Gatita
Summary: gracias a un desafortunado accidente, Senku toma nota de que hasta su fiera leona puede convertirse, en ocasiones, en una tierna gatita a la que debe mimar.
Declaimer: Como siempre, Dr. Stone no es de mi propiedad, únicamente hago las historias para disfrute del fandom.
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Luego del viaje a la luna, todo el trabajo del mundo científico en general se centró mayoritariamente en la máquina del tiempo que con tanto esmero Senku y Xeno se esmeraban por perfeccionar. Aún estaban lejos del objetivo, pero faltaba menos que más, o al menos esa era la percepción del par de científicos. Si bien ésta era su labor principal, no dejaron de lado otros proyectos necesarios para el adecuado progreso de la aldea Ishigami y del mundo entero, de ahí que actualmente se encontraran trabajando también en un sistema de alcantarillado con el fin de abastecer de agua potable a la aldea y regiones aledañas. Esto traería muchísimos beneficios, entre ellos, la disminución de enfermedades transmitidas por el agua no purificada y otras ligadas a la falta de acceso a dicho líquido vital.
El equipo gorila, en compañía de muchas otras personas se encargaban de trasladar las tuberías plásticas - sí, ya habían logrado fabricar plástico -, mientras que el equipo de ensamblaje colocaría cada una en su lugar. Cuando Senku se acercó a supervisar el desarrollo de la obra, todo pareció marchar relativamente bien, hasta que un grito desgarrador inundó sus oídos, seguido de otros más atemorizados. No hacía falta preguntar de quién se trataba, el peliverde reconocería la voz de la leona donde sea. Alertado, corrió hasta la zona donde en apariencia había ocurrido un accidente.
Al llegar, abrió los ojos, impactado por el escenario: Kohaku estaba en el suelo mientras que otra estructura hecha de acero le prensaba la pierna. Mientras Kohaku trasladaba el último tubo que le correspondía, un obrero se descuidó y empujó un puñado de tubos tipo perlin, los cuales, al tomar por sorpresa a la rubia, impidieron que ésta los esquivara resultando lesionada en su pierna y tobillo.
Senku observó como Kohaku luchaba por quitarse los elementos de encima mientras que en su rostro se dibujó una mueca de genuino dolor acompañada de lágrimas.
- "¡Kohaku!" - gritó el peliverde bajando por el pequeño peñasco desesperado. Se colocó al lado de la rubia revisando su estado. - "¡Levanten esta cosa! ¡Ahora!" - ordenó el peliverde visiblemente enojado.
Más de uno corrió apresurado a socorrer a la chica no solo por lo peligroso que era para su salud, sino también presos de la impresión que les generó conocer una faceta nunca vista en el científico. El peliverde solía ser amable y respetuoso a pesar de lo explotador y sarcástico que podía llegar a ser, de ahí que dicho comportamiento se sintiera extraño. Sin embargo, el colectivo que estuvo presente llegó a una conclusión: Ishigami Senku enojado, era de temer.
- "Senku…duele…" - alcanzó a decir la rubia en tono lastimero, lo cual terminó por molestar aún más al, ahora, adulto joven.
Actualmente, tanto él como Kohaku tenían veintidós años y aunque no tenían oficialmente una relación, Senku había aceptado sus sentimientos por la rubia y se había esmerado por empezar a hacerlos notar, por ello, en cuanto escuchó el grito sintió su corazón querer salirse de su caja torácica por la angustia que le generó la posibilidad de perderla.
Al final, Kohaku fue trasladada de emergencia al hospital que habían construido hacía unos meses. En la sala de espera, Ruri, Kokuyo, Suika y Chrome se encontraban esperando noticias sobre el estado de la rubia. Más al fondo, Senku permanecía en silencio cruzado de brazos. El silencio era pesado, tenso, solo roto por los ligeros hipidos de la adolescente Suika. Minutos después, un médico salió haciendo que todos brincaran como resorte.
- "Son los familiares de la señorita Kohaku, ¿cierto?" - preguntó.
- "Así es. ¿Cómo se encuentra mi hermana?" - preguntó la rubia mayor preocupada.
- "El golpe fue fuerte, debo admitirlo, pero la señorita resistió mejor de lo esperado. El muslo se encuentra muy golpeado, pero no hubo desgarro, sin embargo, sufrió un esguince grave, por lo que deberá guardar reposo por los próximos dos meses. Le haré revisiones periódicas para medir su nivel de mejoría. Le expliqué a la señorita que, una vez sana, deberá tomarse con calma el volver a su rutina diaria, especialmente tomando en consideración que entrena mucho." - explicó el médico de cincuenta años.
- "¿E-Eso qué quiere decir?" - preguntó Kokuyo. A excepción de Senku y Chrome, ninguno entendió ni una sola palabra.
- "Se lesionó el tobillo y ahora deberá estar en reposo por dos meses." - explicó Senku de la manera más sencilla posible.
- "¡Oh no!" - comentó Ruri para sí misma. - "Kohaku debe estar muy mal. ¿Puedo entrar a verla?"
- "Efectivamente se alteró mucho cuando le expliqué las implicaciones y consecuencias del accidente, por lo que tuve que sedarla. Por hoy no será posible." - informó el doctor apenado.
