claro que lo sabía. Pero a Karma le encantaba jugar.

Fue entonces, que se acerco peligrosamente a su hermano gemelo, rozando torpemente ambas narices en un intentó de intimidarlo. Gustaba de provocarlo.

Era casi considerado uno de sus pasatiempos favoritos.

—Sé que yo te lo mostré... Pero no sé, es... Extrañó.

Paso ambos de sus brazos rodeando su cuello.

Su corazón se contrajo dando un fuerte latir que le hizo sentir calidez.

Oh dios, en cuanto aquel exquisito aroma corrió por sus fosas nasales, Asano cerró sus ojos; Sintió las manos de su hermano rodear su cintura hasta entrelazar sus dedos por detrás de su espalda. A horcajadas lo obligó a sentarse sobre de él. Le encantaba, sencillamente lo enloquecía.

¿Cuánto tiempo habían pasado sin tener un momento como aquel?

No lo sabían, pero ahora, el deseó desbordante de tenerse no sólo como hermanos, sino también como amantes caprichosos, los estaba lentamente matando.

—Igual no me gusta tanto como tú, hermanito.— Habló Karma, cortando aquel pequeño espacio aún existente entre su gemelo y él.

Pasión desbordante. Besos caprichosos. Tabú condenado.

Cristo, que aquello resultaba ser tan excitante y peligroso... No se agotarían de decirlo, ni yo de escribirlo.

Habían pasado tantas veces ya por lo mismo, por la misma escena, por los mismos placenteros roces y palabrería amorosa; Pero sin embargo, sus cuerpos aún carecían de caricias como si se tratará de su primera vez.

Se amaban, se necesitaban mutuamente.

El otro era el soporte de uno.

Claro, siempre y cuando Karma se mantuviera en un nivel cuerdo en el que así, ambos se atreverían a disfrutar plenamente.

Besos y leves marcas, roces de lengua junto a algunos suspiros que no supieron lo que significaba la palabra de la discreción para ese entonces.

Era un dulce tabú el que guiaba a ambos hermanos, pero, tan amargo a la vez que simplemente se rindieron.

¿Barreras? Para los gemelos Akabane no habían tal cosa. Para ellos, esos muros eran sólo simples pedazos de concreto que debían de escalar para pasar y llegar a su bello destinó del que, como ahora, tanto gustaban. Los muros y barreras habían sido creadas sólo para escalarse.

—Ah... Karma... Karma... Debemos detenernos.— Entre gemidos, Asano trató de hablar aún por sobre los abusivos labios de Karma. Pero este no se lo permitió, lo acorraló en su totalidad contra el sillón chocando su espalda de forma brusca y poco placentera para el pelinaranja.

Entonces, supo que todo el amor y compresión con el que iniciaron, lentamente volvía a desaparecer.

Como siempre, como en todos los momentos románticos por los que pasaban. Era hora de parar.

—Claro que no, hermanito.— Habló con sorna.—. Tú comenzaste, tú acabarás esto. No te dejaré hasta que lo hagas. Pero...— Sus manos se posaron en ambos lados de su cadera, dando leves masajes que hicieron de Asano un pequeño y revoloteante mar de emociones confusas; Con olas tan grandes y voraces que simplemente lo llevaron al silencio.—. ...Si de verdad quieres que me detenga, deberás de arrodillarte. Ruega por que te deje y te deje ir sano y salvo.

Su grande sonrisa no pudo ser vista. Karma había bajado al cuello de su gemelo, lamiendo y probando cada rincón del mismo sólo para llegar a las partes que más le gustaban. Una y otra vez.

—Eres... Un loco bastardo...— Gimió. Inútilmente tratando de callar.

—Sí, soy un maldito loco psicópata que te hace gemir como perra cada que vuelves de tus viajes.— Burla rebosaba en sus palabras mientras jugaba a su manera con el cuerpo de su hermano. Tocando, besando, lamiendo leves heridas que con el paso de los días, Asano se había hecho por uno u otro accidente.—. Pero tú, ¿Qué eres? Sólo un sadomasoquista que no puede aprender, sólo por las malas entiende lo que está bien y lo que está mal. Es por ello que nos complementamos, ¿O no, mi amor?

