Nagisa Shiota en silencio se dirigió a su habitación después de comer.
Con la vista de los gemelos sobre él, se perdió sobre las escaleras una vez que caminó directo al pasillo que llevaba a su nuevo cuarto.
Si era sincero, todo aquello había resultado ser demasiado bueno para ser verdad. Su corazón saltaba excitado debido a lo guapos que eran sus nuevos dueños.
Porque sí... Nada lo había hecho más feliz que eso. Haberse convertido en la mascota exclusiva de los gemelos Akabane. Daría lo mejor sólo para complacerlos.
Cuando finalmente está en su cama, se recuesta, sintiendo como todo el cansancio es expulsado de su cuerpo. Ni siquiera había comenzado bien su semana y ya se sentía exhausto.
Además, el inquietante latir que se hallaba muy en lo profundo, fue suficiente para hacerlo perder en sus pensamientos.
Y era cierto, mañana iniciaba con Karma...
Se preguntaba, ¿Qué sería lo que este haría con él? ¿Qué le pediría hacer como para verse tan emocionado?
Porque sí, Shiota lo había notado bastante bien. No le incomodaba, pero le causaba ansiedad al no saber de lo que se trataba.
También provocaba un poco de excitación en él. Lentamente una inevitable erección se hizo a notar.
No podía decir que estaba realmente urgido, pero Karma era realmente atractivo, no le importaría acostarse con él cuantas veces esté se lo pidiera. Él aceptaría con gusto igual que con Asano.
Un trío con ellos tampoco estaría mal, e inclusive era posible, lo pensó cuando recordó que los sábados tendría la oportunidad de estar con los dos.
¿Qué tan enfermo debía de estar?
Soltó una leve risilla casi imperceptible, su erección estaba totalmente al cien por ciento. Por lo que sin dudar, comenzó a frotarla por sobre la ropa.
Quería venirse lo antes posible y luego dormir. Ya deseaba que el mañana llegará con exaspero, pues tampoco quería acabar toda la emoción en ese mismo momento.
Gustaba de torturarse a si mismo.
Así que entre roces delicados y gemidos silenciosos, Nagisa mordió su labio inferior, cada vez con más fuerza hasta que un poco de sangre corrió hacía el interior de su boca y un quejido profundo salió de él al sentir aquel delicioso sabor metálico.
El dolor que sentía era adictivo, tan abrumador como delirante.
Como una droga que mata y ata, pero que sin embargo, no puedes abandonar.
En definitiva, necesitaba más.
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Asano observa la mirada burlesca de Karma cuando finalmente pierden de vista al pequeño de cabellos azules. Realmente este primero no tenía ni las más mínimas ganas de comenzar una discusión o algo peor.
Además odia darle tantos rodeos a las cosas.
—¿Qué ocurre?— Dice, levantando su plato para después ir a dejarlo sobre el lavamanos.
—Nunca te había visto ser tan atento con alguien.— Exclama su hermano, imitando su acción para quedar a lado de él.
—¿Y? ¿Acaso eso es malo?
—En absoluto. No me importa lo que hagas.
Karma indiferente, va hacía la salida, buscando perderse en cualquier lugar. Sólo no deseaba estar más ahí.
Sin embargo, el comentario de Asano lo hace detener en seco;
—Eso no decías hace unos días cuando intentaste matarme.
—Claro que no.
—¿No? Las marcas en mi estómago dicen mucho más que eso, imbécil.
El mayor de los Akabane voltea a ver al menor con una mirada voraz. Pues realmente aquella revelación no le ha gustado para nada.
Pero está bien... Lo que menos quiere es desatar su ira justo ahora...
Por lo que suspira, cansado y mirando hacía otro lado. Pues sabe que en cualquier momento sus emociones acabaran por derribarlo.
—Sólo cállate.
Finalmente sale de la habitación, dejando a un Asano un poco perplejo mientras suelta un quejido de derrota.
Pobre Nagisa, lo que le esperaba mañana. Pensó y terminó de lavar ambos platos para acabar de acomodar todo en la mesa.
Bien podrían conseguir alguien que hiciera aquel trabajo por ellos, pero ambos hermanos tenían gustos y exigencias un poco peculiares, por lo que mejor lo hacían todo ellos por su cuenta. Resultaba mucho mejor.
Y, tras acabar, mira las escaleras, dispuesto a subir a la habitación de Nagisa para hablar un poco con él.
No planeaba asustarlo ni nada parecido, tampoco soltaria información de más que después lo condenará. Simplemente quería asegurarse que Nagisa podría con su hermano mayor.
Una vez fuera, espera unos segundos, luego toca y una débil voz agitada pregunta;
—¿Quién es?
—Ah, Nagisa... Soy Asano, ¿Podemos hablar un momento?
No tardó mucho para que la puerta fuera abierta y se mostrará a un Nagisa tranquilo. Más de lo normal, además se notaba soñoliento.
—Lo siento, ¿Te desperté?— Pregunta, entrando al cuarto.
—No. Nada de eso...— Shiota tampoco evita soltar una pequeña risa burlesca y temerosa.—. Pero... ¿Qué ocurre? ¿Hay algo malo?
—No, nada de eso. Es sólo que... Mañana es tu primer día con Karma, quería asegurarme que todo estará bien. Él puede tener gustos... Un poco peculiares.
El celeste al inicio no entendió esto. Pues realmente Asano no se explicaba con tanta exactitud.
Aún así, fingió al simplemente asentir.
—¿Eso qué quiere decir?— Pregunta con clara duda.
—No, nada... Es sólo eso, por eso... Todo lo que pida, que no te extrañe por más raro o loco que sea.
Por cada palabra, el menor se revolvía cada vez más.
¿Acaso buscaba meterle nervios? ¿Miedo? ¿Inseguridad tal vez?
El menor de los Akabane estaba resultando muy extraño justo en ese momento.
Entre más hablaba, más dudas surgían de por medio para ambos.
—Está bien...— Río con un poco de incomodidad.—. Sea como sea... Yo no puedo negarme a nada, es el contrato, lo sabes, ¿No?
—Sí, tienes razón.— Imitó su amargo sentido del humor.—. Lamentó interrumpir, de seguro estabas dormido y yo sólo vine a molestar.
Nagisa de inmediato negó, sintiéndose avergonzado por lo que realmente hacía antes de que Asano llegára.
Más sin embargo, no dijo nada más.
—Tranquilo, no es nada.
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Karma expulsó el humo del cigarrillo entre sus dedos y bajo la cabeza. Sintiendo el aire mover sus cabellos al unísono del mismo.
Luego caló una última vez, finalmente lanzando el cigarro no sin antes apagarlo.
No podía esperar toda una puta noche. Quería tener a ese maldito de cabellos azules sólo para sí de una vez por todas.
¡Joder! Se estaba conteniendo demasiado.
—Tan sólo una noche. Sólo es hoy... Tranquilo, Akabane.
Se dijo a sí mismo, tratando de calmar el frenesí en su corazón.
Mañana tenía muchas cosas preparadas.
Las disfrutaría como si del puto fin del mundo se tratase.