Senku suspiró mientras con una mano se tocaba el cuello. Estaba estresado. Kohaku era un importante activo en los planes que se desarrollan actualmente, pero más que nada, le generaba estrés el hecho de tener que lidiar con la situación sobreviniente de Kohaku. Su leona - si, ahora él se proclamaba el único con autoridad para llamarla de ese modo y dado que la quería, era suya. Una lógica simple. -, era un espíritu libre, por lo que estar en dicha condición la cargaría de mucho estrés, sin mencionar que probablemente se sintiera inútil y/o deprimida por no poder ser de ayuda. Sería complicado para ella quien siempre gozó de un estado de salud envidiable ser la "enferma" de turno.
Y no se equivocó. Al día siguiente, fue por la tarde a visitarla. Notó que la puerta estaba entreabierta y la luz encendida, por lo que se acercó cautelosamente no queriendo interrumpir.
- "Kohaku… tranquila."
Senku identificó la voz de Ruri.
- "N-No puedo Ruri-nee…" - respondió Kohaku en medio del llanto. Senku jamás la había escuchado tan destruida moralmente. - "¡D-Dos meses! ¡Dos meses solo para sanar y quién sabe cuánto más para volver a mi estado anterior! Ya no podré…ayudar a los demás. Seré una carga… ya no podré ser útil para Senku." - continuó la chica.
El peliverde sintió su corazón apretujarse. Era un completo miserable. Qué poca responsabilidad afectiva había tenido hasta ahora para con Kohaku al punto de que la chica creyera que la veía como una herramienta.
- "Eso no es verdad, Kohaku… Los accidentes pasan y en este momento lo más importante es que mejores. Yo cuidaré mucho de tí, tal como tú me cuidaste todos esos años en que estuve enferma." - consoló la mayor mientras abrazaba a su hermana.
Senku esperó fuera de la habitación por unas cuantas horas más hasta que escuchó como el llanto poco a poco iba cediendo. La puerta se abrió por completo dejando ver a una sorprendida Ruri. Senku le hizo una señal para que no hiciera ruido, a lo que la chica sonrió y susurró:
- "Está dormida… Pero creo que no alcanzará a descansar mucho."
- "Yo me quedaré. Vuelve a casa." - sugirió Senku.
Ruri y Chrome tenían un pequeño niño de un año, por lo que el peliverde sabía que la rubia no podía estar fuera mucho tiempo. Al final, la ex sacerdotisa se retiró sonriente, mientras que Senku ingresaba a la habitación y cerraba la puerta. Lo primero que hizo, fue revisar el estado de Kohaku. Estaba dormida, pero a pesar de ello, alcanzó a ver el borde de sus párpados rojizos por el llanto y los restos de lágrimas en sus mejillas.
Con delicadeza, limpió suavemente el rostro femenino.
En el reino animal, cuando un felino sufría una lesión estando en su hábitat natural significaba la muerte segura, ya que se vería impedido para cazar adecuadamente, alimentase y defenderse de otros animales, convirtiéndose automáticamente en una presa. Así debía sentirse su leona en estos momentos: vulnerable.
-"¿Sen…ku?" – la voz soñoliente de Kohaku le indicó que había despertado.
-"Hola, leona." – saludó el peliverde sonriendo tranquilamente. A cambio, en lugar de una queja por el apodo, Senku recibió una mueca llena de tristeza. – "Kohaku…"
-"¿Ya no seré de utilidad?" – preguntó sin rodeos. Kohaku sabía que, si alguien era capaz de decirle la verdad sin importar lo cruda que fuera, ese sería Senku.
-"Únicamente deberás ser más cuidadosa con tu tobillo de ahora en adelante. Se que será difícil, pero debes ser paciente." – respondió el científico.
-"Lo siento…"- se disculpó la chica cubriendo su rostro con ambas manos. Estaba tan avergonzada de que Senku la viese en ese estado tan deplorable.
La camilla de hospital cedió ante el peso extra y Kohaku solo alcanzó a sentir como era atraída con fuerza hacia el pecho de Senku quien se había recostado dispuesto a compartir el lugar.
-"Si lo dices de esa forma…Pareces más una adorable gatita." – bromeó el chico besando los rubios cabellos. El llanto solo aumentó, pero esta vez, era de alivio. – "Nadie podrá reemplazarte jamás, Kohaku, te lo juro. Y esta vez, será mi turno de cuidarte." – respondió el científico mientras besaba suavemente los labios femeninos.
A la mañana siguiente, casi se produjo la segunda baja para el Reino Científico cuando Kokuyo entró a la habitación y encontró a Senku y a Kohaku durmiendo abrazados. El ex líder de la aldea armó un escandalo alegando que el científico era un indecente que no perdonaba el hecho de que su hija estaba convaleciente para empezar a darle nietos. Sobra decir que Kohaku le lanzó todo lo que estuvo a su alcance su descarado e irrespetuoso padre, mientras que aquel escenario solo abrió el portillo para que Senku se llevara a Kohaku a vivir a su casa alegando que la rubia estaría mejor bajo su cuidado.
Él era el único merecedor de ver el lado tierno de Kohaku.
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Un pequeño drabble para aliviar la espera hasta que esta pareja sea canon. No pierdo la fe de tener otro episodio especial donde la confirmen XD.
Espero que disfruten leyendo el fic tanto como yo al escribirlo. ¡Nos leemos!.