Lo odiaba. Lo detestaba. Lo aborrecía tanto que lo amaba.

Tanta razón tenían aquellas palabras, que Asano simplemente pudo cubrir su mirada. No lloraría a pesar de que un nudo en su garganta se formará como en todas las otras veces en las que se hallaba casi en la misma situación con su hermano.

Ya había llorado lo suficiente como para que por nueva cuenta logrará hacerlo sentir tan miserable. No le daría el placer, evitaría que Karma lamiera sus lágrimas como muchas otras veces.

—Ahora no... Karma.— Habló con a penas un audible hilo de voz suplicante.—. Yo te amo, ¿Por qué osas tratarme de está manera? ¿Por qué siempre me diriges todas aquellas malas palabras que sabes bien, no me gustan en lo más mínimo?

—Oh, mi pequeño hermano. Aún tan lindo y puro según tus creencias...— Carcajeó.—. Es porque también te amo, cariño. Tanto como tú a mí.

Entonces, sus labios coquetamente tomaron del extremo inferior de su camisa hasta subirla lentamente.

Un frío helado paso por su bajo vientre, observó con detenimiento la fina cortadura aún visible que envolvía gran parte del estómago de Asano.

—Tan bello...— Murmuró.

Bruscamente, Karma se acercó y dejó una gran lamida por aquella extensión de piel que recién se estaba recuperando.

El pelinaranja cerró sus ojos, aguantando el ardor que poco a poco iba en aumento.

—Karma... Detente...

No era escuchado. Jamás lo era. Así que trató de guardar todo el silenció que pudo. Debía de ser fuerte, tanto como su sentido de la razón le permitiera.

Al menos lo intentó.

Duros dientes se estrellaron contra su blanquecina piel, golpeando, abriendo la gran herida una vez más, pero sin pasar a lo grave.

Karma mordió fuertemente haciendo brotar unas pocas gotas de sangre que gustoso lamió y degustó.

—¡Ah! ¡Por favor! ¡Ya no quiero esto! ¡Detente, Karma!

Sufría, realmente lo hacía. ¿Por qué su hermano era así de malo con él?

Sólo quería correr, huir y volver a su objetivo principal. Aquel joven de cabellos azules que tanto le llamo la atención desde que lo vio por primera vez.

Así que con todas sus fuerzas, pateo a Karma en su estómago. Haciéndolo retroceder mientras sin cuidado se quejaba y sobaba el lugar del golpe inmediatamente. Lo había hecho enfurecer con sólo esa pequeña acción.

—¡Dije que te alejaras!— Gritó Asano tras salir corriendo hasta su habitación. Pues sabía que no debía de estar allí, no ahora y debía de esconderse lo más rápido que pudiera. Había golpeado a Karma, sabía que esa sola acción ya ponía su vida en un grave riesgo. No debía de salir en un buen rato si es que quería seguir sano y salvo.

Aún a la distancia, el pelirrojo lo miró con burla hasta soltar una terrible carcajada, tan alta y espeluznante que hizo a Asano casi tropezar. No quería si quiera pensar en que tal vez su gemelo podría estarlo siguiendo. Jamás miró atrás. Sería lo último que se dignaría a hacer.

Suspiro tranquilo una vez que cerró su puerta con seguro, entonces se dejo caer totalmente rendido.

Todo estaba mal. Muy mal.

Poco tiempo después, Karma se levantó. Miró a su alrededor notando una de las fotos que su hermano le había mostrado no hace mucho. Nagisa estaba ahí.

Se quedó perdido. En esa mirada, en ese latir que su corazón comenzó a realizar. Ese mocoso parecía perfecto. ¿Lo sería en la vida real?

—Ya quiero conocerte.— Susurró. Entonces relamio sus labios antes de salir. Asano ya se encargaría de todo el papeleo para que ese chico llegará hasta la entrada de su hogar en algún momento.

Porque así sería, porque desde que lo vio por simples fotografías, los ojos que Karma le dirigió eran unos de total locura satisfactoria.

Akabane Karma estaba enfermo.