Accidente
Decir que era pánico lo que le atenazaba el pecho se quedaba corto. Draco entró corriendo en San Mungo, directo a la zona de urgencias.
— Hola —saludó sin aliento, las manos aferradas al mostrador—. Mi novio está aquí, se ha caído de una escoba.
Lo primero que recibió del mago de la recepción fue una mirada de desagrado. Por un momento no supo el motivo, hasta que se dio cuenta de que iba en manga corta y el hombre miraba fijamente su antebrazo izquierdo. Lo que vino después fue aún peor.
— ¿Es pariente?
— Le acabo de decir que es mi novio.
— Solo podemos informar a parientes o al contacto de emergencia. ¿Es usted?
Draco apretó los dientes y miró al hombre con impotencia. Tras él, una voz grave respondió.
— Yo soy el contacto de emergencia. ¿Nos informan por favor del estado de Harry Potter? —indicó Ron, con su uniforme de auror, colocándose a su lado hombro con hombro, mientras Blaise lo hacía al otro lado.
El mago los miró a los tres y acabó por asentir y marcharse, para volver al cabo de un rato con un sanador. La misma pelea se repitió por la noche con la sanadora de guardia, que quería impedirle que se quedara con Harry. Tuvo que volver a intervenir Ron y explicar que Draco era el pariente más cercano, la familia de Harry.
Cuando por fin pudo sentarse junto a su cama y tomar su mano, lo único que nublaba la preocupación era la impotencia. Y ese fue el detonante de que acabara haciendo lo que nunca había creído que llegaría a hacer: ponerse de rodillas con un anillo en medio de una celebración Weasley.
